Desde hace nueve años los hombres de ciencia han venido discutiendo sobre una nueva explicación de la desaparición de los dinosaurios 65 millones de años atrás






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fecha de publicación01.01.2016
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Texto científico

ARENA APLASTADA

Desde hace nueve años los hombres de ciencia han venido discutiendo sobre una nueva explicación de la desaparición de los dinosaurios 65 millones de años atrás. Pero esa cuestión parece haberse dilucidado al fin.

En 1980 se informó de que en una delgada capa de sedimentos de tal antigüedad había una desusada concentración de un metal raro, el iridio. Se sugirió que podía proceder de una colisión o impacto de un asteroide de tamaño apreciable o de un cometa con la Tierra. El impacto habría perforado la corteza, provocado la explosión volcánica, causado enormes incendios y aguajes y lanzado tanto polvo a la estratosfera que bloqueó durante largo tiempo la luz solar. Esto habría hecho perecer gran parte de la vida terrestre, incluidos todos los dinosaurios. No existe duda de que hace 65 millones de años hubo una “gran mortandad” y que se produjo una catástrofe, pero no todos los científicos estaban dispuestos a aceptar que era resultado de un gran impacto. En 1987, por ejemplo, se puso de relieve que si la Tierra sufrió súbitamente un período de vulcanismo explosivo, con numerosos volcanes en erupción más o menos simultáneamente, eso habría bastado para provocar una catástrofe de la envergadura suficiente para ocasionar las extinciones en masa.

El caso es que estas cosas han llegado a originar teorías en contraposición de “impacto frente a vulcanismo”.

La cuestión no es justamente académica, dado que podemos enfrentarnos de nuevo algún día a una u otra catástrofe (aun cuando, en el caso de un objeto que golpee la Tierra, quizá lleguemos a aprender el modo de prevenir el impacto). Necesitamos saber todo lo posible sobre los efectos de estos hechos para que podamos intentar planear alguna clase de medidas de emergencia, que se tomarían en el caso de enfrentarnos a tales fenómenos en el futuro.

En 1961 un científico soviético llamado S. M. Stishov descubrió que si se somete a gran presión el anhídrido de silicio (arena muy pura), sus átomos se ven forzados a agruparse estrechamente, con lo que el material se hace muy denso. Un centímetro cúbico de esta arena aplastada pesaba considerablemente más que la misma medida de arena corriente. Desde entonces se llamó “stishovita” a esa arena más densa.

La “stishovita” no es realmente estable. Los átomos se hallan muy juntos y tienden a separarse y a convertirse de nuevo en arena ordinaria. Sin embargo, se mantienen tan apretados que ese cambio tiene lugar muy lentamente, por lo que la “stishovita” puede conservarse como es durante millones de años.

Lo mismo pasa con los diamantes. Los átomos de carbono en los diamantes se encuentran apretados de modo tan inusitado que tienden a esparcirse y tornarse carbón negro corriente, pero también ese proceso requiere millones de años en condiciones normales.

Sin embargo, se puede acelerar ese cambio si se eleva suficientemente la temperatura, lo que añade energía a dos átomos y les permite separarse de sus vecinos y recobrar su configuración usual. Así, si se calienta “stishovita” a 850 grados centígrados durante treinta minutos, se transformará en arena corriente.

Por ejemplo, la “stishovita” se ha encontrado en lugares donde existen pruebas de que un meteorito de tamaño apreciable chocó en alguna ocasión contra el suelo. La gran presión del impacto formó la “stishovita”. Ésta se halló asimismo en sitios donde hubo explosiones nucleares experimentales. Las enormes presiones de una bola de fuego en expansión la generaron.

Parece cierto que la “stishovita” debe de darse igualmente a gran profundidad bajo la corteza terrestre, donde las presiones son extremadamente altas. En ese caso podría aflorar a la superficie por medio de las erupciones volcánicas. Sin embargo, esas erupciones son enormemente calientes y la roca está fundida. Cualquier “stishovita” que surgiera de un volcán se convertiría en anhídrido de silicio ordinario. Y en realidad nunca se ha detectado “stishovita” en lugares de actividad volcánica.

Pues bien, en marzo pasado John F. McHone y varios colaboradores de la Universidad del Estado de Arizona estudiaron capas rocosas en Raton (Nuevo México), capas que tenían 65 millones de años de antigüedad y que, por tanto, databan de la época en que desparecieron los dinosaurios.

Emplearon técnicas modernas para determinar los ordenamientos atómicos en materias sólidas –resonancia nuclear magnética, así como difracción de rayos X- y se dieron cuenta de haber detectado definidamente la clase de ordenamiento atómico hallado en la “stishovita”.

Eso parece indicar que hace 65 millones de años se produjo un gran impacto que formó toneladas de “stishovita”, la cual fue lanzada a la estratosfera antes de posarse en tierra. No fue la acción volcánica lo que mató a los dinosaurios, parece evidente; tuvo que ser el impacto.

Isaac ASIMOV.

MODELO DE COMENTARIO: “ARENA APLASTADA”, de Isaac Asimov

Nos hallamos frente a un texto científico, ya que persigue la explicación, de forma objetiva, del mundo y sus fenómenos; en este caso, el autor explica la causa de la desaparición de los dinosaurios.

El texto adopta la forma de un artículo científico difundido a través de la prensa, lo que justifica el uso de un nivel de uso de la lengua más accesible a un público muy heterogéneo, como lo es el lector de periódicos.

Asimov emplea las siguientes técnicas expresivas: en primer lugar, la exposición, ya que explica tanto la teoría del impacto como la del vulcanismo; en segundo lugar, la argumentación, puesto que aporta razones para probar la validez de su hipótesis (la “stishovita” se ha encontrado en lugares donde existen pruebas de que un meteorito de tamaño apreciable chocó en alguna ocasión contra el suelo, octavo párrafo); por último, la descripción objetiva, con el fin de que el lector comprenda el proceso que minuciosamente se le está explicando.

El texto es coherente porque toda la información gira sobre un mismo tema: la explicación de las causas que motivaron la desaparición de los dinosaurios. El contenido, además, avanza de forma progresiva: el escritor comienza explicando las diferentes teorías, avalándolas con distintos argumentos, para alcanzar la conclusión de que es la teoría del impacto sobre la Tierra la que, según su parecer, explicaría la verdadera causa de la desaparición de los dinosaurios.

El título, “Arena aplastada”, resulta escueto y sugerente, al tiempo que alude, por su denominación más popular, a la prueba más contundente para corraborar la tesis por la que se decanta Asimov: la “stishovita” como prueba de que fue el impacto lo que ocasionó la extinción de los dinosaurios.

En cuanto a su estructura externa, el texto se organiza en catorce párrafos de desigual extensión, pero con tendencia a la brevedad, para favorecer una lectura más amena por parte del receptor del artículo. Internamente, presenta tres apartados:

Introducción. Presenta la información conocida sobre el tema; en este caso, las dos teorías contrapuestas “impacto frente a vulcanismo” sobre el motivo de la desaparición de los dinosaurios (párrafos 1-4).

Desarrollo. Analiza la opción defendida por el autor, la teoría del impacto, e invalida la contraria, la del vulcanismo (párrafos 5-11).

Conclusión. Asimov aporta las razones determinantes para apoyar la hipótesis del “impacto” (párrafos 12-14).

Es un texto científico de carácter divulgativo, ya que se dirige a un público amplio y heterogéneo, con respecto al cual, el autor se sitúa en una posición superior en lo relativo a los conocimientos de la materia que trata, por lo que adapta su nivel de uso de la lengua al receptor heterogéneo de prensa.

El discurso científico, en su afán de objetividad, evita cualquier alusión personal, restringe el uso de adjetivos y recurre al empleo de oraciones enunciativas en modo indicativo (Desde hace nueve años los hombres de ciencia han venido discutiendo sobre una nueva explicación de la desaparición de los dinosaurios 65 millones de años atrás, primer párrafo); oraciones sin agente (En 1980 se informó de que en una delgada capa de sedimentos de tal antigüedad había una desusada concentración de un metal raro, el iridio, párrafo segundo); y la función informativa del lenguaje (primer párrafo, por ejemplo).

Asimov recurre a la autoridad de expertos para reforzar sus explicaciones: en marzo pasado John F. McHone y varios colaboradores de la Universidad del Estado de Arizona estudiaron capas rocosas en Raton (párrafo 12).

El empleo de un canal escrito para la difusión del discurso científico favorece la comprensión del texto al propiciar su relectura.

En cuanto a su estilo, Asimov se decanta por la sencillez, claridad y precisión para llegar más fácilmente al lector, como corrobora el orden lógico de su discurso y el predominio de oraciones coordinadas y yuxtapuestas. Destaca también la abundancia de tecnicismos del área científica (anhídrido de silicio, átomo, resonancia nuclear magnética, difracción de rayos X, etc.), así como el uso del tiempo verbal de presente con su valor expresivo de intemporalidad para dotar de mayor vigencia a la investigación realizada, así como para proporcionar la necesaria cohesión al texto.

En conclusión, se trata de texto claramente científico, no sólo por su temática, sino también por los rasgos lingüísticos reseñados.

Texto Humanístico

 Me permitiré, también, una reflexión previa. La palabra televisión se nos ha hecho ya tan usual como el instrumento, el artilugio, en el que tiene lugar ese ‘ver lejos’. Porque esto parece ser que significa la palabra: ver algo que no está en el espacio en el que tiene lugar nuestro acto de ver, nuestra visión.

‘Tele’ es un término griego, utilizado en otros neologismos, y quiere decir ‘lejos’, ‘alejado’, ‘distante’. Sin embargo, los elementos que componen la palabra ‘televisión’ ocultan una cierta ambigüedad. Lo que vemos por ese aparato que nos permite ver lo que ‘no estamos viendo’, o lo que vemos sin nuestro ‘estar’ coincida con el estar de aquello cuya representación nos aparece, no es un ver lejano. Lo que vemos está aquí, en el espacio en el que están nuestros ojos. La pantalla, que nos facilita la visión, se encuentra en el espacio donde está nuestro cuerpo. La lejanía significará, entonces, que aunque lo que vemos se hace presente en el mismo espacio en el que se hayan nuestros ojos, suponemos que su realidad, lo que no es mera imagen, su producción, está en otro sitio. Lo lejano no es, por consiguiente, un punto en el espacio ante el que nos situamos y que apenas distinguimos. Lo lejano es el reconocimiento de que eso que vemos no tiene su estar en el mismo lugar en el que lo estamos viendo.

Imágenes y palabras (fragmento) de Emilio Lledó

Nos hallamos sin duda ante un texto humanístico, el cual persigue el desarrollo, de forma subjetiva, de un pensamiento propio, que puede formar parte de lo que denominamos ensayo. Esto es, el fragmento propuesto pertenece al ámbito de la filosofía y desarrolla un estilo personal de exponer unas ideas propias, en este caso en torno al término ‘televisión’.

El texto adopta la forma de fragmento ensayístico difundido a través de una publicación del autor: Imágenes y palabras. Lógicamente nos hallamos ante un fragmento, y no ante la obra entera. Por ello, las ideas que hallamos están encaminadas, mediante la exposición, a argumentar una teoría.

Lo que llama la atención es el uso de 1ª pers., muy habitual en este tipo de textos, la cual desarrolla el artículo ensayístico con un uso propio de la dialéctica.

La modalidad presente en el fragmento escogido es la modalidad enunciativa, con cierto valor didáctico, en el sentido de que el autor trata por todos los medios de disertar en torno al término ‘televisión’.
 
Las funciones que imperan en el texto son la emotiva o expresiva y, en cierto sentido, la poética, dado que el autor del texto dilucida en torno al valor subjetivo de las palabras y su etimología.

La técnica de expresión  es la argumentación, con el fin de desarrollar unas ideas propias, en este caso en torno al término de origen griego ‘televisión’, y la enunciación.

En el texto hallamos las siguientes características generales:

a) Abundancia de sustantivos abstractos, dado que este tipo de textos son proclives a su uso extendido, como ‘lejanía’.

b) Estilo personal en el desarrollo de ideas.

c) Periodos sintácticos amplios, con gran uso de subordinadas sustantivas y adjetivas, y además preciso uso de la coordinación (adversativa y copulativa, sobre todo). En este texto también existen abundantes muestras de formas relativas presentadas con el pronombre ‘que’.

d) Uso de adjetivación especificativa, pero también explicativa.

e) Los rasgos esenciales del lenguaje atienden a características como subjetividad, claridad y precisión.

f) El vocabulario es amplio, culto y variado.

Es distintivo en este tipo de textos la coherencia del discurso. Ello se produce por el carácter enunciativo y descriptivo de las ideas del texto. Cada idea conlleva un desarrollo riguroso, tal y como observamos en los textos analíticos y sintéticos. En este caso son elucubraciones en torno al término ‘televisión’.

El canal empleado para la transmisión del contenido es el medio escrito, la edición de libros. Aunque podemos hallar este tipo de texto humanístico en artículos periodísticos u otros medios.

En relación con la adecuación, el emisor es el autor del texto, que debe exponer y argumentar un discurso claro y objetivo (subjetivo según qué términos). El receptor es quien lee el texto, generalmente un lector con una gran capacidad de entendimiento, al tratarse de textos filosóficos.

Desde el nivel morfosintáctico, hay multitud de recursos lingüísticos que afianzan la idea de texto humanístico.

-Dentro del uso de verbo, encontramos un gran empleo de verbos copulativos (sobre todo ‘es’), que tienen carácter enunciativo, y al tiempo es frecuente el uso de perífrasis verbales, usual en los textos tanto de carácter analítico como sintético (‘podrá ver’, ‘parece ser’, etc.).

-Tendencia a utilizar nexos relativos sustantivos (‘lo que’), que le sirve al autor para presentar inicios de frases con valor mediatizador (lo que ayuda para el desarrollo de razonamientos en torno al prefijo ‘tele’).

-Se tiende a la elipsis de elementos de la oración (sujeto, nexos, verbos, etc.).

-Llama la atención el poco uso que hace el autor de la adjetivación en este fragmento. La que utiliza es objetiva y descriptiva, con predominio de adjetivos especificativos: ‘griego’, ‘previa’, Aunque no es raro algún empleo de epíteto, con el fin expreso de enfatizar una palabra: ‘mera’.

-Empleo del determinante, sobre todo de ‘lo’, remarca el carácter neutro e impersonal de muchos términos: ‘lo lejano’.

-Llama la atención las abundantes formas relativas halladas en el texto, en particular en relación con el pronombre relativo QUE, el cual introduce subordinadas adjetivas o adjetivas sustantivadas, junto a nexos siempre relativos (‘lo que’). Todo ello es frecuente en textos de carácter humanístico que pretenden dejar claro la exposición de ideas.

Desde un punto de vista léxico-semántico, se observa que el vocabulario empleado es rico, culto y variado, con empleo de sustantivos abstractos (y términos sustantivados) como ‘lejanía’ o ‘lejano’, desde luego menos preciso que otros tipos de textos, como el científico, el jurídico o cierto periodístico. Al tratarse además de un texto que versa sobre el uso etimológico de una palabra, llama la atención la disertación del autor en torno a aspectos etimológicos del lenguaje.

Así pues, en cuanto a la conclusión de este comentario, diremos que el fragmento propuesto responde a forma de elocución habitual de los filósofos: exponer unas ideas y argumentarlas. No se trata de un texto completo, por lo que no hallamos un proceso especulativo completo: exposición, argumentación, tesis. Aún así se observan con claridad todas las características de los textos humanísticos.

Texto periodístico

SELECTIVIDAD

Los resultados de la prueba de selectividad de este año revelan, al menos en Cataluña, que la media de alumnos ha obtenido un suspenso en matemáticas aplicadas, en ciencias sociales, en lengua y literatura, en física y química. La estadística de que dispongo no indica qué asignatura es un coladero de tal calibre que ha permitido que el 87% de los alumnos presentados haya aprobado con una nota media de 5,8.

El fenómeno no es nuevo ni nos pilla desprevenidos y las voces que reiteran la gravedad de la situación lo hacen con aire desesperanzado. El mundo es cada día más competitivo y nosotros más incompetentes. Supongo que se refieren a nuestra incompetencia en el terreno de la ciencia y la tecnología, cosa que a mí me preocupa poco. Que la mayoría no pase el examen de química tiene una importancia relativa. Sólo se necesita un número determinado de químicos para atender las necesidades de la comunidad. Al resto nos basta con saber que el detergente de la lavadora no debe ingerirse.

Más preocupante es el pobre resultado obtenido por los estudiantes en el apartado de lengua, porque considero importantísimo que todo el mundo sea capaz de entender y expresar de palabra y por escrito ideas que vayan más allá de lo visceral y lo estrictamente deportivo, y esto, aunque nadie lo crea, sólo se aprende estudiando. Pensar que una cosa es hablar y escribir y otra distinta la gramática es un error muy extendido. Para comprobarlo sólo hay que acudir a los medios de difusión, donde advertirá que, aparte de algunos profesionales, el ciudadano se expresa como un protozoo. En el lenguaje oral, los gritos y los desplantes, algunos acentos locales, la imitación de defectos físicos y un casticismo barato disimulan la magnitud de la catástrofe. Por escrito, ni eso. Frente a esta situación, los políticos encogen sus anchos hombros. La enseñanza es un problema insoluble: alumnos reacios, profesores deprimidos, presupuesto insuficiente y un plan de estudios enmarañado e ineficaz. Sí, el resultado es malo, pero otros años fue peor. El mismo razonamiento que se aplica, por estas mismas fechas, a los incendios forestales. Y expuesto con un rigor y una elocuencia que en la prueba de selectividad sacaría, con suerte, un 3 pelado.

MENDOZA, Eduardo: Selectividad. EL PAÍS, 12-VII-2004.

MODELO DE COMENTARIO: “SELECTIVIDAD”, de Eduardo Mendoza

Nos encontramos frente a un texto periodístico, pues se caracteriza por transmitir la información de una manera inmediata (la fecha del texto demuestra esa inmediatez de la información en relación a los hechos contados o comentados), por tratar temas conectados con la realidad (en este caso, el pobre dominio de nuestra lengua demostrado por los resultados del examen de selectividad), y su intención de homogeneizar y orientar ideológicamente a los destinatarios (el autor claramente pretende convencernos de la necesidad de expresarnos correctamente).

En cuanto al género, el texto pertenece a los denominados de interpretación, ya que el periodista cuenta los hechos (malos resultados de Selectividad) y los comenta mostrando su preocupación sobre todo por el fracaso concreto en el área de lengua. Se trata, por consiguiente, de un artículo de opinión, concretamente una columna, dada su breve extensión en la que predomina la subjetividad del emisor (“considero importantísimo”, tercer párrafo) y una clara finalidad didáctica, pues el escritor nos invita a reflexionar sobre el mal uso que hacemos de nuestra lengua. Por otra parte, el artículo no se somete a una rígida estructura y está firmado por un escritor de renombre, ajeno suponemos a la plantilla del periódico en que aparece el texto y que mantiene el interés a lo largo del escrito.

El autor emplea la técnica expresiva de la exposición-argumentación, como corrobora el que informe sobre los hechos (el pésimo empleo de la lengua) y lo argumente (“Los resultados de la prueba de selectividad” , línea 1; “el ciudadano se expresa como un protozoo”, tercer párrafo). Como argumentaciones esenciales, recurre al apoyo proporcionado por las estadísticas (párrafo primero), a la analogía con el fracaso en otras áreas del saber (química, por ejemplo), a los ejemplos seleccionados de los medios de comunicación (tercer párrafo), a la desmotivación generalizada en el terreno de la enseñanza (tercer párrafo), etc. Son precisamente estas argumentaciones las que contribuyen también a dar coherencia y sentido al texto, ya que la defensa de la idea del autor se construye en torno a ellas.

Continuando con la coherencia, la tesis o tema defendido por el autor y que se constituye en el eje sobre el que gira todo el contenido del texto, se encuentra al principio del tercer párrafo, donde se defiende la necesidad de que todos sepamos entender y expresar correctamente las ideas y el único medio de aprenderlo es estudiando. En el presente caso, se han empleado como centro de interés de la información hechos culturales en relación con acontecimientos de actualidad (los resultados de selectividad).

La postura del autor ante el tema queda fijada ya en el primer párrafo como una mirada escéptica ante el dramático tema del mal empleo que hacemos de la lengua. Esta postura está presente en todo el texto e igualmente contribuye a darle coherencia.

El texto, estructurado externamente en tres párrafos de desigual extensión, se organiza internamente en tres apartados:

Planteamiento. Comprende todo el primer párrafo y nos informa de que, pese a los malos resultados generales de selectividad, los alumnos –gracias a alguna asignatura coladero- han obtenido una nota media de 5,8.

Desarrollo (párrafo segundo y casi la totalidad del tercero). El autor expone los posibles motivos de tan nefastos resultados y su preocupación por los mismos, sobre todo en lo que atañe a la lengua.

Conclusión (seis últimas líneas). El autor apela con desesperanza a los que únicamente podrían resolver tal situación: los políticos y todos los sectores implicados en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

El título escueto del escrito (“Selectividad”) alude a un hecho concreto que ha constituido el detonante para la reflexión expresada por el escritor; por tanto, está perfectamente relacionado con el texto y resulta muy significativo.

En cuanto a la propiedad textual de la adecuación, comenzaremos mencionando que el emisor del texto emplea la primera persona verbal (“la estadística de que dispongo”, párrafo primero) haciéndose presente en todo momento, y manifiesta su conocimiento del mundo mediante el empleo de datos tomados inmediatamente de la realidad (la estadística de selectividad, la situación en los centros de enseñanza, etc.), alusiones a diferentes áreas del saber (química, gramática…), el empleo de tecnicismos científicos (“protozoo”)… Este conocimiento del mundo se muestra también a través del empleo de una cita en estilo indirecto encubierto (“El mundo es cada día más competitivo y nosotros más incompetentes”, segundo párrafo), pues desaparece el verbo de lengua y se añade una expresión citativa (“las voces que reiteran la gravedad de la situación”, segundo párrafo).

El código está utilizado en su registro estándar, pues no presenta grandes variaciones sociales ni dialectales y se dirige, por tanto, a un lector muy heterogéneo, el lector de prensa, a quien aplica un tratamiento respetuoso que confiere al texto cierto grado de formalidad, como demuestra el uso de la tercera persona verbal en “advertirá” (tercer párrafo). En este sentido, se puede decir que existe adecuación entre el mensaje, el código y el registro lingüístico empleado.

El enfoque del autor es claramente subjetivo, tanto por la postura escéptica ante el tema, como por la selección de ejemplos que lleva a cabo (examen de selectividad, medios de comunicación…). Dicha postura subjetiva se manifiesta mediante distintos mecanismos de modalización: expresiones que denotan el grado de certeza con que se afirma lo dicho (“Que la mayoría no pase el examen de química tiene una importancia relativa”); la valoración negativa que hace de la realidad comentada mediante el léxico empleado (“Más preocupante es el pobre resultado…”); verbos volitivos en primera persona (“Al resto nos basta con saber…”); y la ironía presente en las últimas líneas del texto.

La función lingüística que predomina, además de la representativa (“Los resultados de la prueba de selectividad de este año revelan…”), es la expresiva, ya que el texto refleja las creencias y opiniones del autor (“Pensar que una cosa es hablar y escribir y otra distinta la gramática es un error muy extendido”).

El autor no utiliza muchos nexos ni marcadores para dar cohesión al texto. Para lograrla, ha recurrido fundamentalmente a los verbos en tiempo presente (“revelan”, “indica”, “es”, etc.). Además, emplea el párrafo partido, es decir, expresa una misma idea en dos párrafos unidos por expresiones de transición (“Más preocupante…”, que facilita visualmente la lectura apresurada del receptor de prensa. También encontramos la recurrencia presente en el sustantivo “fenómeno” que enlaza directamente con la curiosa contradicción expuesta en el primer párrafo; la repetición de la misma palabra (“resultados”). También sirve de cohesión el uso de deícticos de primera persona (“dispongo”, “me preocupa”, “considero”…), la deixis social presente en la alusión al receptor contenida en la palabra “advertirá” o la utilización del plural inclusivo (“El fenómeno no es nuevo ni nos pilla desprevenidos”) mediante el cual el emisor implica al destinatario en su propia opinión.

El estilo del autor está marcado por el uso de las siguientes figuras: estructuras paralelísticas de sustantivo más adjetivo (“en matemáticas aplicadas, en ciencias sociales”, “alumnos reacios, profesores deprimidos, presupuesto insuficiente” y bimembraciones (“en lengua y literatura, en física y química”), recursos ambos que, junto con el asíndeton o falta de nexo final contribuyen a prolongar en la mente del lector la enumeración de materias en las que los estudiantes han fracaso. También utiliza la metáfora “qué asignatura es un coladero” y la antítesis “el mundo es cada día más competitivo y nosotros más incompetentes” para expresar de forma plástica el contrasentido expuesto en el primer párrafo entre los resultados obtenidos en cada área y la nota media final. La comparación “el ciudadano se expresa como un protozoo” acentúa el nefasto uso que se hace de la lengua al identificar la expresión del ser humano con la de un animal microscópico, degradando mediante esta técnica esperpéntica a la persona que así se expresa.

El léxico se encuentra en consonancia con el tipo de registro utilizado que es el estándar, aunque con algún uso coloquial (“coladero”, “encogen sus anchos hombros”), mezcla característica del artículo de opinión. También es fundamental el empleo de oraciones enunciativas, como corresponde a un texto que pretende informar.

En conclusión, el texto es periodístico, es un artículo de opinión o columna, en la que el autor refleja asiduamente sus opiniones sobre los más diversos temas. En esta ocasión, refleja su preocupación por el deterioro y empobrecimiento de nuestra expresión lingüística. Se puede decir que el tema es de rigurosa actualidad, pues cuando se publica el texto apenas acaban de conocerse los resultados de selectividad y es este examen el que sirve como elemento de reflexión del mal uso que hacemos los hablantes de la lengua.

Texto tecnológico

El retroproyector

En el centro está la lámpara (1), cuya luz es conducida desde un reflector (2), que consigue una iluminación uniforme de la figura, hasta la lente fresnel (4). Esta lente fresnel concentra la luz, la conduce hasta la cabeza del objetivo (6). El sistema de lentes reúne la luz en el espejo inversor, que invierte la luz y la envía a la superficie de proyección. El ventilador (7) tiene por objeto enfriar la lámpara. La figura que se proyecta se enfoca con el mando (8) de la columna. La regulación de la altura de la figura se realiza basculando la cabeza del objetivo.

ARGÜESO, José Vicente: El Retroproyector. CEP Santander

Nos hallamos ante un texto elaborado con el registro tecnológico de la lengua, ya que nos informa sobre los aspectos que permiten a un usuario entender en qué consiste y cómo se utiliza un producto, concretamente un retroproyector.

En cuanto al género, el presente texto adopta la forma de unas instrucciones recogidas en el manual de uso que acompaña a un producto técnico.

La técnica de expresión empleada es la descripción objetiva, como corrobora la enumeración de las sucesivas partes que constituyen el aparato descrito, así como la presencia en el texto de las siguientes características:

a) El autor trata de dar una imagen verdadera y real del objeto, sin manifestar sus propias opiniones; de ahí, la casi inexistencia de adjetivos calificativos en el fragmento: En el centro está la lámpara (1), cuya luz es conducida desde un reflector (2), que consigue una iluminación uniforme de la figura, hasta la lente fresnel (4).

b) El lenguaje empleado es absolutamente denotativo, ya que el significado de las palabras hace referencia a la definición que de las mismas da el diccionario.

c) Precisión y exactitud rigurosa en el empleo de la lengua, así como minuciosa reproducción de los detalles: El sistema de lentes reúne la luz en el espejo inversor, que invierte la luz y la envía a la superficie de proyección.

d) Empleo de tecnicismos o palabras que poseen un sentido concreto y determinado dentro de la jerga propia del lenguaje tecnológico: reflector, lente fresnel…

e) Empleo de sustantivos concretos y adjetivos especificativos, necesarios para evitar ambigüedades significativas: iluminación uniforme, lente fresnel…

f) Uso indiscriminado de la tercera persona, favoreciendo con ello la impersonalización del texto: El ventilador (7) tiene por objeto enfriar la lámpara.

La coherencia del discurso viene determinada por el tema que constituye el eje del fragmento analizado: la descripción del funcionamiento de un retroproyector. La unidad interna del contenido se corrobora externamente con la existencia de un único párrafo.

En relación con la adecuación, el emisor es un individuo de un elevado nivel cultural, cuyas elecciones lingüísticas se realizan teniendo en cuenta que los destinatarios pertenecen a su mismo estatus sociocultural y, por tanto, el texto no posee un carácter divulgativo, sino especializado. Aún así, para facilitar la correcta comprensión de las instrucciones, cada elemento descrito va acompañado de un número que alude a una zona concreta de la ilustración que se adjunta al texto original.

La propia naturaleza del discurso tecnológico, en el que sólo tienen cabida los aspectos objetivos, hace que no aparezcan rasgos que aludan a lo personal. La utilización de la tercera persona verbal, de la función referencial del lenguaje, del modo indicativo verbal, así como de oraciones enunciativas, tiene como misión la de ocultar la participación del agente creando así una sensación de absoluta objetividad: La regulación de la altura de la figura se realiza basculando la cabeza del objetivo.

El canal empleado para la transmisión del contenido es el medio escrito, que permite la relectura del texto y la óptima comprensión de las instrucciones que recoge.

La cohesión del texto se garantiza con el uso, no sólo de abundantes repeticiones (lente, luz, figura), sino con el empleo de categorías verbales que remiten anafóricamente a elementos ya mencionados en el discurso: En el centro está la lámpara (1), cuya luz es conducida desde un reflector (2), que consigue una iluminación uniforme de la figura, hasta la lente fresnel (4).

En relación con el aspecto estilístico, abundan los términos técnicos (reflector, lente fresnel), que se caracterizan por su univocidad o monosemia, con el fin de garantizar la correcta interpretación de las instrucciones descritas. El procedimiento de formación de palabras más frecuente es el uso de determinadas sufijaciones: -ción (iluminación, proyección, regulación). La claridad y precisión se consiguen, además de con los tecnicismos ya mencionados, con el orden lógico que presenta el discurso: El sistema de lentes reúne la luz en el espejo inversor (sujeto + núcleo del predicado + complemento directo + complemento circunstancial). Predominan, además, las oraciones yuxtapuestas (Esta lente fresnel concentra la luz, la conduce hasta la cabeza del objetivo) y los enlaces explicativos (En el centro está la lámpara (1), cuya luz es conducida desde un reflector (2), que consigue una iluminación uniforme de la figura, hasta la lente fresnel). Con el fin de dotar de mayor vigencia o permanencia a las instrucciones dadas, se emplea el presente intemporal: está, consigue, concentra… Por último, la enumeración de las partes del retroproyector confiere al texto una mayor agilidad.

Nos hallamos, pues, ante un texto que presenta las características propias del discurso tecnológico (tercera persona verbal, objetividad, léxico específico…), dirigido a un lector no necesariamente especialista, aunque sí culto.

Texto jurídico

Artículo 18

1. Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.

2. El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito.

3. Se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial.

4. La ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos.

Artículo 19

Los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y a circular por el territorio nacional.

Asimismo, tienen derecho a entrar y salir libremente de España en los términos que la ley establezca. Este derecho no podrá ser limitado por motivos políticos o ideológicos.

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA
TÍTULO I. CAPITULO SEGUNDO.
SECCIÓN 1ª. De los derechos fundamentales y de las libertades públicas

Nos hallamos ante un texto jurídico, que persigue la exposición de unas leyes de forma objetiva, las cuales deben ser acatadas por todos los españoles. En concreto nos hallamos ante la enumeración de dos leyes -correlativas, 18 y 19- de la Constitución Española.

El texto adopta la forma de un artículo jurídico difundido a través de una publicación, lo que justifica el uso de un nivel de uso de la lengua absolutamente impersonal y, a la vez, comprensivo para el conjunto de los españoles.
Las funciones que imperan en el texto son la representativa y la apelativa.

El autor del texto, en este caso anónimo, dado que fue redactado por un conjunto de políticos, emplea las siguientes técnicas expresivas. En primer lugar, la exposición, dado que expone linealmente unas leyes cuyo propósito es legislar la sociedad española.

En segundo lugar, la descripción objetiva, con el fin de que el lector comprenda con claridad la ley anunciada. Además, el texto es enunciativo, pues en este caso observamos la  enumeración de una serie de leyes que integran, en su conjunto total, la Constitución Española.

En el texto hallamos las siguientes características:

a) Al carecer de autor, la exposición de leyes atiende a un carácter impersonal (‘Se garantiza’).

b) Se trata de un texto normativo (promulgación de leyes).

c) Ordenación lógica y progresiva del texto, aunque individualizada. La ordenación se produce en capítulos (leyes).

d) Se observa una objetividad mayor que en los textos científicos. Son leyes que hay que acatarlas.

e) Los rasgos esenciales del lenguaje atienden a estas características: objetivad, claridad y precisión.

La coherencia del discurso es absolutamente determinante. Ello se produce por el carácter enumerativo y descriptivo de las leyes expuestas. Cada propia ley, fuera del contexto general, posee su propia unidad interna. Esto significa que cada ley es independiente de otra. Conforma, pues, un proceso acumulativo de normas que rigen la sociedad.

En relación con la adecuación, el emisor es el poder legislativo, el cual debe proferir un discurso claro, objetivo y entendible por personas de todos los ámbitos sociolingüísticos. El receptor es aquella persona de nacionalidad española, la cual debe acatar las leyes promulgadas en ese fragmento incluido de la Constitución Española.

El canal empleado para la transmisión del contenido es el medio escrito (la constitución se edita en libro de papel, aunque también se halla ahora en soporte informático), que permite la relectura del texto y la óptima comprensión de las instrucciones que recoge.

Desde el nivel morfosintáctico, hay multitud de recursos lingüísticos que afianzan la idea de texto jurídico especializado.

-Dentro del uso de verbo, encontramos un empleo del futuro con valor imperativo (‘La ley limitará’). También es común el uso de presente atemporal (‘se garantiza’), dentro del empleo de la pasiva refleja, y próxima asimismo al valor impersonal (‘podrá hacerse’). Es muy oportuna además la presencia de continuas perífrasis verbales: ‘podrá ser’.

-Tendencia a colocar el pronombre ‘se’ de voz media tras el verbo (‘podrá hacerse’).

-Se tiende a la elipsis de elementos de la oración (sujeto, nexos, verbos, etc.).

-La adjetivación empleada es objetiva y descriptiva, con predominio de adjetivos especificativos: ‘personal y familiar’, ‘judicial’, ‘flagrante’, ‘nacional’, ‘político o ideológico’.

-Empleo del determinante: ‘ninguna’, “el, la, los…”.

-Uso de periodos sintácticos largos y complejos (con uso de la subordinación sustantiva y adjetiva), con la intención siempre de aclarar todo al detalle.

Desde un punto de vista léxico-semántico, se observa que el vocabulario empleado es rico y amplio, lleno de arcaísmos y latinismos herencia del Derecho Romano. A ello sumamos la precisión y univocidad de los términos empleados, así como tecnicismos (‘derecho al honor’) y expresiones técnicas especializadas (‘flagrante delito’).

Así pues, en definitiva nos hallamos ante un texto que presenta las características propias del discurso jurídico (impersonalidad, objetividad, léxico específico…), dirigido a cualquier ciudadano que se interese en leerlo.

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