Taller número ocho: Análisis de la poesía Redondilla




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Análisis de la poesía Redondilla




Taller número ocho: Análisis de la poesía Redondilla
Ricardo Paulo Javier Arieu

Universidad Metropolitana

Nota del autor:

A pesar de las leves mejoras, las mujeres de diferentes países del mundo comparten una misma situación de exclusión, violencia y desigualdad. – Irene Peñas

REDONDILLAS



(Juana de Asbaje y Ramírez; ¿1648?-1695)

Arguye de inconsecuentes el gusto

y la censura de los hombres que en

las mujeres acusan lo que causan
Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual

solicitáis su desdén,

¿por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia,

y luego con gravedad

decís que fue liviandad

lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego tiene miedo.
Queréis con presunción necia

hallar a la que buscáis,

para pretendida, Tais,

y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro

que el que falta de consejo,

él mismo empaña el espejo

y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén

tenéis condición igual,

quejándoos, si os tratan mal,

burlándoos, si os quieren bien.
Opinión ninguna gana,

pues la que más se recata,

si no os admite, es ingrata

y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis

que con desigual nivel

a una culpáis por cruel

y a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada

la que vuestro amor pretende,

si la que es ingrata ofende

y la que es fácil enfada?
Mas entre el enfado y pena

que vuestro gusto refiere,

bien haya la que no os quiere

y quejaos enhorabuena.
Dan vuestras amantes penas

a sus libertades alas,

y después de hacerlas malas

las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido

en una pasión errada,

la que cae de rogada

o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,

aunque cualquiera mal haga:

la que peca por la paga

o el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantáis

de la culpa que tenéis?

Queredlas cual las hacéis

o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar

y después con más razón

acusaréis la afición

de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo

que lidia vuestra arrogancia,

pues en promesa e instancia

juntáis diablo, carne y mundo.
yo la peor de todas.jpg
Autor: Sor Juana Inés de la Cruz (Juana de Asbaje y Ramírez).

Fecha de nacimiento: ¿1648?-1695

Titulo de la obra: Redondillas

Escuela: Barroco

Influencias: El arte literario de Sor Juana, fue influenciado por los mejores líricos españoles (Garcilaso, fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Góngora o Lope de Vega), asimilando en forma particular sus estilos, uniendo en una fórmula única sus conceptos, vivificando sus propias emociones.

En su obra poética se encuentra una actitud filosófica que se concreta en algunos poemas, en los que el afán de saber, el empeño de interpretar la realidad universal y reducirla a un lenguaje que se pueda explicar, eran el objeto de la poetisa. Ej. En el poema: Primero Sueño.

Estilo: Su estilo es una versión del gongorino, donde se reconoce el espíritu independiente de sor Juana Inés de la Cruz y se satisface las exigencias clásicas de una poesía de contenido, siguiendo un orden para exponer sus ideas. Se observan un uso acertado del léxico culto, de latinismos léxicos, abundante erudición mitológica e histórica, cuidadoso cultivo de la imagen y de la metáfora, regido por el despliegue de conceptos y no por la mera búsqueda de lo altisonante y brillante del lenguaje.

Nacionalidad: México. Poetisa católica mexicana. Hija ilegítima de una criolla y de un militar vasco de Vergara, que le enseñó algunos cantos y tradiciones en su idioma vasco. También aprendió el náhuatl con los vecinos, además del castellano y del latín, que dominó muy pronto. Fue una mujer superdotada, una poetisa precoz, una experta en todos los saberes de su época. Vivió algún tiempo entre los familiares de los virreyes, pero después, quizá para mantener su independencia y desarrollar sus dotes culturales entró en el convento de las Madres Jerónimas, donde se dedicó a estudiar escribir e incluso a desarrollar problemas de ciencia y teología.

Murió aún joven, víctima de una epidemia de peste. (www.blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php)
Películas:

Yo, la peor de todas. https://www.youtube.com/watch?v=PTI7H1ohD2M

Los Pecados de Sor Juana, director Henry Godinez.

Análisis métrico:

Estrofa: Una serie de redondillas (cuatro versos de ocho sílabas con la rima abba).

Sílabas: Ocho sílabas en cada verso.
1 2 3 4 5 6 7 + 1 = 8

Hombres necios que_acusáis
1 2 3 4 5 6 7 + 1 = 8

a la mujer sin razón,
1 2 3 4 5 6 7 + 1 = 8

sin ver que sois la_ocasión
1 2 3 4 5 6 7 + 1 = 8

de lo mismo que culpáis:
Características de su poesía: Es posible encontrar influencias filosóficas neoplatónicas en la poesía de esta notable poetisa mexicana, al tratar el tema del amor. Fue Platón quien dijo que “al contacto del amor todo el mundo se vuelve poeta” (www.literato.es). Aunque su poesía es romántica, no por ello es erótica (no parece escribir para estimular el deseo sexual). El soneto lo utilizó para cantar acerca de la pasión amorosa; se valió de imágenes poéticas construidas mediante el uso de metáforas que emplearon un gran número de verbos y utilizó con mesura los adjetivos. Ej. :(En ‘Detente, sombra de mi bien esquivo’, ella parece hablar orgullosa de amar a alguien. Y también vuelve a resurgir el tema de los hombres que enamoran a las mujeres para luego burlarse de ellas).

Y el tema del amor, por otro lado, ella lo trató de tres maneras diferentes: a) Como íntima experiencia personal, b) como asunto de fino examen psicológico, o c) como tema que propicia el juego de conceptos o puramente satírico.

En sus poemas de amor, se combinan la fuerza con la naturalidad, la intensidad de la emoción con la delicadeza, dando una impresión de realidad. Se le nota en algunas de sus obras su gran espíritu independiente, muy en contra de la idea de ser un ama de casa. Ej.: ("En que la moral censura a una rosa, y en ella a sus semejantes" y "De una reflexión cuerda con que se mitiga el dolor de una pasión”). También utilizó la lira, por su amplia libertad y armonía acompasada, para expresar la exaltación, el dolor, o la ausencia; en ‘Amado dueño mío’, le remite a su amado Fabio sus quejas.

Análisis Temático:

Hay dos temas importantes que resaltan en la obra: el machismo y la cita (posiblemente influencia de Tomas de Aquino) de los enemigos del cristiano.

Tema 1. El machismo de los hombres de la época:

Gran parte de las obras que se conocen de Sor Juana, la gran poetisa hispana de los siglos XVII, fue Octavio Paz, quien cita a la erudita norteamericana Dorothy Schons, quien ha dicho que Sor Juana fue la primer feminista de América. Y Paz añadió que también fue una de las primeras víctimas del feminismo: el motivo por el que fue perseguida por prelados orgullosos celosos de su autoridad religiosa, no fue únicamente por su saber sino por su sexo femenino.
Ella escribirá en su redondilla, cuestionando con mucha sutileza, acerca del tema de la hipocresía con la que juzgaban y criticaban moralmente los hombres a las mujeres, ante el cortejo vanidoso masculino.

Inicia la redondilla con una exhortación muy fuerte a los hombres de su época, ej.

Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis:
Según el diccionario, necio es una persona ignorante, tonta o presumida. Todos estos epítetos los reunían aquellos hombres, muchas veces parte del clero o de la nobleza de aquella época, que maltrataban a las prostitutas en público, ‘castigándolas por pecadoras’, pero por detrás iban y compraban vilmente los ‘servicios’ de estas mujeres.
El deseo lujurioso de los hombres y sus críticas constantes hacia las mujeres son injustificadas, entiende la poetisa, ya que son los varones quienes comúnmente provocan y seducen a las mujeres, hasta que ellas se enamoran y caen rendidas a sus pies (Ej.:Arguye de inconsecuentes el gusto y la censura de los hombres que en las mujeres acusan lo que causan”). Ellos las cortejan constantemente, tratando de debilitar la resistencia de la voluntad femenina; hasta que ellas les dejan conquistarlas (Ej.:”¿Por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal?”). Después, las acusan de ser indecentes, a pesar de que fueron ellos quienes las cortejaron. Hasta que la mujer se embelesó y se dejó seducir (Ej.:“Combatís su resistencia, y luego con gravedad decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia”).

Los varones insisten e insisten en encantarlas, hasta que las mujeres aflojan lo que ellos buscan, y luego… no siempre cumplen sus promesas.

Hay muchos hombres que gustan de la sensualidad y desenfreno de las mujeres, cuando las escogen solo para ser compañeras de sexo, pero cuan férrea castidad se le exige a la mujer cuando está comprometida para casarse. Y Sor Juana Inés señala esta contradicción recordando a dos personajes antiguos de actitud opuesta: a) Thais, cortesana griega famosa por su desparpajo sexual, y b) Lucrecia, casta noble romana que, tras ser violada, se suicidó porque no pudo soportar su deshonra (Ej.:“Queréis con presunción necia hallar a la que buscáis, para pretendida, Tais, y en la posesión, Lucrecia”).

Sor Juana preguntará: cuando dos personas se entregan a una pasión inadecuada, ¿cual es más culpable? ¿La mujer que sucumbe después de que un hombre le haya insistido por mucho tiempo, o el hombre que apasionado desde el primer momento, ruega sin cesar a la mujer? (Ej.: ¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata ofende y la que es fácil enfada?”).

En “Redondilla”, ella defiende el derecho de una mujer a ser respetada y tratada como lo que es: un ser humano. Y critica el machismo hipócrita de esa época (y que aún continúa en nuestros días), burlándose de la falsa moral de aquellos hombres que usaban los servicios de las prostitutas, pagando por su uso y violando así lo ordenado por Dios en las Sagradas Escrituras.

Porque ¿quién es más culpable: la prostituta que cobra por su amor o el cliente que paga por pecar? (Ej.: “¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga o el que paga por pecar?”).Vemos en ella firmemente enraizado el concepto del pecado.

Los hombres critican a las mujeres que luego de haberse enamoradas, les suplican que por favor las amen. El hombre sólo podría quejarse, si fuese la mujer quien lo buscase para amarlo y no al revés. (Ej.:“Dejad de solicitar y después con más razón acusaréis la afición de la que os fuere a rogar”). Se critica el machismo de aquellos hombres que tratan de rameras o de mujercillas fáciles, a aquellas mujeres que pretenden llevar la iniciativa a la hora de iniciar un romance.

Sor Juana, comprendió bien que la arrogancia de los hombres de su época era muy poderosa (Ej.:“Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia”). Esta realidad social de los hombres la vemos comprobada en su vida, cuando luego de cuestionar un sermón del predicador Jesuita (Vieyra) por no estar de acuerdo con su texto (“descentralizado de la cruz de Cristo”), escribió un destacado borrador al respecto. Algunos creen que fue publicado sin su permiso, otros que fue publicado con el consenso del Obispo de Puebla quien a pesar que la admiraba, la traicionó. En ese escrito titulado “Carta athenagórica”, ella reveló toda su sabiduría, siendo dicho documento un ejemplo de valentía ante un criterio no compartido, entendiendo bien como refutar los postulados del eminente teólogo siendo ella una simple monja.
En la carta dirigida a Sor Filotea de la Cruz, publicado como respuesta a las recriminaciones del Obispo de Puebla con motivos de aquella otra carta escrita por sor Juana contra la predicación del jesuita Vieyra, vemos que el Obispo entendía que la mujer no debía meterse en ciertos temas como ella lo había hecho. Y menos aún, si eran cuestiones concernientes solo a los doctores de la Iglesia. Fue en respuesta a estas críticas, que Sor Juana Inés de la Cruz escribió "Respuesta a Sor Filotea", donde defendió el derecho de las mujeres a educarse y a desarrollar libremente su labor intelectual. Pero el Arzobispo de México y otros funcionarios clericales de alto rango, la disciplinaron por desobediencia y orgullo espiritual. Llama mucho la atención ver como en pleno ‘Siglo de Oro español’, una monja mexicana sería la portavoz de las reivindicaciones feministas más avanzadas, anticipándose en más de dos siglos a los reclamos del feminismo.

¿Cómo comenzó en ella el feminismo? Hay quienes dicen que fue la imagen de su madre, una mujer sola y sin educación que estaba a cargo de su casa junto a sus tías, que eran mujeres muy autosuficientes. A esto se le debe sumar una figura masculina paternal ausente. Es posible que estas hayan sido las razones que marcaron en ella un perfil feminista tan fuerte, en esa época tan temprana.

La amenaza más grave contra la independencia y seguridad de Sor Juana comenzó el día en que Francisco de Aguiar y Seijas fue nombrado arzobispo de México, quien inició una política de austeridad impopular. Don Francisco, fue un gallego descendiente de un ilustre linaje. El había ocupado los cargos de obispo de Michoacán (1678-1681) y de arzobispo de México (1681-1698). Con la misma severidad reprobaba los espectáculos públicos, sobre todo el teatro. No era muy amistoso. Siempre se distinguió por su mal humor y enojo. Sentía rechazo hacia las mujeres y agradecía Dios cuando no las veía. Este clérigo, fue una amenaza real para la salud espiritual de Sor Juana. Posiblemente, ella pensaría en más de una ocasión, que este hombre era la encarnación del mal, un ser influenciado por el mismo diablo. Razones de sobra habrían para pensar así. Y sin duda, desde aquel momento, las fuerzas del mal amenazaban con robarle la alegría a Sor Juana, también la felicidad, su intelectualismo. Y si se descuidaba, la inquisición religiosa reinante, también podía llegar a atentar contra ella, a pesar de los gobernantes y padrinos que la protegían.

Fernando (periodista y promotor cultural mexicano), narra que “Aguiar odiaba tanto a las mujeres que no deseaba tener el menor trato con ellas. Nunca visitó un convento de monjas, ni las confesaba, ni pretendía aconsejarlas…Aguiar no quería saber nada de las mujeres...Al grotezco obispo se le puede culpar de odio y temor a las mujeres, pero no hay ninguna prueba de que se haya propuesto hostigar o molestar a Sor Juana. Con su desprecio bastaba y ella debió sentirse lastimada” (Los demonios en el convento: sexo y religión en la Nueva España. Pág.246).

La preeminencia política que Aguiar obtuvo a partir de la rebelión de 1692, le permitió tener las manos libres para apropiarse de bienes de aquellas religiosas que habían transgredido el voto de pobreza individual y que se mostraban poco sumisas a su autoridad. Sor Juana Inés de la Cruz, dedicada a actividades literarias consideradas demasiado mundanas para una monja, había sido para este religioso una constante preocupación. Ella había podido mantener su autonomía durante diez años gracias a sus contactos en el palacio, su ámbito protector, por medio de las virreinas y de su padrino Pedro Velázquez de la Cadena, secretario de gobernación. Pero a causa de la caída política del conde de Galve después de 1692 y de la renuncia de su padrino a la secretaría en 1694, el arzobispo logró someter a la religiosa a su obediencia y la exhortó a dejar de escribir. Sus bienes fueron venidos, según dicen algunos, o confiscados al morir, según otros. Este fue el último acto con el que el prelado simbolizaba su triunfo sobre la monja.
Luego de aceptar y someterse a la penitencia clerical, vendió todos sus libros, y su biblioteca en la que poseía más de 4.000 volúmenes de libros, sus instrumentos musicales y científicos como prueba de fe. Sor Juana murió siendo aun una mujer bastante joven, el 17 de abril de 1695, en la epidemia que azotó al convento de Santa Paula.

Fue en el año 1693, por razones no muy claras (presión del clero), cuando ella abandonó su vocación literaria. Quizás se debió a la censura oficial, a la desaparición de sus protectores, o también por su gran dedicación mística y religiosas durante la última etapa de su vida.

Pero conociendo la mentalidad inquisidora del clero de aquella época, es muy posible que haya habido una especie de conspiración misógina eclesiástica contra ella, obligándola a dejar de escribir para dedicarse a las tareas propias de una monja, luego de su crítica al teólogo jesuita. Aunque no hay evidencia de su renuncia a la literatura, si hay ciertos documentos que muestran en el libro del convento su firma, con la siguiente frase: “yo, la peor del mundo”. Su controversia teológica con Vieyra, finalmente le costó su cátedra literaria en el convento. Su fuerte crítica al sermón del predicador, obviando el tener en cuenta el criterio de los doctores de la Iglesia, fue vista como un acto de orgullo intelectual por el clero que la rodeaba. Podría pensarse que el diablo y el clericalismo inquisidor y misógino de la época triunfaron sobre la vida de esta monja, pero la historia nos muestra que no, ya que ambos enemigos de la musa perdieron la batalla, porque aunque muerta en la carne, vive, según sus obras literarias, para millones de hispanos aficionados a la literatura que disfrutan de su lirica.

Ella estaba obligada a someterse a la férrea cultura patriarcal, aún dentro del convento. Tuvo que renunciar a su intelectualismo, a cambio del perdón de la Iglesia que la silenció y la sociedad mexicana que también la cuestionó por su independencia femenina; es el precio de estar tan adelantada en su cosmovisión para su época.
Es importante notar el fuerte contraste entre Sor Juana, quien según los valores de aquella época barroca fue clasificada de mujer mundana, y el clero (jesuitas, monjes, prelados, obispos), quienes eran tenidos por santos a pesar de su doble moral. ¡Qué ironía! Pero ni la muerte de sor Juana en el 1695, ni la del predicador Vieyra, quien falleció más tarde que ella en el 1697, posiblemente sin tener conocimiento de la existencia de la “Carta Atenagórica”, pudieron apagar el fuego de la controversia. Hay que reconocer que con ella la misoginia perdió un aguijón, ya que los hombres del clero nunca pudieron detener el reconocimiento de su legado, que vendría con el paso del tiempo.
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