Colección: Deseo 1661




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El Millonario Italiano

Katherine Garbera

1º Hechizo De Amor


El Millonario Italiano (2009)

Título Original: The Moretti heir (2009)

Serie: 1º Hechizo De Amor

Editorial: Harlequín Ibérica

Colección: Deseo 1661

Género: Contemporáneo

Protagonistas: Marco Morretti y Virginia Festa

Argumento:

¿Conseguirían levantar la maldición que ya duraba tres generaciones?

Marco Moretti, un exitoso corredor de Fórmula 1, y su familia, sufrían una maldición: eran capaces de conseguir amor o dinero, pero nunca las dos cosas. Eso no había supuesto un problema para Marco… Hasta que conoció a Virginia Festa.

Virginia, decidida a terminar con la maldición, que también afectaba a su propia familia, estaba convencida de que lo lograría quedándose embarazada de un Moretti, siempre y cuando no se enamorara de él. La química entre Marco y ella era electrizante y la solución parecía simple, pero engendrar un hijo de Marco creó una situación imposible que podía acabar con su plan: los dos se enamoraron.

Capítulo 1

Desde cualquier punto de vista, Marco Moretti un hombre que lo tenía todo. La victoria que acababa de obtener formaba parte de su plan para llegar a ser el corredor Moretti más galardonado de todos los tiempos. Su abuelo Lorenzo había ganado tres campeonatos seguidos, algo que Marco también había hecho, aunque tenía intención de superar el récord de su abuelo ese mismo año.

Ambos corredores Moretti estaban empatados a victorias con otros tres corredores, pero Marco pensaba obtener otra aquel año, algo por lo que había luchado desde que era un conductor novato.

Estaba convencido de que lo conseguiría. Nunca había fracasado en ninguna de las metas que se había propuesto, y aquélla no iba a ser una excepción. Entonces, ¿por qué se sentía tan aburrido e inquieto?

Su compañero de equipo, Keke Heckler, estaba sentado a la mesa junto a él, bebiendo y charlando con Elena Hamilton, una modelo de portada de la revista Sports Ilustrated. Keke parecía tener el mundo en sus manos. Marco no lograba dejar de pensar que debía haber algo más en la vida que las carreras, los triunfos y las fiestas.

Tal vez se estaba poniendo enfermo e iba a caer con la gripe o algo parecido, en cualquier momento.

O tal vez se trataba de la maldición de la familia. Supuestamente, ningún Moretti podía triunfar al mismo tiempo en los negocios y en el amor.

—¿Marco? —dijo Keke, con su marcado acento alemán.

—¿Sí?

—Elena me ha preguntado si ibas a quedar con Allie más tarde.

—No. Ya no estamos juntos.

—¡Oh, lo siento! —dijo—Elena.

Unos minutos después, Keke y Elena se levantaron de la mesa para ir a bailar, mientras Marco permanecía sentado. Aquella fiesta era tanto para él como para la jet set que seguía las carreras de Fórmula 1. Vio a otros corredores entre el mar de bellezas que asistían a la fiesta, pero no se acercó a ninguno.

Allie y él se habían distanciado durante la época del año en que no se corrían carreras. Era como si sólo quisiera estar con él cuando era el centro de atención. Una parte de Marco, anhelaba la vida tranquila que llevaban otras personas. No podía renunciar al glamour que iba unido al mundo de la Fórmula 1, pero a veces, cuando estaba solo, le habría gustado contar con alguien con quien compartir los momentos tranquilos de su vida, y la villa de Nápoles a la que solía retirarse para ser un hombre normal.

Miró a su alrededor. Ninguna de las preciosas mujeres que había allí sobresalía de las demás; todas eran demasiado bellas para ser descritas, pero Marco sabía que nunca encontraría entre ellas una que quisiera aquel tipo de vida.

¿Qué le sucedía?

Estaba en condiciones de iniciar una nueva era para Moretti Motors. Sus hermanos y él habían crecido en un mundo de lujo y privilegios, conscientes de que no tenían riqueza propia. Algo que Dominic, Antonio y él cambiaron en cuanto tuvieron edad suficiente para hacerlo.

En la actualidad, los tres eran hombres respetados en el duro y competitivo mundo del diseño de automóviles. Bajo su guía, Moretti Motors había vuelto a recuperar el liderazgo del negocio de coches de carreras. El poder del motor Moretti y el novedoso diseño de su chasis, habían convertido a sus coches en los más rápidos del mundo, algo de lo que Marco era consciente cada vez que se sentaba tras el volante de su Fórmula 1. ¿Qué más podía pedir?

De pronto se quedó sin aliento al fijarse en una mujer que se hallaba en el otro extremo de la sala. Era alta y su pelo era del color del ébano. Su piel era pálida, como la luz de la luna del mediterráneo. Sus ojos… En realidad se encontraba demasiado lejos como para estar seguro, pero parecían profundos y sin límites.

Llevaba un vestido sutilmente sensual, del mismo color azul cielo que el mono de carreras de Marco. Llevaba el pelo sujeto en alto y algunos rizos sueltos enmarcaban su rostro.

Marco se puso en pie. Estaba acostumbrado a que las mujeres acudieran a él, pero necesitaba conocer a aquélla. Tenía que averiguar quién era y reclamarla suya.

Ya avanzaba hacia ella, cuando la mujer se volvió y despareció entre la multitud. La estaba buscando con la mirada cuando sintió que alguien apoyaba una mano en su brazo.

Marco se volvió y vio que se trataba de su hermano Dominic. Eran de la misma estatura y ambos compartían los mismos rasgos clásicos romanos, al menos según la revista italiana de negocios Capital… Algo que solía utilizar Antonio, su hermano mediano, para burlarse de ellos.

—Ahora no —dijo Marco, que tenía intención de encontrar a la misteriosa mujer.

—Sí, ahora. Es urgente. Antonio acaba de llegar y tenemos que hablar.

Dominic era el líder de su fraternidad. No sólo porque fuera el director de la empresa, sino también porque era el motor de aquella nueva época de prosperidad para Moretti Motors.

—¿No puede esperar? Acabo de ganar la primer carrera de la temporada, Dom. Creo que tengo derecho a celebrarlo.

—Puedes celebrarlo luego. Esto no nos va a llevar mucho tiempo.

Marco miró de nuevo hacia donde había visto a la mujer, pero no había rastro de ella. Se había ido. Tal vez la había imaginado.

—¿Qué sucede? ¿Y dónde está Antonio?

—De camino. Vamos a la sección VIP a hablar. No me fío de la multitud.

Aquello no sorprendió a Marco. Dom no corría riesgos en lo referente a Moretti Motors. Él fue quien se dio cuenta de que la maldición que cayó sobre su abuelo Lorenzo, era la responsable de que sus padres hubieran perdido su patrimonio. Marco no daba demasiado crédito a las maldiciones hechas por viejas brujas italianas, pero su padre creía que la maldición era responsable del cambio de fortuna de su familia.

Cuando eran adolescentes, sus hermanos y él juraron con sangre que nunca se enamorarían, y que devolverían su antigua gloria y poder al nombre Moretti.

Mientras avanzaba con su hermano entre la multitud, Marco fue felicitado en varias ocasiones por su triunfo, pero él no dejó de buscar con la mirada a la mujer morena. No la encontró.

Cuando entraron en la zona VIP de la sala, separada del resto por una cortina, encontraron a Antonio esperándolos.

—Habéis tardado mucho.

—Marco es el campeón. Todo el mundo se lo disputa —dijo Dom.

—¿Cuál es el problema? —preguntó Marco, que no estaba interesado en enzarzarse en una de las habituales discusiones fraternales que no llevaban nada.

—El problema es que la familia Vallerio no quiere dejarnos utilizar su nombre para la nueva producción de nuestro coche.

El Vallerio había sido el coche insignia de Moretti Motors hasta los años setenta, fecha en que dejó de producirse. Recuperarlo era el plan de Dominic para reestablecer el domino de la empresa en el mercado.

—¿Cómo puedo ayudar? —preguntó Marco—. Keke o yo podemos llevar el coche a Le Mans y ganar las veinticuatro horas con él.

—Imposible. El abogado de los Vallerio ha interpuesto un recurso.

—Necesitamos convencer a la familia Vallerio para que nos permita utilizar su nombre —dijo Dominic

—¿Qué sabemos de ellos? —preguntó Marco.

—Que Pierre Henri Vallerio odiaba al abuelo Nonno, y que probablemente esté saltando de alegría en el más allá al pensar que sus descendientes tienen algo que necesitamos —dijo Antonio.

—De manera que se trata de una contienda familiar.

—Más o menos. Creo que dirían no, sólo para demostrar que pueden.

—En ese caso, tendré que ofrecerles algo que no puedan rechazar —dijo Antonio.

—¿Por ejemplo? —preguntó Marco.

Su hermano mediano estaba acostumbrado a ganar. Todos lo estaban.

—Ya pensaré en algo. Dejadlo en mis manos.

—No podemos permitir que desbaraten nuestros planes.

—Desde luego que no.

Marco sabía que el problema no duraría mucho. El abogado de los Vallerio se llevaría una sorpresa cuando tuviera que tratar con Antonio.

Virginia Festa había pasado por un momento de pánico cuando Marco se había levantado y se había encaminado hacia ella. Sabía que le gustaba que sus mujeres se mostraran interesadas, pero no hasta el punto de mostrarse demasiado obvias. De manera, que se volvió con la esperanza de… ¡Oh! En realidad se había alejado debido al pánico.

En Marzo hacía mucha humedad en Melbourne, Australia, algo que había anticipado antes de dejar su casa en Long Island. De hecho, había planeado cada detalle de aquel viaje con todo detalle, consciente de que la sincronización lo era todo. Pero no había anticipado el elemento humano. Un error que sin duda cometió su abuela cuando lanzó la maldición sobre los varones Moretti.

Sospechaba que su abuela, que sólo tenía conocimientos rudimentarios de la antigua brujería strega, no se dio cuenta de que cuando maldijo a su amante Lorenzo Moretti y a su familia, también estaba maldiciendo a las mujeres Festa. Virginia se había pasado la vida estudiando la maldición que utilizó su abuela para tratar de romperla. No había forma de limitarse a retirarla, ya que su abuela había sido la que había pronunciado el conjuro y ya había muerto.

Le irritaba haberse asustado después de haber llegado tan lejos. Estaba poniendo en marcha un plan que había estado elaborando desde que tenía dieciséis años, desde el momento en que descubrió la maldición que su abuela había lanzado sobre los hombres Moretti, y por accidente, sobre las mujeres Festa.

Se frotó las manos en su clásico vestido Chanel. Iba a tener que tratar de encontrar a Marco de nuevo, encontrarlo y camelarlo sin delatar su plan. La clave residía en mostrarse imprecisa. Había pasado muchas horas estudiando libros sobre el embrujo strega que su abuela había utilizado para maldecir a los Moretti, y buscando una forma de romperlo. Tras su investigación, había decidido que para poner el plan en marcha, debía ser anónima.

Sólo tenía el recuerdo de su abuela de las palabras que pronunció, palabras que Cassia escribió en su diario y que Virginia había estudiado. Su abuela exigió venganza por su corazón roto, y al hacerlo, había condenado a las mujeres Festa a tener siempre el corazón roto.

No podía haber una unión de corazones Moretti y Festa. Tenían que permanecer siempre separados. Pero su sangre… Mientras estudiaba todo lo que podía sobre maldiciones, Virginia había encontrado una laguna en la de su abuela. Separadas, ambas familias permanecerían malditas para siempre. Pero si llegara a nacer un hijo con sangre Festa y Moretti, la maldición quedaría rota. Un hijo voluntariamente entregado a ella por un Moretti repararía el daño que Lorenzo Moretti había infligido a su mujer dos generaciones atrás, y liberaría a los Moretti y a los Festa de su maldición.

Pero una vez llegado el momento de la verdad, estaba realmente nerviosa. Una cosa era hacer planes para conquistar a un hombre estando cómodamente sentada en casa, y otra muy distinta era volar al otro extremo del mundo para poner en marcha su plan.

Salió del abarrotado salón a una terraza desde la que se divisaba el centro de Melbourne. Hasta entonces, los únicos lugares en que había estado habían sido el pequeño pueblo italiano en que creció su abuela, y Long Island, donde vivía.

Aquella noche, de pie en aquella terraza, mientras contemplaba el cielo negro cuajado de estrellas, sintió que estaba a punto de empezar algo nuevo. Toda la magia strega que le habían enseñado su madre y su abuela se basaba en estar al aire libre. Alzó la mirada hacia la luna y dejó que su brillo la fortaleciera.

—Hace una noche preciosa, ¿verdad?

La profunda voz masculina que escuchó a sus espaldas le produjo un agradable cosquilleo por el cuerpo, y no se sorprendió cuando al volverse, vio a Marco Moretti de pie tras ella. El pánico que había sentido hacía un rato en el salón regresó.

—Es cierto.

—¿Puedo reunirme contigo?

Virginia asintió.

—Soy Marco Moretti.

—Lo sé. Felicidades por tu triunfo de hoy.

—A eso me dedico mi’angela—dijo Marco, sonriente.

—No soy tu ángel —replicó Virginia, aunque le encantó el sonido del italiano de Marco.

—Dime tu nombre y así podré llamarte por él.

—Virginia —dijo ella, muy consciente de que su apellido la delataría.

—Virginia… Muy bonito. ¿Qué haces aquí, en Melbourne?

—Verte ganar.

Marco rió.

—¿Te apetece beber algo conmigo?

—Sólo si podemos quedarnos aquí.

Virginia no quería volver al bullicio de la fiesta. Fuera mantenía mejor el control y podía concentrarse. Además, necesitaba hacer acopio de toda la magia strega posible. El cielo cuajado de estrellas y la luna la ayudarían.

—Desde luego.

Marco hizo una señal a un camarero.

Cuando sus bebidas llegaron, Marco tomó a Virginia por el codo y se alejaron de la gente que deambulaba por la terraza. Mientras caminaban, Virginia se hizo muy consciente del sutil roce de los dedos de Marco en su carne.

Cuando llegaron a una zona más tranquila, Marco dejó caer la mano. Se apoyó de espaldas contra la barandilla y miró a Virginia. Ella se preguntó qué vería, con la esperanza de que la encontrara misteriosa, sexy y seductora. Temía que sus nervios delataran el juego que se traía entre manos.

—Háblame de ti, mi'angela bella.

Virginia no contaba con sentirse atraída por Marco. Había imaginado que llegaría allí, mostraría un poco de pierna y de escote para estimular a Marco, que éste se la llevaría a la cama, y que ella se iría a la mañana siguiente.

No había contado con que sus sentidos se vieran tan afectados por Marco. Le encantaba su acento y el ritmo de sus palabras mientras hablaba. También le gustaba el aroma de su colonia, que le hiciera sentirse como si fuera la única mujer del mundo. Por supuesto, aquello encajaba con lo que había averiguado sobre él; que sus relaciones, aunque cortas, eran muy intensas.

—¿Qué quieres saber, mi diavolo bello?

Marco volvió a reír y Virginia comprendió por qué se le consideraba un hombre tan encantador. Su encanto formaba parte intrínseca de su personalidad.

—De manera que piensas que soy atractivo…

—Pienso que eres un diablo.

—Me encanta el sonido del italiano en tus labios. Háblame de ti en italiano.

—Sólo conozco algunas frases. ¿Qué quieres saber de mí?

—Todo.

Virginia movió la cabeza.

—Esa sería una historia muy aburrida. Nada como la afamada historia de Marco Moretti.

—Seguro que eso no es cierto. ¿A qué te dedicas?

—Ahora mismo estoy en un periodo sabático —dijo Virginia, lo que era cierto.

Había pedido una excedencia de seis meses en su trabajo como profesora en una escuela universitaria de arte, para seguir la temporada de carreras de Fórmula 1 y conocer a Marco.

—¿Por qué?

—El año que viene voy a cumplir treinta años, y he decidido que ya era hora de conocer el mundo. Siempre he querido viajar pero nunca he tenido tiempo.

—¿Así que es una mera coincidencia que ambos estemos en Melbourne?

—Sí —contestó Virginia.

Una coincidencia provocada por ella.

—Melbourne es sólo la primera parada. Es una de mis ciudades favoritas.

—¿Qué es lo que te gusta de ella? —preguntó Virginia.

—Lo que más me gusta esta noche es que estamos juntos.

—Esa frase hecha es muy mala —dijo Virginia con ironía.

—No es una frase, sino la verdad —replicó Marco—. Ven a bailar conmigo.

Virginia tomó un sorbo de su bebida. Había llamado la atención de Marco y había conseguido que la conversación no se centrara en ella, y ahora…

—De acuerdo.

—¿De verdad has tenido que pensarlo? —preguntó Marco, a la vez que la tomaba de la mano y la atraía hacia sí.

—En realidad no. Pero no me esperaba esto.

—¿Qué no te esperabas?

—Encontrarte tan atractivo.

Marco rió.

—Yo tampoco esperaba encontrarte a ti, Virginia.

—¿Y qué esperabas?

—Otra fiesta para celebrar la victoria en la que todo el mundo simula sentirse feliz por mí, aunque en realidad les da igual.

—¿Y eso suele suponer un problema para ti?

—En realidad no. Así son las masas. Todo el mundo está aquí para ver y ser visto.

Virginia estaba segura de que Marco había revelado con sus palabras más de lo que pretendía. Pero antes de que pudiera preguntarle algo más, la tomó por la barbilla, se inclinó y la besó en los labios.

Virginia sintió la calidez de su aliento y el delicado roce de su lengua contra su boca.

Y en ese momento supo con certeza que la misión a la que se enfrentaba, era más peligrosa de lo que había imaginado. Porque iba a ser muy difícil no colarse por Marco Moretti.
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