3°. Que a fin de determinar la legislación sobre la cual deben analizarse los hechos denunciados, cabe considerar que los supuestos delitos de carácter sexual investigados se habrían cometido entre el año 1980 hasta Enero de 2004. Derecho aplicable






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título3°. Que a fin de determinar la legislación sobre la cual deben analizarse los hechos denunciados, cabe considerar que los supuestos delitos de carácter sexual investigados se habrían cometido entre el año 1980 hasta Enero de 2004. Derecho aplicable
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12°.- Que en los informes emitidos por el Servicio Médico legal, de fojas 675 y 1101, los especialistas consignan que Fernando Karadima Fariña: “Presenta una personalidad de tipo narcisista donde lo que prima es el egocentrismo y sobrevaloración de su imagen personal. Se presenta de manera grandiosa, con un sentido exagerado de la propia importancia que lo lleva a sobrevalorar sus logros, llegando incluso a señalar que tiene influencias de “santos” en su vida. Posee fantasías de ser admirado por los demás. Su capacidad empática (o de situarse en el lugar de otro) se ve disminuida, tiende a establecer relaciones sociales superficiales e instrumentales (utilitarias). Este modo de relacionarse hace que su estilo de contacto con los otros sea abusivo y con menor consideración por los derechos y necesidades de los demás. Puede presentarse ante los otros como una persona arrogante y soberbia. De hecho es probable que mencione que los demás lo envidian.” “Estos rasgos de personalidad se tornan rígidos y desadaptativos, lo que genera dificultades en sus relaciones sociales y en la manera en que se integra con los otros, pues estos suelen ser utilizados en función de sus intereses, mostrándose menos sensible a las consecuencias de sus actos sobre los demás. De esta forma es posible que la manera en que se contacta con los otros sea abusiva, no pudiendo descartarse que el examinado haya tenido conductas de connotación sexual con otras personas”. “Existe evidencia proyectiva de conflictos en la identidad masculina y en la vivencia de la sexualidad...”

13°.- Que con los elementos de convicción referidos en los motivos precedentes, se tienen por establecidos que:

  1. Fernando Karadima poseía un carácter fuerte, era carismático, autoritario, controlador e imponía su voluntad a los jóvenes, seminaristas y sacerdotes dirigidos por él. Karadima forjó al interior de la Parroquia El Bosque, en relación con su persona, una ideología que lo ensalzaba, era reverenciado por aquellos que formaban parte de su círculo cercano, fomentó y concretó en los hechos una dependencia afectiva y psicológica, adoctrinando a sus seguidores en el sentido de que la lealtad y fidelidad al director espiritual era irrestricta, creando un verdadero dogma en torno a si mismo;

  2. Fernando Karadima restó libertad a sus dirigidos cercanos controlando aspecto personales de sus vidas, limitó sus amistades, los desvinculó de sus familias, exigió obediencia total, si no acataban su voluntad los reprendía severamente en público o en privado, por sí o a través de terceros, y como sanción moral, a fin de mantener el control del grupo, los aislaba o excluida generando animadversión hacia quienes consideraba desleales, infundiendo en ellos temor de perder su afecto y amistad, por lo que llegó a transformarse en un referente sin contrapeso. Ejerció un real poder a través de la manipulación de conciencia de sus dirigidos, quienes confiaban en él, creó un ambiente cerrado, de elite y dirigido exclusivamente por su persona. Lo anterior trajo como consecuencia que los jóvenes laicos, seminaristas y sacerdotes, no asimilaran la entidad ni naturaleza indebida de las conductas o de la situación de abuso ejercida sobre otros o sobre sí mismos, pues la devoción y admiración hacia su figura eran incuestionable;

  3. Karadima en forma reiterada, en el círculo de personas cercanas a él, tocaba en público con sus nudillos la zona genital de los jóvenes dirigidos y de ciertos seminaristas y sacerdotes, si bien en esa época tal situación no fue, en general, interpretada por éstos como una práctica invasiva de orden sexual, tal conducta no es propia de un sacerdote y actos sutiles como estos, de poca entidad por el contexto en que se dieron, habrían permitido conductas de mayor gravedad en perjuicio de ciertas personas más vulnerables;

  4. El sacerdote Karadima en grupos íntimos, al interior de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, donde fue Vicario, Párroco y sacerdote, empleaba un lenguaje ambiguo, vulgar e impropio para su investidura y rol de director espiritual;

  5. Con frecuencia, al acercarse los jóvenes para saludarlo o despedirse con beso en la mejilla, Karadima volteaba su cara para rozar la comisura de los labios o su boca, calificando el acto como un juego sin importancia;

  6. Los comportamientos de Karadima, descritos en las letras anteriores, se mantuvieron en el tiempo y con el mérito de las declaraciones de autos, es dable asentar que ellas se han repetido, como un patrón de conducta, por los menos desde 1962 en adelante.

14°.- Que los antecedentes fácticos referidos, se acreditan con testigos directos, quienes dan cuenta de esos hechos, ya sea por haber sufrido tales agresiones o por haberlas visto cometer sobre otras personas. De la misma manera los declarantes sitúan tales actos en épocas diferentes; cada testigo atribuye a Karadima conductas semejantes, siguiendo un determinado patrón, sin que se observen en tales declaraciones motivaciones espurias para testimoniar en su contra, sino que, por el contrario, reflejan como único fin aportar antecedentes que parecen verisímiles en relación con el esclarecimiento de los hechos investigados, luego de un profundo proceso de reflexión.

15°.- Que como conductas reiteradas, de acuerdo a lo narrado por los testigos de contexto, el sacerdote Karadima creó un vínculo desigual con sus dirigidos, ejerció autoridad sobre ellos usando como estrategia el aislamiento y la exclusión, el control y la manipulación, el manejo intrusivo de la vida privada, el abuso emocional, y el sentimiento de culpa, el adoctrinamiento a creencias absolutas, imponiéndose sobre sus dirigidos como autoridad y referente de santidad única, abusando de su fama en la dirección espiritual y vocacional.

La conclusión anterior se refuerza aún más del análisis de la evaluación psiquiátrica y psicológica del sacerdote Karadima que revela los rasgos de su personalidad, los que dan crédito y verosimilitud a los relator y descripciones de los declarantes, en cuanto el sacerdote, por su carácter, autoridad y control, que lo llevó incluso al abuso, logró crean un ambiente propicio para dicho fin y con el objeto de satisfacer sus libido.

DENUNCIA DE JUAN ANDRÉS MURILLO URRUTIA:

16°.- Que el Sr. Murillo, nació el 10 de marzo de 1975, es soltero, profesor y doctor en filosofía. A fojas 357, ratifica la denuncia efectuada en la Fiscalía Oriente del Ministerio Público y expone que comenzó a asistir a la Iglesia El Bosque a los 18 años con otros amigos de Los Castaños. Se fue involucrando cada vez más a las labores parroquiales y pronto ingresó al círculo más cercano de Karadima, quien era de personalidad fuerte, dominante y su guía espiritual. Su interés era más que nada definir su vocacional sacerdotal. Refiere que Karadima comenzó golpeando a la pasada en forma suave su zona genital. Luego en dos oportunidades, sentado a su lado éste puso la mano en su muslo, deslizándola hasta llegar a su zona genital, lo detuvo en ambas ocasiones. No se atrevió a enfrentarlo, pero le parecía totalmente impropio de su parte. Recuerda que en el año 1994, en un viaje a la beatificación del Padre Hurtado, al bajar a la vera de un camino para orinar, el padre Karadima le dijo que lo observara como él orinaba sin tocarse el miembro. En una ocasión, en su habitación, de pie frente a frente, el sacerdote trató de meter la mano debajo de su pantalón, lo que no permitió. Otra vez en su pieza sentados uno al lado del otro, colocó la mano en su muslo y la deslizó hacia su zona genital, bajó su calzoncillo, le tocó el pene y lo comenzó a masajear, él quedó paralizado por su audacia y a los pocos segundo reaccionó, poniéndose de pie, retirándose sin decirle nada y llorando se fue a la capilla. Jamás esperó algo así y por esto decidió alejarse de la Parroquia. Fue a hablar con el sacerdote porque quería decirle que lo sucedido era indebido pero el padre Karadima le manifestó que debía confesarse por el pecado contra la pureza que habían cometido. Esto sucedió en marzo de 1997 y solo regresó un par de veces, para ver a sus amigos, sin embargo los que estaban allí le hicieron el vacio y ni lo saludaron.

Continuó sus estudios universitarios y en marzo de 1998 ingresó al noviciado jesuita, allí se dio cuenta que su vocación no era ser sacerdote y se retiró voluntariamente en noviembre de 1999. En el año 1998 le contó lo vivido con Karadima al padre jesuita Eugenio Valenzuela. En el año 2003 se lo contó a otros dos sacerdotes jesuitas Rodrigo García y Juan Díaz. Este último le dijo que era conveniente que pusiera al corriente de lo que había pasado a la jerarquía de la iglesia e hiciera una presentación por escrito. Ignora que pasó con ello, solo se enteró que Juan Díaz se la hizo llegar al Cardenal Errázuriz quien dijo que rezaría por él. En el año 2005 hizo otra presentación a través de una carta enviada a Monseñor Ezzati a quien visitó personalmente ese año, acompañado del padre Rodrigo García, ocasión en que entró solo y éste dijo que lo relatado era grave y que no se preocupara. Por último, hizo una tercera carta, en septiembre de 2009, ante el padre Oscar Muñoz y Hans Kast. No tiene la certeza de que estas presentaciones estén en algún lugar. En mayo de 2010, concurrió al Arzobispado para saber en qué estaban sus denuncias, allí lo atendieron Fermín Donoso y Oscar Muñoz, le señalaron que estaban agregadas a la causa y que además habían llegado tres más. Refiere que conoció a James Hamilton en la parroquia y lo dejó de ver cuando se retiró, reencontrándolo solo en septiembre de 2009. Agrega que en el año 2002 le contó lo sucedido a la Dra. Pilar Vigil, ella fue muy cercana al sacerdote por 20 años, luego ella le envió un a mail en que decía que Hamilton deseaba hablar con él y en septiembre de 2009 se juntan en un restaurant, allí él le contó su historia, dijo que Karadima le había hecho tocaciones en sus genitales y que no supo cómo detenerlo, tal vez era muy chico, y que ahora estaba hablando con la prensa para hacer una denuncia a la iglesia en contra del sacerdote y quedaron en que él también haría la suya.

Nunca existió un complot contra Karadima, al contrario, solo ha actuado para evitar que se repita este tipo de conductas.

En el año 2005 o 2006 concurrió a hablar con monseñor Arteaga para notificarle los hechos de abuso sexual que había vivido y para pedirle ayuda, él le dijo que era muy grave lo que estaba diciendo y que no lo repitiera porque el padre Karadima tenía buenos abogados, lo sintió como una amenaza.

A Fs. 670, relata otro episodio en que Karadima lo abrazó, le tomó la cabeza con fuerza e intentó darle un beso en la boca. Al sentirse rechazado con fuerza, nada dijo, solo sonrió, haciéndolo ver como algo gracioso. Respecto de otra situación de forcejeo precisa que cuando Karadima intentó masturbarlo, él con fuerza le tomó la mano para impedir la conducta y éste con fuerza a su vez intentaba seguir en el acto.

17°.- Que, en relación a esta denuncia, sin perjuicio de las declaraciones de contexto precedentemente citadas, obran en autos los siguientes testimonios:

Juan Cristóbal Lira Salinas, a Fs. 748, sacerdote católico, quien relata que en una oportunidad, observó como el Padre Karadima besó a Andrés Murillo en su dormitorio. Explica que la habitación del sacerdote es grande y en forma de L y es lo mismo que también observó en el comedor con otros jóvenes.

Andrés Luis Arteaga Manieu, Fs. 859, Obispo Auxiliar de Santiago, dice conocer a Murillo como uno de los jóvenes que acudían a la Parroquia de El Bosque habitualmente. Este le envió un correo electrónico el 2 de diciembre de 2005, (acompaña el documento a su declaración) y se encontraron en su Oficina de la Universidad Católica donde le manifestó que lo había pasado mal, que se sentía presionado por el Padre Karadima, que en su dirección espiritual no había respetado su libertad, que el Padre Fernando había tratado de abusar de él y que los hechos los había puesto en conocimiento de la Iglesia. Indica que el Cardenal Errázuriz, antes de diciembre de 2005, le consultó si conocía a Hamilton y Murillo y le pidió entregar información al Promotor de Justicia de la época, lo que hizo, reconociendo las cartas de fojas 90, 91 y 92 del cuaderno anillado (Investigación Canónica previa realizada en Chile), todas de junio de 2006.

Jaime Carlos Vela Rodrigo, Fs. 925, señala que observó en el Padre Karadima una verdadera obsesión por Murillo y a veces hasta perdía la racionalidad, quería que estuviera a su lado en diversas actividades. Con Murillo se hizo amigo durante los años que concurrió a la parroquia y mantuvieron contacto mientras estuvo en el extranjero. En una conversación que mantuvieron en el año 2000, Murillo le contó que había sido violentado por el Padre Karadima, no le dio detalles pero sí manifestó constantemente que era heterosexual y que no tenía conflictos de identidad sexual. Le preguntó si creía que el Padre Karadima era homosexual y él le respondió que, de acuerdo a sus percepciones, sí lo era. De esa conversación no le quedó duda de que Murillo se refería a abusos de tipo sexual por parte del Padre Karadima. En septiembre de 2006, cuando Karadima deja de ser párroco, conversaron nuevamente y en agosto de 2009, lo vuelve a llamar, le contó su experiencia de abusos por parte de Karadima, de la denuncia eclesiástica junto con Hamilton y Cruz, consultándole si él había visto o sufrido algo similar, a lo que le respondió que no, que lo suyo sólo fueron percepciones.

Cristián Armando Hodge Cornejo, sacerdote, manifiesta que a Murillo lo ubica desde que frecuentaba la parroquia El Bosque y recuerda que había una predilección marcada hacia él por parte del padre Fernando y que tuvo rápidamente roles en la parroquia de El Bosque. Se le veía de un estilo muy libre y espontáneo, diferente y no le llamó la atención su alejamiento pues supo que se había ido a los Jesuitas.

María Del Pilar Vigil Portales, fojas. 2 (cuaderno separado), señala que en el año 2003 ó 2004, la llamó por teléfono José Andrés Murillo, a quien conoce desde que salió del colegio. Fue a comer a su casa, era amigo de su madre y al final de la cena le contó su experiencia con el Padre Karadima, ella le dijo que hiciera la denuncia correspondiente, le preguntó con quien había hablado y por sus conocimientos y experiencia en la parroquia de El Bosque, le creyó lo relatado. Ratifica su declaración prestada en la Fiscalía, fojas 164.

Juan Ramón Díaz Martínez, fojas 991, sacerdote jesuita, manifiesta que en el año 2003, no recuerda exactamente la fecha, concurrió a su oficina José Andrés Murillo, él era Vicario Episcopal para la Educación del Arzobispado de Santiago. Lo conocía por haber sido Provincial de la Compañía de Jesús cuando José Andrés postuló al noviciado jesuita, en esa oportunidad le correspondió admitirlo y posteriormente cuando se retiró conversó con él. Murillo le pidió audiencia y lo recibió. Ahí le contó de los abusos que había sufrido de parte del sacerdote Karadima en los años que participó en la Parroquia de El Bosque, tiene la sensación que quería desahogarse y que las autoridades eclesiásticas se enteraran de lo sucedido, no perseguía ir a tribunales, quería que lo escucharan. Cuando se lo comentó no había hecho ninguna denuncia. Le dijo que esto le parecía grave, que debía escribirlo y hacer llegar una carta al Arzobispado, ofreciéndose para ese cometido. Así se hizo, Murillo le envió un email en el año 2003, no recuerda cuanto tiempo pasó entre la conversación y la entrega de la carta. Lo imprimió y se lo entregó al Cardenal en forma personal y le dijo que eran denuncias serias, que le parecía que Murillo era una persona creíble y lo conocía. Por su parte, antes de hablar con el Cardenal hizo averiguaciones con otras personas sobre el estado psicológico de Murillo y le informaron que era creíble y no existían antecedentes de problemas de ese orden. El Cardenal recibió la carta, le quedó la impresión de que estaba preocupado, no sabe si sorprendido. El Sr. Cardenal le dijo que iba a considerar el asunto seriamente y le pidió que acompañara espiritualmente a Murillo y quedó en considerar la posibilidad de recibirlo personalmente, cosa que él le solicitó. El señor Cardenal le pidió que le transmitiera que “rezaría por él” y le encargó acompañar al denunciante. Quedó tranquilo. Luego habló con el señor Murillo de su gestión y que el Cardenal lo llamaría. La carta no era anónima y estaban todos sus datos. Con posterioridad el señor Murillo le manifestó que nada había pasado. Habló nuevamente con el Cardenal, no recuerda la fecha, pero pudo advertir que seguía considerando el tema, pero no deseaba entrevistarse con Murillo, lo notó complicado y no volvió a tocar el asunto. Su gestión se la comentó a Murillo señalándole que no podía hacer nada más y que el asunto estaba en las manos del Cardenal. Exhibido el documento N° 9 del Cuaderno Anillado de documentos, (Investigación Eclesiástica), reconoce que puede corresponder al correo electrónico o email enviado por José Andrés Murillo, que entregó personalmente al Cardenal Errázuriz.

Testimonio de Rodrigo Carlos Joaquín García Monge, de Fs. 996, sacerdote jesuita, declara conocer y ser amigo de José Murillo desde el año 1997 ó 1998 en que fueron presentados y desde el noviciado jesuita donde fue su profesor. Es un excelente amigo, muy fiel, confiable, resiliente y sincero. Es un hombre muy inteligente, creativo y de grandes ideales. No recuerda exactamente, pero cree que el año 2001 ó 2002, ya retirado del noviciado jesuita, y en el marco de la amistad, Murillo le comentó que se sentía mal, que hacía terapia y que uno de los temas que había surgido eran los abusos sufridos durante su estadía en la Parroquia de El Bosque, como tocaciones en los genitales e intentos de masturbación por parte del Padre Fernando Karadima. Supo que había enviado una carta a través del Padre Juan Díaz dirigida al Cardenal Errázuriz, también le contó que la respuesta de éste fue que iba “a rezar por él”, quedándole la idea que no haría nada. Murillo estaba frustrado, herido y enrabiado. En el curso del año 2004, antes de irse a Francia, conversaron la posibilidad de insistir en la denuncia eclesiástica. Habló con Hans Kast quien le dio tres nombres para canalizar la denuncia: Monseñor Ezzati, Monseñor Contreras y el tercero que no recuerda. Solicitó a Murillo le hiciera llegar una relación de hechos y pidió audiencia al Monseñor Ezzati a quien le entregó esa nota anónima. A comienzos del segundo semestre Murillo regresó a Chile. Lo acompañó a una cita con monseñor Ezzati, la que tuvo lugar sólo entre ellos, debe haber sido el 25 de julio de 2005 y dice corresponder a la que se refiere el documento N° 4 que se le exhibe, (Investigación Eclesiástica). En los últimos meses de ese año se encontró con Monseñor Ezzati quien le refirió “lo suyo está en manos del Cardenal”. Nunca más supo del asunto, no fue citado a declarar en la investigación eclesiástica. Le consta que José Andrés Murillo habló del tema con el Obispo Arteaga porque lo acompañó hasta la puerta de la Universidad. Después lo vio devastado y le comentó que Arteaga lo había denigrado, diciéndole que si presentaba denuncia tenían buenos abogados en El Bosque, en tono de amenaza y muy descontrolado. Siempre escuchó que algo raro había al interior de la Parroquia de El Bosque, como secretismo, sectarismo, espiritualidad rígida, todo controlado por Karadima, quien era un manipulador de conciencia y delirante, tenía doble vida.

Declaración del Cardenal Arzobispo, señor Pedro Francisco Javier Errázuriz Ossa, de fojas 1106, en lo pertinente señala, que el Padre Juan Díaz en el año 2003 lo visitó para entregarle una carta del señor Murillo, esta corresponde al documento N° 9 del cuaderno anillado (Investigación Eclesiástica Previa) que en su declaración se le exhibe. Expone no recordar si la entregó al Promotor de Justicia conjuntamente con la que hizo llegar Murillo a través de Monseñor Ezzati o si lo hizo por separado en julio o agosto del año 2005. Recibió de parte de Monseñor Ezzati las cartas cuyas copias aparecen agregadas de fojas 12 a 19 del citado cuaderno. Hace presente que a esa época tenía dudas acerca de la verosimilitud de los hechos expuestos.

Monseñor Ricardo Ezzati Andrello, fojas 1139, Arzobispo de la ciudad de Santiago. Expone que el año 2005, desempeñándose como Obispo Auxiliar y Vicario General de esta ciudad, con fecha 12 de mayo de 2005, recibió al sacerdote jesuita Rodrigo García quien le entregó un sobre que contenía una nota anónima de un joven que aseguraba haber sido abusado por un sacerdote. Le pidió al reverendo la identificación, entregándole el nombre y la dirección del Sr. Murillo. Se comunicó con él, mediante nota del 17 de abril de 2005. (Reconoce el instrumento exhibido por el tribunal agregado a foja 26 del cuaderno anillado). Manifiesta que el documento de foja 24 del citado cuaderno, corresponde a la nota anónima entregada por el Padre García. Refiere que el 22 de junio de 2005, envió una carta al señor Cardenal dando cuenta del hecho de haber recibido la visita del Padre Rodrigo García. (Reconoce el documento de foja 26). Dice que el 25 de julio de 2005 recibió en audiencia al señor Murillo, en Santiago. En esa conversación personal tomó conocimiento de la naturaleza de los abusos denunciados y que estos habrían sido efectuados por el Padre Fernando Karadima. Reconoce el documento de fojas 19, como de su autoría, manifestando que lo entregó personalmente al Sr. Cardenal y hasta allí llegó su intervención.
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