La soledad y la desolación en las mujeres




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La costumbre de actuar según el prejuicio


Por Claudia Guzmán

M. Lagarde nos coloca en su escrito varios ejemplos en los que se evidencian los prejuicios que se tiene hacia todo lo que implique diversidad, casi que el prejuicio se constituye en una defensa para enfrentar los diverso, lo desconocido, lo disidente.

Lo curioso es que en nuestra individualidad todas somos diferentes por lo tanto ejercemos el prejuicio hacia otras, pero también lo sufrimos en carne propia, en algún momento de la vida.

Una de las manifestaciones de estas creencias inconscientes son los comentarios descalificadores, sin embargo hay otra que en mi opinión se convierte en costumbre y es la de opinar sobre las maneras en las que las y los demás construyen su vida y toman sus decisiones.

Lagarde menciona otra manera de expresión benévola del prejuicio en el consejo no pedido, pero también está el de los comentarios con terceras personas sobre la vida de otras personas, lo que nos parece que deberían hacer en asuntos que ni siquiera incumben a ninguna-o de quienes lo comentan.

Detrás de todo ello creo que se escoden de nuevo el miedo a lo diferente y que se sale del esquema aprendido e interiorizado.

Otra reflexión que he tenido al abordar el texto tiene relación con lo que en la cultura religiosa a la cual pertenezco se considera “pastoral”. La mera palabra pastoral me cuestiona por la connotación que tiene detrás de dirigir, de pretender saber lo que es bueno para quien se dirige, es decir toda una connotación de poder y jerarquía; esto sin mencionar las actitudes que se le atribuyen a quien debe dejarse dirigir con la resonancia de la pasividad y obediencia por la imagen de la oveja o el cordero. Así, en quienes lideran trabajos de pastoral se considera una virtud dar consejos, vigilar, opinar y decir lo que es mejor para tal o cual persona. Este tema del pastoreo ya fue abordado por Michel de Foucault en una conferencia titulada “sexualidad y poder” y al hacer mi reflexión sobre el texto de Lagarde me pareció pertinente hacer la relación.

Finalmente quiero decir que el texto me ha cuestionado en su totalidad, algo de ello lo he compartido en este blog; otros aspectos todavía me resuenan y me encuentro en fase de síntesis, pero es innegable que el aporte de Lagarde es valioso como herramienta de reflexión sobre mi autonomía en el estilo de vida que he escogido.

2 Comentarios

Nancy Olaya Monsalve(viernes, 18 marzo 2011)

¿Sabes? creo que este miedo a la diversidad, tiene muchas razones, una de ellas es nuestra idea de Dios y por lo tanto de ser humano.

Ahora recuerdo que en una reunión de mujeres oramos con Gn 38,1-6 y con Rut 1,1-4. Y nos sorprendimos por la forma como actúa Dios. Nuestro Dios Madre/Padre quiere el MESTIZAJE, contra la tradición sacerdotal y patriarcal. Desde el comienzo la Biblia describe una MEZCLA PERMANENTE, un intercambio continuo. En estos pasajes, lo que caracterizó a los hijos de Jacob fue el acercamiento a lo extranjero, la superación de las fronteras, el derribo de las cercas y la mirada más allá.

Y lo que pasa en el ámbito simbólico religioso pasa en el ámbito relacional concreto. Descalificamos y deslegitimamos como lo haría ese Dios segregador y excluyente que en algún momento desdichado de nuestra historia, aprendimos.

Teresa del Pilar (viernes, 25 marzo 2011 12:38):

Claudia, me parece muy cierto eso de que detrás de los prejuicios está el miedo a lo diferente. Y me pregunto, ¿qué tendrá lo diferente? Supongo que antes ello cada cual sentirá una motivación peculiar, pero lo cierto es que, casi siempre, lo nuevo, lo diverso... nos causa miedo. Darse cuenta de ello y encararlo positivamente sería una posibilidad saludable. GRACIAS POR EL COMPARTIR.

Una nueva ética desde el modo de sentir y actuar de las mujeres


Por Nancy Olaya

Hola queridas, me disculpo por la demora en compartir mi escrito. Más vale tarde ¿verdad? Ahí va.http://u.jimdo.com/www26/o/sb1ea451f49aa2f9b/img/i46e9825af0dcad96/1300906292/std/image.jpg

 No me detendré en aspectos como los prejuicios que ampliamente toca la autora y que están ya comentados por todas nosotras en el blog. Más bien, voy a plantear desde la autora, las líneas de una ética desde el feminismo. Recordemos que a grandes rasgos, la ética es el estudio del arte de vivir bien y se refiere entonces a lo "bueno", "malo", "correcto" e "incorrecto" referido a la acción, decisión o incluso a la intención de quien decide y actúa.

 ¿Qué es lo bueno y correcto para las mujeres en el patriarcado? ¡Ya lo sabemos de sobra!!! Abrámonos a otra clase de ética, alternativa y centrada en el modo de sentir, decidir y actuar de las mujeres. Marcela nos permite entrever algunas claves: 

  • La conversión (vuelta) hacia si misma, expresada en el AUTOCUIDADO.

  • La atención a los propios deseos: nombrándolos, clasificándolos y priorizándolos ¿cuáles liberan y cuales oprimen? ¿cuáles conducen a la centralidad de nuestro yo?, etc.

  • El desarrollo de la conciencia de lo que puedo, es decir del poder real, sabiendo que ese poder es susceptible de desarrollo y evolución.

  • El reconocimiento de las NECESIDADES para buscar recursos y poderes para alcanzar este vivir desde esos principios éticos.

  • Y lograr la concordancia entre lo que deseo-quiero-puedo y hago. Lo que implica no solo fuerza de voluntad, sino además y sobre todo: conocimientos, recursos, conciencia y acciones puntuales y eficaces.

La imagen de mujer que se deriva de esta ética es bien distinta a la tradicional-patriarcal. Permítanme citar a Elizabeth Johnson: "Las mujeres son personas humanas con capacidad de acción moral, con toda la libertad y responsabilidad que ello implica. Antiguas y androcéntricas definiciones de las mujeres como esencialmente pasivas han sido superadas en este impulso hacia la AUTONOMÍA MORAL (de las mujeres), conseguida merced a la lucha y a la acción creativa. Al mismo tiempo, la ética feminista renuncia a la visión del agente moral aislado, tan apreciado en la concepción masculina". Por eso encuentro tan coherente la propuesta de plantear la ética en relación con las/os otras/os en esta tercera parte del libro. Las características de esta ética relacional ya algunas de Ustedes las han comentado muy bien, solo quiero recordarlas:

  • La equivalencia

  • La equipolencia

  • LA equidistancia

  • La equifonia

  • La equipotencia  

Estas características se desprenden del modo como se relacionan las mujeres entre sí, con los demás y con lo demás. En las relaciones de mujeres y entre mujeres existe la mutualidad, la interdependencia, la corresponsabilidad, la valoración mutua, la confianza, el respeto y el afecto, etc., etc., etc.; se renuncia a la competencia, el dominio y a las actitudes de superioridad.

 En síntesis, la persona no se construye desde la oposición como lo fue y es en el sistema androcéntrico, sino desde la autonomía relacional y de comunión con las otras/os. ¿Suena familiar? Pues tiene que sonar familiar, allí radica el centro de la espiritualidad teresiana ¿verdad? Un abrazo a cada una y cada uno.

 5 Comentarios

Teresa del Pilar (domingo, 03 abril 2011 12:13):

¡Hola Nancy! Por tus escritos siempre vale la pena esperar! Inicias nombrando a la ética. Ésta es una disciplina filosófica que debiera ser repensada desde una categoría no androcéntrica ni dicotomizada, empezando por el significado mismo de ética y moral. Y en cuanto a los enfoques y contenidos, percibo que hay mucha tela que cortar.

Mencionas también una serie de rasgos y elementos muy válidos para ir reconstruyendo una ética más inclusiva e imparcial. Una ética capaz de considerar los géneros con sus legítimas diferencias. Cada una de las “equis”, desde esta perspectiva, se merece todo un tratado que abarque las instancias públicas y privadas del hombre y la mujer. En este sentido, ya hay suficiente camino hecho, sólo haría falta recogerlo. Gracias por el aporte.

Rosa Emma (lunes, 04 abril 2011 21:46):

Hola Querida Nancy

Las claves me parecen súper interesantes... la mayoría de ellas requiere que nos conozcamos muy bien y este ejercicio de autoconocimiento es dinámico, permanente; igualmente considero que las personas con las que compartimos la vida nos ayudan. En mi vida de trabajo en diferentes equipos, ha sido interesante recibir la percepción que van teniendo sobre mí.

En relación con el autocuidado hace un buen tiempo se viene trabajando; he notado especialmente en personas de vida consagrada, laicos y laicas comprometidas que lo dejan de lado, creo que por aquello de la entrega a tiempo y a destiempo, porque muchas veces nos sentimos imprescindibles en los espacios o asumimos el rol de salvadoras, salvadores.

Nancy Olaya Monsalve (martes, 05 abril 2011 08:49):

Hola Rosa Emma, me sentí impulsada a reaccionar ante una parte de tu comentario. Dices que ciertas personas descuidamos el auto-cuidado (me incluyo)... tienes razón. La ética tradicional, sobre todo aquella que se refiere a las mujeres, no a los hombres, y a las/os laicos, no a los ordenados varones, enseña esta actitud. La hemos aprendido y toca desaprenderla, sobre todo en nuestra sociedad patriarcal en la que la principal tentación de las mujeres, dice Elizabeth Johnson, no consiste tanto en la auto afirmación (auto-cuidado) cuanto en la falta de esta característica.

Tu señalas otro aspecto, el de sentirnos indispensables, salvadoras... mmm cierto. Todo eso forma parte del estereotipo de mujer en la sociedad machista. Gracias por tu comentario.

Claudia (martes, 05 abril 2011 19:00):

Los discursos sobre la ética plantean toda esa "educación" de la voluntad, incluso hay ejercicios para según ellos dominarla. Bien dice nuestra propuesta que lo volitivo tiene que ver con las necesidades, los intereses, es decir con un ejercicio de reconocimiento de esa verdad profunda que conecta o "converge" en su fundamento más profundo con la de otras. También un comentario a la figura que utilizas, se ve en ella la unión en la diversidad de las que están allí, la tierra como Madre, vinculada a la Diosa, en su vientre. Muy bonita

Nancy Olaya Monsalve (martes, 05 abril 2011 20:21):

En efecto no creo en la educación que plantea esa clase de desarrollo volitivo, más bien, en aquella que señalas de nuestra propuesta educativa: hacer emerger, acoger y amar nuestras necesidades, intereses y deseos.

Ah esta palabra: "convergencia" ahora tiene mucho sentido para mí y tú sabes porque...
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