Respuestas de españA, portugal






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SALVADOR SENDRA


IMPACTO DE KRISHNAMURTI
RESPUESTAS DE ESPAÑA, PORTUGAL

E

IBEROAMÉRICA
EDITORIAL ORIÓN

MEXICO

1987

© by the Author

Primera edición 1986


Distribuidora Orión

Apartado 20342

Río Piedras, Puerto Rico 00928

Editorial Orión

Sierra Mojada 325

Lomas de Chapultepec

11000 México. D.F.

Printed in Mexico

Impreso en México
ORIGEN DE ESTA OBRA
A fines del año 1984 aproximadamente, sostuve una larga conversación con un buen amigo mío  que me ha pedido omitir su nombre- en relación con las muchas personas interesadas en las enseñanzas de Krishnamurti de España, Portugal a Iberoamérica con quienes establecí contacto personal a través de más de medio siglo.

Este amigo me sugirió que cuando estuviese completamente retirado, podía escribir un libro para dar a conocer los nombres de aquellas personas que, casi de manera anónima, dedicaron muchos años de su vida trabajando por la difusión de las enseñanzas de K. Este amigo, me dijo también, que probablemente yo era una de las pocas personas latinas que viven aún y que podrían hacer este relato.

Así es como surgió la presente obra, “Impacto de Krishnamurti”.

Agradezco al buen amigo Armando Riesco Puyol la colaboración que me ha prestado para poder preparar este libro para su publicación.

Por una cuestión de tiempo, él no ha podido responsabilizarse con la revisión de todo el material del libro, de modo que también le quedo muy agradecido a mi hija Vidya por haber terminado la parte que faltaba.

PREFACIO
La intención al escribir este libro está claramente manifiesta, al reunir en él las muchas respuestas que hubo y la participación valiosa de las gentes de habla española y portuguesa, en torno al mensaje de Krishnamurti.

Más de sesenta años divulgando las enseñanzas de Krishnamurti por la península Ibérica y América Latina, a la vez que encargado durante muchos años de la publicación en lengua española de sus libros, nos ha proporcionado una oportunidad de acción en la que le pusimos una pasión gustosa, casi toda una vida.

Se han escrito valiosos libros sobre el mensaje, especialmente en Inglés y Francés; algunos pocos en Español. Los Años del Despertar, y Los Años de Plenitud, son un extraordinario documento biográfico que la autora anuncia ampliarlo. Faltaba, sin embargo, historial el amplio trabajo y la aportación que hicieron en esta tarea los amigos de Krishnamurti de España, Portugal e Iberoamérica.

Este trabajo, de más de medio siglo, tuvo para nosotros compensaciones de gran estima. También hubo contrariedades dolorosas e incomprensiones, celos y malos entendidos; mas las motivaciones en la tarea contaban con un empuje y una energía que arrollaron las murallas de todo impedimento. De paso quisiéramos decir que nuestro amor por la Naturaleza y la Belleza se vieron más que compensados en nuestro peregrinaje por esta tierra hermosa. Viajar por la superficie de los mares, por entre las nubes, y el amplio espacio exterior, más de una vez, fue regocijo recreador. También lo fue la oportunidad de contemplar el vasto Cosmos desde varios Observatorios. He buscado e interrogado de cara al infinito y el dolor humano. He conocido desde niño el dolor y la incertidumbre. Sin sentirme actualmente, ni indiferente, ni ajeno, no acierto a aceptar las explicaciones de ambos lados sobre el espectáculo actual del mundo lleno de violencia e interrogantes por el futuro de la humanidad. Ninguno de los bandos está exento de responsabilidad.

Dos interrogantes de importancia capital encontraron en mí inesperadas pero ricas respuestas. Conocerse a sí mismo, reiteradamente enfatizado por Krishnamurti, y el vasto espacio interno que abre la comunicación con lo Sagrado, que es el valor por excelencia que puede hallar el hombre. Esta gran incógnita, la descubren los que inquieren con profundidad y no dejan de ser niños.

En mis andanzas por este mundo, encontré gentes por monasterios de Occidente y de Oriente, y por doquiera, que interrogaban a su manera, con habitual respeto de nuestra parte. Di por suerte con respuestas internas y externas valiosísimas. El haber escuchado a Krishnamurti, en muchas ocasiones y Continentes, fue por supuesto de valor incalculable. Pero la investigación y el inquirir, no se paró ahí.

Encontrar a un verdadero Educador o Maestro, no es cosa de poca monta. Sin embargo, puede ser también algo satisfactorio para el yoísmo y la autoimportancia. Eso sería todo lo contrario de la lucidez y la verdadera libertad.

Estudié con seriedad y sin dogmatismo las enseñanzas de Jesús, después las del Buda, Krishna, Lao-Tse, Hermes, Plotino, Platón, Pitágoras, Sankaracharya y Krishnamurti.

No cabe duda que fueron todos ellos antorchas luminosas que no se apagan y de las cuales puede aprenderse mucho. Sin que dejemos de aceptar la obra maravillosa creada por el Arte Religioso de Oriente y Occidente, y así también, los óptimos servicios humanitarios de las religiones. Vistos los resultados negativos de las organizaciones religiosas, que se inspiraron en esos hombres lúcidos, por excelencia, quisiéramos evitar y advertir sobre el peligro de nuevos dogmatismos emocionales en torno a Krishnamurti. Ese peligro pudiera desvirtuar y retardar el despertar de la conciencia humana y la liberación del hombre. Siento que ese objetivo fue el propósito primordial que heroicamente se propuso Krishnamurti, en sus sesenta años de prédica constante, por un mundo en convulsión. Felizmente, tras esta tormenta mundial, pasajera, que se nos viene encima, resplandecerá la Luz, porque siento que hay un poder del Bien que no permitirá que triunfen las tinieblas y la maldad. Más allá del materialismo, y su secuela consumista, triunfará el Sol y la Verdad que es el poder que gobierna al mundo, y la base de toda Felicidad Verdadera. Todo lo anterior fue dicho antes por los hombres señalados. Krishnamurti, también lo ha reiterado. Considero que vale la pena de estudiar y hacer conciencia de lo que el mensaje de Krishnamurti nos ha legado, sin espíritu dogmático ni exclusivo. Esta es la motivación fundamental al dar a luz y escribir este libro. Más no hay que olvidar, que un Maestro o Educador debe de ser, para cada uno de nosotros, los que le escuchan y estudian, algo transitorio y no hay que permanecer atados ni dependientes de ellos. Pues esto impediría descubrir y desarrollar dentro de nosotros mismos un potencial amplísimo y un horizonte de extraordinario valor. Krishnamurti lo señaló muy certeramente poco antes de dejar esta existencia. Enfáticamente dijo antes de irse a sus oyentes en Madrás, India, en enero de 1986, lo siguiente: “¿Quieren ustedes participar en lo que estamos diciendo?, no solamente seguirlo, sino que juntos participemos en ello, no un mero pensar o prestar atención casual. Una o dos cosas hay que hacer muy claras. Esto no es un culto a la personalidad. El que habla abomina todo eso; todo lo que él dice, se contradice si ustedes personalmente adoran a un individuo y lo convierten en un Dios. Lo importante es escuchar lo que él tiene que decir; no solamente escuchar, sino realmente participar en lo que él dice” (Boletín Especial. Londres. Enero 4, 1986).

F.K.H. Septiembre 1986

INTRODUCCIÓN
Tengo que hacer público reconocimiento y expresar mi gratitud a todos los amigos llamados delegados, primero de la Editorial Krishnamurti y más tarde de la Fundación Krishnamurti Hispanoamericana, pues ellos desempeñaron un papel muy importante en el impacto que hizo la difusión del mensaje de Krishnamurti en los países de Iberoamérica y España. No menciono a Portugal, y sí al Brasil, porque en el primer país apenas si prendió dicho mensaje, debido quizás, a los muchos años que gobernó allí una dictadura que silenció la voz del pueblo. Aun cuando España y muchos otros países de Latinoamérica pasaron por idéntica experiencia, sin embargo, la difusión del mensaje, en esos países, se hizo posible porque prendió en pequeños grupos que habitaban la parte de la península de habla hispana e Iberoamérica.

Mis amigos y colaboradores merecen una explicación del por qué se ha dado cabida en esta obra a los nombres de muchas personas radicadas en Puerto Rico y en otros países; y es que al escribir este interesante relato de la magnífica labor realizada en la difusión del mensaje de Krishnamurti, uno ve inmediatamente la necesidad de mencionar los nombres de las personas que pusieron todo su empeño en esta labor, aunque ello implique mencionar también al que escribe. La verdad es que esta labor de difusión resultó posible gracias al abnegado esfuerzo no de una o dos personas, sino de decenas de personas.

Las instituciones locales y los organismos internacionales que el que escribe ayudó a crear, nunca lograron financiar el costo del trabajo que consistía en la traducción y publicación en español de las obras de K previamente editadas en inglés y en la producción de folletos adquisición de películas y en los gastos de viajes. Afortunadamente, mi profesión de editor, durante más de medio siglo, permitió en gran medida hacerle frente a los gastos necesarios para toda esta labor. Además, esa profesión me concedió la libertad de movimiento que se precisaba, y también me dio sin duda la satisfacción de hacer muy buenas amistades y de alcanzar una meta limpia y libre de todo interés personal.

El impacto que hizo la difusión del mensaje de K en Iberoamérica y España, resultó sencillamente extraordinario, como podrá comprobarse por la lectura de las páginas que siguen. Fue un esfuerzo lleno de dedicación y de amor por nuestros pueblos, una tarea auténtica de vocación religiosa en su más amplio sentido. Esta siembra, se tradujo en una cosecha muy fructífera y abundante, pues se trata de un campo de acción y de un conglomerado humano formado por veintiuna naciones de habla hispana y portuguesa.

Hay sin duda bastante que decir respecto a los múltiples y variados aspectos de la tarea efectuada por los amigos de Krishnamurti de habla inglesa. Después haremos referencia a dicha labor, así como a la obra educativa en la que Krishnamurti estuvo empeñado durante casi toda su vida creando escuelas para niños y jóvenes en la India, Europa y Norteamérica.

Haremos especial mención de la biografía escrita por Mary Lutyens que hasta ahora consta de dos tomos, pero con la posibilidad de que pronto sean tres. Para escribir esta biografía Mary Lutyens tuvo a su disposición todo el material que anteriormente y con el mismo propósito había recopilado el Sr. Shiva Rao, conocido educador hindú. Además, ella tuvo acceso a los archivos de la Sociedad Teosófica en Adyar India, así como a los que había en Londres y California. La autora de esta biografía hizo una contribución inestimable, pues transcribió muchas de las pláticas de K en distintas partes del mundo, resumiéndolas para dar origen a valiosas obras. Estas obras son un testimonio de la manera en que Krishnamurti enfoca todos los problemas y desdichas que afligen a la humanidad. Las obras Los Años del Despertar y Los Años de Plenitud, que son los dos primeros tomos de la bibliografía de Krishnamurti por Mary Lutyens, pasarán a la posteridad como algo imperecedero. Ellos ofrecen a las presentes y futuras generaciones una importante documentación sobre la niñez, la juventud y el mensaje de Krishnamurti.

El que escribe considera que la presente obra debe recoger también los múltiples aspectos de la labor realizada por los amigos de Krishnamurti de habla hispana y portuguesa. Entre ellos se destaca el impacto de la presencia de K durante su viaje del año 1935 por Latinoamérica y años más tarde su visita a Puerto Rico en 1968, lugar que ha sido por muchos años el centro desde donde ha irradiado el mensaje de Krishnamurti a Iberoamérica y España.

A mis 87 años he intentado recopilar estas memorias de una vida dedicada a la labor de difundir el mensaje de K; mensaje cuyo impacto apenas comienza a sentirse y que esperamos que llegue a toda su plenitud en las generaciones venideras. Por fortuna, esas generaciones futuras tendrán un récord fidedigno del mensaje de K, ya que todas sus pláticas han sido publicadas y hasta será posible verlo en películas y videos.

Habrá quizás quienes intenten deificarlo o establecer una nueva religión, pero el que lea sus palabras y las entienda verdaderamente, podrá estar libre de esos peligros. Su legado es un legado de libertad plena.

MI AMISTAD CON FERNANDO VALERA

Punto de partida y aproximación a Krishnamurti
A principios de la década de los 20, muchos jóvenes de la península española, desvinculados de la religión católica predominante, andábamos en busca de alguna nueva orientación que diese sentido y valor a nuestras vidas. Como hacía poco tiempo que había terminado la primera Guerra Mundial, ésta proporcionó a algunos de nosotros el impacto dramático que precisábamos para empezar a inquirir y a la vez salir de la mediocridad en que nos encontrábamos. Estábamos involucrados en el camino del machismo y de la aventura, un signo de hombría que era muy común en la juventud de aquella época.

En tal encrucijada, y descontento de todo lo que me rodeaba, providencialmente, una noche en mi ciudad natal de Valencia, ocurrió algo que llegó a ser como un empujón iniciador de una nueva ruta, algo que advino inesperadamente. De paso sea dicho, en aquel entonces Valencia, como Barcelona, marchaban a la vanguardia de la península española tanto en materia política como en arte y otras corrientes culturales. Por ejemplo, sobre naturismo en ambas ciudades se publicaban muy buenas revistas que circulaban con profusión en el resto de Espada.

Una tarde leí un anuncio en la prensa que me llamó la atención. Se anunciaba una conferencia del joven Fernando Valera en uno de los Ateneos Culturales. El título de su conferencia era “¿Qué es la Teosofía?” Después de escuchar dicha conferencia empezó a operarse un cambio rotundo en mi vida. Por fortuna salí del Ateneo junto con el orador, camino de nuestros hogares, pues Fernando vivía muy próximo a mi casa. La afinidad brotó de inmediato, y desde entonces, mi vida cambió de rumbo. Sellamos una amistad fraterna que duró muchos años. Nuestra amistad se consolidó firmemente y la coincidencia de vivir cerca uno del otro, permitió que tal amistad se extendiese también a sus hermanos. En la familia Valera todos eran profesionales, maestros, médicos y una hermana que era una pianista notable. Los Valera estaban todos consagrados a una vida virtuosa de trabajo y tenían importantes relaciones dentro de la sociedad valenciana. Todos ellos formaban parte de la Logia Teosófica de Valencia, y poco tiempo después, el que escribe, ingresó en dicha Sociedad. Seguramente se le llamaba Rama y no logia para que no se confundiera en toda España con la Masonería que, si bien entonces no era perseguida, como ocurrió más tarde, era una institución que desde hacía años actuaba muy discretamente en el país.

La rama teosófica de Valencia se convirtió para el que escribe en una universidad, en un hogar feliz, a donde iba a diario para asistir a múltiples actividades culturales que enriquecieron mi vida. Por muchos años organizamos cursillos y lecturas de las obras de Teosofía, de Krishnamurti y de distintos autores, tanto nacionales como internacionales. Con los Valera y otros jóvenes asistíamos temprano en las mañanas a la Rama para estudiar en grupo varias obras, entre ellas, algunas de Krishnamurti. Entre los primeros libros de Krishnamurti que llegaron a mis manos figuraban A los Pies del Maestro, La Búsqueda y El Sendero. Fernando con frecuencia nos leía a Ortega y Gasset y a Unamuno, y sobre todo, a Juan de la Cruz que era su poeta favorito. Durante nuestras excursiones por las playas valencianas y por los montes cercanos a la capital, nos deteníamos a leer también alguna obra de don Juan Valera, que era tío de los Valera. Además, Fernando nos daba a conocer sus poemas, que más tarde llegó a publicar en varios tomos. De modo que los años que conviví con él y sus hermanos constituyeron un estímulo constante de enriquecimiento cultural.

Durante aquella época de intensa búsqueda y de estímulos culturales que se vivía en la rama Valenciana, en la vida del país ocurrieron profundas sacudidas, y con ese motivo se originó una bifurcación en nuestras vidas. Fernando pronto tomó vuelos en la política española. Militó en un partido de medio izquierda que había encabezado un profesor catalán, y no tardó en escalar puestos de importancia hasta convertirse en un gran líder; las masas valencianas lo consideraban como el segundo San Vicente Ferrer, fogoso patrón religioso de la región valenciana. Tomaba parte en las conferencias masivas en compañía de Azaña, Ortega y otros dirigentes. O sea, que aquel joven, de palabra brillante, no sólo impresionaba a las masas, sino que también se ganó el respeto de los más destacados dirigentes de la república española. Luego Valera fue nombrado diputado de las Cortes Constituyentes de la Segunda República. Finalmente, durante los turbulentos días de la guerra civil española resultó electo jefe del Gobierno de la república en el exilio. Debido a lo relatado anteriormente nuestras vidas se bifurcaron, pues la política partidista no era mi vocación. A pesar de esto nuestra amistad perduró hasta su reciente fallecimiento.

Aunque mi dedicación no coincidía con la de él, nuestro afecto siempre perduró. Durante varios años nos vimos en París, cuando desde España yo asistía al Campamento de Ommen. Inclusive, el que escribe contribuyó a que Fernando viniese a Puerto Rico a dictar unas conferencias sobre literatura española, asignatura en que era un notable erudito, como lo era también en cuanto a la poesía árabe, y sobre ambos temas habló él en la Universidad de Río Piedras.

Debo añadir que por su gran preparación, él llegó a enseñar en la Sorbona de París, y por todas partes dejó una gran reputación, paralela a la de su pariente don Juan Valera.

MÁS SOBRE MI AMISTAD CON VALERA
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