Historia de la filosofía española




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TEMA 12


Génesis del "pensamiento reaccionario". Los orígenes del fascismo español. la cultura en la España nacionalista(1936-1939). La cultura en la España republicana (1935-1939).
 

GÉNESIS DEL «PENSAMIENTO REACCIONARIO»

LOS ORÍGENES DEL FASCISMO ESPAÑOL

INTRODUCCIÓN

La degeneración de la Monarquía liberal

«Parece pues que ha llegado el momento para que la vida pública española tome un aspecto más decoroso, y lo que es realidad oculta pase a ser realidad proclamada. Ha llegado el momento de que avancen al Gobierno los militares, y ya que tienen el ejercicio del Poder, tengan de él la responsabilidad [...] Todo hombre democrático, es decir, todo hombre que respeta la idea del derecho, debe preferir ver suspendida la legalidad a verla burlada y escarnecida. He aquí por qué nosotros pedimos la constitución de un gobierno militar. Si creyéramos que existían en la política civil fuerzas suficientes para restaurar la ley, a ellas acudiríamos. Conste pues que no se nos da a elegir entre un gobierno militar y un gobierno civil. La realidad es que los ciudadanos tienen que optar entre un gobierno responsable de militares o un gobierno irresponsable de los mismos.

Que gobiernen los que no dejan gobernar; decíamos ayer, repitiendo la fórmula de Maura. Acaso fuera más exacta expresarnos así: Que gobiernen con responsabilidad los que gobiernan sin ella. Después de todo ¿quién sabe? ¿Quién sabe si, a la postre, los militares, poco preparados para construir un cosmos nacional, lograrán, en cambio, destruir el tinglado de la ficción nacional, bajo el que nos ahogamos? [...] Antes de que llegasen las horas floridas de la Grecia clásica fue preciso, según la leyenda, destruir los monstruos y limpiar los establos de Augias. Este duro menester no era faena para Platón; tuvo que cumplirlo Hércules» (cfr., José ORTEGA Y GASSET, El Sol, 20-Febrero-1920).

 Instauración de la Dictadura del general Don Miguel Primo de Rivera (14-

Septiembre-1923)

«Si el movimiento militar ha querido identificarse con la opinión pública y ser plenamente popular, justo es decir que lo ha conseguido por entero [...] Calcúlese la gratitud que la gran masa nacional sentiría hacia esos magnánimos generales que generosamente, desinteresadamente, han realizado la aspiración semisecular de veinte millones de españoles, sin que a éstos les cueste esfuerzo alguno» (cfr., José ORTEGA Y GASSET, El Sol, 27- Noviembre-1923).

 Balance histórico de la Dictadura de Primo de Rivera

«La hazaña de Marruecos, en circunstancias de gravedad extrema, acreció su prestigio, pero, [...] si bien estuvo a punto de dar por terminada con oportunidad la Dictadura, la conciencia de tal prestigio le decidió a continuar la obra emprendida, y quiso hacerlo todo: Hacienda, Obras Públicas, reformas militares en el Ejército y la Armada, modificación de Códigos, planes de enseñanza [...] todo, todo, pero con error en la medida, como no la supo apreciar tampoco en la duración de la Dictadura. Llevaba dentro un gran motor que le impulsaba y tendía a ensanchar el campo de su actividad. Tuvo grandes aciertos; inspiró ilimitada confianza; el dinero acudía a las emisiones de valores [...] Pero al mismo tiempo tenía alejados y perseguidos a los hombres políticos de la Monarquía, y luchaba en vano por atraerse definitivamente a socialistas y republicanos.

Mantenía excelentes relaciones con la Iglesia, pero no acertó a satisfacer legítimas necesidades del Clero modesto. Perdonó con facilidad, pero empleó el sistema de las multas, que irritaban, y de los ataques de palabra a personas que habían prestado estimables servicios a su país. [...] Este error en la medida le empujó y le hizo caer, sin el amor de muchos que se lo debían, porque había hecho gran bien a su país, porque había arriesgado mucho en servicio de España y de la Monarquía; porque, en fin, a través de los errores en que incurrió, brillaba el oro de ley de su patriotismo y de sus sacrificios»

(cfr., Juan DE LA CIERVA Y PEÑAFIEL, Notas de mi vida. Madrid: Editorial Reus, 1955, pp. 307-310).

 «El error Berenguer»

Para Ortega, el error consiste en que a la monstruosidad antijurídica de la dictadura, «responde el régimen con el Gobierno Berenguer, cuya política significa: Volvamos tranquilamente a la normalidad por los medios más normales; hagamos como si aquí no hubiera pasado nada radicalmente nuevo, sustancialmente anormal. [...] Este es el error Berenguer de que la Historia hablará. Y como es irremediablemente un error, somos nosotros, y no el régimen mismo; nosotros, gente de la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestros conciudadanos: ¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo! Delenda est Monarchia» (cfr., José ORTEGA Y GASSET, El Sol, 15- Noviembre-1930).

 II República (14-Abril-1931) y abdicación del Rey (17-Abril-1931)

«AL PAÍS

Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo. Mi conciencia me dice que ese desvío no será definitivo, porque procuré siempre servir a España, puesto el único afán en el interés público hasta en las más críticas coyunturas. Un Rey puede equivocarse, y sin duda erré yo alguna vez; pero sé bien que nuestra Patria se mostró en todo momento generosa ante las culpas sin malicia. Soy el rey de todos los españoles, y también un español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil. No renuncio a ninguno de mis derechos, porque más que míos son depósito acumulado por la Historia, de cuya custodia ha de pedirme cuenta rigurosa.

Espero a conocer la auténtica y adecuada expresión de la conciencia colectiva, y mientras habla la nación suspendo deliberadamente el ejercicio del Poder Real y me aparto de España, reconociéndola así como única señora de sus destinos. También ahora creo cumplir el deber que me dicta mi amor a la Patria. Pido a Dios que tan hondo como yo, lo sientan y lo cumplan los demás españoles.

 Alfonso XIII

Nota del Gobierno acerca del mensaje El ministro de Hacienda facilitó a última hora de ayer tarde la siguiente nota: «El Gobierno no quiere poner trabas a la divulgación, por parte de la Prensa, del manifiesto que firma D. Alfonso de Borbón, aun cuando las circunstancias excepcionales inherentes al nacimiento de todo régimen político podría justificar que en estos instantes se prohibiera esa difusión. Mas como el Gobierno provisional de la República, segurísimo de la adhesión fervorosa del país, está libre de todo temor de reacciones monárquicas, no prohíbe que se publique ni cree necesario que su inserción vaya acompañada de acotaciones que lo refuten de momento. Prefiere y basta que el país lo juzgue libremente, sin ninguna clase de sugestiones ministeriales. »

(cfr., ABC, Madrid, 17 de Abril de 1931)

Derrotismo monárquico

«Poco antes de la medianoche supe la amarga verdad. El 70 por 100 de mis súbditos habían votado la candidatura republicana íntegra. No puedo decir que fui yo el español más sorprendido de ello. Mi asombro fue insignificante comparado con el de los mismos líderes republicanos. El conde de Romanones, ministro de Estado, había pasado la noche atormentado por un extraño sueño; le pareció que se veía transportado a la Rusia de 1917 y que presenciaba el trágico final del Zar Nicolás II y su familia. Me suplicó que abandonase en el acto España. Predijo la posibilidad de una terrible explosión de las ansias revolucionarias triunfantes. Dudaba de la lealtad del Ejército. Amo la vida tanto como el que más, pero en mi calidad de Rey me era forzoso pensar en mi país por encima de todo. Me daba cuenta de los peligros inevitables que suponen siempre los cambios de régimen, y deseaba realizar un esfuerzo para salvar a España de la catástrofe» (cfr., Declaraciones del Rey Alfonso XIII, La Nación, Buenos Aires, 1-Mayo-1932).

 

«El 14 de abril -hay que reconocerlo-, en verdad, no fue derribada la Monarquía española. La Monarquía española había sido el instrumento histórico de ejecución de uno de los más grandes sentidos universales. Había fundado y sostenido un imperio, y lo había fundado y sostenido, cabalmente, por lo que constituía su fundamental virtud; por representar la unidad de mando. Sin la unidad de mando no se va a parte alguna. Pero la Monarquía dejó de ser unidad de mando desde hacía bastante tiempo; en Felipe III, el rey ya no mandaba; el rey seguía siendo el signo aparente, pero el ejercicio del poder decayó en manos de validos, de ministros; de Lerma, de Olivares, de Aranda, de Godoy. Cuando llega Carlos IV la monarquía no es ya más que un simulacro sin sustancia. La Monarquía, que empezó en los campamentos, se ha recluido en las Cortes; el pueblo español es implacablemente realista; el pueblo español, que exige a sus santos patronos que le traigan la lluvia cuando hace falta, y si no se la traen los vuelve de espaldas en el altar; el pueblo español, repito, no entendía este simulacro de la Monarquía sin poder. Por eso el 14 de abril de 1931 aquel simulacro cayó de su sitio sin que entrase en lucha siquiera un piquete de alabarderos. [...] Nosotros entendemos sin sombra de irreverencia, sin sombra de rencor, sin sombra de antipatía, muchos incluso con mil motivos sentimentales de afecto; nosotros entendemos que la Monarquía española cumplió su ciclo, se quedó sin substancia y se desprendió, como cáscara muerta, el 14 de abril de 1931. Nosotros hacemos constar su caída con toda la emoción que merece y tenemos sumo respeto para los partidos monárquicos que, creyéndola aún con capacidad de futuro, lanzan a las gentes a su reconquista; pero nosotros, aunque nos pese, aunque se alcen dentro de algunos reservas sentimentales o nostalgias respetables, no podemos lanzar el ímpetu fresco de la juventud que nos sigue para el recobro de una institución que reputamos gloriosamente fenecida» (cfr., José Antonio PRIMO DE RIVERA, Obras Completas. Madrid: Publicaciones de la Sección Femenina del Movimiento, 1970, 5ª, pp. 558.567). 10

GÉNESIS DEL «PENSAMIENTO REACCIONARIO»

«La Gaceta Literaria» (1927-1930)

«La Gaceta responde muy poco al modelo de revista-manifiesto ni es una publicación de creación y crítica [...] su confesado modelo es el semanario España, de 1915; su filiación espiritual aquella gradación que su director [Ernesto Giménez Caballero] formulaba como trayectoria de «hijos» y «nietos» del 98, y su objetivo explícito «acercar eficazmente autores, editores y lectores». Es decir, popularizar y nacionalizar la obra de vanguardia y contribuir, desde la libertad creativa, a la modernización de un país que no se adecuaba ya a los trenos noventayochescos. [...] La peculiaridad de La Gaceta Literaria estribó, pues, en su amplio concepto de lo actual, y aunque su apoyo a las formas vanguardistas fue dominante y decisivo [...] también se ocupó de la muerte de Blasco Ibañez, de la lectura obrera [...] de Unamuno y de los noventayochistas, de la vida universitaria, etc. A través de entrevistas, caricaturas, encuestas y aun inocentes comadreos sobre la vida privada, se intentó acercar una amplia gama de escritores a sus lectores potenciales [...] Giménez pudo jactarse años después de haber alumbrado en ella las primeras promociones de escritores fascistas y comunistas. Que el autor de la frase anduviera entre los primeros -y a título de indiscutible precursor- se hizo pronto evidente y comprometió la precaria unidad redaccional [...] Giménez Caballero suministró [...] un cierto barniz de vanguardismo agresivo y las elementales noticias de los modelos europeos del pensamiento fascista. En tal sentido, no cabe regatear al fundador de La Gaceta Literaria el triste honor de haber sido precursor y patrón del totalitarismo español, con mucho mayor motivo que otras formas miméticas y aún no bien conocidas» (cfr., José Carlos MAINER BAQUÉ, «Cultura, 1923-1939», en Manuel TUÑÓN DE LARA (Dirigida por), Historia de España. 9., Lacrisis del Estado: Dictadura, República, Guerra (1923-1939). Barcelona: Editorial Labor, S. A., 1988, 7ª reimpresión de la 1ª edición, pp. 593-594.613-614).

 

«Acción Española» (1931-1937)

«Acción Española fue -desde su fundación por el conde de Santibañez del Río y por Ramiro de Maeztu, su director- un cajón de sastre de todas las tendencias reacciona1rias que podían caber bajo un nombre directamente traducido del que bautizó al grupo francés de Charle Maurras, León Daudet, Pierre Gaxotte, etc. En sus páginas encontramos figuras menores de fascismos extranjeros -americanos como Pablo Antonio Cuadra, vocero nicaragüense de la «Hispanidad»; «integralistas» portugueses como Pequito Rebelo, que diserta sobre el fracaso de la reformas agrarias; fascistas italianos como Pietro Giovannini, que presenta a los lectores españoles la «Carta del Lavoro» mussoliniana; tories ingleses como Sir Charles Petrie; monárquicos franceses como Gaxotte y Jules Lemaïtre-, pero, sobre todo, una amplia gama de nombres españoles: la mayoría podrían definirse monárquicos integristas, vinculados a la redacción de El Debate (José Luis Vázquez Dodero, Carlos Fernández Cuenca, Nicolás González Ruíz...), mezclados con viejos mosqueteros primorriveristas (José María Pemán, Eduardo Aunós, Luis Araujo Costa, Zacarías de Vizcarra, José Yanguas Messía...) Y aun con carlistas (Victor Pradera, el conde de Rodezno...) Y conspiradores monárquicos (los militares Jorge Vigón y Juan Antonio Ansaldo, el ingeniero Juan de la Cierva, el periodista Eugenio Vegas Latapié). Un pequeño grupo de catedráticos católicos (Pedro Sainz Rodríguez, F. Enríquez de Salamanca, el marqués de Lozoya) testimonió la existencia de este grupo de presión, más adelante implicado en la persecución a sangre y fuego de su enemiga natural, la Institución Libre de Enseñanza. Por último, la delgada frontera que separa el fascismo y su seudorrevolucionarios viene atestiguada por la presencia de Ernesto Giménez Caballero, Rafael Sánchez Mazas, Eugenio Montes y Emiliano Aguado» (cfr., José Carlos MAINER BAQUÉ, «Cultura, 1923-1939», en Manuel TUÑÓN DE LARA (Dirigida por), Historia de España. 9., La crisis del Estado: Dictadura, República, Guerra (1923-1939). Barcelona: Editorial Labor, S. A., 1988, 7ª reimpresión de la 1ª edición, pp. 612-613).

Fin de «Acción Española»

Nos hallamos ante una vocación de contrarreforma -«tradicionalista»-que supone la revisión sistemática del pasado inmediato español, realizada con tonos vindicativos y muy alejados del populismo que existen en otras publicaciones de este tiempo: «ESPAÑA es una encina medio sofocada por la yedra. La yedra es tan frondosa, y se ve la encina tan arrugada y encogida, que a ratos parece que el ser de España está en la trepadora, y no en el árbol. Pero la yedra no se puede sostener sobre sí misma.

Desde que España dejó de creer en sí y en su misión histórica, no ha dado al mundo de las ideas generales más pensamientos valederos que los que han tendido a recuperar su propio ser. Ni su Salmerón, ni su Pi y Margall, ni su Giner, ni su Pablo Iglesias, han aportado a la filosofía política del mundo un solo pensamiento nuevo que el mundo estime válido. La tradición española puede mostrar modestamente, pero como valores positivos y universales, un Balmes, un Donoso, un Menéndez Pelayo, un González Arintero.

No hay un liberal español que haya enriquecido la literatura del liberalismo con una idea cuyo valor reconozcan los liberales extranjeros, ni un socialista la del socialismo, ni un anarquista la del anarquismo, ni un revolucionario la de la revolución [...] Ello es porque en otros países han surgido el liberalismo y la revolución, o para remedio de sus faltas, o para castigo de sus pecados. En España era innecesario » (cfr., «Acción Española», 1, 15 Diciembre 1931).

«(...) Para nosotros se hacía evidente en la razón y en el conocimiento, que la democracia y el sufragio universal eran formas embrionarias del comunismo y el anarquismo, pregonábamos que había que combatirlas por todos los medios, «hasta los legales», añadíamos con palabras ajenas, para dar a entender en la medida en que las mallas de censura dejaban pasar la intención, que si nos apresurábamos a poner en práctica los medios de una legalidad –formal pero ilegítima- nos consentía, solo era con la mira puesta en que ellos allanasen el camino a los que un día hubieran de marchar de cara al honor y a la gloria, echándose a la espalda escrúpulos legalistas. Teníamos que combatir, por lo tanto, la errónea idea, propagada a veces por gentes significadas en determinados medios católicos, de la ilicitud de la insurrección y del empleo de la fuerza» (cfr., «Acción Española», 89, 1 Marzo 1937).

 Referencias ideológicas de «Acción Española»

«Las referencias ideológicas utilizadas eran, por lo demás, muy simples: la defensa de la propiedad privada (que tomó tintes dominantemente rurales por la presión de la gran burguesía agrarista, aún hegemónica), la causa de la unidad nacional (agraviada por las nacientes nacionalidades estatutarias) y el mantenimiento del catolicismo como religión de Estado» (cfr., José Carlos MAINER BAQUÉ, «Cultura, 1923-1939», en Manuel TUÑÓN DE LARA (Dirigida por), Historia de España. 9., La crisis del Estado: Dictadura, República, Guerra (1923-1939). Barcelona: Editorial Labor, S. A., 1988, 7ª reimpresión de la 1ª edición, p. 611).

«La Conquista del Estado» (1931)

«La primera manifestación explícita de fascismo lo constituyó -un mes antes de la proclamación de la República- la aparición del «Semanario de lucha y de información política» La Conquista del Estado, que apenas duró cuatro meses. Su fundador y director, Ramiro Ledesma Ramos, era un desequilibrado que había escrito muy aceptables artículos de divulgación filosófica para la Revista de Occidente y para La Gaceta y al que sus frustraciones profesionales y su desclasamiento le llevaron a un fascismo de perfiles muy duros, más tarde en abierto conflicto con el «desviacionismo»  derechista posterior a 1933. En ese sentido, sus trabajos [...] encarnan la actitud más virulenta (referida, sobre todo, a la intellingentsia universitaria del primer bienio republicano) y el máximo de incorporación de los antecedentes nacionalistas e irracionalistas » (cfr., José Carlos MAINER BAQUÉ, «Cultura, 1923-1939», en Manuel TUÑÓN DE LARA (Dirigida por), Historia de España. 9., La crisis del Estado: Dictadura, República, Guerra (1923-1939). Barcelona: Editorial Labor, S. A., 1988, 7ª reimpresión de la 1ª edición, p. 614).

LOS ORÍGENES DEL «FASCISMO» ESPAÑOL

Las fuerzas políticas de derechas

«La Confederación Española de Derechas Autónomas (C.E.D.A.) constituía la ejemplificación española de los partidos católicos existentes en el extranjero. Sus orígenes debemos remontarlos a las primeras elecciones republicanas, época en que se formó Acción Nacional, fundada por Ángel Herrera Oria, director de El Debate y figura principal de la Acción Católica española. [...] Después de dos congresos (octubre de 1932 y marzo de 1933), quedó configurada la C.E.D.A. como una organización política que servía como mecanismo de defensa del catolicismo y de negación de la etapa jacobina. La C.E.D.A. era un conjunto que agrupaba a personas de muy distinta procedencia: desde colaboradores de la Dictadura hasta demócratas-cristianos, pasando por una variada gama de clericales y conservadores. A todos les unía la defensa del catolicismo, aunque sólo una parte de las tendencias allí agrupadas tenía un verdadero programa político. Se trataba del sector del centro del partido, situable dentro de la tan española tradición del moderantismo. A la izquierda, los demócratas-cristianos representaban aún más claramente un programa, pero éstos eran minoría. [...] Esta diversidad de grupos dentro de la C.E.D.A. explica las dificultades con que se encontraba el sector dirigente del partido. [...] Si, a pesar de todos los problemas, se mantenía la unidad, ello era debido a la personalidad de José María Gil Robles, diputado por Salamanca y catedrático de Derecho Político, que desde la oposición a Azaña se había alzado con la dirección de la derecha española» (cfr., Genoveva GARCÍA QUEIPO DE LLANO, «La Segunda República », en Ricardo MARTÍN (Dir.), Historia de España. 13., Del reinado de Alfonso XII a la Segunda República. Barcelona: Salvat Editores, S. A., 1998, p. 2608).

 Grupúsculos totalitarios de la derecha

José María ALBIÑANA Y SANZ «N. Enguera (Valencia) 1883. M. fusilado en Madrid, zona republicana en 1936. Doctor en Medicina, Derecho y Filosofía y Letras, recibió en 1910 el premio García Nieto por su obra Filosofía Médica y fue nombrado correspondiente de la Academia de Medicina. [...] Al temer el derrumbamiento de la Monarquía fundó un agresivo grupo político de extrema derecha monárquica -el Partido Nacionalista Español-, adicto a la acción directa mediante secciones de choque que se hicieron célebres en múltiples algaradas de los años treinta como Legionarios de Albiñana. Pasa como uno de los primeros núcleos fascistas españoles» (cfr., Ricardo DE LA CIERVA, «España 1930-1976. La Historia se confiesa», N.º 6, 18 de marzo de 1976).

Ernesto GIMÉNEZ CABALLERO «Político, catedrático de Instituto, escritor y diplomático, pero sobre todo profeta. (Madrid, 2-8-1899.) Articulista y ensayista brillante, fue uno de los promotores del vanguardismo literario de los años treinta y fundador de La Gaceta Literaria. [...] A partir de 1930 se muestra partidario del fascismo. Su libro Genio de España aparece en 1932. Es uno de los fundadores de «La Conquista del Estado» y de la organización política J.O.N.S. cuya organización se unificaría más tarde con Falange Española. Junto con Millán Astray fundó los Servicios de Prensa, Propaganda y Radio de la zona nacional en los comienzos de la sublevación» (cfr., Ricardo DE LA CIERVA, «España 1930-1976. La Historia se confiesa», N.º 4, 4 de marzo de 1976). Ramiro LEDESMA RAMOS

«N. Alfaraz (Zamora) 23-V-1905; m. Aravaca (Madrid) 29-X-1936. Estudiante profundo de Filosofía y de Ciencias Físicas y Matemáticas en la Universidad de Madrid; honda vocación y dedicación intelectual en la primera etapa de su vida. Del magisterio de Ortega y Gasset -colaboró en Revista de Occidente y fue un excepcional traductorderivó a posiciones fascistas, y tal vez se le puede considerar como el fundador efectivo del fascismo español a través de la efímera publicación La Conquista del Estado, que nació un mes antes de caer la Monarquía. Antes de acabar ese mismo año fundó las Juntas de Ofensivas Nacional Sindicalista -las JONS-, que entablaron contacto e incorporaron al núcleo fascista vallisoletano -de origen católico- sindicalista- surgido casi a la vez en Valladolid.

Las JONS se fusionaron en 1934 con Falange Española, a la que proporcionaron una pequeña base de militancia popular. Ledesma se apartó crudamente del partido fascista en 1935, y explicó su disidencia en su libro Fascismo en España, muy importante para comprender las relaciones de Falange (y del propio Ledesma) con los medios derechistas, cuya fascistización (frase del propio Ledesma) explica el escaso éxito de masas de los fascistas españoles hasta su desbordamiento de 1936. Fue el inventor de toda la simbología que asumió la Falange y después el nuevo Estado franquista. Encarcelado al producirse el alzamiento de Julio, murió fusilado en el cementerio de Aravaca. Es una figura patética y misteriosa en zonas no bien conocidas de la política española» (cfr., Ricardo DE LA CIERVA, «España 1930-1976. La Historia se confiesa», N.º 9, 8 de abril de 1976). Onésimo REDONDO ORTEGA Nace en Quintanilla de Abajo (Valladolid) (1905) y muere en el frente de Labajos (Segovia) en 1936. En 1931 fundó el semanario Libertad y creó la Junta Castellana de Acción Hispánica, agrupación derechista de corte católico, que inició una campaña -reducida a Valladolidbasada principalmente en la impugnación de la reforma agraria, cierto tono de castellanismo activo y una extraña virulencia antisemita. Poco después se fundió con el grupo de La Conquista del Estado, fundado en Madrid por Ramiro Ledesma Ramos, bajo el título ya mencionado de Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas (JONS). Cuando las JONS se fusionó con la Falange de José Antonio Primo de Rivera, el 12 de febrero de 1934, Onésimo Redondo formó parte del Consejo Nacional y de la Junta Política de la que sería Falange Española y de las JONS.

La Falange Española

El fundador

Todos los grupos anteriores tuvieron escasa importancia, y sería Falange Española la que jugaría un papel decisivo en la España fascista del futuro. Fue fundada en octubre de 1933 por José Antonio PRIMO DE RIVERA: «N. Madrid 24 abril 1903. Muere fusilado en la cárcel de Alicante el 20 de noviembre de 1936, después de escribir uno de los testamentos familiares y políticos más elevados y admirables de la España contemporánea. Vocación jurídica e intelectual, saltó a la política en 1930 para defender la memoria de su padre, el Dictador. Fundó en 1933 Falange Española, versión matizada del fascismo, aunque negó su identidad con los fascismos europeos. Figura noble y patética, supo ganarse el respeto de sus enemigos. Preso por el Frente Popular el 14 de marzo de 1936 sólo fue liberado con la muerte» (sic) (cfr., Ricardo DE LA CIERVA, «España 1930-1976. La Historia se confiesa », N.º 2, 19 de febrero de 1976).

 La doctrina

«El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas. Porque, en el fondo, la derecha es la aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es, en el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertirla se arrastren muchas cosas buenas. Luego, esto se decora en unos y otros con una serie de consideraciones espirituales. Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que esas consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento; pero que nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas. [...] He aquí lo que exige nuestro sentido total de la Patria y del Estado que ha de servirla. Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino.

Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio, nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un Municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si esas son nuestras unidades naturales, si la familia y el Municipio y la corporación es en lo que de veras vivimos, ¿para qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos, que, para unirnos en grupos artificiales, empiezan por desunirnos en nuestras realidades auténticas?

Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre. Porque sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portador de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma que es capaz de condenarse y de salvarse. Sólo cuando al hombre se le considera así, se puede decir que se respeta de veras su libertad, y más todavía si esa libertad se conjuga, como nosotros pretendemos, en un sistema de autoridad, de jerarquía y de orden.

Queremos que todos se sientan miembros de una comunidad seria y completa; es decir, que las funciones a realizar son muchas: unos, con el trabajo manual; otros, con el trabajo del espíritu; algunos, con un magisterio de costumbres y refinamientos. Pero que en una comunidad tal como la que nosotros apetecemos, sépase desde ahora, no debe haber convidados ni debe haber zánganos.

Queremos que no se canten derechos individuales de los que no pueden cumplirse nunca en casa de los famélicos, sino que se dé a todo hombre, a todo miembro de la comunidad política, por el hecho de serlo, la manera de ganarse con su trabajo una vida humana, justa y digna.

Queremos que el espíritu religioso, clave de los mejores arcos de nuestra historia, sea respetado y amparado como merece, sin que por eso el Estado se inmiscuya en funciones que no le son propias ni comparta -como lo hacía, tal vez por otros intereses que los de la verdadera Religión- funciones que sí le corresponde realizar por sí mismo.

Queremos que España recobre resueltamente el sentido universal de su cultura y de su historia.

Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque ¿quién ha dicho -al hablar de «todo menos la violencia»- que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la patria.

Esto es lo que pensamos nosotros del Estado futuro que hemos de afanarnos en edificar.» (cfr., José Antonio PRIMO DE RIVERA, «Discurso de la fundación de Falange Española pronunciado en el teatro de la Comedia, de Madrid, el día 29 de octubre de 1933». Editado por la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., Burgos, 1938).

CONCLUSIONES

NO «AGRESIÓN», SINO «DESINTEGRACIÓN» DE LA REPÚBLICA

«La Constitución nació el 9 de diciembre de 1931 y murió el 18 de Julio de 1936. En estos cuatro años y medio vivió España tres fases distintas de vida pública: a la izquierda (9 de diciembre de 1931 a 3 de diciembre de 1933); a la derecha (3 de diciembre de 1933 a 16 de febrero de 1936); y a la izquierda otra vez (16 de febrero de 1936 a 18 de Julio de 1936). Durante el primer período, la izquierda en el poder tuvo que hacer frente a un alzamiento armado de la derecha (agosto de 1932). Durante el segundo período, la derecha en el poder tuvo que hacer frente a un alzamiento armado de la izquierda (octubre de 1934). Durante el tercer período, la izquierda en el poder tuvo que hacer frente a un alzamiento armado de la derecha. La República sucumbió a estas violentas sacudidas. Lo demás es retórica» (cfr., Salvador DE MADARIAGA, España. Ensayo de Historia Contemporánea. Madrid: Editorial Espasa-Calpe, S. A., 1979, 13ª edición, pp. 323-324).

LA CULTURA DE LA ESPAÑA NACIONALISTA (1936-1939)

INTRODUCCIÓN

«En el momento en que estalló la guerra civil española en el año 1936, las letras y las artes de nuestro país estaban en un auténtico apogeo. En esa fecha, las generaciones del 98 y de 1927 seguían ejerciendo su magisterio, la primera, y estando en pleno vigor la segunda. Es muy probable que desde el siglo XVII no existiera una situación tan pujante desde el punto de vista intelectual: por eso se ha podido hablar de una verdadera Edad de Plata de la cultura nacional. La guerra civil tuvo como consecuencia inmediata un desgarramiento profundo de la vida intelectual española. De esta manera se produjo el exilio de un número importante de sus figuras y, además, un importante cambio de rumbo en su temática. [...] De todas maneras, sería una inexactitud afirmar que la totalidad de la cultura española se exilió. Hubo un número importantísimo de intelectuales que permanecieron en una situación ambigua, al  margen del régimen, pero sin ser claramente opositores del mismo.

Hay que tener en cuenta, por último, que hubo un sector intelectual que no dudó en identificarse con el régimen de Franco aunque con el transcurso del tiempo se independizara de él e, incluso, se convirtiera en opositor. No se puede hablar, por tanto, de la existencia de un páramo cultural en España durante el régimen franquista. Lo que en cambio parece evidente es que el régimen, por el mero hecho de su existencia, supuso una ruptura con la tradición intelectual predominante, es decir, el liberalismo. [...] En gran medida la evolución de la cultura, en las manifestaciones literarias y artísticas, ha experimentado en la España tanto exiliada como no exiliada las alternativas que le han impuesto las propias circunstancias de la vida española, de su evolución política y de sus contactos con el exterior» (cfr., Javier TUSELL, «El régimen de Franco », en Ricardo MARTÍN (Dir.), Historia de España. 14., La guerra civil y el régimen del general Franco Barcelona: Salvat Editores, S. A., 1998, pp. 2810-2811).

4. La corte literaria de José Antonio. La primera generación cultural de la Falange

LA CULTURA EN LA ESPAÑA REPUBLICANA (1935-1939)

INTRODUCCIÓN

«En España, durante todo el siglo XIX, al descomponerse la sociedad del antiguo régimen, al perder su fuerza la Iglesia, al perder su prestigio la Corona, al inaugurarse el sistema parlamentario, sólo en vigor para unos cuantos cientos de familias, que eran las familias parlamentarias de la Península de que hablaba Cánovas, faltó el régimen de masa popular, porque instaurada la reforma constitucional todavía gritaba el pueblo: ¡Vivan las cadenas!... Se ha estado haciendo en España durante un siglo y poco más la siguiente política: falto el régimen popular de masas liberales en que sostenerse, siendo obra de una parte de la clase media más o menos ilustrada y en sus orígenes de parte de la nobleza, y teniendo que luchar con la dinastía, con la Iglesia, con los carlistas, con una porción de enemigos, todo el mundo volvía sus ojos al ejército [...]» (cfr., Manuel AZAÑA, Obras Completas. México: F.C.E., 1965, tomo II, p. 935).

«Hay que armar a Don Quijote. Y hay que armarlo bien. Hay que armarlo cueste lo que cueste, para ahora y para después de la guerra. Porque nadie, nadie en el mundo moderno tiene tanto derecho a estar armado como este gran camarada del amor y la justicia [...]. Estos no son lirismos. No son más que una manera apasionada de decir lo que la política anda balbuciendo por los diarios, por las tribunas y por las esquinas; que los principios revolucionarios debemos apoyarlos en las fuerzas y en los valores ancestrales, legítimos e indestructibles de nuestra raza, de nuestra historia y de nuestra personalidad. ¿Por qué hemos de dejarle la historia a los facciosos, si la historia de España, la noble historia de España es nuestra? La revolución no ha empezado ayer. La revolución, nuestra revolución popular, democrática, proletaria, anárquica y comunal, está implícita en el Romancero y más atrás todavía; en nuestras primeras gestas castellanas. Sí, sí; la noble historia de España es nuestra, y la épica también. El Cid y Don Quijote son nuestros » (cfr., León FELIPE, El Sol, 8-Febrero-1937).

CREACIÓN CULTURAL EN LA ESPAÑA REPUBLICANA

«La creación cultural en el campo republicano fue [...] un fascinante episodio que remata con broche de oro la «edad de Plata» y se constituye [...] en uno de los más afortunados y universales momentos de proximidad del arte, la propaganda y la búsqueda de una estética popular. Es cierto que solo en pocas ocasiones se crearon obras maestras y que la supeditación no tanto del arte como de la creatividad propia a unas falsillas previas no muy discutidas y, por otro lado, el acelerado ritmo de producción, no fueron los mejores consejeros artísticos: lo que impresiona en la España republicana es el conjunto de iniciativas y realizaciones, la clara voluntad de acceder a las masas combatientes y de retaguardia, el planteamiento [...] de algunos problemas fundamentales de la comunicación artística » (cfr., José Carlos MAINER BAQUÉ, «Cultura, 1923-1939», en Manuel TUÑÓN DE LARA (Dirigida por), Historia de España. 9., La crisis del Estado: Dictadura, República, Guerra (1923-1939). Barcelona: Editorial Labor, S. A., 1988, 7ª reimpresión de la 1ª edición), p. 618).
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