Cómo mejorar nuestra predicación sagrada




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Partes del sermón

A continuación realizaremos un viaje a través de cada una de las partes que constituyen un sermón e iremos desarrollando un ejemplo que permita dar más claridad al punto estudiado.

EL TEXTO

«Cuando un pasaje de la Escritura nos da como un cordial abrazo, no debemos buscar más lejos. Cuando un texto se apodera de nosotros, podemos decir que aquél es el mensaje de Dios para nuestra congregación. Como un pez, podéis picar muchos cebos; pero, una vez tragado el anzuelo, no vagaréis ya más. Así, cuando un texto nos cautiva, podemos estar ciertos de que a nuestra vez lo hemos conquistado, y ya entonces podemos hacernos el ánimo con toda confianza de predicar sobre él. O, haciendo uso de otro símil, tomáis muchos textos en la mano y os esforzáis en romperlos: los amartilláis con toda vuestra fuerza, pero os afanáis inútilmente; al fin encontráis uno que se desmorona al primer golpe, y los diferentes pedazos lanzan chispas al caer, y veis las joyas más radiantes brillando en su interior. Crece a vuestra vista, a semejanza de la semilla de la fábula que se desarrolló en un árbol, mientras que el observador lo miraba. Os encanta y fascina, u os hace caer de rodillas abrumándoos con la carga del Señor. Sabed, entonces, que éste es el mensaje que el Señor quiere que promulguéis, y estando ciertos de esto, os posesionaréis tanto de tal pasaje, que no podréis descansar hasta que, hallándoos completamente sometidos a su influencia, prediquéis sobre él como el Señor os inspire que habléis.» Spurgeon5

DEFINICIÓN

Fabián Mena define al «texto» como el pasaje de las Sagradas Escrituras que sirve de base o fundamento para el sermón. Es el pasaje de la Palabra de Dios el que proporciona la base sobre la que se sustenta el mensaje que se predica.

La palabra texto procede del latín, y significa tejido, o estructura. Por lo tanto, el texto del sermón debe ser la textura de la cual está formado. Muchos emplean el texto como título o introducción de su sermón. Mas el predicador debe hacer del texto el tema mismo de todo su discurso. Lo primero es seleccionar el texto bajo la dirección del Espíritu Santo y luego pedirle la sabiduría que se necesita para explicar el tema que sugiere dicho texto. No se debe abarcar demasiado en un sermón, ni tampoco desviarse del tema. El mensaje debe ser similar a una flecha directa y veloz, que da en el blanco.

El empleo de la hermenéutica es de crucial importancia al extraer las verdades contenidas en el texto seleccionado. Por lo menos el predicador debiera aplicar la hermenéutica básica al texto antes de comenzar a trabajar en él: ¿qué dice?, ¿qué significa?, y ¿qué aplicación tiene para mi vida?

Campbell Morgan dice que el texto es «aquel párrafo, versículo o parte de un versículo en el cual se basa el sermón». Crane amplía el sentido un poco, al decir que es el «pasaje de las Escrituras, sea breve o extenso, del cual el predicador deriva su tema» o, en otras palabras, «la raíz del tema». Por lo tanto, el texto no es sólo el punto de partida, sino también una raíz que está entretejida en el mensaje. Justo Anderson dice que el texto no es una tabla para zambullirse, sino un trineo sobre el cual el predicador descansa en camino a su destino. Los que se zambullen del texto al agua del mensaje, si no son oradores extraordinarios, por lo general se ahogan. En otras palabras: es necesario depender del texto todo el transcurso del mensaje. Como la raíz de la planta influye en su crecimiento, así también el texto nutre el desarrollo del mensaje.

VENTAJAS DE TENER UN TEXTO

Hay varias razones para seleccionar un texto:

•       Inspirar confianza en la congregación;

•       Despertar el interés de la congregación;

•       Inspirar valor al predicador, pues sabe así que dará un mensaje autorizado o con autoridad espiritual de las Escrituras;

•       Evitar las interrupciones, e impedir que el predicador se aparte de su tema. El texto ayuda a seguir el hilo y la trayectoria del sermón.

•       Facilitar al predicador el apego a la Palabra de Dios, sin añadir ni quitar nada. El texto elegido impide divagar, tratando asuntos ajenos a la Palabra de Dios y al púlpito cristiano. El fondo de toda predicación es la Sagrada Escritura, y sin su conocimiento no es posible que pueda desempeñarse debidamente esa sublime función de anunciar a los hombres la divina palabra, de cumplir el precepto de Nuestro Señor Jesucristo, de anunciar la verdad por todo el mundo, ni de esperar los dones vinculados a la divina palabra, porque entonces sólo sería palabra de los hombres y no la de Dios, pues la predicación no es más que la Palabra de Dios explicada por sus ministros.

•       El texto elegido contribuye al crecimiento en la gracia y el conocimiento de Jesucristo, tanto del predicador como de sus oyentes.

•       Contribuye a dar variedad: Los temas se agotan, pero la Biblia no. El predicador que depende de sus textos no se agota. Siempre tendrá nuevos temas que predicar. La «frescura» de la Biblia es eterna. La Biblia nos proporciona los mensajes «al día». El predicador que depende de la Biblia tendrá los mensajes para esa misma congregación, domingo tras domingo. Por eso es importante adquirir una biblioteca que le ayude a estudiar la

Biblia, y no una que le proporcione sermones escritos, bosquejados, etc. ¡Conozca su Biblia, y sus oyentes no se cansarán de sus mensajes!

CÓMO SELECCIONAR EL TEXTO BÍBLICO

Spurgeon dijo: «Cuando se quiere sacar agua con una bomba que no se haya usado por mucho tiempo, es necesario echar primero agua en ella, y entonces se podrá bombear con buen éxito. Profundizad los escritos de alguno de los maestros de la predicación, sondead a fondo sus trabajos y pronto os encontraréis volando como una ave, con una mentalidad activa y fecunda.» Thomas Spencer escribió: «Yo guardo un librito en el que apunto cada texto de la Biblia, que se me ocurre que tiene una fuerza y una hermosura especial. Si soñara en un pasaje de la Biblia, lo apuntaría; y cuando tengo que hacer un sermón, reviso el librito, y nunca me he encontrado desprovisto de un asunto.» Samuel Vila recomienda, «mezclad la oración con vuestros estudios de la Biblia. Cuando vuestro texto viene como señal de que Dios ha aceptado vuestra oración, será más precioso para vosotros, y tendrá un sabor y una unción enteramente desconocidos al orador frío y formalista, para quien un tema es igual a otro».

Para conseguir el texto se pueden seguir los siguientes pasos:

•     Orar (1Ts.5:17; Stg.1:5),

•     Leer la palabra de Dios para la instrucción, edificación y consolación propias (Sal.131:1; 1Jn.1:1-2).

•     Apuntar los textos que llegan (a manera de recuerdo) a la mente y al corazón cuando se esté de paseo, sentado meditando, recostado sobre su lecho, etc. Pero esto sucede cuando el predicador es versado en las Escrituras.

•     Apuntar los textos que influyen en nuestra vida al hacer nuestros devocionales, mientras buscamos la dirección del Espíritu Santo.

•     También se puede hallar el texto de la siguiente manera: o Leyendo los discursos de otros predicadores. o Hojeando revistas ministeriales y homiléticas. o Escuchando la predicación de otros.

o    Leyendo algún libro piadoso o algún artículo de periódico

•     La consideración atenta de las circunstancias extraordinarias en las que se desenvuelve la vida del predicador. Los grandes acontecimientos, las fiestas o calamidades, nos permiten recordar la Palabra, es ahí cuando debemos escribirla y considerarla para una predicación.

•     A veces son los mismos oyentes los que proveen el texto al predicador. Puede tratarse de un texto que no entienden, y que desean que el predicador lo explique por medio de un mensaje; o también, un pasaje bíblico que ha sido de bendición especial para sus vidas.

•     Algunas veces el Señor mismo dará el texto, dependiendo de la consagración, con tanta claridad y poder, que sólo se necesitará abrir la boca, pues el Espíritu proporcionará la facultad de expresar los pensamientos. Otras veces, Dios guiará a buscar un texto antes de dar el mensaje. En tal caso, hay que buscar el texto de la siguiente manera:

o    Considerando las necesidades del rebaño;

o    Considerando las propias limitaciones, es decir, no ocupándose de que sean demasiado profundas.

CONSIDERACIONES PREVIAS AL SELECCIONAR EL TEXTO

Todos los predicadores se enfrentan con la tarea de preparar varios mensajes todas las semanas. ¡Es algo impresionante! Por eso, la cuestión de la elección de los textos es muy crítica. ¿Cómo podemos hacerlo? Consideremos algunas reglas generales que nos ayudarán en esta ardua tarea.

 El predicador no debe descuidar habitualmente ningún pasaje de las Escrituras. Trate de equilibrar sus textos. Hay que predicar «todo el consejo de Dios», y para esto se requiere toda la Biblia. A veces ponemos mayor énfasis acerca del Nuevo Testamento, pero esto no debe quitar la predicación del Antiguo Testamento.

• Las condiciones de la congregación a la que se va a predicar. Grado de heterogeneidad del grupo (consta de cristianos verdaderos, de inconversos e ignorantes, de jóvenes, adultos, niños, inteligentes, etc.). El predicador tomará en cuenta la más apremiante necesidad de su congregación. Nuestra meta no es deleitar al ser humano, sino satisfacer sus necesidades. Crisóstomo dijo. «El amor de la vanagloria enerva en gran manera nuestro espíritu, en lugar de combatirlo. Somos como padres que dan a sus hijos enfermos golosinas nocivas, en vez de medicinas amargas, pero saludables; esto hacemos cuando os predicamos, no para instruiros, no para mejorar sus costumbres, sino para halagaros, para causaros admiración vana, para agradaros, para arrancaros aplausos y alabanzas.» Debemos diagnosticar y después aplicar el remedio necesitado. La habilidad de «actualizar» el texto, junto con el conocimiento de la Biblia, permitirá al predicador fiel cumplir con su trabajo.

•       El lugar de predicación: al aire libre, en una escuela, en un templo, en un hospital, en una cárcel.

•       El tiempo u ocasión de la predicación: el domingo, en una fiesta especial, en un acontecimiento extraordinario, en el día de la madre, la Semana Santa, etc.

•     También hay que considerar las siguientes recomendaciones para seleccionar el texto:

o    Hay que seleccionar un texto que hable al propio corazón; que llene de entusiasmo y satisfaga al propio predicador, que primero predique al predicador.

o    Hay que seleccionar un texto cuyo contenido contribuya a satisfacer las necesidades espirituales urgentes e inmediatas de la congregación.

o    Hay que seleccionar un texto cuyo contenido sea bien claro para el predicador.

o    Hay que seleccionar un texto cuyo contenido haya sido expresado por una persona inspirada por el Espíritu Santo o por Dios. Los dichos de Satanás, de los demonios, de los impíos, por más que sean verdad, no deben tomárselos como texto para un sermón.

o    Hay que seleccionar textos de todas las Sagradas Escrituras. En los dos Testamentos y los sesenta y seis libros. Hay que seleccionar el texto dependiendo enteramente de la dirección del Espíritu Santo. En esta relación hay que orar fervientemente a Dios

•     El predicador debe tener algún plan sencillo de conservar los textos bíblicos que le impresionan. Consideremos algunas sugerencias en cuanto a esto:

o    Debe andar provisto de lápiz y papel para poder anotar ideas y textos. o Debe anotarlos en el momento que se le presentan. Si no, se le olvidan.

o    Debe guardar estos papelitos en una carpeta o en un cajón. De vez en cuando, debe ordenarlos según su propio sistema de archivar. Puede hacerlo según los libros de la Biblia; sin embargo, lo más importante es que tenga algún sistema.

•     En cuanto a lo que debe evitarse:

o    El empleo de textos que no se adaptan para determinada congregación, los que pueden causar confusión, sobre todo en lo referente a temas doctrinales, a menos que el predicador sea un erudito en las Escrituras.

o    Tampoco se debe dar al texto un significado distinto del que tiene realmente, ni separarte de su contexto.

o    Aplicar la hermenéutica, realizar una sencilla exégesis del pasaje seleccionado para sacar el mayor provecho del mismo.

LA EXTENSIÓN DEL TEXTO

El texto puede ser un pasaje bíblico corto o extenso. En este sentido su extensión puede tener las siguientes posibilidades:

•       Fracción de versículo. Ej.: «Cristo murió por nosotros» Ro.5:8b.  Versículo completo. Ej.: Romanos 5:8; Juan 3:16; Romanos 6:23

•       Dos o más versículos. Ej.: Efesios 2:8-9; Tito 3:1-7.

CUALIDADES FUNDAMENTALES DEL TEXTO

Para que un pasaje bíblico, en cualquiera de las posibilidades de extensión indicadas, sirva como texto para un sermón, es necesario que reúna tres cualidades fundamentales:

•       Haya sido seleccionada luego de un periodo considerable de oración.

•       Encierre un pensamiento completo.

•       Su contenido sea lo suficientemente adecuado para elaborar un sermón que sirva para edificar, exhortar, consolar, evangelizar. En otras palabras, sirva para llegar a las necesidades humanas.

REVELACIÓN DIVINA DEL TEXTO

Después que se ha elegido el texto, la tarea del predicador debe concentrarse en encontrar el sentido del mismo, es decir, comprenderlo bien. Para esta tarea quien actuará como apoyo del predicador es el Espíritu Santo. Al ser el autor del libro, solamente Él podrá guiarnos a toda verdad. De nuestra parte está el ser diligentes y estudiar lo más que podamos. Dios no encubre vagos.

Sabia explicación del texto

Para tener una sabia explicación del Texto es necesario realizar los siguientes pasos:

•       Orar intensa y profundamente. La clave de la revelación está en Dios. Él solo sabe cuál es el sentido exacto y verdadero del texto, por esto hay que pedir a Dios que nos explique el texto. Sin esta preparación, es inútil seguir. A solas con Dios, con el texto delante de nosotros, pidamos la dirección del Espíritu Santo. El tiempo necesario dependerá de nuestra condición espiritual

•       Determinar el lenguaje. Muchas veces se puede determinar este punto, examinando cuidadosamente el contexto del texto seleccionado. Si aplicamos correctamente el método literal podemos ubicar el pasaje que deseamos interpretar dentro del contexto general del mensaje, al tiempo que identificamos la clase de contexto especial en el que se mueve el significado. Una correcta interpretación de la Palabra de Dios debe atender a la identificación de los contextos básicos: contexto literal, contexto simbólico, contexto histórico y contexto virtual. La Biblia casi siempre se explica a sí misma, y por lo tanto es importante dar significado literal a todo aquello que está expresado en sentido literal, a la vez que hay que explicar cómo simbólico todo aquello que Dios habla metafóricamente, como por ejemplo: «Destruyan este templo --respondió Jesús--, y lo levantaré de nuevo en tres días» (Jn.2:19,21) Pero el templo al que se refería era su propio cuerpo. Hay que interpretar el texto figuradamente. El lenguaje figurado es usado en la Biblia y hay que tomarlo en cuenta: Metáforas, Simbolismos, Símiles, Prosopopeyas, Paralelismos, Parábolas, etc. Toda clase de figuras son empleadas frecuentemente en la Escritura.

•       Aprender el significado exacto de las palabras. Si no se entiende una palabra, no se podrá explicar a los oyentes. Hay muchas palabras empleadas con distinto significado en la Biblia, y es importante diferenciarlas. Por ejemplo, la palabra fe significa evangelio en Gálatas 1:23; 1 Timoteo 3:9 y 4:1. En otros pasajes significa creencia del intelecto, de la confianza, del corazón, de la convicción, del deber o de la fidelidad y deben distinguirse las diversas acepciones.

•       Considerar las circunstancias en que se encontraba el escritor, el lugar, la época y el propósito del escrito. El sermón será más claro, para los oyentes, si se puede explicar quién fue el autor del texto, bajo qué circunstancias lo escribió y a quién fue dirigido. Por ejemplo, es muy provechoso explicar las circunstancias

que rodeaban a Pablo, «el anciano», cuando escribió la tierna epístola a Filemón desde su mazmorra en la ciudad en Roma. Es importante también notar el propósito que le animaba al escribir la epístola a los hebreos, y las circunstancias que prevalecían entre los creyentes judíos cuando fue recibida dicha epístola Notar así mismo las circunstancias patéticas en que se encontraba cuando escribió la segunda epístola a Timoteo, unos días antes de su martirio (2Tim.4:6-8).

•       Comparar un pasaje con otro a fin de determinar todo lo que se ha revelado. Cuando Satanás quiso engañar a Jesús citando un versículo de las Escrituras, el Señor le respondió: «También está escrito» (Mt.4:6, 7). Se puede deducir así que ningún versículo puede interpretarse de manera que contradiga a otro versículo. Hay que analizar el texto de acuerdo con la analogía de la fe. Es decir, de acuerdo con las enseñanzas generales de la Escritura. La interpretación que demos al texto no debe entrar en contradicción con lo que la Biblia dice en otra parte acerca del mismo asunto. Si esto último ocurre, no estamos escudriñando correctamente el texto.

•       Se debe leer todo lo posible con respecto a la Tierra Santa, a los habitantes y costumbres. Este estudio será muy provechoso a fin de explicar a la congregación los acontecimientos registrados en la Biblia, las parábolas y su historia. Hay que dilucidar el texto históricamente. Esto se hace tomando en cuenta los usos, las costumbres, las prácticas de los judíos o gentiles a quienes se escribió el texto.
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