Paper (I) ¿Existe alguna terapia de choque contra la crisis? ¿Y para prevenir las futuras? Desconstruyendo los discursos oficiales




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Paper (I) - ¿Existe alguna terapia de choque contra la crisis? ¿Y para prevenir las futuras? Desconstruyendo los discursos oficiales

Esperando a Godot: El G-20 y los demás… (De la Cumbre al precipicio)



The show must go on (All that jazz)

Según la Reserva Federal (Fed), primero hay que resolver los problemas de la economía financiera y luego (en consecuencia) resolver los problemas de la economía real. No se puede lo uno sin lo otro. Si por un momento aceptamos la hipótesis (Krugman y otros), ¿qué ocurre (así y todo), si no se resuelven los “problemas” de la economía financiera?

Una “economía de casino” con “el mercado” (¡todo!) como “presunto implicado” (bancos, gobiernos, organismos de control, gurús, empresas de calificación, analistas, operadores financieros, hedge funds, agentes bursátiles, traders, brokers y demás patulea). La oligarquía bancaria.

¿Los mismos que nos metieron en esto, nos van a sacar? ¿Serán capaces de ponerle límites a una economía “ansiolítica”? ¿Estarán dispuestos a “desfinancierizar” la economía? ¿Aceptarán “desglobalizar” la economía? ¿O sólo habrá parches y no reformas?

Permítanme dudar al respecto (dicen que un pesimista es un optimista informado). Creo que estamos ante una “simulación” en toda regla. Sólo se trata de mantener un modelo de hacer empresa en el que unos pocos se benefician de la asunción de riesgos, si sale bien; y todos nos tenemos, de un modo u otro, que apretar el cinturón si ocurre lo contrario. Rehenes de la información peligrosa, víctimas de la locura crediticia. Irresponsabilidad corporativa sin el menor atisbo de componente social… La economía del espejismo.

No es un problema entre Smith y Marx o entre Keynes y Friedman. Han sido “todos” tergiversados, falsificados y… traicionados. Hasta a Hayek, lo han extraviado por los “senderos de libertad”. O sea.

De creer que lo que era bueno para General Motors era bueno para Estados Unidos, se ha pasado a creer que lo que era bueno para Wall Street era bueno para Estados Unidos… ¿Terminará igual?

“Pecados financieros” (de palabra, obra u omisión). Que de todo ha habido (¿y hay?). “Paradojas caminando”. Han corrido a socorrer a los bancos, gobiernos conservadores (Bush), demócratas (Obama), laboristas (Brown), demócrata cristianos (Merkel), napoleónicos (Sarkozy), fascistas (Berlusconi), indocumentados (Rodríguez Zapatero)… y sigue la lista de “falsificadores”. Muchas manos para un solo cadáver.

¿Los que no supo, quiso o pudo resolver el G-8 (G-9, con la “mafio-economía” rusa), puede hacerlo el G-20 (un “rejunte” infumable de “todo a 100”, que por oler, huele hasta a “sobaco”)? Tal vez, sólo se trate de sacarle dinero a los árabes y chinos, que son los únicos ricos verdaderos (eso sí, sólo su clase dirigente -tribal o comunista). ¿Salvarán al “mundo financiero” (lo demás, “puede esperar”…), el capitalismo feudal y/o el capitalismo comunista? El resto del G-20 es un decorado, actores secundarios, utilería, “socios del silencio”… “culiparlantes”. Se “conforman” con salir en la foto. Hacer creer en sus respectivos países que son “importantes”, que los invitan a la reunión de los poderosos, que opinan, que los consideran… (ni que decir de los que “mendigan” una silla de prestado, como España -aunque sea “medio culo”-, sin voz ni voto, pero con foto, sonrisa y telediario)… En fin, un G-¡Je!-20- surreal y triste.

Desde aquel sábado de noviembre en que el saliente George W. Bush -con los enviados del presidente recién elegido haciéndole sombra- se comprometió con sus colegas de los cinco continentes a coordinarse, supervisar más el sector financiero y evitar nuevas quiebras, poco ha mejorado para la economía a los dos lados del Atlántico. Desde entonces, aunque los mercados están más tranquilos y han colapsado menos bancos, a marzo de 2009, más de 2,5 millones de personas en EEUU se han quedado sin trabajo, y al menos otro millón en la UE, donde ya se calcula que habrá cerca de 22 millones de parados el próximo año.

Desde su investidura, a marzo de 2009, Obama ha conseguido aprobar un paquete de estímulo fiscal de 800.000 millones de dólares, además de 400.000 millones en garantías a Citigroup y Bank of America, y ha propuesto otro plan de rescate semipúblico para limpiar los activos tóxicos de, al menos, 600.000 millones.

En diciembre, los europeos se comprometieron a gastar cerca de 200.000 millones, aunque ha habido pocas novedades respecto a los paquetes ya aprobados en otoño (el último esfuerzo común son 50.000 millones en préstamos para países fuera de la zona euro). Pero, aparte de la escasez de datos positivos, la coordinación es aún una promesa.

Los dos lados del Atlántico, y también la mayoría de las potencias emergentes, están de acuerdo en que falta confianza para restablecer el crédito, paralizado, sobre todo, desde la caída de Lehman Brothers en septiembre, pero la receta para recuperar el valor perdido no es nada evidente.

La UE se ha enzarzado en una pelea con Washington sobre las cifras de sus planes de estímulo para responder a las críticas efectuadas por Larry Summers, el poco querido consejero económico de Obama. Según la UE, sus gastos extras por la crisis supondrán un 3,3% de su PIB de media entre este año y el siguiente, incluyendo el aumento de las prestaciones de desempleo y otras formas de protección social, mientras que EEUU superará el 5% sólo con sus ayudas a los bancos, descuentos fiscales para las empresas e inversiones públicas en infraestructuras y otros proyectos. En cualquier caso, hay una brecha entre el 3,4% de Alemania y el 1,3 de Francia, según los datos del FMI para 2009 y 2010.

El FMI también sostiene que los países que aumentan el gasto social de manera automática necesitan menos esfuerzo fiscal, si bien Paul Krugman, premio Nobel de Economía, señala que los europeos trampean al sumar el paro y la inversión en fibra óptica como si tuvieran el mismo efecto en el relanzamiento de la economía. En cualquier caso, Krugman considera que las acciones de EEUU y la UE son igual de insuficientes. También el gurú Nouriel Roubini asegura que evitar la recesión en L será posible sólo si hay “acciones políticas mucho más agresivas y coordinadas” entre Washington y el resto del mundo.

La respuesta oficial europea es que, para solucionar esta crisis, no sólo para prevenir la siguiente, es esencial más regulación que dé seguridad a los mercados. Sin embargo, incluso sus propias iniciativas de crear supervisores o controlar las agencias de calificación de riesgo o los hedge funds requieren años de proceso legislativo hasta llegar a aplicarse.

Los americanos apoyan más controles pero no consideran que sean la prioridad absoluta para salir de esta crisis. “No tiene sentido intentar reconstruir una casa mientras se está quemando”, dijo Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal y consejero de Obama, en una reciente reunión de la Casa Blanca.

El presidente no es partidario de dejar aparcada la regulación, pero se resistirá a supervisores trasnacionales. Puede que, finalmente, los americanos y los europeos hablen con una sola voz, pero el tono de partida es bastante más bronco del esperado hace unos meses, cuando Europa se rendía ante Obama.

Entre los dos bloques hay muchos puntos de acuerdo, como el no permitir el colapso de grandes bancos, pero falta consenso en los detalles. Por ejemplo, el complicado plan para limpiar de activos tóxicos las entidades estadounidenses llega con pocas exigencias de reestructuración o control estatal, a diferencia del modelo de bancos malos apoyado por la UE, que obliga a la aprobación y el control continuo desde Bruselas y los gobiernos nacionales.

De hecho, en este caso, “el camino al infierno” que escandaliza a Topolanek ha despertado las críticas hasta de los más convencidos demócratas, como Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, que define el plan de Geithner como “un velado intento de transferir cientos de miles de millones de dólares de los contribuyentes americanos a los bancos comerciales”.

La reunión celebrada en Londres podría haber pasado a la historia como la Cumbre de las Cumbres. Se perfilaba como la reunión más importante de los últimos 80 años entre los líderes del G-20, secuela del encuentro que a mediados de noviembre tuvo lugar en Washington, pero finalmente se han desvanecido las importantes expectativas generadas. Los principales mandatarios del mundo parecieron conformarse con ofrecer un mensaje de unidad y coordinación global en un momento en que como telón de fondo está la peor crisis financiera internacional desde la Gran Depresión y la primera recesión económica global, con un comercio que desciende y un desempleo que aumenta en todo el mundo.

Ex presidentes de los bancos centrales y demás reguladores son los que de facto estuvieron guiando a los líderes de las 20 mayores economías del mundo en un argumento clave para evitar que otra crisis de estas características se vuelva a producir: subir los tipos de interés cuando el crédito se extienda y forzar a los bancos a construir un colchón de liquidez en tiempos de abundancia para utilizar en los años difíciles. Sobre el papel parece sencillo pero el caso es que Greenspan no lo hizo en su día.

Según publica Bloomberg, fue Paul Volcker, también exFed, quien aseguró en enero que “la preocupación por la estabilidad financiera es importante no sólo en tiempos de crisis sino también cuando se producen rápidas expansiones del crédito y aumenta el endeudamiento”.

Pero dejando a un lado todos los asuntos económicos, monetarios, financieros y demás menesteres del G-20 que se han revisado por activa y por pasiva, el gran ausente de la crisis en la Cumbre y no por ello menos importante ha sido el factor social.

En este sentido, William White, el que fuera presidente del Bank for International Settlements, según un artículo que publica Bloomberg, no deja de acordarse de Adolf Hitler. Al margen del pánico económico hay que tener en cuenta los costes sociales de la crisis, más si se compara con la Gran Depresión. “Cuando piensas en las grandes turbulencias económicas, yo siempre me preocupo de que se dejan de lado cuestiones políticas y sociales muy rápido”. Es peligroso olvidar estos factores a favor de una burbuja que ha degenerado en un abrupto problema económico.

Frente a la peor crisis de la economía mundial en décadas y que aún no ha tocado fondo- los líderes concluyeron la cumbre al otorgarle principalmente al Fondo Monetario Internacional la responsabilidad de lanzar advertencias sobre problemas futuros y evaluar si los miembros del grupo cumplen sus promesas acerca de la regulación y los paquetes de estímulo fiscal.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), considerado en gran medida irrelevante hace seis meses, fue el mayor ganador de la cumbre de líderes del Grupo de los 20. Los líderes mundiales acordaron cuadriplicar la capacidad financiera del FMI a US$ 1 billón (millón de millones) para manejar las crisis en los países en desarrollo y le encargaron al Fondo monitorear si los países del G-20 están estimulando sus economías suficientemente y reformando sus sistemas regulatorios. Además, le pasaron otra tarea: dar señales de alerta tempranas de problemas financieros que se agravan. “El FMI está de vuelta”, dijo el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn. “Hoy tenemos la prueba”.

Se trata, sin embargo, de responsabilidades que van más allá de las tareas tradicionales del FMI y que probablemente requieran que la entidad sea más dura con sus principales accionistas. Las tareas asignadas sin dudas pondrán a prueba la capacidad del FMI para reprender a sus 185 países miembro. El FMI generalmente emite advertencias privadas, no públicas, que los gobiernos de países poderosos suelen ignorar.

Las medidas podrían aliviar el sufrimiento ocasionado por la actual crisis de la economía global, pero muchas son declaraciones de principios que deberán tener un seguimiento. El G-20 ya convino otra reunión para este año.

El FMI no es la única entidad internacional con mayores responsabilidades. La Junta de Servicios Financieros -una versión ampliada del Foro de Estabilidad Financiera, un grupo de reguladores internacionales con sede en Suiza- tendrá la misión de coordinar los grandes cambios regulatorios globales. La Organización Mundial del Comercio, por su parte, se encargará de velar por que los miembros del G-20 cumplan sus promesas de mantener a raya el proteccionismo.

Las funciones encomendadas al Consejo de Estabilidad están a medio camino entre la regulación y la supervisión, una fórmula heredada de su naturaleza original, una mesa que reunía a ambos lados de la actuación pública sobre el sector financiero. Para reforzar esta misión, el Consejo, además de abrir la puerta a los países emergentes, ha incorporado a otras instituciones de supervisión, más allá de los bancos centrales: estarán las agencias internacionales de mercados de valores, contabilidad y seguros.

El Consejo también evaluará como funcionan las propuestas que ultima el Banco Internacional de Pagos, a través del comité de Basilea II, para evitar que un colapso en los mercados de crédito y títulos de deuda, como el que ha ocurrido ahora, deje secos de capital a los bancos y de liquidez al sistema financiero. El comité publicará, a principios de 2010, normas para elevar los requerimientos legales de capital mínimo (ahora el 4% de los activos), establecer qué títulos (básicamente acciones ordinarias) pueden considerarse capital de máxima calidad y extender las provisiones anticíclicas para crear colchones de liquidez cuando el crédito crece. Y revisará el efecto del actual sistema de calificaciones, monopolizado por tres agencias privadas de EEUU, en la multiplicación del riesgo excesivo.

Pero no hay que esperar que las nuevas reglas entren en juego antes de finales de 2010. Si para entonces la presión de la crisis afloja y no se mantienen los compromisos, se recordaría como un brillante ejemplo de la máxima de El Gatopardo, la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: “Algo tiene que cambiar para que todo siga igual”.

“Por la magnitud del reto que afrontamos y de las medidas que hemos adoptado, Londres será parte de la Historia”, proclamó el presidente de EEUU, Barack Obama, al cierre de la cumbre, recibiendo una insólita salva de aplausos de los periodistas al final del acto, otra demostración más del poder de seducción del líder estadounidense.

Al final (nada es cierto) los líderes del G-20 pretendieron salvar el mundo en 11 minutos. Los mandatarios de los países que componen el G-20 dedicaron más tiempo a comer y posar para la sesión de fotos con la prensa que a discutir sobre la profunda crisis económica y financiera global, apenas once minutos por intervención.

La Cumbre acordó un gasto de 5 billones de dólares, de los que cuatro billones habían sido ya comprometidos por los planes nacionales. Cada líder ha tenido una intervención de 11 minutos para acordar el fin de los paraísos fiscales y triplicar los recursos del FMI… Nosotros, los líderes del Grupo de los Veinte…

La pirámide monetaria (Secretos y mentiras)

“La crisis global actual -con una pérdida de US$ 50 billones (millones de millones) en acciones, bienes raíces, commodities y ganancias operativas en 15 meses- no puede achacarse sólo al impago de un ínfimo 7% de las hipotecas de alto riesgo (valoradas probablemente en más de US$ 1 billón) que la detonó. El verdadero villano es la falta de confianza en el papel en el que los activos están impresos. Si no restauramos la confianza en el papel, las nuevas moras -en tarjetas de crédito o créditos estudiantiles- detonarán otro colapso del papel que hundirá la economía mundial.

Considere que todo lo que tenemos de valor pasa de mano en mano en papel o títulos de propiedad. A principios de la década había unos US$ 100 billones en títulos de propiedad representando bienes tangibles como tierras, edificios y patentes en todo el mundo, y unos US$ 170 billones representando la propiedad de activos semilíquidos como hipotecas, acciones y bonos. Desde entonces, sin embargo, financistas agresivos han fabricado lo que el Banco Internacional de Pagos estima son US$ 1.000 billones en nuevos derivados (valores respaldados por hipotecas, obligaciones de deuda colateralizada, y seguros contra las cesaciones de pagos) que han inundado el mercado”… (Los activos tóxicos eran activos invisibles - The Wall Street Journal -
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