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Necesitamos hombres y mujeres con

vocación y sensibilidad universitarias

para que la Universidad no continúe en

suspenso.

CRISTÓBAL ARTETA RIPOLL
ANTILLAS

Editorial Antillas

Abel Ávila, Director Fundador

Alfonso Ávila Pérez, Director

Adriana Ávila Pérez, Gerente
© 2003, Cristóbal Arteta Ripoll
Copyright de esta edición:

©Casa Editorial Antillas Ltda.

Carrera 65 No.84 25 Oficinas, (095) 3554733

Carrera 45 No.59 22 Talleres, (095) 3518150

Barranquilla, Atlántico, Colombia.

PRÓLOGO
El profesor Cristóbal Arteta Ripoll me ha pedido que prologue la presente selección de escritos correspondientes a la serie editorial Páginas Universitarias, que él ha venido publicando desde hace algún tiempo en los medios académicos superiores con buena aceptación de sus lectores. Para mí, un encargo de este jaez no es asunto fácil por varias razones tanto profesionales como personales, pero en particular no lo es porque mi prólogo aparece casi en el mismo momento en que son dados a la luz pública otros escritos que versan también sobre la vida y la obra de la misma persona.
Convencido de la falta absoluta de escapatorias creíbles y educadas para no escribir lo que el lector tiene ahora entre sus manos, comienzo por no ceder a la tentación en que otros cayeron de incluir a nuestro hombre en las vecindades taxonómicas en que se encuentran clasificados los genios o héroes de la historia y a su obra en las de los clásicos de la ciencia, la política o la literatura universal. Quienes adelantan semejante ejercicio de exagerada carantoñería están equivocados de medio a medio, pues el efecto psicológico en el lector, en particular si éste ya conoce al personaje y está familiarizado con su estilo, es un sentimiento de rechazo que se convierte en prejuiciada animadversión frente a lo que todavía no ha leído o en sensación de sorpresa que deviene luego en hilaridad ante lo que percibe como inesperadamente cómico o injustificadamente ridículo.
Pues bien, afianzado en tales premisas, paso a decir que el Cristóbal que yo conozco no es un Goethe ni un Rousseau, ni las Páginas Universitarias de que nos ocupamos tienen la talla estética de "Las cuitas del joven Werther" o la grandeza pedagógica del "Emilio". Pero lo Arteta y lo Ripoll que hay en este amigo y la honestidad con que dice lo que dice -a veces, además, muy bien dicho- cuando le toca decirlo, se transparentan como emblemas éticos de una integridad y una consagración intelectuales puestas indeclinablemente desde hace más de treinta años al servicio de los intereses académicos y administrativos de nuestra colectividad universitaria.
Conocí a Cristóbal en 1972, cuando fue mi alumno de historia de la filosofía en la Facultad de Educación de la Universidad del Atlántico. Era él a la sazón un joven políticamente inquisitivo, personalmente afectuoso e intelectualmente prometedor, más dado, creo, a teorizar soluciones particulares a problemas concretos de su entorno académico, que comprometido integralmente con el ideario mesiánico que por entonces auguraba sin ambages la inminente y convulsa redención de los explotados del mundo.
Treinta años después, ahora no tan joven pese a la falaz cosmética, la gimnasia de rutina, la ropa de marca y la desenvoltura exitosa de Casanova irredimible, Cristóbal es personalmente más asertivo y carismático que antes, al tiempo que políticamente más capaz de materializar en realidades tangibles sus teorías y sueños acerca de cómo transformar en una criatura sana, funcional, robusta y productiva, al entrópico, esquizofrénico, moribundo y autofágico monstruo que es la Universidad del Atlántico.
Con ingredientes de filosofía política, historia de las ideas pedagógicas, psicología de la enseñanza y administración universitaria, Arteta se ha formado intelectualmente en el decurso de tres décadas hasta llegar a encarnar en buena medida al universitólogo por excelencia, la clase de experto administrador que merece la oportunidad de mostrar que las ideas contenidas en Páginas Universitarias son, además de excelentes reflexiones políticas y pedagógicas, fecundas simientes conceptuales portadoras del cambio que necesitamos.
Una muestra de su vocación de gerente universitario, que es también su inextirpable y hasta neurótica obsesión compulsiva, es la temática que acerva la presente antología de artículos suyos sobre la universidad, algunos de cuyos contenidos versan variadamente sobre el porqué de los fracasos de las distintas administraciones rectorales; la cuestionable eficacia de las políticas de estado para la educación pública superior; la naturaleza autista y esquizoide de algunas fuerzas estamentales del Alma Mater; la situación penosa de los jubilados que han comenzado a padecer por desesperación el síndrome del suicidio colectivo; la siempre manoseada e incumplida promesa de elevar efectivamente la competencia profesional de los docentes; o el deber ser, nunca satisfecho, de las proyecciones educacionales de la academia en la vida social de las comunidades.
Los artículos de Páginas Universitarias son en buena medida un valioso archivo histórico de lo que ha sido la Universidad del Atlántico en el fragoso itinerario de su vida pública, así como una acertada descripción sociológica de lo que ella es en el compungido presente. Pero también son esos escritos, sin duda, un sueño en lo moral y un proyecto en lo científico de lo que pudiera llegar a ser la Institución si hubiese alguien capaz, en este desdichado momento en que se amalgaman todas las crisis y se reproducen todos los males, de detener su libre caída hacia el abismo del desastre definitivo.

Los artículos conllevan, por analogía con lo subliminal, un mensaje en el subfondo de su semántica aparente: todos tenemos el sueño de algún proyecto salvador para la Universidad. No permitamos que quien reclama con buenos argumentos que puede realizarlo, continúe otros treinta años con su fardo de ilusiones bajo el brazo intentando mostrarnos, tal y como lo hace en Páginas Universitarias, que sus proyectos, como políticas de alta gestión administrativa, representan la atalaya más empinada desde la cual se puede avistar el horizonte de un futuro universitario más decoroso y feraz.
Nelson Barros Cantillo

Profesor Universitario de Filosofía.

INTRODUCCIÓN
Página Universitaria es el nombre original del documento Impreso que periódicamente circula en el ámbito Universitario, especialmente en la Universidad del Atlántico, desde hace ya un largo tiempo.
Surgió libre y en forma espontánea, cuando concebí la idea de expresar mi pensamiento sobre la educación y la política a través de un medio de comunicación escrito. Desde Entonces, ha sido el vínculo de expresión material que me ha permitido soltar ideas, opiniones y conceptos sobre el acontecer educativo y universitario.
Algunos pensaron que su origen obedecía a una coyuntura política, propicia para lanzar una candidatura y ganar adeptos en una eventual consulta para la rectoría de la Universidad del Atlántico. Se equivocaron, de la misma minera que lo hicieron quienes creyeron que Página Universitaria desaparecería de la escena comunicativa, después de la difícil situación de inestabilidad política e inseguridad universitaria vivida por la institución en los I res últimos años del siglo pasado.
Página Universitaria nació para quedarse. Por esta razón y para proyectar su existencia, más allá de la de este servidor, decidí recopilarlas en este texto que lleva el mismo nombre, pero en plural. La única finalidad que me anima, es la de Contribuir a la construcción de la historia escrita de la institución que me formó y que me ha visto crecer en sus entrañas como estudiante, docente, directivo sindical y académico.
Este libro recoge atisbos sobre casi dos (2) décadas de la historia universitaria durante las cuales, en algunos momentos, he participado como uno de sus protagonistas. El tiempo histórico nos ha dejado muchas enseñanzas y la madurez política y académica suficiente para entender que cada acción que realicemos en el recinto universitario y fuera del mismo, no tiene sentido distinto al de servir a la comunidad académica. Al mismo tiempo, esta obra, pretende proyectar el convencimiento de que algún día, no muy lejano, la universidad, nuestra universidad, será la mejor y más grande Universidad Estatal del Caribe Colombiano.


REFLEXIONES SOBRE ALFABETIZACIÓN Y PROMOCIÓN AUTOMÁTICA
Julio 16 de 1987
En los planes del Ministerio de Educación Nacional para el desarrollo de una política educativa, parece ser que sus banderas más inmediatas e importantes son la Alfabetización y la Promoción Automática.
La primera, a simple vista, tiene plena justificación, si se considera que, según los últimos datos del DAÑE, aproximadamente el doce por ciento (12%) de la población mayor de diez años de edad, es decir, unos dos millones seiscientos mil (2.600.000) habitantes, no saben leer ni escribir. Ello, MI i contar los denominados analfabetos funcionales, o sea, aquellos que durante sus primeros años aprendieron las primeras letras y luego, no tuvieron más contactos con centros educativos nacionales, departamentales o regionales.
Considera el señor Ministro que, para bajar el índice de analfabetas es pertinente el diseño de una estrategia audaz e innovadora que cuente con el concurso decidido y permanente del gobierno, sectores de la producción, Facultades de Educación, demás centros educativos del país y la participación comunitaria con objetivos y propósitos claros y concretos.
La validez y consistencia de la propuesta son indiscutibles. Pero ello no es la solución a un problema de raíces más hondas y de profundas connotaciones políticas y sociales en la vida nacional. La historia latinoamericana, nacional y tal vez mundial, demuestra que el analfabetismo no ha hallado respuestas de solución en campañas de alfabetización por muy extensas e intensivas que hayan sido. No ha habido país en América que no haya sentido acciones alfabetizadoras, y, en Colombia, no es la primera vez que se habla de alfabetización a gran escala. La historia es rica en ejemplos de esta naturaleza y el problema persiste.
Los datos estadísticos son elocuentes. El índice de analfabetismo en Colombia se ha mantenido estable en las últimas décadas, aunque es lógico reconocer su descenso porcentual con relación al aumento poblacional. Según los censos de 1951, 1964, 1973 y 1981, la población iletrada en Colombia es como sigue:
Año Población Porcentaje

1951 2.429.333 37.7%

1964 2.526.590 27.1%

1973 2.591.979 18.9%

1981 2.407.000 14.0%
Estos guarismos significan, como ya anotaba, que no ha sido atacado el mal por sus raíces. La única manera de acabar con el analfabetismo es lanzar al lado de vastas campañas de alfabetización, una estrategia educativa que implique el cubrimiento total de la enseñanza básica. No se trata de ampliar su cobertura, como algunos suponen, pues estaremos paliando el mal. Si no se cubre en forma total la enseñanza para la población en edad escolar hasta los 10 años, nunca erradicaremos el analfabetismo en Colombia. Ya muchos países lo han logrado.
Si la campaña, como se supone, tiene una gran intencionalidad hacia una solución definitiva, ella debe estar acompañada de propuestas más audaces y radicales, como la señalada.
Sobre la Promoción Automática en la enseñanza, el argumento más sólido a su favor parece ser la necesidad de romper esquemas restrictivos que implican la retención de estudiantes por la pérdida del año escolar. Para ello se propone un Plan Nacional de Evaluación que no sea puramente aritmético o cuantitativo y que tenga en cuenta el desarrollo bio-psico-sociocultural del niño.
Es innegable que la promoción escolar no puede seguir dependiendo de cifras. La complejidad del proceso enseñanza-aprendizaje requiere tener en cuenta un conjunto de criterios que acertadamente evalúen al niño, más allá de la simple aprehensión de conocimientos y a su evaluación en números. El desarrollo biológico, sociológico, psicológico y cultural del niño de acuerdo a sus condiciones ambientales necesita ser evaluado en el aprendizaje, utilizando parámetros cualitativamente diferentes a lo cuántico.
Pero ello, no es tan fácil y simple como se puede pensar. Un nuevo sistema nacional de evaluación con las características señaladas necesita, en primer lugar, de la excelencia en la Formación Profesional Docente, lo que a su vez exige como primer paso, la superación de la crisis por la que atraviesan los centros encargados de tal función. Ya la reunión de Decanos de Facultades de Educación y de Rectores de Universidades públicas y privadas, realizada en Bogotá los días 17,18 y 19 de junio, aportó un conjunto de iniciativas que bien podrían ser el punto de partida hacia soluciones definitivas.
En secundo lugar, es inaplazable la recuperación del Status Profesional del Maestro para hacer la profesión más para hacer la profesión más digna y confiable, pues sin la confiabilidad del maestro el nuevo sistema no puede operar con beneficio de inventario. Esto significa mejores salarios, introducción de la competencia por la excelencia, mejor ambientación cualitativa del trabajo docente y estímulos permanentes que hagan del magisterio una profesión atractiva y digna, sólo para quienes con vocación asuman el reto. Sin un buen docente y con la mala calidad de la educación que se imparte, el futuro no es confiable.
LA ELECCIÓN DEMOCRÁTICA DE RECTORES
Septiembre 25 de 1987
"Mientras no contemos con hombres

Que hayan hecho de la Universidad su vocación,

ella estará en suspenso".

J. Fitche
Una de las propuestas que el Ministerio de Educación Nacional ha presentado para reformar la educación post-secundaria en Colombia, hoy regulada por el Decreto Ley 80 de 1980, es la elección democrática de Rectores.
Tradicionalmente y por normas de carácter legal, corresponde al Presidente nombrar al Rector de la Universidad Nacional, y, a los Gobernadores, el nombramiento de los Rectores en las Universidades del orden Departamental. Si existiera un marco de requisitos que definiera las calidades intelectuales, morales, éticas y administrativas, acompañado de una voluntad de gobierno para hacerlo cumplir y de mecanismos institucionales de fiscalización y evaluación objetiva e imparcial de las funciones realizadas, se podría analizar lo que ha sido el proceso con más aciertos y beneficios que fallas y errores. De igual manera, si por disposición estatal los centros universitarios se hubieran marginado de la rebatiña burocrática a que están sometidos en el juego político nacional y local.
Pero la historia ha sido otra, la dirigencia política, salvo significativas excepciones, en las distintas regiones del país, no ha colocado en el centro de sus reflexiones a la Universidad como agente de cambio, generadora de cultura y productora de ciencia. La concepción que de la Universidad se ha tenido, como un compartimiento más de la estructura burocrática y "generadora de votos", ha llevado a nuestros dirigentes a olvidar el papel que debe cumplir la universidad y hacerla susceptible a los desmanes del clientelismo y de la política en sus desviaciones y bandazos hacia la corrupción.
En aquellos casos en los que teóricamente los organismos de poder en la Universidad han normalizado calidades y requisitos, la práctica ha logrado violentar y escandalizar la teoría, acabando por imponerse la mediocridad y la ausencia de todo principio de formación académica y universitaria en la escogencia y nombramiento de rectores. Uniatlántico no ha escapado a estos despropósitos y su más reciente historia así lo confirma.
A buena hora el partido de gobierno, a través del Ministerio de Educación Nacional, pretende ganar un espacio que ha sido abandonado a su suerte y que por sectarismos, dogmatismos y desviaciones no ha sido ocupado por otros con mejor provecho. El frente educativo, y en especial el universitario, merece convertirse en el bastión de una sana y saludable política democrática que abra paso a nuevas y mejores relaciones con la comunidad; que centre más su atención en los problemas nacionales en su articulación con soluciones de cambio, progreso y desarrollo y que se vincule al proceso Docencia-Investigación de una manera cualitativamente diferente a la que por rutina se practica. Todo esto, en la perspectiva de servir a la ciencia, a la técnica y al desarrollo nacional y regional. En fin, hay que asignarle al Frente Educativo el sitio y papel que le corresponde en la estructura económica, política y social del país.
En especial, a la Universidad hay que mirarla de manera cualitativamente diferente al enfoque tradicional. Para una concepción amplia y democrática, la Universidad debe ser espacio para la reflexión de los grandes problemas de la comunidad en lo económico, lo político y lo social; Centro de Investigaciones científicas y tecnológicas donde se forjen las grandes alternativas de cambio para el desarrollo nacional y escuelas donde se formen los dirigentes que el país necesita. Cuando se comprenda en toda su magnitud la dimensión de la vida universitaria y se actúe en correspondencia con ella, los resultados de la acción política serán más benéficos e imperecederos.
La elección democrática de Rectores puede perfectamente servir a esos objetivos. En primer lugar, contribuye a Oxigenar una enrarecida atmósfera universitaria llena de mitos, mentiras y falacias porque la razón del horno-político no ha encontrado verdaderos y civilizados cauces de expresión.
En segundo lugar, abre las posibilidades de colocar en la dirección a los mejores cuadros de la inteligencia universitaria y vincular a sus estamentos a la más amplia participación democrática en la toma de decisiones.
Una universidad más democrática, abierta al diálogo con sus estamentos y convertida en foro permanente de confrontación de ideas para controvertir la ciencia, la política y la cultura, sirve más a una sociedad que debe, conscientemente, cimentar el presente para lanzarse segura al futuro.
La propuesta merece, pues, el más amplio apoyo y respaldo de los sectores democráticos.
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