3°. Que a fin de determinar la legislación sobre la cual deben analizarse los hechos denunciados, cabe considerar que los supuestos delitos de carácter sexual investigados se habrían cometido entre el año 1980 hasta Enero de 2004. Derecho aplicable




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título3°. Que a fin de determinar la legislación sobre la cual deben analizarse los hechos denunciados, cabe considerar que los supuestos delitos de carácter sexual investigados se habrían cometido entre el año 1980 hasta Enero de 2004. Derecho aplicable
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18°.- Que, en el cuaderno anillado, (investigación canónica realizada en Chile) rolan agregados los documentos exhibidos a los testigos y consta además, la carta confeccionada por José Andrés Murillo Urrutia, en el año 2003. En algunos pasajes del documento se lee: “Cuando Karadima me conoció se encantó conmigo y quiso hacerme su secretario personal, cargo del que tenía que sentirme orgulloso, pero que compartía con muchos más”. “Karadima era un patriarca. Así le decían algunos, cuya voz era sagrada. Se autoproclamaba director espiritual de alguien y ese alguien perdía toda libertad”. “La desobediencia era fustigada de una manera rotunda, y merecedora de una especie de infierno. Se había creado una jerga interna, y la desobediencia hacía caer en el “scheol”. Refiere que fue invitado por Karadima a la beatificación del padre Hurtado a Roma.

En esa carta Murillo describe la cronología e intensidad de los episodios sexuales denunciados, señalando: “Una vez me hizo quedarme hasta tarde y me abrazó de forma muy rara y me tocó mis genitales. Eso me dejó pésimo, pero no supe hacer nada en contra. Esto se repitió varias veces. Hasta que una vez intentó masturbarme, con lo que quedé muy mal y me fui para mi casa. A veces me daba whisky y me hacía tomar con él.” Luego agrega “Otra vez me propuso, entre broma y en serio, que nos bañáramos juntos, pero dije que por ningún motivo. Después de los toqueteos, a veces me dijo que me confesara”. “Lo peor de todo es que me sentía profundamente traicionado. Yo había confiado en él y creía que en verdad él podía ayudarme con mi vocación y mis ganas de entregar mi vida a Dios”.

19°.- Que los elementos de convicción reunidos en esta causa, en relación al denunciante Sr. Murillo, permiten, en el contexto procesal en que se analizan los hechos, tener por justificado en autos que en fechas indeterminadas entre los años 1993 y marzo de 1997 el sacerdote Karadima procedió, en varias ocasiones, a abrazarlo y a besarlo, luego tocó con sus manos la zona genital del ofendido; en otra ocasión, encontrándose a solas con la víctima en su habitación, mientras conversaban de las inquietudes vocacionales de éste, el sacerdote bajó el cierre del pantalón del ofendido, tomó su pene y comenzó a masturbarlo, lo que éste reprimió con carácter y decisión.

Las conductas descritas se habrían desarrollado en el ambiente descrito por los testigos de contexto ya referidos, además, Jaime Vela Rodrigo a fojas 925 y el entonces seminarista Cristian Hodge Cornejo, en los años en que el denunciante sitúa los hechos, dicen haber advertido la especial predilección del sacerdote Karadima hacia el joven Murillo. Esta cercanía se ratifica también por la circunstancia de haber sido nombrado secretario personal por el sacerdote e invitado por éste a Roma para la beatificación del Padre Hurtado. Por otro lado, la honorabilidad y la verosimisilitud en los dichos del denunciante se desprenden también de los testimonios de los sacerdotes que procuraron canalizar su denuncia al interior de la iglesia católica, lo que es coherente con los antecedentes contenidos en la Investigación Canónica Previa realizada en Chile. (Cuaderno Anillado de documentos).

Pero, más determinante para este análisis resulta lo declarado por el sacerdote Juan Cristóbal Lira Salinas, a fojas 748, quien fue testigo de cómo Karadima besó al denunciante, en su habitación, conducta que el deponente calificó de indebida.

20°.- Que, sin perjuicio de los antecedentes fácticos reunidos, cabe consignar que José Andrés Murillo nació el 10 de marzo de 1975, como consta del certificado agregado a fojas 591, es decir, a la fecha de ocurrencia de los actos reprochados tenía más de 18 años de edad.

En este orden de ideas, no puede sino concluirse que atendida la edad del ofendido a la data de comisión de los hechos, las conductas descritas en relación al sujeto pasivo de los mismos, mayor de 18 años –como lo era el denunciante Murillo- no se recogen en los preceptos que sancionan tales conductas en vigor a partir del año 1993, por lo que son atípicas.

Por otra parte, los antecedentes reunidos en la causa no son suficientes para estimar configurada alguna de las circunstancias previstas en el artículo 361 del Código Penal, como fuerza o intimidación, lo que habría permitido establecer la existencia de un delito con prescindencia de la edad del ofendido. Si bien la víctima hizo referencia a cierto “forcejeo” con el sujeto agresor, tal actuar, en la forma descrita, no es de la entidad suficiente para enmarcarla en la prohibición penal y consiguientemente derivar de ella un hecho ilícito.

21°- Que, en las condiciones anotadas, respecto de la denuncia de José Andrés Murillo, corresponde dictar sobreseimiento definitivamente parcial, en virtud de la causal prevista en el artículo 408 N° 2 del Código de Procedimiento Penal, esto es, por no ser los hechos justificados en la causa constitutivos de delito.

DENUNCIANTE JUAN CARLOS CRUZ CHELLEW:

22°.- Que a fojas, 371, 831 y 1143, rolan las declaraciones de este denunciante, periodista, nacido el 13 de agosto de 1963. Señala que llegó a la Parroquia de El Bosque el año 1980, cuando tenía 16 años. Después de unos meses le presentaron al Padre Fernando Karadima y tuvo su primera conversación con él, comentándole su vocación sacerdotal. Karadima le dijo que sería su confesor y director espiritual, que sólo debía hablar con él, obedecer y ser humilde. Esto fue a principios de 1981. Era común en Karadima golpear los genitales de los jóvenes con sus nudillos, como al pasar, lo hacía en público, y muchos se reían. Existía un escalafón de gente, no todos eran iguales, tenía sus preferidos. Fue ingresando al círculo más cercano, entraba a su pieza, el honor máximo, hacía el aseo, su cama y le daba sus remedios, se quedaba a comer. El sacerdote lo confesaba en su pieza, Karadima se tendía en su cama y él permanecía de rodillas a su lado. El sacerdote le tomaba la cabeza y la ponía sobre su pecho, le pedía un beso y corría su cara, le decía “saca tu lengüita” y la juntaba con la propia. Le provocaba una erección, lo hacía pararse y le tocaba los genitales por sobre el pantalón. Cuando se enteró de un episodio con otro joven, estas conductas se hicieron más seguidas. Los toqueteos se repetían en la pieza del sacerdote y en el confesionario, los peores abusos fueron en la habitación de éste por tratarse de tocaciones más sostenidas. En el confesionario, en la sala de reunión o fuera de Santiago daba toquecitos en los genitales a sus más cercanos. En los años que estuvo en la Parroquia vio en reiteradas oportunidades que Karadima besaba en la boca o daba besos cuneteados y toquecitos en los genitales a Diego Ossa, Gonzalo Tocornal, Juan Esteban Morales, Guillermo Ovalle y a Jimmy Hamilton. Indica que Karadima usó los incidentes que tuvo con Ovalle y Tocornal para amedrentarlo, diciendo que tenía tejado de vidrio, con juicios o encerronas, extorsiones y amenazas en público y privado, directamente o a través de terceros, decía que lo echaría del Seminario y de El Bosque.

A fojas 1143 precisa que los abusos por parte del Padre Karadima comenzaron cuando tenía 17 años de edad. Estos se iniciaron con tocaciones en los genitales a la pasada y luego se fueron acentuando, ocurrían en el comedor y también en la habitación del Padre Karadima. A esa edad comenzó también a darle besos en la boca, le solicitaba que lo besara y al hacerlo él corría su cara y lo besaba directamente en los labios. A la misma edad ocurrió el episodio descrito donde le pedía que sacara su “lengüita”, conducta que le provocaba asco. Aclara que los abusos de orden sexual más intensos tuvieron lugar entre los 17 años y la fecha en que ingresó al seminario, marzo de 1985, con posterioridad a esa fecha sólo fue víctima de tocaciones y golpecitos en los genitales por sobre el pantalón. Los abusos, incluyendo los psicológicos, continuaron hasta que se alejó definitivamente de la parroquia luego de la encerrona del 25 de octubre de 1987. Ratifica lo expuesto en su denuncia por escrito de fojas 20 y declaración de fojas 89 prestada ante el Ministerio Público

23°.- Que en relación a este denunciante rolan, además, los siguientes testimonios:

Guillermo Ramón Ovalle Chadwick, a Fs. 713, ratifica su declaración de fojas 139, y agrega que conoció a Carlos Cruz en la Parroquia El Bosque. Nunca hubo discriminación en su contra pero tenía rasgos de personalidad que él diría de “nerviosón”. En una oportunidad en que estaban varios jóvenes en una pieza que ocupaba Juan Luis Córdova, ingresó al baño y tras él lo hizo Juan Carlos Cruz, se le acercó, lo tocó e intentó besarlo, pero lo apartó. Después le comentó el hecho al Padre Fernando, diciéndole que “Juan Carlos se me tiró al dulce”, no se lo contó en confesión. Piensa que este episodio significó para Cruz darse cuenta de su inclinación sexual no asumida y que se impuso reprimirla con su ingreso al seminario y como el Padre Karadima no lo encontraba preparado, lo hizo por otro lado. Supo que el Padre Karadima hizo gestiones para que Cruz no siguiera en el seminario.

Dichos de Juan Hernán Debesa Castro, de Fs. 825, sacerdote, señala que conoció a Juan Carlos Cruz en los tiempos del seminario sospechando que pasaba por una situación similar a la suya, al observar que seminaristas de El Bosque lo excluían y todo por orden de Karadima.

Declaraciones de Rodrigo Polanco Fermandois, de Fs. 829, sacerdote. Dice que conoció a Juan Carlos en la parroquia y coincidieron en el seminario. El fue alumno formador, tenía 25 años y le correspondió trabajar con el curso de Cruz. No recibió instrucciones del Padre Karadima para corregir a Juan Carlos y sí alguna conversación tuvieron sobre su conducta, que puede ser, no recuerda un tema de especial trascendencia. Jamás supo que Cruz le había contado en confesión al Padre Karadima su inclinación homosexual o que hubiese tenido algún acto indebido con otros hombres. El Padre Karadima es una persona de mucho carácter y puede entender que algunas personas lo hayan sufrido. Su fuerte personalidad era un defecto y eso pudo herir a ciertas personas. Reconoce que en muchos casos el Padre Fernando era más fuerte que lo necesario para criticar a alguien. Es efectivo que existían correcciones fraternas del Padre Karadima hacia sus dirigidos y entre seminaristas y sacerdotes, pero lo percibió como la corrección de un amigo a otro, sin desconocer que a veces el padre Fernando se podía extralimitar en la vehemencia. En el careo de Fs. 837, con este denunciante, agrega que efectivamente corrigió a Juan Carlos acerca de sus modos, pero puede asegurar categóricamente que nunca el Padre Fernando le contó detalles acerca del episodio de Juan Carlos con dos jóvenes de la parroquia. No tiene recuerdos de haber recibido órdenes del Padre Fernando respecto de la conducta de Juan Carlos. No recuerda haber estado en la reunión de 25 de octubre de 1987 que refiere Juan Carlos y, cree que no, pues para ese entonces estaba en Puente Alto y sólo iba los lunes a la Parroquia de El Bosque.

Atestados de Andrés Ariztía De Castro, de Fs. 873, sacerdote. Señala que ubica a Juan Carlos Cruz por su participación en la parroquia, pero no tuvo mayor amistad ni confidencia con él. Reconoce haber sufrió “encerronas” por parte de Karadima, Morales y Ossa. Recuerda haber estado presente en la situación que relata Juan Carlos Cruz, como la una encerrona del año 1987. En esa ocasión le llamó mucho la atención la falta de discreción de Karadima al referirse a este joven diciéndole que “tenía tejado de vidrio”, la violencia del método y el grave abuso de la dirección espiritual. Recuerda el impacto que le provocó, pero no abrió su boca y nada comentó, en todo caso eran más de seis las personas que allí estaban y tuvo lugar en la Salita del Nuncio.

Declaración de Enrique Cristián Contreras Villarroel, de Fs. 1156, sacerdote. Indica que desde junio de 2003 es Obispo Auxiliar de Santiago y Vicario General. Conoció a Juan Carlos Cruz en el año 1985 cuando era seminarista de primer año y él iniciaba sus tareas como profesor. Recibió de Juan Carlos, en mayo de 2.009, un texto larguísimo, vía correo electrónico. Recuerda que era con estilo “copy and paste”, es decir, un relato, no era una denuncia. Recuerda que previamente, en el año 2006, Juan Carlos Cruz le hizo una llamada telefónica desde Estados Unidos pidiéndole que no se insistiera en la petición de declarar. En agosto del año 2007, le escribió un correo electrónico asegurándole que ni Hans Kast ni Francisco Astaburuaga insistirían en que fuera llamado en causa. En respuesta, desde Puerto Rico, Cruz le dijo que había escrito algo y que se lo remitiría. Años después, el 2009, Cruz declaró personalmente ante el Promotor de Justicia. Respecto de la época del Seminario, refiere que cuando era formador, en los años 1987 y 1988, Cruz le comentó acerca de su ruptura con la Parroquia de El Bosque. Su relato, a distancia de 22 ó 23 años después, es invariable respecto de personas y situaciones concernientes a los abusos psicológicos y sometimiento de su voluntad al sacerdote Karadima. En el escrito del 2009, añadió explícitamente los abusos de índole sexual, según lo ha expresado también públicamente. Cuando era formador del seminario, supo que Cruz había sido sometido a una interpelación pública por parte del sacerdote Karadima y algunos seminaristas de esa parroquia. No recuerda la fecha exacta, pero lo observó muy angustiado. Lo que veía en su conducta habitual en el Seminario era una apertura a otros seminaristas provenientes de ambientes sociales y culturales diversos de los de Juan Carlos. Indica que los testimonios de Hamilton y Cruz, fueron conocidos oportunamente por los promotores de justicia de la época. En base a los testimonios recibidos, el Cardenal Arzobispo –Monseñor Errázuriz- consideró verosímiles las acusaciones y envió todo a Roma, por competencia, debido a que uno de los denunciantes declaró haber sido menor de edad al momento de los abusos. Es más, dice que el Sr. Cardenal pidió expresamente que se levantara la prescripción para todos los casos. El resultado de las gestiones y de las investigaciones tienen su punto culminante en el veredicto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Ambas sentencias son elocuentes al respecto. Entre otras sanciones impuestas al sacerdote Karadima está la gravísima prohibición del ejercicio público de su ministerio sacerdotal, como asimismo de confesar y dirigir espiritualmente en privado. Manifiesta que con el sacerdote Karadima nunca tuvo una relación personal. Sí percibía el gran poder de convocatoria de este sacerdote y de la gran influencia en los seminaristas provenientes de la Parroquia de El Bosque y en los presbíteros de la Unión Sacerdotal. Explicando que debe entenderse por “abuso de ministerio” dice que es la creación de todo un habitat en torno a la persona del sacerdote, estableciendo dependencias, especialmente en ámbitos de la dirección espiritual que no favorecen la libertad, sino más bien el sometimiento de las voluntades, interviniendo en otros ámbitos de manera indebida. Es obvio que muchos sacerdotes y fieles laicos podrán decir que no era así; pero hay otros que si lo han reconocido. Le parece obvio que Juan Carlos Cruz fue víctima de este abuso de ministerio, por la falta de imagen a una figura paterna, porque tenía una personalidad emotiva y por lo tanto muy sensible, de cierta ingenuidad, confiado. En cuanto a lo relatado por Juan Debesa, para contextualizar lo de Juan Carlos Cruz, dice que obedece a los parámetros de un abuso de ministerio y le tocó ser testigo y acompañar a Juan Debesa en su sufrimiento como compañero de curso en esos años.

Atestado de Juan Pablo García-Huidobro Rivas, de fojas 45, sacerdote, quien depone que su vinculación a la Parroquia de El Bosque es de toda la vida, su familia vivía a 3 cuadras y era muy parroquiana. Es sobrino del Padre Francisco Javier Errázuriz Hunneus, conocido como Padre Panchi, quien fue su director espiritual los años 1984 y 1985 y después el Padre Karadima por haber manifestado éste que él tenía mayor experiencia para el discernimiento vocacional. Desde esa fecha tuvo acceso a su mundo no siendo éste afín a su personalidad. Nunca tuvo mucha cercanía ni afinidad con el Padre Fernando Karadima y su vinculación con El Bosque fue cada vez menor. Al Padre Karadima todos debían obediencia y lealtad, cuando algún seminarista se alejaba de él, el resto de El Bosque le hacían el vacío. Conoció a Juan Carlos Cruz. Recuerda que Karadima, en presencia de Ossa, le dijo en la sacristía del templo de El Bosque que no se acercara a Juan Carlos pues era homosexual y después Diego Ossa le repitió lo mismo con el típico discurso que Cruz tenía el diablo dentro. También le consta, por haber sido testigo, de la indiferencia y de la falta de atención de los seminaristas de El Bosque hacia Juan Carlos Cruz por orden de Karadima. Juan Carlos se le acercó para agradecerle que lo acogiera, lo que él hacía en esa época por advertir que se trataba de una conducta indebida y de una manipulación a la libertad de las personas ejercida por Karadima. Otro ejemplo de manipulación es que en una prédica Karadima manifestó que cuando alguien deja el seminario equivale a una mujer que aborta, declaración que afectaba plenamente la libertad de discernimiento vocacional de los seminaristas. Karadima era de un egocentrismo muy acentuado, todo giraba en torno a él. Trataba muy mal a los pobres, recuerda en varias oportunidades haber visto a Carabineros sacando gente pobre de la Parroquia por orden de Karadima. Durante muchos años sometió a la burla y maltrato al Padre Panchi, en el comedor se le mantenía aparte, lo desligaba del grupo. Observó las tocaciones en el traste a los dirigidos, le llamaban la atención estos gestos por lo inadecuados. Siempre pudo apreciar el gusto de Karadima por los jóvenes de ciertas características físicas: rubios y altos, se trastornaba y eso era manifiesto. El Padre Karadima decía que los que se iban de la parroquia era porque tenían el diablo dentro. El temor de salirse de la Parroquia era enorme, por una parte estaba el miedo a romper el vínculo afectivo enfermizo fomentado por Karadima hacia su persona y por otro el tener que sufrir el desprecio de los demás seminaristas y sacerdotes, como por ejemplo con Hans Kast, con Juan Carlos Cruz, el Padre Debesa, el obispo Bacarreza y él mismo.
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