Estudio historico y juridico del señor don emilio portes gil, procurador general de la republica






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LA LUCHA
ENTRE EL PODER
CIVIL Y EL CLERO


ESTUDIO HISTORICO Y JURIDICO DEL SEÑOR DON EMILIO PORTES GIL, PROCURADOR GENERAL DE LA REPUBLICA

MEXICO 1934

DICTAMEN DEL C. PROCURADOR GENERAL DE LA REPUBLICA LICENCIADO EMILIO PORTES GIL, RELATIVO A LA CONSIGNACION ENVIADA POR EL C. PRESIDENTE SUBSTITUTO CONSTITUCIONAL DE LA REPUBLICA, RESPECTO A LA LABOR SEDICIOSA DEL CLERO CATOLICO A PRETEXTO DE LA REFORMA AL ARTICULO 3º. DE LA CONSTITUCION FEDERAL DE MEXICO.

El C. Presidente Substituto Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, General Abelardo L. Rodríguez, en oficio de 30 de Octubre del presente año, se sirve denunciarme los siguientes hechos: "A pretexto del proyecto de reformas al artículo 3º. Constitucional que presentó al honorable Congreso de la Unión el Partido Nacional Revolucionario, y que fue ya aprobado tanto por la Cámara de Diputados como por la de Senadores, el Clero Cató­lico ha iniciado una franca campaña de sedición en la que revela claramente sus propósitos de llegar hasta la rebelión.-Esta actividad del Clero Católico no es nueva, ni constituye para los elementos revolucionarios y la Nación, una sorpresa, porque se trata de una persistente actitud histórica en que aprovechando cualquier coyuntura se pretende combatir todo princi­pio avanzado o toda conquista que el pueblo ha logrado arrancar por medio de las armas a su enemigo tradicional y secular, que cuando las circunstancias le son propicias, permanece agazapado, pero no inquieto, esperando un momento en que su falta de prestigio y la merma de su poder lo obligan a asumir actitudes que parecen decisivas.-Firme mi Gobierno en su criterio legalista pero al mismo tiempo inquebrantable en sus principios revolucionarios, no puede dejar pasar inadvertida la estéril agitación de las conciencias que ha provocado el clero católico y aun cuando (para fortuna del país) no puede considerarse que esas actividades constituyan ni siquiera una leve amenaza a la estabilidad del régimen y a la perdurabilidad de los principios de la revolución, ha juzgado conveniente que el Procurador General de la Re­pública, dentro de sus funciones constitucionales, se avoque al conocimiento de estos hechos para que proceda como corresponda contra las personas que resulten responsables, y que en la gran mayoría de los casos tienen una dudosa nacionalidad mexicana en razón al desem­peño de las funciones que conforme a su credo les corresponden, como dependiente de un órgano central de la Iglesia Católica.-En tal virtud, del presente oficio se servirá usted retirar las constancias y documentos que obran en mi poder, y que por sí solos son bastantes para fundar la intervención de la Procuraduría General de la República en ejercicio de facultades constitucionales, a efecto de que se sirva usted hacer el estudio de ellas y proceder a las con­signaciones que resulten. He de hacer constar, al hacer esta consignación que la actitud del Ejecutivo Federal y la mía personal, serán siempre de sostén y mantenimiento de las con­quistas de la revolución y de los principios constitucionales que las encarnan y que con la de­cisión y energía que las circunstancias requieran, obrará en contra de quienes pretendan alte­rar la paz pública o modificar nuestro régimen político y social, sin complacencias de nin­guna naturaleza, porque antes que todo estoy resuelto a asumir ante el pueblo las responsabi­lidades que los acontecimientos me deparen y a hacer honor, como siempre, a mis insospe­chados antecedentes de revolucionario sincero.-Reitero a usted las seguridades de mi atenta consideración".

TITULO PRIMERO

CAPITULO PRIMERO

Introducción.-Los propósitos del presente dictamen.-El Gobierno mexicano y su política en con­tra de los agitadores religiosos.-Los fines concretos del actual Estado mexicano.-Causas de la in­conformidad del Clero.-Su intervención delictuosa.-La Revolución Mexi­cana y la lucha contra el fanatismo.-La actuación de los religiosos en la Historia de Mé­xico.

La Procuraduría General de la República, de conformidad con los Articulo 102 de la Constitución Federal, Articulo lo. Fracciones I y II de la Ley Reglamentaria del mismo precepto Constitucional, y Artículos lo. fracción 1. 2 y 3, 113 y siguientes del Código Federal de Procedimientos Penales, se avocó el conocimiento de la consignación anterior, practicando cuidadosa­mente las diligencias necesarias para averiguar la existencia de los delitos, y las circunstancias en que hubieren sido cometidos y la responsabilidad penal de los inculpados, para resolver en definitiva sobre el ejercicio de la acción penal correspondiente.

Una vez que se ha concluido el periodo del procedimiento penal federal, que se han comprobado los elementos necesarios de todo proceso al cumplirse los requisitos establecidos por los artículos 16, 19, 20 y 21 de la Constitución Política, esta Depen­dencia Administrativa, teniendo en consideración la particular importancia que guarda este asunto, en el desarrollo normal de las Instituciones que realizan los fines del grupo social mexicano, ha estimado prudente exponer sucintamente la intervención de­lictuosa que tiene y ha tenido el clero católico en la República Mexicana para explicar este estado actual de las asociaciones y corporaciones religiosas denominadas iglesias, instituciones de hecho y desprovistas de personalidad, hay que recurrir a los datos de responsabilidad que arroja su actuación en el presente, que por su carácter violatorio de las disposiciones penales en vigor, es severamente castigada; y por la posición que guarda este problema en el desenvolvimiento histórico de la República que señala a una organización de carácter necesariamente espiritual, recurriendo a todo procedimiento indebido en su afán de posesionarse del mayor numero de elementos materiales estableciendo con la escla­vitud moral y material de las masas, la imposibilidad para cualquier organización política de emprender un vigoroso programa de gobierno.

Por esto se hace indispensable, para una plena justificación de la política que se ha establecido en contra de los grupos reli­giosos y de su labor subversiva, poner de relieve los vicios profundos que esa organización ha traído para nuestro país; esa misma organización que hoy protesta en contra de las adelantadas leyes mexicanas, olvidando que un justo anhelo de reivindicación política y social llevó al pueblo mexicano a la supresión de todos los fueros, que lo convertían en un pueblo tributario a un poder extraño, que no contento con haberlo despojado de todos sus bienes encadenaba todos los actos de su vida privada al amparo de fines interesados. Sobre este particular el señor Presidente de la República, con toda claridad y precisión, ha expuesto el problema: "La campaña que se ha venido desarrollando con toda intensidad y vigor para destruir los prejuicios religiosos que han dominado la educación en México, no puede considerarse como obra personal de ninguno de los funcionarios públicos, sino como la cristalización de un ansia popular y la realización practica de un principio revolucionario y de una tenden­cia social que estamos obligados a sostener, si queremos ser sinceros con nosotros mismos y con las ideas por cuyo triunfo he­mos luchado".

La actitud del clero católico, labor sediciosa, utópica y antipatriótica, cree que lo llevara a la restauración de un régimen exorbitante como fue el que vivió en el pasado, sin tener en consideración que en el presente ha fracasado frente a la nueva orga­nización del Estado moderno, que ya no circunscribe sus funciones a la creación del derecho, sino que por el contrario su efi­ciencia alcanza mucho más lejos e incluye toda la materia referente a la administración económica, política y cultural fijándose como uno de los fines concretos el desterrar el fanatismo. Por eso en el Estado mexicano los hombres de la Revolución, no pue­den permitir que se hunda el pueblo en la estupidez y en la pereza; En la primera porque hace del hombre una parte del rebaño, porque sacrifica con espíritu gregario todo conocimiento científico y toda verdad adquirida en la fuente real de la experiencia. Se habla de una acción religiosa con un fin perfectamente egoísta de acrecentar la fortuna del clero, elevar su poder político y per­mitir libremente el trafico indebido de los actos religiosos. En la pereza, porque la acumulación del capital en manos del clero lo aleja ruinosamente del país para sostener a un soberano extranjero, además de que los conventos, seminarios y otras agrupacio­nes son centros de indolencia, de holgazanería, de repetición de actos inútiles y lugares en donde se fomentan las supersticiones y mentiras que obscurecen el alma de la niñez, la enseñanza de la juventud y el criterio del hombre libre.

Las causas de la inconformidad del clero en México provienen en términos generales: de su inmensa fortuna y la enorme extensión de la propiedad territorial en poder de la Iglesia, desde la Colonia hasta nuestros días, contrarrestada enérgicamente por las Leyes de Reforma, la Constitución de 1917, las leyes que de ella dimanaron y la acción eficaz de los Gobiernos Revoluciona­rios; la conclusión de un régimen de privilegios y concesiones extraordinarias; la liberación de las conciencias oprimidas por un régimen opresor de fuerzas materiales, dogmas, amenazas y mentiras que integran un fanatismo obscurantista y torpe, que impe­día estudiar serenamente los problemas del Cosmos de acuerdo con los conocimientos aportados por las ciencias naturales y sociales; el reconocimiento de que sólo al Estado le incumbe ejercitar las atribuciones que tienden a realizar los fines de los pue­blos, impidiendo la intervención de obispos, frailes y demás religiosos, en todo asunto que sólo a los representantes de la Nación corresponde considerar; y por último la intervención del Estado orientando las conciencias de las masas, en el taller, en el campo y en la escuela, metodizando el estudio del conocimiento humano para un mejor aprovechamiento de los recursos naturales y una mejor satisfacción de las necesidades humanas, desarrollando el concepto de servicio publico y el de deber, para que todo ser humano coadyuve al cumplimiento de los fines individuales y sociales, no constituyendo un obstáculo en la realización del grato ideal, de una sociedad mejor organizada, humana, altruista y particularmente responsable; en unas palabras un noble esfuerzo de la Revolución Mexicana, que todos los pueblos de la tierra juzgaran justo, para dignificar y mejorar la vida del ciudadano y lle­var a un hálito de libertad y bienestar, un pedazo de tierra y una conciencia libre, al modesto campesino sepultado en la montaña o perdido en la extensión infinita de los campos.

La hora de las responsabilidades ha llegado para la Iglesia; el Estado Mexicano no puede permitir en ninguna forma la re­novación de una intervención delictuosa, provocada por el grupo religioso. En efecto recuérdese lo que indicaba el 25 de Julio de 1926 el Primer Magistrado de la Nación: "Absorbida como se hallaba totalmente la atención del Gobierno Federal, por los in­gentes problemas de la Administración y por la resolución de los graves asuntos que afectan al desarrollo de México, y en cum­plimiento de sus obligaciones internas y externas; no se acordaba del eterno enemigo; el mal clero católico mexicano y extran­jero en México, y los politicastros y agitadores que han medrado siempre a su nombre, cuando el Jefe de la Iglesia Católica, en el ultimo aniversario de la Constitución Federal que rige nuestro país, hizo reproducir o permitir que se reprodujera, un viejo do­cumento en que las cabezas del clero mexicano reconocían y repudiaban a la Constitución de la República"; ante esa actitud inconsecuente del clero, el alto funcionario expresó su determinación de que a cada nueva manifestación de animosidad u oposi­ción o estorbo a las tareas administrativas de su Gobierno, se traducirían forzosamente en nuevas medidas de represión para quienes no acaten o desconozcan las leyes de México.

Por definición, nuestro Código Político contiene los grandes principios que rigen la organización del Estado; y en conse­cuencia, el principio de que los grupos religiosos necesariamente deben subordinarse a la reglamentación del Poder político, constituye una de las bases de nuestro sistema Constitucional. Afirma Un publicista mexicano: "La lucha con el clero está de tal manera identificada con la esencia de los principios de la Revolución Mexicana, que no puede encontrarse en los últimos veinte años momento más importante de nuestra vida pública o actuación trascendental del régimen que no se ligue en forma más o menos directa con la lucha contra la Iglesia, su poder económico y el dominio sobre las conciencias logrado durante cuatro siglos de hegemonía casi absoluta".

En efecto, en este estudio histórico-juridico, será verdaderamente doloroso comprobar al recorrer las páginas de la Historia Patria un indefectible paralelismo entre las agitaciones de la actividad política del clero mexicano, en esto completamente dis­tinto del de todos los demás paises y religiones y el menor asomo de progreso, iniciativa de reforma o anhelo de evolución en cualquiera de los sectores en que el Gobierno tenia que encauzar su indispensable autoridad para procurar el mejoramiento o adelanto de las costumbres, la cultura o la civilización; pero muy especial y notoriamente cuando cualquier iniciativa de progreso afectaba en lo más mínimo a sus cuantiosos intereses que siempre ha defendido entrañable y profundamente, por encima de los más sagrados deberes, inclusive el de la nacionalidad y el de la patria.

CAPITULO SEGUNDO

La organización social mexicana.-Origen de la nacionalidad.-La bula Noverint Universaí.-La conquista española y situación de los grupos religiosos. Preponderancia económica y política de la Iglesia.-La conquista económica y la conquista espiritual.-La idolatría de los pueblos indígenas.-La esclavitud de la población mexicana.-El factor religioso como obs­táculo para el desarrollo del país.-El enorme dominio de la Iglesia.-La Inquisición.-La ex­pulsión de los jesuitas.-El patronato eclesiástico.-Los bienes de la Iglesia al finalizar el si­glo XVI.-Algunos documentos acerca de la actuación de los religiosos.-Disposiciones de las leyes de Indias que fundamentan lo expuesto.-Consideraciones finales.

La influencia poderosa de la tradición y de la historia, la identidad de aspiraciones y necesidades comunes, han unido a los mexicanos en la organización social de nuestros días, que aunque difiere étnica, cultural y políticamente de los grupos aborígenes y de la Nueva España, forman una serie histórica que los unifica.

El origen de la nacionalidad mexicana se encuentra en la fusión de razas que siguió a la conquista. Los indígenas que pobla­ron el Anahuac, es decir, la extensión de territorio comprendido en los lagos que ocuparon otras porciones del actual territorio de la República en los que más tarde el clero integró la arquidiócesis de México y la diócesis de Tlaxcala, Puebla, Michoacán, Nueva Galicia y Antequera, más parte de los antiguos territorios de la Audiencia de Guatemala, esos grupos de nativos, no pre­sentaban completa unidad étnica, ni política, ni otras características semejantes, sino que por el contrario eran grupos antagóni­cos, como Aztecas y Tlaxcaltecas, constituyendo una de las circunstancias mejor aprovechadas por los españoles, ya que la con­quista se realizó con los propios elementos de los conquistados.

La Bula o Breve Noverint Universi del Papa Alejandro VI, expedida el 4 de Mayo de 1493 (su texto en el Cedulario de Puga), resolvía el conflicto entre los derechos de España y Portugal respecto de las tierras que descubriesen, trazando una línea a cien leguas de las Azores y del Cabo Verde, debiendo pertenecer a España todo lo que descubriese al oeste de esta línea y de que no hubiese tornado posesión hasta el día de navidad de 1492 ninguna potencia cristiana y perteneciendo a Portugal todo lo que se descubriese al este de esa línea. Indica don Jacinto Pallares (Legislación Federal Complementaria del Derecho Civil Me­xicano, pág. VI), que "en la Edad Media había dos títulos para adquirir la soberanía de tierras conquistadas: uno consistía en que los pueblos conquistados fueran infieles, PUES ENTONCES ESTABAN FUERA DE TODO DERECHO, como lo consigna la Ley 24 Tit. 28 Part. 3a.; y el otro en la adjudicación hecha por el Papa a los soberanos. El primero de estos títulos fue combatido por D. Francisco Victoria en la Universidad de Salamanca; el otro era aceptado por casi todos los soberanos católicos: "Al dar a San Pedro, decía el Papa Gregorio VII, el derecho de atar y desatar en el cielo y en la tierra, Dios no ha exceptuado a nadie y nada ha quedado substraído a su soberanía. Dios ha investido al Papa de todos los principados, de todas las dominaciones del Universo, lo ha constituido señor de los Reyes del Mundo". Las falsas decretales de Isidoro, fuente apócrifa durante muchos siglos del poder Papal y de otros abusos eclesiásticos, contenían la supuesta donación de Constantino a favor del Papa de casi todo el Orbe conocido, muy particularmente de las Islas; y fundado en ello el Papa Urbano II decía en 1601: "quia religiosi Im­peratoris Constantini privilegio in jus propium Beato Pedro Ejusque sucesoribus occidentalis omnes ensulae condonatae sunt"; en ese mismo Código apócrifo se fundó Adriano IV para conceder a Enrique II de Inglaterra la soberanía de la Hibernia; El juris­consulto Bartolo enseñaba esta misma doctrina; en 1344 Clemente VI concedió a Luis de la Cerda la soberanía de las Islas Afor­tunadas; en el siglo XV el Rey de Portugal obtuvo del Papa Martín V la investidura de los descubrimientos que hiciese en 1452; Nicolás V concedió a Alfonso de Portugal el derecho de combatir, subyugar y reducir a esclavitud a los Sarracenos y a otros infieles; en 1454 amplió este derecho a todos los infieles de Africa; el 3 de Mayo de 1493 concedió el Papa a los Reyes de Es­paña, derechos análogos a los de los Portugueses; por ultimo la Bula de 4 de Mayo de 1493 se dictó probablemente a instancias del Embajador de España en Roma, Bula que dio lugar a varias cuestiones por las inexactitudes geográficas que contenía y que fue objeto de arreglos celebrados en Tordillas el 7 de Junio de 1594". El estudio de las circunstancias históricas que mediaron para la expedición de la Bula, la situación del Papado y de los países conquistadores, no proporcionan datos exactos para afirmar, como lo hacen los escritores católicos, que la Bula citada sea un esfuerzo de la Iglesia, para pacificar a América, evitando los serios conflictos entre los conquistadores No era suficiente el derecho de conquista y de ocupación para justificar plenamente el despojo de las tierras del nuevo continente, era necesario que una autoridad espiritual, encubriendo un interés material, decidiese sin derecho de ninguna especie, una controversia en la que era juez incompetente, en la que las partes debían de haber comenzado por reconocer o definir los derechos indiscutidos de los pobladores. Las consecuencias de la Bula fueron importantes: en virtud de esa falsa concesión, los reyes de España, declararon pertenecer, no a la Nación Española, sino a su Real patrimonio (Leyes 14 y relativas del Tít. 12, Libro 4o. de la Recopilación de Indias) las tierras de las Indias. No había otra ley que la de la conquista, las disposiciones protectoras para los indios fueron letra muerta; fueron escarnecidos por los encomenderos, frailes que sabían que la tierra sola no vale nada sin el esfuerzo del trabajador indígena, que estaba vinculado a la tierra, que no tenia derecho alguno y que realmente fue un esclavo, unido inexorablemente a las encomiendas y a los repartimientos. La concesión del Papa Alejandro VI implicaba la obligación de catolizar las poblaciones, concediéndole los diezmos y el patronato de todas las iglesias y de otras agrupaciones religiosas. Detrás de cada conquistador había un fraile a su servicio; para el Papa se abría un nuevo horizonte de riquezas fabulosas. Eran los primeros pasos en la desenfrenada codicia del clero que llegó a adquirir más tarde consideraciones asombrosas, para ruina de la Nación Mexicana.
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