Dimensiones postmodernas de ulises de james joyce




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2.- CRISIS DE LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA
Según Pérez Gallego, Ulises representa el espíritu que reinó en Europa en el período de entreguerras: la teoría de la relatividad, la física cuántica, el desplome de los sistemas cósmicos del sistema newtoniano, que dan paso a un universo de la relatividad. Esta crisis dio comienzo a un gran cambio de época y entre las ruinas que se desplomaban, apareció un escritor irlandés afanado por empujar lo que se está cayendo. Joyce, al igual que Nietzsche, será un nihilista y lo que cuente en esta obra, una arbitrariedad. El lenguaje es el único capaz de desmentir este nihilismo, de ahí que el renacimiento de la novela, una vez que Joyce la destruya, viene dada a partir de él. Éste se perfila como la única patria posible para el escritor marginado o segregado de la sociedad contemporánea. De esta manera se explica que la obra esté tratada de forma "cubista", según afirma Milagros Arizmendi. En ella se disuelve la imagen de la realidad en un cuadro ilimitadamente complejo.
El mundo que se nos ofrece en esta obra, tan complicada de leer, es un mundo paralelo al real, porque nos sentimos inseguros y perdidos en él y en ella. El mundo ficticio, por tanto, suplanta al real. Se trata, no obstante, de una experiencia vicaria, no originaria, como todas las experiencias estéticas. Y este mundo ficticio es la metáfora del mundo tras la Primera Guerra Mundial, tras la cual, ese mundo claro, preciso, exacto, ordenador y prometedor se vuelve repentinamente incomprensible. Desaparecen los puntos de referencia. En palabras de Ortega y Gasset (1923): "muchas gentes comienzan a sentir la penosa impresión de ver su existencia invadida por el caos". 1919 marca el comienzo de la crisis: "Crisis significa juicio, y se juzga algo cuando empieza a funcionar mal. El año 1919 es la fecha del comienzo de la crisis cultural, de juicio a un mundo que se ha tornado incomprensible. Era general la conciencia en el dominio del hombre, mediante la razón, la ciencia y la técnica. Y cuando parecía que todo esto estaba en sus manos, sobrevino la más terrible catástrofe conocida hasta el momento." (Montero, M., en Paredes, A. 1994: 638).
En el siglo XX, el desarrollo de la ciencia muestra que la realidad es inaprehensible, cambiante y que es imposible un conocimiento abarcador de la totalidad. Hay, en su lugar, una variación de perspectivas, ejemplo de lo cual lo encontramos claramente reflejado en el capítulo XV del libro. En él nos encontramos con la realidad proteica. Es el capítulo de Circe, según el esquema Linatti. Al no haber un concepto unívoco de la realidad, la variación de perspectivas se convierte en protagonista. Estilísticamente responde a una variedad de estilos. Leopold Bloom llega al burdel de la Bella Cohen-Circe y es nombrado "emperador-presidente" y "rey-primer ministro". Veámoslo en el propio texto:


"EL OBISPO DE DOWN Y CONNOR: Aquí os presento a vuestro legítimo emperador-presidente y rey-primer-ministro, el sernísimo y poderosísimo y potentísimo señor de este reino. ¡Dios salve a Lopoldo Primero!


TODOS: ¡Dios salve a Leopoldo Primero!


BLOOM: (Con dalmática y manto púrpura, al obispo de Down y Connor, con dignidad) Gracias, algo eminente señor.
WILLIAM, ARZOBISPO DE ARMAGH: (Con estola morada y sombrero de teja) ¿Hará vuestro poder que la ley y la misericordia se lleven a cabo en vuestras decisiones en Irlanda y territorios a ella pertenecientes?
BLOOM: (Poniéndose la mano derecha en los testículos, jura) Así haga conmigo el Creador. Todo eso prometo hacer" (JOYCE, 1995:488)


A continuación asistimos a cómo Leopold es acusado de diversos delitos y juzgado en un tribunal montado para el caso en medio del burdel:


"EL HOMBRE DEL MACINTOSH: No crean ni una palabra de lo que diga. Ese hombre el Leopold M´Intohs, el famoso incendiario. Su verdadero nombre es Higgins.
[...]
JIMMI HENRY: Queda inaugurado ahora el Tribunal de Conciencia. Su muy católica majestad administrará ahora justicia al aire libre. Asesoría médica y legal gratuita, solución jeroglíficos y otros problemas. Todos cordialmente invitados. Dado en esta nuestra leal ciudad de Dublín en el año I de la Era Paradisíaca".(JOYCE, 1995: 490-491).
Como vemos la realidad lógica se disipa. Da paso a una secuencia de carácter más bien onírico en el que una persona loada por todos es repentinamente juzgada por todo tipo de faltas. La razón es la pérdida de criterio para definir lo real y lo que no lo es, lo justo y lo que no lo es.
Esta pérdida de seguridad del conocimiento marca la experiencia del hombre contemporáneo, que deja de ser héroe, como ya hemos visto, desde el momento en que renuncia a una explicación sistemática de la realidad.
Juan Pablo Fusi dice al respecto: "toda la vida cultural del período de entreguerras estuvo de alguna manera marcada ante todo por la conciencia de la crisis de la civilización europea y occidental que provocó la Primera Guerra Mundial". Como consecuencia, las artes plásticas prescinden de ese mundo y construyen mundos nuevos.
Dédalus, por ejemplo, desmitificado en esta novela, introduce una crítica al desarrollo de la civilización que crea problemas internos a los personajes. Al igual que la propia novela es un laberinto, en el que los lectores se pierden, asimismo es el mundo, macrocosmos simbolizado por este microcosmos joyceano.
Si en La Odisea homérica los lectores se sitúan fuera del tiempo y del espacio, son semidioses, en el Ulises joyceano, estamos dentro, por lo que también la inseguridad y la sensación de pérdida la sufrimos nosotros, los lectores.
No debemos olvidar, por otro lado, la importancia de la religión. Joyce había vivido inmerso intelectualmente en un ámbito de teología clásica, de ritual religioso. Esa formación teológica le servirá como principio de estructuración de sus obras. Los mitos centrales del cristianismo y el orden mental del tomismo (metamorfoseado ahora en teoría estética -integritas, consonantia, claritas) fueron el paradigma. Con ellos garantiza la universalidad de la obra, pues recogen buena parte de la cultura occidental.


Irlanda, siempre pobre, estaba sufriendo todavía la negra coyuntura que la había hecho bajar desde los ocho millones y medio de habitantes de mediados del siglo XIX, a los tres, a principios del XX. La patata sufrió plagas que contribuyeron a hacer de Irlanda una fuente de emigrantes escapados a Norteamérica en los llamados "barcos ataúd". Leopold Bloom lleva siempre en el bolsillo, a modo de talismán, una pequeña patata seca.
Dublín es un mundo real, concreto, que se convierte en un microcosmos simbólico donde tiene lugar la aventura -paródica- de Bloom.
Joyce sentía una profunda decepción con los hombres de su país que le hacían tener una concepción muy pesimista de Irlanda. Ya en obras anteriores había plasmado Joyce esta idea de su país. Así en el Retrato de una artista adolescente plantea una concepción del artista como testigo de la verdad, comprometido a denunciar la degradación de una sociedad con un distanciamiento que refleja en un lenguaje neutro. El centro de la amarga crítica es su ciudad, Dublín. También en Dublineses se plasma una condena inexorable de la ciudad y de sus habitantes. No será extraño, por tanto, que Buck Mulligan exalte en un momento de la novela la necesidad de "helenizar Irlanda". Por poner otro ejemplo, en Los muertos, la historia de Gabriel Conroy, se constata la inutilidad de la vida y la parálisis que padece la sociedad.
En el capítulo VII del Ulises, capítulo que acontece en la redacción de un periódico asistimos a un retrato, no muy alagador, de la realidad dublinesa:
"Querida sucia Dublín
Dublineses.
-Dos vestales de Dublín -dijo Stephen-, maduras y piadosas, llevan viviendo cincuenta y cincuenta y tres años en el callejón de Fumbally. [...]
Húmeda noche con hedor a masa que da hambre. Contra la pared. Cara refulgiendo sebo bajo el chal de lana. Corazones frenéticos. Vestigios acásicos. ¡Más pronto, guapo!. [...]
-Quieren ver la vista de Dublín desde lo alto de la columna de Nelson. Ahorran tres chelines y diez peniques en una hucha un buzón rojo de lata. Sacudiéndolo, sacan fuera las tres piezas de chelín y consiguen extraer los peniques con la hoja de un cuchillo. Dos con tres en plata y uno con siete en cobres. Se ponen los sombreros y sus mejores vestidos, y llevan los paraguas por temor a que empiece a llover." (Joyce, 1995, 158-159).
También en el capítulo X un pulular de personajes menores se acercan al cortejo del gobernador y del Lord, símbolos del dominio inglés:
"En el puente del Royal Canal, desde su cartel, el señor Eugene Stratton, con sus abultados labios en sonrisa, daba la bienvenida a todos los que llegaban al barrio de Pembroke. En la esquina de Haddington Road dos mujeres sucias de arena se detuvieron, con un paraguas y una bolsa en que rodaban once conchas de berberecho, para observar maravilladas a Lord Alcalde y con su Lady Alcaldesa y sin su cadena de oro. "(Joyce, 1995:273).
La imagen de una vuelta al hogar deseado es como el término de una obra que busca unas raíces, que añora una identidad que se ha perdido en las brumas del tiempo (y de Dublín) y es preciso rescatar. La llegada a Itaca acontece en el capítulo XVII, ya que el último corresponde al famosos monólogo de Molly. En aquel capítulo Stephen y Bloom terminan su deambular por las calles dublinesas. El estilo de este capítulo es dialógico, si bien no transcurre la conversación entre ambos, sino entre el autor, ahora sí omnisciente, y la narración de lo que les acontece. La impresión que nos produce leer este capítulo es la de un examen de conciencia, no obstante, también podría parecer simplemente una entrevista que no evita entrar en los detalles más nimios del final de la odisea.
Terminado el itinerario, presenciamos un halo de esperanza en este capítulo, si bien, será frustrado a continuación cuando descubramos la infidelidad de Penélope-Molly en su magnífico monólogo interior. Se truncará así la heroicidad de Bloom aun incluso en su propio hogar.


3.- CONCLUSIONES
La novela que acabamos de analizar constituye un ejemplo paradigmático de la crisis de sentido que aqueja a la sociedad actual. Dicha crisis, que comienza con la puesta en duda de algunas de las afirmaciones científicas incuestionables hasta entonces, afecta, no sólo al ámbito epistemológico, sino también, inevitablemente, al psicológico. El hecho más representativo de dicho fenómeno es la relatividad de los valores. Si ya Nietzsche se había encargado de poner en duda la moral católica, abriendo así el camino a otras posibilidades de planteamientos, Joyce se encarga de reafirmarlo: invierte los términos, tanto en el plano moral o religioso (recordemos la blasfemia eucarística con la que comienza la novela), como en el mitológico, el más evidente. En un mundo que se ha vuelto de al revés, donde los mecanismos legitimadores y controladores han desaparecido, la integridad de una persona se convierte en la excepción que confirma la regla. Leopold Bloom es entonces el héroe, por mantenerse honesto y honrado en un mundo donde dichos adjetivos brillan por su ausencia.
Bloom es un héroe porque su vida es anodina y sin embargo, mantiene la esperanza. Porque nadie va a reconocer su racionalidad y sentido común. Porque en este siglo, una odisea es sinónimo de banalidad, es poder sobrevivir con una vida que no ofrece esperanzas, cambios, ilusiones. Una vida totalmente aburrida, desolada, anodina y anónima. Bloom es, como se dice en la novela de Stephen, un siervo de siervos.
El campo de batalla donde va a luchar nuestro héroe será, por otra parte, el de la mente. El descubrimiento freudiano del inconsciente da paso en la literatura a un mundo de realidades incontrolables, pero fascinantes. Los deseo eróticos, violentos, escondidos, salen a la luz y se convierten en instrumentos con y contra los que los personajes contemporáneos han de luchar. Los impulsos inconscientes nos acercan a la verdad de los protagonistas. Nos informan mejor de su personalidad, de sus deseos y frustraciones. Bloom ha de luchar también contra dichas trabas, por lo que su heroicidad aumenta si tenemos en cuenta que, frente a los dioses adversos de los héroes mitológicos, él se enfrenta a un hecho imposible de controlar y que puede defraudarlo continuamente: el inconsciente.
Completamente relacionado con este aspecto debemos hablar de los elementos formales del argumento. Frente a la linealidad de la odisea homérica, el Bloomsday transcurre de forma caótica. Los lectores, al igual que los personajes, nos perdemos en el laberinto argumental de la novela. Comprendemos así la dificultad del vivir de Bloom, semejante al de cualquiera de nosotros en la sociedad contemporánea occidental. Ese mundo laberíntico que parece haber sido construido por el mismísimo Dédalo-Joyce, lo es en buena parte por la introducción constante de elementos de la cultura y la tradición occidentales. Joyce se inscribe así en una corriente literaria que parte del supuesto de que somos lo que somos gracias a la tradición que tenemos detrás. Ella nos condiciona en todos los ámbitos de nuestra vida. De ahí la dificultad de lectura de esta novela, donde las citas en latín, griego, la aparición de personajes, hechos de la historia occidental, etc., son constantes. Es un héroe también aquel que es capaz de enfrentarse a la lectura de Ulises sin perderse y renunciar a tan magna empresa.
En resumen, lo que Joyce ha conseguido en esta importante obra, es condensar nuestra tradición haciendo una relectura de sus elementos y utilizando como protagonista al lenguaje, única realidad que no ha caído aún en el universo de la relatividad y el caos. El mundo occidental, nuestra tradición, está condensado en la historia de un día cualquiera de una persona cualquiera. Las consecuencias de una reflexión como ésta son alarmantes.
Como afirma Curtius, "la obra de Joyce emana de la rebelión y conduce a la destrucción del mundo. Ulises desenmascara, expone, demuele y degrada la humanidad con una agudeza y una contundencia que no tiene equivalente en el pensamiento moderno".
La heroicidad de Bloom es la parte positiva de esta pesimista novela. La integridad y honestidad de un personaje anónimo en un mundo donde los valores desaparecen o se cuestionan, donde personajes racistas atentan contra él, donde su mujer le es infiel, constituye la parte ética del capítulo y lanza la reflexión, repetida en autores posteriores a Joyce, de la ética y la heroicidad dentro de la postmodernidad. De ahí que terminemos recogiendo las palabras del profesor Adrian Huici que, en un análisis a la película "El día de la bestia", reconocía la existencia de los héroes anónimos que salvan el mundo, dentro de la sociedad actual: "...el mundo es salvado a diario por innumerables héroes anónimos que optan por la ética y la justicia. Salvación que se produce no a través de grandes gestos sino por pequeños actos cotidianos que es donde verdaderamente se demuestra la bondad y solidaridad. " (Huici, 1998:261).
Al igual que él hacía, concluiremos con un poema de Jorge Luis Borges, llamado "Los justos", con el que espero consiga hacer reflexionar a quien lo lea sobre este último tema comentado:


Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
El que acaricia un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas que se ignoran están salvando el mundo.
4.- BIBLIOGRAFÍA


-ALMAGRO JIMÉNEZ, M.: (1985): James Joyce y la épica moderna. Introducción a la lectura de Ulises. Publicaciones de la Universidad de Sevilla, Salamanca.
-BERGER, P. Y LUCKMANN T. (1997): Modernidad, pluralismo y crisis de sentido. Las orientaciones del hombre moderno. Paidós, Barcelona.
-BROCH, H. (1974): Poesía e investigación. Berral Etiores, Barcelona.
-CURTIUS, E.R. (1989): Ensayos críticos acerca de la literatura europea. Visor Distribuciones, Madrid.
-CHOZA, J. Y CHOZA, P. (1996): Ulises, un arquetipo de la existencia humana, Ariel, Barcelona.
-GIDDENS, A. (1995): Sociología. Alianza Universidad, Madrid.
-JOYCE, J. (1995): Ulises. Clásicos del Siglo XX, RBA Editores. Volumen I y II. Barcelona.
-LUHMANN, N. (1997): Observaciones de la Modernidad. Racionalidad y contingencia en la sociedad moderna. Paidós Studio, Barcelona.
-MONTERO, M. (1994): "La cultura en el siglo XX", en PAREDES, A (coord.): Historia universal contemporánea, CEES, Madrid.
-NABOKOV, V. (1997): Curso de literatura europea, Ediciones B, Barcelona.
-PÉREZ GALLEGO, C. (1982): "Ulises: Joyce y la agresión textual", en Ínsula, Madrid.
-PÉREZ GALLEGO, C. (1982): Joyce a la búsqueda del lenguaje perdido" en Revista de Occidente, Madrid.
-RIQUER, M Y VALVERDE, J.M. (1978): "James Joyce: el lenguaje al desnudo", en Historia de la Literatura Universal. Barcelona.
-VV.AA. (1998): Cien años de cine: la fábrica y los sueños. Facultad de Ciencias de la Información, Sevilla.
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