Las agencias de noticias: de la élite informativa a la incertidumbre






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Máster UNED en Periodismo Internacional 2014-2015

Periodismo Digital y Redes Sociales
Las agencias de noticias: un análisis comparativo

GRUPO 4

Carlos Abascal

Eva Fuentes

Jaime Arsenio Gallardo

Lucía Gascón

María del Mar Morales

Miguel Moreno

Beatriz Pascual

Lucía Rodríguez

Irene Valiente

Raquel Zas

Las agencias de noticias: de la élite informativa a la incertidumbre

Las agencias de noticias analizadas en este documento son Reuters, Associated Press, France Presse, EFE y Xinhua. Esta última ha sido incluida por tamaño aunque tiene tantas peculiaridades respecto al resto que bien podría considerarse una categoría aparte (en 2005, Reporteros Sin Fronteras la calificó como “la mayor agencia de propaganda del mundo”1). Sin embargo, hay algo que sí comparte con sus competidoras occidentales: los retos a los que se enfrenta en un mundo en el que el viejo modelo de agencia informativa ha quedado obsoleto.

Estos desafíos del nuevo entorno global son descritos por Artero (2008)2 en su análisis comparado de las posibles estrategias de futuro para algunas de estas compañías. Podrían resumirse en tres categorías: retos empresariales, tecnológicos y culturales.

Respecto a la cuestión empresarial, hay que destacar que la desregulación promovida desde finales del siglo XX ha traído un sistema de medios en el cual la concentración y la sinergia son protagonistas. Esto ha supuesto que uno de los rasgos típicamente distintivos de las agencias en el siglo XX, la estructura de empresa global, sea hoy una característica de muchos otros conglomerados mediáticos que no son necesariamente agencias, lo que ha relativizado la importancia de estas últimas y ha desvalorizado parte de su forma de trabajo.

En segundo lugar, los avances tecnológicos han hecho que el consumidor final pueda acceder de forma directa a las fuentes originales. También han supuesto que nuestra noción de “la novedad” cambie de forma sustancial, gracias a sitios web como Twitter basados en la constante actualización de tendencias a una velocidad con la que difícilmente se puede competir.

Cabe destacar, eso sí, que estas dos realidades dependen como nunca antes de actores ajenos a lo periodístico: buscadores y redes sociales (Google, Facebook, etc. constituyendo la mediación invisible que se esconde tras la supuesta desintermediación que supone Internet) y proveedores de conexión (de los que depende la constantemente debatida “neutralidad de la red” y en cuyas manos está el manejo de los “tempos” posibles para cada sitio web). Por este motivo las agencias siguen teniendo un espacio de mercado: el del valor añadido que supone la elaboración periodística, que de momento no incorporan las grandes empresas de Internet.

En tercer lugar, el cambio cultural al que aquí nos referimos es el último salto en la cultura del remix y el pastiche: las agencias trabajan para clientes (periódicos, sitios web, canales, etc.) cada vez más multimedia y cada vez más especializados, es decir, el nuevo mercado de los media es un espacio infinitamente fragmentado en el que sin embargo una gran agencia de información no tiene otro remedio que ser transversal.

Cada agencia tiene diferentes estrategias para afrontar estas novedades en el mercado de la información, dependiendo de sus fortalezas particulares. Los abordaremos en los capítulos correspondientes a cada empresa y en las conclusiones. Sin embargo, cabe destacar que todas las agencias occidentales tienen en común algunos elementos propios en contra para este proceso de adaptación (en el caso de Xinhua, existen elementos homólogos, pero no puede decirse que sean los mismos).

En primer lugar, las grandes agencias occidentales sufren presiones de sus respectivos gobiernos (la independencia del poder de Xinhua constituye un tema de debate aparte, estando intrínsecamente ligada al gobierno chino). EFE y France Presse tienen una dependencia considerable de los ingresos procedentes de forma directa o indirecta de los estados español y francés, que no se resisten a dejar pasar el potencial de ambas empresas para la exportación de la marca nacional, y AP ha sufrido en los últimos años el entrometimiento del espionaje estadounidense, bajo la forma de veto de publicaciones o intervención de las comunicaciones de periodistas.

A lo largo de su historia Reuters sufrió el mismo problema con el gobierno inglés, aunque no tanto en la actualidad gracias a su estructura empresarial y a su estrategia complementaria (cotiza en la Bolsa de Nueva York y en la de Toronto, y además de proveedora de noticias vende también herramientas para los trabajadores del mercado financiero). Aunque no está claro que su modelo pueda ser ejemplo para otras, es probablemente la más autónoma desde el punto de vista del poder público, aunque este modo de financiación conlleve otro tipo de “hipotecas”. Lo que sí puede afirmarse es que entre los Reuters Trust Principles redactados en los años 40 a modo de estatuto, se disponía que ninguna persona o institución podía poseer más del 15% de las acciones de la empresa, condición que se incumplió con la compra de Reuters por parte de The Thomson Corporation en 2007.

En segundo lugar, esta relación con los estados ha estado tradicionalmente ligada al pasado colonial-imperialista de cada uno de ellos, lógica a través de la cual cada agencia ha construido sus respectivas áreas de influencia (en el caso de Xinhua no hablaríamos de un pasado sino de un presente colonial en África). Aunque desde el punto de vista empresarial esto podría verse más como una fortaleza que como un problema, las agencias informativas, por considerarse empresas con un alto nivel de poder simbólico, han estado en el punto de mira de los estudiosos de la comunicación global desde el Informe MacBride, y hay que recordar que su responsabilidad ética es de gran importancia para el desarrollo de las dinámicas de la nueva comunicación global.

Desde que en 1980 se publicara dicho informe, las relaciones entre los países ricos y los pobres “no parece que hayan variado demasiado, si bien la terminología es relativamente nueva”, señala Carlsson (2005)3. Sin embargo, para Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información que se realizó más de 20 años después de la Comisión MacBride, “muchas voces, no solo dentro de la sociedad civil, han exigido que se preste más atención en el documento definitivo a los medios de comunicación y a su pluralismo, a los derechos humanos y a los derechos de comunicación”. Estos son, por tanto, los retos actuales a los que deben enfrentarse las agencias que vamos a analizar en el presente trabajo.

Agencia Efe, de la nación al mundo

Los orígenes de la agencia están en 1865 cuando nace el "Centro de Corresponsales", primera agencia de noticias de España, promovido por el periodista Nilo María Fabra, y en 1870 se firmó un acuerdo de cooperación con la agencia francesa Havas. Mediante este acuerdo, el "Centro de Corresponsales" se reservaba los derechos de distribución en España de las noticias internacionales de Havas.

En 1919 se crea la agencia Fabra, cuando Havas entró a formar parte del accionariado del "Centro de Corresponsales". Havas se retiró del accionariado en 1926 al mismo tiempo que entraban en la sociedad los bancos, Banco Central, Banco Santander y Banco Hispano-Americano (estos tres bancos se fusionaron a finales del siglo XX en el Banco Santader Central Hispano). Así se mantuvo la sociedad hasta que tras la Guerra Civil Española la antigua agencia Fabra, fusionándose con las agencias Faro y Febus, pasa a refundarse ya con la marca EFE (en relación a la inicial de las tres agencias), en 1939.

En 1939 la agencia Efe estableció su sede en Burgos, con carácter nacional, cuyo fin era hacer frente a las agencias republicanas. Una vez que Franco ganó la Guerra Civil, se instaló en Madrid. Nace como sociedad anónima para dar una imagen de independencia y, así, se establece como una forma de comunicación del bando nacional. Su objetivo no era el de buscar beneficios sino promover los valores patrióticos y generar un sentimiento de identidad en todo el país. Con la firma de los estatutos de redacción en 2006, Efe busca iniciar una nueva etapa de mayor independencia y credibilidad, dos valores que se encontraban muy cuestionados tras la cobertura informativa del 11M, cuando uno de los redactores vinculó los atentados de Atocha a ETA en un teletipo con el titular “Las pistas apuntan a ETA y descartan a Al Qaeda”.

El interés de los gobiernos por controlar la agencia se debe a que se la considera fundamental en el proceso de creación de la llamada “marca nacional” fuera del país (ya que ayuda a vender productos y atraer capitales). Por ese motivo, Efe cuenta con la suscripción de entidades públicas (50 % de su cifra de negocio) y también con la ayuda del estado.

En ese marco, se alza como “la primera agencia de noticias en español y la cuarta del mundo”. Es una empresa informativa multimedia con una red de periodistas mundial, donde más de tres mil profesionales de 60 nacionalidades trabajan 24 horas al día desde más de 180 ciudades de 120 países y con cuatro mesas de edición en Madrid, Bogotá, El Cairo (árabe) y Río de Janeiro (portugués), para ofrecer sus productos a clientes en los cinco continentes.

Se trata de una empresa pública, cuya titularidad corresponde a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), una entidad adscrita al Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, con dependencia directa del ministro.

Efe se define a sí misma como una agencia que funciona de “servicio público informativo”, por lo que, según apunta en la web, carece de línea ideológica, no transmite opiniones propias, sino noticias, crónicas, reportajes y análisis periodísticos, en cualquier soporte, basados en la veracidad de los hechos, la consulta de todas las fuentes, el rechazo de toda manipulación y el respeto a los principios éticos que rigen el protocolo de obtención y edición de información. En concreto, Efe responde ante los principios de ética profesional del periodismo plasmados por la UNESCO, el Consejo de Europa y la Federación Internacional de Periodistas.

Según los estatutos de la agencia, las informaciones deben identificar claramente las fuentes y cuando la identificación no pueda ser explícita, la atribución de fuentes debe ser lo más precisa posible. En ningún caso podrían difundirse notas sin atribución o totalmente imprecisas, salvo que el periodista presencie los hechos.

Teniendo en cuenta estos principios, Efe distribuye casi 3 millones de noticias al año en los diferentes soportes informativos: texto, fotografía, audio, video y multimedia, que llegan diariamente a más de dos millares de medios de comunicación desde una red mundial de delegaciones y corresponsalías, mediante las que ofrece su visión en español, portugués, inglés, árabe, catalán y gallego.

En el caso de España, cuenta con delegaciones en las capitales de las 17 comunidades autónomas, además de Ceuta y Melilla, y subdelegaciones en otras ciudades españolas.

Así, ha conseguido tener un mayor número de lectores que cualquier diario de tirada nacional. Un ejemplo de ello es que más del cuarenta por ciento de la información internacional de agencias publicada en América Latina es de Efe.

France Presse, de las palomas a la alta definición

France Presse ocupa el tercer lugar en el podio histórico de los referentes del periodismo de agencia tras Associated Press y Reuters, si bien su sello resulta el más longevo, impulsado por Charles-Louis Havas y la agencia homónima que fundó en el París de 1835, remedo pionero de la actual AFP. El hilo del gigante francófono ofrece cada día al mundo 5.000 teletipos en siete lenguas –francés, inglés, castellano, árabe, alemán, portugués y ruso-, así como un volumen diario de 2.000 fotografías y alrededor de doscientas producciones audiovisuales. Cuenta con cerca de 3.000 empleados en todo el mundo.

En agosto de 1944 pasaban muchas cosas. Cercado por los aliados, el mando alemán se sabía derrotado en París. La ciudad vivía sumida en el caos, varios distritos se habían sublevado y en algunos puntos se combatía casa por casa. Ocho reporteros miembros de la Resistencia se instalaron en un monumental inmueble junto a la Bolsa parisiense, antigua sede de la Agencia Havas y requisado por los nazis en el fragor de la Ocupación. Allí el régimen de Vichy, en un guiño algo siniestro, instaló la funesta Oficina Francesa de Información (OFI), un organismo que incentivó la delación y posterior deportación de millares de hebreos franceses. Pero cuando aquel tropel de partisanos-periodistas tomó el edificio, la OFI se desvanecía: era agosto de 1944 y un primer teletipo anunció el nacimiento de la Agencia France Presse (AFP). Por mucho que el general De Gaulle, voz oficial de la Liberación y de lo que vino después, oficializase su existencia en septiembre de aquel mismo año.

El recién creado coloso informativo integraba una constelación de pequeñas agencias con raigambre colonial y vínculos con las frondosas redes de la Resistencia. Pronto su estrategia se dirigió a consolidar la gran agencia mundial en francés, capaz de prestar (y sostener) un correlato informativo de la enjuagada “grandeur” que había acuñado De Gaulle para fundar un país nuevo. No sería fácil. En el curso de la guerra, AP y Reuters habían funcionado con agilidad y solvencia, mientras que la gala Havas, antecesora fundamental de AFP, se desmoronó con la ocupación alemana. La joven generación de la Resistencia lideró así una expansión cuyos pilares fundacionales, inspirados del sistema de Havas, ya aludían a la credibilidad, la rapidez y el anonimato.

Atrás quedaba el alambicado sistema ferroviario, apoyado y abastecido por palomas adiestradas, que empleaba el pionero Havas para informar a Francia en 1835. Era un mundo sin agencias. En torno a 1845, el hasta entonces inédito empleo del telégrafo revolucionó las remesas informativas mediante las cuales Havas relataba el conflicto de Crimea. Más tarde, aquella agencia familiar también se convertiría en la primera en servirse del teléfono y la radio de onda corta para dar cuenta de qué sucedía en el mundo. Sin embargo, a finales de los maltrechos años cuarenta, la jovencísima AFP necesitaba una nueva historia, otro logro que empujase su inexistente prestigio internacional. La muerte de Stalin en 1953 devendría su primera exclusiva. Los corresponsales extranjeros en el Kremlin no podían transmitir la noticia debido a la censura soviética y la AFP, desde París, sí interceptó las emisiones internas que emitía Radio Moscú. Fue el despegue.

Entonces la agencia gala comenzaba a consolidar su estructura interna –presidencias trianuales- y las coordenadas definitivas de su expansión mundial -25 despachos nacionales y 46 en el extranjero, reporteros en cerca de 120 países y clientes en otros 73. A finales de la década de los cincuenta, la AFP era innegablemente una referencia mundial. En 1957 la Asamblea Nacional francesa aprobaba su estatuto profesional, carta blanca a la independencia de su redacción, la progresiva implantación internacional y la autonomía de su modelo financiero. La elección del presidente quedaría a partir de entonces a cargo de un Consejo de Administración mientras que los ingresos contables se limitarían exclusivamente a la venta de sus productos informativos, divididos en paquetes en función del tamaño del abonado.

Con todo, el Estado seguía siendo naturalmente el principal cliente, garantizando hasta el 40% del volumen de negocio gracias a los abonos públicos suscritos por parte de regiones y departamentos (la tradicional estructura territorial francesa). Asimismo, el poder público se reservaba un número específico de asientos en el consejo de administración, así como en el resto de órganos directivos. Aquella agencia ya se parecía mucho a la actual.

En 1969, entretanto, se completaba un movimiento fundamental para entender el posicionamiento geopolítico de los teletipos de la AFP. Se abría el servicio árabe, que recogía con inteligencia la influencia cultural francesa –no ya política- particularmente en el Norte de África. Reciclando el resentimiento colonial en un vínculo cultural, la agencia desempeñaba un rol casi diplomático.

Aquella época asistiría a un aumento notable de la influencia y los clientes de la agencia, mientras la distancia respecto a sus competidores se desvanecía progresivamente. Se abría entonces un periodo durante el cual, desde la primera mitad de los años setenta y hasta 1995, la AFP cuadriplicaría su volumen de negocio mientras que la otrora todopoderosa Associated Press apenas lo duplicaba. Los triunfos se sucedían.

El 6 de septiembre 1972, la AFP confirmaba una hora antes del resto del mundo la muerte de los miembros de la delegación israelí a manos de un comando palestino en los Juegos Olímpicos de Múnich. Tres años más tarde, los primeros ordenadores florecían en las históricas oficinas de la muy parisiense Plaza de la Bolsa y, a mediados de los ochenta, se creaba el reputado servicio gráfico internacional de la agencia. Pronto le seguiría el de infografía.

A partir de la década de los noventa, el despertar de la web y las tecnologías puntocom, unido al sensible contexto financiero y la multiplicación y descentralización de la competencia, obligó a la tercera agencia del mundo a replantearse una expansión cuyas exigencias se habían siempre financiado mediante los réditos de sus productos. Y eso había dejado de ser posible.

Pese a la desaceleración, la AFP continúo actualizando su tecnología y, al tiempo, incorporando de forma pionera las últimas herramientas disponibles. Sus redacciones fueron absolutamente informatizadas a partir de 1993 y, sólo tres años después, la agencia ponía en marcha el primer diario digital en francés. Las urgencias financieras y la necesidad de responder a un mundo nuevo impulsaron un giro estratégico hacia el mercado español, sacudido por la emergencia del universo hispanoamericano. Ello se traduciría en la apertura de una gran mesa central en Montevideo.

De los 2000 a nuestros días, y al igual que un buen número de los principales actores de una profesión sometida a un viraje permanente, el recorrido de la gran agencia francófona ha consistido en una carrera hacia delante con la meta de entender el nuevo paisaje mediático anunciado por internet. Llegó así la tecnología móvil, el empleo de la alta definición en 2010 -una implementación nuevamente pionera en el sector-, la producción en 3D y un solvente despliegue de la agencia en el universo de las redes sociales. Se trataba de contar el futuro.
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