3°. Que a fin de determinar la legislación sobre la cual deben analizarse los hechos denunciados, cabe considerar que los supuestos delitos de carácter sexual investigados se habrían cometido entre el año 1980 hasta Enero de 2004. Derecho aplicable






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título3°. Que a fin de determinar la legislación sobre la cual deben analizarse los hechos denunciados, cabe considerar que los supuestos delitos de carácter sexual investigados se habrían cometido entre el año 1980 hasta Enero de 2004. Derecho aplicable
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Mariano De Jesús Cepeda Becerra, de Fs. 566. Indica que llegó a trabajar a la Parroquia de El Bosque el 12 de marzo de 1952 y se retiró el 12 de abril de 2010, voluntariamente. El Padre Karadima siempre tuvo preferencia por jóvenes rubios y de ojos azules, tenía actitudes extrañas como por ejemplo les agarraba los glúteos. Una vez vio que besuqueaba a Francisco Márquez, en el comedor, como a las 15:00 horas, después de almorzar. Era una persona muy dominante, toda la gente le tenía miedo. Los jóvenes más cercanos a él vestían de acuerdo a sus instrucciones, les reprochaba el largo del pelo y su presentación personal con un trato poco amable. Era selectivo y muy interesado en la plata. Tenía mal genio y era explosivo, si alguien le llevaba la contra se tenía que ir.

Testimonio de Juan Pablo Zañartu Cerda, quien a Fs. 571 ratifica su carta denuncia de fojas 159. Relata que a los 12 años, en su preadolescencia y tal vez por la ausencia prolongada de su padre comenzó a asistir a la Parroquia El Bosque. Los sábados después de almuerzo concurría a los grupos de la Acción Católica, formados por jóvenes de distintos colegios y guiados por el Padre Raúl, un seminarista residente de la Parroquia. Fernando Karadima, era sacerdote, figura central en la Parroquia, confesor y guía espiritual de los seminaristas y de los jóvenes. Se confesó muchas veces con él como requisito para recibir la comunión. Los temas de las confesiones eran siempre sexuales y en particular en torno a la masturbación. Le decía que producto de la masturbación el corazón latía más rápido, la respiración se incrementaba y la voluntad se perdía lo que a la larga producía problemas de memoria y mentales. A Foja 162 agregó que venía de una familia católica, que sus padres se separaron y su padre se fue a vivir a los Estados Unidos. Esto provocó en él una cierta carencia, que lo hizo concurrir a la Parroquia en donde encontró afecto y amistad. Karadima lo presionaba a confesarse diariamente y pedía que le contara detalles sexuales, lo que el sacerdote disfrutaba. El sacerdote se sentaba, abría sus piernas y lo hacía ponerse de rodillas frente a él, su torso rozaba los genitales del sacerdote y éste le hablaba al oído, sentía su aliento caliente, su rostro se enrojecía, claramente lo manipulaba para obtener una satisfacción sexual. Estas confesiones duraron unos 6 meses. Dejó de ir la Parroquia por conductas que consideró indebidas de parte del citado seminarista que comentó a su madre y ésta lo encaró.

Atestados de Fernando José Ferrada Moreira, de Fs. 575, sacerdote, señala que el Padre Fernando es una persona de carácter muy fuerte, con gran influencia sobre los demás, que puede ser decisiva. Impone su voluntad confundiéndola con la de Dios e insiste en la obediencia total. Señala que a él lo alejó de su hermano Andrés, también sacerdote. Expresa que comenzó a frecuentar la Parroquia de El Bosque el año 1991, como seminarista. Ya sacerdote participaba los días lunes en la misa de la Unión Sacerdotal. También concurría algunos lunes en la tarde a un departamento en Viña Del Mar, iba el grupo de sacerdotes y jóvenes más cercanos al padre Karadima, recuerda que observó que mientras el sacerdote conversaba con alguien le tomaba el cinturón del pantalón con la mano y ahí la mantenía, conducta que no le pareció sana. En otra oportunidad vio que el sacerdote, le lanzó una palmada suave a un joven en las nalgas y en el departamento de Viña Del Mar, conversando con Karadima, sintió un roce de la mano de éste en su estómago, como a la altura del ombligo que lo incomodó. El Padre Fernando creó un grupo cerrado en El Bosque en que todo debía conversarse con él y no con el Obispo. Para separarlo de su hermano Andrés, le decía junto al padre Juan Esteban Morales, en duros términos, que éste lo había traicionado, que había hablado mal de él. Cree que es un hombre de fe que buscaba la santidad propia y la de los demás y que los hechos investigados lo fueron llevando paulatinamente a perder el sentido de la realidad, centrando su vida en sus intereses personales.

Dichos de Guido Hernán Chacón Tassara, de Fs. 598, en los que ratifica lo manifestado a Fs. 154 en el Ministerio Público. Refiere que trabaja en la Parroquia de El Bosque desde el año 1983, en calidad de portero. Indica que el párroco fue mucho tiempo el Padre Fernando Karadima, hasta hace unos 4 años. El sacerdote es una persona de carácter fuerte que como jefe era exigente, le gustaba estar al tanto de todo y tomaba las decisiones. Como guía espiritual el Padre Fernando era muy dedicado y preocupado de sus jóvenes, sabía de sus vidas y de los momentos o circunstancias que estaban viviendo y conocía sus actividades de trabajo, estudio o posibles parejas y le gustaba tener la última palabra en las decisiones. Agrega que nunca observó al Padre besar a algún joven en la boca, pero que en unas dos oportunidades vio al Padre Karadima que al saludar a alguien le apoyaba una mano en las nalgas. Refiere que en otra oportunidad, hace unos 4 años, al saludar a un joven en la Sacristía el sacerdote le dio un toque con los nudillos de sus manos en los genitales, pero no le atribuyó connotación sexual. El Padre Karadima era dominante, influyente, elitista y selectivo, se hacía negar cuando no deseaba prestar servicios, si el Padre no consideraba a alguien el resto de los jóvenes le daban un trato distante. Era arrebatado en sus reacciones, pero una persona piadosa y de mucha oración. Indica que conoció a los denunciantes y que nunca notó nada extraño en ellos, eran personas normales, jóvenes educados, de buenas familias, buen trato y buena presencia.

Declaración de Andrés Gabriel Ferrada Moreira, de Fs. 608, ratifica lo manifestado en la Fiscalía Regional que rola a Fs. 142. Conoce al Padre Fernando Karadima desde 1988, cuando tenía 19 años, lo empezó a tratar más desde el año 1994 en adelante y los años 1995 y 1996 estuvo en misión en la Parroquia El Bosque. Luego fue su guía espiritual desde julio del año 1999 hasta agosto del año 2000. Después de esto se fue del país para estudiar en Roma hasta el año 2005, teniendo en ese tiempo contacto telefónico. Refiere que Karadima es una persona de carácter fuerte, es capaz de ejercer gran influencia en las personas, puede ser muy manipulador, por ejemplo a través de hacer pensar que la salvación depende de la obediencia a él, actúa con su grupo más cercano, en el sentido que logra que otros hablen por él. En los años 1994-1995, observó que el Padre Karadima, tenía como costumbre dar golpecitos en el trasero y ocasionalmente también en los genitales a los jóvenes dirigidos, en público, y nadie lo cuestionaba. Agrega que venía de la Parroquia Los Castaños y su director espiritual era el Padre Cristóbal Lira, dirigido del Padre Karadima y, por ello, desde 1988 a 1994 siempre oyó del Padre Lira sólo palabras de veneración hacia el sacerdote Karadima, por lo tanto su apreciación era muy alta. El año 1995-1996 el seminario lo mandó a hacer práctica pastoral (misiones) en la Parroquia de El Bosque. Dice que observó en la Sacristía de la Parroquia, junto a más personas, como el Padre Karadima daba una palmada en el trasero a su interlocutor, más bien era un golpecito y en otras ocasiones en los genitales. Estos toques eran hechos a jóvenes en general. El también participaba de la veneración por el sacerdote y no le daba, en esa época, una significación sexual.

Relata que fue usado y manipulado por Karadima junto a otro seminarista para expresar su malestar ante el superior del Seminario. Ejercía el poder a través del miedo, manipulaba a las personas gracias al fuerte vínculo afectivo y espiritual que entablaba con ellas, de modo que éstas sentían que su salvación eterna dependía de la sumisión a Karadima quien solo podía mostrarles el verdadero camino y la voluntad de Dios. Del grupo vocacional que venía de la Parroquia Los Castaños, tomó conocimiento que el Arzobispo consintió en que se presentaran sin referencia a la Parroquia de formación y hoy le parece que la idea era que el Padre Karadima fuera considerado el único y el más importante formador y referente espiritual, lo cual refleja el grado de autocomplacencia y auto veneración de si mismo que éste sacerdote creó en torno a él. Señala que en la Investigación eclesiástica declaró como testigo y también lo hizo ante el Fiscal Armendáriz, porque lo manifestado por los denunciantes en el programa Informe Especial concordaba con el sistema utilizado por el sacerdote Karadima y su entorno más cercano, se refiere al abuso de autoridad y a los medios para aplicarlo, que describe con su experiencia. Le impresiona ver cuán grande era la autoridad espiritual que el Padre Karadima tenía sobre las personas a las que había introducido en este sistema y el grado de violencia moral que ejercía sobre ellas para obtener lo que él quería. Si alguien osaba contrariarlo le imponía castigos que subjetivamente eran muy severos para el afectado. Iban desde amenazas de perder la relación espiritual con él, lo que significaba “el riesgo de la salvación”, hasta el aislamiento de la comunidad de jóvenes, sacerdotes y seminaristas y muchos hermanos cedían a las presiones implícitas o explícitas de Karadima para lograr el aislamiento espiritual del sancionado. También el Padre Karadima generaba a través de ardides como intrigas, calumnias o mentiras conflictos entre su contradictor y otras personas significativas para el afectado, era capaz de lograr que un dirigido suyo fuera a acusar a las autoridades de la iglesia a otro dirigido.

Agrega que en su opinión el padre Juan Esteban Morales llegó a ser colaborador estrecho de Karadima en la creación de este misticismo y le es muy difícil creer que el Padre Morales no supiera de los abusos.

Dice ser testigo de manipulaciones de Karadima respecto de sus dirigidos y de cómo creó un sistema de abuso de autoridad que hace creíbles las denuncias en su contra. Durante su estadía en Roma Karadima lo forzó a traspasar información a ciertas personas importantes de la Iglesia, respecto de la cual no tenía conocimiento personal.

Expone que en mayo de 2005, telefónicamente el Padre Karadima le dijo que lo encontraba orgulloso, que hacía lo que quería sin consultarlo a él, por eso le proponía que pensara volver a Chile. Al poco tiempo lo llamó el rector del Seminario, padre Rodrigo Polanco -cercano a Karadima- en nombre del cardenal, diciéndole que regresara a Chile al final de ese semestre. Al volver habló con Karadima, en presencia de Morales, y este le hizo una especie de juicio, primero, en tono paternal y luego severo, señalándole que él había dicho o hecho algo en su contra y por lo tanto exigía que lo confesara para conservar su amistad y paternidad espiritual, todo esto unido a la amenaza de poner en peligro su salvación. No supo de que se trataba, llegó a un acuerdo con el Cardenal, volvió a Roma para seguir sus estudios y su hermano sacerdote ya no le contestó el teléfono o le daba evasivas, por lo que intuyó que se trataba de una medida “punitiva” del Karadima hacia él, lo que fue confirmado por su hermano Fernando el año pasado. En marzo de 2006 regresó a Chile y al poco tiempo tuvo una conversación con los sacerdotes Karadima y Morales, insistiendo para que confesara aquello que habría hecho o dicho, luego se lo manifestó también Morales y Jaime Tocornal, estas reuniones eran verdaderos interrogatorios que buscaban su auto inculpación. Nunca supo de que se trataba pero deduce que probablemente se relacionaba con las denuncias por abuso sexual, pues recuerda con certeza que en el año 2005 Karadima le sugirió que lo que él había hecho o dicho estaba vinculado con que ciertas personas habrían tomado contacto con él en Roma para contarle situaciones acerca del sacerdote que lo habrían escandalizado.

Señala que un sábado de invierno u otoño, de 1996, después de la misa de las 20:00 horas y no más allá de las 23:00 horas, junto al Padre Fuenzalida, Vicario de la Parroquia, y el entonces seminarista Cristian Hodge, vio, a unos 25 metros, que salía un joven del dormitorio de Karadima al que éste despedía con abundantes besos en la mejilla o tal vez de la forma que ahora llaman “besos cuneteados”, el joven era menor de edad. Los tres se impresionaron al punto que retrocedieron y al llegar al dormitorio del Padre Fuenzalida, éste manifestó su sorpresa y vinculó la escena a la santidad del padre y nunca más se habló del tema.

Dice haber tomado conocimiento de las denuncias por abusos sexuales contra Karadima en el año 2010 y con todas las experiencias vividas, le parece que el contexto de ellas es similar y, por lo mismo, no tiene motivos para dudar de que su contenido no sólo sea verosímil, sino también verídico.

Agrega que durante este año ha tenido contacto con sacerdotes que públicamente se distanciaron del Padre Karadima en agosto de 2010 y a través de ellos ha sabido muchas otras cosas impropias de índole sexual que el sacerdote practicaba con algunas personas de su círculo más estrecho. A modo de ejemplo refiere que se trataban con apodos femeninos y que el mismo había percibido en sus tiempos de seminarista que había un lenguaje inapropiado en ese círculo. Agrega que recuerda que el padre Lira dijo públicamente que vio a Karadima besar a Murillo y que otro sacerdote le comentó haber presenciado cómo el sacerdote abrazaba a un obispo de manera exagerada y que varios observaron golpecitos en el trasero o genitales y muchos de ellos reconocen, y le manifestaron a él, que se habían dado cuenta de cómo fueron manipulados por Karadima y su entorno en un sistema de abuso de conciencia, donde se utilizaban medios de coacción como amenazas, mentiras y calumnias. Agrega que está convencido que Karadima se hizo un sistema de auto adulación y de dominio sobre las personas que para él resultaba significativas, formando con ellas círculos concéntricos de dependencia, sin embargo es claro que el Padre Fernando tiene creencias, sentimientos y por mismo ha hecho el bien espiritual a muchos.

Testimonio de Juan Luis Edwards Velasco, de Fs. 628, en que ratifica lo depuesto en la Fiscalía a fojas 141 y precisa que desde noviembre de 1979 participó en las actividades pastorales de la Parroquia de El Bosque, cuando cursaba segundo medio y tenía 16 años de edad. Asistía a diario y después de un año Karadima lo nombró secretario personal generándose un mayor acercamiento sin que por ello formara nunca parte de su grupo de elite. En el año 1980 se encontraba en la parroquia rezando afligido, le pidió ayuda al Padre Karadima y éste lo llevó al claustro para darle una palabra de consuelo, lugar donde tocó sus nalgas, pero él en forma instintiva lo rechazó. En los años 1983 a 1984 vio al Padre Karadima en reiteradas oportunidades tocarle los genitales a sus dirigidos en la sacristía delante de todos. El Padre Karadima es una persona controladora y manipuladora, él dependía de lo que le dijera Karadima para tomar cualquier tipo de decisión. Se retiró en el año 1984, saturado de la presión psicológica de Karadima para hacer sacerdotes, que lo dejó dañado. Luego lo llamó Juan Carlos Cruz y lo comunicó con Karadima quien lo retó y le tiró la “ley de Moisés”, se sintió intimidado y volvió, pues en esa época creía que el sacerdote era la voz de Dios, pero se fue definitivamente a los dos meses. Allí conoció a Cruz y llegó Hamilton del que sentía una sana envidia porque subió de categoría rápidamente.

Declaraciones de Jorge Eduardo Merino Reed, de Fs. 646, sacerdote católico, quien ratifica su declaración prestada en la Fiscalía y que rola a Fs. 101 y al respecto precisa que llegó el año 1993 a la Parroquia de El Bosque y tomó al Padre Karadima como su guía espiritual. En algún momento vio que el Padre daba toquecitos en torno a la zona genital, bajo el cinturón y sobre la parte superior del muslo o cadera a jóvenes feligreses, seminaristas y sacerdotes. En 18 años que conoce al Padre Fernando, alguna vez que lo saludó lo palmoteó cerca de las nalgas o bajo el cinturón. En una sola oportunidad recuerda que le dio un beso en la mejilla al Padre Julio Sochting y vio que el padre Karadima le pasaba la lengua por la mejilla, lo observó en el comedor y fue muy rápido, unos 2 ó 3 segundos. En ese momento le pareció fuera de lugar pero nada más. En otra oportunidad, hace unos tres años, en la Parroquia, después de almuerzo, estaba frente al Padre Fernando, ambos de pie y éste lo tomó del cuello y le dijo algo que no recuerda, no era una situación de conflicto o reproche ni lo estaba retando, solo lo relata para no dejar nada que contribuya a la investigación.

Testimonio de
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