Entrevista con Daniel Santoro






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títuloEntrevista con Daniel Santoro
fecha de publicación24.10.2015
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Entrevista con Daniel Santoro

El primer vuelo del Cóndor
Daniel Santoro no es un hombre fácil de localizar: sus múltiples responsabilidades como periodista de Clarín, colaborador de la revista colombiana Gatopardo, miembro de la Academia Nacional de Periodismo y del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, y profesor en las universidades de Belgrano, Buenos Aires y La Plata, y de la fundación Nuevo Periodismo de Gabriel García Márquez, lo mantienen bastante atareado y, con frecuencia, fuera del país.

Operación Cóndor II fue su primer libro, publicado en 1991, poco tiempo después de ingresar a Clarín como miembro del equipo de investigación. “Escribí un par de notas para el diario en el momento en que se descubrió la existencia de ese misil y saltó una polémica entre el gobierno de Carlos Menem y el ex ministro de Defensa de Alfonsín, Horacio Jaunarena”, explicó en diálogo telefónico desde su oficina en el periódico. Ese fue el puntapié inicial para la realización del libro.

¿Qué es lo que le atrajo particularmente del caso Cóndor?

—Bueno, era una historia que tenía una dimensión internacional en la medida en que involucraba a Gran Bretaña, a Israel, a Egipto, eventualmente a Chile como objetivo de ese misil; tenía todos los condimentos como para ser una historia entretenida y encima con repercusión internacional.

¿Fue un trabajo en equipo o lo hizo usted absolutamente solo? ¿Cómo fue el procedimiento?

—No, no. En este caso fue un trabajo absolutamente individual. En ese momento estaba acreditado en la Cancillería donde, bueno, podía conseguir información, igual que en el ministerio de Defensa, con los radicales; y lo hice solo, bueno, trabajando acá, primero en el diario y después, cuando me convocó María Seoane para hacer el libro en esa editorial, Nueva Letra, que fue mi primer libro, ¿no?

En el índice de fuentes llama la atención que la mayoría de los documentos referidos son investigaciones de otros periodistas. ¿De qué manera los utilizó para sustentar su propia investigación?

—La investigación es propia, sobre todo, lo exclusivo que tiene ese libro son los decretos secretos de Alfonsín con los cuales permitía la triangulación de motores del Cóndor II a Egipto y eso no lo tenía ningún otro libro. Lo que pasa es que para conocer los antecedentes del tema y para, bueno, darle un contexto internacional, y además porque no quiero robarle el crédito a nadie, decidí citar todas las cosas que había leído como para documentarme sobre el caso.

¿Qué hay sobre los informantes o fuentes personales?

—Tuve fuentes off the record, algunas que están citadas en el texto, el ministerio de Defensa, la Cancillería; bueno, hablé on the record con el ex ministro de Defensa Horacio Jaunarena que había manejado en una etapa del gobierno de Alfonsín el tema.

¿Entrevistó a algún Comodoro? ¿A Crespo o a Antonietti? ¿Se prestaron a dialogar?

—No, on the record no aceptaron; pero hablé off the record con un par de ellos, sobre todo Crespo que había sido el cerebro impulsor y que tuvo la protección política de Alfonsín porque la Fuerza Aérea fue la que más protegió al gobierno de Alfonsín frente a los levantamientos carapintadas.
Recientemente, el nombre de Daniel Santoro se deslizó como uno de los tantos periodistas y políticos víctima de la pinchadura de teléfonos. Por su trabajo como investigador, también ha sufrido amenazas de muerte en varias oportunidades. En este sentido, Operación Cóndor II no sólo fue su debut en formato libro, sino que también lo fue en el rubro amenazas. Los vínculos del proyecto con el gobierno irakí de Saddam Hussein fue el punto delicado del asunto.

—Recibí una serie de llamadas telefónicas que decían que había pisado la cola de la víbora y la víbora me iba a picar, a morder. Después, bueno, me mandaron una carta escrita en árabe con lo que empecé a preocuparme más y finalmente me mandaron un cuchillo de mando, un cuchillo de combate de las fuerzas de la OTAN.

¿De qué manera lo afectó esa intimidación? ¿Cambió algunos procederes, empezó a tener más cuidado en su vida privada y profesional?

—Sí. Primero me asusté como se asusta cualquier ser humano. Después tomé más precauciones en el sentido de no poner el teléfono de mi casa a mi nombre sino dejarlo a nombre de mi esposa, ser más cuidadoso en mis conversaciones telefónicas, aunque en ese momento no había tecnología de fácil acceso y barata como hay ahora para interceptar teléfonos celulares o teléfonos fijos o correos electrónicos, ¿no? Entonces a partir de ese momento comencé a sufrir en carne propia que era necesario tomar medidas de precaución y de seguridad en cuanto a mis trabajos, a mis comunicaciones, a mis contactos con las fuentes.

¿Qué seguimiento de su parte tuvo el tema luego de publicado el libro?

— Yo no me acuerdo exactamente cuánto tiempo, pero, bueno, seguí con el tema. Después hubo un acuerdo de Menem con EEUU y mandaron partes del misil a la base de Rota en España, y después se publicó una serie de notas sobre que el gobierno pasó las instalaciones de la Fábrica de Falda del Carmen a la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales. Me acuerdo que había escrito una nota sobre eso y ahora que la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales tiene un proyecto de tener no un misil pero sí un cohete para poner satélites en el espacio, es uno de los proyectos que están manejando, pero lo cierto es que las instalaciones militares y secretas ahora son instalaciones que están a cargo de esta Comisión que fundamentalmente pone satélites en el espacio y que trabaja muy bien en todo lo que es la tecnología espacial que es una tecnología dual: tanto de uso pacífico como de uso militar.

¿El proyecto del Tronador I y II que se está llevando adelante ahora tiene relación con el proyecto Cóndor?

—Yo por la información que tengo, actual, el proyecto que ahora manejan en la Comisión Nacional es un cohete de tiro vertical con combustible líquido, y el misil Cóndor II era un misil, es decir, que tenía una cabeza inteligente, de tiro parabólico y con combustible sólido. Entonces ahí es como que hay una diferencia tecnológica. El Cóndor II era muy parecido al Pershing II (un misil de tecnología británica); y después, bueno, publiqué unas notas en el diario sobre que los mismos alemanes que habían hecho el desarrollo acá trataron de construir una planta gemela a la de Falda del Carmen en Irak. Pero por lo que decían los científicos son dos tecnologías distintas, el misil Cóndor II con este cohete que está manejando la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales, ¿no?

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