“Nos quieren quitar la tierra para que ya no tenga suelo nuestro paso.ˮ Sexta declaración de la Selva Lacandona. Ezln






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fecha de publicación05.01.2016
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Babel era una calle.

“Nos quieren quitar la tierra para que ya no tenga suelo nuestro paso.ˮ Sexta declaración de la Selva Lacandona. EZLN.

Temor y temblor.

En Enero de 2010, el 12 exactamente, la población de Haití, esa antigua colonia francesa y primera colonia independiente de América, que albergó y avitualló a uno de sus libertadores, al hombre de las dificultades, Simón Bolívar, de pronto, como si fuese escrito sólo para ellos el Filipenses 2:12, en el que Iahveh advierte a guardarse con Temor y temblor de su ausencia, sintió debajo de sus pies y por encima de ellos, lo que comúnmente conocemos como terremoto. Sin embargo, no fue ese el mayor dolor de este país, ni siquiera el brote de cólera, ni muchos menos la ausencia de Iahveh debido a su población mayoritariamente practicantes del Vudú. Lo que más echaron en falta, fue nuestra ausencia, sí, la nuestra, la humana, la solidaria. Haití, ese día y hoy, está solo. Aunque su propio nombre lo dice: Tierra de altas montañas, la población de Haití se encuentra sola en sus propios montes Moriah sacrificando diariamente a sus hijos, sin importar que sean primogénitos, y sin importar que haya un filósofo danés que haga un ensayo sobre su tragedia y su fe. Haití nos enseñó ese día 12 de enero, y nos sigue enseñando con sus más de 300 mil muertos, algo antropológicamente más importante e histórico que las 12 tribus de Israel y las 12 avenidas que parten del Arco del Triunfo. Ello, a pesar de que en muchas de las iglesias del mundo se sigan preocupando por saberse de memoria, al método peripatético, los nombres de los líderes de esas tribus, o bien, el turista de turno no quiera perderse una vista de Paris subido al mastodonte de piedra cuando tiene nada menos que un Samsung Galaxy en la mano y una memoria de 56 GB incluida. Lo que no sabe, es que si de verdad esa cámara tuviera memoria, le recordaría que Francia aún le debe casi 22 mil millones de dólares a Haití que todavía no ha pagado. Le recordaría también, que a pesar de la Declaración de los Derechos del hombre y el ciudadano, mira lo moderno que somos, el héroe nacional de Haití, Toussaint L´Ouverture, murió de frío alpino en el Fort de Joux. ¿Por qué? Por ser el primer rebelde que puso en seria duda la integridad territorial francesa. Integridad territorial, que por supuesto, y dado que no somos africanos ni vivimos en África, no nos damos cuenta de todo lo que ha conllevado de latrocinio y extractivismo. Haití nos enseña que su soledad sigue siendo tal, aún después de que Gabriel García Márquez, con sus habilidades para la narrativa, la haya expresado para toda América Latina el día en que recibió un Premio que cada vez es menos premio y más burla. Haití, a pesar de su coraje independentista, a pesar del terremoto, a pesar de los tiempos del Cólera, a pesar de ser Napoleón quien estaba en frente, de su soledad, de la deuda, de Francia y de la ausencia de Dios y de nosotros, espera. ¿A qué? A que tendamos los puentes de la solidaridad, puentes como uno de esos que recién abierta la tierra, uno de los padres de América Latina, Hugo Chávez, ponía pie en Haití para condonar una deuda de casi 1,000 millones de dólares y para financiar la reconstrucción de un país que se encuentra en el cruce de caminos, en donde se decidirá si de verdad América Latina está dispuesta para la unidad y para la construcción de una nueva moral y una nueva ética que no tenga por qué aprenderse de memoria la de los judeo-cristianos, de los griegos y de los europeos. Porque esos puentes serán actitudes y no papeles. Será salir a la calle y pedir, ya, que Haití ingrese al Sistema de la integración (no sólo económica) centroamericana y caribeña, al igual que al Parlamento Centroamericano y Caribeño, y que sea parte, a pesar que Francia no le pague lo que le debe, y a pesar que ni siquiera le condone la deuda ilegítima que Haití posee con los miembros del grupo de París, de un proyecto al que siempre perteneció y del que la han raptado con colonialismo y esclavitud. El proyecto de integración centroamericana y caribeña. Podría dar datos de la miseria provocada en Haití, sí. Pero eso seguiría siendo la costumbre de los papeles y no la de los puentes. La de plantarse y de decir: nosotros somos también Haití, porque hablamos el mismo lenguaje desde antes de la confusión de las lenguas en Babel, el lenguaje de la calle, que es una actitud antes que lenguaje, el escenario donde nos disputamos la capacidad de reconstruir los puentes que la riada, llámese neocolonialismo, terremoto, cólera o tratado de libre comercio, ha tirado abajo. Y todo ello, sin temer nuevas riadas ni nuevos temblores. Sin temer ni temblar ante nada, cuando nada es lo que hemos hecho.

A Roosevelt.

Eres los Estados Unidos,

eres el futuro invasor

de la América ingenua que tiene sangre indígena,

que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.

Con esas palabras a inicios del siglo XX, se refería Rubén Darío a Theodore Roosevelt. ¿Quién diría que tales palabras, como profecías, iban a ser tan nocivas y exactas como las recomendaciones del FMI, del Banco Mundial y del Consenso de Washington para América Latina? Antes adiestraban militares, ahora economistas y periodistas. CNN, Libre competencia y todas esas lecciones de cuartel moderno. Hoy, los centralised mass-media de todo el mundo hablan de la suspensión de pagos de Argentina, al parecer, los buitres necesitan otro cadáver para no comerse el suyo propio, y como siempre, como si Rubén Darío no hubiese muerto aún, buscan cadáveres al sur de la frontera, y habrá que ver si Calibán vuelve a triunfar otra vez sobre Ariel. Sin embargo, cuando las obligaciones son de parte de Estados Unidos, entonces no hay medio de comunicación alguno que otorgue un espacio al acreedor que reclama lo que en derecho internacional le fue concedido y que sólo en derecho internacional le puede ser revocado. En Junio de 1986, la Corte Internacional de Justicia emite una sentencia en la que condena a Estados Unidos a reparar al Estado de Nicaragua por los daños ocasionados no sólo en bienes sino también en vidas humanas. Ello, como consecuencia del apoyo paramilitar y logístico que Estados Unidos prestó a grupos de insurgentes y mercenarios que llevaron a Nicaragua al borde del Estado fallido. La deuda ha sido calculada y baremada por el Estado de Nicaragua en 17,000 mil millones de dólares. Menos mal que el tribunal de la Haya no ha dicho restitutio in integrum, porque en ese caso habrían de devolvernos 38,000 personas. La cantidad tasada, corresponde entonces a casi 8 años del Presupuesto General de la República de Nicaragua. No obstante, esa obligación judicial nunca ha sido extinguida por el medio tradicional y común en el derecho de obligaciones, que es el pago. Podríamos decir con tranquilidad: Estados Unidos se encuentra en suspensión de pagos con respecto de Nicaragua, o peor aún, se encuentra sujeto a un procedimiento de ejecución que obviamente nadie en este mundo es capaz de llevar a cabo. So pena de volver a ser carne para los buitres, es decir, ser cadáver. Podrá pensarse que esto que digo es un mero recurso literario, pero de verdad digo: No es literatura. Y con razón muchos dirán: pero qué dices…; en estos tiempos….; No, eso era antes ahora son otros tiempos; que la diplomacia, Naciones Unidas. ¿En estos tiempos qué? En estos tiempos les diría, se televisa un genocidio como el palestino y la gente se lo toma como una serie más, en estos tiempos los países tienen que sacar sus embajadores de Libia porque el caos llegó al país junto con las bombas de la OTAN, y algunos discutiendo los nombres de Juego de Tronos a la hora del café, serial lovers todos, y la nueva temporada… en Sevilla dicen, es que esas series tienen un mensaje alternativo también, es que… has visto la de... Sin embargo, Nicaragua, a pesar de ser acreedora en el papel de tantos miles de millones, durante los últimos quince años, para ponerle un poco de humor amargo al asunto, ha desembolsado más de 1,000 millones de dólares para indemnizar a todos aquellos propietarios que fueron expropiados legítimamente y por utilidad social en los años 80 por los terroristas de los sandinistas of course. Ni los romanos, y mira que fueron ingeniosos con el derecho, se imaginaron decirle a un pueblo tú eres terrorista y entonces te masacro y me debes. Y cobran por supuesto, eso ni hablar. Sí, esos papeles que circulan por el mercado bursátil criollo centroamericano se llaman Bonos de Pago por Indemnización (BPI), aprobados precisamente por quienes acordaron, a título personal siempre -Bussiness as well-, condonar la deuda de los 17,000 millones a Estados Unidos. Mafia as well. Esos bonos, y esos millones, si pudieran parecerse a algo serían hospitales y escuelas, a puentes y calles limpias. Entonces, si no hay pago de deuda y al contrario, hay más extractivismo jurídico ¿dónde está la justicia, y de paso los puentes, las centrales eléctricas, los puertos que incendiaron y las familias que asesinaron? Habrá que buscarlas en las calles, junto con los otros que se encuentran en la misma situación, los de siempre, los palestinos, los bangladesíes, los republicanos en las cunetas de España, los argentinos, tender puentes y tener actitud, hablar el lenguaje de la calle antes de la confusión de las lenguas, ser Babel otra vez, pero a lo largo de la calle, pisarla, apropiarte aunque sea del suelo que dan tus pasos. Cobrar en el tercer significado de la RAE de la palabra contestación lo que te han arrebatado en deuda y sumisión. Y de paso la RAE también, pues el lenguaje que te domina es el que hablas, y hasta que no dejemos de hablar como Robinson Crusoe no nos quitaremos lo que llevamos de corsario dentro.

El Greco y Toledo.

Desde la rabia. El viernes 23 de mayo, moría una nicaragüense en Toledo. Dicen, para desgracia de ese ser humano, que los servicios de urgencia de la ciudad imperial vieron, como si hubiesen aprobado la oposición para la brigada de extranjería y fronteras de la policía nacional, que tenía pasaporte. Para los que manejamos y sufrimos esa jerga, significa que no se tiene derecho a la asistencia sanitaria gratuita. Quiere decir, que esa mujer no había dado el gusto y la buena nueva a su familia, a través del locutorio más próximo, ese lugar donde se venden tarjetas sim de móviles de empresas que nadie conoce como tampoco la cantidad de banderas que se suelen colocar en sus escaparates, de decirles que con la tarjeta de residencia podía volver a su lugar de origen con la tranquilidad de no ser detenida en la frontera, cuando el guardia de turno le solicite el plástico con su nombre y la roji-gualda en alguna esquina. Pero lamentablemente, el viernes 23 de mayo, imagino que como yo, lo único que ella guardaba como intrínseco al ser humano, como si fuese un órgano más, como si tu propio rostro no existiese, era el amasijo de papeles con alguna bandera en la portada y el nombre de algún país que seguro no clasificó para el mundial ni mucho menos jugará con España, porque de lo contrario sabrían donde está ubicado, y a lo mejor, el nombre de su goleador. Aunque, antes de todo pasaporte y juicio alguno, está la posibilidad que te observen el rostro y te encadenen a las rocas del lenguaje, como prometeos de mitos modernos, a las que algunas veces dan en llamar pakistaní, negro, rumano o latino. Lo más probable es que su entierro no tenga la trascendencia ni genere la crispación emocional que sí tiene «El entierro del Conde de Orgaz» entre los ilustrados, los artistas y los científicos sociales. Está claro, esa muerte no será retratada en el «El Greco y Toledo» de Marañón, ni ello evitará que el turista de turno pose frente al Alcázar de Toledo y tenga la sensación de vivir en los tiempos del mismo Felipe II. Si, la ciudad imperial, Toledo, esa que como todos los imperios del siglo XXI, apuesta por la privatización de la sanidad, el recorte en los servicios. Sin embargo, esa muerte demuestra lo más negro y lo más basáltico que todavía sobrevuela en España, y en palabras de Rubén Darío, «como un gran vuelo de cuervos que mancha el azul celeste» de los cielos de La Mancha. Esa muerte demuestra para los españoles mismos, y espero que más allá de sus campañas electorales, que la Hidalguía les sigue siendo lo más propio y lo más trágico. Hidalguía es una simplificación de «hijo de alguien», y cuando se dice alguien, entendemos que lo que se quiere decir, «no ser hijo de cualquiera». Una palabra que desde siglos atrás, ya quería decir lo que a Marx en el XIX le costó trabajo teorizar, es decir, ser hidalgo o solariego es no ser hijo de cualquiera, no ser prole, «proletario». Ya que hasta para liberarse de esa palabra, que está en el seno de la literatura hispánica pero también en el seno de la desigualdad, para emanciparse si alguna vez puede decirse completamente, se tiene que empezar por ahuyentar al espectro de hidalguía que todavía subyace. La de si no se es solariego o hijo de alguien no se es auténticamente, ni es digno de respeto y no saldrá en las portadas de los diarios de la provincia. Aunque tengo muy claro que en España no todos pueden catalogarse bajo ese concepto, pues España es la futura nación sub-sahariana para los del Norte, para aquellos que cobran cada vez más admiración por la doctrina fascista de la inmigración que podría reducirse a dos apellidos, Bossi-Fini. Ya no basta buscar emancipación recalentado el cocido del «sapere aude» y del «Aufklärung», que si alguna vez sirvió fue para otras naciones en siglos anteriores, no se olvide que gente como Goya salió de patitas al simpatizar con cosas como esas, y para que no quepa duda, no hablan ninguna de las lenguas de la península, y que tampoco lo desean más que para veranear en el levante y aprovechar la deflación inmobiliaria. Se deben buscar elementos de emancipación, que a pesar de que no vengan de algún lugar del Estado, pueden ser útiles por haber sido puestos a prueba donde se desató con más holgura y desenfreno la hidalguía de lo hispánico, América Latina. Hasta entonces, hasta no acabar con esa costumbre que oxida las relaciones familiares, jurídicas, comerciales e internacionales, seguirá habiendo monarquía e iglesia. Es decir, seguirán estando impertérritas algunas de las más vetustas de las instituciones en España, y entonces, lo nuevo no terminará de nacer, y si lo hace, será sobre piedra marcada en cruz. Como la cruz que ahora seguramente tendrá Jeaneth en su tumba y cuya Iglesia que se la toma como símbolo propio, no presiona para proteger la vida de los que padecen en hospitales sin poder ser atendidos y sí lo hacen con los que todavía se encuentran en el vientre materno.

Desde la rabia. Cuando bien entrado el XVIII se viene hablando de sujetos dotados de libertades, de imperativos categóricos, de derechos del hombre y el ciudadano, de hegelianos ser-para-sí, y te das cuenta de los entresijos y de las infinitas vueltas de polea a la que Heidegger somete a la pregunta por el ser. Cuando ya no quiere hablar de categorías porque esas estructuras desde Aristóteles hasta Descartes, cuando se trata de conocer las cosas, ya no se adaptan a la verdadera concepción del ser sino que por el contrario la oscurece y la enturbia, cuando demuestra que se ha cometido un error al tratar de asignar las mismas cualidades a las cosas que al ser y entonces habla de existenciarios en vez de categorías, cuando introduce la diferencia ontológica, y trata de ahondar en el ente ejemplar del Da-sein porque en él convergen todas las posibilidades de llegar a responder, si es que se puede, la pregunta por el ser. Pero de pronto, mientras los abogados rehogan los derechos humanos y el derecho interno para que se impregne del condimento del derecho comunitario que los acerque más al norte y los aleje de la barbarie del sur, en la capital de Castilla-La Mancha, un 23 de mayo, se llega a la certeza que lo más cercano que una persona normal puede arribar a entender sobre la pregunta por el sentido del ser, de lo que somos, de un ente ejemplar, un sujeto de derecho, una persona, un ser humano, es una nicaragüense agonizando con un pasaporte en la mano que no le permite, ni siquiera, seguir viviendo. Será cierta, entonces, la frase de Eduardo Galeano en «Los nadie», en donde dice más o menos, que a la pregunta por el ser para muchos de los pobladores de este mundo es igual a la nada, llegando a la misma conclusión de Sartre y de Heidegger pero por el camino de la injusticia, que se llega antes que por el camino de la reflexión: «Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada./
Los nadies: los ningunos, los ninguneados ,corriendo la Liebre,/ muriendo la vida, jodidos, rejodidos:/ Que no son, aunque sean.»

D.E.P Jeaneth."

Palestina, 6 de Agosto, 8:15 AM, Enola Gay otra vez.

Imagina, esa acción que Paracelso la ubica en el ángulo más superior de su sistema científico, que un buen día se transmita por televisión un genocidio. Bombardeos en vivo; el ruido de las ráfagas en las piedras antes que llegue el de la detonación, por supuesto, son más rápidas que el sonido; el momento en que nos damos cuenta de la estafa taquillera de los directores del cine después del Mcarthismo; se mueren en nuestras narices; se desangran ante la cámara y cargan muertos que no son de yeso ni van por las calles haciendo el amaño de llorar para que vean los vecinos cómo de intensa vives la semana santa. La única respuesta que la gente de Palestina tiene de nosotros es, en el mejor de los casos, que no cambiemos de canal y despotriquemos un poco contra Israel mientras les pedimos que resistan. Saca la calculadora, y no hace falta que nos pongamos Pitagóricos para encontrar un resultado tan sencillo al siguiente problema: ¿A qué cantidad de kilogramos de explosivos equivale la población de Palestina? ¿Y si lo hacemos per cápita, incluyendo ahí los niños, los ancianos, las mujeres, los hombres, todo lo que se mueva y que tenga un sistema nervioso complejo (la medida de lo que los nutricionistas llaman vegano)? Seguramente, el resultado será alarmante. Sin embargo, lo que asusta a los países civilizados son otras operaciones de cálculo: la del nivel de deuda, la del crecimiento, la de los préstamos interbancarios, la de cantidad de diputados que el partido de gobierno perderá y la de la cantidad de diputados que la oposición ganará, para cuando ésta última gane, pueda cambiar las cosas. Qué dialéctica más esclerosada diría Cortázar. Esperar el cambio en vez de serlo. ¿Ser nosotros el cambio, pero qué es eso? ¿Eso de los carteles colgados en las luminarias en la democracia de marcar una x cada cuatro años? No lo sé, y a todo esto, después de hacer el cálculo mortal de: kilogramos de explosivo/población palestina ꞊ cuota de explosivo pér capita, o lo que es igual, la cantidad de terrorismo condensado en cada avión, cada tanque y cada fusil que ataca a inocentes. Y no son de juguetes, no son para diversión, lo único que tiene parecido a los juguetes, es que puedes darle la vuelta y leerles MADE IN …, y a partir de ahí sacar las conclusiones del juego militar y del exterminio que con nuestros impuestos estamos financiados. Nosotros, con todo lo que tengamos de civilización, somos la barbarie, a pesar de que tengamos banderas y red wifi en el Iphone dentro de un cine con gafas de 3D. Y poco más. ¿Qué pedimos de Palestina después de todo eso? ¿Que tengan un día de acción de gracias, un Black Friday, que vuelvan a aceptar ir al Vaticano donde Francisco I y sembrar un olivo, o que el hijo, hermano o padre de algún asesinado no opte por ser Fedaí? ¿Y a Israel, qué le pediríamos? ¿Qué disminuya la cuota de explosivos per cápita palestina para que los cálculos no nos sean tan abrumadores, que se vuelvan veganos, que hagan caso de Naciones Unidas, de los mandamientos bíblicos, o en el mejor de los casos que respeten tan siquiera la Ley del Talión o el Código de Hammurabi para que estén a la altura de los tiempos? No hay respuesta para eso, y cuando no la hay, la civilización no tiene remedio. En palabras de Aimé Cesaire: «Una civilización que se muestra incapaz de resolver los problemas que su propio funcionamiento suscita, es una civilización decadente. Una civilización que escoge cerrar sus ojos ante sus problemas más graves es una civilización herida. Una civilización que le hace trampas a sus principios es una civilización moribunda. Europa es indefendible.» Europa cada día más muestra lo indefendible que es, y no hablo como abogado que defiende a Klaus Barbie en Lyon y recrimina a los franceses su actitud en las colonias, ni Núremberg ni nada parecido. No. Lo hago desde un presente que percibe un futuro hediondo y sangriento que es casi inevitable como lo fue en el pasado. Hoy es 3 de Agosto para mí, pero el día 6 de Agosto, después de cumplirse tantos años de que la civilización optara por el exterminio controlado y selectivo (eso que se puso en boga en Siria: bombardeo selectivo) en Hiroshima y Nagasaki, los vástagos de acero del Enola Gay volverán a sobrevolar Palestina, y como en 1945, volverán a haber muertos, y no podremos hacer nada para detenerlo. Ni siquiera las ciencias sociales, a esas que Horkheimer en un congreso de sociólogos en los años 60 les buscaba el modo para que pudieran anticiparnos el futuro, podrán predecir con tanta exactitud lo que ya está dicho por las ciencias militares de Israel. Ellos deciden cuántos kilogramos de explosivos, con la precisión de saber cuántos grados Fahrenheit se necesitan para la autoignición de la carne humana, ya hasta la distópica novela de Bradbury se queda en el prólogo de esta imagen real a la que a nosotros sólo nos queda hacer la operación matemática de los kilogramos de explosivo con cada vez con menos gente, para obtener la cifra del horror y el terror expresados al mismo tiempo que nuestra indiferencia.

Se vuelve a oír el decreto de Moctezuma: Los dioses tienen sed.

Esta sección está dedicada a los migrantes mesoamericanos que atraviesan su particular infierno en la ruta hacia Estados Unidos. Lo típico al hablar de infierno y de camino, es que la imagen de Dante se nos venga a la mente de la mano de un Virgilio y de una Beatriz. Qué lejos se nos ha quedado esa literatura para un infierno tropical Beyond the México Bay. Esa tierra salvaje de costumbres no civilizadas podría bien habernos descrito Aldous Huxley. Un infierno, en donde lo más cercano al Virgilio y la Beatriz de Dante, es un coyote quizás adicto a la cocaína, quizás tratante de personas, o cuando menos, un remador entre tierra e infierno, algo así como un Caronte criollo, un trashumante por el Mictlán, nunca mejor dicha la trashumancia que en la ruta de los migrantes mesoamericanos y su áspero paso por México, sí, humana y no de ganado. No sé, qué difícil se hace reconocer si se trata de humanos o de ganado. ¿Acaso alguien podría responder a la misma pregunta que se hizo hace casi 500 años el sacerdote dominico Antonio Montesinos al ver a toda esa gente, incluso niños a quienes aparte de quedarles la opción de morir, sólo les resta la de migrar y caminar los sueños que se supone deberían sucedernos dormidos? ¿Alguien podría entonces responder, después observarles compartiendo el suelo de la ruta del narco y el lavado que caminan expuestos a los peligros y castigos que un libro de la Edad Media ya no podría asustarles? ¿Quién responderá entonces a la pregunta del dominico: ¿Estos no son hombres?, después de verles en tales condiciones, después de observar las asociaciones norteamericanas solicitando la expulsión de menores migrantes? ¿Qué son entonces? ¿Haremos como los franceses que para infringir los derechos humanos en sus colonias de África llamaban a los africanos monos superiores para no considerarlos humanos y por lo tanto, no respetarles como poseedores de derechos humanos? Caminan en fila india como camino de un sacrificio. Da igual que sea Azteca o etrusco el holocausto. Lo es y es lo que hay que evitar. Mientras tanto, Peña Nieto.

¿Has visto las palabras, champán en mano, que dedicó Enrique Peña Nieto al Rey de España por el motivo de su abdicación? Cuando se habla de neo-colonización, se habla precisamente de eso, de países fingidamente independientes pero atados por una clase de mercaderes internacionales que imponen virreyes del siglo XXI o protectorados a la altura de los tiempos. Tampoco quiero decir que estamos ante un -Imperio- en el sentido euro centrista del término, porque al enunciarla, casi de inmediato aparece la maquinaria euro centrista de autores rebeldes que hablan de este tema y entonces todo se conceptualiza, se petro-momifica en ebooks y libros enviados por correo desde la editorial más cercana. Cuando se habla de neo-colonialismo o imperialismo, se debe hablar desde la responsabilidad, y lo más responsable que se puede ser, es tener una lengua de cristal, es decir, la de citar a autores que son palabra y obra de ese hecho que sigue estando presente en la mayoría de los países del mundo. Citarlos para dejarlos ver, para que se muestren y superen esa oscurana que la guerra fría generó para con aquellos que han muerto por defender una concepción de liberación con su propia sangre, por eso es necesario Nkrumah, Neto, Cabral, Sankara, Lumumba, Zapata, Sandino y esos autores que están ¨supuestamente¨ pasados de moda precisamente porque en las universidades anglos y europeas, en la universitatocracia en definitiva, se cierne el silencio en favor de quienes escriben libros con buenas ilustraciones y notas al pie de página, que desbordan de modestia y no se cortan en referenciar como gordos favores a otras universidades que entre más anglos y más nor-europeas están como autorizadas por este lado del mundo que se llama a sí mismo moderno. Por cosas así se entiende la admiración negativa de Marx para con la alta burguesía, a decir: su capacidad para presentarse gassetiana y alevosamente como estando a la altura de los tiempos, su instinto casi biológico para comer cultura y vomitar capital o viceversa. No son las manos de los representantes de México ni las de España las que brindan, ni sus bocas las que beben, son las de los grupos de quebrantahuesos que se esconden detrás de las banderas y las instituciones, y que algunos dan el blando e inocente nombre de empresarios. Tienen una habilidad más que gatuna, ya no de defenderse panza arriba, sino de caer hacia arriba. Sí, en la misma forma en que se levanta la copa de ambrosía burbujeante de políticos hispano-latinos, hacia arriba. Sí, como las curvas ascendentes de acumulación de dinero por parte de los clubes de la ultra-riqueza de ambos países. Caer hacia arriba, esas tres palabras que además dar una bofetada de realismo a Newton dan fe de la situación y de progreso social en que se encuentran los trabajadores de estos países de antaño uno. ¿Pero y el cambio, cuándo? ¿Hacia dónde? ¿Hacia arriba? Galeano demostró, junto con Carlos Fuentes, que en algún lugar de América Latina, la brújula termina errando.

«El novelista Carlos Fuentes ha reconstruido, a partir de la agonía, la vida de un capitán del ejército de Carranza que se va abriendo paso, a tiros y a fuerza de astucia, en la guerra y en la paz4. Hombre de muy humilde origen, Artemio Cruz va dejando atrás, con el paso de los años, el idealismo y el heroísmo de la juventud: usurpa tierras; funda y multiplica empresas, se hace diputado y trepa, en rutilante carrera, hacia las cumbres sociales, acumulando fortuna, poder y prestigio en base a los negocios, los sobornos, la especulación, los grandes golpes de audacia y la represión a sangre y fuego de la indiada. El proceso del personaje se parece al proceso del partido que, poderosa impotencia de la revolución mexicana, virtualmente monopoliza la vida política del país en nuestros días. Ambos han caído hacia arriba.»

¿Por qué volver a Babel?

Por la dignidad de Haití, para evitar su abandono, para que honren su deuda.

Por la derogación del RD 16/2012 y la restitución de la asistencia sanitaria a inmigrantes en situación irregular.

Por el cumplimiento de la deuda de EEUU con Nicaragua.

Por justicia a Palestina.

Por una alternativa más a la de migrar y morir en el intento.

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