Nació el 28 de julio de 1954, en Sabaneta (estado de Barinas). Graduado en la Academia Militar como subteniente en julio de 1975, en diciembre de 1982 fundó el






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AMÉRICA LATINA HOY
Hugo Chávez
Nació el 28 de julio de 1954, en Sabaneta (estado de Barinas). Graduado en la Academia Militar como subteniente en julio de 1975, en diciembre de 1982 fundó el Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200) y en 1989 comenzó en la Universidad Simón Bolívar sus estudios inacabados en Ciencias Políticas. En julio de 1991, ascendió a teniente coronel. Era jefe de un batallón paracaidista cuando, el 4 de febrero de 1992, encabezó como director general del MBR-200 una fracasada rebelión militar contra el gobierno presidido por Carlos Andrés Pérez, al que acusó de ejercer la corrupción y promover el deterioro económico. En prisión desde abril de ese año hasta marzo de 1994, acusado de rebelión, su causa fue sobreseída por el propio presidente Rafael Caldera. Al recuperar la libertad, hubo de abandonar el Ejército.
Tras fundar oficialmente, en 1997, el Movimiento V República (MVR) e incluirlo en la plataforma electoral llamada Polo Patriótico, en julio de 1998 presentó su candidatura para presidir la República y obtuvo una arrolladora victoria en las elecciones presidenciales del 6 de diciembre de ese último año al conseguir el 56% de los votos emitidos. Dichos comicios supusieron el desplome político de los dos partidos hasta entonces mayoritarios en Venezuela (la socialdemócrata Acción Democrática y el socialcristiano COPEI), los cuales tuvieron que renunciar una semana antes a sus candidaturas iniciales para solicitar el voto a favor del independiente Henrique Salas, el único candidato aparentemente capaz de disputar la presidencia de la República a Chávez.
3 PRESIDENCIA
El 2 de febrero de 1999, Chávez fue investido presidente de la República, cargo en el que sustituyó a Rafael Caldera.
3.1 La “revolución bolivariana”
De inmediato reiteró su anuncio, ya emitido al conocer su triunfo electoral dos meses antes, de convocar un referéndum que decidiría sobre la creación de una asamblea de carácter constituyente. Asimismo, solicitó al Congreso poderes legislativos especiales para solucionar la crisis económica. El 25 de abril de ese año tuvo lugar dicho plebiscito, que, pese a registrar una abstención superior al 60%, aprobó mayoritariamente la convocatoria de la Asamblea Constituyente que debería reformar la Constitución de 1961 y permitir la transformación del sistema político venezolano mediante la instauración de un nuevo marco institucional. En los comicios a la Asamblea Constituyente, celebrados el 25 de julio siguiente y que registraron una abstención cercana al 53%, los seguidores de Chávez (pertenecientes al Polo Patriótico) lograron una amplísima mayoría que les permitió ocupar 120 de los 131 escaños electos. El 11 de agosto juró de nuevo como presidente de la República, esta vez ante la nueva Asamblea Constituyente, que le acababa de confirmar en el cargo. Ésta aprobó al día siguiente su primer decreto ejecutivo, el cual, superando el origen meramente constitucional de la Asamblea, decía: “en razón de la emergencia nacional existente en el país ..., se declara la reorganización de todos los órganos del poder público”.
El constitucionalismo venezolano quedó profundamente modificado con la nueva Constitución impulsada por Chávez, aprobada por la Asamblea y ratificada por medio de un referéndum celebrado el 15 de diciembre con el 71,9% de los votos emitidos, si bien la participación no llegó al 46%. La Constitución no sólo cambió el nombre del país (que pasó a llamarse desde su entrada en vigor República Bolivariana de Venezuela) sino que reforzó el poder presidencial, entre otras medidas significativas, como el mayor control estatal de la actividad económica o el de los medios de comunicación.
El 25 de mayo de 2000, el Tribunal Supremo de Justicia aplazó por falta de condiciones técnicas, sin fijar fecha, las elecciones que deberían de celebrarse tres días más tarde y que habrían de haber dilucidado entre otros cargos la presidencia de la República. Dichos comicios tuvieron lugar finalmente el 30 de julio de ese mismo año y supusieron la reelección presidencial de Chávez (que logró más del 55% de los votos emitidos y derrotó a su ex compañero en la fundación del MBR-200, Francisco Arias Cárdenas) y la victoria por mayoría absoluta de su coalición, el Polo Patriótico, en las elecciones para la formación de la Asamblea Nacional. Juró su cargo el 19 de agosto siguiente y afrontó desde entonces una nueva etapa de la “revolución bolivariana”, en la que pretendía abordar una profunda transformación de las estructuras económicas y sociales del país.
Para ello, y pese a su mayoría en la cámara, solicitó de nuevo a ésta poderes legislativos especiales. El 7 de noviembre de 2000, tras aprobar la denominada Ley de Habilitación, la Asamblea Nacional le autorizó para legislar por decreto durante un año en materias económica, social y de administración pública. Por lo que se refiere a su política exterior, durante esta nueva etapa Chávez pretendió dar un nuevo impulso a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y para ello visitó las capitales de sus estados miembros. En este contexto internacional, también fue destacable el acuerdo integral de cooperación entre Venezuela y Cuba, firmado en el mes de octubre de 2000 y que incluía la venta de crudo venezolano a Cuba en condiciones de preferencia.
En noviembre de 2001, su gobierno aprobó 49 decretos ley de carácter económico que generaron fuertes protestas por parte del sector empresarial. Éste consideró antidemocrática la actitud presidencial, y anticonstitucional dicho paquete legislativo (por entender que vulneraba el derecho a la propiedad privada). Entre las más polémicas de aquellas leyes se encontraban la Ley Orgánica de Hidrocarburos (que incrementaba al 30% la tributación de los inversores exteriores en las actividades de extracción petrolífera, y fijaba en el 51% la participación mínima del Estado en sociedades mixtas de este sector) y la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario (que permitía expropiar latifundios). La Federación de Cámaras (Fedecámaras) de Comercio y Producción convocó un paro nacional de 12 horas para el día 10 de diciembre, acción que fue respaldada por la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV, que valoró que se alteraría la creación de empleo al penalizar las inversiones) y los trabajadores de la Administración (otra de las disposiciones regulaba la función pública).
A lo largo de febrero de 2002, estas muestras de descontento con su gestión se extendieron a determinados sectores del estamento militar, algunos de cuyos miembros solicitaron que renunciara a la jefatura del Estado. La CTV convocó un nuevo paro general para el 9 de abril de 2002, que derivó en indefinido. El 11 de abril, durante una manifestación, 15 personas murieron al dirigirse al palacio de Miraflores para pedir su dimisión. Ante estos hechos, un grupo de generales anunció su intención de promover la renuncia presidencial, igualmente solicitada por Pedro Carmona y Carlos Ortega (respectivos presidentes de Fedecámaras y CTV). Al día siguiente, el general Lucas Rincón comunicó que Chávez había renunciado (encontrándose bajo arresto en el fuerte Tiuna, desde donde sería más tarde trasladado a La Orchila), mientras que Pedro Carmona, a petición del general Efraín Vásquez, asumió la presidencia de la República, para disolver de inmediato la Asamblea Nacional y el Tribunal Supremo. Los sectores civiles y militares partidarios de Chávez reaccionaron y, entre los días 13 y 14, propiciaron el acceso a la presidencia de Diosdado Cabello (vicepresidente de Chávez, al cual había permanecido leal), la dimisión de Carmona y el regreso del propio Chávez a Caracas para reasumir la jefatura del Estado.
El clima de tensión en el país no cesó, alcanzando un nuevo punto álgido en octubre de 2002, cuando se sucedieron una gran manifestación en Caracas de la oposición, agrupada en torno a la denominada Coordinadora Democrática, que solicitaba la celebración de elecciones; otra de las fuerzas chavistas, también en la capital, respaldando a Chávez; y un paro general de 12 horas, auspiciado por la citada Coordinadora, la patronal y la CTV. Fedecámaras y la CTV convocaron una nueva huelga (la definieron como “paro cívico nacional”) contra Chávez, esta vez de carácter indefinido, a partir del siguiente 2 de diciembre. A lo largo de ese mes, el paro llegó a afectar a Petróleos de Venezuela S. A. (PDVSA), uno de los pilares de la economía del país; para intentar evitar la paralización del sector petrolero, el gobierno de Chávez recurrió a la intervención militar en el mismo; asimismo, miles de trabajadores fueron despedidos, acusados desde la presidencia de haber cometido sabotajes. En el exterior surgieron diversas iniciativas para atajar la crisis; entre ellas, la vinculada al llamado Grupo de Países Amigos de Venezuela, o la promovida por el secretario general de la Organización de Estados Americanos, el colombiano César Gaviria, en el marco de la Mesa de Negociación y Acuerdos de Venezuela. Fruto de esta última fue el pacto contra la violencia sellado, en febrero de 2003, por el ejecutivo de Chávez y la Coordinadora Democrática. Durante ese mismo mes, finalizado ya el paro (que se había prolongado durante 63 días), Carlos Fernández y Carlos Ortega, respectivos presidentes de Fedecámaras y CTV y principales promotores de aquél, fueron imputados como presuntos responsables de diversos delitos, entre ellos traición a la patria y rebelión civil.
La actividad de la Coordinadora Democrática no cesó y así, a finales de noviembre de 2003, comenzó una campaña de recogida de firmas para poder convocar una consulta en la que los ciudadanos se pronunciaran acerca de la destitución de Chávez. Tras conseguir su objetivo (al superar, durante cuatro días, la cifra de 2.400.000 firmas recabadas, el 20% del censo electoral nacional requerido por el Consejo Nacional Electoral), el referéndum revocatorio fue finalmente convocado para el 15 de agosto de 2004. Los resultados de éste, que posteriormente serían impugnados por la oposición, fueron favorables a Chávez, ya que casi el 60% de los votantes se negó a dejar sin efecto su mandato. Reforzado, Chávez prosiguió promoviendo medidas legales tendentes a la profundización de su programa político; así, por ejemplo, la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (aprobada en diciembre de 2004, fue muy criticada por la oposición, que consideraba que vulneraba el derecho de libertad de expresión) o el decreto de enero de 2005 disponiendo el reparto de tierras de latifundio no cultivadas entre los campesinos más pobres (en virtud de la anteriormente mencionada Ley de Tierras y Desarrollo Agrario de 2001). En el plano exterior, Venezuela se había incorporado en 2004 al Mercosur en calidad de país asociado.

Las cumbres borrascosas de Hugo Chávez

Entre los casi 100 periodistas acreditados para la 17 Cumbre del Grupo de Río, que asistían a aquella rueda de prensa rutinaria en la misteriosa ciudad peruana de Cusco, sólo unos pocos advirtieron que estaban presenciando el advenimiento de una nueva forma de diplomacia al más alto nivel.

"Ha llegado la hora de que los presidentes de América Latina se digan crudamente las verdades", advirtió en tono enérgico el presidente venezolano, Hugo Chávez, aquel 23 de mayo de 2003, no sin antes afirmar que mientras los mandatarios andaban de cumbre en cumbre, sus pueblos andaban de abismo en abismo.

Acostumbrados a posar sonrientes para una foto colectiva y a estampar su firma sobre documentos y declaraciones en los que prácticamente ni siquiera participaban, los presidentes que asistieron a la mítica meca de la civilización inca tomaron atenta nota de las declaraciones de su colega, pero no realizaron pronunciamientos sobre el asunto.

Hoy, dos años y medio después -según coinciden analistas, ex diplomáticos y periodistas especializados- la crudeza anunciada por Chávez parece haber ingresado en el escenario, tradicionalmente adusto y eufemístico,' de las relaciones presidenciales. Ahora, opina la mayoría, las diferencias se hacen más evidentes. Y en todo ello tiene mucho que ver un jefe de Estado que se refiere a George W. Bush, el presidente de la principal potencia del mundo, como Míster Danger, y que le dice a Fidel Castro, domingo a domingo, que se siente su hijo y que lo venera como a un padre.

Una cuestión de estilo

Quienes han tenido cerca al presidente Hugo Chávez (incluido este corresponsal) coinciden en que su rasgo más sobresaliente es la calidez. Amistoso, dicharachero, cargado de anécdotas y siempre dispuesto a saber algo de su interlocutor, el mandatario venezolano suele pasarle el brazo a quien esté a su lado, recibe con un abrazo entrañable a personas a las que nunca ha visto en su vida y bromea mientras mira fijamente a los ojos de sus contertulios. Su equipo de asistentes le mantiene detalladamente informado sobre las personas con quienes se entrevista, así que casi siempre logra sorprenderlas con alguna alusión personal, mediante la cual construye relaciones fluidas, marcadas por sensaciones como la confianza y la amistad. "Al poco rato de estar con él, sentí que estaba conversando con un viejo amigo", comentó uno de los miembros del consejo asesor de Telesur, que fue recibido en el Palacio de Miraflores el pasado 24 de julio.

Estos rasgos de su personalidad se mantienen en todas las circunstancias, incluso cuando se mueve en los más altos y refinados círculos del poder. Los periodistas venezolanos Cristina Marcano y Alberto Barrera aseguran que "su espontaneidad y su sentido del humor -imprudente y tosco, en ocasiones, vulgar a veces- hiere susceptibilidades y causa molestias. Hugo Chávez se muestra confianzudo, uno de los rasgos de la venezolanidad, con colegas a quienes apenas ha visto". Según relatan en una biografía no autorizada del mandatario, Chávez ha roto todos los protocolos. En su primer encuentro con Vladimir Putin en Moscú, en 2001, recibió al premier ruso en posición de karateca, mientras le expresa sonriente "he oído que eres cinta negra de karate"; en Inglaterra abraza y besa a la reina Isabel, en Japón también abraza al emperador Akihito y saluda con un apretón de mano a todos los guardias del palacio imperial, juega beisbol con Fidel Castro, se arrodilla reverencial ante el papa Juan Pablo II, sonríe ampliamente para las fotos con el presidente colombiano, Alvaro Uribe, su antítesis en política, y oficia de sabio consejero con su homólogo ecuatoriano Lucio Gutiérrez, al tiempo que le regala a Bill Clinton, entonces presidente estadunidense, el libro Bolivar Forever.

La vuelta al mundo

Tras su primer triunfo electoral, en 1998, Chavez diseña una ambiciosa agenda de apertura de Venezuela hacia el mundo. Antes de tomar posesión de su cargo, visita 12 países en seis semanas y podría decirse -siete años después- que han quedado muy pocas naciones fuera de su incesante itinerario. Tras focalizar sus prioridades diplomáticas hacia los países petroleros y darle un nuevo aire a la hasta entonces alicaída Organización de Países Exportadores de Petróleo, para luego asomarse a las remotas India, Rusia, China e Indonesia, Chávez se concentra en América Latina, el escenario donde mejor se desenvuelve. Saca su arsenal favorito, el ideario de Simón Bolívar, y emprende pacientemente una campaña de integración regional que hoy lo sitúa como uno de los líderes más influyentes y polémicos del continente.

¿Forma o fondo?

Aunque la mayoría de los críticos de Chávez coincide en afirmar que el mandatario no pasa de ser un buen constructor de frases efectistas, carentes por completo de profundidad, algunos analistas que conocen al dedillo el mundo de la diplomacia, aseguran que la actual ruptura de modales y formas encabezada por Chávez responde, sobre todo, a los cambios de posiciones y de fuerzas que se están dando en la región.

"Los países del continente tuvieron durante años posiciones uniformes frente a muchos temas en torno a los cuales ya no hay consenso", opinó para La Jornada el ex canciller colombiano Rodrigo Pardo, hoy dedicado al periodismo y al análisis político. Según Pardo, salidas como la de Chávez calificando al presidente Vicente Fox de "cachorro del imperio" son un claro reflejo de las visiones diferentes que se tienen respecto al papel de Estados Unidos en la región. "Lo que ha cambiado es el fondo, no las formas", asegura el ex ministro, quien vivió en primera fila varias cumbres y reuniones de alto nivel.

No obstante, periodistas especializados en temas internacionales insisten en que las formas sí han tenido un vuelco radical, al tiempo que exhiben la larga lista de incidentes y frases fuera de tono que han marcado los más recientes encuentros presidenciales de la región. En la mayoría de ellos -subrayan- aparece el presidente Chávez, bien como protagonista o antagonista, pero nunca en papeles secundarios.

La lista de rivales con quienes Chávez ha tenido altercados o roces la encabezaba de lejos, hasta hace unos meses, su colega y vecino colombiano Alvaro Uribe, calificado por sectores radicales venezolanos como "títere de Washington". El clímax de las constantes disputas entre ambos tuvo lugar entre diciembre de 2004 y febrero de 2005, cuando las relaciones bilaterales pendieron de un hilo tras el secuestro en territorio venezolano del dirigente de las Fuerzas Armads Revolucionarias de Colombia, Rodrigo Granda, por parte de fuerzas combinadas de la policía colombiana y agentes venezolanos pagados por el gobierno de Bogotá. Fuentes de alto nivel del Partido Liberal de Colombia, que estuvieron muy cerca de la crisis, confirmaron a La Jornada que durante los momentos mas álgidos, epítetos de alto calibre cruzaron en doble vía la extensa y ardiente frontera de los dos países. Las relaciones ya habían llegado a un punto de no retorno cuando apareció la providencial figura venerable del sabio de la tribu, Fidel Castro, quien atemperó los ánimos y consiguió una salida aceptable para ambas partes. El gobierno colombiano ofreció unas confusas excusas por el episodio y Uribe tuvo que viajar a Caracas para resarcir el daño. Los dos jefes de Estado han evitado desde entonces referirse al otro, hasta el punto de que, según fuentes del alto gobierno venezolano, la "línea" que se ha instruido sobre Colombia es "Duro con Bush, suave con Uribe".

Aprovechando su pasión por los deportes, en especial por el beisbol, Chávez ha intentado ridiculizar a algunos de sus homólogos diciendo, por ejemplo, que "Bush sufrió un knock out fulminante en la cumbre de las Américas" o que al presidente de Perú, Alejandro Toledo, "le tiré una curva que ni la vio pasar". El presidente Bush recibe todas las semanas una larga lista de adjetivos y títulos entre los que figuran "el mayor terrorista del mundo" y -el preferido de Chávez- "Míster Danger".

Entre sus peleas no se deben olvidar las sostenidas con el ex presidente argentino Carlos Saúl Menem; con el ex presidente del gobierno español, José María Aznar, a quien acusó -estando en visita oficial en Madrid- de haber sido cómplice del fallido golpe de Estado de abril de 2001, y con el ex mandatario ecuatoriano Lucio Gutiérrez. A este último se refiere con frecuencia ridiculizándolo y reprochándole que no hubiera seguido sus consejos de apoyarse en el pueblo cuando recibía presiones de Washington.

Así como es pródigo en cazar peleas, el presidente de Venezuela es generoso al extremo con quienes considera sus socios en la misión integradora que se ha propuesto. Esta lista la encabeza de lejos Fidel Castro, de quien se refiere en público como su padre en política. Le siguen Lula, Kirchner y Tabaré Vásquez, los mandatarios que llegaron al poder cabalgando sobre un discurso de izquierda.

Según Rodrigo Pardo, tanto los tropeles constantes que arma Chávez como sus expresiones de amistad sin límites, forman parte de un gran objetivo personal que se ha trazado el mandatario venezolano: ser líder indiscutible de América Latina. "Pero él sabe que su principal instrumento para alcanzar su meta no son los adjetivos de su discurso, sino los barriles de petróleo, que alcanzan precios jamás imaginados en el mercado internacional". Según el ex ministro, no es casual que el canciller de Chávez sea Alí Rodríguez, el ex presidente de Petróleos de Venezuela, la compañía estatal petrolera.

Sea como sea, es un hecho que hoy día casi todas las luces de la escena se dirigen al presidente venezolano, quien pasa de cumbre en cumbre como el galán principal de una serie televisiva cuyo título -según la ironía popular venezolana- es La cumbre interminable y en la que Chávez parece ser guionista, director y el actor protagónico.
EL URUGUAY DE TABARÉ VÁZQUEZ
Tabaré Vázquez (1940- ), Médico oncólogo, participó en numerosos congresos internacionales y publicó numerosos trabajos científicos. Su incorporación definitiva a la política se produjo en 1989, cuando logró por primera vez para la izquierda la alcaldía de Montevideo, que desempeñó entre 1990 y 1995. En julio de 1994, fue proclamado candidato a la presidencia de la República por el Frente Amplio. Pese a ser derrotado en noviembre de ese año por el ex presidente Julio María Sanguinetti, del Partido Colorado, logró unos resultados estimables. Vázquez consolidó su posición, y dos años después fue elegido presidente de la coalición Encuentro Progresista-Frente Amplio.

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