Charla con ’Pablo Catatumbo’ e ’Iván Márquez’ Los líderes guerrilleros admiten que debe llegar el reconocimiento de las víctimas y el perdón






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Charla con ’Pablo Catatumbo’ e ’Iván Márquez’

Los líderes guerrilleros admiten que debe llegar el reconocimiento de las víctimas y el perdón

Marisol Gómez Giraldo / Lunes 27 de mayo de 2013 En esta conversación, los dos hombres fuertes de las Farc en los diálogos de paz de La Habana, ‘Pablo Catatumbo’ e ‘Iván Márquez’, dejaron salir un tema hasta ahora evitado públicamente por el grupo guerrillero: la necesidad de reconocer a las víctimas, de “lado y lado”, y pedir perdón.

A su debido tiempo, claro, se afanan a decir los dos. Y es ‘Catatumbo’ el que se arriesga a hablar de la manera en que entiende el tema esta guerrilla: no es a un pedido de perdón “unilateral” a lo que deben llevar estos diálogos, dice. (Lea también: Día clave para un histórico acuerdo sobre la tierra).

Lo afirma cuando les pregunto por el perdón que, a través de EL TIEMPO, les dio a las Farc Constanza Turbay Cote, la única sobreviviente de esta familia liberal del Caquetá, asesinada por el grupo guerrillero. Esto, en medio del debate entre el Procurador y el Fiscal por lo que debe o no perdonárseles a los jefes guerrilleros como resultado del proceso de paz.

‘Catatumbo’ –el hombre de los contactos que llevaron a los diálogos con el gobierno de Juan Manuel Santos– parece más dispuesto que ‘Márquez’ a dejarse ver por dentro, tanto en las respuestas formales como en la conversación informal.

‘Márquez’, el primero del Secretariado de las Farc en llegar a la negociación de paz, y quien al comienzo se oponía, parece evitar las palabras que dejen ver más allá del hombre político que es por esencia. Pero las deja salir sin prevenciones cuando la entrevista toma el rumbo de un diálogo informal.

¿Les dice algo el perdón de Constanza Turbay Cote a las Farc?

‘Márquez’ guarda silencio. ‘Catatumbo’ toma entonces la palabra: “A mí me parece un gesto de nobleza. Esta guerra nos ha tocado a todos. Por eso digo que cuando hablemos de victimarios, pongamos el rompecabezas en la mesa. El análisis unilateral en este tema olvida que todos somos víctimas del conflicto. La familia Turbay ha sido tocada y la nuestra también. Recuerde que una hermana mía fue asesinada por Carlos Castaño, un hermano murió en la guerrilla y yo fui torturado por el Ejército y por el Mas (Muerte a Secuestradores). ‘Iván’ (Márquez) tiene hermanos asesinados y cada uno en la delegación de las Farc tiene estas historias”.

En ese contexto, este proceso de paz tiene que pasar por un acto de contrición general. ¿Para cuándo ven las Farc ese momento?

“Dejemos que llegue a la mesa, pero este tema tiene que ser abordado, responde ‘Catatumbo’ antes de que ‘Márquez’ anote: “Todo tiene su tiempo” y “no debemos apresurarnos”.

‘Catatumbo’ vuelve al perdón de Constanza Turbay Cote para decir: “Ojalá todos tuviéramos esa actitud. Nosotros hemos dicho que no guardamos rencor personal contra ninguno. Por eso nos podemos sentar amablemente con dos generales que han sido duros en la confrontación”.

Se refiere a Jorge Enrique Mora Rangel, excomandante de las Fuerzas Militares, y Óscar Naranjo, exdirector de la Policía, que hacen parte de la delegación del Gobierno Nacional en los diálogos.

Ya que hablan de militares, ¿ven al final de este proceso también el perdón para los que han cometido ‘falsos positivos’?

‘Márquez’ insiste en que me adelanto a los temas. ‘Catatumbo’ vuelve a tomar la palabra: “Es que esta no es una confrontación alimentada por odios personales, es un problema político complejo, que no se resuelve con perdones. Si la paz se hiciera diciendo ‘yo pido perdón’, pues ya. Eso puede contribuir, pero no resuelve nada. Es un problema histórico y tiene que ser abordado desde esa óptica. De lo contrario, se llega a fines superficiales”.

Como ustedes me piden que no me adelante, vamos entonces a un tema que han mencionado esta semana, el de la participación política.

‘Márquez’ responde de inmediato que están listos: “Estamos preparados y comprometidos en llegar hasta la solución política del conflicto. Créanos cuando decimos eso. Y hacemos grandes esfuerzos por mantener la fe y la esperanza de la gente en que por fin vamos a tener la reconciliación”.

Pero la paz no es un acto de fe. Son los hechos los que cuentan...

“A la paz también hay que ponerle pasión, anhelo”, dice ‘Márquez’. ‘Catatumbo’ interviene para anotar: “Que nos dejen hacer política y verán que le explicamos al país todo esto”.

Precisamente, en el foro que hubo en Bogotá, movimientos y partidos coincidieron en pedir una reforma electoral que abra la participación política, pero ustedes insisten en una asamblea constituyente...

‘Márquez’: “Es la única fórmula que nos permitirá rodear de certezas el proceso de paz. Lo rodea también de legitimidad, la que le da el constituyente primario. El poder constituyente está por encima de los poderes internacionales que pretenden interferir en nuestros asuntos internos”.

¿Está pensando en la Corte Penal Internacional?

‘Márquez’: “A nosotros no nos desvela la Corte Penal Internacional”.

A ustedes solamente les da tranquilidad una asamblea constituyente, pero el presidente Santos no la considera y habla de refrendar los acuerdos con mecanismos como el referendo...

“Al final todos vamos a llegar a la constituyente”, afirma convencido ‘Iván Márquez’ y ‘Pablo Catatumbo’ lo respalda diciendo: “Por lomenos vamos a llegar a esa conclusión. Un referendo no es obligante, no da garantías de que los acuerdos de paz perduren. Una constituyente es un tratado”.

Pero no es tan segura como ustedes creen. La prueba es que la Constitución de 1991 ha sido cambiada varias veces. ‘Catatumbo’: “Porque en la Constitución del 91 no estuvo toda Colombia. Faltamos nosotros, tenga en cuenta ese detalle”.

De todas maneras la Constitución la cambian. Por ejemplo, el expresidente Álvaro Uribe logró modificarle un “articulito” para su reelección.

‘Catatumbo’: “¿Pero qué tal que la misma constituyente establezca unas normas pétreas? Algunas, no todas. Por eso le digo que no hay que adelantarse”.

El coco de los tiempos

A estas alturas del diálogo y para ratificar que, a pesar de las dudas del país sobre la voluntad de la guerrilla, “sí están comprometidas con la paz”, ‘Márquez’ cuenta que ellos están trabajando duro y durmiendo poco. “Para que vea: ¡Todos los días nos acostamos como a la una de la mañana y nos levantamos como a las 4!”, anota.

Fue ‘Márquez’ el que, desde su primer día en el proceso de paz, en Oslo, llegó diciendo que “la paz exprés solo conduce a precipicios”. Pero ‘Catatumbo’, el segundo del secretariado de las Farc en integrarse a la negociación, también pide tiempo para los diálogos.

Los dos jefes guerrilleros dicen no entender el afán del país por ver resultados del proceso de paz, que el domingo pasado completó seis meses sin un acuerdo en el primer punto de la agenda, tierras. Hoy, finalmente, habría un anuncio al respecto en Cuba (ver nota arriba).

‘Catatumbo’ se apura a explicar por qué, como afirma ‘Márquez’, no deben exigirles “la velocidad del Giro de Italia”.

“Cuando decimos que no a una paz exprés queremos decir que, si esto se arregla mal, seguiremos en lo mismo. Y eso no le sirve a Colombia. ¿Por qué hubo 47 guerras civiles en el siglo XIX? Porque se hacían arreglitos que no resolvían nada. Hay que hacer pedagogía para que la gente entienda esto. Por eso decimos que nos den tiempo”, añade ‘Catatumbo’.

Los dos ponen como ejemplos el proceso de paz de Guatemala (que duró 6 años), el de El Salvador (2 años y medio) y hasta el de Filipinas con la guerrilla musulmana (que lleva 15 años, con tres interrupciones graves). “Nosotros vamos a paso lento, pero firme y seguro”, remata ‘Márquez’, quien reclama, cada vez que puede, que el proceso de paz se haga con “la verdad pura y limpia”.

“Es la mejor manera de persuadir –argumenta–. ¿Para qué tanta estrategia y tanto artificio? Con las Farc no sirve eso. Que pongan la verdad sobre la mesa”. De pronto, ‘Márquez’ deja de comportarse como político y habla de su familia: “A mi mamá y a una hermana las secuestraron, en Neiva, gente de Inteligencia, y una hora y media después, en la vía a Flandes (Tolima), las montaron en un helicóptero, las llevaron a Urabá y se las entregaron a Carlos Castaño”. Fue para la época en que el jefe paramilitar secuestró también a la hermana de ‘Catatumbo’, que terminó muerta, y a un hermano de ‘Alfonso Cano’.

El jefe guerrillero también recoge los recuerdos sobre su hermano asesinado en Morelia (Caquetá): “Le sacaron los ojos, las uñas, y lo lanzaron por un puente”. Y termina diciendo: “Si vamos a hablar de víctimas, víctimas tenemos todos”.

De Marquetalia a La Habana: 49 años luchando por la paz

– 27/05/2013Posted in:

Las FARC-EP, con ocasión de cumplirse este 27 de mayo el 49 aniversario de nuestra fundación en Marquetalia, enviamos un saludo patriótico, revolucionario y fraternal al conjunto de las masas populares que luchan por la justicia en Colombia, Nuestra América y el mundo.

Nacimos como un puñado de mujeres y hombres del pueblo de Colombia, obligados por la brutal violencia ejercida en beneficio de minorías privilegiadas por el poder del Estado, a alzarse en armas en defensa de su vida, su dignidad y sus sueños. Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas, Hernando González Acosta y el resto de los 46 campesinos y 2 campesinas que suscribieron el Programa Agrario de los Guerrilleros en 1964, encarnaron con legendaria bravura la erupción de un sentimiento nacional de resistencia y denuncia contra el crimen, la impunidad y la intolerancia.

Las FARC-EP somos producto del crisol en que al calor del fuego y el filo de otras armas, la oligarquía colombiana pretendió entronizarse hasta la eternidad en la dirección del Estado. Viejos partidos compuestos por terratenientes y burgueses de distintas esferas, inspirados en la doctrina fascista de seguridad nacional, ensoberbecidos por el apoyo incondicional del gobierno de los Estados Unidos en su afán de dominio continental, se encargaron de hundir a Colombia en la horrible noche de muerte, persecución y terror que por desgracia aún no termina.

La guerra, la violencia y el miedo generalizado han sido siempre, a lo largo de la historia universal, instrumentos favoritos de los poderosos. Colombia no es una excepción. Para demostrarlo basta una mirada desapasionada sobre los acontecimientos que han bañado de sangre y dolor la vida de los más débiles y humildes desde los lejanos días de la conquista. O los sucesos que precipitaron en nuestra nación el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y la furia violenta del Estado que aún no cesa. En nuestro país, en los últimos 65 años, las víctimas no se cuentan por miles, sino por centenares de miles y por millones. Y toda la responsabilidad recae sin duda en las clases dominantes y sus ambiciosos partidos políticos, aunque se vistan de etiqueta y se laven con pulcritud las manos.

La tranquilidad del hogar, la concordia, los sentimientos de paz, han sido en cambio el más valioso patrimonio de las mujeres y los hombres que viven con sencillez del trabajo de sus manos. La guerra, toda guerra, consiste en un enfrentamiento desatado por los ricos en contra de los pobres. Las mejores tierras, los grandes proyectos de explotación de hidrocarburos, las concesiones mineras, las áreas urbanizables, todo cuanto representa un importante negocio, desata de inmediato las fieras hambrientas, con disimulo o sin él, contra los más pacíficos habitantes condenados a vender, marcharse o morir. La guerra incluye entonces el silencio y la mentira.

Las FARC-EP somos pueblo que enfrenta con armas las armas del poder y la riqueza. Sentimos por tanto el más inmenso aprecio por la paz que nos robaron, la paz que le robaron a Colombia los negociantes y politiqueros. Nunca hemos querido la guerra. Desde antes del ataque a Marquetalia, nuestros fundadores reclamaron ante el Estado, la Iglesia y la comunidad internacional por un diálogo. Nada detuvo la obsesión de los azuzadores enquistados en el parlamento y el gobierno. Durante estos 49 años siempre hemos luchado por una solución política al conflicto. Nuestro sueño más querido es que termine definitivamente esta guerra que desangra la patria.

Lo cual no equivale a arrojar los fierros al suelo y volver sumisos al redil, hay que atacar las causas del conflicto. Las clases dominantes en Colombia, los dueños tradicionales del poder y la fortuna, deben cesar para siempre sus conductas violentas, poner fin a sus prácticas intolerantes, desmontar sus aparatos de muerte y terror, permitir que en Colombia se instaure la democracia verdadera, que se proscriban la estigmatización y la amenaza, la persecución y el destierro, el crimen que garantiza con su impunidad la dominación por el miedo.

El pueblo colombiano, la gente trabajadora y humilde que soporta los rigores de la pobreza y es acosada por sicarios de diversa índole, la enorme masa a la que sólo se le ofrecen migajas a cambio de inclinar con mansedumbre la cerviz, tiene todo el derecho a organizarse políticamente, a expresar sus sentimientos de inconformidad y sus propuestas de cambio, a hacer política sin riesgo de ser asesinados. Las víctimas y opositores a la salvaje locomotora minera, los afectados de todo orden con los TLCs y las políticas neoliberales de despojo, deben contar con plenas garantías para el trabajo pacífico en torno a la abolición de esas atroces políticas contra la humanidad.

La guerra tiene que ser terminada. Lo está exigiendo en las calles la inmensa mayoría de colombianos. Para materializar en verdad ese objetivo, esos esfuerzos tienen que armonizarse y coordinarse, unirse de manera sólida y pronunciarse de manera enérgica. Será imposible poner fin definitivo a la guerra en nuestro país, si el bloque dominante de poder desconoce que la consecución de la paz implica profundas reformas, de carácter estructural, en las instituciones y en la vida nacional, sin las cuales no desaparecerán jamás las causas de la guerra. Lo comprendimos perfectamente las FARC-EP desde el primer intento de reconciliación en Casa Verde y nos mantenemos fieles a esa posición, la única que beneficia sin ningún interés a Colombia.

Si la oligarquía se niega a hacer los cambios, la enorme multitud del pueblo movilizado se encargará de imponerlos. Nuestro país atraviesa por un momento histórico y crucial. La nación colombiana no puede permanecer más en silencio, como simple espectadora de unos diálogos en el exterior y a la expectativa de sus resultados. Los foros celebrados en Bogotá en torno a la Política Agraria Integral y a la Participación Política, pusieron de presente el enorme caudal de posiciones coincidentes y la potencialidad de los anhelos por transformar nuestro país hacia una democracia verdadera, en paz y con justicia social. Pero no basta con ello.

La ponencia y el discurso no conmueven un ápice la conciencia de los personeros del régimen. Hace falta mucho más. Que se repitan una y otra vez movilizaciones como las del 9 de abril. Que el pueblo hable y se haga respetar. El no a la guerra tiene que ser un sí a la reforma agraria integral, un sí rotundo al freno de la locomotora minera, un sí rotundo a una Asamblea Nacional Constituyente que consagre efectivas garantías democráticas, un sí a la desmilitarización del territorio nacional, un sí a la prohibición de los garrotes del ESMAD, un sí a la justicia contra los responsables ocultos y visibles de los grandes crímenes contra el pueblo colombiano.

Las FARC-EP no íbamos a desechar de ningún modo los ofrecimientos del Presidente Santos en el sentido de intentar la vía de una solución civilizada y dialogada al conflicto colombiano. Cuando comenzó este gobierno, llevábamos 46 años combatiendo por ello. Sabíamos y sabemos, como recién ratificó en la prensa el Alto Comisionado de Paz, que las intenciones del régimen no eran otras que las de conseguir nuestro humillante sometimiento al precio de un aplastante encarnizamiento mediático. Pero un Ejército del Pueblo como el nuestro, que conoce el auténtico sentir de los colombianos, sabía que no había razones para temer. Poco a poco, lenta pero firmemente, se iría levantando un clamor muy distinto por la paz.

Hoy ya comienza a sentirse la fuerza de ese poderoso eco por todos los rincones del país. Ya Colombia entera expresa que la paz es el nombre de la justicia social. Ya la nación comprende que la fórmula santista de oponer un no rotundo a cuanto se le plantea en la Mesa, es un cebo hábilmente concebido para validar su entrega definitiva a los intereses del capital extranjero. La Agenda pactada en La Habana no servirá jamás, por parte de las FARC-EP, para endosar el imperio del neoliberalismo y santificar la dictadura civil en nuestras instituciones. No existen ningún tipo de acuerdos secretos como afirman algunos politiqueros con perversos propósitos.

Las FARC-EP creemos sincera y apasionadamente que la paz es posible, y que las circunstancias son abiertamente propicias para conseguirla. No tenemos la menor duda acerca de la importancia de la existencia de la Mesa de Conversaciones en Cuba. Se encarga de confirmárnoslo el plebiscito nacional e internacional de respaldo que recibimos a diario. Confiamos en que el pueblo colombiano avanzará sin parar hacia esa Mesa, para hacerse oír, y en que tanto él como la comunidad internacional se encargarán de blindar los diálogos para impedir que se rompan por parte del gobierno, una vez vea claro que las cosas no se van a dar como las planeó. Esta vez no podrán proceder como lo hicieron doblemente en Casa Verde, Tlaxcala o el Caguán.

Al tiempo que compartimos el regocijo de completar 49 años continuos de lucha por la paz, reconocemos el heroico esfuerzo de todas aquellas mujeres y hombres, ancianos y niños, que de una u otra manera han puesto su cuota de sacrificio en apoyo a nuestra lucha. Nuestros combatientes caídos en combate o encerrados en prisiones provinieron, al igual que todos los demás, de esa masa humana esperanzada y noble que con abnegación silenciosa lo ha arriesgado todo por nosotros. Nuestros muertos y heridos, nuestros prisioneros, nuestros guerrilleros y milicianos asediados por bombas y metralla, nuestros camaradas clandestinos, nuestros héroes extraditados, lo han entregado todo, sin ningún interés personal, por Colombia y su gente, por la paz y la justicia. A todos ellos, a todas ellas y a nuestro pueblo, un homenaje sincero en este nuevo aniversario.

¡Hemos jurado vencer!… ¡Y venceremos!

SECRETARIADO DEL ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP

Montañas de Colombia, 27 de mayo de 2013

Caso aparición del traidor histórico del MLN tupamaros luego de 40 años….

Jorge Zabalza (Uruguay)

26.May.13 :: Batalla de ideas

En Uruguay reaparece Amodio Pérez, un traidor tristemente “famoso”… ¿quién está detrás de él? ¿Con qué objetivos reaparece? ¿Qué operación de guerra psicológica guía el regreso de este traidor?

Desde 1968 a 1972 Alicia Rey Morales y Héctor Amodio Pérez integraron diferentes organismos de dirección del movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros). Fueron de los cuadros más importantes del movimiento guerrillero, organizaron la columna 15 que fue la que demostró mayor eficiencia y capacidad operativa, comandaron y participaron en muchas de las operaciones de mayor trascendencia, tomaron decisiones que afectaron la vida y la muerte de muchas personas. Hoy se muestran como inocentes de toda responsabilidad, como si nunca tuvieron nada que ver con el “accionismo”, el “sancionismo” y el “militarismo”, los males que determinaron la debacle del MLN (T) y en los cuales esta parejita tuvo muchísmo que ver.

El 16 de marzo de 1972 luego que se comproboran una serie de maniobras que realizó para impedir que Raúl Sendic y Eleuterio Fernández Huidobro integraran la dirección del Movimiento, Héctor Amodio pidió ser enviado a Chile y hacerse cargo de la columna organizada en ese país por quienes allí estaban refugiados. Se resolvió “sacarlo” a Chile pero sin ningún tipo de responsabilidad. Implícitamente se lo estaba dando de “baja” de la organización y alejándolo del teatro de operaciones por tener dudas sobre cual podría se su reacción en caso de ser apresado. No fueron diferencias políticas el motivo de su separación del MLN(T), fue él susto.

El 25 de mayo de 1972 Amodio fue detenido por tropas del Batallón Florida y, según relata, se tragó todas las pastillas de “Vallium” que usaba diariamente para calmar sus nervios. Al despertar en la camilla de la enfermería, se encontró con el teniente segundo Armando Méndez, que por ser hijo del general homónimo tenía mucho peso en la cadena de mando de la unidad. Rápidamente llegaron a un acuerdo: a cambio de organizar el caos de información amontonada en el despacho de la recién nacida OCOA, serían dejado en libertad el matrimonio. Es de remarcar que en ninguna de sus extensas cartas dice haber sido interrogado bajo tortura, no pasó por las barbaridades que sufrieron todas y todos, no se quebró en la tortura. Amodio dice que lo hizo por amor a Alicia Rey Morales, que traicionó para salvarla de la tortura. Al parecer no tenïa ningún sentimiento hacia quienes mandó a la tortura y la muerte. Desde que fundaron el movimiento guerrillero, Alicia y Amodio sabían a qué peligros se exponían, no eran una parejita de ingenuos quinceañeros. Si algún día llego a traicionar a los demás para salvar a Veronika, estoy seguro que ella me deja de amar.

Armando Méndez consultó al general Cristi, comandante de la Región No. 1, la más poderosa del Uruguay, quién autorizó lo solicitado por el subalterno. Evidentemente el mando adjudicaba al trabajo realizado por la pareja la importancia suficiente para correr el riesgo de otorgar esa mini-amnistía clandestina e ilegal. Alicia y Amodio sistematizaron la información para que pudiera ser utilizada en perseguir, detener y torturar a miles de personas. Sin Amodio la OCOA no habría sido tan efectiva o, por lo menos, habría demorado bastante más en disponer del archivo que necesitaba para cometer sus crímenes contra la humanidad y, tal vez, mucha gente estaría viva todavía. En sus cartas Amodio resta importancia al accionar de OCOA, pasa por alto la historia de los desaparecidos y asesinados en la Cuenca del Plata, le hace un servicio ideológico a sus compinches del terrorismo de estado.

La primera tarea que realizó Amodio para la OCOA fue de espionaje a sus propios compañeros. Lo metieron en la celda donde estaban Adolfo Wassen y Rodolfo Wolf. Un drama digno de la pluma de Shakespeare: dos prisioneros, torturados hasta el cansancio por los verdugos, confían ciegamente en un tercer prisionero, sin saber que éste último está asociado con los torturadores. Cuenta Samuel Blixen en su libro “Sendic”: “Amodio no sabe dónde está el local de la cárcel del pueblo, sí sabe que Rodolfo Wolf conoce el lugar. Héctor (nombre de guerra de Wolf) aguanta la tortura hasta el límite de sus fuerzas y los torturadores temen un ataque al corazón o un intento de suicidio, con lo que perderían preciosa información. Entonces Amodio, que lleva años militando junto con Wolf, lo convence de que es necesario aportar la información, que hay una negociación y que todo depende de que se rescate a los prisioneros con vida. Wolf no sospecha. Mantiene por su jefe el respeto y la admiración surgidos en la intensa militancia en la que ambos se han jugado la vida muchas veces. Y le revela el secreto. El 27 de mayo el ejército rodea la casa de la calle Juan Paullier; la ama de casa que da cobertura avisa desesperadamente a los cuatro tupamaros que están de custodia en la pieza subterránea ubicada debajo del garaje, que el ejército sabe que allí están los prisioneros y que Amodio quiere hablar con ellos antes de que se cumpla la orden prevista de ejecución en caso de allanamiento”. A dos días de ser detenido, Héctor Amodio Pérez cosechó su primer éxito en su carrera de traidor. Entregada la cárcel del pueblo y prontos los archivos de la OCOA, Amodio había ganado su libertad pero, para disfrutar de ella necesitaba las treinta monedas. Debía vender algo más. Conspirando con Armando Méndez y otros de los oficiales del “Florida”, en setiembre de 1972 logró entrevistarse nueve horas con el periodista Federico Fassano. Le entregó un manuscrito para editar un libro con la “verdadera historia del MLN (T)”, presumiendo que los derechos de autor serían suficientes para cubrir sus gastos en el exterior. En su historia acusaba a Wilson Ferreira Aldunate, Enrique Erro, Zelmar Michelini, Liber Seregni y Héctor Gutiérrez Ruiz de estar vinculados al MLN(T). Falsedad total. Además de traidor, mentiroso. Las acusaciones vinieron como anillo al dedo a los generales Cristi y Gregorio Álvarez para desprestigiar los parlamentarios y servir de excusa al golpe de Estado en desarrollo. Esta conspiración entre los capitanes, Amodio y los generales golpistas se hizo a espaldas del comandante del ejército general César Martínez y del jefe de inteligencia Ramón Trabal. Orgulloso de estar sumergido en toda esa mierda, Amodio confió a Fassano que estaba participando en los actos preparatorios del golpe militar. Fassano informó de inmediato a Seregni y a Wilson de la amenaza y éste lo denunció al presidente Juan María Bordaberry. La ejecución del plan golpista quedó postergada por unas semanas.

Reenganche

Cuarenta años después, Amodio reengancha en la vida política con otra “historia verdadera”, una serie de anécdotas inconexas destinadas a justificar su cobardía. Sin embargo en ella confiesa que militó en la OCOA y que salía uniformado de patrullaje. Hasta ahora las pruebas de la traición, eran los testimonios de sus víctimas, pero su confesión descarada releva de toda prueba. Es un traidor confeso. Miente cuando dice que se ponían uniformes a todos los que eran conducidos al Hospital Militar o el Juzgado Militar. Miente cuando dice que nadie lo acusa de haberlo “marcado”: Julio Marenales lo reconoció cuando lo detuvieron y le lanzó una granada que no explotó. Héctor Amodio Pérez debe presentarse en un juzgado penal para hacerse cargo de su complicidad en los crímenes cometidos por la OCOA.Tal vez debiera incluso declarar en la causa del Plan Cóndor en Buenos Aires pues la OCOA fue el instrumento uruguayo del terrorismo regional.

Traición y mentira es el contexto ético y moral de su reaparición en el escenario político. La historia que Amodio cuenta es la historia contada por un traidor mentiroso. Amodio relata varios episodios inconexos para justificar su cobardía y enlodar al movimiento revolucionario. Por supuesto, la historia del MLN(T) tuvo sus claros y oscuros, como todas las historias de las revoluciones en el Uruguay y en América Latina. La historia la hace las mujeres y los hombres con sus pequeñeces y miserias. El Partido Nacional fue fundado por alguien apodado el “degollador” y tuvo entre sus héroes a Antonio Floricio Saravia, el “Chiquito”, que con la mejor de las intenciones cometió una atrcidad en casa de la familia Muniz y para reivindicar su condción humana cargó a pecho descubierto hasta que lo mataron. Del Partido Colorado mejor ni hablar, toda su historia está tachonada de intrigas, golpes militares, asesinatos y genocidio.

La historia de los tupamaros está iluminada por el heroísmo de las compañeras y los compañeros. La falsficación que hace Amodio es perversa, en particular con la memoria de Raúl Sendic y Adolfo Wassen, que no pueden defenderse y que durante once años fueron sometidos a condiciones de aislamiento y a un hostigamiento permanente. Mientras el traidor disfrutaba de su mal habida libertad, los médicos militares dejaron morir a Wassen aquejado por un cáncer que podía haber sido controlado. Las cartas de Amodio tienen la mira puesta en desprestigiar la memoria de Raúl Sendic y de todos los revolucionarios, presentándolos como seres despreciables, capaces de las peores aberraciones. Las cartas de Amodio son la continuación de aquellos enormes libracos infames dirigidos a “la Nación”, que publicaron las fuerzas armadas en los setenta. Están claramente dirigidas a desalentar los jóvenes que hoy día mantienen aspiraciones y esperanzas revolucionarias. Es un operativo para espantar el fantasma que siempre acosa a los sectores más reaccionarios, la idea de una revolución socialista. No parece que Amodio acometa esta empresa sin compañía… quiénes serán sus socios en esta nueva “operación enchastre” tan parecida a la 1972?. Cuántas serán las monedas que le redituará su reaparición?

Hay periodistas que saludan con alborozo que “ahora sí se sabrá la verdad sobre la sórdida historia de los tupamaros”. Tal vez a muchos de ellos les pase desapercibido que la traición y la mentira son la materia prima de la versión Amodio y acompañan su jueguito de mosqueta. Por supuesto habrá otros periodistas que comparten con Amodio el odio a la revolución y a los tupamaros y se ubican en la misma trinchera que Héctor Amodio Pérez. Para ellos su traición no fue traición sino simplemente treparse al carro de los “buenos”, del terrorismo de estado necesario para impedir que la patria cayera en manos de la subversión y el comunismo. En ese marco ideológico comienzan a agitar nuevamente los casos de Pascasio Baez y Roque Arteche, como otros los agitaron en las radios, la tele y las tapas de los diarios durante toda la dictadura, como lo hicieron en 1987 todos los medios de comunicación para hacer campaña por la Impunidad de los criminales. El de Baez y el de Arteche fueron homicidios injustificables y por ellos pagaron en tortura y verdugueo varios hermanos y hermanas míos, bastante los persiguieron, algunos enloquecieron, otros murieron en prisión. No son de “lesa humanidad” como dije cuando Gabriel Pereira me puso en la mira de Amodio. Para ser tales debe cometerlos el Estado, pero están sirviendo de punto de apoyo para quienes quieren transformar las luchas heroicas del pueblo en una sórdida historia de crímenes y resentimientos. No se hace la historia de los 700 torturados que pasaron por Artillería No. 1, entre las cuales abundaron las actitudes heroicas, sino que se escribe una novela sobre el coronel Agosto y los cinco compañeros que colaboraron con los milicos. Es la ideología del sistema que apunta la mira del que escribe, que no rescata el marco entero sino la parte más miserable de los hechos.

Lamentablemente el siglo XXI ha parido un montón de ex-guerrilleros que no tienen el más mínimo interés en rescatr la historia de la revolución, más bien desean fervorosamente enterrarla y que la gente que los vota olvide que alguna vez fueron revolucionarios. Calculan en votos perdidos o ganados, tiemblan cuando ocurren imprevistos de este tipo. Frente a la “operación enchastre” que inician las cartas de Amodio, ignorarlas no parece la respuesta más conveniente; el que calla otorga y tal vez tenga miedo que salgan otras verdades a luz. Hay que mostrar las patas de la sota para que no prosperen la mentira, las dudas y la confusión; es, además, una oportunidad concreta para divulgar elementos de la historia reciente, en especial el proceso que condujo al golpe de Estado. Hay que confiar en la capacidad e inteligencia de la opinión pública para hacerse un juicio de valor. Además, los votos se pierden por otros motivos, no por la historia infame que hace este traidor.

26 de mayo del 2013

Jorge Zabalza


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