Cómo mejorar nuestra predicación sagrada




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DEFINICIONES

Divisiones

Las divisiones son cada una de las ideas principales de un discurso ordenado. El conjunto de ellas conforma el bosquejo. James Braga señala que sea que se indiquen en la predicación o no, un sermón apropiadamente planificado estará dividido en partes concretas, contribuyendo cada componente a la unidad del discurso.

Bosquejo

Se entiende por bosquejo del sermón la estructura organizada, la columna vertebral, el arreglo de las divisiones, que le permite al predicador saber cuál es el camino que seguirá durante el desarrollo de su sermón. En términos generales contiene las ideas principales del texto y tema, y también las ideas que explican a aquellas. A menudo los se acompaña cada idea con una o varias citas bíblicas que refuerzan la idea a exponer. Es importante tener un bosquejo bien estructurado para poder desarrollar el cuerpo del sermón.

Cuerpo

El cuerpo es el desarrollo del bosquejo, la parte principal del mensaje donde se presenta el tema. Se le define y se le aplica a las necesidades del oyente. Nunca se puede aplicar un mensaje si primeramente no se explica en forma detallada y bien sencilla. ¡Las verdades bíblicas más profundas deben expresarse de tal manera que un niño las pueda entender! Esto constituye la parte más importante del sermón y se basa en la Palabra de Dios. Esta parte puede tomar de 20 a 40 minutos según el tiempo que se considere apropiado. El sermón largo no necesariamente trae más bendición pero un sermón demasiado corto puede dejar el tema incompleto. El cuerpo del sermón presenta un pensamiento, luego otro pensamiento y lleva a otro, hasta que se llega a convencer, a aclarar, a mover a la congregación.

LA IMPORTANCIA DE LAS DIVISIONES Y DEL BOSQUEJO

Una vez que se han establecido los objetivos del sermón, que se ha seleccionado y analizado la base bíblica (texto), y se han determinado el asunto y el tema, se procede a bosquejarlo y a desarrollar dicho bosquejo (cuerpo). Una buena organización es determinante para el éxito de un sermón. Dice el refrán «dividir para reinar». En el caso de la homilética el dicho se convierte en «dividir para predicar». Para dar un tratamiento completo a un tema es necesario dividirlo en partes que se irán exponiendo una por una. Por buen arreglo del sermón se entiende la inteligente disposición de sus partes. Pascal decía «…podemos afirmar, en lo general, que siendo iguales otras cosas, el poder del discurso es proporcional al orden que reina en él, y que un discurso sin orden (y recuérdese que hay más de una clase de orden) es comparativamente débil. Tendrá un discurso todo el poder de que es susceptible, sólo cuando las partes que tienen un designio común estén íntimamente unidas, ilustradas exactamente, cuando mutuamente se ayudan, sostienen, como las piedras de un mismo arco…» J. Braga indica algunos puntos de importancia respecto al bosquejo y a sus divisiones:

•     Para el predicador

o    Fomenta la claridad y la unidad del pensamiento

o    Ayuda al predicador a tratar el tema de una manera adecuada, es decir, organizar, planificar, ordenar todas las ideas relacionadas con el sermón.

(Forma sistemática)

o    Facilita al predicador el recordar las partes principales de su sermón. Es un instrumento de control para el predicador. Somete al predicador a un programa que debe seguir

•     Para la congregación

o    Clarifica los principales puntos del sermón, o Persigue que los oyentes sigan el desarrollo de las ideas del mensaje, o Ayuda a recordar los principales aspectos del sermón. Persigue que el contenido fundamental del mensaje sea retenido por los oyentes, y así su aprendizaje sea más eficaz.

LA IMPORTANCIA DEL CUERPO

Si el contenido, el fondo del mensaje, es más importante que su forma, ¿por qué ocuparse de ésta? El orden apropiado de las partes de cualquier mensaje facilita la comprensión por parte de los oyentes. ¿Qué recuerda más claramente de las últimas predicaciones que ha escuchado, las anécdotas de casos verídicos o las simples frases? Seguro que las anécdotas… Hay formas de transmitir mensajes que los hacen más fáciles de recordar. Las propagandas que pasan por televisión, son preparadas por profesionales especializados, para que sean interesantes y estimulen en los televidentes el deseo de adquirir los productos anunciados. Hay formas más interesantes que otras de transmitir mensajes. Si su mensaje no les interesa a sus oyentes, estará predicando al aire. Hay formas más poderosas que otras de estimular en los oyentes de un mensaje los deseos de responder positivamente a él.

De todas formas, las cualidades que el cuerpo de un sermón debe procurar para cautivar la atención de los oyentes son: unidad, proposición (énfasis), progresión, brevedad, claridad, vitalidad y variedad.

PARTES DEL BOSQUEJO

La columna vertebral del cuerpo del sermón es el bosquejo, que se divide en secciones (usualmente de tres a cinco). Estas se denominan divisiones y presentan los aspectos principales del texto o del tema. Para preparar el bosquejo deben anotarse los puntos principales en forma de una lista enumerada, teniendo en cuenta que:

•       Cada punto debe tener relación.

•       Debe haber un orden lógico entre cada punto, y entre éstos tener estrecha relación, abarcando un algo diferente en cada uno de ellos.

•       No debe haber demasiados puntos principales. Lo ideal son tres divisiones mayores y máximo tres divisiones menores para cada una de las divisiones

mayores, a menos que se trate de un sermón expositivo

•       Cada punto debe ser breve y claro,

•       Ninguna división debe ser equivalente al tema. Por ejemplo, si el tema es «el amor de Dios», puede haber divisiones como «el amor de Dios por los perdidos», «el amor de Dios por sus hijos»; pero no una división como «el amor de Dios» porque no es una parte del tema, sino el tema mismo completo,

•       Cada división debe relacionarse de la misma forma con la o las palabras clave,

•       El conjunto de las divisiones debe abarcar todo el terreno de los objetivos trazados,

•       La extensión debe ser proporcional a su importancia. Si son muchas, limitar su extensión para no cansar a los oyentes.

Divisiones mayores o principales

Una de las maneras más sencillas de hacer las divisiones del tema es dividir las palabras y las frases importantes del texto y luego, arreglándolas en su debido orden, hacer una exposición de cada parte. Dicho de otra manera, las frases del texto pasan a ser las divisiones del cuerpo. El cuerpo o plan consta fundamentalmente de tres clases o divisiones. Éstas son las columnas mayores del sermón. Se les identifica de modo general con números romanos: I, II, III, etc.

I. División mayor II. División mayor III. División mayor

A.

Div

.

menor

A.

1.

Div

.

subordinadas

1.

2.



2.

3.

3.

B.

B.

1.

1.

2.

2.

3.

3.

C.

C.

1.

1.

2.

2.

3.

3.

Div

.

menor

A.

Div

.

subordinadas

1.



2.

3.

B.

1.

2.

3.

C.

1.

2.

3.

Div

.

menor

Div

.

subordinadas


Las divisiones principales se caracterizan por la palabra clave. Ello facilita la memorización y la retención de las ideas principales. Dice Koller: «La palabra clave abre un pasillo a lo largo de la estructura del sermón, con acceso directo a cada habitación desde la puerta de entrada, en vez de dejar al predicador y a su congregación perdidos y errantes por todas las habitaciones. Es una herramienta básica para la clase de estructura homilética fundamental que se presta eficazmente para la predicación sin notas.»

Divisiones menores o subordinadas

Van a continuación de las divisiones mayores o principales. Cumplen la función de comentar, aclarar o explicar las respectivas divisiones mayores. Se les identifica con letras, tales como: A., B., C., etc.

Lógicamente no se puede predicar un mensaje con sólo los encabezamientos de las divisiones. Eso sería como servirle huesos pelados a un hambriento. Debemos ponerle «carne» a los encabezamientos de las divisiones. Las divisiones menores incluyen en cada división los pensamientos que se le relacionan.

Divisiones subordinadas

Van a continuación de las respectivas divisiones menores. Cumplen la función de explicar, comentar o aclarar las divisiones menores. Se les identifica con números arábigos simples: 1., 2., 3., etc.

CONSIDERACIONES ANTES DE COMENZAR LAS DIVISIONES

El discurso debe llevar a los oyentes consigo a cada paso. Debemos lograr que el interés y la comprensión de la audiencia se mantenga durante todo el sermón, por eso se recomienda usar transiciones fáciles de un pensamiento a otro, usar predominantemente el tiempo presente a través del sermón y eliminar toda desviación innecesaria.

Simetría de las divisiones

La simetría es la proporción adecuada de las partes de un todo entre sí y con el texto mismo. Es decir, la simetría de las divisiones es la armonía que hay entre las divisiones en su relación entre sí y en su relación con el tema. Esta armonía se manifiesta en la uniformidad de pensamiento y también en la de frase. En el ejemplo que vamos a estudiar a continuación, a una de las divisiones le falta la simetría de pensamiento. Averigüe cuál es:

Tema: ¿Para qué vendrá Jesús?

Bosquejo:

I. Jesús volverá a la tierra para:

A.      Cumplir las profecías

B.      Purificar la tierra

C.      Su venida será visible

D.      Libertar a los santos

E.       Juzgar a los malos

Aunque esto no es una ley radical, es recomendable cuidar la consonancia. En el ejemplo significa que, además de la uniformidad de género, debe haber consonancia entre los vocablos. Por ejemplo, en el primer punto, debe sustituirse el verbo «cumplir» por un verbo que tenga la terminación «ar» en lugar de «ir» - sin modificar el sentido - como «sellar» o «consumar». Entonces todos los verbos terminarían con el mismo sonido. Si bien no es indispensable, es deseable, aunque no siempre es posible lograr los encabezamientos de esta manera. Pero si se puede, esto añade interés a nuestro bosquejo.

Criterios de orden de las divisiones

Si el predicador ubica bien las divisiones de su tema, habrá vencido una de las dificultades mayores en la preparación de un bosquejo. Algunos criterios para ordenar las divisiones son:

•       La necesidad lógica de la estructura del pensamiento, es decir, causa, manifestación, resultado, o al revés.

•       Argumentos: de lo general a lo particular, de lo débil a lo fuerte, de lo negativo a lo positivo, de lo posible a lo probable o absolutamente cierto, de lo ausente a lo presente.

•       Análisis psicológico: intelecto, emociones, voluntad, o al revés.

•       Análisis histórico: pasado, presente, futuro, o al revés.

•       Las exigencias de interés de los oyentes.

En general, por su peso, los argumentos deben ir en orden creciente desde los más débiles a los más fuertes, pero el que precede al más fuerte se aconseja ubicarlo en primer lugar. En el último lugar va el punto que lleve a la decisión más importante a que apunta el sermón. Estas reglas generales se aplican también a las subdivisiones y aún a algunas frases del discurso.

Posibles presentaciones de las divisiones

En el momento de exponer el sermón no hay una ley que obligue al predicador a indicar cuáles son las divisiones de su sermón. Esto queda a discreción del predicador. Algunos lo hacen para facilitar a los oyentes la comprensión del tema. De todas formas hay maneras de presentar las divisiones, por ejemplo:

•     Anuncio previo (sermón doctrinal).

•     Anuncio a medida que se presentan en el discurso.

•     Tratar que los oyentes las noten sin anuncio formal.

Debe haber progresión en el pensamiento del sermón desde el principio hasta el fin, en el momento de exponerlo:

Progreso cronológico

Si, por ejemplo, el mensaje es sobre la vida de nuestro Señor Jesucristo, debe tratar primero sobre su nacimiento y luego sobre su ministerio; primero sobre su ministerio y luego sobre su crucifixión…, su resurrección…, su ascensión…, etc.

Progreso lógico

Las divisiones que explican o prueban el tema deben presentarse antes de las que exhortan a los oyentes o aplican el contenido. Tomando como el ejemplo de un tema: «La salvación», se debe primeramente explicar la necesidad de obtener dicha salvación, para luego invitar y exhortar a los oyentes a que la acepten.

Orden de las frases

A veces, para conservar el progreso en las divisiones, es necesario dejar de seguir el orden de las frases texto. Para ayudar al predicador en la preparación de su mensaje cuando estudia el progreso cronológico y lógico de su texto, es necesario contestarse a sí mismo las siguientes preguntas: ¿qué es?, ¿para qué es?, ¿por qué es?, ¿cómo puedo obtenerlo?

A MANERA DE EJEMPLO

Ejemplo de una predicación bíblica exitosa es la empleada por nuestro Salvador Jesucristo al conversar con la mujer samaritana. Notemos la forma en la que el Señor le predica:

•     Jn.4:1-10 Jesús despierta el interés de ella

•     Jn.4:11-14 aumenta el deseo en el contenido del mensaje

•     Jn.4:15-16 crea la necesidad del mensaje

•     Jn.4:17-18 influye con sus palabras

•     Jn.4:19-26 crea la antesala para presentar al Cristo y lo presenta

•     Jn.4:27-32 motiva al oyente a buscar más personas para que escuchen el mensaje

Es sin duda una forma de predicación exitosa. ¿Se atrevería usted a decir que la predicación de Cristo fue aburrida? ¿o incomprensible? ¿Por qué el Señor no le dijo de entrada «las cuatro leyes espirituales»? ¿Cree usted que la forma de predicar influyó en sus resultados? Tal vez esté pensando que tuvo éxito por ser el mismísimo Señor Jesucristo, pero ¿qué dijo Él acerca de usted y de mí?

«Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre.» Jn.14:12

Otros ejemplos estructurados de acuerdo con lo que hemos aprendido serían:

Tema: La moral

Texto: Josué 24:19 Título: Incapacidad moral Bosquejo:

I.        DA SEGURIDAD DE QUE EL HOMBRE NO REGENERADO NO PUEDE SERVIR A DIOS.

A        No se trata de una incapacidad física, sino moral; y no consiste en su naturaleza, sino en su naturaleza caída. No en Dios, sino en el pecado.

B        La naturaleza de Dios hace que sea imposible al hombre depravado rendirle un servicio perfecto. (contexto del vers. 19.)

C        A lo mejor que podría dar un hombre no regenerado le faltaría razón y motivo; por lo tanto, sería inaceptable (Is.1:15).

D        La ley de Dios es perfecta. ¿Quién puede esperar cumplirla? Si una mirada significa cometer adulterio, ¿quién será capaz de guardar todos los puntos de la ley? (Mt.5:28).

E        La mente carnal está inclinada a la voluntad propia, al egoísmo, a la sensualidad, al odio, al orgullo y a todos los otros males (Ro.8:7).

II.     EL DESALIENTO QUE SURGE DE ESTA VERDAD. Se dice que esto arroja a los hombres a la desesperación, y nuestra respuesta es que precisamente ese desespero es lo que lleva a los hombres a la posición más deseable y saludable.

A        Disuade a los hombres de realizar una tarea imposible.

1.    Las mismas probabilidades de éxito que tienen los hombres para inventar el movimiento continuo son las que tienen para tratar de crear obediencia de su propia voluntad, siendo ya pecadores.

2.    Si un hombre tratara de sostener una escalera en posición vertical y al mismo tiempo subir por ella hasta la cima, tendría menos dificultad que lograr que su naturaleza consiga la santidad.

B        Disuade de seguir un camino de ruina.

1.    La propia justicia es una cosa muerta, es un repudio orgulloso a la misericordia de Dios, y una rebelión contra la gracia. La propia confianza, de cualquier clase que sea, es el peor enemigo del Salvador.

C        Disuade de apoyarse sobre ceremonias, u otras expresiones externas, asegurando a los hombres que éstas no bastan.

D        Disuade de buscar cualquier otro camino de salvación propia y circunscribe a los hombres a la fe en el Señor Jesús. Nada mejor pueden hacer (Gá.3:22, 23).

III. LAS NECESIDADES QUE NOS RECUERDAN ESA VERDAD. El hombre no regenerado, antes de poder servir a Dios, necesita:

A        Una nueva naturaleza que sólo el Espíritu de Dios puede crear en usted.

B        Reconciliación. ¿Cómo podrá servir un enemigo a su rey?

C        Aceptación. Hasta que hayas sido aceptado, su servicio no puede agradar a Dios.

D        Ayuda continua. Esto es lo que le ayudará a mantenerse en el camino una vez que esté dentro de él (2Sam.2:9; Jud.24, 25)
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