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fecha de publicación07.02.2016
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Título: “Algunas consideraciones de la Educación Ambiental en el ideario de José Martí”.
Autores: Lic. Maivis Ginarte Durán.

Msc. Niobis de la Caridad Elías Vega.

Resumen.
La presente investigación aborda con enfoque multidisciplinario el tema relacionado con la Educación Ambiental en el ideario de José Martí con el propósito de iniciar una aproximación al problema de la interrelación entre los siguientes elementos: Educación, Información y Derecho y su expresión en la obra periodística, literaria y jurídica de José Martí. Para el logro de estos fines aplicamos una metódica combinatoria: análisis histórico, teórico – jurídico, y sociológico que constituyen instrumentos metodológicos para el tratamiento del tema. Los resultados a los que arribamos, luego de un análisis del tratamiento de la Educación Ambiental en el ideario pedagógico de José Martí, constituyen de gran importancia para lograr formar conciencia jurídica ambiental a través de principios universales de la Educación Ambiental que parten del pensamiento y la obra del Maestro este trabajo nos permite abordar la exégesis de tópicos escasamente tratados en debates académicos y científicos de la actualidad.
En este sentido se analiza la importancia que significa el examen del comportamiento de un sistema que constituye estrategia legislativa de trascendencia para dinamizar la formación de la cultura jurídica ambiental de las nuevas generaciones. Por los aspectos tratados esta investigación se dirige también a otras esferas de estudios de las Ciencias Sociales y Humanísticas y resulta de especial interés para el Derecho Cubano.


LA EDUCACIÓN AMBIENTAL EN EL IDEARIO DE JOSÉ MARTÍ”.

La conciencia ambiental no es un producto automático de las transformaciones estructurales. Ella hay que forjarla día a día en la práctica cotidiana, a través de la educación general y de la información nacional e internacional.
Una de las tareas más importantes de la labor educativa en los momentos actuales en un mundo amenazado por las grandes catástrofes ecológicas es la educación ambiental de todos los miembros de la sociedad, la formación de conceptos y principios medio ambientales, de convicciones ambientalistas y de un elevado desarrollo de cualidades políticas, ideológicas, sicológicas y morales que contribuyan al entendimiento de la realidad. Esta tarea está condicionada por el imperativo en la etapa actual de los diferentes niveles de discusión en torno al agravamiento para la subsistencia del hombre que han alcanzado los fenómenos del medio ambiente. Tal realidad requiere de una profunda transformación en el seno de la educación social de las masas para que alcancen una más completa y dinámica acción en el enfrentamiento a los impactos del medio ambiente.
El carácter profundo de esas transformaciones ambientales condiciona la magnitud y el volumen de la labor educativa. Lenin escribía: “... cuanto más profunda es la transformación que deseamos hacer, tanto más se debe elevar el interés por ella y la actitud consciente ante ella, tanto más se debe convencer de esa necesidad a nuevos millones y decenas de millones”.1


La formación de la conciencia ambiental no sólo presupone conocer a fondo los principios y características que rigen las relaciones del hombre con su entorno biofísico, las posibilidades que para la vida social de la especie significa la identificación con su espacio natural, así como la historia de sus vínculos con la naturaleza tanto en el terreno material como espiritual, sino también los instrumentos legales que amparan las conductas que dañan su espacio de existencia, de permanencia. Sin embargo, dicho proceso no se circunscribe a asimilar cierta suma de conocimientos científicos, es preciso tener plena conciencia de ellos, evaluarlos de acuerdo con la experiencia de la propia vida, con la orientación social, los destinos y proyectos de la vida de los individuos. Han de convertirse en convicciones internas, pasando a ser fuente, motivo, regulador de la conducta cotidiana y principio de actividad.
El origen del concepto de Educación Ambiental según investigadores norteamericanos se remonta a 1948 cuando fue utilizado en la Reunión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (IUCN), en la cual el señor Thomas Pritchad, de Inglaterra, reconoció la necesidad de una educación que involucrara los conocimientos de las ciencias naturales y sociales proponiendo que se denominara Educación Ambiental.
Algunos autores plantean que la actual conceptualización del término de Educación Ambiental es resultado de la evolución de otros conceptos tales como, estudio de la naturaleza o historia natural, educación para la naturaleza, educación al aire libre, educación para el manejo de recursos. Estas formas de educar sobre el ambiente desempeñaron un extraordinario papel en la formación de una cultura ambiental en los individuos, pero este enfoque resulta reduccionista al particularizar su estudio en determinados recursos naturales: bosques, agua, suelos, etcétera.
En 1978, científicos y políticos de diversos países se reunieron en el II Congreso Internacional de Ecología celebrado en Jerusalén y definieron la educación ambiental como “la que posibilita las vías para la compresión de la problemática medio ambiental, provocada por diversos factores, al brindar a las personas el acontecimiento del entendimiento de sus actividades hacía el prójimo y hacía su entorno biofísico y social” .2

Las cuestiones relativas a las necesidades de educar a los hombres y mujeres en relación con su entorno natural constituyeron centro de atención en el pensamiento de personalidades de ideas avanzadas que avizoraron los peligros de la creciente urbanización y modernización de los espacios vitales a los que se ha visto sometido el hombre contemporáneo como resultado de un vertiginoso avance de los adelantos científicos - técnicos. El eminente revolucionario cubano José Martí pedía que las escuelas formaran hombres independientes y desenvueltos, para lo que se hace necesario el conocimiento directo y práctico de la naturaleza. Decía él:
Esta educación directa y sana; esta aplicación de la inteligencia que inquiere a la naturaleza que responde; este empleo despreocupado de la mente en la investigación de todo lo que salta a ella, la estimula y le da modo de vida; este
pleno y equilibrado ejercicio del hombre de manera, que sea como de sí mismo puede ser, y no como los demás ya fueron; esta educación natural, quisiéramos para todos los países nuevos de la América. Y detrás de cada escuela un taller agrícola, a la lluvia y al sol, donde cada estudiante sembrase su árbol.3
En este ideario pedagógico pueden encontrarse las premisas de los fundamentos en los que se sostiene hoy la llamada Educación Ambiental y en los que se inspira el enunciado del Segundo Por Cuanto de la Ley No. 81, Ley cubana del Medio Ambiente, promulgada en 1997, que establece: “Las acciones ambientales en Cuba se sustentan en las concepciones martianas acerca de las relaciones del hombre con la naturaleza y en las ricas tradiciones que asocian nuestra historia con una cultura de la naturaleza”. 4
La idea de Martí de formar en el hombre el desarrollo de hábitos, habilidades, actitudes, capacidades para afrontar su propia realidad se fundamenta en su preocupación porque el hombre conociera la naturaleza, su entorno y fuera capaz de dar solución a los problemas de su región o país. Por esta razón, las ideas de Martí acerca de la Educación Ambiental son consideradas como contribuciones a la solución de los problemas específicos de los países latinoamericanos.
Como refiere el profesor cubano Ramón de Armas, José Martí sostuvo criterios halagüeños sobre el empleo de métodos científicos de enseñanza en Inglaterra, las innovaciones aplicadas a la educación universitaria en Estados Unidos y defendió y propugnó la incorporación del trabajo físico y manual a la actividad educativa. Sus planteamientos acerca de la validez y beneficio de estas creaciones muestran su aprecio, no sólo por el valor internacional que en su consideración tenían sino además porque podrían ser medios de solución adecuados a los problemas de los países económicamente rezagados, diferentes a los que denominados actualmente, países desarrollados e industriales. De ahí que parta de la idea de que los fines de la educación debían estar encaminados a fortalecer a los hombres, formarlos capaces de enfrentar los desafíos de la naturaleza e instruirlos en su utilización racional para beneficio de la sociedad. Sólo con el conocimiento de la misma se lograría preservar al ser humano y su propio hábitat, uno de sus planteamientos fundamentales en torno a su pensamiento pedagógico expresa: “La educación ha de ir a donde va la vida... La educación ha de dar los medios de resolver los problemas que la vida ha de presentar. Los grandes problemas humanos son: la conservación de la existencia, -y el logro de los medios de hacerla grata y pacífica”6.
Otro de los objetivos medulares que consideraba debía poseer la educación se resume en el siguiente pensamiento: “La educación debe tener como finalidad poner al hombre a la altura de su época”. Lo anterior significaba aportar al hombre conocimientos sobre la naturaleza para lo cual se necesitaba transformar el sistema de Educación en América Latina. Esta idea puede ser apreciada al analizar la importancia que alcanza dentro de su pensamiento la vinculación entre la Educación y el conocimiento de la Naturaleza. Así expresa:
(...)que haya escuelas donde se pueda ir a aprender ciencia, no es lo que ha de ser. Que se trueque de escolástico en científico el espíritu de la educación; que los cursos de enseñanza pública sean preparados y graduados de manera que desde la enseñanza primaria hasta la final y titular, la educación pública vaya desenvolviendo sin merma de los elementos espirituales, todos aquellos que se requieren para la aplicación inmediata de las fuerzas del hombre a la naturaleza.- Divorciar al hombre de la tierra, es un atentado monstruoso. Y eso es meramente escolástico: ese divorcio.-A las aves, alas; a los peces aletas; a los hombres que viven en la Naturaleza, el conocimiento de la Naturaleza: ésas son sus alas.7
Esta idea debe constituir un principio básico de la actual Educación Ambiental, pues el hombre urbano al separarse de la Naturaleza, al esta no formar parte de su cotidianeidad, no se siente identificado con ella, por lo que se necesita instrumentar un Sistema de Educación Ambiental que se inicie desde edades tempranas. Como el pedagogo soviético Sumjomlinski en su obra El Pensamiento Pedagógico expresa: “Ese mundo arrebatador de la naturaleza, los juegos, la belleza, la música, la fantasía, la creación que rodeaba al niño antes de ir a la escuela que no quede cerrado por la puerta de la clase. Las primeras lecciones de pensar no deben impartirse en el aula ante el encerado sino entre la naturaleza. La belleza de la naturaleza agudiza la percepción, despierta el pensamiento creativo, comunica a las palabras vivencias individuales”.8
José Martí supo avizorar esta problemática, al ser un hombre de del siglo XIX que vivió los efectos de la Revolución Industrial para el hombre y su entorno, al verse mediatizada la relación Hombre- Naturaleza por los adelantos científico- técnicos y su empleo capitalista. Por esta razón en su ideario pedagógico no sólo se aprecia su énfasis en lograr una educación relacionada con la Naturaleza para la conservación de la existencia humana, sino también como una forma de Educación

imprescindible para el progreso económico y social de los países latinoamericanos. Dijo: “¿No enseñareis a cabalgar al que ha de ser jinete del desierto? ¡Pues enseñad la Tierra, la Tierra viva, múltiple y palpitante, al que ha de vivir en ella y de ella! 9

También expresó:
En los pueblos que han de vivir de la agricultura, los Gobiernos tienen el deber de enseñar preferentemente el cultivo de los campos. Se está cometiendo en el sistema de educación en la América Latina un error gravísimo: en pueblos que viven casi por completo de los productos del campo, se educa exclusivamente a los hombres para la vida urbana, y no se les prepara para la vida campesina. Y como la vida urbana sólo existe a expensas y por virtud de la campestre, y de traficar en sus productos, resulta que con el actual sistema de educación se está creando un gran ejército de desocupados y desesperados, se está poniendo una cabeza de gigante a un cuerpo de hormiga. Y cada día, con la educación puramente literaria que se viene dando en nuestros países, se añade a la cabeza y se quita al cuerpo.10
La comunicación de estas ideas no se limitaron únicamente a sus reflexiones en torno al modelo educacional que consideraba debía regir la formación de las nuevas generaciones americanas sino que también lo vio integrado como factor estético de profunda influencia en la movilización de los sentimientos y emociones de sus contemporáneos. De ahí que notemos el énfasis de José Martí en la naturaleza, desde el punto de vista de las tendencias esenciales de su tiempo que estuvieron respaldadas por el fuerte ambiente espiritual creado por el Romanticismo en respuesta a la gran crisis económica social que sufrió la humanidad a consecuencia del advenimiento del orden capitalista y el predominio de lo material, objetual como valores esenciales del desarrollo del hombre. Hay que señalar que tales posiciones americanas habían sido ya advertidas por el gran poeta latinoamericano y cubano José María Heredia en quien Martí advirtió su aguda sensibilidad al expresar poéticamente la memoria auténtica de los sentimientos nacionales, desde una postura ambiental. No en balde Martí expresó a la muerte de Heredia: “En el sol, en la noche, en la tormenta, en la lluvia nocturna, en el océano, en el aire libre, buscaba frenético, más siempre dueño de sí, sus hermanos naturales”11. Recordemos que el cantor de “Oda al Niágara” refuerza en sus versos elementos que sitúan a sus contemporáneos fuera de la vida urbana, “civilizadora” y moderna que experimenta en EE.UU, durante su destierro. De modo que con ello imprime un sello contrapuesto, diferenciador de su visión sobre la nocividad de la avalancha tecnológica capitalista de manera ciega sobre el entorno natural. Su angustia fue interpretada y continuada por Martí convirtiéndola en estrategia de lucha desde su propia creación acentuando ese legado ideológico frente a un mundo de agresividad objetiva que amenazaba con la destrucción de los elementos esenciales de la existencia humana. El hecho de transformar en fuerza artística tales ideas sugiere el grado de preocupación y desasosiego espiritual que previeron ambos con suma exquisitez y profundidad.
La obra martiana tuvo también como antecedente a la del periodista, abogado y literato venezolano Andrés Bello, de ahí la coincidencia de ambos en los principios educacionales, sus concepciones sobre el Derecho Internacional y la obra literaria marcada por un gran carácter romántico, aunque al primero se le atribuye el mérito de ser forjador de un nuevo clasicismo y al segundo se le cataloga como poeta moderno, en ambos se patentiza el amor a la naturaleza.
Esta pasión de Bello hacia la naturaleza americana es comprensible, pues su atracción por las ciencias naturales creció seguramente mediante su relación con Humboldt y Bonpland en un histórico viaje que hicieron en 1799 a 1804 por nuestras tierras.
Son de recordar los poemas más reconocidos de Bello bajo el título “Las silvas americanas” donde refleja su visión objetiva de la naturaleza del continente al encontrarse añorando su tierra por su condición de exiliado. A través de sus poemas educó e inculcó el amor a la naturaleza, pues recordemos que en su conocido poema “Agricultura en la zona tórrida” hace un homenaje a la virtud del que labra la tierra como forma de subsistencia y halaga a la Naturaleza por darle este don al hombre del campo.
José Martí supo apreciar el valor de la obra de Bello y la continuó con decoro, enriqueciéndola, por eso no es extraño que expresara al referirse a Bello: “Y al elegir; de entre los grandes de América, -los fundadores- lo elijo a él”. En la obra literaria martiana está presente la Naturaleza como símbolo de nacionalidad e identidad, como legado de sus inspiradores.
Otra de sus contribuciones las realizó a través de su labor periodística, pues dentro de sus apreciaciones acerca de los fundamentales problemas humanos de su tiempo no pudo dejar de reflexionar acerca de un asunto tan apremiante como el medio ambiente, temática poco conocida en el siglo XIX y sólo abordada por algunos hombres de ciencia como el naturalista cubano Felipe Poey y el científico alemán Charles Darwin. Al primero, José Martí dedicó un artículo publicado en La América, Nueva York, en 1883, bajo el titulo “El libro de un cubano”. Es evidente el aprecio que tuvo Martí a la obra de este científico cubano, cuando escribe:
A una se maravillan todos los periódicos de la riqueza del Norte Antillano que rivaliza con la de la tierra de Las Antillas, del número sorprendente de averiguaciones propias, y especies descubiertas por el observador cubano.

Cuando descanse al fin de sus convulsiones- necesarias todas, pero de término seguro- la América que habla castellano- ¡qué semillero de maravillas no va a salir de la luz del sol ¡ Nuestras tierras son tan fecundas en oradores y en poetas, como en sabios. Ya va siendo notabilísimo en los poetas y oradores de nuestra raza el afán de hacerse hombres de ciencia. ¡Y hacen bien¡ Heredia debe estar templado de Caldas12
Dedicó importantes líneas periodísticas a Charles Darwin en la Opinión, en 1882 bajo el título “ Darwin ha muerto”, donde hace un comentario sobre su obra y la influencia que tuvo la Naturaleza americana en su pensamiento. La admiración de Martí es apreciable en las propias descripciones que hace de Darwin: “Su mirada era benévola, cual de aquellos que viven en trato fecundo con la Naturaleza, y su mano, blanda y afectuosa, como hecha a cuidar pájaros y plantas”13 Sobre la influencia de La América en la obra de Darwin apuntó: “El genio de este hombre dio flor en América; nuestro suelo lo incubó; nuestras maravillas lo avivaron; lo crearon nuestros bosques suntuosos; lo sacudió y puso en pie nuestra Naturaleza potentísima”.14
No sólo sus artículos periodísticos poseen el mérito de difundir la obra de los más afamados científicos naturalistas del mundo sino que también dirigió una parte de ellos a las curiosidades ambientales, en este sentido son destacables sus comentarios acerca de la tonalidad de las aguas de nuestro planeta, en la Revista la América en 1883, donde hace una descripción de las mismas:
Celebran los viajeros a la par el lago de Lucerna y de Génova: este por azul; aquel por verde. Verde es el Rin y azul el Ródano. El mismo mar es, verde aquí, azul allá, allá maravilloso. -Nuestras tierras, de cuyos márgenes se desprenden macizos de palmeras a saludar a los viajeros, han surgido de mares azules. -Un vapor de pasión penetra el alma cuando se cruza por la región azul del Golfo.- Ríos hay de un color oscuro a trechos, como de café con leche; tal el Missisipi que arrastra fango. El Sacondaga es amarillo. Negro se llama otro río porque lo es, y el río Salmón es incoloro15.

A través de su obra periodística trató de formar conciencia y educar al nuevo hombre latinoamericano para precaver los desastres naturales que podían producirse sino se preservaba el entorno, lo que se hace evidente en sus comentarios acerca del Congreso Forestal, donde llama la atención hacia el cuidado de patrimonio forestal: ” La cuestión vital de que hablamos es ésta: la conservación de los bosques, donde existen; el mejoramiento de ellos, donde existen mal; su creación donde no existen. Comarca sin árboles es pobre. Ciudad sin árboles es malsana”16. Alertó a la América llamándola a compararse con los países de Europa que presentaban una situación preocupante en relación con el cuidado de los bosques, de esta forma pretendía fortalecer la conciencia ambientalista latinoamericana en el siglo XIX. Fue fácil para Martí asumir esta labor teniendo en cuenta su evidente cultura en relación con el tema, lo cual es apreciable en el siguiente fragmento de uno de sus artículos, publicados en La Opinión Nacional en 1881:
Interesa a la América, tan rica en maderas descuidadas hoy, o destruidas en desmontes imprevisores o en cortes precipitados por la avaricia mercantil,- saber cuán rápidamente se consumen las maderas útiles de los bosques en Europa. El periódico de la sociedad de agricultores de Francia publica interesantes detalles de la riqueza forestal europea. Suecia y Noruega, que tanto pino exportan aún, tienen ya que comprar su roble de Polonia; los bosques rusos que antes poblaban las orillas del Báltico, en Finlandia, empobrecen con tal celeridad que cada diez acres de tierra del Imperio, sólo un acre es de bosque. Hay como treinta y cuatro millones de e acres de bosques en Alemania, de los que veinte millones están en Prusia, y que producen $ 50.000, 000 cada año. Prusia sólo gasta $500,000 anuales en el cuidado de los bosques del Estado, y en replantarlos y limpiarlos. Las exportaciones de madera son menores en dos millones de toneladas a las importaciones. 43 millones de acres forestales tiene Austria y Hungría; pero en el Austria propia del Estado sólo posee un siete por ciento del área de los bosques, y está obligada a comprar sus maderas a Bosnia y Montenegro: Servia y Rumania tienen selvas opulentas; pero Italia, por más que cuenta con cerca de 14 millones de acres de terreno boscal, saca de ellos mezquino provecho, por el mísero Estado de los caminos que llevan a sus bosques: casi es imposible remover de los bosques italianos las maderas cortadas. En España, hay un 8.500, 000 acres de selva; pero los ingenieros de montes y caminos creen con razón que esta riqueza está arruinada en España, y que se necesita urgentemente repoblar de árboles las montañas. Portugal, que cuida bien su pobre millón de acres, vende con muy buen éxito sus maderas17.

Las reflexiones hechas por Martí sobre el problema ecológico anunciaban la necesidad de un cambio de políticas estatales en el ámbito internacional para lograr una comunidad de intereses ambientales que tuvieran reconocimiento en el Derecho Internacional. Sólo así se podría solucionar el problema ambiental, pero todo ello se dificultaba por la condición de subdesarrollados de los países latinoamericanos en el siglo XIX y que se mantiene en la actualidad, continente históricamente sujeto a las presiones políticas de los países de un mayor desarrollo económico y tecnológico.

José Martí, a pesar de no haber ejercido como abogado, a partir de su formación como jurista, desarrolló una importante labor en el tratamiento jurídico del medio ambiente, pues en su pensamiento y en su obra estuvo presente un tema tan importante como lo que llamamos hoy Derecho Ambiental Internacional, desconocido en el siglo XIX y objeto de estudio y perfección en la actualidad. Su preocupación por las relaciones ambientales internacionales es evidente en un comentario que hace acerca de una noticia publicada por un periódico norteamericano Financier, en relación con un contrato que el gobierno mexicano realizó posiblemente con un contratista norteamericano para plantar dos millones de árboles en el valle de México. Alertando a los sujetos del contrato sobre la observación de las normas jurídicas protectoras de los recursos forestales. Apuntó:
Curioso ítem del documento es este, y muy celebrable:
El contratista se obliga a traducir cada año, durante cinco consecutivos, una buena obra alemana de arboricultura. Y como el gobierno de Alemania goza fama merecida de mirar paternalmente por el esplendor y crecimiento de los bosques de la tierra, y tiene para ello y hace cumplir, muy sabias leyes, también traducirá el contratista todas las leyes alemanas que se refieren al modo de preservar de talas salvajes o decaimientos ruinosos los bosques y montañas18.
Es evidente en José Martí la idea de la notable influencia que ejercía la naturaleza en el desarrollo integral del hombre, y sobre esta interrelación dijo: “En cada espíritu del hombre están, en cada espíritu del hombre, todas las etapas de la naturaleza”.19 Por esta razón llamó a la atención de su respeto a través del cumplimiento estricto de la ley natural y la ley jurídica, como medio de preservar su riqueza innata y la que ofrece para alimentar el conocimiento, el espíritu y la inevitable e insaciable necesidad del hombre de alimentarse de sus frutos. Al respecto apuntó: “ Quien quiera pueblos ha de invitar a los hombres a crear. Y quien crea, se respeta y se ve como fuerza de la naturaleza, a la que ostentar o privar de su albedrío fuera ilícito”20.

La integración de sus ideas pedagógicas en las distintas esferas profesionales: periodística, literaria y jurídica, fueron consolidándose hasta lograr conceptos universales que constituyen hoy principios de la Educación Ambiental como parte de la Formación Integral de las nuevas generaciones. Ellos son:
El principio estudio-trabajo:”Puesto que ha vivir viene el hombre, la educación ha de prepararlo para la vida. En la escuela se ha de aprender el manejo de las fuerzas con que en la vida se ha de luchar. Escuelas no debía decirse sino talleres. Y la pluma debía manejarse por la tarde en la escuela, pero por la mañana, la azada”.21
El principio de la cientificidad de la Educación: “La enseñanza primaria tiene que ser científica”. “Es necesario sustituir el espíritu literario de la educación al espíritu científico”. “ (...) hacer de modo que el elemento científico sea como el hueso del sistema de educación pública”. “Que la enseñanza científica vaya, como la sabia en los árboles, de la raíz al tope de la educación pública.-Que la enseñanza elemental sea ya elementalmente científica: que en vez de la historia de Josué, se enseñe la de la formación de la tierra”.22

El acceso de todos a la educación: se demuestra en el aprecio y elogio realizado por Martí desde 1882 sobre la obra filantrópica del inventor y millonario norteamericano Peter Cooper. “Este ha hecho casa de leer para, los trabajadores, ha fundado y costea un instituto donde el obrero tiene acceso a una educación adecuada, ha creado una institución benéfica para que los pobres lean libros y periódicos, y tengan cátedras de bien sentir y de bien pensar”23
La Educación debe estar en correspondencia con la época y debe tener en cuenta las particulariddes propias de cada región y país: ”Es criminal el divorcio entre la educación que se recibe en una época y la época”.24
La implementación de la Educación desde el nivel más bajo de enseñanza hasta los niveles superiores: “Debe ajustarse un programa nuevo de educación, que empiece en la escuela desde las primeras letras y acabe en una Universidad brillante y útil, en acuerdo con los tiempos, estado y aspiraciones de los países en que se enseña(...)”.25
En el Informe Final de la Conferencia Intergubernamental de Tibilsi celebrada en 1979 y auspiciada por la UNESCO en colaboración con el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y en el Tratado de Educación Ambiental hacia Sociedades Sustentables y de Responsabilidad Global aprobado en la Cumbre de Río`92 se recogen algunos principios de la Educación Ambiental que se encuentran en correspondencia con los planteados por José Martí. Entre ellos se encuentran:
Considerar el medio ambiente en su totalidad, incluyendo aspectos naturales y los creados por el hombre (económicos, sociales y culturales).

Debe ser un proceso continuo y permanente comenzado por el nivel más bajo de enseñanza y terminado en los niveles de enseñanzas formales e informales.

Establecer una relación entre la sensibilización por el medio ambiente, la adquisición de conocimientos, la aptitud para resolver problemas y la clasificación de los valores.

Debe tratar las cuestiones globales críticas, sus causas e interrelaciones en una perspectiva sistémica, en su contexto histórico y social.
Para lograr materializar las ideas de José Martí acerca de la Educación Ambiental es necesario retomar en las aulas, donde se trasmite e inculca el amor a la naturaleza, las ideas del Maestro de todos los tiempos, transformando en utilidad teórica y práctica la cultura ambientalista que iba dirigida a la formación de la conciencia ambiental del hombre latinoamericano, teniendo claro Martí que la Educación Ambiental debía estar en correspondencia con el entorno socio histórico de nuestros pueblos, en su pensamiento se conjugan los tres aspectos imprescindibles que deben regir toda estrategia encaminada a lograr la formación de la conciencia jurídica ambiental de las nuevas generaciones: la Educación, la Información y el Derecho. Pues, apliquemos en las aulas los principios e ideas pedagógicas propias de nuestras raíces y sólo así seremos mejores latinoamericanos y lograremos formar la conciencia ambiental de todos. Fue una alerta del Apóstol en el siglo XIX que debe tener respuesta en cada acción encaminada a lograr un futuro mejor.

QUEDA PROHIBIDA LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL DE ESTE ARTÍCULO SIN EL CONSENTIMIENTO DE LAS AUTORAS.

Datos de las autoras:

Lic. Maivis Ginarte Durán, profesora de Derecho Ambiental y Derecho Laboral en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba.

Msc. Niobis de la Caridad Elias Vega, profesora de Derecho Ambiental de la facultad de Derecho de la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba.

APARATO CRITICO
V.I. Lenin: VIII Congreso de los Soviet de toda Rusia, t42, p.140.

2 Martínez 1990, p.30-37.

3José Martí: "Trabajo Manual en las escuelas" en Obras Tomo 8, p.286.

4Ibid. "La América Grande", p.299

5Ley No. 81. Ley del medio Ambiente. G.O.O No. 7 de junio de 1997.

6 José Martí: “Educación Científica”. En Obres Completas, T.8, p.278.

7 Sumjonlinski: El Pensamiento Pedagógico, p.25.

8 José Martí: Obras Completas, T.13, p.53.

9 Loc. Cit 5, p.369.

10Ibid. T.13, p. 78.

11 Ibid. T.8, p.301.

12 Ibid. T.13, p.53.

13 Ibid. T.8, p.299

14 Ibid. T.13, p.47.

15 Ibid. T.8, p.303.

16Ibid. T.8, p.303.

17 Ibid.

18En: Curso de Medio Ambiente transmitido por la TVC.

19 Ibid. T.8, p.281.

20 Ibid. T.13, p.53.

21 Ibid. T.8, p.258.

22Ibid.

23. Ibid. T.8, p.281.

24.Ibid. T.8, p.299.

25. Ibid. T. 8, p.17.


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