Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman






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Amalia Sato

De algunos subrayados y resaltes en Ema la cautiva, Trenzas y La mamacoca, en 1000 palabras

¿Cuáles son los pies para empezar a trenzar con libertad que cautive, Trenzas de Susana Szwarc, La mamacoca de Libertad Demitrópulos y Ema la Cautiva de César Aira? Horizontalidad de leer y rumiar. Lo que sigue son solo puntuaciones.

¿Qué de Ema la cautiva de Aira? El juego que contrabandea cierta frontera entre contratapa y solapa en la primera edición de 1981 de Editorial de Belgrano. ¿Qué se bisagra en lo que esta editorial inicia con la colección Narradores argentinos contemporáneos? Si el desierto -o la pampa en su acepción más fecunda y posterior- es un lugar idílico, lleno de peripecias y situaciones proliferantes, puntuado por reflexiones sensibles como lo aclara el propio autor, es por su creación de un nuevo género la historiola -una “gótica simplificada” cuyo mecanismo le ha sido provisto por su oficio de traductor. La probidad de una redacción impecable al amparo de cierto delirio calculado suma el posado gesto dandy de una pasión por la indiferencia. Para algunas tesinas el libro es un aporte a la historia de la vida en las pampas o una revelación sobre cuestiones de género, consintiendo el juego al que la solapa da pie: “hasta la fecha, la Editorial concentró sus esfuerzos en publicar ensayos de interpretación de la realidad nacional…. Sentimos crecer una carencia: el testimonio sensible, artístico y directo que sólo puede brindar la fantasía creadora”. Significativo es que esta suerte de utopía se prive del dato más delirante de la propia historia: la zanja de Alsina, cuya presencia en página 9 se insinúa como “el único accidente eran unas profundas cañadas excavadas en el suelo quién sabe en qué antiguas perturbaciones geológicas”. Los más de 300 km cavados a pala y pico de esta suerte de réplica inversa de una muralla china que todavía hoy son una cicatriz en el campo quedan así naturalizados en la historiola.

En La mamacoca de Libertad Demitropulos, el prólogo de Nora Domínguez pesa, enmarcando no a contrapelo sino en el sentido lustroso de las teorías y el gesto político. En página 131, una notable definición de la autora: “aquí todos saben qué significa la frontera: purgación, estado de crisálida, el intervalo que separa del absoluto, la fulguración. Quien se atreve a cruzarla, a desafiarla, desprecia el paraíso. Tenemos una ansia amorosa por el infierno, tenemos el gusto por el sabor. Para nosotros las fronteras existen y el infierno no está solamente del otro lado. Es necesario cruzarlas, morir y transfigurarse para recobrar la lucidez, la embriaguez de lo múltiple”. Sobre esta novela dijeron: La búsqueda de un tono poético de una recreación de la lengua (Shua), hay huesos en la entraña de la letra (Heer), hay decires que me quedaron en el oído (Libertad D), hay una cartografia de no viajera, la Mesopotamia en rio de congojas, el sur en un piano en bahía desolación, el noroeste en flor de hierro, la triple frontera en La Mamacoca, hay una política de la ficción, una sociedad trastornada por la afloración de sus bordes (Alejandra Nalim). Narración con vértigo de boom que marea con lianas de peripecias, donde cada quien es lo que es, con nitidez de un elenco prolijo.

En Trenzas de Susana Szwarc proliferan los aljibes, las zanjas (acá sí), los charcos, los pantanos, las cunetas, hay barro. Hay un regreso al lugar de formación, al pueblo, lugar donde sucedió un abuso que las trenzas señalan en intermitencia; el cabello marca escenas. En esta novela todo se entrecorta, se cuenta con hipos, con pudores o falsedades. El inconsciente huérfano escamotea la novela familiar: escapa de la mediocridad de narrar un asunto privado en valor riesgo. No hay ambición por amplitudes, pero cuánto nombre propio haciendo su entrada en escena, su imposición en la línea. Hay trenes, hay una bombita de 25 wats bajo la que se dice la palabra Holocausto (p. 94) sí, el diptongo la hace bonita. En página 61, Vietnam, Auschwitz, Hiroshima, la lucha de los Guaycurues. Dolor y dolores. Más los árboles, la tierra, las siestas, las sandías.

La definición impecable de frontera en Libertad, los pozos y zanjas y charcos en Szwarc, la Cucagna pampeana sede de una civilización distraída y melancólica de Aira.

Y apelo a la ley de la buena vecindad de las bibliotecas. Para marcar espacio, me interesan las huellas, el detalle, márquenme umbral. Metáforas, más metáforas. Instalo a Aby Warburg dibujando las posiciones estratégicas y las líneas del frente, dibujando las líneas de las trincheras de la Guerra de 1914, esos esquizos practicados en la tierra de Europa para tragarse a los hombres por millones, trastornado por cada muerte humana y fundido con los fantasmas. Y a Resnais que inicia Nuit et brouillard (Noche y Niebla), su documental de 1955, mostrando los yuyitos que crecen en el paisaje de los Campos del horror, Les herbes folles que serán el título de otra de sus películas.

No sé pero quería terminar citando las trincheras de Warburg, los yuyos resistentes de Resnais que crecen entre las grietas, los adoquines, las ruinas. Sospechas, ciertas señales. Profecías de creadores. Esos datos que iluminan, que deslumbran. Creo que a los tres autores, cuyas obras me convocaron a este encuentro, también les parecerían lazos pertinentes.
Flavia Soldano CARTOGRAFÍAS
Existen las fronteras más allá del territorio. Construidas con sedimentos de palabra perforan los opuestos. Señalan, en los mapas, el cuerpo del extravío.
Técnicas de cartografía: Un mapa narra estratos simultáneos, recorta en el vacío, incluye resonancias, traiciona, simula.

Entonces, ¿Cómo encontrar el territorio de la ficción? ¿Dónde se inscribe su borde?

Dice Perlongher: Tampoco yo sé dónde queda Cracovia, ni me importa, es nada más por el crujir de esas consonantes que la invoco.

Entonces, ¿Por dónde pasa la frontera? ¿Dónde habita lo extranjero?

Cartografía de la ficción: La pupila del cartógrafo ubica los quiebres, graba el punto de fuga por donde se filtran los rumbos. El territorio es urdimbre. Como en el desierto la llanura es ilusión. Desconfío de la brújula. En la tierra del espejismo el norte estaba en el este. El centro está por fuera.

Solo un mapa de fracturas permite andar, perderse.

Dice La Mamacoca: La presencia del azar. El paréntesis que supone la interinidad de toda aventura. La firma inseguridad. Un sueño. ¿Quién ha dicho que es apenas la línea divisoria?
Mapa de este folletín: Disección. La frontera graba herida torciendo la piel de la literatura argentina. ¿Cómo se trama el quiebre? Con topografía de retazos. Hilachas de trenzas cortadas, desierto y contrabando. Por el revés de este enredo emerge otra grieta. Se narra un cuarto texto que es parte del mismo texto. Más personajes atrapados entre cuerdas de frontera. Ficción de lo político. La invención es una isla, Maciel.
Relieve de los textos: Trenzas, escorzo. Pisar extraviados entre el silencio y el murmullo. El juego es lo imposible. En relieve se destacan las tormentas en el cuerpo. La textura es el equívoco. ¿A quién se le habla? Monólogos que apenas se rozan. En la erosión del encuentro se devela lo mortífero. Trenzas cortadas en el charco forman ciénaga. Lágrimas como víboras. El mapa se quiebra en fragmentos. La pasión es el olvido.
Ema y La Mamacoca, sucesos que destacan el desconcierto de frontera. Pasando cierto límite todo es deserción ya que nadie está en su justo lugar, declara el Coronel. Extra- ida del desierto Ema captura y es capturada por el movimiento de las nuevas geografías. Occidente es un margen en los mapas de palacios y faisanes. Allí habita otra cautiva, ¿acaso La Cautiva? Su nombre es referencia. C.F. Argentina, ¿acaso confróntese Argentina? Argentina es pie de página. C.F. Argentina habla una lengua melancólica. C.F. Argentina habita el más improbable de los lugares.
Mientras tanto, un cine en el norte se llama “La Nueva Frontera”. La textura es prostíbulo y contrabando. Allí La Loba y “la última semilla”, la mamacoca, se condensan. Ellas, “Ella” son el palimpsesto en la carta del abuelo. Si se permite leer sobre lo borrado … Niña: usted es mi última semilla … Usted seguirá mis pasos... Ella palpa, saca un futo carnoso y lo abre .… ahí dormía la mamacoca.

Por detrás de la letra el abismo de la letra. La frontera es laberinto de fronteras.

El nictálope ojo telescópico se articula en la cámara narradora del montaje y el corte. ¿De quién es el ojo móvil que hace foco en el detalle del infierno? El ojo es frontera que genera el otro lado. La frase Si se permite es el cauce que divide la mirada. El tiempo como labio, el pasado vive alimentándose del presente.
El cuarto texto:

Cartografía de la Isla: El mapa es con división política. El territorio impone las palabras. Desbordan las orillas en el foco del Riachuelo. Se atraviesa la frontera sur hacia una isla.

Falso.

Se atraviesa la frontera a la isla que no es isla. Un pedazo de tierra en contrabando a la ciudad.

El contorno de Maciel se quiebra entre aguas mal olientes, autopistas y residuos.

Dice La Mamacoca: Cuando sopla el viento, la basura del país vecino se deposita entre nosotros.

La existencia se trama como islotes solitarios cautivos en la imagen del isleño.

Poner el ojo en la frase, trenzar la escucha. Se dice: La gente de la Isla no sale de la Isla. La gente de la Isla no puede esperar. Perdí el ojo a los nueve años, no se sabe. Éramos de la Isla.

Ser de la Isla, pertenecerle a la Isla, tener la forma de la Isla.

Dice Trenzas: El agua que utilizaron para lavarla estaba tan caliente que la mujer llevó las formas de esa noche hasta el fin de sus días.
Folletín del aislamiento: Disección. La gente del “Barrio” desprecia a la gente de la villa. Los de “la Pinzón” no se tratan con los del “Pozo. Las paralelas de los llamados “Pasillos” jamás se cruzan. Soplan nocturnas las sombras tristes de los antiguos prostíbulos.

En el viejo convento salesiano se extinguieron las monjas. Diversos programas suceden en el mismo espacio. Como arrecifes separados por ríos caudalosos plantean límites infranqueables. Apenas el saludo cuando el instante los une en la geografía del Convento.

Dice La Mamacoca: las distancias son internas.

Al fondo, en el Pasillo Ancho, está la “Casa de las monjas” ¿Cuáles monjas? Nadie sabe. No tuvieron contacto con las hermanas salesianas. Simplemente se fueron, desertaron, o se las llevó la corriente.

En el centro de la Isla habita el Cura cartógrafo. Su lengua forja planos en la ficción del territorio.

Dice el Cura: No se puede seguir robando en la Isla, adentro no, roben afuera, crucen el puente. No roben acá.

Dice Tomás Eloy Martínez: Los mapas son ficciones mal escritas.

Dentro del Convento alguien roba. Circulan las sospechas. El hijo degüella a su madre. Un contratado sufre un ataque de pánico, el Cura lo expulsa.
Pero la falsa isla resalta Isla rodeada por tóxicos torrentosos. Anidan en los cuerpos otros cuerpos invisibles. Por la piel de la isla hace trazo de frontera la epidemia de forúnculos. La repetición de la marca teje hilo, disimula las distancias.

Dice Trenzas: Imposible detener la huellas del cuerpo

Entonces, ¿Por dónde pasa la frontera? ¿Dónde habita lo extranjero?

Aníbal Villa Segura Frontera: Colisión y Mestizaje

Recuerdos de la vida escolar:

¿Qué son las fronteras?

Restringido al ámbito político geográfico, este término se refiere a una región o franja. En tanto que el término límite está ligado a una concepción imaginaria.

¿Dónde se marcan?

En tierra aire, ríos, mares y lagos.

¿Son fijas y visibles?

Si son terrestres, suelen ser fijas y visibles.

Las aéreas, son líneas imaginarias.

Si hay montañas, se emplea la unión de una línea entre los picos más altos o el fin de la cadena montañosa.

Si la frontera es un río, la división se hace en la vaguada (la parte más profunda de este), y si queda muy cerca de la costa de uno de los países se utiliza una línea imaginaria que divide el río por la mitad.

No se ven y se mueven.

Siglo XXI:

Es difícil pensar la geografía, pero más aún la transformación de los modos de pensar lo político, sin ataduras metafísicas.

Formular actualmente la experiencia política nos conduce a revelar la estructura y la constitución del sujeto que la sostiene y es responsable de la misma, con lo que, las transformaciones son las relativas al sujeto o a la singularidad del mismo.

El pensamiento político, tradicionalmente se ocupaba, en la línea de las corrientes emancipatorias, casi exclusivamente del orden colectivo.

Surge la Hegemonía de Laclau, la Lógica del Acontecimiento de Badiou, Zizek aporta Hegel, el idealismo alemán y la cultura pop; a lo que se suman Gramsci y Toni Negri quienes influyen en nuestra concepción.

La Razón:

Persiguiendo las fronteras nos encontramos con la razón (hasta donde) y de ahí en más entramos en el terreno de Eugenio Trías y su razón fronteriza.

En psicoanálisis, no se puede pensar en oposición, la pulsión y la renuncia ya que como sabemos, la renuncia, a su vez alimenta la pulsión; no podemos tampoco reflexionar sobre el individuo como enfrentado a la sociedad ni la libertad versus la restricción. Es allí donde Eugenio Trías y su razón fronteriza vienen en nuestra ayuda Freud construyó un borde, una bisagra, entre el campo del sentido y el campo de la pulsión, dice Trías, pero no en la concepción de Wittgenstein que determina el sentido de "lo que no se puede hablar”, sino una juntura que separa y une a la vez, o como lo dice en Ética y Condición Humana (2000): “Somos los límites del mundo. En razón de nuestras emociones, pasiones y usos lingüísticos, dotamos de sentido y significación el mundo, de vida en el que habitamos”.

El Cuerpo:

Libertad Demitropulos, además de jujeña era peronista y de las de siempre. La Mamacoca es un tratado simbólico/político de hombres y mujeres que viven en la Triple Frontera y comercian desde la ilegalidad, el bien más preciado: el cuerpo y su poder.

Aquí aplicamos lo aprendido en la escuela, las fronteras no se ven y se mueven y además como diría Trías le otorgan nuevos límites a ese mundo. La Niña Justina opera con virilidad rodeada de millonarios mercenarios, en un cuerpo sexuado, en el que se juega la frontera frivolidad/muerte. Escrita en 1994, como denuncia a un estado neoliberal otorga sentido no solo ficcional sino amplificador en la lucha actual contra ese mismo estado neoliberal que pelea por quedarse. La Mamacoca nos advierte que las fronteras más allá, de la razón separan y borran las huellas de los que pasaron.

El Hogar:

Susana Szwarcz, es chaqueña, nació en Quitilipi y es autora de Trenzas, lo que produce una penumbra de asociaciones que nos trasladan a la poesía del lugar, quizás del origen de la dicha, pero también de lo trágico. Todo esto es el hogar.

También es un malentendido y una frontera.

Como los vínculos son imaginarios esto sucede, pero como además el Otro me precede tengo que acomodarme para no ser confundido. Quizás la poesía de Susana esté en que, a pesar de todo, el lugar es el lar donde se dirimen las cuestiones, y nuestros hermanos y nuestros padres abandonan la confusión y nos reconocen, guardando sin embargo el secreto a voces acerca de quién es el más amado, estableciendo así una frontera de la cual son dueños.

Quizás tendríamos que preguntarnos por qué nos fuimos a la ciudad dejando el pueblo y volvemos siempre ¿nos fuimos alguna vez?

Solo en el seno del hogar puede un viejo pelear por sus hermanos muertos por los uniformados y enojarse ante el argumento maniqueo que peor fue Vietnam, Auschwitz o Hiroshima. El viejo tiene su hogar, el lugar le da nombre, lo arranca del anonimato y permite que su dolor sea el más grande de la tierra.

¿Quizás las Trenzas sean el hogar?

Más Allá de…

Cesar Aíra es bonaerense, nació en Pringles donde recrea Ema La Cautiva. Novela de fronteras que se amplían, sellos de mestizaje, tiene un pasado ilustre (Echeverría, Mansilla y quizás Flaubert).

Pensamos, en una novela histórica pero no tiene la nitidez del contorno histórico. Hay, desde luego, pensamiento sobre esta evanescencia en donde un tema esencial, emanado de un mito nacional, es tratado con un nivel de lenguaje que elude cualquier historicidad, a pesar de que remeda todo los tipos de materiales de una literatura histórica. Mantiene el lenguaje como una extraña ecuación lírica, como una maquinaria incesante que trabaja con un material delicado y exótico.

Ema ingresa y satura el universo de la pampa, tanto el de la frontera, como el de los territorios salvajes, con todos los signos de la hipercivilización: relativiza a cada paso la dicotomía civilización-barbarie por la disposición hedónica para el ocio. Ema con sus mapas y sus hijos, transcurre en esa frontera obra de Alsina entre Azul, Pringles y el Sur argentino. A diferencia de los hombres, sus maridos que insisten en el apartamiento melancólico, Ema demuestra una prisa singular por la acción, creando un mundo nuevo con jóvenes tarzanes poniendo en marcha un centro de reproducción artificial de faisanes.

Ema encuentra su límite siendo capitalista.

Y al Final…

Volver sobre las marcas de herencias y legados, permite una ética de la alteridad que haga del Otro lo presente en mí, completándome.
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