Diez años después, aún no se sabe quién mató al periodista y humorista Jaime Garzón






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Diez años después, aún no se sabe quién mató al periodista y humorista Jaime Garzón



Foto: Archivo EL TIEMPO

Jaime Garzón, humorista asesinado el 13 de agosto de 1999.

Quienes habían sido señalados como autores intelectuales y materiales fueron liberados y el único condenado fue Carlos Castaño, extinto jefe de las Autodefensas.

Al igual que en otros homicidios ocurridos a finales del siglo pasado, como el de Luis Carlos Galán o los de Álvaro Gómez y Bernardo Jaramillo, entre otros, las inconsistencias en la investigación por el asesinato de Jaime Garzón están a punto de dejar el crimen en la impunidad.

La Fiscalía capturó a Juan Pablo Ortiz, alias 'Bochas', y a Edilberto Antonio Sierra, alias 'Toño'; los sindicó de pertenecer a 'La Terraza' y de ser los autores materiales del asesinato de Garzón. 

'Bochas' y 'Toño' fueron absueltos finalmente en segunda instancia. En esa decisión, el único que resultó condenado fue Carlos Castaño, en calidad de reo ausente. 

Tal es la situación que la SIP, en un reciente comunicado, llama la atención sobre cómo hace cinco años, la Fiscalía General de Colombia reabrió el caso con el propósito de encontrar a los responsables del crimen, pero hasta hoy no se han obtenido resultados, indicó la SIP en un comunicado.

El presidente de la SIP, Enrique Santos Calderón, lamentó la inacción del Estado frente al crimen de Garzón y pidió a las autoridades respectivas redoblar los esfuerzos para encontrar a los culpables y ponerles a disposición judicial.

Jaime Garzón fue un "reconocido profesional que ejerció un periodismo de humor crítico sobre el poder político nacional", un periodista que relataba los acontecimientos con una "visión irreverente, desbordante de genialidad y creatividad en la sátira", comentó la SIP, con sede en Miami.

'CM&' rinde homenaje a Jaime Garzón, en pasado y presente

La 'Pili' presentará este espacio, para revivir la memoria de Jaime Garzón, el hombre que lanzó predicciones que ya se han cumplido.

El periodista Yamid Amat Serna y el humorista Guillermo Díaz Salamanca se dieron a la tarea de visualizar durante más de 30 días los casetes de los programas hechos por el periodista Jaime Garzón y lograr una selección con lo mejor de sus 'premoniciones', para presentarlo esta noche a las 8:30 p.m., en el espacio de CM&, por el canal Uno, como un recordatorio, al cumplirse 10 años de su asesinato.

"Mi padre un día nos llamó y nos dijo que quería, como cada año, hacerle un homenaje a Jaime, pero no repetir un casete que fuera como un compilado de lo mejor de su repertorio. Así que me senté con Guillermo, visualizamos todo lo que pudimos de sus programas y nos dimos cuenta de que Jaime era un tipo atemporal. Había una virtud importante en él y era que tenía la capacidad de ver lo que podía suceder, así que decidimos mostrar la importancia de Jaime a través de un paralelo entre lo que dijo hace más de 15 años, en su programa Zoociedad y lo que está pasando actualmente", asegura Amat.

"Nos encontramos con que muchas de las cosas de las qué él hablaba y advertía seguían vigentes y hasta se han cumplido. Así que la idea es hacerle un homenaje sencillo, sincero y sentido sobre lo bueno que hizo", agrega Díaz Salamanca.

Contactaron a Antonio Morales, libretista y creador de muchos de los personajes que Garzón interpretaba, para que les contara cómo había sido el proceso.

Y buscaron a la ex compañera de set, Elvia Lucía Dávila, la popular 'Pili' de Zoociedad, para que fuera la presentadora del programa e iniciaron la escritura y la adaptación de libretos.

"Creo que lo más duro es sentir la nostalgia de hacer el programa sin él, pensando en que él estará ahí, pero creo que recordar su ánimo y la energía que él contagiaba cuando hacía el programa nos va a volver a invadir", asegura Dávila, quien se desempeña como directora de comunicaciones del Grupo Corpas.

En los 30 minutos, aparecerán personajes como Émerson de Francisco, John Lenin, Heriberto de la Calle, Néstor Helí, Godofredo Cínico Caspa, Dioselina Tibaná y la periodista gomela Inti de la Hoz.

Así nació Heriberto de la Calle; fragmentos del libro 'Jaime Garzón, el genial impertinente'



Foto: Archivo / EL TIEMPO

Jaime Garzón, humorista asesinado el 13 de agosto de 1999.

La obra del periodista Germán Izquierdo, próximo a salir al mercado. Este jueves se cumplen 10 años del asesinato del humorista.

A finales de 1997, Jaime Garzón cambió de sonrisa. Aquel relajo de su boca fue reemplazado por una blanca y brillante prótesis dental. Por fin tenía los dientes en su puesto. Dientes de quitar y poner, lo que para Garzón fue otra forma de mamar gallo. En alguna ocasión, durante los cortos meses que duró Lechuza, se los sacó para impresionar a Antonio Morales con la expresión desfigurada que cobraba su rostro al hacerlo. "¡Qué es esta maravilla!", exclamó Morales al ver su total transformación; casi no quedaba huella de Garzón cuando se hacía el mueco (...).

Para convertirse en Heriberto, Garzón le compró una vieja caja de embolar a Luis Alberto Rojas, lustrabotas que trabajaba en el Parque Santander, y se vistió con ropa usada comprada en la Plaza España: medias coloridas, ordinarias camisas con estampados de frutas y flores, desgastados pantalones de paño, camisetas desteñidas. El resto fue maquillaje: el pelo embadurnado con gomina y base y delineador oscuros que daban el efecto de que el sol y el viento bogotanos le habían tostado la piel (...).

Heriberto estuvo dos años al aire, desde 1997 hasta 1999. Nació en Lechuza, creció en CM&, y terminó de llegar a todo Colombia a través de la emisora Radionet, donde Garzón hizo parte del equipo periodístico de las mañanas, y en el noticiero de Caracol, a donde llegó cuando Yamid Amat fue nombrado su director de noticias. Cada una de sus entrevistas como Heriberto duraba apenas unos tres minutos, pero se hizo famoso conforme pasaban los días. Durante sus primeras apariciones, la gente no sabía quién estaba detrás del impertinente lustrabotas; así de sustancial era el cambio de su físico, de su tono de voz, de sus ademanes y de su fisonomía. Sólo en abril de 1998, cuando EL TIEMPO publicó una entrevista que le hizo el periodista Mauricio Silva a Heriberto, quedaba claro que era Garzón quien lo caracterizaba.

Claudia de Francisco cuenta que, siendo ministra de Comunicaciones, Garzón le pidió que le diera una entrevista a Heriberto. "Yo qué voy a ir a que usted me masacre", le respondió ella en un principio, pero Garzón terminó por convencerla. Cuando entró al estudio, fue Heriberto quien la recibió. "¡Hábleme como Jaime! ¡Hábleme normal!", le pedía a él antes de empezar la entrevista. Pero ya no quedaba rastro de Garzón.

Al terminar la grabación, ya sin maquillaje y sin vestuario y con su puente dental en la boca, Garzón le dijo: "Cuando yo estoy en mi personaje, ya no me salgo. No importa que sea usted o el que sea. De ahí no me salgo" (...).

El periodista Carlos Barragán, quien trabajó con Garzón en Radionet, tuvo una experiencia similar. "¡Jaime!", le gritó. Volvió a llamarlo, "¡Jaime!", pero nada. Sólo cuando se le acercó, Heriberto le dijo: "Ese malp... anda aprovechándose de mí. Se gana el sueldo a nombre mío". Y cuando José Gabriel Ortiz lo entrevistó en su programa Yo, José Gabriel y le preguntó qué pensaba de Garzón, Heriberto le contestó: "¿Por qué siempre me preguntan por ese malp...? Me debe como cuatro lustradas hace dos meses y no me ha querido cancelar".

En la citada entrevista de EL TIEMPO, Silva le preguntó a Heriberto de la Calle si no le daba miedo ser tan lengüilargo: "A mí no me da miedo que me maten, a mí me da miedo es que me dejen como Navarro Wolf".

No dejaba títere con cabeza

"Para las elecciones de 1998, los tres candidatos con mayores opciones pasaron por el banquillo de Heriberto. Todos fueron vapuleados por el desdentado entrevistador (...).

A Andrés Pastrana lo dejó mal parado:

-¿Y a usted no le da miedo que esta campaña también se le derrumbe como el relleno de Doña Juana y como el puente de la 93?

-Eso me causó el peor daño en la Alcaldía.

-¿Sabe qué otra güev..., doctor Pastrana? Cuando se siente allá, póngale cuidado es a los paramilitares. Esos manes. ¿Cómo es esa g... que pasa el ejército, pasa la policía y al ratico, ¡tran!, rocían catorce? Cómo es eso. A uno le queda como una g... por dentro.

-Como raro, ¿no?

-Yo que le ayudo -le dice Heriberto como si estuviera haciéndole un favor-. Después no diga nada cuando le den en la jeta.

A Noemí Sanín, representante del Partido Sí Colombia, y tercera opcionada detrás de Serpa y Pastrana, la dejó echar un sermón politiquero y luego le dio la estocada. Y para rematar, le estropeó los costosos zapatos franceses con que ella asistió a la entrevista. Los embadurnó con el color de betún equivocado. A continuación, las palabras de la candidata:

-Es que sería la primera vez en la historia en que podemos ganarles a las maquinarias y tener un gobierno sin compromisos, sin componendas. No hemos hecho un solo acuerdo. No tenemos un solo puesto ofrecido. Llegamos libres de ataduras. No hemos hipotecado nada. A diferencia de otras candidaturas, que llegan llenas de acuerdos y es lo que impide fortalecer la economía del país.

-¿A usted no le aburre repetirse esa g... todos lo días?

-No- responde sorprendida la candidata".

Dos personajes distintos y un solo humor verdadero

"Ante Heriberto no había discurso planificado que valiera. La periodista María Elvira Arango, quien trabajó en CM& como presentadora durante los mismos años en que él hizo el papel de Heriberto, recuerda que la mayoría de sus entrevistados llegaban atemorizados al estudio. Para un congresista era más fácil enfrentarse a un debate en el Senado que soportar los garrotazos del lustrabotas; la de ser entrevistados era una invitación de doble filo que las figuras públicas tenían que sortear, porque no aceptar charlar con el lustrabotas, que los miraba de abajo hacia arriba, era como renunciar al privilegio de aparecer en la apetecida pantalla farandulera de Colombia (...)".

"Pero en la calle no le iba tan bien a Garzón como Heriberto. Una vez se acercó al banco todavía con el maquillaje y la vestimenta del embolador para retirar una plata que le debía al vendedor de Sanandresito al que solía comprarle ropa. Tuvo que hacer la fila para clientes corrientes y, al llegar a la caja, se topó con un cajero desconfiado que no le quiso entregar el dinero. Garzón le mostró su cédula e intentó demostrar que él era Jaime Garzón. Pero su sola pinta tenía un efecto tan fuerte que esa tarde nadie le creyó en el banco. Tuvo que irse sin el dinero".

La ventaja de la doble identidad

"Heriberto decía lo que le daba la gana y Garzón seguía haciendo lo que le daba la gana. Sacó provecho de esta doble identidad para conquistar a la actriz María Helena Doering. Llevaban un tiempo hablando, pero Garzón aún no sabía si ella gustaba de él o no. Para salir de la duda, le pidió a Mery Garzón, su maquilladora y compinche, que aprovechara cualquier ocasión para que la llevara a su lado en los estudios de Caracol, con la excusa de querer presentarle a un admirador callejero que se moría por ella. Mery Garzón hizo su parte y Heriberto empezó a hablarle enamorado a María Helena mientras ella lo escuchaba asustada. Con señas, le preguntó en un momento a Mery quién era ese tipo. Heriberto captó el gesto y se adelantó a responder: "Yo trabajo por la 19 embolando y me dijeron que me iban a hacer una entrevista para ver cómo es eso del embolado". Entonces Mery se llevó a la actriz a un lado como rescatándola del feo personaje y le preguntó si había hablado últimamente con Garzón. "No, yo no sé si es que está bravo conmigo, pero no me ha vuelto a llamar", le contesto María Helena, que aprovechó para preguntarle por él. Mery le inventó que Garzón tenía una grabación esa tarde y que no demoraría en llegar".

El humor de Garzón, premonitorio



Godofredo Cínico Caspa sería hoy el mayor defensor de la política de seguridad democrática.

Para tener una idea de lo que implica la ausencia de Jaime Garzón y el hecho de que hoy no pueda desbaratar a punta de risa los errores y horrores del poder, basta recordar. Había en Quac un abogado de extrema derecha llamado Godofredo Cínico Caspa, que expresaba, sin nosotros tener idea de lo que pudiera pasar en el futuro, lo que hoy llaman la doctrina uribista. Esos libretos puestos en escena por Garzón, ya contaban lo que el ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria llama "la doctrina" o el "Estado de opinión", o sea la antidemocracia que estamos viendo hoy. Lo cierto es que, en ese momento, el ejercicio fue totalmente premonitorio. Basta leer el siguiente libreto del Godofredo de los años noventa.

Convivir con Álvaro Uribe Vélez

"Qué orgullo patrio sentí al ver la revista esta Semana, que trae en la tapa al civilista gobernador de Antioquia, doctor Álvaro Uribe Vélez. Un hombre de mano firme y pulso armado. Líder que impulsa, con su aplomado cooperativismo, pacíficas autodefensas que él, iluminado por los soles de Faruk, llamó Convivir. Acierta Semana, en cabeza del diligente vástago de César Gaviria, Mauricio Vargas, al proyectar sobre el escenario nacional a la nueva neoliberal lumbrera. Álvaro vislumbra todo un país convertido en zona de orden público, como una sola Convivir donde la gente de bien pueda disfrutar en paz de la renta. Y será él quien traiga por fin a los redentores soldados norteamericanos para que humanicen el conflicto y hagan de Uribe Vélez el dictador que necesitamos".

Godofredo Cínico Caspa ya defendía de manera evidente lo que hoy se conoce como la "seguridad democrática", que poco a poco se convierte en otro tipo de seguridad, la "seguridad mafiosa", que legitima desde el poder todas las tendencias mafiosas en la sociedad colombiana. Álvaro Uribe era en ese entonces un personaje oscuro, un gobernador que acababa de poner en escena las Convivir con Rito Alejo del Río, el general que hoy está nuevamente preso por crímenes de lesa humanidad. Y hoy ese personaje oscuro se nos convirtió en una realidad prolongada que se quiere prolongar aún más.

Lo curioso del humor político es que termina siendo más real que la propia realidad. Cuando hacíamos Quac, el programa se convirtió para nosotros en un referente pedagógico en la medida en que fue formando políticamente a quienes lo veían. Estábamos entonces creando una mínima cultura política en el país, porque queríamos burlarnos de manera crítica y muy puntual de lo que significa esa macro estructura histórica que es el poder. La risa y la burla necesitan del poder. Sabíamos, con Garzón, que no había cosa más imbécil y más siniestra al mismo tiempo, que la gente que quiere el poder. Y por eso Jaime se convirtió en un elemento de oposición generalizada contra el poder, una oposición tan anarquista como el propio Garzón.

La  tragedia de Garzón

Garzón, de las capas medio-bajas de la sociedad, gracias a un talento desbordante logra llegar paulatinamente a ser parte del poder, a ser parte de la Corte. ¿Cómo lo logra? Seguramente como lo hacen los que vienen de esas capas en las tradiciones monárquicas -constitucionales o no-. Lo logran como bufones, como intérpretes del poder, no como verdaderos partícipes.

El bufón es la válvula de escape necesaria para que la corte se mire a sí misma de manera risible. Y aunque generalmente las cortes no matan al bufón porque de alguna manera es matarse a sí mismas, es matar la estructura de la corte misma, en el caso siniestro de la historia colombiana la Corte mató al bufón. A Garzón lo mató el poder, porque cometió un error, táctico y político: Heriberto de La Calle, el embolador-entrevistador, dejó de ser un personaje de ficción y se metió en la realidad del país. Con él, Garzón entró a hacer parte de lo que podríamos llamar un proyecto político, que luego lo condujo a ser intermediario, facilitador humanitario en el problema del secuestro que, como todos sabemos, es el ojo del huracán de la violencia en Colombia. De esta manera, Garzón perdió el blindaje que le ofrecía la ficción, la irrealidad... Quizás por eso lo mataron. Además, Garzón quería pasar a la historia, vivo, muerto, bufón, concejal, presidente, lo que fuera. Y lo logró.

Es el humor un vórtice de la identidad del país y sus expresiones son tan vastas como la colectividad misma. Expresiones individuales y colectivas, buscadas o simplemente intuidas, que se manifiestan en cada esquina, calle, interior o exterior. Hecho por la gente, el humor no solo está a la vista. Hay que buscarlo y encontrarlo en el mimetismo de la sociedad. No es tan sólo el afiche jocoso, el payaso convocador, el mimo o el aviso con el título delirante. Es cada expresión que cambia metro a metro, de cara en cara... El humor anda con los oídos, los ojos, con todos los sentidos dispuestos a palpar la ironía, la carcajada, la mamadera de gallo, la parodia, el chascarrillo que muta, que se mueve.

El humor en Colombia es una enorme ameba que todo lo envuelve y que da risa, que complace, que tranquiliza y que produce identidades. Y buena parte de ese humor que hoy nos hace falta para poner en evidencia el proceso en el que estamos metidos, era Jaime Garzón. Con él vivo, estaríamos riéndonos pero al mismo tiempo sabríamos más y tendríamos miedo de lo que viene. Si Jaime Garzón estuviera vivo en estos tiempos, también lo habrían matado.

Por Antonio Morales, periodista.

Homenaje a Garzón

El 13 de agosto en la Plaza de Bolívar, de Bogotá, se conmemorarán los 10 años del asesinato de periodista y humorista Jaime Garzón. A partir de las 5 de la tarde se congregarán humoristas, periodistas, políticos y seguidores de Garzón durante la jornada "Jaime Vive".

César Mora y María Canela, junto con la agrupación Malalma, se presentarán en vivo.

También estarán caricaturistas como Chócolo, Jarape, Rubens, León y Calarcá que dibujarán caricaturas gigantes a propósito del homenaje y aportando algunas obras. Adicionalmente, se creó el grupo en Facebook "Jaime Vive: sombrillas multicolores y buen humor", para seguir el evento.

Jueves 13 de agosto de 2009

Ay País Hector Rincon CAMBIO 16

12/08/09

Los hombres G.

Lo más parecido entre Galán y Garzón fueron sus muertes, y la libertad que tanta envidia causaba a sus matadores.

Claro que si Luis Carlos Galán y Jaime Garzón hubieran coincidido en el tiempo en que les tocó vivir no los habría arropado ninguna química que los hiciera compatibles, y, más bien, hubiera germinado entre ellos una antipatía respetuosa como correspondería a dos ciudadanos demócratas, pero nada más.

Creo yo. No digo que no hubieran habitado el mismo planeta en el mismo instante. Sí. Pero cuando Galán fue asesinado hace veinte años, Garzón era una flor exótica que llegaba cargado de historias risueñas desde la provincia de Sumapaz y las dejaba caer en las casas de sus amigos que vivíamos en el barrio La Macarena, qué se me va a olvidar.

Galán y Garzón habitaron el mismo país pero en épocas distintas por poca diferencia. Cuando Jaime se encumbró en su notable popularidad, ya Luis Carlos no estaba. Así que entre todas las imitaciones que construyó y de las parodias y de las burlas que lo consagraron como un extraordinario humorista político, no recuerdo que jamás hubiera figurado Galán. Quizás le habría representado como un político con aires de arcángel, mamasanto y algo nerdo, un utopista, en fin, en medio de una jauría al acecho constituida por los cochinos rivales liberales que Galán tenía y asediado también por los matones sin hígados, tan cochinos como los políticos que ya dije.

Y tal vez Galán, adusto como era, un ser solemne que pocas veces se permitía el chiste, habría mirado y admirado a Garzón como un histriónico necesario, un irreverente vecino a la irresponsabilidad, un humorista con una inteligencia y un talento indispensables para ridiculizar egos y sancionar corrupciones. Pero tal vez —tal vez—, Galán nunca se hubiera sentado en la silla de embolar de Heriberto de la Calle.

Digo todo esto —y conjeturo sobre circunstancias de tiempo, modo y lugar imposibles— porque en este mes se están cumpliendo veinte años del asesinato de Luis Carlos Galán y diez del de Jaime Garzón. Dos colombianos ilustres, inolvidables, que llevaba cada uno a su manera un dolor por el país, muertos a bala por gatilleros pagados por narcotraficantes y paramilitares, en alianzas con políticos insaciables e impunes y con fuerzas secretas del Estado.

Lo único parecido que tuvieron las vidas de Galán y de Garzón fueron sus muertes. Balas pagadas por quienes vieron en ellos una amenaza para su estatus. Galán le movió el piso a la mediocridad que se había radicalizado y obstinado en seguir ejerciendo la política al servicio de los bolsillos propios y de las chequeras ajenas que los alimentaban. Galán, preparado, riguroso, estudioso, había dejado en evidencia, con su condición académica, que una muy buena parte de los políticos no cargaba con un proyecto de país porque muy buena parte de esos políticos disfrutaba del confort de la ignorancia.

Garzón, con un talento excepcional, ridiculizaba esa ignorancia y esa avaricia. La escenificaba a través de personajes, de imitaciones y de parodias que tuvieron un calado muy hondo en una opinión pública harta de la clase de crápulas que nos habían tocado, que nos han tocado, ¿que nos seguirán tocando?

Aquella actitud de Galán, sobresaliente con su conocimiento de país y con su pulcritud sin tacha, en medio de tanta laxitud y tanto ambicioso, causaba ira, causaba miedo, causaba envidia. La misma ira, el mismo miedo, la misma envidia, producía la actitud de Garzón, quien ejercía una profesión airosa, sin compromisos con nadie distinto a con él mismo
y con su irrefrenable creatividad como único instrumento.

Una desgracia para Colombia la muerte, y la muerte de estos ciudadanos indispensables. Nos privaron de ellos, como de tantos otros, porque a sus matadores les paralizaba que fueran seres libres. Que no se plegaran a sus mandatos armados. Que despreciaran armas y, sobre todo, la riqueza por mal habida de sus contrincantes.

Jueves 13 de agosto de 2009

Opinión Fernando Quiroz CAMBIO 16

12/08/09

Diez años sin Garzón

Le hace una falta enorme a Colombia. Porque Jaime Garzón, además de cantar las verdades, las anticipaba.

En este país en el que asesinan todos los días —desde la izquierda, desde la derecha, los de arriba, los de abajo— pocas muertes recuerdo tan dolorosas como la de Jaime Garzón. En la Plaza de Bolívar, repleta de gente de todas las edades y de todas las condiciones que llegó para despedirlo, una pancarta ilustraba el sentimiento general del pueblo colombiano ante su desaparición: “Es la primera vez que nos haces llorar”.

Han pasado exactamente diez años, y su crimen sigue en la impunidad. En la vergonzosa y triste impunidad. En la desesperanzadora impunidad: porque no hay duda de que en otros diez años, mientras la Justicia estudia a última hora si declara la prescripción de este caso atroz, seguiremos en las mismas. Espero estar equivocado, por supuesto. Pero tal vez les suene conocido el caso de Luis Carlos Galán, y conozcan de sobra el final de estas historias sin final.

Solo quedan sospechas e indicios, pero nada claro. O, mejor, deducciones que se establecen sin mayor dificultad, pero ante las cuales los autores intelectuales se encargan de enredar la madeja de pruebas y de dilatar o refundir el proceso. Solo queda el eco de las palabras de algunos de los que se atrevieron a levantar el dedo acusador en su momento, como el hoy vicepresidente Francisco Santos, quien aseguró en su columna de El Tiempo que “en este caso no hay duda. A Jaime Garzón lo mató la extrema derecha militar”. Pero, como tantas veces, la acusación se pierde en el inmenso baúl de uniformes manchados de sangre a los que se les ha retirado la marquilla con el nombre.

Lo cierto es que no debían ser pocos los que vivían incómodos con las denuncias de Garzón, y aun más con el hecho de que las expresara en un tono que las hacía digeribles para todos los públicos. Con la ayuda de esa arma poderosa del humor, un don que le era natural, Garzón se convirtió en una suerte de fiscal de políticos, militares, extremistas, guerrilleros y traquetos, entre muchos otros. Pero Garzón era mucho más que un humorista. Era, sobre todo, un crítico profundo de la sociedad y del sistema. Era, como lo dice el periodista Germán Izquierdo en el título del libro que acaba de publicar sobre él, “el genial impertinente”.

Además de ofrecer un completo y entretenido perfil sobre el personaje, Izquierdo recoge algunos de los apuntes más significativos de Garzón en su truncada carrera. Hay uno que forma parte de mis favoritos y que sucedió cuando era alcalde de Sumapaz, poco antes de su debut en los medios de comunicación. A su despacho en aquella paupérrima localidad llegó una solicitud de la Alcaldía Mayor de Bogotá —cuando Andrés Pastrana gobernaba desde el Palacio Liévano— para que se sirviera “notificar las casas de lenocinio autorizadas en su zona”. La respuesta de Garzón fue contundente: “Después de una inspección visual, informo que aquí las únicas putas son las putas Farc”.

Era apenas un anticipo de esa suma de irreverencia y de agilidad mental que les trasladó a personajes emblemáticos como Dioselina Tibaná, Néstor Elí, Inti de la Hoz, Frankestein Fonseca, el vocero del Quemando Central y, sobre todo, al muy recordado lustrabotas Heriberto de la Calle.

A propósito de esta década de ausencia, Izquierdo consigna en su libro las palabras de uno de los grandes amigos y cómplices de Garzón, el periodista Antonio Morales: “Hace mucha falta, Jaimito, para que cante las verdades”. Adhiero sin restricciones. Nos hace falta. Le hace una falta enorme a Colombia, y sobre todo en momentos como este. Porque Jaime Garzón, además de cantar las verdades, las anticipaba.

Júzguenlo ustedes mismos con esta joya que les dejo de despedida, una intervención de otro de sus personajes memorables, Godofredo Cínico Caspa, pronunciada cuando nuestro actual Presidente era Gobernador de Antioquia: “…un hombre de mano firme y pulso armado, líder que impulsa con su aplomado cooperativismo pacíficas autodefensas. (…) Será él quien por fin traiga a los redentores soldados norteamericanos, quienes humanizarán el conflicto y harán de Uribe Vélez el dictador que este país necesita”.
Fiscalía interrogará a ex jefes paramilitares 'Ernesto Báez' y 'el Alemán' en caso de Jaime Garzón_EL TIEMPO

Con las declaraciones de Iván Roberto Duque y Freddy Rendón Herrera, sus verdaderos nombres, el ente acusador busca viraje en la investigación por el asesinato del humorista, ocurrido hace 10 años.

Del crimen de Garzón han hablado en Justicia y Paz varios desmovilizados de los 'paras', como los extraditados Diego Fernando Murillo, 'don Berna', y Éver Veloza, 'H.H.', así como Jorge Iván Laverde, 'el Iguano', el hombre de confianza de Salvatore Mancuso en Norte de Santander.

Por ese crimen, la justicia solo ha condenado al extinto jefe de las Autodefensas Carlos Castaño Gil. El 12 de marzo del 2004, el Juzgado Séptimo Especializado de Bogotá sentenció al ex jefe 'para' a 38 años de prisión, fallo que fue ratificado por el Tribunal Superior de Cartagena dos años después.

Aunque la investigación que adelanta un fiscal de derechos humanos está en la etapa preliminar, y formalmente no hay nadie vinculado, varias personas han sido señaladas de haber tenido alguna responsabilidad en el crimen, como el detenido ex subdirector del DAS José Miguel Narváez, quien es mencionado por alias 'el Iguano'.

En una diligencia de versión libre ante un fiscal de Justicia y Paz, realizada el 17 de junio del 2008, 'el Iguano', aseguró que Narváez, "instigó" a Castaño para que ordenara asesinar a Garzón.

El 'para' afirmó que Narváez era allegado a Castaño y viajaba constantemente a los campamentos de los paramilitares en Córdoba y el sur de Bolívar para dictar una cátedra como ideólogo de esos grupos que denominaba: "Por qué es lícito matar comunistas en Colombia".

Al enterarse de los señalamientos en su contra, Narváez dijo que estaba listo para acudir a la Fiscalía y desvirtuar la versión de 'el Iguano'. Sin embargo, hasta la fecha no ha sido vinculado a la investigación.

Otro que habló del crimen en Justicia y Paz fue 'don Berna', quien dijo que había dado la orden a sicarios de la banda 'La Terraza' de Medellín de asesinar a Garzón, acatando indicaciones de Castaño.

El extraditado jefe paramilitar no dio más detalles, porque antes de terminar la diligencia perdió el habla y se desmayó. Desde entonces, no ha vuelto a mencionar el tema.

Antes de ser extraditado a E.U., 'H.H.' entregó una memoria USB que, según él, llevaba Castaño el día que lo asesinaron, a principios del 2004.

En uno de los documentos archivados en esa memoria, Castaño ratificó que fue la banda 'La Terraza' la encargada de asesinar a Garzón y agregó que el crimen había sido un error y que había dado la orden de perpetrarlo para "hacerle un favor a unos amigos del Ejército".

La Fiscalía también trata de llegar hasta un hombre conocido con el alias de 'Elkin', uno de los jefes de 'La Terraza', para determinar si fue quien puso en marcha el plan para matar a Garzón. Según varios desmovilizados 'Elkin' fue asesinado por orden de Castaño por negarse a entregar el arma con la que se cometió el crimen.

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