Resumen: Se publica aquí información inédita proveniente del Archivo Histórico Nacional -archivos Urquiza y Seguí- relativa al primer periódico y al primer periodista de Concepción del Uruguay, y su relación con el momento fundacional del Colegio Histórico.




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EL PRIMER PERIÓDICO DE CONCEPCIÓN DEL URUGUAY.

Autor: Julio E. Moyano.
Artículo producido en el marco del Proyecto de Investigación: “Los orígenes de la prensa periódica argentina: Un estudio de su desarrollo diferencial entre Buenos Aires y el interior, y su relación con la conformación de lenguajes y públicos específicos, el proceso de construcción del Estado y el desarrollo de la sociedad civil". Cátedra: Seminario del Lenguaje del Taller de Especialización, Facultad de Ciencias de la Educación, con financiamiento de la UNER.
Resumen: Se publica aquí información inédita proveniente del Archivo Histórico Nacional –archivos Urquiza y Seguí- relativa al primer periódico y al primer periodista de Concepción del Uruguay, y su relación con el momento fundacional del Colegio Histórico. Se analiza críticamente la posibilidad de existencia de un periódico en dicha ciudad en 1822, posibilidad sostenida por algunos historiadores y aquí negada. Se aporta, finalmente, indicios relativos al modo de funcionamiento periodístico propio de esa época (comienzos de la década de 1850) y del rol cumplido por los redactores.
Palabras clave: Historia, prensa, periodismo, Argentina.

Publicado originalmente en: revista Ciencia, Docencia y Tecnología No 23, año 2002, Universidad Nacional de Entre Ríos, Secretaría de Ciencia y Técnica.

¿Cuándo comenzó la actividad periodística en Concepción del Uruguay? ¿Cuáles fueron las características de este comienzo? Estos problemas interesan no sólo como asunto particular de historiografía regional, sino también nacional, dado el rol de Concepción del Uruguay en los hechos históricos nacionales ocurridos en el siglo XIX a partir de la guerra de independencia, y en especial a mediados del siglo. No es un dato menor, al respecto, verificar si el comienzo de la prensa periódica uruguayense corresponde al período artiguista-ramirista, a la época de las guerras del ciclo rosista, o a la etapa final de este último ciclo.
Algunos autores y articulistas han sostenido que el comienzo puede ubicarse en 1822, basando esta afirmación en la existencia de un periódico denominado “El Observador del Uruguay”. Otros, la mayor parte, consideran 1850 como fecha del comienzo, aunque sin mencionar los motivos por los que eliminan la experiencia de 1822. En cuanto a las características de esta primer prensa periódica, la posición es unánime: en cuanto a 1822, se carece por completo de información; en cuanto a 1850, se asigna a la iniciativa del general Justo J. de Urquiza, entonces gobernador, la introducción de la imprenta a la ciudad y el impulso al primer periódico, y se considera al tipógrafo Jaime Hernández su primer redactor.
En el presente trabajo sostendremos que ambos problemas, la fecha de comienzo y las características de aquella primera práctica periodística –incluida en ellas la identidad del primer redactor- pueden obtener respuesta considerando, desde el punto de vista teórico, la naturaleza de la práctica periodística en el interior del país antes de 1850, como operación político-militar de Estado, y desde el punto de vista documental, orientando la investigación hacia materiales directamente estatal-militares.
En el proyecto de investigación referido a historia la prensa periódica argentina (hasta 1852), hemos considerado que las características de la primera prensa fueron correlativas del desarrollo de formas de Estado modernas parlamentarias y la existencia estable de una sociedad civil en expansión: allí donde, luego de la guerra de independencia, pudo estabilizarse un Estado parlamentario y una actividad económica vinculada al mercado mundial capitalista en expansión, la prensa periódica se desarrolló adquiriendo paulatinamente las propiedades de la moderna prensa periódica europea. En regiones en que surgieron formas estatales pre-modernas (de estructura político-militar indiferenciada, organizada bajo una red piramidal de lealtades y liderazgos personales), el proceso fue diferente: allí la función inicial de la prensa periódica fue vehiculizar operaciones político-militares de Estado con funciones orientadas a la guerra y a la estabilización de la legitimidad del discurso estatal sobre la población. En muchos aspectos de esta transición hacia la modernidad, la función de la prensa, el modo de organización de su funcionamiento y la construcción de su discurso fueron análogos al proceso transicional observado en Europa durante el Absolutismo (Cfr. Moyano, 1996; Ojeda y Moyano, 1999).
Las diferencias observadas en trabajos de diferentes historiadores del periodismo respecto de sus comienzos en Concepción del Uruguay no constituyen, pues, sólo un problema particular de historia de la ciudad: indicios de existencia de una prensa periódica durante el ciclo artiguista podrían serlo también de un grado de estabilidad de la organización política, e incluso de una sociedad civil lo suficientemente densa como para conformar un mercado lector de periódicos. Su aparición en 1850, fecha en la que coincide la casi totalidad de los historiadores, muestra en cambio que los indicios de modernización estatal en Entre Ríos corresponden al apogeo del ciclo urquicista. Aún así, la existencia de prensa confirma su aparición, pero no su rol y modo de funcionamiento: ¿expresa ya una actividad económica y socio-política basada en la organización de una empresa privada? ¿o más bien conserva todavía las propiedades transicionales de una actividad de Estado, controlada por la jefatura político-militar, y donde el redactor no es titular de un discurso crítico autónomo, sino un escriba que estiliza una verdad predeterminada por el poder? De la respuesta a estas preguntas dependerá nuestra caracterización del momento transicional vivido en la región.
El biógrafo de Artigas Washington Reyes Abadie (Reyes Abadie: 1986) rastrea en detalle las actividades del artiguismo, no hallando vestigio alguno de actividad de prensa. Por el contrario, muestra que las preocupaciones del prócer uruguayo por la educación debieron concentrarse en el logro de escuelas de primeras letras, a partir de 1815, tanto en Montevideo como en el Nuevo Pueblo de Purificación. Artigas efectivamente se interesó por la prensa periódica, pero no logró poner un periódico en marcha, por lo que durante el éxodo no llevó la práctica periodística a Entre Ríos. En efecto, luego del triunfo patriota sobre los realistas de Montevideo en 1814, no sólo cesó el periódico militar que imprimía el ejército patriota sitiador, junto con la “Gaceta de Montevideo” de los realistas, sino que, al retirarse, el ejército porteño se llevó la imprenta de la Ciudad. En julio de 1815 el Dr. Mateo Vidal “…obtuvo del Cabildo bonaerense su mediación para que el gobierno de Buenos Aires devolviera a Montevideo la Imprenta de la Ciudad (…) en conocimiento de este hecho, el Jefe oriental ordenó que se la pusiera ‘en ejercicio, ya por un tanto al cargo de algún periodista, ya por cuenta de ese ilustre Cabildo’. En octubre, el Cabildo resolvió que se editara el ‘Periódico Oriental’. Se encargó al Dr. Vidal la redacción del ‘prospecto’, cuyo texto fue del agrado de Artigas…” (Reyes Abadie, 1986: 260). Sin embargo, el Dr. Vidal rehusó tomar a cargo del periódico “a causa de sus achaques habituales”, no pudiendo lograrse un reemplazante. Artigas expresó su disgusto, pero no pudo lograr su periódico, a pesar, insistimos, de su constante interés por la educación, expresada también en la creación de la Biblioteca Pública en 1816, y en el santo y seña de su ejército: “Sean los orientales tan ilustrados como valientes1.
El carácter “itinerante” de la Imprenta Federal de José Miguel Carrera durante su periplo por el Litoral en 1819 tampoco significó un contacto uruguayense con el primer periodismo entrerriano. Antonio Zinny brinda indicios suficientes para asegurar que fue en Gualeguaychú donde se redactó, durante la concentración de las tropas de Ramírez, los números del primer periódico sobre suelo entrerriano, y segundo en el interior del país, la “Gaceta Federal”. La posterior partida del Ejército Federal hacia Santa Fe alejó esta experiencia de la costa del Uruguay2.
Con referencias documentales más sólidas, se ha planteado la hipótesis de un comienzo de la prensa uruguaya en julio de 1822. Quien trabajó este problema con mayor profundidad fue el historiador entrerriano Aníbal S. Vázquez.

La experiencia de 1822.
Vázquez rastreó los primeros indicios de actividad de prensa local, hallando documentos relativos a la impresión de barajas en la primer y segunda década del siglo XIX. El interés de Vázquez por ubicar tan temprana actividad de prensa se debía a un viejo problema de catálogo hemerográfico: un periódico titulado El Observador del Uruguay, fechado en julio de 1822, mencionado por el catálogo del Museo Mitre. Vázquez logró demostrar la ausencia de indicios de actividad de imprenta en la localidad, pues las prensas para baraja de las cuales había indicios documentales no eran capaces de imprimir otro tipo de material o pliegos mayores. Por otra parte, tampoco había en aquellos años personas instruidas como para redactar un periódico, ni una cantidad suficiente de personas alfabetas como para imaginar un tenue público lector. Sería bajo la administración de Justo J. de Urquiza cuando se avance sobre cada uno de estos problemas.
La ficha del Museo Mitre dice escuetamente que el N° 1 del periódico corresponde al 20 de julio de 1822. Y aunque el catálogo lo ubica como perteneciente a Paraná, el título lleva a error a varios historiadores, entre ellos C. Galván Moreno, quien lo asigna a Concepción del Uruguay. Lamentablemente, el ejemplar mencionado en dicho catálogo se halla de momento extraviado, de modo que no hay forma de tenerlo a la vista.
Existe, sin embargo, documentación histórica suficiente como para afirmar que este periódico, además de muy efímero (“de circunstancias”) no fue un periódico de Concepción del Uruguay, sino que apenas rozó el pueblo entonces llamado Arroyo de la China en forma tangencial, como lo haría también en 1839 El Lancero en Campaña durante la invasión a la Banda Oriental por las tropas confederales. Por lo tanto, el comienzo del periodismo uruguayense debe fijarse en el año nuevo de 1850, claramente ligado a la experiencia fundacional del Colegio.
Desde diciembre de 1821 editaba el Gobernador Lucio N. Mansilla, en Paraná, el periódico “El Correo Ministerial del Paraná”, publicando en él documentos oficiales y proclamas redactados primero por el Ministro Agrelo, y más adelante por Domingo de Oro, su reemplazante. Mientras tanto, dada la tensa situación de guerra civil larvada que vivía la provincia luego del triunfo de Mansilla sobre los restos del ramirismo, en la costa del río Uruguay la situación era grave: al otro lado del río se había exiliado el núcleo duro de la oposición, y desde allí se dirigían las operaciones de conspiración para derrocar a Mansilla.
El 18 de junio de 1822 una carta de Mansilla a la Legislatura dice que los opositores radicados en Paysandú provocaban la falta constante de seguridad pública a la Provincia de Entre Ríos, “...En estas circunstancias que son demasiado conocidas al Congreso, el Gobierno necesita obrar con toda la energía y amplitud de facultades que corresponde al tamaño del peligro, y a V.H. toca proveer lo que corresponda para salvar el país, la Constitución y mi honor de sucesivos desastres...”. (Recopilación de leyes, Decretos, etc. de la Prov. de Entre Ríos, p. 180, En: Archivo Histórico de la Provincia de Entre Ríos).
Al día siguiente -19 de junio- fueron declaradas fuera de la Ley las personas de los emigrados a Paysandú, y se autoriza por el mismo acto al Gobierno para disponer de sus bienes como lo crea conveniente (ídem, p. 181); el 26 declara en una carta-decreto: "En virtud de haberse establecido la Comisaría de Guerra, y tener yo que salir a la vista de la Provincia..." (ídem, p. 190). Mansilla dirige a partir de esa fecha el “Ejército Observador del Uruguay”, y lleva consigo, como era bastante común en aquel tiempo, una pequeña prensa de imprimir portátil, con la que edita arengas, decretos y proclamas bajo el título de “El Observador del Uruguay”. Recorrerá toda la costa del Uruguay, pasando precisamente en la segunda quincena de Julio por Arroyo de la China, para dirigirse luego a Gualeguaychú retornando entonces, en Agosto, a Paraná. Es notable que mientras se editó “El Observador...”, no se imprimió el “Correo Ministerial del Paraná”, pues el redactor había viajado con él.


150 años de periodismo uruguayense.
La celebración del sequicentenario del Colegio Histórico de Concepción del Uruguay –28 de Julio de 1999- convocó a recordar, estudiar y valorizar su impacto cultural en varias generaciones de intelectuales y hombres de Estado argentinos3, así como su rol en la extensión de la enseñanza en Entre Ríos con efecto multiplicador. También merece ser recordada su influencia –menos conocida- en el nacimiento del periodismo uruguayense, del que también se cumplieron 150 años el 1° de Enero de 2000.
Fue en efecto la Imprenta del Colegio dirigida por don Jaime Hernández, la encargada de imprimir, junto con cuadernillos para estudiantes y otros trabajos solicitados por el gobernador Urquiza, el primer periódico local titulado “El Porvenir de Entre-Ríos”, y fue un profesor de francés del Colegio, don Juan Lasserre, su primer redactor.
Las pruebas de que fue Lasserre el primer redactor de “El Porvenir de Entre Ríos” se han obtenido del Archivo Urquiza perteneciente al Archivo General de la Nación. Su presencia refuerza la hipótesis de que una experiencia de prensa periódica en esta etapa transicional debería depender directamente de la jefatura político militar, y su redacción debería asignarse a un escriba profesional al servicio del Jefe. No parece el tipógrafo español la persona indicada para cumplir este rol junto al de tipógrafo general de la imprenta, no sólo abocada al periódico sino principalmente a los requerimientos de papelería tanto del Colegio como del general.
Lasserre es un personaje injustamente olvidado en sus aventuras periodísticas regionales. No lo menciona Aníbal S. Vázquez en su “Periódicos y Periodistas de Entre Ríos”, ni se lo nombra en ninguna de las historias clásicas del periodismo argentino. Pero este francés enamorado de la Argentina y el Uruguay participó activamente en la prensa y la enseñanza en ambos países, permaneciendo en Concepción del Uruguay por varios años.
Los trabajos periodísticos de Lasserre comenzaron en Buenos Aires en 1826, cuando redactó varios periódicos en francés: L’Echo français, L’Abeille, etc. Pero su fama la ganó con la edición, en abril de 1828, de “El Diablo Rosado”, periódico en castellano tremendamente mordaz y pendolista, que tenía el atractivo adicional de estar impreso sobre papel de color rosado, al que aludía su título. Por el tono del periódico y las condiciones imperantes fue sometido a juicio y condenado a suspensión y multa, pero volvió a las andadas y ganó más fama cuando editó poco después “El Hijo Mayor del Diablo Rosado”. Anticipándose a un nuevo juicio lo transformó en “El Hijo Menor del Diablo Rosado” y pocos días después “El Hijo Negro del Diablo Rosado”, cesando definitivamente la serie el 26 de julio de 1828.
Exiliado en la Banda Oriental continuó trabajando en la prensa polemista y en publicaciones en francés alternando estas actividades con clases particulares. Habiendo atado su suerte a la del general y caudillo uruguayo Lavalleja, de quien incluso se hizo compadre, saboreó con él las mieles del triunfo y el dolor de las derrotas y el exilio, recalando con su jefe en un Buenos Aires ya gobernado por Rosas, y editando en ambas orillas nuevos periódicos políticos. Siguiendo la huella de sus Jefes se halló en la costa oriental entrerriana junto a las tropas federales que invadieron territorio uruguayo en 1839. Allí iba como Auditor de Guerra y encargado de redactar el periódico de combate que una imprenta ambulante del Ejército imprimía sobre la marcha4, titulado “El Lancero en Campaña”. En él plasmó trabajos típicos del estilo guerrerista y mordaz de su tiempo, hallando en el bando enemigo contendientes de gran eficacia como el poeta gauchesco Hilario Ascasubi, y varios exiliados argentinos que imprimían periódicos en Montevideo. El 29 de diciembre de 1839 sufrió con el Ejército Federal la catastrófica derrota de Cagancha, luego de la cual los periódicos de Montevideo lo dieron por muerto en acción durante un buen tiempo, y en cuya retirada casi muere el General Urquiza, providencialmente salvado por el Alférez Miguel G. González. Y mientras la imprenta capturada por el enemigo era llevada a Montevideo como trofeo de guerra, Lasserre acompañaba a Lavalleja al ostracismo, para reaparecer en 1849 como co-fundador del periodismo uruguayense.
Luego del duro período de guerra en que se reveló como excelente comandante militar, Urquiza se halló ante un tiempo de paz en que pudo tomar personalmente el mando de la provincia -que había ejercido por delegación- y comenzar una etapa de rápido progreso y modernización especialmente desde comienzos de 1848. Apasionado por la educación y la cultura, impulsó gran cantidad de iniciativas entre las cuales la más importante fue el Colegio, su mejor “heredero”, como él mismo llegó a decir. No fue un tema menor entre estas iniciativas la instalación de imprentas y periódicos. Sólo existía, favorecida por su gobierno, la Imprenta del Estado en Paraná y el semanario estatal “El Federal Entre-Riano”. Fue entonces por iniciativa suya que se contactó discretamente en Montevideo a dos imprenteros de renombre: don Isidoro de María, uruguayo, quien se transladó en enero de 1849 a Gualeguaychú para fundar la primera imprenta local y el periódico “El Progreso de Entre Ríos”, y el español Jaime Hernández, quien se instaló en Concepción del Uruguay para dirigir la imprenta, llamada en sus comienzos “del Uruguay”. Como Hernández no era periodista se hizo necesario buscar uno, pero cuando esta gestión comenzaba llegó don Juan Laserre, a mediados de noviembre de 1849, para ofrecer sus servicios como redactor y profesor, presentando como avales de recomendación a los Generales Lavalleja y Eugenio Garzón. A comienzos de diciembre recibe Lasserre una respuesta positiva en lo referido al periódico, y por ello escribe nuevamente solicitando auxilios para traer su familia desde Montevideo, ofreciéndose nuevamente, esta vez más explícitamente, para crear una cátedra de francés en el Colegio, y consultando respecto del contenido del primer número del periódico. Entre ellos propone la publicación de una elogiosa carta del Presidente del Instituto de África al General Urquiza, destacando sus aportes en la lucha contra la esclavitud.
El periódico apareció el 1° de enero de 1850, ocupándose desde el comienzo de defender la obra del Gobierno provincial, y de impulsar los logros educativos de la gestión urquicista. No hubo grandes artículos de polémica con periódicos de Montevideo ni -todavía- con la prensa rosista de Buenos Aires. En comparación con “La Regeneración”, periódico con que Carlos du Terrade lo reemplazaría unos meses más tarde, “El porvenir...” no posee artículos de trascendencia histórica, y en tanto du Terrade firma muchos artículos, Lasserre no lo hace y parece no existir como personaje público. Jaime Hernández colabora transcribiendo textos españoles: Un discurso de Juan Donoso Cortés en la Real Academia de la Lengua se transcribe a lo largo de cinco números. Artículos históricos defienden la actitud de los marinos españoles en combate y refutan a políticos-historiadores ingleses y franceses como Thiers.
Si al comienzo las cosas fueron relativamente bien, pronto comenzó a haber problemas. Hernández tuvo dificultades financieras y en setiembre de 1850 escribe a Urquiza pidiendo auxilio. Le pasa cuenta de los dos mil ejemplares impresos y encuadernados de las Cuentas del Ejército y le dice: Sé que V.E. ha quedado complacido de mi trabajo y me doy enhorabuena por este suceso para mí tan grato, me anima a pedirle a V.E. un favor que puede me conceda, (...) y es que la tercera parte de ese importe que debo dejar para la amortización de mi deuda con V.E. esta vez no tenga efecto”. Los problemas con que fundamenta el pedido no son pocos: enfermedad y fallecimiento de su hermano, su propia enfermedad, gastos de instalación de su casa y taller, y especialmente “haber cesado de trabajar en la imprenta desde junio por falta de original...”. Días más tarde le propone una alternativa: que el General compre su imprenta dejándolo a él como empleado de la misma. La gestión fue exitosa, y fue entonces que la imprenta pasó a llamarse “del Colegio”, nombre que figura como pie de todas sus publicaciones desde fines de 1850.
Otros problemas surgían de los contenidos. El cambiante mapa de alianzas con que el General preparaba el enfrentamiento con Rosas descolocaba al redactor aún cuando reprodujese con exactitud lo que suponía el pensamiento del estratega entrerriano. A comienzos de julio de 1850 tanto Hernández como Lasserre recibían una fuerte reconvención por un párrafo que causó gran molestia al General, y fue Hernández el encargado de pedir disculpas por carta al día siguiente. “He llamado a Lasserre -le dice- y ambos hemos vuelto a leer el párrafo del artículo que sin mala intención por nuestra parte, se ha cometido este desliz, y nos proponemos por vía del comunicado que tengo el honor de adjuntar a V.E. de neutralizar el efecto que pueda producir en el público de las ideas que a V.E. con razón han disgustado”.
Laserre tuvo problemas mucho más graves apenas unos días más tarde, por circunstancias ajenas al periodismo pero que a la postre determinaron su alejamiento del periódico. El sistema de control militar en Entre Ríos, dada la época de guerras, era muy estricto. Y un hijo de Lasserre que servía en la milicia volvió a su casa de visita sin permiso de sus superiores. Lasserre escribió de inmediato pidiendo perdón en nombre de toda la familia, pero su situación comenzó a deteriorarse. Pasaría entonces varios meses difíciles. Urquiza nombró a Carlos du Terrade (o Carlos Terrada como solía castellanizarse el apellido de este otro francés), como sucesor de Lasserre, con encargo de cambiar el nombre del periódico. A mediados de noviembre, Lasserre escribía cartas a Juan Francisco Seguí pidiendo interceda por su situación. Descorazonado por la enorme cantidad de enredos, hostilizaciones y pequeñas intrigas en que dice haber sido envuelto, le pide nuevamente por su futuro en el Colegio: “Mi posición en esta -dice- va a ser muy azarosa a contar del 1° de diciembre, época en que Terrada mi primo va a tomar el Diario. Mi familia es numerosa y mis cortos recursos pronto se acabarán, así es que contando sobre la amistad de Ud. le vengo a suplicar me preste sus buenos oficios acerca de S.E. para que me dé la cátedra de idioma francés del Colegio que, como le diría a Ud. Cabral, me había sido prometida ha tiempo ya por el Sr. Gobernador”. Al día siguiente agrega: “Este periódico fue creado por mí y empezó su carrera, como bien Ud. se acuerda, el 1° de enero de este año. Era mi hijo, y como tal, lo he querido(...) yo desearía, señor Doctor, conservarle la vida hasta el 31 de diciembre (...)época en que habrá cumplido, justo, un año de vida...”. Pero su pedido no fue escuchado, y el 24 de noviembre “El Porvenir de Entre Ríos” cesó dejando paso a "La Regeneración", cuyo primer número apareció el día 27 de ese mes, por la misma imprenta.
El mal momento de Lassere aún duraría un tiempo. Todavía en enero de 1851 debía escribir desesperado pidiendo elemental ayuda para sobrevivir, diciendo que pierde la esperanza de tener trabajo, que su esposa quiere volver a Montevideo y él no puede evitarlo porque no puede mantenerla, que ha tenido que vender muebles. "¡Me han calumniado sin que yo los hubiera ofendido en nada!".
Pero afortunadamente para don Lasserre, si su historia periodística local quedaba cancelada, las puertas del Colegio se abrirían para sus clases de francés, y su hijo Augusto se estabilizaría en una excelente carrera militar como marino, primero de la Confederación y luego de la Nación Argentina, perspectiva que -hasta su muerte en Montevideo- llenó de orgullo a este sufrido francés que eligió ser rioplatense por adopción.
Lo que ya no habría de separarse desde entonces fue la sólida relación entre el Colegio y los años pioneros del periodismo uruguayense. Desde aquel 1° de enero de 1850, y salvo un interregno en 1853 y 1854 en que Urquiza se ocupó excluyentemente de la consolidación del Gobierno Confederal en Paraná, el periodismo tendría constante impulso en estrecha relación con el Colegio, primero a través de El Porvenir, luego de La Regeneración, cuyo rol histórico en el proceso que llevó al Pronunciamiento es reconocido por todos los historiadores, y finalmente de El Uruguay, que desde 1855 estabilizó definitivamente la presencia de prensa periódica en la ciudad, y ganó prestigio incluso en el orden nacional, bajo la dirección de su fundador don Benjamín Victorica, yerno del general y político importante en las décadas siguientes. Si en los primeros años destacan las plumas de Lasserre y Du Terrade, Marcos Sastre, Juan Francisco Seguí, Angel Elías o Hilario Ascasubi, en El Uruguay aparecen la pluma brillante de Francisco Bilbao, y los textos excelentes de Peyret y Larroque. Pero más aún que en colaboraciones brillantes o en la presencia del Colegio en las páginas del periódico, la hermandad entre el proyecto educacional y las ansias progresistas de la prensa se notaron en el logro fundamental de una sólida camada surgida de sus Aulas: Onésimo Leguizamón, periodista de renombre nacional con actuación central en La Prensa y La Razón de Buenos Aires, redactó El Uruguay en 1860. Olegario V. Andrade no ejerció allí el periodismo pero sí lo hizo intensamente en otras ciudades entrerrianas y santafesinas, así como en Buenos Aires, junto a su labor como poeta y político. Con intensidad y suerte dispar también ejercieron la pluma otros hombres del Colegio, como Julio A. Roca, quien tanto hiciera valer su pertenencia al Colegio y su amistad con ex alumnos durante las negociaciones de pacificación de Entre Ríos siendo Ministro bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, y Francisco F. Fernández, periodista, autor teatral y también político federal y más tarde roquista, entre otros; y en la generación inmediata posterior destacan también don Sixto Alvarez (Fray Mocho) y Emilio Onrubia, como ejemplos de innovación estilística y productiva en la industria cultural naciente, con proyectos editoriales y de producción teatral respectivamente. Componen todos ellos un fragmento fundamental de nuestra historia cultural nacional, que merece ser resguardado definitivamente del olvido.
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