Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman






descargar 0.5 Mb.
títuloDirección: Liliana Heer / Arturo Frydman
página1/14
fecha de publicación12.11.2015
tamaño0.5 Mb.
tipoDirección
p.se-todo.com > Historia > Dirección
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14



Autopistas de la palabra V

AUTOPISTAS DE LA PALABRA

QUINTAS JORNADAS DE LITERATURA Y PSICOANÁLISIS

LAS SERIES DEL ACONTECIMIENTO MALVINAS

AGUJEROS EN EL TIEMPO

Biblioteca Nacional de la República Argentina

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman

Comité asesor: María Pía López / Silvia Hopenhayn / Américo Crsitófalo / Adrián Cangi / Aníbal Villa Segura

Coordinación: Cecilia Campos

14 y 15 de Abril de 2012

Entrada libre y gratuita

Se entregan certificados

Informes: autopistasdelapalabra@gmail.com

Declaradas de Interés Cultural por el Honorable Senado de la provincia de Buenos Aires en 2005 y por la Secretaría de Cultura de la Plata en 2010.

ÍNDICE

Programa

Auspicios

Palabras de Apertura por Horacio González y Liliana Heer

Mesa 1: De la Historia, la guerra y la poesía

Mesa 2: Esquirlas de la memoria: Testimonios

Mesa 3: La guerra, semblantes de ilusión y desacuerdos

Mesa 4: El acto y la ficción.

Modos de nombrar el trauma, la segregación, el suicidio

Plenario: ¿Habrá tiempo en el lenguaje para lo siempre nuevo?

C.V. de los participantes

Programa Autopistas I

Programa Autopistas II

Programa Autopistas III

Programa Autopistas IV
LAS SERIES DEL ACONTECIMIENTO MALVINAS AGUJEROS EN EL TIEMPO

Sábado 14 de abril de 2012 - Sala Juan L. Ortiz, 3º piso
12 hs.

Palabras de apertura: Horacio González y Liliana Heer
12.30 hs.

Mesa 1: De la historia, la guerra y la poesía Referencias Textos y poemas de Jorge Luis Borges, Néstor Perlongher, Gustavo Caso Rosendi, Hugo Sánchez, Mario Sampaolesi y “De guerra y muerte” de Sigmund Freud
Panelistas: Anahí Mallol, Osvaldo Delgado, Susana Szwarc, Mario Goloboff

Articula: Américo Cristófalo
14.30 hs. Intervalo
15.30 hs.

Mesa 2: Esquirlas de la memoria. Testimonios Referencias

Partes de Guerra de Graciela Speranza y Fernando Cittadini; MALVINAS diario del regreso (Iluminados por el fuego) de Edgardo Esteban; CRUCES, Idas y vueltas por Malvinas de María Laura Guembe – Federico Lorenz y “Freud y la guerra”, “Lacan y la agresividad” en Lacan, la política en cuestión… de Jorge Alemán
Panelistas: Clara Schor-Landman, Haydée Rosolén, Carlos Dante García, Carlos Costa

Articula: Silvia Hopenhayn
17.00 hs. Intervalo
17.30hs. Mesa 3: La guerra, semblantes de ilusión y desacuerdos Referencias “Entredichos”, revista Sitio 2: Alcalde, Grisafi, Grüner, Gusmán, Jinkis, Savino; Anexo Del exilio, revista Sitio 3 y Las Malvinas: de la guerra “sucia” a la guerra “limpia” de León Rozitchner

Panelistas: Susana Cella, Mary Pirrone, Aníbal Villa Segura Articulan: Adrián Cangi y Maximiliano Crespi

Domingo 15 de abril de 2012 - Sala Juan L. Ortiz, 3º piso
15 hs.

Mesa 4: El acto y la ficción. Modos de nombrar el trauma, la segregación, el suicidio

Referencias Los pichiciegos de Fogwill, Las islas de Carlos Gamerro, Banderas en los balcones de Daniel Ares, Fantasmas de Malvinas de Federico Lorenz, Kelper de Raúl Vieytes y “La salvación por los desechos” de Jacques-Alain Miller
Panelistas: Lucía Blanco, Bea Lunazzi, Natalia Zuazo, Nicolás Peyceré Articula: María Pía López
16.30 hs. Intervalo
17 hs.

Plenario: La post guerra y sus restos

María Pía López, Jorge Chamorro, Horacio González, Américo Cristófalo, Noé Jitrik

Palabras de cierre: Arturo Frydman

Auspicios


Biblioteca Nacional - Secretaría de Cultura Presidencia de la Nación Subsecretaría de Cultura de La Plata - Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina - Escuela de la Orientación Lacaniana - Fundación Descartes Fundación Habitat y Salud Urbana - Fundación El Libro - Cámara Argentina de Publicaciones - Centro Cultural de la Cooperación - Audio videoteca de Buenos Aires - Ciudad Abierta - Editorial Edhasa - Eterna Cadencia Editora - Editorial Universidad de Buenos Aires - Grupo Editor Latinoamericano - Editorial Losada Paradiso Ediciones - Editorial Mansalva - Editorial Catálogos - Ediciones Colihue – Editorial Argonauta - La mujer de mi vida - Pensamiento de los Confines – Las ranas - La Balandra - Librería La Barca - Librería Norte Librería del Mármol - Portal elpsicoanalisis.net

APERTURA

Horacio González
Bueno, buenas tardes o buenos días.

Quiero decir que esta reunión de Autopistas de la Palabra hace mucho tiempo se hace en la Biblioteca Nacional, mucho más tiempo del que yo estoy aquí. En realidad, antes de estar en la Biblioteca Nacional, yo he venido a reuniones de Autopistas de la Palabra, comprobación empírica de que estaba desde antes de que yo estuviera aquí, expresión “yo estuviera aquí” lo suficientemente ambigua como para no ahondar en la dificultad de mi situación. Siempre esa expresión me llamó la atención y no es momento para desentrañarla.

En realidad, lo que propone Liliana Heer en todas las ediciones de estas jornadas es la posibilidad siempre abierta de nosotros -y que tiene una nota de pudoroso escándalo- de comparar regiones diferentes del espíritu, del conocimiento, de nuestras profesiones, si es que las tenemos… En realidad, para mí el decurso de una vida es ir desprendiéndose progresivamente de la idea de una profesión, a ver lo que queda, pero no está mal que un decurso anterior de la vida sea el adquirir una profesión.

Yo –no sé Liliana- estoy en la etapa de desprenderme ya, llegué al idealismo total, más allá de Berkeley y de Hume y de otros sabios de esa naturaleza. Considero una evanescencia lo que dice en este momento, con la suerte dispar que cada uno tiene cuando habla, se puede o no decir cosas contundentes que tengan cierto valor colectivo o comunitario por lo menos.

Entonces, la palabra concebida como autopista tiene cierto clima o cierta posibilidad de resolución respecto a lo que sería la palabra como una forma de circulación, de vértigo, de encadenamiento de sentido, de prosecución, de infinito, de tiempo. Pero dicho en plural, “autopistas” –y si remitimos esta expresión a la compleja trama de una ciudad- evidentemente la expresión “palabra” ahí ya viene a colocar a la autopista en sucesivos dilemas: en el quiebre de lo infinito, en los aspectos derivados de una circulación, en la resquebrajadura de la idea de tiempo y por lo tanto, si podemos interpretar “autopistas de la palabra” de ese modo, evidentemente, estamos ya en el nudo mismo de lo que intento decir cuando me parece poder afirmar que una vida, es decir, la adquisición de una profesión y los progresivos pasos que se dan para desconectarnos o desmentirnos respecto a esa profesión. La Autopista de la Palabra sería ese ejercicio, una ilusión de circulación progresiva y al mismo tiempo un quiebre, en algún momento de la vida, de aquello que pensamos progresivo y que nos hace demorar la misma cantidad de tiempo que tuvimos oportunidad de construir ilusoriamente algo para pensar efectivamente en lo que hicimos.

En ese enclave están las Malvinas. ¿Qué es un enclave? Es un enclave sumamente problemático de la vida política Argentina, un enclave de la lengua entre otras cosas, porque aunque haya petróleo, es un enclave de la lengua; aunque haya grandes cantidades de pescado, de krill, ese pescado chiquitito, es un enclave de la lengua y aunque haya habido una guerra, es un enclave de la lengua como bien está presente en la novela de Rodolfo Enrique Fogwill, Los pichiciegos, que entre otras cosas quiere demostrar que una guerra es un enclave de la lengua.

Entonces, cada vez que decimos la expresión “Malvinas”, acude a nuestro espíritu una suerte de temblor de no saber bien lo que se está diciendo. Por supuesto que hay algunos personajes inverosímiles de la Argentina, no hay país sin personajes inverosímiles, un país, en realidad, es algo medio inverosímil. Lo que habitualmente llamamos “inverosímil” es un porcentaje de personas que hay en todo el país, en Argentina es bastante alto, un porcentaje inverosímil bastante alto. Pero eso no estaría mal, si dentro de esos inverosímiles… No estaría mal porque un país verosímil es poco creíble, como dicen los políticos. Un país que es, de algún modo verosímil, con zonas bastante fuertes de inverosimilitud es más interesante.

Entre estos inverosímiles, dicho a la manera barrial, están personas que acusan de cipayo por cualquier cosa, no tienen la gracia que tenía un Jauretche, cuando decía “cipayo” porque además no lo decía todo el tiempo y había una cierta sorna y una cierta gracia de la desdicha que acude a la personas cuando tienen que elegir entre ser verosímiles e inverosímiles en un país. Yo conozco un montón de pavotes que andan por la Argentina en este momento, diciendo “cipayo de aquí, cipayo de allá”, midiendo a ver qué se dice sobre las Malvinas, de modo tal que sea algo que ellos saben que hay que decir sobre las Malvinas, que ellos saben que está perfectamente predeterminado no sé desde qué época remota y hasta qué otra época -es sumamente indefinible la historia de la humanidad- por la cual la palabra “Malvinas” sea una especie de peñasco interno del lenguaje, que nunca haya variado de significado, que siempre haya querido decir lo mismo, donde siempre haya habido la misma cantidad de petróleo, la misma cantidad de pescado y donde al mismo tiempo se pueda decir que hubo la misma cantidad de guerras y la misma cantidad de documentos… Esa “mismidad” sobre las Malvinas no corresponde.

Y si se dijese que la mismidad sobre las Malvinas es el contrato que tiene una población para decir que, a partir de un despojo y de una usurpación, hay que usar un lenguaje que tenga esa mismidad, esa identidad talmúdica, evidentemente, no es la mejor manera de pensar de una forma efectivamente imaginativa, el itinerario común que deben recorrer las dos partes de este territorio que llamamos “Argentina”.

Las partes de este territorio son muchas, pero la Argentina tiene una parte en las Malvinas, que es Argentina, pero este “que es Argentina” son dos o tres palabras que tienen que tener una fuerza tal en la demostración, de índole diplomática, documental, literaria y poética, que el que dice “cipayo” a cada rato no tiene. Por el contrario, nos aparta de la fuerza que hay que tener para decir que puede haber un destino común entre una porción del territorio y el territorio al cual pertenece.

No son fáciles las formas de decirlo, la expresión que sirve como apócope de toda esta reflexión es “Malvinas argentinas”, pero esta reflexión es un punto de llegada muy profundo o es una expresión de deseo que no tiene instrumentos en la lengua adecuados para configurarse. Lo que estoy diciendo no es fácil que lo diga el canciller ni cualquier empleado de la cancillería, no es fácil que lo diga un político ni la presidenta, porque para eso, me parece, se pueden decir en jornadas como estas, cuestiones como estas, en lugares como estos, que son figuras atípicas de la expresión, pero absolutamente necesarias. En un país tiene que haber figuras de la expresión y del lenguaje que digan lo atípico que deben ser las cosas para que, efectivamente, la expresión “Malvinas argentinas” no sea un pedazo granítico de la expresión que finalmente significaría una ahistoricidad del tema, cuando el tema tiene una profunda historicidad. Con “historicidad” quiero decir que la crea cada época, incluso, a veces la crea cada persona en la forma en que se expresa sobre esos dominios. Por eso, cuando se dice que la incorporación de las Malvinas… Esa incorporación también es un tema. Se dijo “recuperación”, se dijo “recobrarlas”, todas las expresiones que se usan son un hiato de la lengua respecto a una porción asegurada a la que habría que traer otra que corresponda a la porción que no está asegurada. Ese movimiento de traer lo propio al lugar donde el lugar ya asegurado declaró que aquello otro es lo propio son síntomas de la lengua de mucha profundidad, donde es posible decir que la política argentina que se hace hoy no está en condiciones de decirlo y otro puede decir que no hay por qué decirlo, pero a mí se me ocurre que sí hay que decirlo, quizás no del modo en que lo estoy diciendo yo.

La incorporación supone movimientos de cambio que implican el cambio también de la pieza que recibe aquello que le pertenece y le es extraño por razones históricas. Para declarar la pertenencia hay que reconocer de qué modo se produjeron elementos de extemporaneidad, de heterogeneidad, de alteridad y de extrañeza que suponen toda clase de teorías, por supuesto políticas y de la lengua, pero suponen teorías literarias también. Hay un extrañamiento –los rusos lo dirían con una palabra más interesante, “отчуждение”, seguramente la dije mal- que es una fuerza de conocimiento que puede llevar a la unidad de las cosas, a las interferencias mutuas entre las cosas, a la mancomunión. Y eso supone que el que dice esto se considera con derecho -como efectivamente tiene derecho la Argentina sobre las Malvinas-, tiene que abrirse hacia el mundo, abrirse hacia el ser –dirían los filósofos del ser-, abrirse hacia lo otro que también puede ser porque de lo contrario aparecen los paparulos que dicen “cipayo de aquí, cipayo de allá”, que no son pocos en Argentina. Entonces, este es un asunto de profunda importancia en relación a la cuestión Malvinas. Uno diría que el paparulo soy yo, que vengo a decir estas cosas… Yo creo que no es así porque, después de vivir mucho tiempo en la Argentina, condenados a la interesante argentinidad en la que estamos todos los aquí presentes, estamos en la obligación de pensar estas cosas por la profunda seriedad que tiene la cuestión Malvinas.

En ese sentido, la literatura que produjo Malvinas es una literatura de asombroso interés, a veces de mayor interés que la que han producido los políticos o los diplomáticos que han tratado la cuestión. Y si no fuera así –porque hay muchos políticos y diplomáticos que han dicho cosas muy interesantes sobre las Malvinas- evidentemente no se puede pensar una nación sin algún tipo de fusión, por más utópica que sea, entre su tradición literaria y poética y su tradición político-diplomática. Por más que no es obligatorio para el político citar poesía –porque el político que termina su discurso en la Cámara citando una poesía suele ser trivializado tanto en la política como en la poesía- no se trata de eso, de un régimen de citas ornamentales, se trata efectivamente de pensar lo que es una nación, que es una fusión problemática, no calculada, imprevisible, en general extemporánea de un conjunto de piezas que están sueltas en la historia de la memoria y que se van fusionando en ciertas unidades que tienen una operatividad válida a lo largo de la historia.

Puedo citar un librito de gran interés, que a mí siempre me pareció de los máximos libros que se escribieron sobre el tema en Argentina, que es El nombre de la Argentina, de Ángel Rosemblat. Lo escribió un polaco-judío que se enojó con la Argentina, se fue a vivir a Venezuela, donde fundó el instituto de lingüística hoy llamado “Instituto de Lingüística Ángel Rosemblat”, pero dejó una obra importantísima en la Argentina, como es el caso de muchos inmigrantes de la Europa posterior a la Primera Guerra Mundial. En este caso, como digo, Rosemblat, un polaco-judío, un apellido muy característico polaco-judío: Rosemblat. Y su libro a mí me parece conmocionante porque no deja de decir nada de lo que hay que decir sobre Argentina, pero hay un hilo de cómo la palabra -que hoy está como una suerte de supuesto indiscutible de lo que decimos todos nosotros- se fue formando a través de anónimos escritores, anónimos navegantes, gente codiciosa.

Ese tema de la codicia es muy interesante. Hay una crítica literaria, escritora muy interesante en Argentina, Silvia Molloy, que prácticamente interpreta a Borges como un estudioso de la codicia. Todos los personajes de Borges codician, codician el mando, ser otros, esa codicia termina arruinándolos. Es muy interesante esa formulación sobre Borges.

Y todos estos codiciosos, en Ángel Rosemblat, van formando algo de lo cual somos herederos no problemáticos, si nos llamamos argentinos. Hasta Sarmiento era problemático cuando decía ser argentino. En Conflicto y armonías de las razas en América, que es un libro terrible, tremebundo, él dice “quiénes somos y hasta dónde cuando argentinos nos llamamos” –con una construcción inadecuada de la palabra, poniendo el verbo al final, que no es la forma habitual de hablar o de escribir, salvo en inglés.

Entonces, esa pregunta que hasta Sarmiento estaba abierta, hoy parece que no está abierta. Y yo propongo que siga abierta esa pregunta de quiénes somos y hasta dónde, cuando argentinos nos llamamos, porque es la forma más segura de retomar el camino común con una porción del territorio que nos pertenece y al decirlo así, estamos marcando la alteridad en la que está ese territorio que nos pertenece.

Entonces, toda la literatura interesantísima que se escribió sobre el tema –ya dije, Los Pichiciegos, de Fogwill. Fogwill se pasó pensando sobre esto toda la vida, pensando una manera totalmente provocativa, quiso ser un infame, como los grandes personajes infames y hasta cierto punto lo logró, cuando nos enojaba. Pero apenas nos enojaba y nos dábamos cuenta que era una gran construcción literaria de él mismo y su cualidad de personaje, terminábamos viendo la enorme potencialidad pedagógica que tenía su construcción literaria, de su personaje llamado Fogwill y todo lo que escribió.

De modo que a Los Pichiciegos, la considero una novela fundamental y no desdeño ninguna otra que he leído, no he leído muchas. La de Gamerro también me parece una elaboración más lateral, pero sumamente interesante respecto a que las Malvinas es algo roto en nuestras vidas.

Y quiero citar otras dos cosas más, para terminar, que son las que a mí más me gustan.

Una, el libro de Paul Groussac sobre Malvinas, que es un personaje que no es fácil pensar en la Argentina. Dije mucho lo de cipayo por un pequeño enojo personal y uno habla de estas cosas para tratar de que se le pase el enojo. Hay unos pavos que me han dicho cipayo por citar a Groussac. Bueno, son personas que no entienden qué está pasando en Argentina.

Groussac, por supuesto, fue un liberal, conservador, en el caso Dreyfus estuvo totalmente en contra de Dreyfus. En Francia, una porción muy importante de la vida literaria estuvo totalmente en contra de Dreyfus y una porción –con los grandes escritores de la época- minoritaria estuvo a favor de Dreyfus. Es el caso de Marcel Proust, que no le gustaba a Paul Groussac porque era alguien a quien no le gustaba nada, era enemigo del mundo, ataca a Víctor Hugo, a los Goncourt. No le gusta Proust evidentemente, pero tiene algo de Proust él, cuando rememora la historia Argentina, trae cosas de la modalidad francesa de la historia a la memoria, que son de profundo interés.

Escribe un libro sobre las Malvinas, hace muchísimos años, que es el primer libro documentado sobre los derechos argentinos. No lo problematizó tanto como lo hice yo, para Groussac está tan claro, porque surgen de los archivos históricos de España, de Francia y del lugar que se empezaba a llamar Argentina, a través de los balbuceos con los que se iba poniendo nombre a las cosas.

Ese libro es tan importante que le acrecienta su importancia el hecho de que es el libro de un liberal. No sería para nada asombroso que alguien que es un nacionalista, no liberal -y que sabe perfectamente bien que el liberalismo es una porquería, que entregó el país y demás- escribiera un libro diciendo “las Malvinas son argentinas”.

Yo estoy en condiciones de asegurar que para que las Malvinas se fusionen en un destino común con Argentina -vulgo: Malvinas argentinas, la recuperación de las Malvinas- el libro de Groussac es una pieza poderosísima, hoy, para el lector argentino y para el europeo y tanto es así que lo vamos a presentar en Francia y, con la colaboración de la embajadora argentina en Londres, Alicia Castro, también en Londres. Porque si uno es embajador argentino en Inglaterra hoy, no se puede dar el lujo de pensar livianamente y Alicia Castro no se da ese lujo, entonces lo sabe perfectamente bien. Ese lujo se lo dan las personas que acá, en Argentina, repiten viejos clichés, así que se van a apartar de cualquier pensamiento más profundo sobre el tema.

Entonces, el libro de Groussac es un poco la exposición que los invito a ver en el primer piso de la Biblioteca Nacional, ahí están los documentos originales, sobre todo los de Bouganville que son de 1750, en los que se basa Groussac. Son documentos emocionantes, incluso más interesantes que los que producen hoy los políticos argentinos que están involucrados en la causa de Malvinas. Estos documentos tienen argumentos, a veces, más interesantes. Si uno lee los argumentos de Manuel Moreno -el hermano de Mariano, que es el cónsul, el embajador argentino en Londres, mandado por Rosas-, todas las argumentaciones de Manuel Moreno a Groussac no le gustan, pero a mí me parecen exquisitas, son argumentaciones desde un presente universalista, del pensamiento del hermano que escribió los grandes textos en 1810.

Y después quiero citar un poema de Borges. El poema de Borges es un poema extraordinario y difícil también, que rehuye cualquier connotación en relación a tratar fácilmente el tema Malvinas. Malvinas es el alma desgarrada de un escritor cosmopolita y al mismo tiempo muy argentino. Jorge Abelardo Ramos había dicho que Jorge Luis Borges es un escritor inglés. Bueno, ese es un tema muy profundo, algo de inglés tiene Borges, evidentemente, en los temas que lo preocupan. No lo tiene en medias líneas, en cómo respira su lengua, una lengua enrarecidamente criolla, pero es absolutamente criolla en su rareza. Y tiene toques de barnices -seguramente algún lingüista podrá aclararlo mejor- de algunas sonoridades que vienen del inglés que es el idioma en el cual también se educó, simultáneamente al castellano.

Eso no lo hace menos interesante, lo hace mucho más interesante. Y todo este tema, no precisaba Ramos decir que era un escritor inglés, lo dice él en todos sus libros y cuando lo dice, lo dice en términos que el inglés es una forma de alteridad –dije ya muchas veces esta palabra, que es más bien del existencialismo que Borges odiaba- que hace mover al sujeto, que presuntamente tiene una identidad, de una manera mucho más creativa. Ese es el valor que tiene el poema “Juan López y John Ward”. En realidad es un poema totalmente delirante, pero si lo escribe es porque siente el absurdo de la guerra.

Y ese absurdo de la guerra es un elemento interesante también. Hay un tema de la guerra que es necesario decir que es absurda. La guerra es totalmente absurda.

El otro día lo escuchábamos al general Balza –es un general de formación liberal e interesante cómo relata la batalla, hay que escuchar un general narrando una batalla- y también dice que la guerra es absurda.

El general está obligado igual que Borges a decir que la guerra es absurda. O sea que por ese lado no vamos a obtener ninguna crítica interesante al poema de Borges, porque no dice “Malvinas argentinas”, dice “la nieve y la corrupción los albergaron” a Juan López, que era el argentino que había aprendido inglés para leer a Cherteston creo… a Conrad, perdón, justamente a Conrad, que es casi un historiador latinoamericano y John Ward, que había estudiado el castellano para leer al Quijote.

Juan López había estudiado en la calle Viamonte, donde daba clases Borges, la vieja Facultad de Filosofía y Letras, con lo cual no tenía edad para ser conscripto en las Malvinas. A lo mejor un oficial del ejército argentino que hubiera estudiado en la calle Viamonte al 400. No puede ser ese caso, no puede ser eso ¿no? No existía ese caso ni existe ahora tampoco. De modo que sólo podía ser un conscripto de 40 años… Tampoco era un conscripto, por más demorado que se hiciera la conscripción en esa época, con 40 años, no podía ser un conscripto.

Todo ese anacronismo de Borges es muy interesante porque son dos arquetipos nacionales que lo que tienen de profundo es que son dos arquetipos literarios. “La nieve y la corrupción los conocieron”, quizás no sea la mejor interpretación, pero es lo que más pudo acercarse Borges a algo que era escandaloso para él, la guerra entre Argentina e Inglaterra. Sin rebajar la noción de lo escandaloso y de lo absurdo que es una guerra, queda para nosotros y quizás para estas jornadas, ver qué intervención tiene el mundo retórico en la comprensión de esa guerra. Para mí también fue una guerra absolutamente innecesaria, como lo son todas las guerras, pero esta declaración del humanista no puede cegarnos al hecho de que las guerras tocan a nuestra puerta permanentemente y que muchas veces nuestros pensamientos son pensamientos de guerra.

En ese sentido me parece que hay un toque de atención, en la poesía de Borges, realmente interesante. No limita para nada los derechos argentinos sobre las Malvinas el hecho de que el máximo escritor de la lengua castellana se hubiera sentido sorprendido y se hubiera sentido acongojado. Son hechos a favor de los títulos que tiene la Argentina sobre las islas. No hubo un poeta inglés que escribiera eso mismo al revés.

De modo que esos títulos a favor pueden surgir de la práctica política, del pensamiento diplomático y surgen, exactamente, de los lugares donde se fabrica el idioma, o sea el lugar donde se discuten las metáforas, se descubren las biografías de cada uno en relación a las lecturas.

Por último, no sé si estoy interpretando lo que pensaban Liliana y también Frydman -me olvido que Frydman siempre colabora o es coorganizador de las jornadas- al darle este giro, pero es una introducción apenas, ya Liliana dirá lo suyo.

Al ponerla muy politizadamente –digo, Liliana- se me ocurrió que a todos nos “atraviesa” –esa palabra creo que se inventó en Argentina, en alguna facultad argentina se inventó- Malvinas de muchas maneras y elegí ponerle este tinte político, un poco inquieto por cómo escucho hablar del tema, cómo me escuché hablar a mí del tema y cómo escuché que estos personajes que mencioné, pavotes de la Argentina, se mueven apartándose si se quiere, mucho más de lo que acercando la cuestión Malvinas a lo que nos debe obligar, inevitablemente, a pensar de nuevo la Argentina, ese es el valor profundo que tiene, a pensarla otra vez. Muchas cosas obligan a pensar de nuevo a la Argentina: un corte de calle en la Villa 31… YPF obliga a pensar otra vez la Argentina. Los tres o cuatro grandes temas que hay hoy en la Argentina –Islas Malvinas es uno de ellos- es sólo bajo la condición que obliguen a pensar el país, que los podemos considerar propiedad de nuestro propio lenguaje.

Muchas Gracias
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14

similar:

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconDirección: Liliana Heer / Arturo Frydman

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconDirección: Liliana Heer / Arturo Frydman

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconLiliana cabañas patraca

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconLiliana Maria Cordoba Carmona

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconLiliana Lozano Vercouteren 4º diver

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconLiliana Bodoc: "Lo mágico es aquello que todavía no podemos explicar"

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconArturo Pérez-Reverte Indice 0

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconA. bibliografia di arturo pérez-reverte

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconH. Ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconPopulistas de izquierda a derecha Arturo Jiménez






Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
p.se-todo.com