Lo mejor del domingo para reir y pensar el espectador tola y maruja






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LO MEJOR DEL DOMINGO

PARA REIR Y PENSAR

EL ESPECTADOR

TOLA Y MARUJA


Achacosas señoras,

Soy una paciente que me tocó ir a urgencias de la EPS y cuando me entregaron el ficho del turno vi con sorpresa que traía impresos varios sudokus para llenar. ¿Ustedes qué opinan? ¿No les parece una falta de respeto con el enfermo? ¿Qué viene después, ah, darle el turno al que llene un bingo? ¿Atenderán primero al que le gane en parqués al celador?

Atentamente,

Dolores de Barriga

Querida impaciente,

Por su letra vemos que de tanto visitar médicos se le pegó esa letra. Tola y yo no le vemos nada de malo al Sudoko en la sala de espera. Es más, conocemos gente que después de llenarlo se alivian y se van.

En la EPS de nosotras aplican la misma, pero mucho mejor porque nos ponen sopas de letras con palabras fáciles: iboprofeno, cetaminofén, copago...

Nosotras felicitamos a la EPS que tuvo esa idea tan galleta de entretener a los enfermos mientras esperan, claro que deberían mejorar los premios y que los pacientes puedan ganar cirugías plásticas, trasplantes, cambios de sexo...

Fulvia, una amiga de toda la vida, fue a urgencias y cuando llenó el Sudoko se mejoró, regaló el ficho y se devolvió caminando pa la casa, alentada, feliz de la pelota.

Y nos contó que ella siempre le había tenido fastidio al Sudoko porque le parecía imposible de llenar, pero que cuando lo completó en la EPS se sintió otra y notó que le volvía la autoestima.

Muchas enfermedades vienen del celebro, de la mente. Fulvia nos confesó que en la escuela era negada pa los números y que eso le dio una inseguridá tan maluca que cuando veía un Sudoko sudaba frío y le daba migraña.

Apoyamos la sudokoterapia y rechazamos el descaro de algunas epeeses que pa dilatar la atención de sus pacientes les entregan cubos de Rubik.

Y aprovechamos pa dale las gracias al ministro Gaviria (¡qué lampo de hombre!) pues está peliando muy valiente con las trasnacionales gringas que nos quieren imponer sudokos de marca, cuando aquí los tenemos genéricos.

La verdá es que si bien las EPS son cosita, los pacientes no somos ningunas peritas en dulce. Nos tocó ver dentrar a un herido que se negó a diligenciar el Sudoko con la disculpita que de pronto pringaba el ficho.

Somos también testigas de la viveza de una señora que llegó con el Sudoko ya listo y a leguas se notaba que era viejo y que lo había resuelto en la tranquilidá de su casa.

Sería bueno que las epeeses nos capaciten a los viejos en la llenada del Sudoko, pues los jóvenes nos llevan en los cachos y nos ganan el turno.

Y queremos sugerir otras entretenciones aparte del Sudoko, como el juego Quién quiere ser millonario, que podría tener preguntas estilo: La espresión “ver el túnel” se refiere a: A. La luz Divina. B. Ver a Dios. C. El más allá. D. Colgar los guayos.

Tus tías que te quieren,

Tola y Maruja

Posdata: Histórico, el Congreso aprueba la mariguana medicinal. Prehistórico, el procurador se opone.

SEMANA

UNA TERAPIA DE ADICTOS AL PODER

Daniel Samper Ospina


No griten que se despierta mi chiquito. Mi adicción me llevó a meter a mi bebé en la política antes de que aprendiera a leer. Por consumir poder durante mi embarazo, él nació adicto también: mírenlo.

Siéntense en círculo y hagamos silencio que la terapia está por comenzar. Arranquemos por el lado ultraderecho, como siempre: a ver, empieza tú.

–Me llamo Álvaro y soy adicto al poder.

–¡Hola, Álvaro! ¡No venías desde la vez que tocaste fondo y cambiaste la Constitución, bienvenido!

–Oístes, es que recaí: ya no disfruto del nietecito ni de la yegüita alazana sino que me la paso pegado al Twitter promoviendo la guerra como un loco para volver a la Casa de Nari…

–¿Pero apenas lo deseas o has recaído de verdad?

–¿Que qué? Mirame a estas alturas ¡dizque de senador! Pero es que necesitaba siquiera una curul para inhalar…

–¡A mí me pasó lo mismo!

–Espera tu turno, doctor Serpa. Continúa, Álvaro. Y guarda el celular.

–…Esperate mando un twitter que la FAR sacaron comunicado…

–Bien, entonces quién sigue en el orden del círculo… ¡Tú!

–¿Yo?

–No, tú no, María Emma; el señor de la derecha…

–Gracias. Me llamo Juan Ma-má y soy adicto al poder.

–¡Hola, Juan Ma-má!

–Juan Ma-manuel…

–¿Cómo va la adicción, Juan Manuel?

–Mal. Por culpa de esta droga maldita he planeado golpes de Estado, me disfracé de pastranista, después de uribista, posé en calzoncillos... Por ganar las elecciones me alié con una gente a la que mamá seguro calificaría como “fro-fro”.

–¿Como qué?

–Fro-frondia…

–¿Quiénes?

–Gentecita de la costa … Ñoño Elías, por ejemplo.

–Ah, sí, él no volvió por acá desde la última vez que rifó una lavadora entre los adictos y se llevó la plata... Juan Manuel, ¿y no crees que llegó el momento de dejar el poder?

–Es que eso no se ataca así… Es mejor tratarlo con una dosis mínima… que todos podamos ser ediles, por ejemplo.

–Pero piensa en tu familia…

–Pero qué hago: mi cu-cuerpo pide más… Ahora voy por la ONU…

–Gracias por tu testimonio, Juan Manuel. ¿Quién sigue?

–Voy yo: están dando la palabra hacia la derecha.

–Adelante, Alejandro.

–Hola a todos: soy Alejandro y soy adicto al poder…

–¡Hola, Alejandro!

–Yo también he hecho de todo por el poder: hasta invité al matrimonio de mi hija, no digamos parapolíticos, porque ¿quién soy yo para juzgarlos, si para eso está dios?, sino liberales, sí, li-be-ra-les, como se oye. Pero los necesitaba para reelegirme. Y ahora uso mi cargo para hacer campaña presidencial…

–¡Necesitas tratamiento de choque, Alejandro! ¡Fúmate este cacho!

–Cacho el de satán: quiero tener tanto poder como Nuestro Señor, quiero ser omnipotente...

–¿Y no te da pena?

–No, ¡cuál pena! El poder me lo ha dado todo: me brindan toros en las plazas; me dan el mejor puesto en la iglesia. Hasta Beatriz se volvió importante en los círculos bogotanos, y, dígame, ¿quién era Beatriz antes de que yo fuera procurador?

–¿No te visualizas dejando el poder?

–Dejo antes el cilicio.

–Valoramos tu sinceridad, Alejandro, pero te está ganando la adicción. Debes aferrarte a dios…

–Sí. O al menos al cargo.

–A ver: ¿quién va?

–Yo.

–No, Luchito, tu salón es al lado. ¿Quién quiere?

–¿Yo entonces?

–No, doctor Benedetti: este tampoco es tu salón.

–Entonces yo. Soy César y soy adicto al poder, jijiji….

–¡Hola, César!

–No griten que se despierta mi chiquito. Mi adicción me llevó a meter a mi bebé en la política antes de que aprendiera a leer. Por consumir poder durante mi embarazo, él nació adicto también: mírenlo.

–Pobrecito. Y está divino.

–Lo mismo les puede pasar a Andrés y a Ernesto; díganles que vuelvan a las terapias. Hay descuentos para familias, como se lo dijimos a los López…

–¿O sea que a mí me sale más barato?

–Sí, Mauricio, pero un Cárdenas pidiendo rebaja no se ve bien. Pero bueno: abramos un poco la sesión. A ver, tú, Germán: ¿cómo va ese tratamiento?

–¿Cuál de todos?

–Para dejar el poder…

–Ni de riesgos… Antes me desmayo. Otra vez.

–Pero, ¿y la salud? ¿Y la tranquilidad?

–¿Y de qué sirve la salud si uno no tiene poder?

–Eso digo yo…

–A ver, senador Gerlein, tienes la palabra…

–…dije que eso digo yo: me visualizo sin escoltas, sin un policía en la puerta de la casa, sometido a hacer fila como cualquiera, y me lleno de ansiedad.

–O viajando en vuelo comercial: eso me pone a sudar.

–¿Eso te da ansiedad, María Ángela?

–¡Mucha!

–Eso es lo que llamo andar como un zarrapastroso.

–A ver, el de la cumbamba, un poquito de orden. Démosle la palabra a los más antiguos del grupo: Noemí, ¿cómo te ha ido sin pasaporte oficial?

–Horrible. Y viajar al exterior pagando hotel es espantoso: ¡los hoteles son carísimos! ¡Y le cobran a uno las llamadas!

–¿Cuánto llevas sin recaer?

–Llevo todo este gobierno sin ser nombrada. Siempre me digo: “Solo por este año no seré embajadora”. Y así me he mantenido.

–Yo nada que puedo.

–A ver, Roy…

–Conmigo es al revés. Me digo: este cuatrienio y lo dejo. Pero no puedo: cojo los partidos como ollas, y soy meta y meta poder… Míreme las fosas.

–Hablando de fosas, doctor García

Zuccardi: ¿quieres hablar hoy? ¿No? ¿Alguien más? Bueno: entonces terminamos por hoy. Y en ocho días comenzamos por ti, senador Serpa, que olvidé darte la palabra.

EL TIEMPO
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