3°. Que a fin de determinar la legislación sobre la cual deben analizarse los hechos denunciados, cabe considerar que los supuestos delitos de carácter sexual investigados se habrían cometido entre el año 1980 hasta Enero de 2004. Derecho aplicable




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título3°. Que a fin de determinar la legislación sobre la cual deben analizarse los hechos denunciados, cabe considerar que los supuestos delitos de carácter sexual investigados se habrían cometido entre el año 1980 hasta Enero de 2004. Derecho aplicable
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24°.- Que con el mérito de los certificados de fojas 592 y fojas 1205, se tiene por establecido en autos que Juan Carlos Cruz Chellew nació el 13 de agosto de 1963 y su padre, don Roberto del Niño Jesús Serrano, falleció el 24 de enero de 1980, producto de metástasis generales melanoma maligno.

25°.- Que los elementos de convicción referidos, permiten tener por cierto que Juan Carlos Cruz se incorporó a las actividades de la Parroquia El Bosque en el año 1980, luego de la muerte de su padre, a la edad de 16 años. A los 17 años formó parte del círculo más íntimo del sacerdote, transformándose Karadima en su confesor y director espiritual hasta el año 1987. Cruz ingresó al Seminario Pontificio de Santiago en marzo de 1985, retirándose voluntariamente en el año 1989. Del mismo modo, Karadima dio instrucciones a los seminaristas de El Bosque a fin de que estos aislaran a Cruz y lo sometió a constantes abusos psicológicos, entre ellos se destaca una reprimenda pública que tuvo lugar en la denominada Salita del Nuncio, el 27 de octubre de 1987, que algunos recuerdan por la falta de discreción y dureza del sacerdote.

26°.- Que no existen indicios directos acerca de los hechos imputado por este denunciante a su director espiritual, sin embargo, el relato de Juan Carlos Cruz aparece con un grado de persistencia y solidez suficiente para dar crédito a sus dichos. Resulta coherente en precisión no sólo en cuanto a la época en que se habrían verificado los acontecimientos descritos como conductas sexuales abusivas, sino también acerca de la forma y circunstancias que las rodearon. Los hechos quedan especialmente enmarcados en el patrón de conducta del sacerdote y su entorno, en cuanto se reitera el vínculo afectivo creado con este joven de 17 años de edad, a esa fecha, confiado, ingenuo, vulnerable por la pérdida de su padre y ávido de recibir consejos espirituales y orientación vocacional por este sacerdote, hombre “Santo” e iluminado.

En consecuencia, las señaladas conductas se ajustan a un mismo actuar, tal es así que ofreció al denunciante el cargo de secretario personal, lo hizo sentir importante, lo integró a su círculo más próximo, lo autorizó a ingresar a su dormitorio, gesto que era considerado como un premio y privilegio, reservado sólo para algunos, desplegó tocaciones en público como actos lúdicos que se reiteraron e intensificaron en privado.

27°.- Que en este contexto, el tribunal adquiere convicción suficiente para aceptar el relato del Sr. Cruz, como prueba de los hechos de que da cuenta, testimonio que unido al conjunto de antecedentes ya referidos y especialmente a los indicios derivados de los rasgos de personalidad del sacerdote, referidos al sometimiento y control ejercidos sobre la víctima, permiten tener por justificado en autos, que en fechas no precisadas, pero comprendidas entre mediados de 1980 y julio del año 1981, el sacerdote, director espiritual y confesor de Juan Carlos Cruz efectuó, en reiteradas ocasiones, tocaciones a éste ofendido en su zona genital al encontrarse en la habitación del hechor, donde se dirigía con la finalidad de ser oír en confesión, oportunidad en que el sacerdote recostado sobre su cama, permaneciendo el ofendido arrodillado a su lado, procedía a colocar su mano en el muslo de la víctima moviéndola hacia su zona genital para frotar su pene hasta provocarle una erección, lo que no fue consentido por el ofendido, abusando de esta forma de una situación privilegia en relación con el vínculo de dependencia que los unía y del ascendiente que, como religioso, ejercía sobre la víctima. Además, en numerosas ocasiones, dentro del mismo periodo, besó al ofendido en la boca, pidiéndole “sacar su lengüita” para unirla a la suya. Estas conductas se repitieron en la época citada, en la parroquia donde el agresor servía como sacerdote a la cual concurría Cruz.

Este comportamiento del sacerdote no puede sino calificarse como actos de connotación sexual relevantes, que el sujeto activo ejecutó, sin la voluntad de la víctima y aprovechándose de su investidura sacerdotal, particularmente si afectó las zonas púdicas o erógenas del ofendido.

No resta veracidad al relato del Sr. Cruz la circunstancia de haber rectificado la fecha de inicio de los abusos por parte del agresor desde que, atendido el tiempo transcurrido, y la afectación que estos episodios naturalmente habrían provocado en el denunciante, aparece completamente justificada.

28°.- Que, para este análisis, los hechos así descritos configuraron, a la fecha de su comisión, el delito de abusos deshonestos, reiterados, previsto y sancionado en el artículo 366 del Código Penal.

Que, por otro lado, si bien los antecedentes permiten inferir que la conducta abusiva del sacerdote se mantuvo en el tiempo con mayor o menor intensidad hasta la fecha en que Cruz se alejó de su círculo íntimo, tales actos, ejecutados durante el periodo comprendido entre agosto de 1981 y el año 1987, resultan atípicos en virtud de la modificación legal de rebaja de edad en el sujeto pasivo del delito de abusos deshonestos introducida el año 1993, lo que impide estimarlos constitutivo de delito. Por consiguiente, en relación a este último periodo corresponde sobreseer definitivamente la causa en virtud de la causal prevista en el N° 2 del artículo 408 del Código de Procedimiento Penal, como se dirá en la parte resolutiva de esta sentencia.

29°.- Que Karadima niega las tocaciones, besos y abusos de orden sexual imputados por Cruz. Refiere que nunca ha dejado entrar jóvenes solos a su pieza, lo que no es efectivo conforme a lo relatado por gran número de testigos cercanos al sacerdote en diversas épocas.

En la diligencia de careo de Fs. 1122, manifiesta que Cruz llegó a la parroquia el año después de la muerte de su padre, que no fue su director espiritual en el sentido que esto significa, pero hablaba con él y lo confesaba esporádicamente y que efectivamente le solicitó que fuera su secretario personal, lo que significaba un mayor compromiso de su parte. No recuerda que Guillermo Ovalle le haya comentado alguna situación de orden sexual con el señor Cruz y si lo hizo en confesión, no la puede comentar. Recuerda que Gonzalo Tocornal le manifestó que el señor Cruz había querido abusar de él y, esto obviamente, no lo hizo en confesión. Jamás ha confesado a nadie en su habitación, excepcionalmente a algún seminarista o sacerdote, pero nunca al señor Cruz. En cuanto a la reunión del 25 de octubre de 1987, esta efectivamente se realizó, pero antes rezaron y en ella le advirtió a Cruz que tuviera cuidado. No lo dijo expresamente pero Cruz entendió a que se refería. No recuerda haberle manifestado que “tenía tejado de vidrio”, pero si él lo dice, le cree. El pensó que su consejo lo había tomado bien, pero a los 2 ó 3 días se enteró que Juan Carlos había llegado muy mal al seminario, muy dolido y así se lo comentó a un superior o formador. En la misma diligencia expresa que si “alguna vez, como director espiritual, lo trató duro, le pide perdón”. No apoyó al Sr. Cruz para ingresar al seminario, por falta de madurez, pero supo que solicitó una entrevista con el Obispo Fresno, de lo cual se alegró. No hizo ninguna gestión, ni personalmente ni por carta, ni a través de terceros para que en el seminario se supiera de los incidentes del señor Cruz. Tampoco supo que el actual Obispo Barros hubiese enviado al seminario una carta sobre el tema, no se lo comentó y de haber sido cierto lo habría sabido. Tampoco le comentaron nada los entonces formadores Arteaga y Polanco. No recuerda si la madre del señor Cruz fue a reprocharle el excesivo tiempo que él permanecía en la parroquia, pero si él denunciante lo dice, puede ser verdad. En todo caso jamás le aconsejó que se refiriera a ella como adúltera.

30°.- Que aún cuando el sacerdote Karadima desconoce los episodios de orden sexual que denuncia Cruz, acepta la presencia de la víctima en el lugar en que se desempeñaba como párroco y su cercanía. Por otro lado, niega las sanciones morales, el control total y la manipulación de conciencia, ejercida por él sobre éste, sin embargo afirma haberlo corregido fraternalmente por conductas que consideraba incorrectas.

No obstante lo anterior obra en su contra la imputación directa y verosímil de la víctima y lo relatado por testigos presenciales acerca del abuso psicológico ejercido por Karadima sobre Cruz, quienes describen la entidad de las “reprimendas” y la exclusión de que fue objeto. Además, en la diligencia de careo el sacerdote pidió perdón a la víctima “si algún daño le ocasionó en su rol de director espiritual”, pese a que esta última calidad la había negado.

La fuerza de lo indicios reunidos en esta investigación consistentes en la reiteración de un patrón de conducta, la forma en que el sacerdote se relacionaba con sus dirigidos, la elección de víctimas vulnerables, el ambiente de abuso y poder instaurado por éste al interior de la parroquia, la autoridad ejercida en lo espiritual y personal y los medios empleados para mantener el control del grupo, se estrellan con la versión del agresor, restándole crédito.

Fluye, en consecuencia, de los antecedentes reunidos que el sacerdote se habría valido del vínculo de superioridad y de dependencia psicológica creado con la víctima mediante lo cual habría suprimido su voluntad, permitiéndole, a través del ejercicio abusivo de su ministerio, ejecutar acciones de carácter libidinosas, relevantes, no consentidas y trasgresoras de la libertad del ofendido.

De todo cuanto se ha dicho aparecen presunciones fundadas para estimar que el sacerdote Karadima participó, en calidad de autor, en el delito de abusos deshonestos, reiterados, en la persona de Juan Carlos Cruz, en los términos anotados. Ello sin perjuicio de lo que dirá, a continuación, respecto de su responsabilidad por tales hechos.

DENUNCIANTE JAMES HAMILTON SANCHEZ:

31°.-Que el Sr. Hamilton Sánchez, médico cirujano, nacido el 18 de octubre de 1965, divorciado, en su querella de Fs. 312, expone que a inicios del año 1983, cuando tenía 17 años de edad, se acercó a la Parroquia el Sagrado Corazón de Jesus de El Bosque. Allí conoció al presbítero Fernando Karadima, quien era el líder indiscutido, carismático en grado absoluto, nadie lo contradecía ni discutía sus dichos, todos los adolescentes se referían a él como “el santo”, lo admiraba y así también lo consideraba. Al poco tiempo fue elegido para formar parte de su círculo más cercano, lo nombró su secretario y se convirtió en su guía espiritual y confesor. Pronto empezó a considerarlo como un verdadero padre, el sacerdote le pidió que lo llamara papá y lo saludara de beso en la mejilla. Desde que lo nombró secretario en 1983, hubo cosas que le extrañaron en su conducta, como que diera golpecitos en los genitales de sus discípulos más cercanos, sobre la ropa, en presencia de otros, aludiendo a que con ello se estaba cultivando su templanza sexual y que por su parte los jóvenes ni se inmutaran con esa situación. Como pasaba mucho tiempo con el Padre Karadima, colaborando en la Parroquia, comenzó también a darle golpecitos en los genitales y besos cerca de la boca. Se involucró cada vez más en las actividades pastorales, pasando a formar parte de su círculo íntimo. En una oportunidad Fernando Karadima le puso una mano en el muslo y luego en sus genitales, masajeándolos por sobre la ropa para terminar masturbándolo. Después lo mandó a confesarse con un sacerdote de Viña Del Mar, advirtiéndole que no diera ningún detalle. Al poco tiempo fue “premiado”, incluido en el grupo que podía ingresar a su pieza, quedándose hasta tarde con él, lo que era común. Un día el sacerdote Karadima volvió a masturbarlo y le pidió que fuera recíproco, iniciándose un periodo muy largo de su vida de contradicciones, angustias, repugnancia y culpa por aquello que sentía que estaba provocando y por otra parte el sacerdote seguía siendo su guía espiritual y estaba totalmente sometido a su voluntad. Como nuevo premio fue nombrado presidente de la Acción Católica el año de la venida del Santo Padre Juan Pablo II, se sentía un elegido y estaba decidido a seguir el camino del sacerdocio. Al mismo tiempo los contactos sexuales se fueron repitiendo y avanzando en la interacción, no podía resistirse, su vida era la parroquia. Cuando se negaba, se le cuestionaba en su fe. El maltrato psicológico frente a la resistencia era feroz, enviaba a otros sacerdotes, decía que andaba con la “maña” o con “el diablo” porque se había alejado de él, entonces retornaba su sentimiento de culpa y cedía. El año 1992 por sugerencia suya contrajo matrimonio, lo consideró una oportunidad para evitar que esto siguiera sucediendo, pero eso no pasó. Sus avances sexuales continuaron incluso cuando ya tenía hijos. Esta situación duró hasta el año 2004. Refiere que hace cinco años llevó el caso a la iglesia por dos vías, como denuncia de abusos y también en el año 2009, por medio de la nulidad eclesiástica de su matrimonio, sin embargo, ninguna de ellas tuvo avances durante largo tiempo, a pesar de haber insistido con personas de la más alta jerarquía eclesiástica.

En su declaración de fojas 331, precisa que el primer episodio de abuso de índole sexual que sufrió por parte del sacerdote Karadima ocurrió cuando tenía 17 años de edad, es decir, en el año 1983, al interior de la casa parroquial y consistió en tocaciones sobre la ropa en la zona genital y besos cerca de su boca. Karadima ejerció, sobre la base de las enseñanzas religiosas, una fuerte manipulación en el sentido de la obediencia absoluta a la voluntad de Dios, no obedecerle a él, en su carácter de director espiritual, era contradecir la voluntad de Dios. Indica que el siguiente episodio ocurrió en la ciudad de Viña del Mar cuando tenía 18 años de edad, al interior del departamento de propiedad del hermano del sacerdote. Cada vez fue mayor el proceso de incorporación a su círculo más íntimo, por lo que entendía que estos episodios de abuso eran males o pecados menores, tal como Karadima se lo indicaba y que él seguía el camino correcto. La dependencia psicológica que tenía con Karadima era total y absoluta, él controlaba su vida. Los encuentros sexuales se fueron repitiendo durante el paso del tiempo, desde los 18 años y hasta los 38 años y cada vez fueron de mayor intensidad en el sentido de que además existió sexo oral y en contadas ocasiones Karadima lo penetró analmente, hace presente que él jamás penetró al sacerdote. Permaneció en la parroquia hasta el año 2004, fecha en que se lo contó a una amiga quien le hizo ver que estas situaciones representaban un abuso a su persona.

En su declaración de fojas 881, precisa que cuando se incorporó a la parroquia el Bosque en el año 1983, estudiaba la carrera de tecnología médica, y fue invitado por una amiga para asistir a charlas para estudiantes de medicina dadas por el padre Francisco Manterola. Indica que en el transcurso de ese invierno, en una reunión dirigida por el Padre Karadima, éste lo apuntó con el dedo y le pidió quedarse para conversar. Al reunirse lo citó para una fecha próxima y lo nombró su secretario. Conocía su nombre e historia familiar. Se confesó con él y se centraba en la masturbación y la pureza. En agosto o septiembre de 1983 empezó a observar el trato cordial, cercano y paternal, besos en la mejilla. Le llamaba la atención los toqueteos en los genitales pero por el ambiente que rodeaba todo esto lo vio por el lado que era una prueba de templanza e interpretó que los que no reaccionaban era porque habían superado los impulsos sexuales. Dejó de salir con sus amigos a fiestas porque el Padre Karadima pedía dedicación exclusiva, aislado del mundo porque éste era visto como algo malo y demoníaco. Con la vida de los santos y la Biblia justificaba los temas sexuales, diciendo que no eran más que destemplanzas y males menores, cuando lo veía muy angustiado le decía “no te preocupes m’hijo, esto no tiene ninguna importancia” llegó a creerlo así y se sentía muy mal, incluso con manifestaciones psíquicas. Dice que Karadima trastocó su ética, sus valores y su moral, imponiendo la suya a su propio beneficio e insistiendo que su voluntad era la voluntad de Dios. Sólo en dos oportunidades, en su pieza lo masturbó y le pidió que lo masturbara e intentó penetrarlo analmente, sin lograrlo. Esto habría sido en la década de los 90, estando ya casado. Después de la luna de miel, aproximadamente a los 4 meses, lo volvió a presionar para que lo masturbara y ante el miedo que le contara algo a Verónica, accedió nuevamente reiniciándose la misma rutina, más distanciada, cada 2 ó 3 meses y porque finalmente lo tenía atrapado, se generó un chantaje fomentado por los secretos. En el año 1996 le contó a Karadima que estaba enamorado de su cuñada y se cambió a vivir cerca de la parroquia. En el año 2.000, estaba totalmente deprimido y consultó a un psiquiatra, dando esbozos de lo que le sucedía, sin dar nombres y le sugirió hacerse un psicoanálisis. Al contarle a Karadima y a Juan Estaban Morales, lo conminaron a que hiciera dos horas de oración a la semana y que esto era mejor que un psiquiatra. En enero de 2004 al regresar a Santiago desde Vichuquén con su cuñada le contó que estaba enamorado de ella y su padecer. Ella le dijo que todo era una aberración y que debía salir de allí de inmediato, acto seguido le contó a su exmujer su historia y de lo que sentía por su hermana y decidió irse de la casa. Refiere que estaba en la parroquia cuando sucedió lo de Juan Carlos Cruz, pero no lo presenció. A Murillo, lo conoció, le decía “el pinteado” y tenía una especial de predilección por él. El lenguaje de doble sentido era frecuente en su círculo más cercano, preguntaba “como andan los pirulitos” pedía besos con lengua, se refería a jóvenes como su polola. El término “cueto” era alusión a los beso en la boca y “cueto profundo” a las masturbaciones y otros actos sexuales mayores.

Dice haber declarado en la investigación eclesiástica y que su ex-cónyuge, Verónica, le pidió que se contactara con Monseñor Cristián Contreras, a quien le contó lo que había pasado, coordinando la entrevista con el promotor de justicia. No supo más y a los tres meses llamó a monseñor Escudero quien le señaló que era un tema en el cual solo debía esperar y así lo hizo hasta el año 2.007, cuando nuevamente se entrevista con monseñor Contreras, quien se hizo el desentendido y al insistirle manifestó no saber nada. Sintió abandono total y desesperanza iniciando el camino del psicoanálisis en el cual lleva más de seis años. El año 2008 inicia los trámites de la nulidad matrimonial eclesiástica y se contacta con la abogada Sra. Valeria López del tribunal, quien le pide una biografía de su vida la que solo realiza en el otoño del año 2.009 y la entrega para iniciar los trámites. Refiere que antes de una semana se reúne con el padre Juan Esteban Morales, a instancia de éste, lo hacen en su consulta y le solicita desistirse del proceso de nulidad, reconociéndole que conocía su relato porque se lo había entregado el Presidente del Tribunal, padre Francisco Walker, además, le insiste en que eso puede dañar al padre Karadima. Ante su estupefacción le dijo que no podía ser que no le creyera, a lo que el padre Morales le respondió “porque te creo te pido misericordia”. Cambió de abogado e inició el proceso por la causal de abuso psíquico y físico de su director espiritual. Refiere que en el curso de ese proceso fue presionado, primero, por la intervención de Monseñor Arteaga quien insistió para que se recibiera el testimonio del padre Morales, luego para que firmara una declaración que cambiaba la versión de los hechos, cuya copia rola a fojas 807. Dice que se negó a firmarlo y que el día 21 de abril se filtró el secreto del proceso eclesiástico al Diario la Tercera y la Segunda. En el año 2009, ante todos estos vejámenes y al no tener una respuesta decide hacer una nueva denuncia ante el Canciller presbítero Ha, del cuando anillado de documentos. Reconoce los emails de fojas 796. Indica que le solicitó entrevista al Cardenal, primero mediante el padre Percival Cowley en el año 2006, pero nada se logró. En el año 2009 lo hizo a través de monseñor Cristián Contreras, quien le dijo que haría lo posible y nunca le contestó. En el año 2010, solicitó a monseñor Contreras una reunión con el Cardenal Bertone, cuando estuvo en el país, ante lo cual le indica que tiene una agenda muy apretada y que es imposible.
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