Fidel Castro y la prensa escrita: legado y contemporaneidad






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Fidel Castro y la prensa escrita: legado y contemporaneidad.
La prensa escrita como instrumento de divulgación ético-humanista y socio-política del pensamiento progresista cubano.
El pensamiento ético-humanista de Fidel Castro como expresión de continuidad y ruptura con una tradición del pensamiento progresista cubano desde la colonia a la república neocolonial

Autor: Dr C Raúl Quintana Suárez. Profesor Consultante.


Departamento de Humanidades. Facultad de formación de profesores de enseñanza media superior. Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”. Ciudad Escolar Libertad. La Habana, Cuba.


NDICE:

Páginas: INTRODUCCIÓN................................................................................ 4--5.

PRIMERA PARTE:

La prensa escrita como instrumento de divulgación del pensamiento progresista cubano durante la colonia (1790-1898)…………………………………… 6--35.

1,1.-Empeños iniciales en la formación de nuestra identidad nacional (1790-1868)…………………………………………………………………………… 6--10.

1,2.- Félix Varela y “El Habanero”: promotor del independentismo… 10--19.

1,3.- El pensamiento progresista cubano y la prensa revolucionaria durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878)…………………………………… 19--27.

1,4.- José Martí y la utilización de la prensa escrita como instrumento de divulgación de sus ideas revolucionarias……………………………… 28--32

Referencias bibliográficas (Primera parte)……………………………… 33--35

SEGUNDA PARTE:

2.- La primera ocupación norteamericana (1899-1901) como antesala de la República Neocolonial. (1902-1952). Hasta el golpe de estado del 10 de marzo de 1952……………………………………………………………………………… 36--58.

2,1.- Desde el inicio de la primera ocupación norteamericana hasta comienzos del gobiernos de Alfredo Zayas. Etapa de 1899 A 1920…………………… 35--41

2,2.- Desde el gobierno de Zayas hasta la promulgación de la Constitución. Etapa de 1920 A 1940…………………………………………………………………… 41--49

2,3.- Etapa de 1940 a 1952. Desde la promulgación de la Constitución de 1940 hasta el golpe de estado del 10 de marzo de 1952……………………… 49-- 55

Referencias bibliográficas (Segunda parte)………………………………….55--57
TERCERA PARTE:

3.- Fidel Castro: la prensa escrita como instrumento de divulgación de su ideario en la Cuba prerrevolucionaria (Octubre de 1947 al 1ro de enero de 1959)……………………………………………………………………………… 59--119

3,1.- Surge un líder. Etapa que comprende de octubre de 1947 al 10 de marzo de 1952…………………………………………………………………………………… 61--70

3,2.- Fidel y la prensa escrita como trinchera de combate (Etapa del 10 de marzo de 1952 a vísperas del 26 de julio de 1953…………………………………… .70--79.

3,3.- Del Moncada al exilio. Etapa del 26 de julio de 1953 hasta el 7 de julio de 1955…………………………………………………………………………………… 79--81

3,4.- Epistolario desde la prisión………………………………………………… 81--92

3.5.- Del inicio del exilio hasta la salida del Granma del puerto de Tuxpan. Etapa del 7 de julio de 1955 al 2 de diciembre 1956……………………………………92--107

3,6.- Del desembarco del Granma y la lucha en las montañas hasta el triunfo de la Revolución Cubana. Etapa del 2 de diciembre de 1956 al primero de enero de 1959……………………………………………………………………………… 107--115

Referencias bibliográficas (Tercera parte)…………………………………. 116-119

Bibliografía………………………………………………………………………… 120--122

Anexo………………………………………………………………………………. 123--127


INTRODUCCIÓN:
El pensamiento progresista cubano que se gesta en el decursar lento pero necesario de las tres primeras centurias, alcanza en el siglo XIX un notable auge en su proceso de conformación, conducente a la asunción de nuestra identidad cultural y nacional. El mismo, portador de un fecundo contenido político, económico, filosófico, ético, educativo e ideo-cultural, trasciende por su significación, con nuevas peculiaridades, al siglo XX e incluso a inicios del XXI.
La prensa escrita en Cuba se desarrolla en singular paralelismo con el devenir del mismo, signados ambos por coyunturas propiciatorias de avances y retrocesos; contradicciones, crisis y soluciones; paradigmas y alternativas, tendencias y matices ideológicos, durante la colonia, la república neocolonial y la etapa de transformaciones revolucionarias iniciada con el triunfo de la Revolución Cubana el primero de enero de 1959.
Este ensayo-investigativo no se propone como principal objetivo abordar las historias del pensamiento progresista cubano o de la prensa escrita en nuestra patria, tratados con más o menos rigor por prestigiosos autores, en diversas épocas históricas, aunque en ellos encuentre su necesario sustento, sino intentar una aproximación sistematizadora, contextualizada y valorativa, acerca del papel desempeñado por esta como instrumento por excelencia en la divulgación de este pensamiento, marcadamente fundacional. Legado pródigo en virtudes ciudadanas, éticas y patrióticas, sintetizadas en el ideario martiano, nuestras tradiciones marxistas-leninistas, y en la contemporaneidad, en el pensamiento de Fidel Castro. Pilares sobre los que se erige la Ideología de la Revolución Cubana que se expresa, utilizando el bello símil martiano, como raíz y ala. Raíz como preservación y sustento y ala por su imprescindible remontar a su mayor perfeccionamiento y hondura.
De la importancia que personalidades cubanas de gran significación han otorgado al papel de la prensa escrita en la divulgación de sus ideas, tomemos de ejemplo lo expresado por el Generalísimo Máximo Gómez al periodista revolucionario Enrique Trujillo, en carta fechada en 1894 de que…“... sin la prensa nada podemos hacer” (1).
El propio José Martí, quien ejerció el periodismo con singular prodigalidad, como una importante actividad en su multifacético quehacer revolucionario, nos legó las siguientes valoraciones acerca del papel de la prensa, dada su finalidad de...“…decir lo que a todos conviene y no dejar nada que a alguien pueda convenir. Que todos encuentren en el diario lo que pueden necesitar saber. Y decirlo con un lenguaje especial para cada especie, escribiendo en todos los géneros, menos en el fastidioso de Babeauf, desdeñando lo inútil y atendiendo siempre lo útil elegantemente……El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, la fusta en la mano y la espuela en el tacón…….Debe desobedecer los apetitos del bien personal, atender imparcialmente al bien público. Debe ser coqueta para seducir, catedrático para explicar, filósofo para mejorar, pilluelo para penetrar, guerrero para combatir. Debe ser útil, sano, elegante, oportuno, valiente. En cada artículo debe verse la mano enguantada que lo escribe y los labios sin mancha que lo dictan. No hay cetro mejor que un buen periódico” (2).
El pensamiento progresista cubano, que inicia su formación a fines del siglo XVIII, favorecido por muy peculiares condiciones, y que alcanza en José Martí, su más alta cumbre, llega hasta nosotros, en sus posibilidades infinitas de desarrollo, en el ideario de Fidel Castro, feliz conjunción de múltiples legados, perneados todos de un significativo humanismo ético.
La historia de nuestra patria es una sucesión de disímiles batallas de ideas, con escenario en diversos contextos, sin perder su esencia motivadora de justicia y patriotismo. Y la prensa escrita constituye, sino el único, sin duda su principal instrumento revolucionario de su divulgación entre el pueblo, verdadero sujeto de toda transformación.
El contenido ético-humanista del pensamiento de Fidel Castro, principal forjador de la Revolución Cubana, expresión de continuidad y ruptura con el ideario progresista anterior y de notable inspiración martiana, se nos muestra en sus múltiples escritos, entrevistas, mensajes y declaraciones publicados en la prensa escrita durante seis décadas de bregar revolucionario y que alcanza en sus actuales Reflexiones, un alto grado de madurez. Feliz conjunción de legado y contemporaneidad.

PRIMERA PARTE.
1.- La prensa escrita como instrumento de divulgación del pensamiento progresista durante la colonia (1790-1898).
La etapa colonial, en su última centuria, propicia el surgimiento del pensamiento progresista cubano, paralelamente a la conformación de nuestra identidad cultural y nacional, en un contexto histórico singularmente complejo. Desbrozado en sus inicios por José Agustín Caballero (1762-1835), en arduo bregar contra el escolasticismo imperante, portador de un renovado quehacer filosófico y de audaz empeño por el fomento de una educación científica, hasta alcanzar en José Martí (1853-1895), ya en las postrimerías del siglo XIX, su más alta cumbre. Si al primero le sirvió de palestra pública para la exposición de sus ideas, el “Papel Periódico de la Havana”; en el Apóstol, su pensamiento previsor, recogido en artículos y crónicas de prosa elegante, análisis agudos e inflamado patriotismo, publicados en disímiles medios de prensa, nos permiten configurar su trayectoria revolucionaria y la maduración gradual de su pensamiento, que se continúan en 1892 con la fundación de “Patria”, vocero ideológico de la “Guerra Necesaria”.
Diversos factores favorecen las peculiaridades epocales de la etapa, como el surgimiento de procesos políticos de gran conmoción social. Valga mencionar la independencia de las antiguas trece colonias inglesas (1776-1783); la Revolución Burguesa en Francia (1789.1794), la Revolución de Haití(1795.1804) y los procesos independentistas en América Latina, en el primer tercio de la centuria.
En el campo de las ideas, estrechamente vinculado a estos hechos históricos, se destaca el nacimiento de la Modernidad, emblematizada por personalidades representativas de la Ilustración Inglesa y Francesa de los siglos XVII y XVIII respectivamente, del contenido democrático y progresista de los documentos programáticos inherentes a las mismas y el ideario de los principales próceres de la independencia americana, con especial relieve del pensamiento visionario de Simón Bolívar. Sin omitir la influencia en Cuba de las ideas promovidas por la Filosofía Clásica Alemana, en especial de sus principales representantes Emmanuel Kant y Federico Guillermo Hegel; las teorías económicas de los ingleses Adan Smith y David Ricardo y las prédicas del socialismo utópicos o Socialismo Crítico de Saint Simon, Charles Fourier y Roberto Owen, hasta arribar a mediados del siglo XIX, a la influencia de los gigantes del pensamiento, Kart Marx y Federico Engels.
Todas ellas arribaron a nuestro país con relativo atraso, ejerciendo una mayor o menor influencia, dadas las peculiaridades de nuestro desarrollo histórico y las condiciones extremas de opresión, conservadurismo y retraso económico del sistema colonial impuesto a Cuba.
No menos importante en su papel propiciador en la construcción de nuestra identidad cultural y nacional y del propio pensamiento progresista cubano lo constituyó el impetuoso desarrollo de la industria azucarera y cafetalera, insertadas a partir de la devastación de la economía haitiana y el incremento consiguiente de la trata y explotación del trabajo esclavos, que favorecieron el nacimiento de una rica burguesía-esclavista criolla, integrada por los ricos hacendados y hacedora de su propia intelectualidad, siempre en busca de un espacio de decisión política y protagonismo económico, embridada por su temor a las consecuencias de una sublevación de esclavos y al amor desmesurado por sus riquezas y privilegios.
La gradual y relativamente lenta formación del pensamiento progresista cubano se matiza por la convivencia de diversas tendencias políticas, de inevitable basamento económico y clasista y desigual protagonismo, acorde a las coyunturas epocales, materializadas en el reformismo, anexionismo, independentismo y autonomismo, los que contaron siempre con partidarios de determinada relevancia.
1,1.- Empeños iniciales en la formación de nuestra identidad nacional (1790-1868).

La imprenta introducida en Cuba en tan fecha tan tardía como 1724, tuvo escasa utilidad práctica durante décadas por el temor de las autoridades coloniales a la divulgación de ideas de las que era portadora una pujante burguesía europea, crítica implacable de las rémoras feudales, portadora de un racionalismo cuestionador, de un humanismo ético desacralizador y antidogmático, así como de concepciones y tradiciones de larga data (3).
Respecto a la prensa escrita en Cuba se conoce de publicaciones oficiales de limitada circulación, dedicadas por entero a la publicación de avisos de entrada y salida de buques del puerto habanero como el “Diario de Avisos de Madrid” (1764) y la “Gazeta de la Havana” (1782).
Favorecido por el Despotismo Ilustrado aplicado por los ministros liberales de Carlos III y el apoyo del gobierno progresista en Cuba de Don Luís de Las Casas (1790-1796), ve la luz publica en nuestro país, el 24 de octubre de 1790, el denominado “Papel Periódico de la Havana”, considerada la primera publicación periódica propiamente literaria en la entonces colonia. Su publicación estuvo a cargo, a partir de 1793, de la Sociedad Económica de Amigos del País (1773).
En informe rendido por José Agustín Caballero a la misma, acerca de la citada publicación, éste expuso como…“….nuestro periódico ha promovido la aplicación de las Letras, Ciencias y Artes, ha corregido esos defectos que lastimosamente notábamos en nuestros profesores y me atrevo a asegurar que se pondrá a esta ciudad en el grado de ilustración que admiramos a la Europa, después que la Serenísima República de Venecia, inventó en el siglo XVIII, el útil uso de los papeles públicos” (4).
Entre sus prestigiosos colaboradores se contaban el propio Caballero, con habituales escritos como “Discurso sobre la Física”, publicado en la edición del primero de septiembre de 1793; el Dr. Tomás Romay (1769-1849), con su artículo científico, publicado en la misma edición, en el que hace una crítica de la medicina tal como se practicaba y enseñaba entonces en Cuba y en el que desarrolla una concepción iluminista de la misma, así como el notable economista Francisco de Arango y Parreño (1765-1837), gran promotor, como ideológico de los ricos hacendados criollos, de la concesión de inteligentes reformas económicas en las esferas productiva y comercial.
Para José Agustín Caballero por... “…cerca de veinte siglos no fue la física, (mas) que un ridículo laberinto de sistemas apoyados unos sobre otros y por lo común opuestos entre sí….”…dado que…“…..cada filósofo se creía en la obligación de formar uno nuevo y esta multiplicidad de errores redundaba en el descrédito de las opiniones filosóficas”. Al valorar la enseñanza de la misma en su época valora como….“…. se añadirá a esto que los profesores de esta ciencia ponían particular cuidado en producirse con expresiones enigmáticas, que sólo ofrecía ideas confusas, inteligibles únicamente a los que querían convencerse, no por razón, sino por capricho” (5). Escritos en los que se reflejan los avances logrados en el pensamiento antiescolástico y científico-educativo en nuestros más notables pensadores.
Por su parte el Dr. Tomás Romay aboga por una medicina de fundamentos realmente científicos, pues para éste, todos aquellos que…“…apenas perciben la voz del grande Bacon, abandonan el peripato, y todas sus cuestiones nominales, huyen de Galeno, detestan a Avicena, abominan a Averroes…”…pues…“….el hombre es el grande objeto de sus meditaciones, el cadáver del hombre el inmenso libro que con voces inefables, pero demasiado enérgica, les manifiesta en cada página que rasga la diestra del anatómico el origen, los progresos y efectos de las enfermedades” (6).
El “Papel Periódico de la Havana” se publicó con este título hasta 1805, adoptando posteriormente otros diferentes, acorde a las problemáticas de la época y los cambios políticos acontecidos en la metrópoli. Estos flujos y reflujos de la política peninsular, entre un liberalismo apocado y ocasional y un absolutismo con ínfulas de ilustrado se refleja en los títulos de los periódicos que ven la luz en los primeros lustros del siglo XIX y particularmente en el contenido, expresión de las ideas imperantes.
En los períodos de 1811 a 1815 y posteriormente de 1820 a 1823, coincidentes con la apertura a las Cortes y la promulgación de constituciones liberales, aparecen en nuestro país, numerosos periódicos como “El patriota americano”, “Diario Cívico”, “Correo de las Damas”, “El Esquife” y “El Hablador”, entre otros, que nos muestran las ideas reformistas, progresistas para la época, de los ricos hacendados criollos, en sus exigencias de mayor espacio de participación política y liberación de las trabas económicas para el comercio. Otros con tendencia más conservadora como “El Centinela”, promocionan las ideas de Arango y Parreño, e incluso aquellas de más rancio conservadurismo y fuerte influencia clerical, como “La Cena”, “El Censor Universal” y “Tertulia de las Damas”, defensores a ultranza de las medidas adoptadas por las autoridades coloniales, incluso las más impopulares.
Aún en las publicaciones más liberales del período, bien distantes, bien distantes de toda aspiración independentista, imperan la defensa de la trata, la libertad de comercio, una política tributaria más racional, la igualdad jurídica para la población blanca criolla, la representación en las Cortes e incluso, en algunos casos, propuestas de división de poderes en el gobierno colonial, con evidente influencia de Montesquieu. Los fallidos intentos independentistas de Román de la Luz, Luís Francisco Bassave, José Joaquín Infante y Manuel Ramírez, en 1811, en su mayoría pertenecientes a la clase pudiente, así como la de José Antonio Aponte, de origen más humilde, y quizás por ello más cruelmente reprimida en 1812. resultaron hechos excepcionales. (7).
Lo que reitera las escasas posibilidades de que arraiguen entre los ricos hacendados criollos, en ese primer tercio del siglo XIX, las ideas independentistas, entonces en pleno auge en América Latina, dado su perenne temor a la sublevación de negros esclavos y libertos, la afectación a sus intereses económicos y sus limitaciones clasistas, incapaces de un protagonismo más allá de la preservación de los privilegios conquistados, lo que no excluye la significativa influencia que el Iluminismo europeo ejerciera en sus ideas, en las primeras décadas del siglo XIX.
Como bien valorase Don Fernando Ortiz en su escrito “La Hija Cubana del Iluminismo”:

“Los caminos de la Revolución Francesa y de la reforma cubana eran distintos. Allá se hacía revolución desde abajo, aquí desde arriba, pero una y otra eran iluminadas por los mismos fulgores. Los de la Ilustración, los de la Enciclopedia, los de aquel siglo XVIII que fue bien llamado el Siglo de las Luces” (8).
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