No basta acumular riquezas para crear una Patria: Cartago no lo fue. Era una empresa. Las áureas minas, las industrias afiebradas y las lluvias generosas hacen de cualquier país un rico emporio: se necesitan ideales de cultura para que en él haya una Patria”




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títuloNo basta acumular riquezas para crear una Patria: Cartago no lo fue. Era una empresa. Las áureas minas, las industrias afiebradas y las lluvias generosas hacen de cualquier país un rico emporio: se necesitan ideales de cultura para que en él haya una Patria”
fecha de publicación23.02.2016
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No basta acumular riquezas para crear una Patria: Cartago no lo fue. Era una empresa. Las áureas minas, las industrias afiebradas y las lluvias generosas hacen de cualquier país un rico emporio: se necesitan ideales de cultura para que en él haya una Patria”.

José Ingenieros

SI NO DETENEMOS AL FLAGELO DE LA CORRUPCION EL PERU COLAPSARA

Así de simple queridos compatriotas. Lo que viene ocurriendo en el país con la corrupción adquiere ya formas y dimensiones alarmantes. No me cabe la menor duda que estamos implementando en el país una especie de subcultura de la corrupción.

Protagonistas o cómplices de la corrupción por nuestra notoria tolerancia cotidiana con la misma, la mayoría de los ciudadanos, en todos los niveles socioeconómicos, de una u otra forma, permitimos el acrecentamiento de dicho flagelo que nos azota inclemente día tras día. Ya no nos llama la atención nada. Ninguna denuncia nos indigna, todo lo llevamos a la humorada, a la burla, al chiste con frecuencia procaz. Todo nos parece normal. Los corruptos, principalmente cuando se trata de notorios personajes de la vida pública, nos tratan como si fuéramos débiles mentales y no nos diéramos cuenta de sus escandalosos y muchas veces grotescos y hasta torpes latrocinios. Esto resulta tan indignante, que alguna vez socarronamente he manifestado, que habría que empezar a castigar a dichos infractores, primero por brutos y después por corruptos. Se pretenden justificar las tropelías con fantasiosos y ridículos argumentos. Y no sólo eso, sino que además “engalanan” con frecuencia y con el mayor desparpajo, las páginas sociales de importantes periódicos y revistas locales. A veces da la impresión que habría que delinquir para tener figuración en los mismos.

Se miente con la mayor facilidad y cuando hay dudas respecto a la certeza de las opiniones vertidas, se recurre al recurso de calificarlas como “mentiras piadosas”. De esta manera, pretendemos maquillar la susodicha falacia. De haberle tocado vivir nuestra penosa realidad a Carlo Collodi, el periodista florentino creador del célebre personaje Pinocho, tal vez se hubiera animado a escribir, ya no una novela sino una gran serie.

Además, algunos compatriotas sufren de lo que podríamos denominar “amnesia voluntaria”, que por supuesto no hace referencia al estado patológico, sino que es una forma más de mentir. Recordamos sólo lo que nos conviene. Lo que no nos favorece, no lo queremos ni nombrar.

Evidentemente no somos los inventores de la corrupción, ni es el Perú el único país flagelado por este mal pues fácilmente podemos apreciar que la crisis de valores morales y éticos es mundial. Lo que ocurre es que si no frenamos la corrupción en el Perú y todavía estamos a tiempo de hacerlo, nos precipitaremos inevitablemente al abismo. Nuestra sociedad debe ser consciente que la corrupción conduce a la desintegración moral, social y económica del Estado. La corrupción significa el empobrecimiento de los sectores económicos más pobres pues los condena a vivir en el subdesarrollo. Entendamos bien, que no puede haber crecimiento económico sin desarrollo humano. Nuestro sufrido pueblo debe tener muy presente siempre, que robar al Estado es robar a todos los peruanos y que las sanciones para dichos delitos jamás deberían prescribir.

Como si lo expuesto no fuera suficiente, completa el trípode de la corrupción la Impunidad, la cual constituye el principal incentivo de la corrupción.

La impunidad es la falta de castigo. Se trata de un concepto estrechamente vinculado al Derecho Penal.

En nuestro país si deseáramos ocuparnos del tema de la impunidad, debo confesar con hidalguía, que no sería fácil decidir por donde empezar porque existen muchos casos de corrupción que involucran principalmente a políticos y funcionarios públicos, que han sido denunciados y son de amplio conocimiento de la opinión pública y que sin embargo continúan impunes.

Raúl Porras Barrenechea, notable hombre de Historia, profundo conocedor del suceder en el pasado de la República, recordaba en la década de los cincuenta, que en el Perú hemos hecho un culto y una carrera de la impunidad y que somos el país más impunista de América. Y en otra oportunidad, el maestro sanmarquino sentenciaba: “El impunismo ha sido uno de los mayores defectos peruanos y una muestra de nuestro débil sentido jurídico y moral”. Añadiendo : “La impunidad debe ser combatida”.

Resulta lamentable comprobar como hemos retrocedido en lo que respecta a la legislación nacional preventiva y punitiva para frenar la corrupción durante la Etapa Republicana. De hecho, por razones obvias, no vamos a tomar como punto de partida para esta evaluación, el Decreto del Libertador Simón Bolívar expedido el 12 de enero de 1824, sobre la aplicación de la pena capital en los casos de corrupción.

Como decimos para muestra un botón. Nos limitaremos a la Constitución Política del Perú promulgada el 09 de abril de 1933 y vigente hasta julio del año 1980, que en su artículo 20ª estipulaba lo siguiente: “El que desempeña un cargo público es DIRECTA e INMEDIATAMENTE RESPONSABLE por los actos que practique en el ejercicio de sus funciones. La ley determinará la manera de hacer efectiva esta responsabilidad. El Ministerio Fiscal está obligado a EXIGIR el cumplimiento de lo dispuesto en este artículo.”

Debemos precisar que el artículo en mención estaba consignado, nada menos que en el Título de las Garantías Constitucionales, como “Garantía Nacional y Social” . Véase pues la importancia que se concedía a dicha norma hace 77 años.

Apreciados lectores yo me permito invitarlos a buscar en los treinta años siguientes o sea hasta la actualidad, una norma siquiera parecida, con la categoría y los alcances de la comentada.

La mejor forma de promover la democracia y lograr que ésta sea eficaz, es decir que pueda alcanzar a todos de veras, es la lucha contra la corrupción, en sus dos momentos, previniéndola y erradicándola.

Precisamente, estas dos fases, denominándolas Preventiva y Represiva, las explicaba recientemente, en un excelente y documentado artículo, el Director Internacional de esta prestigiosa revista, doctor Marco Antonio Arrunategui Cevallos. La primera fase decía, sería posible con tres acciones básicas: la transparencia en el manejo de los fondos públicos, los eficaces mecanismos de control y el buen ejemplo, que dicho sea de paso para el autor del presente artículo, es la más importante. No en vano, Edmund Burke, ese notable político y escritor británico, afirmaba que: “El ejemplo es la escuela de la humanidad, la única escuela que puede instruirla”.

La segunda fase, vendría a ser la penalización del delito cometido. En otras palabras, el castigo al autor del ilícito perpetrado.

Por todo lo expuesto, hacemos un llamado a todo el pueblo peruano, para que no decaiga en esta cruzada de lucha contra la corrupción. No más tolerancia, no más permisividad con la corrupción. Salvemos al Perú de la corrupción. La tarea es difícil pero no imposible. Unidos lo conseguiremos, no perdamos la fe.

Como Presidente de la Asociación Civil sin fines de lucro “Acción Cívica contra la Corrupción” (ACICOC) debo manifestar que es reconfortante encontrar medios de comunicación social que así lo entienden.

Quiero concluir estas notas, citando un pensamiento de ese paladín de la lucha contra la corrupción, don Manuel González Prada: “Felizmente, el Perú no se reduce a la costra corrompida y corruptora: lejos de políticos y logreros, de malos y maleadores dormita una multitud sana y vigorosa, una especie de campo virgen que aguarda la buena labor y la buena semilla”. ¡Que así sea, por un nuevo Perú para nuestros hijos y nietos!.

EDUARDO CARLOS CARRILLO HERNANDEZ

Embajador en el SDP

DNI Nº 07761114

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