Alejandro dolina el libro del fantasma ¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres. James Joyce




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ALEJANDRO

DOLINA


El libro
del fantasma
¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres.

James Joyce


El fantasma I


En aquel verano, yo acostumbraba a pasar las tardecitas en la
plaza de Devoto. Había descubierto que el lugar era triste, y me
parecía conveniente para un hombre como yo. Me había dejado
la Mujer Amada y mi dolor incomodaba a mis amigos y familia-
res. Un primero de marzo se me presentó el fantasma.

-Buenas tardes. No hace falta que me diga que usted detesta ha-
blar con desconocidos. Seré brevísimo: soy una aparición y lo necesito.

El hombre parecía bastante concreto y hasta tenía un aire fami-
liar, como si nos conociéramos del tren. Le ahorré cualquier ma-
nifestación de asombro o controversia.

-Hable.

—Como usted sabrá, un alma en pena es la consecuencia de un des-
perfecto jurídico de ultratumba. Algunas personas no llegan a mere-
cer enteramente el cielo, el infierno y ni siquiera el purgatorio. Se
establece entonces un régimen especial que mantiene al involucrado
en situación de espectro por plazos que suelen prolongarse hasta el
cumplimiento de unos sucesos determinados. Pues bien, yo era escri-
tor. Un escritor bastante exitoso. Un editor ingenuo confió en mí y
me pagó una fortuna por un libro que todavía no había escrito. Yo
me gasté el dinero y me morí antes de completar ni siquiera una pá-
gina. Ahora estoy condenado a penar hasta que fuerzas superiores
vean terminado el libro que prometí.

—¿ Y por qué no lo escribe?

—No se me ocurre nada. Los seres eternos no pueden escribir. Pero
usted puede ayudarme. Escriba para mí.

—Yo tampoco puedo escribir. Amaba a una mujer: yo la miraba y
se me ocurrían ideas. Ella ya no está.

El fantasma señaló una flor que llevaba en el ojal.

-Yo tengo lo que usted necesita. Esta flor enamora a la mujer de
nuestra vida. Escríbame el libro y se la daré. Doscientas páginas de
cualquier cosa.

-Acepto.

—Vaya trayéndome lo que pueda: cuentos, ensayos, poesías, notas...
Yo lo esperaré aquí el primero de cada mes.

Saludó apenas y se fue. Era un fantasma alto.
El extraño idioma de
Kampung Sebula


A finales de la década de 1950, el profesor George Ferguson
daba clases particulares de inglés en su modesto departamento de
la calle Fray Cayetano. Tenía una reputación de excéntrico que
descansaba menos en una conducta atípica que en su elevada es-
tatura.

Los vecinos aseguraban que el hombre era capaz de conversar
en veinticinco idiomas, y el mismo Ferguson se encargaba de fo-
mentar esa idea mediante el uso de saludos y frases de cortesía,
mayormente en italiano. Pero al margen del fácil asombro de las
viejas del barrio, sus discípulos estaban convencidos de que era un
genio.

El presente trabajo se basa en noticias que aportaron dos de sus
alumnos, los hermanos Daniel y Humberto Giangrante. Estos jó-
venes, cuya aguda inteligencia no tardaremos en ovacionar, nota-
ron que el profesor los despedía siempre con unas palabras que no
parecían pertenecer al idioma inglés:
reser fatino propisee. Un día
se atrevieron a preguntar el significado de la frase. Ferguson reve-
ló que aquello no era otra cosa que un saludo bastante usual en
idioma sebulés, una lengua que se hablaba en Kampung Sebula,
una región al norte de la isla de Natuna Besar, en el mar de la Chi-
na. La traducción literal era algo parecido a sea el destino propicio
a nuestro reencuentro.

Mitad por curiosidad y mitad por eludir los rigores del estu-
dio, los hermanos Giangrante tomaron por costumbre interrogar
a Ferguson acerca de la extraña lengua de Kampung Sebula. El

profesor no se negaba jamás y se entusiasmaba contando su ju-
ventud en aquellas regiones e ilustrando los episodios con expli-
caciones filológicas que se prolongaban muchas veces hasta el
final de la clase.

Al cabo de algunos años, Daniel y Humberto Giangrante do-
minaban mejor el sebulés que el idioma que habían pensado es-
tudiar. Llegaron a tomar someros apuntes que sirven hoy como
soporte de esta monografía.

Al parecer, la lengua en cuestión registra influencias del neer-
landés, el indonesio bahasa, el chino, el javanés, el castellano y el
inglés. Ferguson sostenía que era el idioma más complejo del
mundo. La principal dificultad estaba en el pensamiento mismo
de los lugareños, casi incapaces de concebir ideas abstractas. Sus
mentes se resistían a desligar. Cada objeto era pensado sin sepa-
rarlo de sus circunstancias.

En aquella región, palabras distintas designan a un mismo ob-
jeto en sus diferentes relaciones. La cama ocupada se menta con
un vocablo (letork); la cama vacía, con otro (kabrera) y no com-
parten ambas palabras una raíz visible: el idioma sebulés no regis-
tra una vinculación lógica entre el concepto de cama y las
situaciones adjetivas. Sin embargo, la concurrencia de dos o más
partes de la oración en una misma palabra es bastante frecuente
en las lenguas más toscas.

Otra dificultad: una misma cosa es aludida con sonidos que
son diferentes según quien hable. Escuela es laborek para un niño,
tus para un adulto, lemb -que es también recuerdo- para un vie-
jo.

Conjugaciones, declinaciones y casos varían según la edad, el
sexo, la posición social y el color del pelo del hablante. Nada cues-
ta pensar que el tiempo, el progreso y las tinturas implican cierta-
mente un cambio de lenguaje. Además, cabe imaginar que es
indispensable conocer todos los idiomas para poder relacionarse
adecuadamente en Kampung Sebula.

El más sencillo de los sublenguajes era el de las mujeres solte-
ras, de vocablos escasísimos, según explicaba Ferguson, porque los
lugareños consideraban la ignorancia como una casta virtud.

A principios de siglo, la lengua de los pelirrojos estaba casi ex-
tinguida, o mejor dicho, casi no había pelirrojos en la isla.

Sólo los maestros podían hablar idiomas ajenos a su condición.
Fuera de estos casos la usurpación lingüística era castigada severa-
mente. El profesor Ferguson reveló confidencialmente a los her-
manos Giangrante que en ciertos cafetines de mala muerte
existían hombres que hablaban el idioma de las mujeres. El nom-
bre que se daba a estos sujetos variaba conforme al régimen ya ex-
puesto.

Los pronombres personales usados para las conjugaciones sig-
nificaban lo siguiente: yo, tú, él, ella, nosotros, nosotras, vosotros, vo-
sotras, pocos, casi nadie, ellos, ellas, la mitad de mí mismo, el señor
gobernador.

Curiosa es la función de la palabra ué, que sirve para indicar
que la siguiente frase consigna una falsedad. De la misma mane-
ra
ueué convierte en falso todo lo que se dice a continuación, sin
otro límite que la aparición de la palabra nonset, que anuncia la fi-
nalización de la mentira. Los hermanos Giangrante preguntaron
qué sucedía cuando el vocablo se presentaba en medio de una
frase ya declarada falsa por un
anterior. Ferguson se tomó un
día para responder. Después declaró que el segundo
debía ser
tomado como una promesa de veracidad, y el tercero como un re-
torno a la mentira, de suerte que un número impar de adverten-
cias era garantía de falsedad y un número par lo era de exactitud.

Con el tiempo los dialectos de Kampung Sebula se fueron
multiplicando, en virtud de la movilidad social y de la inevitable
superposición de jerarquías: un soltero puede ser también viejo y
morocho. Algunos espíritus nacionalistas intentaron imponer una
lengua general, con el resultado de que se convirtiera ésta en una
jerga más. Debe aclararse que la escritura sebulesa, como la china,

posibilitaba por su carácter pictográfico el entendimiento entre
personas de diferentes categorías: casa era masong para, el anciano,
kosmo para el niño, para el vagabundo, pero siempre se escri-
bía dibujando una casa. Ferguson sostenía que la ausencia de al-
gunos vocablos en la lengua sebulesa obedecía a la dificultad
existente para dibujarlos. Los hermanos Giangrante dudaron de
esta afirmación.

Los gestos no sólo enfatizaban, sino que completaban el senti-
do de la lengua hablada. La mano derecha apoyada en el hombro
izquierdo indicaba el pretérito. La mano en la frente, el subjunti-
vo. La mano extendida hacia adelante, el futuro. La palabra sebu-
lesa norm significa al mismo tiempo manco y mudo.

El lenguaje poético estaba completamente separado del idioma
cotidiano. Las palabras estaban destinadas a facilitar la rima: to-
das terminaban en ero o ajo. Por lo demás, las metáforas ya venían
hechas. Ojo y lucero eran la misma palabra, como también lo
eran piel y pétalo, estrella y diamante, frío y desdén, perla y dien-
te, desgracia y orín de perros. Existía para cada frase un segundo

sentido, perfectamente explícito, al que recurrían los poetas, o
mejor dicho, los empleados que se encargaban de la poesía.

El profesor George Ferguson murió en 1963. Los hermanos
Daniel y Humberto Giangrante prometieron al despedir sus res-
tos seguir aprendiendo el sebulés y visitar la isla de Natuna Besar,
en cuya región septentrional se hallaba la ciudad de Kampung Se-
bula. En lo primero no pudieron perseverar demasiado. Entre los
libros y papeles de Ferguson no hallaron ni siquiera uno que se re-
lacionara con el lenguaje múltiple, a no ser una serie de aparentes
pictografías que al fin vinieron a revelarse como obra de un sobri-
no del profesor. A pesar de esta frustración, los hermanos Gian-
grante consideraron que sus conocimientos y vocabulario les
permitirían hacer pie en Kampung Sebula y empezaron a ahorrar
para el viaje.

En enero de 1970, después de un viaje agotador, llegaron a la
región. Al ver a un policía, se dirigieron a él en la lengua de los
servidores públicos: -¿Dove hotel loca?

El vigilante no entendió absolutamente nada. Intentaron con
otras personas utilizando todas las variantes que conocían. Pero
no obtuvieron ni siquiera una respuesta. Encendieron la radio y
lamentaron no haber prestado atención al curso de inglés de Fer-
guson, pues todas las canciones estaban en ese idioma. Buscaron
algunos lugares que el profesor había evocado en las tardes de la
calle Fray Cayetano: el salón IF, donde atendían prostitutas filo-
sóficas; la calle He-ling, en la que era obligatorio besarse; el bar
Gambrinus, donde los mozos se suicidaban si el cliente no estaba
satisfecho.

Al ver que nadie comprendía el sebulés, los hermanos Gian-
grante dieron en pensar que tal vez la lengua se había ramificado
hasta existir tantos idiomas como personas. Sin embargo, un ma-
rinero argentino les aseguró que allí se hablaba el indonesio o el
inglés y que las palabras eran más o menos las mismas para todo
el mundo.

Los Giangrante sintieron crecer en su interior una ominosa
sospecha: ¿acaso el profesor Ferguson se había burlado de ellos?
¿Habían perdido su juventud estudiando un idioma inexistente,
inventado por un borracho?(1).

Las noticias sobre los hermanos llegan apenas hasta aquí. Algu-
nos dicen que fueron detenidos vaya a saber por qué delito y que
están sepultados en un manicomio de Kampung Sebula tratando
de congraciarse con los enfermeros hablándoles en el idioma de
los trabajadores de la salud, que es el mismo de los locos.
1 El profesor Ferguson en verdad no bebía.

Instrucciones para abrir
el paquete de jabón Sunlight


(Trabajo realizado por Manuel Mandeb por encargo de la agencia de publicidad Vivencia.)



  1. Busque la flecha indicadora.

  2. Presione con el dedo pulgar hasta que el cartón del envase ceda.

  3. Disimule. Soy un joven escritor que no tiene otra ocasión que ésta de conectarse con las muchedumbres. Usted finja que sigue abriendo este estúpido paquete y yo le diré algunas verdades.

  4. Los vendedores de elixir nos convidan todos los días a olvidar las penas y mantener jubiloso el ánimo. El Pensamiento Oficial del Mundo ha decidido que una persona alegre es preferible a una triste.

  5. La medicina aconseja cosmovisiones optimistas por creerlas más saludables. Al parecer, la verdad perjudica la función hepática.

  6. Viene gente. Siga la línea de puntos en la dirección indicada por la flecha.

  7. Escuche bien porque tenemos poco tiempo: la tristeza es la única actitud posible que los compradores de este jabón pueden adoptar ante un universo que no se les acomoda. Toda alegría no es más que un olvido momentáneo de la tragedia esencial de la vida. Puede uno reírse del cuento de los supositorios, pero éste es apenas un descanso en el camino. Uno juega, retoza y refiere historias picarescas, solamente para no recordar que ha de morirse. Ese es el sentido original de la palabra diversión: apartar, desviar, llamar la atención hacia una cosa que no es la principal.

  1. Conversar acerca de estos asuntos es considerado de la peor educación. Los comerciantes se escandalizan, las personas opti mistas huyen despavoridas, los maximalistas declaran que la angustia ante la muerte es un entretenimiento burgués y los escritores comprometidos gritan que la preocupación metafísica es literatura de evasión. Al respecto, mientras le recomiendo que no deje el paquete de jabón al alcance de los niños, le juro que todo lo que se escribe es de evasión, menos la metafísica: las noticias políticas, los libros de sociología, los horarios del ferrocarril, los estudios sobre las reservas de petróleo, no hacen más que apartarnos del tema central, que es la muerte.

  2. Calcule 100 gr de jabón por cada kilo de ropa sucia.

  1. Cuanto más inteligente, profunda y sensible es una persona, más probabilidades tiene de cruzarse con la tristeza. Por eso, las exhortaciones a la alegría suelen proponer la interrupción del pensamiento: "es mejor no pensar..." Casi todos los aparatos y artificios que el hombre ha inventado para producir alegría suspenden toda reflexión: la pirotecnia, la música bailable, las cantinas de la Boca, el metegol, los concursos de la televisión, las kermeses.

  2. Separe la ropa blanca de la ropa de color. Y entienda que la tristeza tiene más fuerza que la alegría: un hombre recibe dos noticias, una buena y una mala. Supongamos que ha acertado en la quiniela y que ha muerto su hermana. Si el hombre no es un canalla, prevalecerá la tristeza. El premio no lo consolará de la desgracia. Byron decía que el recuerdo de una dicha pasada es triste, mientras que el recuerdo de un pesar sigue siendo pesaroso.

  3. No mezcle este jabón con otros productos y no haga caso de los sofistas risueños. Tarde o temprano alguien le dirá: "Si un problema tiene solución, no vale la pena preocuparse. Y si no la tiene, ¿qué se gana con la preocupación?". Confunde esta gente las arduas cuestiones de la vida con las palabras cruzadas. La soledad, la angustia, el desencuentro y la injusticia no son problemas sino tragedias, y no es que uno se preocupe sino que se desespera.

Lloraba Solón la muerte de su hijo. Un amigo se acerca y le dice:

-¿Por qué lloras, si sabes que es inútil?

—Por eso —contestó Solón— porque sé que es inútil.

  1. No está tan mal ser triste, señora. El que se entristece se humilla, se rebaja, abandona el orgullo. Quien está triste se ensi- misma, piensa. La tristeza es hija y madre de la meditación. Par- ticipe del concurso "Vacaciones Sunlight" enviando este cupón por correo.

  2. Ahora que se fue el jabonero, aprovecharé para confesarle que suelo elegir a mis amigos entre la gente triste. Y no vaya a creer el ama de casa Sunlight que nuestras reuniones consisten en charlas lacrimógenas. Nada de eso: concurrimos a bailongos atorrantes, amanecemos en lugares desconocidos, cantamos canciones puercas, nos enamoramos de mujeres desvergonzadas que revolean el escote y hacemos sonar los timbres de las casas para luego darnos a la fuga. Los muchachos tristes nos reímos mucho, le aseguro. Pero eso sí: a veces, mientras corremos entre carcajadas, perseguidos por las víctimas de nuestras ingeniosas bromas, necesitamos ver un gesto sombrío y fraternal en el amigo que marcha a nuestro lado. Es el gesto noble que lo salva a uno para siempre. Es el gesto que significa "atención, muchachos, que no me he olvidado de nada".


NOTA: Las instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight fueron rechazadas.

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