Leer es una aventura y es querer sentirte y ser diferente ante los demás. By maldonado




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(Leer es una aventura y es querer sentirte y ser diferente ante los demás. By maldonado

Funcionalismo (mercado libre de las ideas)


El funcionalismo (Lasswell, 1948: 32-51; Mills, 1956) es una teoría macro empírica importante, que se deriva de la teoría liberal. Fue desarrollado especialmente en EE.UU.

Esta teoría refuerza la concepción 'libertaria' normativa de la conciencia individual (ya presente en las anteriores corrientes libertarias).

Etapas históricas del funcionalismo de los medios

1927: Harold D. Lasswell publica Propaganda Techniques in the World War

1937: Se inicia The Public Opinion Quarterly.

1938: Lazarsfeld y Stanton ponen en práctica el program analyzer para grabar las

reacciones del radioescucha en los programas radiofónicos.

1944-1948: Lazarsfeld publica, con Berelson y Gaudet, The People’s Choice: How

the Voter Makes up His Mind in a Presidencial Campaign.

1948: Lasswell presenta sus cinco famosas preguntas con su análisis correspondiente:

¿Quién lo dice? (Análisis del emisor), ¿Qué dice? (Análisis de contenido), ¿A través de qué

canal? (Análisis de medios técnicos), ¿A quien? (Análisis de la audiencia), ¿Con qué efecto?

(Análisis de los efectos de la comunicación).

1949: Shannon y Weaver presentaron el modelo de ‘transmisión’. El proceso

comienza con una fuente que elige un mensaje, el cual es transmitido en forma de señal, por

un canal de comunicación, a un receptor, que transforma la señal de nuevo en un mensaje

para un destino. (McQuail 2000: 46)

1955: Lazarsfeld y Katz publican Personal Influence: The Part Played by People in

the Flow of Mass Communication, en el que elaboran la teoría del ‘two-step flow of

communication’” (Resumen basado en Sorice, 2005: 44).


La sociedad, como sistema funcionalista. Especialmente después de la II Guerra Mundial predominaba sin lugar a desafíos la hegemonía de EE.UU. sobre la sociología y los medios de comunicación. Se había llegado a un modelo de ‘sociedad buena’, que representaba su propio ideal. Era el paradigma ‘dominante’. Se pensaba que esa sociedad funcionaba bien: era democrática, liberal, pluralista y ordenada. Se pasaba por alto las contradicciones internas de raza, minorías, etc.

Según esta teoría, la sociedad es un sistema orgánico autoregulador, que crece (progresa) y mantiene un equilibrio integrado de todas las partes y responde a los cambios del ambiente (Wright, 1975). El sistema debe funcionar por sí mismo con la contribución de todos. (Para una ulterior explicación sobre el 'funcionalismo', ver Berger 1982: 94).

Cada persona es un sub-sistema psicológico autoregulado. Está dotada de motivaciones, conductas, instintos y respuestas biológicas y físicas a necesidades. Los lazos más importantes entre ésta y el sistema social son tales motivaciones psicológicas. Ellas se basan en la producción-consumo. La psicología social es la disciplina clave para analizar los medios.

Esta tradición ha enfatizado mucho el servir a las necesidades culturales, educativas, etc. de los diferentes grupos. En parte, esto viene de la concepción orgánica de cultura y sociedad. Hay que dar una respuesta balanceada a todos los aspectos de la experiencia humana y social, no solamente lo que pide el mercado (White 1994: 28-30).

Servía de modelo para otros países. Se suponía que los países en desarrollo llegarían a este modelo occidental.

Al lado estaba amenazador el comunismo totalitario, que usaba sus medios para destruir esta democracia.

La sociología usaba un enfoque funcionalista para analizar las diversas instituciones. Una de ellas eran los medios.

Los medios funcionalistas. Para que el sistema funcione, se requiere que haya libre flujo de información e ideas, y que todos los sub-sectores estén informados sobre el equilibrio necesario en la sociedad. Una información es verdadera y racional, si contribuye al equilibrio y a una adaptación eficiente al ambiente del sistema social (como en un sistema cibernético). En consecuencia, se debe conocer bien la institución de los medios (por ejemplo, cómo se producen, se transmiten y se controlan los mensajes).

Y se impuso entre los teóricos un modelo comunicacional linear y de efectos (Rogers, 1986: 867), compatible con el modelo estímulo-respuesta entonces presente en la investigación educativa. Consideraba la comunicación sobre todo desde el punto de vista del emisor, que así era capaz de llevar tantos mensajes a tanta gente.

El modelo aparece mecanicista y determinista. Se aceptaba que una pequeña élite pudiera usar los poderosos medios para informar y persuadir. Los medios eran como una ‘aguja hipodérmica’ o una ‘bala mágica’, que producían gran impacto (DeFleur and Ball-Rokeach, 1989) (McQuail, 2000: 48).

Lógicamente los medios deben ser bien administrados, para que puedan servir al equilibrio y control del sistema social. Los medios masivos deben informar sobre los planes del gobierno, para que cada uno pueda conocer y entrar en el proceso de las decisiones colectivas.

La teoría funcionalista pinta a los medios esencialmente como que se dirigen y se corrigen a sí mismas.

Se necesita que la información sea como un mercado libre y autoregulado de bienes e ideas. (En el mercado económico el precio, según Adam Smith, es la mano invisible que regula el mercado). Los medios producen inmensos beneficios simplemente respondiendo a las preguntas y necesidades de los individuos y de las instituciones; se supone que la vida social organizada necesita mantenerse informada de la marcha de la sociedad.

Las cinco preguntas de Lasswell. Lasswell también elaboró en 1948 el modelo de las cinco preguntas. Dice que sólo se puede hablar de comunicación, cuando se puedan dar respuestas unívocas a estas cinco preguntas: ¿Quién lo dice? ¿Qué dice? ¿A través de qué canal? ¿A quién? ¿Con qué efecto?Sin embargo, el modelo de Lasswell presenta diversos puntos problemáticos y zonas de ambigüedad. El modelo, en efecto, legitima el cuadro conceptual de referencia de la

sociología funcionalista de los medios, y considera el proceso comunicativo como una especie de actividad unidireccional y transmisiva, en la que el emisor juega un papel de primer plano respecto a un destinatario fundamentalmente pasivo, o casi pasivo.

Además en el modelo de Lasswell no existe actividad de retroacción (feedback) comunicativa: el efecto, de hecho, es sólo la respuesta – determinada y de todas formas predeterminable – producida por la acción desarrollada del emisor sobre el destinatario.

(Sorice, 2005: 41).

La idea de Lasswell sobre la comunicación de masa se funda, en la práctica, sobre algunos asuntos, que constituirán la base de la mayor parte de las teorizaciones de la sociología funcionalista de los medios. He aquí algunos sus puntos: a. Los procesos comunicativos son exclusivamente asimétricos, con un emisor activo que produce el estímulo y una masa pasiva de destinatarios que, ‘golpeada’ por el estímulo, reacciona:

b. La comunicación es intencional y va dirigida a una finalidad: el obtener un cierto efecto, observable y mesurable en cuanto da lugar a una

conducta en cierta forma que se relaciona con ese fin. Esto se presta a la manipulación.

c. Los papeles de comunicador y destinatario aparecen aislados, independientes de las relaciones sociales, situacionales y culturales, en los que se dan los procesos comunicativos, pero que el modelo en sí no contempla: los efectos consideran a los destinatarios como atomizados y aislados (Wolf, 1985: 14-15; cfr Sorice, 2005: 42).

Como se ve, el modelo e Lasswell considera a la audiencia como destino (target). Es un modelo de transmisión, que da información en noticieros, hace publicidad para vender, etc. Es muy distinto de los otros modelos (que se verán más despacio): el que

considera a la audiencia como participante, propio del modelo ritual o expresivo, que se basa en gustos, aficiones y creencias compartidas; y del público como espectador, propio del modelo atención de películas, talk-show… (McQuail, 2000: 376-377).

Al mismo tiempo, el modelo de Lasswell ha logrado ponerse como bisagra entre dos tendencias opuestas de la ‘investigación de la comunicación’: La primera, fuertemente influenciada por el conductismo, que determinó las líneas de desarrollo de la teoría prefuncionalista hipodérmica (que se verá en las teorias de los efectos).

La segunda, desarrollada hacia el fin de la década de los años 1940, que considera importantes las acciones de mediación y resistencia que los destinatarios activan en la recepción de los mensajes mediales. Por ejemplo, de la investigación de Lazarsfeld, Berelson y Gaudet (publicada entre 1944 y 1948), emerge un público no ciertamente pasivo y, de todas formas, muy diferente a un cuerpo amorfo, pronto a hacerse inocular cualquier

tipo de mensaje. (Sorice, 2005: 43). Esta investigación había abierto el camino para la elaboración de la teoría del doble flujo de la comunicación (que se verá en seguida), el momento verdadero de superar el enfoque funcionalista dentro del mismo funcionalismo.

Así pues, desde la mitad de la década de 1940 hasta el fin de la década de 1960, aparecieron estas dos líneas científicas paralelas dentro del mismo ámbito ideológico y de investigación.

Su modelo de investigación es el de los "usos y gratificaciones", que presuponía que los medios debían servir las necesidades de individuos y grupos. (Esta teoría se verá más adelante entre las teorías de la audiencia). El funcionalismo usaba además la investigación cuantitativa (McQuail, 2000: 47).

Funciones de los medios. El funcionalismo dice que explica las instituciones en términos de las ‘necesidades’ de la sociedad y de los individuos (Merton, 1957). Cuando se aplica a la institución de los medios, las presuntas ‘necesidades’ tienen que ver principalmente con las siguientes cinco funciones. Harold Lasswell (1902-1978) en 1948

señaló las tres primeras:

- ‘Informar’ para facilitar el progreso, los medios distribuyen información en un sistema que se autoadapta; ellos son auto-correctivos y con dirección propia; por lo tanto no hace falta que el gobierno los controle, pero conviene que los comunicadores sean profesionales (Johnston, Tunstall, Elliott). También ejercen la función de vigilar sobre el ambiente. (cfr. Sorice, 2005: 41). Los medios masivos deben informar para la toma de decisiones colectivas y para el descubrimiento crítico de problemas, especialmente de aquellos originados por las concentraciones de poder, y que impedirían el proceso de respuesta a los cambios internos y externos.

- ‘Interpretar’ de los acontecimientos para facilitar la integración y socialización.

Los medios también servirían de mediación entre los componentes sociales (cfr. Sorice 2005: 41)

- Transmitir la herencia cultural’, expresando la cultura dominante y reconociendo la existencia de las subculturas. Así se garantiza la continuidad.

- ‘Entretener’. Wright (1960), Paul F. Lazarsfeld (1901-1976), Robert K. Merton (1957) y Mendelshon (1966) la incluyen también para reducir tensión, sobrellevar los inconvenientes de la vida y evitar que las sociedades se vengan abajo. Ésta es parte de la transmisión de cultura, pero añade la función del descanso (Mendelsohn, 1966).

- ‘Movilizar’ con objetivos sociales, por ejemplo, siendo 'watchdog' para controlar desvíos dañinos al sistema. Ésta fue añadida por McQuail (2000: 80).

Más brevemente la función de los medios es “informar, educar y entretener”, de acuerdo a las necesidades psicológicas de cada persona (usos y gratificaciones).

Por lo tanto, Lasswell considera la comunicación como un proceso funcional para el equilibrio y el control social. (Sorice, 2005: 41).

La teoría de la “dependencia de los medios” (DeFleur and Ball-Rokeach 1989; cfr. Sorice, 2005: 109) es una teoría funcionalista. Dice que cuanto más dependa una audiencia de los medios masivos para información, y cuanto más esté una sociedad en crisis, más poder tendrán los medios (o se les atribuirá más poder).

Lo común de estas teorías era la libertad responsable y funcional. El usuario debía conocer sus propios derechos y deberes, pero también debía saber cómo funciona la industria de los medios masivos, y qué hacer frente a programas anti-sociales de violencia, sexo excesivo y prejuicios.

El modelo dominante en el funcionalismo es el de los ‘efectos limitados de los medios’ o modelo de los factores intermediarios: los efectos de los medios están ‘limitados’ por los factores de ‘intermediación’ (desde el contexto social al papel de los líderes de opinión en el doble flujo de la información) (Sorice, 2005: 126).

Asimismo la investigación principal funcionalista es sobre los efectos para poder conocer el nivel de comprensión de las noticias, los efectos anti-sociales y pro-sociales, el nivel de conocimientos transferidos en un programa educativo, y el cambio de actitudes y de motivaciones que vienen de los medios masivos. También se estudian los métodos de persuasión utilizados en las campañas de información y en la publicidad, para lograr en poco tiempo cambios comportamentales concretos. Finalmente se investiga sobre los factores que influyen en la libre circulación de la información con variaas teorías, de las cuales las tres primeras son típicamente funcionalistas: la teoría del vacío de conocimiento(knowledge gap), la del espiral del silencio (Noelle-Neumann, 1984: 24-51; cfr. McQuail 1994: 331, 361-363; cfr. Sorice, 2005: 108), la de difusión de innovaciones (Robinson, 1972: 71-93), la de agenda setting (Sorice, 2005: 105) y la teoría situacional (Sorice, 2005:

112).

Análisis de contenido. En la primera mitad del 1900, la corriente dominante en los estudios sobre la comunicación de masa está representada por la así llamada ‘investigación de comunicación de masa’. Tal corriente de estudios comenzó con el libro Propaganda Techniques in the World War de Harold D. Lasswell en 1927. En él se da mucha atención al tema de los efectos de los medios (Sorice, 2005: 40).

El análisis de contenido se usa para poder evaluar si el público está recibiendo los mensajes que quiere la administración, y para ver si los medios están satisfaciendo lo que la sociedad pide en cuanto a tener una información objetiva. Es funcionalista. Sigue las teorías del condicionamiento de Pavlov y la psicología social de McDougall (Sorice, 2005: 40).

La comunicación es teorizada como un proceso conductista de “Estímulo-Respuesta”. Esto se halla en la base de la que se llamará ‘teoría del proyectil mágico’ y teoría hipodérmica (Sorice, 2005: 46)

Se usó inicialmente para el análisis de los mensajes políticos.

Harold Lasswell (1902-1978) intentó estudiar los símbolos de persuasión (y propaganda) usados durante la primera guerra mundial. Los estudios en tal sentido de Lasswell inician propiamente en los años 1920. Defendía que el análisis de contenido de los mensajes podría contribuir a la comprensión de las dinámicas de persuasión y propaganda, de sus éxitos y de sus fracasos (Sorice, 2005: 47).

Al final de los años 1940, Lasswell utilizó un enfoque de tipo cuantitativo para estudiar el ‘contenido’ de los slogan de los Primero de Mayo en la Unión Soviética entre el 1918 y el 1943: en la práctica clasificó los símbolos recurrentes en categorías homogéneas para ‘calcular’ la frecuencia de los símbolos clave. De tales frecuencias Lasswell quería saber cuáles serían las diversas variables linguísticas e ideológicas en la base de la

propaganda soviética en las celebraciones del trabajo. Su hipótesis era que la propaganda soviética había sufrido un proceso de repliegue desde un atrevido y fuerte internacionalismo a un localismo. La disminución de símbolos de denuncia a favor de los de saludo y autopresentación pareció confirmar la hipótesis de Lasswell. Él individuó once categorías relacionados con los símbolos clave más frecuentes, como símbolos revolución,

antirrevolución, nación, etc. (Sorice, 2005: 47-48).

Tipos de análisis de medios. Irving Manis (1949) llegó a distinguir al menos tres tipos diversos de ‘análisis de contenido’:

1.Análisis pragmático del contenido: considera la clasificación de los signos en relación a sus causas y/o los efectos que se podrían producir.

2.Análisis semántico del contenido: los signos son clasificados en función de sus significados. Éste se puede descomponer aún en:

a.Análisis de las designaciones: en la práctica es un análisis de los argumentos, efectuado a través del cálculo de las veces que aparecen las personas,

grupos u objetos.

b.Análisis de las atribuciones: se centra en el estudio de las frecuencias de

atributos (cualificativos o no).

c.Análisis de las aseveraciones: se trata de un análisis de los temas que caracterizan un objeto o una persona de un modo particular.

3. Análisis de los vehículos de signos: es la más ‘morfológica’ de estas variantes en cuanto que clasifica las propiedades psicofísicas de los signos; es decir, cuántas veces se repite determinada palabra.

Crítica al análisis de contenido: Se le ha acusado muchas veces de no cubrir la complejidad de los procesos de comunicación. Pero ha tenido mucho éxito, sobre todo en la reformulación científica, realizada por Berelson en 1952, que decía: Análisis de contenido es “una técnica de investigación para la descripción objetiva, sistemática y cuantitativa del contenido manifiesto de las comunicaciones”.

La definición de Berelson es aparentemente correcta, pero está llena de problemas en el plano conceptual y en el plano de la actividad empírica. Aquí se intentará descomponerla para individuar los aspectos más problemáticos:

Descripción objetiva: se hipotiza que existe un contenido ‘auténtico’ de los mensajes, que el investigador con el auxilio de las técnicas de ‘análisis de contenido’ podría individuar sin problemas particulares. Esto es muy difícil.

Descripción sistemática: Sólo se aceptaría lo sistemático en el sentido de categorías descriptivas preconstituidas. Pero las categorías de análisis definidas así, constituyen obviamente un límite: es la acción del analista, de hecho, el que determina el recorrido de análisis y de interpretación, introduciendo un elemento de ‘subjetividad’ en el proceso de análisis de los medios Descripción cuantitativa. El análisis de contenido se ha usado con frecuencia como un arma ideológica o como un instrumento que legitimaba la cientificidad de algunas investigaciones precisamente en virtud de la ‘indiscutibilidad’ del dato numérico. Pero el elemento cuantitativo viene inevitablemente de operaciones lógicas fundadas sobre elecciones subjetivas del que hace la investigación. Por eso la presencia de ‘números’ no da garantía por sí misma de ‘objetividad’. Ésta puede ser que exista, pero los humanos no podemos llegar a ella. Lo único que podemos hacer es buscarla y tender a ella como

objetivo (Sorice, 2005: 49).

Contenido manifiesto de la comunicación. Esto es lo más problemático. En la práctica se postula que los significados elegidos por el analista deban ser necesariamente idénticos a los del emisor y los del receptor. Esto es imposible. El investigador no está en capacidad de tener una comprensión total del contexto social en el que se hallan las prácticas comunicativas, y no puede conocer a cabalidad los procesos de construcción de significados, realizados por el emisor y el receptor.

El funcioanalista ‘análisis de contenido’ (Bernard Berelson 1952) siempre está con una fijación por los aspectos cuantitativos de la comunicación masiva, a la que someten a criba de guarismos y cálculos para sacar conclusiones presuntamente válidas a nivel universal. Muchas escuelas de periodismo... en nuestro continente de América Latina siguen enseñando los esquemas del Análisis de Contenido.

A pesar de los inconvenientes indicados, el análisis de contenido se puede usar en el estudio de algunos elementos de la comunicación, bajo la condición de considerar los resultados más bien como líneas tendenciales, y no convertirlos en cuadros rígidos de interpretación exhaustiva. (Sorice, 2005: 49).

Hoy existen más tipos aún de análisis de contenido:

- Análisis de las aseveraciones evaluadoras, que además de estudiar los símbolos clave, los analiza dentro del contexto evaluador en el que se hallan inseridos.

- Análisis de las contingencias, que trata de individuar los símbolos clave presentes en segmentos discursivos particulares, relacionándolos con las unidades de significado de toda la estructura lingüística del mensaje que se examina (Sorice, 2005: 49-50).

Algunos consideran la posibilidad de una hibridación entre el análisis de contenido y el enfoque semiótico (Sorice, 2005: 51).

Otros representantes del análisis de contenido son: Schramm (1964), Lazarsfeld (1955), Katz (1976), Klapper (1960).

Investigación motivacional e investigación administrativa. De las investigaciones de Lazarsfeld y de sus alumnos se desarrolla también la llamada ‘investigación motivacional’, que tuvo en Ernst Dichter su nombre más significativo.

(Sorice, 2005: 44).

Ernst Dichter, psicoanalista de origen austríaco, prometía a los hombres del marketing que se podía llevar a las masas de consumidores a un nivel inconsciente, de forma que, sin que ellas se dieran cuenta, se las podía llevar a comprar una mercancía, pues ocurriría una identificación entre producto y consumidor. Aquí se ve la influencia del

conductivismo. Pero en la década 1960-1970 la investigación motivacional entra en crisis.

Las investigaciones motivacionales, como la mayor parte de las investigaciones de Lazarsfeld, quedan de ordinario definidas como ‘investigación administrativa’, es decir, ligadas a las necesidades administrativas de las empresas privadas, públicas y de partidos políticos.

La psicóloga Herta Herzog también tuvo un gran influjo en la publicidad.

Otro psicólogo, Carl Hovland (1912-1961), es iniciador de la corriente de estudios, denominada ‘nueva retórica científica’. Es un enfoque de tipo conductista, parecido al de Lasswell, que pretendía suministrar una serie de ‘recetas fáciles’ para el comunicador persuasor. (Sorice, 2005: 45).

Críticas al funcionalismo. El modelo de Lasswell (1948) ha sido el predominante

casi hasta nuestros días. Pero ya en su época comenzaron los cuestionamientos. Los primeros fueron Lazarsfeld, Berelson y Gaudet (1944). También Katz (1955) demostró que la 'masa' electoral no era tan influenciable, como se suponía.

También en EE. UU. surgieron muy pronto teóricos (G.H.Mead, c.H. Cooley and Robert Park) contra el modelo funcionalista. Decían que la comunicación es esencialmente humana, social e interactiva, interesada en compartir significados, no impactos (ver Hardt,

1991) (McQuail, 2000: 47). Los dos extremos en la sociología de los medios es por una parte el funcionalismo (teorías de transmisión: 1940-1960), y por otra la semiótica con los Estudios Culturales (teorías del diálogo) (Sorice, 2005: 126).

Hacia la superación de la sociología funcionalista de los medios

Al final del funcionalismo, surgieron varias teorías, que comienzan a separarse de la tradición funcionalista. Éstas son:

- Las teorías del influjo selectivo (Sorice, 2005: 53-55). Son funcionalistas, pero parecen abrir el camino hacia el análisis del público. Se fundan en la psicología. La respuesta del público a los medios no es obra de instinto, sino de sus actitudes. Esto

significa entre otras cosas que los individuos presentan diferencias apreciables en su estructura cognitiva, lo que justifica las diferencias de las respuestas en la investigación.

Estas teorías del influjo selectivo tienen tres enfoques: teoría de las diferencias individuales, teoría de las diferencias sociales (con la teoría de usos y gratificaciones, y los estudios de Lasswell y Lazarsfeld), y la teoría de las relaciones sociales (teoría del doble flujo de comunicación).

- Teoría del doble flujo de la influencia de los medios:

Esta teoría se halla dentro de la teoría de las relaciones sociales, donde el grupo es un elemento esencial. (Sorice, 2005: 57)

En 1955 Lazarsfeld y Katz publican Personal Influence: The Part Placed by People in the Field of Mass Communication, donde exponen esta teoría.

Katz y Lazarsfeld afirman que no existe un flujo unitario de información (o al menos no el único) que se mueva desde los medios a los destinatarios finales; en realidad el flujo comunicativo sigue un proceso de dos fases: la primera desde los medios a los líderes de opinión, la segunda desde la mediación de los líderes de opinión hasta el grupo social de referencia.

La teoría, todavía funcionalista, introduce el concepto de ‘grupo social’ (que se relaciona con el de ‘subcultura’, usado por la Escuela de Birmingham). Después la noción de “líder de opinión” no es precisamente el individuo con autoridad o poder económico, sino el que tiene más facilidad de acceso a los medios. (Sorice, 2005: 58)

El modelo de Wilbur Schramm es funcionalista, pero comienza a darle importancia al contexto social (Sorice, 2005: 70)

- El modelo de Gerbner es mecanicista e informacional, pero está atento a la problemática del contexto y por eso tiende a las teorías del diálogo. Introduce los primeros elementos de negociación (Sorice, 2005: 72), aunque elementales (Sorice, 2005: 72, 73, 109). Es el modelo cultivo (cultivation model) (Gerbner, 1981; Tyner, 1998).

Según este modelo, el hombre vive en un entorno o ambiente de símbolos.

“Nosotros aprendemos, compartimos, y actuamos de acuerdo a los significados que sacamos de tal entorno” (Gerbner y Gross 1976: 173). Este entorno humano de símbolos fue ocupado primero por mucho tiempo por la religión. Ella cultivó un tipo de cultura con su visión específica del mundo, del arte, de la ciencia. Sus ritos, mitos y relatos eran

agentes de control a veces. Ellos ‘cultivaban’ un tipo de conciencia, por la que lograban que la gente viera como ‘real’, ‘normal’ y ‘justo’ lo que cuadraba con el orden social establecido (Gerbner y Gross, 1976: 173). Después este entorno lo ocupó la educación

formal por menos tiempo, y ahora lo ocupan los medios masivos, especialmente la TV.

Gerbner y Gross (1976: 178) aseguran que la TV presenta un mundo simbólico y un ambiente, gobernado principalmente por la violencia y la agresividad. Dicen que la gente

está expuesta sistemáticamente a esta visión selectiva y equivocada de la sociedad en casi cada aspecto de la vida, una visión que tiende a formar creencias y valores (Cfr. McQuail,

2000: 110-111). Dicen tener evidencias de que ver TV produce miedo de ser víctima de la violencia, produce sospecha y alienación (Gerbner, 1976)

Según este modelo, los medios ‘cultivan’ un modo de pensar y unos valores típicos de una determinada cultura. Tales medios, dando un diverso grado de atención a hechos, personas, instituciones, etc., ‘cultivan’ un modo particular de ver la sociedad, sus tendencias, el puesto que da a determinados grupos, etc. (Sorice, 2005: 155). Así la audiencia, mientras es inducida a rechazar ciertos comportamientos, al mismo tiempo es invitada a aceptar otros, precisamente los traídos por los medios.

En la audiencia se daría el fenómeno del “mainstreaming”, en el que la gente que ve mucha TV, tiende a tener las mismas actitudes que los medios masivos con respecto a las principales figuras de la vida pública.

Además de la violencia se preocupan por el uso comercial del sexo, de la publicidad (incluida la subliminal, según Iriarte-Orsini 1992: 39), de los prejuicios contra las personas y de la promoción de productos nocivos para la salud.

El modelo cultivo cuenta con simpatizantes, sobre todo en Estados Unidos; por ejemplo, Elizabeth Thoman (Los Angeles), Tyner (1996) (S. Francisco). Pero también los tiene en América Latina y otras partes del mundo.

Tales presupuestos llevaron a la fundación del Movimiento Ecológico Cultural (MEC), cuya Convención Fundadora tuvo lugar en St. Louis (Mo, EE.UU.) los días 15-17

de marzo de 1996 con objetivos sociales muy encomiables, pero basados en los presupuestos del modelo ‘cultivo’.

Críticas al modelo ‘cultivo’. El modelo cultivo ha sido especialmente cuestionado, primero por Newcomb (1978: 264-282) y después por Hirsch (1980: 403-456; 1981ª: 3-37; 1981b: 73-95). La crítica más abundante es que Gerbner y Gross plantean presupuestos y aseveraciones gratuitamente, sin ofrecer pruebas (Ver en Hirsch, 1981b: 87, 89). Por ejemplo, éstos comparan a la TV con el caballo de Troya, que esconde dentro de sí realidades traicioneras de la vida (Gerbner y Gross, 1976: 178-179). Newcomb cuestiona que se suponga que el televidente no sospeche nada, que se halle sin defensa, y que tome en serio lo que se presenta en TV, considerándolo como algo real; más bien asegura que lo ve como algo ficticio y artificial. Por ello cuestiona que se compare a la TV con el caballo de Troya Newcomb cuestiona asimismo que Gerbner y Gross apliquen una definición de violencia real para medir la violencia simbólica o virtual (la de la TV) (Gerbner y Gross

1976: 178, 182, 184; Newcomb, 1978; 270-272). Newcomb pone en duda también la validez de los cuestionarios usados por Gerbner y Gross en sus análisis de cultivo, pues entrevistadores y entrevistados pueden dar significados distintos a los mismos términos usados, como violencia y otros (Newcomb, 1978; 274-275, 280-281). Por otra parte Newcomb cuestiona también en general la teoría transporte de comunicación, implícita en su análisis. Finalmente, además de Newcomb, otros muchos han cuestionado el supuesto impacto de la violencia simbólica, como la única o la causa más importante para explicar los actos violentos en la sociedad. Ciertamente Newcomb (1981: 183) piensa que se debe combatir la violencia simbólica, pero por razones más exactas y precisas, y recomienda no estar obsesionado por ella. Por su parte presentó su enfoque cultural de educación para los medios.

Por su parte Hirsch (1980: 440) critica a Gerbner y a su equipo por errores estadísticos en su investigación, por errores metodológicos (1981b: 89), y por aplicar mal la técnica del análisis de contenido (1980: 450). Él mismo indica (1981ª: 32) la necesidad de tener nuevos enfoques al estudio de la violencia. Él mismo con Carey presenta otro enfoque más humanista (Hirsh y Carey, 978: 3).

Gerbner y su equipo (Gerbner y Gross, 1979: 223:230; Gerbner et al., 1980: 39-72; 1981: 59-280) contestaron a tales acusaciones, y se produjo un intercambio de artículos, todos en la revista Communication Research, sin que ninguno de los dos bandos cediera. La respuesta final y definitiva de Gerbner y su equipo fué que las interpretaciones de Newcomb y de Hirsch no eran correctas y estaban llenas de errores, imprecisiones, incomprensiones y malinterpretaciones de lo que ellos realmente querían decir (Gerbner, Gross, Morgan y Signorelli, 1981: 259, 277).

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