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Antonio Blay
RELAJACIÓN Y ENERGÍA


Antonio Blay fue investigador de la naturaleza humana y del desarrollo de su potencial interior No fue solamente un teórico, sino que practicó ampliamente las diversas técnicas que enseñaba, ya que nunca habló o escribió sobre algo que no conociera o no hubiera experimentado por sí mismo.

El autor, Intendente Mercantil por la Escuela de Altos Estudios Mercantiles de Barcelona, Diplomado en Psicología y Psicotecnia por la Universidad de Madrid y Miembro de la Sociedad Española de Psicología, se especializó en el estudio de técnicas y procedimientos tanto orientales como occidentales para influir voluntariamente en los estados de conciencia y conseguir un desarrollo superior de la personalidad.

Fue un precursor en nuestro país de la psicología transpersonal y durante más de veinte años escribió e impartió cursos y seminarios de psicología de la Autorrealización en Barcelona, Madrid, Bilbao, San Sebastián y Valencia.

Antonio Blay nos dejó el 15 de Agosto de 1985 a los 61 años de edad, en plena actividad docente. Ha dejado una importante obra escrita sobre diversas técnicas y caminos de realización personal, en la línea de lo que más amaba: La unidad de conciencia.

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Primera edición: Julio 1988

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DEDICATORIA

Al marqués de Castelldosrius, con afectuosa admiración y respeto.

El Autor.


PRÓLOGO A LA PRESENTE EDICIÓN

Hace varios años que salió a luz el libro de Antonio Blay «Relajación y Energía» con el propósito de ayudar a profesionales y profanos en el conocimiento y la práctica de la relajación consciente. Desde entonces son varios los libros que se han editado sobre el tema, dado los beneficios que la relajación proporciona en el campo de la medicina psicosomática, preparación al parto y superación del stress. Sin negar el valor y funcionalidad de estas obras y de otras muchas que puedan ir apareciendo, en aras del interés del público y la toma de conciencia de los propios recursos psíquicos, tan en boga hoy en día, vemos la necesidad de esta nueva edición de «Relajación y Energía», en la cual se ha conservado íntegro el texto de la primera -que constituye las dos primeras partes del presente libro- y se ha reunido toda la información nueva en la tercera parte. En el Apéndice y a petición de varios médicos amigos, el autor describió con cierto detalle la técnica de la Autorrelajación concentrativa de J. H. Schultz.
«... Es nuestro único deseo que el libro siga prestando ayuda útil cuantas personas buscan remedio a las numerosas tensiones físicas y morales que la vida moderna tiende a imponernos cada día más. » ... Estas simples palabras de Antonio Blay que retomamos aquí, son por sí solas la mejor presentación de esta nueva edición de «Relajación y Energía».

INTRODUCCIÓN A LA PRIMERA EDICIÓN

El arte de descansar bien y con rapidez ha pasado a ser una de las necesidades primordiales del hombre de nuestros días. Atestíguanlo, por un lado, las investigaciones de la moderna Medicina Psicosomática, que no hace sino ir ampliando todos los días el número de enfermedades que, atribuidas antes a causas meramente orgánicas, se comprueba hoy ser causadas o favorecidas por los estados de tensión psíquica a los que raramente escapa el hombre que ha de 'desenvolverse en nuestro mundo complejo y apresurado. Por otro lado, lo confirma la excelente acogida que el público de todos los países, especialmente de América del Norte y de Europa Central, dispensa a las obras que ponen a su alcance, el aprendizaje de las técnicas científicas de relajación.

Este creciente interés está plenamente justificado, y no sólo por constituir un excelente medio preventivo y terapéutico de muchos trastornos físicos y psíquicos, sino también porque la gran calma y tranquilidad interior que proporciona la práctica de la relajación consciente, se traduce necesariamente en una mayor eficiencia de la personalidad en todos los aspectos de la vida.

En los países de lengua española han visto la luz, en pocos años, varios libros que tratan de este tema (véase Bibliografía). Pero unos son de carácter excesivamente técnico para el público no especializado y otros son demasiado extensos para que las personas muy atareadas, precisamente las que más lo necesitan, puedan disponer del tiempo necesario para su lectura.

Por esta razón hemos pensado que sería útil publicar un libro muy reducido en el que se expusiera del modo más claro posible, pero con las mínimas palabras, todo lo esencial de la relajación tanto en su aspecto teórico como práctico. Hemos querido, además, incluir aquí algunos aspectos superiores de la relajación que, por lo general, no son mencionados en las obras de vulgarización. Quizás algunas, personas, al percatarse de que la relajación integral es algo más que una técnica para descansar y recuperarse, sentirán más interés para ahondar en la teoría y avanzar en la práctica.

Damos las gracias a Editorial Iberia, que generosamente nos ha permitido utilizar abundante material de nuestro libro «HATHA-YOGA. Su técnica y fundamento». La mayor parte del presente texto la constituyen, en realidad, los dos capítulos que en aquella obra dedicamos a la relajación.
A. BLAY FONTCUBERTA.

PRIMERA PARTE
NOCIONES TEÓRICAS

FUNDAMENTALES


CAPITULO PRIMERO
GENERALIDADES

RITMO VITAL DE LA PERSONALIDAD
Sabemos que toda la vida es movimiento, es actividad inteligente, expresada en forma rítmica. Este ritmo está constituido por dos clases de movimientos: contracción y dilatación.

Este doble movimiento lo encontramos indefectiblemente en toda manifestación de vida: desde el simple acto de andar, de hacer un gesto, hasta la vida toda del hombre vista en conjunto, pasando por todos sus actos fisiológicos, emocionales y mentales, todo es constante expresión del mismo ritmo fundamental: movimiento centrípeto, contractivo, de tendencia al interior, al centro, y movimiento centrífugo, expansivo, de dilatación, de tendencia al exterior, a la expansión y al crecimiento.

Pero este doble movimiento, esta actividad, alterna a su vez de modo también rítmico y necesario con el reposo, con el descanso, con la relajación.

Tenemos así, pues, un doble ritmo que constituye el ritmo vital básico de la Personalidad:
|contracción

actividad |

| dilatación
reposo

Tanto forma parte esencial de la vida la actividad como el reposo. Ambos son inseparables: la una determina y es preparación para el otro, y viceversa, formando un ciclo completo e ininterrumpido.

El hombre está constituido por varios niveles vitales y cada uno de ellos posee su propio ritmo de actividad y descanso, de diferente duración. Por ejemplo, en el orden fisiológico tenemos el ciclo vigilia-sueño, el ciclo sexual, el nutritivo, el respiratorio, etcétera; en el orden psicológico, el ciclo pensar-sentir, el percibir-expresar, etc. El tiempo de cada uno de estos ciclos rítmicos es diferente.

La máquina humana funciona de tal modo que siempre hay algo en movimiento: cuando un nivel está en reposo, otros están activos. Con frecuencia, la actividad de unos niveles exige el reposo de otros. Así, cuando se está haciendo gran esfuerzo físico, no se puede pensar con profundidad; cuando se vive un intenso estado emocional, no es posible descansar físicamente ni se puede regular el pensamiento reflexivo, etcétera.

El reposo absoluto, desde luego, no existe en la Naturaleza. En el hombre, el reposo de algo significa siempre la puesta en marcha de otra cosa: el reposo de la atención, la actividad de la imaginación; el reposo exterior, la actividad interior; el reposo de lo inferior, el trabajo de lo superior...

LA TENSIÓN DE LA VIDA MODERNA
El hombre de nuestras ciudades modernas, empujado por la urgencia de las crecientes necesidades y por la compleja estructura de nuestra sociedad occidental, se ve obligado a dar más de sí a cada momento, a vivir cada vez más deprisa, a sacar más rendimiento, a producir y abarcar más y más, dejando a un lado la necesidad de descansar, de distenderse, de equilibrar su ritmo de vida.

Aumenta así la velocidad de acción y la rapidez de reacción, pero lo que gana en rapidez lo pierde en profundidad y lo que aumenta en acción lo disminuye en descanso. Altera artificialmente su ciclo natural de actividad-reposo obsesionado por el deseo o la necesidad de una incesante acción, de una continua expansión, con detrimento evidente de los otros aspectos de su ritmo vital: el recogimiento o concentración y el descanso.

Después de esta hiperactividad, el hombre intenta entregarse al descanso, sea permaneciendo despierto, sea sumergiéndose en el sueño. Cuando descansa estando despierto, casi siempre se pierde en divagaciones inútiles o en imaginaciones estériles, productos de la tensión emocional, de modo que si bien queda algo aliviado de cuerpo acaba con mayor cansancio e irritación mentales que antes de empezar. Si duerme, frecuentemente queda en un estado de ensueño durante el cual emergen extrañas pesadillas, reflejo asimismo de sus tensiones emocionales no liquidadas. En todo caso, se levanta insatisfecho y con la sensación de que algo no marcha bien, de que en cierta manera está perdiendo un tiempo precioso. Aun queriéndolo, no consigue nunca descansar por completo, debido a lo cual tarde o temprano se resiente su salud y el rendimiento de su diaria actividad. Ha alterado el mecanismo regulador del descanso por desobediencia continua a la ley de uno de sus ciclos fundamentales y sufre las consecuencias de ello. Al alterar de modo persistente el ritmo de uno de los ciclos, se alteran a su vez los demás y toda la personalidad queda desequilibrada.
Otra consecuencia de este ritmo acelerado es la superficialidad de la vida psíquica, la limitada percepción de la mente en profundidad. De toda la gama de actividades vitales, todas ellas necesarias y fundamentales, el hombre sólo percibe una pequeña parte y valora una parte aún menor; sólo es consciente y aun de una manera muy superficial, de algunos de sus procesos psicovitales, y de éstos, valora como actividad útil un solo tipo: la acción exterior. No consigue percibir los valores espirituales y la energía creadora dentro de sí mismo, de modo directo de primera mano. Lo vive tan sólo, de un modo indirecto y fraccionado, a través de su expresión en los propios movimientos y actividades, físicos y psíquicos, pero cuando ya han perdido su sabor fresco, su espontaneidad, su realidad como energía viva, pura e indiferenciada. Vive las formas ya materializadas y las sensaciones, más que el impulso directo y la energía espiritual del alma que les da vida.

Resumiendo, diremos que la falta de un perfecto descanso y relajación, consecuencia por un lado del defectuoso desarrollo y funcionamiento interior del hombre, y por otro, del ritmo acelerado de toda la vida moderna, produce importantes y definidos efectos perjudiciales en el funcionamiento total de la persona.

CONSECUENCIAS DE LA FALTA DE DESCANSO
He aquí algunas de ellas:

1. Impide o dificulta el sueño eficazmente reparador.

2. Altera la salud, favoreciendo en especial: los trastornos nerviosos, las enfermedades orgánicas de tipo funcional (la clásica úlcera de estómago, la constipación intestinal crónica, trastornos cardíacos y respiratorios, etcétera), y predispone a los accidentes y traumatismos.

3. Aumenta la urgencia del descanso y disminuye el rendimiento en general.

4. Aumenta las tensiones emocionales, dando por resultado un aumento de los estados psíquicos negativos: irritabilidad, inseguridad, miedo, inestabilidad, resentimiento, agresividad, etc., dificultando, por consiguiente, el poder establecer armónico contacto social y correctas relaciones humanas.

5. Aumenta la inquietud de la mente y disminuye su capacidad de rendimiento, produciendo como consecuencia: agitación, incapacidad de concentrarse, de profundizar; favorece eventualmente la eclosión de ideas obsesivas, fobias y filias, etc.

6. Disminuye la eficacia de la voluntad, por lo que a pesar del mucho esfuerzo no consigue superar las propias dificultades.

7. Dificulta la productividad psíquica de orden superior: reflexión serena y profunda, creación artística e intelectual, investigación, etc.

8. Dificulta el desarrollo de una fecunda vida espiritual.
Frente a este cuadro un poco fuerte, pero cierto, de los perjuicios causados por la prolongada falta de suficiente y adecuado descanso, está el hecho de que es perfectamente posible aprender a redescubrir el propio ciclo natural de actividad-reposo y a sujetarse a su ritmo. Esto, lejos de disminuir el rendimiento externo, como algunos quizá podrían suponer, permite realmente aumentar la calidad y la eficiencia de toda clase de actividades, puesto que no se trata de trabajar y descansar siguiendo el capricho más o menos equivocado de los impulsos superficiales, sino de adquirir el dominio de los mecanismos internos para manejarlos diestramente a voluntad, a la vez que se consigue percibir con claridad la voz profunda del instinto, expresión clara de las necesidades de nuestra naturaleza. Se consigue entonces actuar «siguiendo el ritmo profundo de la naturaleza», lo que equivale a decir que toda la fuerza de la ley natural se convierte en nuestro auxiliar más precioso cuando aprendemos a reconocerla y a respetarla debidamente.

FORMAS CORRECTAS DE DESCANSO
Hay tres formas correctas de descanso:
1ª. Sustitución de una actividad por otra.

2ª. Sueño profundo.

3ª. Relajación general consciente.
1ª. Sustitución de una actividad por otra. - Es el descanso parcial. Se basa en el hecho del ritmo alterno de la actividad de los diversos niveles que hemos mencionado antes. Esta forma de descanso es la que se hace o se intenta hacer, habitualmente, cuando en el transcurso del día al estar cansados de hacer algo pasamos a hacer otra cosa: después de leer o de estudiar durante mucho rato nos ponemos a pasear, después de mucho andar nos sentamos para descansar y reflexionar, etc.

Aunque esta clase de descanso puede adoptar muchas variantes, éstas pueden agruparse en tres tipos, según el nivel que predomine:

a) Sustitución de la actividad mental por otra de tipo emocional o físico. Descanso de la mente.

b) Sustitución de la actividad emocional-afectiva por otra de tipo físico o mental. Descanso de la sensibilidad.

c) Sustitución de la actividad física por otra de tipo afectivo o mental. Descanso del cuerpo.
La primera forma la utilizamos cuando después de intenso trabajo intelectual buscamos distracción placentera en charlas o bromas con amigos, o en estados afectivos más elevados: música, pintura, poesía, oración, etc. O también en ejercicios físicos: paseos, deportes, gimnasia, etc.

La segunda, cuando después de un prolongado estado afectivo o emocional: alegría o tristeza, amor o temor, experimentamos la necesidad de hacer algo, sea pensando, sea moviéndonos físicamente.

Y la tercera, cuando, después de una intensa actividad física, tendemos a descansar el cuerpo y a ocupar la mente en reflexiones, estudio o proyectos. O también en una actividad emotiva más o menos elevada.

Pero para que este descanso sea correcto, esto es, de la máxima utilidad, es preciso que la mente esté lo suficientemente educada para que sea ella la que dirija el proceso, a voluntad, sin dejar que se mezclen con la nueva actividad recuerdos o imágenes de lo que se acaba de dejar debido al estado de agitación o de cansancio mental. Así, por ejemplo, si acabo de tener una entrevista difícil y agitada, no he de permitir que la mente siga, a pesar mío, dando vueltas alrededor de las incidencias pasadas imaginando lo que hubiera podido decir o hacer en tal o cual momento, sino que dando por terminado de momento el asunto, hacer que la mente se entregue por completo a la labor que deba hacer a continuación, sin perjuicio de que después, cuando yo lo decida claramente, repase serena y objetivamente las circunstancias o consecuencias de dicha entrevista.

No hay que permitir que en ningún momento se interfieran, sin yo quererlo, dos tipos de actividades.

Hacer en cada momento lo que tenga que hacer, del todo, sin dejar que se mezclen en ello otros asuntos ni aun mentalmente: si decido leer el diario, leerlo y nada más; si decido descansar un momento, durante este momento no permitirme hacer absolutamente nada, ni con el cuerpo ni con la mente, sino tan sólo esto: descansar a plena conciencia. Y así, con todas las cosas.
2ª.' Sueño profundo. - El sueño profundo, cuando realmente lo es, produce excelentes resultados de recuperación general, como es ya bien sabido por todos.

Las condiciones necesarias para que el sueño sea tranquilo, profundo y reparador, pueden resumirse en las tres siguientes:

1ª. Buen estado de salud.

2ª: No tener pendientes de solución interior fuertes conflictos emocionales, afectivos o mentales.

3ª. Haber hecho suficiente ejercicio físico durante el día.
En el caso de no reunir la segunda condición, que es la causa más frecuente de insomnio o de sueño agitado, la práctica previa de las primeras etapas de la relajación, tal como se aprenderá más adelante, constituye la medicina más eficaz e inofensiva que existe para poderse sumir en pocos minutos en un sueño realmente profundo, tranquillo y reparador.
3ª.' Relajación general consciente. - Por ser éste el tema especial del presente libro y para tratarlo con la debida extensión, le dedicaremos íntegramente el siguiente capítulo.
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