Un panegírico para un santo






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títuloUn panegírico para un santo
fecha de publicación01.02.2016
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Un panegírico para un santo:

Padre Menni

De excursión por Andalucía, hacemos un alto en Málaga. Recibimos la visita de la hermana hospitalaria Nieves Asiain que dirige un centro hospitalario en Málaga y es hermana, a su vez, de un excursionista, Saturnino Asiain. La monja nos hace el honor, a través de su hermano, de poner a nuestra disposición, totalmente gratis -todo hay que decirlo-, un libro-biografía, escrito por Angelo Montonati y promovido por la Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, orden precisamente fundada por el biografiado. El título es llamativo: ‘El coraje de un profeta. San Benito Menni’. Su fiesta se celebra el 24 de abril, precisamente coincidió con el día de la entrega del libro, libro que estoy leyendo con mucho interés desde el mismo momento en que lo pusieron en mis manos.

Es una breve biografía que marca la semblanza del fraile y se convierte en un panegírico suyo, con un contenido laudatorio enorme para su haber, pero también deja entrever algunas flaquezas del santo, aunque no fuera ésa la intención del complacido y complaciente historiador y biógrafo del fraile italiano, Angelo Montonati. Fue un italiano que desarrolló toda su tarea humana y empresarial en España. Supongo que habrá por ahí otras biografías de San Benito Menni. Yo me limitaré a hacer una reseña de acuerdo con lo que he podido ver en el libro arriba citado, intentando dar toda la objetividad a mis palabras y si no lo lograra será porque me habré equivocado sin ninguna intencionalidad alejada de mi verdad. Equívocos que siempre se pueden subsanar con la colaboración de los lectores en contraste con el texto original.

Sin ningún género de dudas, era un trabajador nato, incansable. Así lo atestigua su ingente obra desarrollada, sobre todo, en España. Construyó y organizó una treintena de hospitales para enfermos mentales, restauró la Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios y fundó la Orden de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús. Y tuvo de relevancia dentro de su congregación religiosa: Provincial, Visitador Apostólico, General... Era un hombre testarudo, seguro de sí mismo, que claudicó muy pocas veces; no cejaba en su empeño de llevar a buen puerto aquello que se le había metido entre ceja y ceja, aunque tuviera que sortear obstáculos que para otro mortal cualquiera habrían sido imposibles de superar. No dudaba en disputar su posición a quien se le pusiera delante. La verdad es que la mayoría de las veces salió victorioso. En pocas palabras, es un personaje apasionante. Tan apasionante como polémico.

Era un hombre ambicioso. Cuando decimos ambicioso no nos referimos a la ambición de dinero y o de fama, aunque manejó mucho dinero a lo largo de su vida, pero el destino de éste siempre era el mismo: la financiación de sus grandes proyectos hospitalarios y asistir a los enfermos. Acudía mucho a los económicamente poderosos de la época y, a juzgar por lo que se cuenta en el libro, con resultados muy positivos. Tampoco estuvo libre de disgustos como el caso de Barcelona. Le costó mucho el obtener el beneplácito del obispo de Barcelona, monseñor Navarro. Habla de sí mismo como “humilde religioso”, pero no tenía inconveniente en tocar todos los palos y presentarse como un hombre de verdadero carácter. Confiaba mucho en la Providencia, pero trabaja con tesón y fuerza para llegar a la meta que se había propuesto, y, como queda dicho, movilizaba benefactores en torno a sus proyectos, incluso ateos. Podemos decir también, en los términos que hoy en día se emplean, que era un hombre del aparato eclesiástico. Siempre tuvo buenas relaciones con el Vaticano y el Papa del turno: Pío IX, Pío X, León XIII y Benedicto XV. Con alguno de ellos tuvo contactos muy directos y audiencias regulares. Ensalza el valor de la oración, pero insiste en el trabajo.

Era una persona que estaba dotada para la diplomacia. 1867 en adelante, en España hubo vaivenes políticos muy importantes que afectaron a la obra del padre Menni y a sus religiosos. Siempre supo salir airoso de la situación, unas veces empleando a fondo sus dotes diplomáticas y, otras, tomando precauciones con mucho tiento y sentido común como vestir de paisano a todos sus frailes, o permitir que alguno de sus hermanos llevara una pistola. Está visto que no era un hombre que se rendía muy fácilmente y utilizaba, para seguir en pie, todas las estrategias que le dictaba su más que aguda inteligencia. También tuvo contratiempos imprevisibles. En cierta ocasión, cuando volvía de un viaje de Tánger, al llegar al puerto, fue arrojado al agua por unos individuos. Salió a nado de la adversa situación. Cuenta el libro que los causantes de tal atropello fueron detenidos inmediatamente, y que el fraile pidió clemencia por ellos. El libro no aclara qué pasó con ellos. ¿Fueron juzgados, encarcelados? ¿El fraile siempre hablaba todo con la boca grande?

Las tres contiendas carlistas le cogieron al padre Menni. Hay constancia que su hombres participaron como enfermeros evacuando heridos de ambos bandos. En todas las acciones de gran importancia ellos estuvieron, prestando asistencia en ambulancias y hospitales de campaña, en medio de los combates librados en Pamplona, Abárzuza, Lácar, Portugalete, Lumbier, etc. También prestaron servicios en Iratxe, Otxandiano, Santurtzi y Santa Agueda. No consta que Benito Menni estuviera en la primera línea, pero, sin ningún género de dudas, la logística corría a su cargo, el destino y la asignación del personal también.

Aita Menni (Euskadi se le llama así) hizo la opción por la psiquiatría. En Eskoriaza (Gipuzkoa) construyó el primer hospital, aunque más tarde tuvo que cerrarlo y marcharse a Madrid. Hay que subrayar que en el siglo XIX la psiquiatría se encontraba con serias dificultades por el estado general de la economía. En 1870, el gobierno reconocía que era más económico hacer conciertos con entidades privadas que mantener las públicas o construir nuevos hospitales. A la Iglesia se le podrán achacar muchas cosas, pero que no tenga los oídos abiertos y se da cuenta que puede haber ahí un filón importante para la recuperación, después de las leyes de supresión de las órdenes religiosas, y empieza hacerse presente a través de la Hermanas de la Caridad que gozan de un reconocimiento general por su buena forma de hacer las cosas.

La opción de fray Benito a favor de los enfermos mentales cogió por sorpresa a su entrono más cercano, pero no hay que olvidar que vino a España a restaurar la Orden de los Hospitalarios y sabemos que San Juan Dios descubrió su vocación estando internado en un manicomio de Granada. Por lo tanto, pasado cierto tiempo, no es de extrañar que su iniciativas recibieran el aplauso generalizado, máxime teniendo en cuenta que los dementes recibían un trato malísimo por parte de las autoridades y la sociedad en general, no eran tratados como personas dignas de compasión, sino como criminales merecedores de severos castigos, pues estaban en las cárceles en condiciones infrahumanas.

Pero el General de la Orden, padre Altieri, no está de acuerdo con la decisiones que va adoptando Menni y le hace una serie de reproches: «... me ha sorprendido, mi querido Menni, ver destinado a los locos el local sin haberme dicho nada antes (...). Puede que sea una insignificancia, pero se trata en cualquier caso de una irregularidad y una imprudencia después de tantos avisos al respecto. Mi deseo es que los hechos se correspondan con sus promesas y no sus palabras. Tratemos de poner remedio a este modo de actuar atropellado.» Y no era primera vez que el General reprendía a su Delegado. Pero Benito Menni, siempre seguro de sí mismo, tenía una voluntad y una tenacidad de hierro y se ponía manos a la obra sin miramientos. En 1973, también lo censurara: «Es menester, mi amadísimo Menni que renuncies absolutamente a tu viejo hábito de querer mantenerte tenaz en opinión, en tu s pensamientos y proyectos (...) Déjate pues guiar, mi querido hijo, y Dios te dará gloria ante él y ante los demás.»

El panegirista dice que los hechos parecían dar la razón a Menni. No sé en virtud de qué hace tal afirmación, cuando la obediencia es sagrada en una Orden Religiosa. Además, abajo lo califica de “religioso obedientísimo”. Pues no está nada claro que fray Benito, al menos en algunos aspectos, fuera obediente. Lo que sí es cierto que una vez más el futuro santo se apoya en los representantes de la Curia Roma como son el cardenal Moreno y el Nuncio Apóstolico. Sobre todo éste último se encarga de aclarar el “equívoco”.

La palabra “calumnia” entra en la vida de Menni. En junio de 1986, el General le anuncia la llegada a su poder de “reiteradas cartas” y lamentaba su conducta porque recurría a “diversos enredos” para conseguir dinero y se mostraba “duro con muchos”, y luego comentaba: «Habrá grandes exageraciones; pero dice el proverbio que nunca hay humo donde no hay fuego; tratad pues, querido mío, de ser justo y manso.» Ahora comenta el biógrafo: «Fray Benito, coherente con su carácter y seguro por la limpieza de su conciencia, seguía adelante sin preocuparse de nada. Si se le pedía que cambiara de ruta, obedecía; pero si se presentaban situaciones de emergencia (ya durante la guerra civil no habían faltado), o bien ocasiones que había que cazar al vuelo si no se quería perderlas para siempre, no dudaba: cargaba sobre sí toda la responsabilidad y actuaba.»

La última parte de este párrafo merece algún comentario. Todas las personas que actúan de buena fe se parecen mucho a Menni: están seguros de sí mismo, tienen carácter, limpieza de conciencia, actúan porque no hay tiempo para pensar y se hacen responsables de su actuación. Toso eso está muy bien, pero no significa, siempre, que objetivamente hayan actuado bien. Lo digo sin querer enmendar la plana a nadie.

Conjuraba rápidamente el peligro de que alguno intentara colarse en la institución religiosa para hacer carrera. Él insistía enseguida en que, salvo muy contados casos, los religiosos se dedicaban a la asistencia continua a los enfermos, día y noche. No había que hacer ilusiones a este respecto. Llegado a este punto a mí me surge una duda o, mejor dicho, afirmaría que Menni personalmente pocos enfermos pudo atender. No porque despreciara ese trabajo sino porque entre los cargos que ocupó, las grandes construcciones que realizo y organizó, la restauración de la orden masculina y la fundación de la femenina, materialmente no tenía tiempo. No trato de restar méritos al santo sino, en todo caso, de dárselos, pero con la debida puntualización.

Menni era un “ciclón”, un ciclón que algunos pretendieron pararlo, pero no lo consiguieron. Fue denunciado al Santo Oficio. El General de la congregación tiene la orden de convocarlo inmediatamente a Roma. Era el año 1894. Había cumplido la misión de establecer en París la nueva y su querida Orden Hospitalaria. Procedimientos de esta índole se siguen cuando hay indicios de que algo grave está ocurriendo. El acusador principal era el padre Camilo Vives en compañía de tres monjas hospitalarias, al parecer inducidas por el referido padre Camilo que a la sazón era capellán del hospital de Palencia y confesor de las Hermanas Hospitalarias. El propio Menni expone así las causas de la denuncia, no sin cierto grado ironía o sarcasmo: «Eran tan enormes y aparentemente probados y evidentes los crímenes de que se me acusaba, que aquel supremo tribunal ordenó que me presentase, con la amonestación de la inmediata suspensión a divinis y otras gravísimas censuras si no me presentaba para ser juzgado.»

Escorando un poco hacia otro lugar, podemos intuir que este buen fraile tenía sentimientos un tanto masoquistas o, quizás, signos de santo. En febrero de 1891, dirigiéndose a la superiora de una de las comunidades, daba gracias a Dios por haberle hecho el honor de haber sido muy perseguido y tratado de ladrón, estafador, hipócrita y mentiroso..., y por haberle ayudado a sufrir por su amor con gran alegría interior y conformidad con su voluntad. Añadía: «Hay luego periodistas malvados que tratan de asustarme; pero Dios está por encima de todo.» Esto es un poco como el caso de Jesús y Judas. “Judas es necesario para que se cumplan las escrituras”, pero luego lo condena. Aquí ocurre igual: Menni está dichoso por sufrir, pero condena a los periodistas. No es coherente, como tampoco lo es lo de Jesús y Judas. La acusación, según el panegirista, quedó en nada . En mayo de 1894 las tres religiosas escribieron al fundador pidiéndole perdón. Según el biógrafo, el padre Vives se retractó un año más tarde las monjas y dice el panegirista que son “sustancialmente falsos y ambiguos su escritos”. Donde, desde luego hay ambigüedades es en este apartado de la biografía. No se especifican las causas de la denuncia, ni se expone nada de lo que argumentaron ni las monjas ni el padre Vives. Lo que sí sabemos es que para entonces algunas personas ya habían dejado la orden (se habla de ex-religiosos), Vives lo abandonó más tarde y del contexto de deduce que algunos otros fueron expulsados.

La superiora General de la Hospitalarias, sor Verónica de Jesús, no duda de la honorabilidad de Menni y afirma: «Las 300 religiosas de esta humilde congregación estamos dispuestas dar fe de la manera más explícita y solemne que requiera el honor a la verdad par poner de manifiesto la inocencia del fundador.» Envía este escrito al Tribunal de la Inquisición, el padre Tommaso María Granello. El Padre Menni sale indemne de esta trifulca. El cardenal Parocchi, protector de la Orden, fue el encargado de comunicar al General de los Hospitalarios, padre Gasser, la inocencia del fray Benito.

Aún tuvo más situaciones polémicas. Una de ellas en 1899 con motivo del Capítulo provincial celebrado en Ciempozuelos (Madrid). Tuvo que defenderse de un informe elaborado en 1898 por algunos contestatarios de la Orden. Formulan cuatro tipos de acusación contra fray Benito, referentes a la disciplina religiosa, la administración de los hospitales, las relaciones con la congregación religiosa fundada por él y la elección de los superiores. Al término del debate fue aprobado un documento por unanimidad. Entre otros asuntos, se expone la labor desarrollada por el futuro santo, refutando todas la acusaciones. En documento se hacen también breves retratos del padre Vives y de sus cuatro cómplices. Se dice en el libro textualmente: «Nos ahorraremos los pormenores. En cualquier caso, se trata de personajes de escasísima talla moral.»

Ese último entrecomillado me parece insuficiente. ¿Por qué ahorrar pormenores de tanta trascendencia? ¿Por qué tildar de “escasísima talla moral” a los opositores? ¿Qué motivo hay? Me gustaría saber. La discrepancia, aún expuesta en términos más crudos, no es sinónimo de poca talla moral.

Lo que está claro es que Menni sí usaba una mano hierro en muchos casos: «Hijas mías. creedme, no puedo en conciencia permitir que se me falte a la obediencia aunque sea con buena intención.» En un pasaje posterior se queja amargamente, tildándolos de poco menos que desagradecidos, sin nombrarlos: «Mis hijos a los que he dado el santo hábito, la profesión, los estudios y a algunos la posibilidad de ordenación sacerdotal. » Y añade: «Estos no han cesado de perseguirme con mil falsos pretextos y acusaciones, sosteniendo que yo no debía de ser considerado como el restaurador de la Orden España, Portugal y América, sino como un obstáculo dañino.» Sigue: «No es que sean malos todos los que han tomado parte en el asunto; sólo un pequeñísimo grupo es verdaderamente culpable; los otros, no muchos, son unos infelices ignorantes que han sido arrastrados, que no saben lo que hacen.»

Viniendo de donde vienen, me parecen palabras muy gruesas y poco respetuosas. Me habría gustado haberle oído algún que otro argumento en lugar de esas acusaciones. Una cosa está clara Menni también tenía enemigos entre los suyos. Una cosa está clara, si quería sufrimiento ya lo tuvo y de sobra. Dice el panegirista: “No obstante, al verse acusado de culpas innobles por sus hermanos de religión debió de hacer sufrir muchísimo, llevando incluso a la tentación del suicidio. Lo confirma él mismo en un escrito: «En aquellas largas e interminables horas de espera en los salones de la Sagrada Inquisición.... El enemigo de mi alma me sugería que pusiera fin a mi existencia...; pero me sostuvo siempre la misericordia de mi Jesús.»

Aún tuvo más episodios dolorosos. En 1894 fue acusado de abusos contra una interna. Una interna a la que el biógrafo le ofrece epítetos poco respetuosos y sin ninguna necesidad, porque si quería defender la inocencia de Menni, ésa puede ser salvada de otras mil maneras más eficaces y éticas. Así se narra en el libro: «De acuerdo con el “cerebro” de la maniobra, el ex oficial de alabarderos Gaspar Canellas, acusó abiertamente al padre Menni de actos innombrables con la pobre enferma. La noticia, inmediatamente por la mujer (madre de la protagonista) a algunos periodistas estalló como una bomba en la prensa anticlerical, implicando también al director médico.» Hubo mucha prensa, mucho correo y mucho revuelo con el tema con Menni en el centro. La noticia traspasó las fronteras y se podía leer en el extranjero. Sigue la narración: «Lo extorsionadores no tuvieron respuesta y entonces, seguros de sí mismos, presentaron denuncia en el Tribunal civil de Getafe. Pero la cosa no fue como esperaban: después de minuciosas indagaciones, 18 de febrero 1896, los jueces decidieron que no había lugar para el procedimiento. Pero no quedó ahí la cosa, sino que, dado que la campaña difamatoria continuaba, el obispo de Madrid, mons. Cos y Macho, animó a fray Benito a “no echarse atrás y dar una lección a los calumniadores”. El 12 marzo de 1900 fray Benito y et doctor González presentaron querella contra Juliana Sumillán (madre de la interna), el director de El País, Pedro Barrantes, y el de Motín, Pedro Mayoral, así como Juan Pérez y Gaspar Canellas.» La sentencia llega dos años más tarde fue dura: desde 6 años y medio de exilio para Mayoral, casi dos años de exilio para Canellas, un año y ocho meses de cárcel para Sumillán, Pérez y Barrantes, etc. Años más tarde el propio Canellas y el periodista Bedsley se retractaban diciendo que un montaje. Dice el biógrafo que si la sentencia no fue más severa es porque el “santo” pidió clemencia para ellos.

Es un episodio un tanto escabroso y un poco de película. De todos modos, creemos que los jueces no se dejarían influenciar por la petición de clemencia de fray Benito. Además ¿qué sentido tiene pedir clemencia cuando tú mismo los has denunciado? Por otro lado, periodistas de tanto prestigio ¿cómo pudieron divulgar una noticia tan grave sin investigar más a fondo el hecho? ¿Qué pasó para que una madre diga que su hija demente ha recibido abusos sexuales? Hay muchas interrogantes en este asunto. Lo bueno para Menni es que fue declarado inocente.

Suma y sigue. Aún tuvo pasar por varios trances. 1903, pierde la votación para la elección de Provincial que recae el cargo en el padre Ayucar. En 1911, aludiendo una grave crisis dentro de la Orden, es repuesto a dedo por Pìo X en el cargo de General. Ya hemos dicho que Menni siempre tuvo buenas relaciones con el Vaticano. En 1912 depone de sus cargos a tres priores por difundir ideas modernistas. Anteriormente (1907) ya había condenado esas ideas el Papa. No sabemos a qué se refieren exactamente cunado dicen ideas modernistas, aunque lo podemos suponer.

Los últimos años aún tendrá que sufrir bastante el santo: dimite como general, se le priva de la compañía de uno de los colaboradores, el padre Galtés, en su lugar le ponen un ayudante analfabeto, se le prohíbe cualquier intervención en la Orden fundada por él. Se l conmina a salir de Roma y elige París. Muere en París el 24 de abril 1914, 1945 se inicia el proceso de la causa de canonización, en 1985 en beatificado por Juan Pablo II y canonizado en 1999 por el mismo Papa.




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