No es posible comenzar un poema sin una parcela de error acerca de sí mismo y el mundo, sin una brizna de inocencia en las primeras palabras”




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Capítulo III

Él.- No has visto nada en Hiroshima. Nada,

Ella.- Lo he visto todo. Todo, lo he visto, estoy segura

Él.- No has visto nada en Hiroshima. Nada.
Dos cuerpos entrelazados, lenta sucesión de imágenes. La piel sustenta junto a sensaciones sensuales la vulnerabilidad para el daño, el horror, el dolor. Su textura cambia -rocío, arena, deformidad- de pronto la luz intensa define la forma de los amantes y se escuchan sus voces.
Ella testimonia sobre el inevitable pesar, la conmiseración, el terror, dos veces expresado, en palabras e iconografías, que activan la memoria. No tendría que caber duda alguna.
¿Cómo dejar de verlo? ¿Qué puede hacer un turista sino justamente llorar?

Pero él insiste:
No has visto nada en Hiroshima. Nada.

¿Sobre qué habrías llorado?
Entrevemos rápidamente la distancia que media entre uno mismo y un cadáver anónimo, los hombres muertos, un hombre muerto, mi muerto, mi muerte.
Ella.- He visto los noticiarios…

Del primer día.

Del segundo día.

Del tercer día.

Del décimo quinto día también. Hiroshima se cubrió de flores. No había por todas partes sino gladiolos, volúbiles y bellas de un día, que renacían de las cenizas con un extraordinario vigor, desconocido hasta entonces en las flores…

Él.- Lo has inventado todo.

Ella - Nada. Igual que en el amor, esta ilusión existe; esta ilusión de no poder olvidar nunca, también la he tenido frente a Hiroshima, que nunca olvidaré. Igual que en el amor…

Él.- Tú no sabes nada.
(Fue ésta su primera experiencia con el cine de Alain Resnais. La última, “Hierbas salvajes” dirigida a los 87 años. Aquí también rústicos tallos o yuyos se abren paso para emerger a la luz, con tal fuerza que agrietan el asfalto que los cubre y las paredes viejas creciendo donde nadie lo esperaba. A la par, el film, nos cuenta anécdotas alocadas de seres marcados por el exceso de ilusión.)

Ella.-… te encuentro, Me acuerdo de ti. ¿Quién eres? Me matas, Me haces bien. ¿Cómo pude dudar que esta ciudad fuera hecha a la medida de mi amor? ¿Cómo pude dudar que tú estuvieras hecho a la medida de mi cuerpo mismo?

Devórame, defórmame hasta la fealdad.
Tras este prólogo enfático, sentido pero insuficiente, donde el acto sexual adquiere el valor de un símbolo purificador e iniciático, coincidente con el abandono de las tensiones, ansiedades y dolores de la memoria, el descubrimiento mutuo en la realización amorosa, en su aquí y ahora, marca el instante en que comenzarán a conocerse.

Se oye toser. El sonido de esa tos los inserta otra vez en el tiempo cuyo primer efecto es el retorno a la individualidad. Tal retorno constituye un primer peligro, la reedificación de la separatividad. El espectador quiebra su identificación quedando también fuera, analizando las identidades disímiles de los personajes.

A partir de allí la historia se orienta a rescatar el pasado concreto de cada uno, necesario para una relación que integre no sólo la dimensión de sus cuerpos sino la de sus espíritus.

El pasado de ella se vislumbra traumático. Se ha quedado mirando, apoyada en el marco de la puerta-ventana, al japonés que duerme boca abajo con una de sus manos abierta con la palma hacia arriba. Una imagen brevísima muestra una mano en idéntica posición pero cubierta de sangre. Luego otra vez el rostro de ella, con la mirada fija y aterrada. Este pasado concreto ubicará con mayor exactitud la posición afectiva ante el desastre de Hiroshima.
Él.- ¿Qué era Hiroshima para ti en Francia?

Ella.- El fin de la guerra, el fin total quiero decir. El estupor… El estupor ante la idea que se hayan atrevido. El estupor de que lo hubiesen logrado. Y luego también, para nosotros, el comienzo de un miedo desconocido. Y luego la indiferencia, el miedo a la indiferencia también.

Él.- El mundo entero era feliz. Tú eras feliz con el mundo entero. He oído decir que era un bello día de verano en París, ¿no?
Sólo este señalamiento. A continuación el ritmo clásicamente cinematográfico arrastra al espectador liberándolo de la conciencia culposa mediante el trucaje de situaciones ficticias.

El film nos ubica luego ante la idea de la partida de ella. Él desea que esto no ocurra. Se inicia una persecución que no es simple requiebro de amor, sino la necesidad de lograr una mayor resonancia en ese corazón limitado. El alegato de paz y superación de los desencuentros humanos transita en las alternativas de este intento. En una breve toma anterior la cámara ha enfocado un atado de cigarrillos “Peace”
Ella dice. Yo soy de una moral dudosa…
El espectador se pregunta qué significa esta justificación:

¿Será que el ser no puede amar realmente?

¿Qué no puede comprender realmente?

¿Que repetirá constantemente sus errores?

¿Alcanzará la reconciliación?
El diálogo nos sugiere que la causa está en el pasado traumático de la protagonista.
Ella.- No. A París. A Nevers no, no voy nunca más.

Nunca… en Nevers es dónde he sido más joven que nunca en mi vida.

Sí. Joven en Nevers y después, también, una vez, loca en Nevers. Nevers, ya ves, es la ciudad del mundo, y también es la cosa del mundo con la cual de noche sueño más. Al mismo tiempo es la cosa del mundo en la cual pienso menos.
Margarite Duras y Alain Resnais, la autora del libro y el director del film, no se satisfacen con el manifiesto de algunos principios generales sobre la paz, ni les basta la llana documentación de hechos sobre la destrucción de Hiroshima que conmocionen el corazón del público. Por medio de su protagonista japonés intentan indagar al ser humano que, si bien sobrecogido, permanece anclado en las experiencias de su individualidad inmadura, impotente, histérica.

Hiroshima es una facticidad terrible y angustiosa. Pero es también amor a pesar de todo, y éste es el descubrimiento que el corazón deberá realizar.

Se trata del hombre destrozado por sí mismo que resucita dolorido y nostálgico de paz y unidad.

Ella moviliza sus resistencias cuando indagan en sus recuerdos
-¿Por qué hablar de él más bien que de otros?

Él.- Gracias a Nevers puedo solamente empezar a conocerte.
Allí, en Nevers, ella es tan joven que no pertenece a nadie todavía.

Allí puede anclarse y perderse para su amor.

Allí estructura para siempre su persona no trascendida.

El miedo es enorme.
(Gritando) - ¡Quiero irme de aquí!
La transferencia erótica contra la angustia del recuerdo se repite en la relación con el japonés, que asume la identificación con el anterior amor de ella. Gracias a esto la mujer lo reconstruye todo y cuando descubre el cuerpo muerto en su memoria, el hechizo concluye y la catarsis es total.
Ella.- Uno cree saber y después no. Nunca. Ella tuvo en Nevers un amor de juventud alemán.

Iremos a Baviera, mi amor, y nos casaremos.

Ella nunca fue a Baviera.

¡Que aquellos que nunca fueron a Baviera osen hablar de amor!

Tú no estabas muerto del todo

He contado nuestra historia. Te he engañado esta noche con un desconocido.

Era, ves, posible contarla.

Catorce años sin volver hallar… el gusto de un amor imposible.

Después Nevers.

Mira como te olvido.

Mira como te he olvidado.

Mírame

¿Quién eres?

Me matas.

Devórame. Defórmame a tu imagen, para que ningún otro, después de ti, comprenda ya del todo el por qué de tanto deseo.
Ella amó a un alemán: amor ilícito, no traidor. Protesta y búsqueda; fascinación y milagro en el fragor de una contienda. Exceso.

Después ha sido encarnizada por la conciencia nacional, vengativa y negadora de otra razón que no sea el odio y el resentimiento. Que por otros excesos admite la lucha sangrienta y la destrucción total.

Pero con el padecimiento silenciosamente soportado la conciencia logra su primer ascenso. El dolor familiar, la vergüenza, la censura y la burla acicatean una intuición inesperada. La conciencia comienza a despertar en lucidez y una voluntad de futuro se yergue en un amor sin nombre que lucha contra las posibilidades del olvido.
-Lloraremos el día difunto con conciencia y buena voluntad.

Pasará el tiempo, el tiempo solamente. Y el tiempo va a venir en que no sabremos ya del todo nombrar lo que nos unirá. El nombre se borrará poco a poco de nuestra memoria.

Luego desaparecerá del todo.
Ascendemos hacia Hiroshima no como hacia un pueblo de seres individuales, sino como concientización progresiva a través de obstáculos de la propia individualidad.

Una forma de olvido es la última resistencia y es también la pérdida necesaria que posibilita el hallazgo del espíritu liberado recibido de las manos del otro.

Va haciéndose perceptible el ansiado secreto de la paz; los nombres pronunciados con comprensión, lucidez y amor. Amor trascendido del ámbito individual hacia el ámbito del amor para la experiencia compartida.
Ella.- Hi-ro-shi-ma

Hi-ro-shi-ma es tu nombre

Él.- Es mi nombre, sí

El tuyo es Nevers. Ne-vers-en-Fran-cia.



A cincuenta años de Hiroshima y Nagasaki, el alcalde Takeshi Hiraoka pidió disculpas por el insoportable dolor causado por su país en la Segunda Guerra Mundial. Los sobrevivientes occidentales pudieron ver el fin, a cualquier precio, como una bendición. Nipones y estadounidenses aceptaron relaciones de amistad y de comercio, surgiendo en cambio conflictos entre los aliados. Siguieron guerras de postguerras, armadas y frías; las acciones bélicas continúan hoy en el mundo y las conflagraciones no acaban aunque a pesar de la competencia armamentista nuclear, la humanidad parece haber comprendido que se juega su exterminio de recurrir a su empleo. El film de Alain Resnais intenta mostrar por el camino de sus personajes, que nada de esto ocurriría en la dimensión del amor, idealización hasta aquí utópica, pese al Hibakusha Project.
El cine es el cine y el hombre es el hombre.”
Akira Kurosowa se puso a reír frente a la sentencia del novelista japonés Shiga Naoya, que tras agotar todos los parecidos animales posibles con el perro, concluyó: “un perro se parece a un perro”; con él sintió también que se está ante algo serio cuando a partir de esta tautología se llega a aquella conclusión con respecto al hombre y al cine.

La penúltima película de este director, “Rapsodia de agosto” de 1991, insiste en su lenguaje cinematográfico, mostrar la tragedia de la guerra como un sinsentido que no debiera repetirse.

Aquí el referente es el holocausto de Nagasaki.

A 45 años del bombardeo atómico, una sobreviviente comparte recuerdos con sus nietos. La trama vincular se complica con la existencia de un hermano que vive en Hawái con descendencia estadounidense de la cual uno de los hijos viaja a conocer a su familia nipona.

De los afectos que enlazan a estos personajes se desprende que en la guerra todos pierden. Su mensaje expresa que ya no es el tiempo del odio hacia el antiguo enemigo, sino hacia la guerra misma.

Rescato un par de escenas: la interminable procesión de hormigas que la cámara sigue hasta su ascenso por los tallos de una planta que culmina en una espléndida rosa, y la de la abuela camino a Nagasaki – por tenacidad de la memoria- protegida con una sombrilla en medio de un tifón que el viento destruye.





Cuando explotó la bomba pudo verse un gran ojo entre las montañas que circundan Nagasaski. El viento feroz que desvencija a la abuela lo desata aquel demonio que ella no habrá de ignorar cobardemente. Más allá de todo efecto general de la catástrofe, el paraguas destartalado de la abuela simbolizaba la fragilidad de los recursos de protección individual frente a la flecha del tiempo.

Pese a lo aniquilador de aquella fuerza que enfrenta la abuela todavía cabe la creación imprevisible, poniendo de manifiesto el plan de la vida: sea como hiper-reactivación o deformidad biológica, vegetal y humana, y en el plano sociocultural, estremecimiento de las conciencias o endiosamiento del poder.
Akira Kurosawa , tras una descomunal filmografía fallece en Tokio el 6 de setiembre de 1998. Ilya Prigogine, a su vez el 28 de mayo de 2003 en Bruselas.

La vida continuaba su labor de anulación individual.

Capítulo IV

Leía sus escritos con aparente interés, quizá con amigable paciencia. Podía comprender los argumentos desarrollados, pero sus señales de adhesión estaban limitadas por sus inmodificables convicciones. La serenidad de sus lecturas y el aliento por más producción otorgaba permiso para continuar presentándole nuevos capítulos. Probablemente no los investigara más allá de aquel aporte momentáneo ni desviaran la atención de sus propios intereses.

De hecho ocurrían cortos intervalos entre sus encuentros que pudieran interpretarse como discontinuidad en el placer de compartir; siempre estaba la preocupación de que su asiduidad sofocara y condenara al otro al mutismo de la lectura. Pero las confidencias mutuas siempre llegaban como testimonio del interés, amistad y necesidad del vínculo.

Opuestamente, había desembocado en los conflictos de la comunicación humana allende la amistad, al adentrarse en las intimidades de los notables investigadores protagonistas del descubrimiento de la estructura molecular del ADN y del genoma. ¡Qué decir de la rivalidad entre el estadounidense Robert Charles Gallo y el francés Luc Montagnier en la investigación sobre el SIDA!

El desarrollo del ingenio en los hombres había progresado grandemente, sin poder resolver sus aporías y la lucha por las ideas, privilegiado frecuentemente el orgullo y otros intereses personales, antes que la ética y la sincera conquista de la verdad.

La destemplanza no ha sido ajena en la historia de la ciencia.

Allí también encontró el exceso combativo de la naturaleza humana. De esto trataba su nuevo capítulo:
“El modelo de James Watson y Francis Crick, ganadores del Premio Nobel de Medicina y Fisiología de 1962, compartido con Maurice Wilkins, no surgió de experimentos en el sentido habitual, sino del examen realizado por ambos investigadores de todos los datos existentes a su presente acerca del ADN y de su unificación en una síntesis significativa.

Los datos que utilizaron para elaborar su predicción incluían, entre otros, los siguientes antecedentes:


    • Max Delbrück y Salvador Luria habían revelado que los virus de bacteriófagos consistían sencillamente de ADN y proteínas, por lo cual uno de ambos componentes sería responsable de su multiplicación. (1940)

    • Alfred Hershey y Martha Chase marcaron radiactivamente a una y otra sustancia y tras la reproducción de los organismos detectaron que era el ADN quien llevaba el mensaje hereditario. (1952)

    • Se sabía que la molécula de ADN era muy grande, larga y delgada, compuesta de nucleótidos que tenían las bases nitrogenadas adenina, guanina, timina y citosina.

    • De acuerdo a Levene estos nucleótidos estarían ensamblados en unidades repetidas de cuatro, teoría incorrecta del tetranucleótido(1920).

    • Linus Pauling (1950) había demostrado que las cadenas de aminoácidos que componen las proteínas están dispuestas a menudo en la forma de una hélice y se mantienen así por puentes de hidrógenos entre sus giros.

    • Las fotografías del ADN por difracción de rayos X obtenidas en los laboratorios de Maurice Wilkins y Rosalind Franklin en Londres mostraron patrones que casi ciertamente reflejaban los giros de una hélice gigante.

    • Los datos de Chargaff (Universidad de Columbia) indicaban que, dentro del error experimental, en todos los individuos de una especie dada, y variando de una especie a otra, la cantidad de adenina es igual a la de timina y la de guanina a la de citosina.


El descubrimiento de la doble hélice fue uno de los más importantes en la ciencia del siglo veinte.

La concesión del Nobel no puede otorgarse en conjunto más que a tres personas; Rosalind Franklin falleció en 1958 y su nombre estuvo ausente de toda mención, a pesar que fuera ella quien revelara esta estructura.

La historia secreta cuenta que en enero de 1953 Wilkins le había proporcionado a Watson, sin que ella lo supiera, este dato crucial obtenido en mayo de 1951 mediante su fotografía por difracción de rayos X.

El hallazgo de cartas recibidas y enviadas por Francis Crick entre 1950 y 1976 arroja lamentable información sobre la historia relativa al descubrimiento de la estructura del ADN.
Ocupémonos en primer tiempo de Rosalind Franklin.

Desde muy joven y en consecución de su vocación discrepaba ya con su padre:
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