La prensa y los medios de comunicación han sido, durante largos decenios, en el marco democrático, un recurso de los ciudadanos contra el abuso de los poderes




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fecha de publicación05.01.2016
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Medios y Poder
La prensa y los medios de comunicación han sido, durante largos decenios, en el marco democrático, un recurso de los ciudadanos contra el abuso de los poderes. Mucho más frecuentemente, en los Estados autoritarios y dictatoriales, donde el poder político es el principal responsable de todas las violaciones a los derechos humanos y de todas las censuras contra las libertades de expresión.

Pero también en los países democráticos pueden cometerse abusos graves, aunque las leyes sean votadas democráticamente, los gobiernos surjan del sufragio universal y la justicia - en teoría - sea independiente del ejecutivo.

En este contexto los periodistas y los medios de comunicación, a menudo, han considerado un deber prioritario denunciar dichas violaciones a los derechos. A veces, lo han pagado muy caro: atentados, desapariciones, asesinatos, como aún ocurre en Colombia, Guatemala, Turquía, Pakistán, Filipinas, y en otros lugares. Por esta razón, durante mucho tiempo se ha hablado del cuarto poder.

Ese cuarto poder era, en definitiva, gracias al sentido cívico de los medios de comunicación y al coraje de valientes periodistas, aquel del que disponían los ciudadanos para criticar, rechazar, enfrentar, democráticamente, decisiones ilegales que pudieran ser inicuas, injustas, e incluso criminales contra personas inocentes. Era, como se ha dicho a menudo, la voz de los sin-voz.

Desde hace una quincena de años, a medida que se aceleraba la globalización liberal, este cuarto poder fue vaciándose de sentido, perdiendo poco a poco su función esencial de contrapoder. Esta evidencia se impone al estudiar de cerca el funcionamiento de la globalización, al observar cómo llegó a su auge un nuevo tipo de capitalismo, ya no simplemente industrial sino predominantemente financiero. En suma, un capitalismo de la especulación. En esta etapa de la globalización, asistimos a un brutal enfrentamiento entre el mercado y el Estado, el sector privado y los servicios públicos, el individuo y la sociedad, lo íntimo y lo colectivo, el egoísmo y la solidaridad.

El verdadero poder, en la era de la globalización liberal, es detentado por un conjunto de grupos económicos planetarios y de empresas globales, cuyo peso en los negocios del mundo resulta a veces más importante que el de los gobiernos y los Estados. Ellos son los nuevos amos del mundo que se reúnen cada año en Davos, en el marco del Foro Económico Mundial, e inspiran las políticas de la gran Trinidad globalizadora: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Organización Mundial del Comercio.

Es en este marco geoeconómico donde se ha producido una metamorfosis decisiva en el campo de los medios de comunicación masiva.

Los medios masivos de comunicación (emisoras de radio, prensa escrita, canales de televisión, Internet) tienden cada vez más a agruparse en el seno de inmensas estructuras para conformar grupos mediáticos con vocación mundial. Empresas gigantes como News Corps, Viacom, AOL Time Warner, General Electric, Microsoft, Bertelsmann, United Global Com, Disney, Telefónica, RTL Group, France Telecom, etc., tienen ahora nuevas posibilidades de expansión debido a los cambios tecnológicos.

Desde entonces, las empresas mediáticas conforman grupos para reunir en su seno a todos los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio, televisión), pero además a todas las actividades de lo que podríamos denominar los sectores de la cultura de masas, de la comunicación y la información. Estas tres esferas antes eran autónomas: por un lado, la cultura de masas con su lógica comercial, sus creaciones populares, sus objetivos esencialmente mercantiles; por el otro, la comunicación, en el sentido publicitario, el marketing, la propaganda, la retórica de la persuasión; y finalmente, la información con sus agencias de noticias, los boletines de radio o televisión, la prensa, los canales de información continua, en suma, el universo de todos los periodismos.

Estas tres esferas, antes tan diferentes, se imbricaron poco a poco para constituir una sola y única esfera ciclópea, en cuyo seno resulta cada vez más difícil distinguir las actividades concernientes a la cultura de masas, la comunicación o la información.

Los grupos mediáticos pasaron a tener dos nuevas características:

Por un lado, se ocupan de todo lo concerniente a la escritura, a la imagen, el sonido, y difunden esto mediante los canales más diversos (prensa escrita, radio, televisión hertziana, por cable o satelital, vía Internet y a través de todo tipo de redes digitales).

La otras característica es que estos grupos son mundiales, planetarios, globales, y no solamente nacionales, regionales o locales.

Estas megaempresas contemporáneas, mediante mecanismos de concentración, se apoderan de los sectores mediáticos más diversos en numerosos países, en todos los continentes, y se convierten de esta manera, por su peso económico y su importancia ideológica, en los principales actores de la globalización. Al haberse convertido la comunicación (extendida a la informática, la electrónica y la telefonía) en la industria estratégica de nuestro tiempo, estos grandes grupos pretenden ampliar su dimensión a través de incesantes adquisiciones y presionan a los gobiernos para que anulen las leyes que limitan las concentraciones o impiden la constitución de monopolios o duopolios.

La mundialización es también la mundialización de los medios de comunicación masiva, de la comunicación y de la información. Estos grandes grupos ya no se proponen, ser un cuarto poder ni denunciar los abusos contra el derecho, ni corregir las disfunciones de la democracia para perfeccionar el sistema político. Tampoco desean ya erigirse en cuarto poder y, menos aun, actuar como un contrapoder.

Frente a esta realidad Ignacio Ramonet y Mauro Cerbino proponen crear un quinto poder que nos permita oponer una fuerza cívica ciudadana a la nueva coalición dominante. Esos medios de comunicación que, no solo dejan de defender a los ciudadanos, sino que a veces actúan en contra del pueblo en su conjunto, tal como lo comprobamos en Venezuela.

Es necesario desarrollar una reflexión sobre la manera en que los ciudadanos pueden exigir a los grandes medios de comunicación mayor ética, verdad, respeto a una deontología que permita a los periodistas actuar en función de su conciencia y no en función de los intereses de los grupos y las empresas que los emplean.

En la nueva guerra ideológica que impone la globalización, los medios de comunicación son utilizados como un arma de combate. La información, debido a su explosión, su multiplicación, su sobreabundancia, se encuentra literalmente contaminada, envenenada por todo tipo de mentiras, por los rumores, las deformaciones, las distorsiones, las manipulaciones que nos envenena la mente, nos contamina el cerebro, nos manipula, nos intoxica, intenta instilar en nuestro inconsciente ideas que no son las nuestras.

Es necesario elaborar lo que podría denominarse una ecología de la información. Es necesario descontaminar la información.

Los ciudadanos deben exigir que los medios de comunicación pertenecientes a los grandes grupos globales respeten la verdad, porque solo la búsqueda de la verdad constituye en definitiva la legitimidad de la información.

La libertad de los medios de comunicación es solo la extensión de la libertad colectiva de expresión, fundamento de la democracia. Como tal, no puede ser confiscada por un grupo de poderosos. Implica, por añadidura, una responsabilidad social y, en consecuencia, su ejercicio debe estar, en última instancia, bajo el control responsable de la sociedad.

Dentro de la especificidad de los medios hay que analizar la capacidad que éstos tienen de generar la llamada “realidad virtual”.

El riesgo de la realidad virtual consiste fundamentalmente en ofrecer a la opinión pública un acceso sólo a la discusión especialmente generada para los medios y que esta asociada más a la propaganda de los actores que a una información real. El hecho es peligroso porque esta opinión pública simulada puede asemejarse más a una especie de absolutismo ilustrado que a un estado de derecho social y democrático. Y porque acentúa la dificultad de distinguir el “ser” de la “apariencia”, y este es uno de los rasgos de la cultura contemporánea.

La transformación de la opinión pública de conversación simulada afecta al sistema democrático en su conjunto y debilita al parlamento en la medida en que los argumentos no se estructuran para analizar los problemas reales y convencer lógicamente a los representantes, sino sobre una argumentación más ideológico-emocional destinada a producir adhesiones e identificaciones de carácter casi plebiscitario.

El parlamento se convierte en un escenario donde no se decide nada, sino que se presentan temas de discusión cuyo resultado está previamente decidido a novel general.

A su vez, el público, afectado por la realidad virtual generada por los medios, modifica sus conductas no sobre la base de lo que efectivamente sucede sino sobre lo que aparenta suceder.

Es importante recordar que la palabra información tiene una vinculación estrecha con verdad y con realidad. En cambio la expresión tiene vinculación con la interioridad de la persona. Una persona expresa aquello que siente, piensa y cree o simplemente aquello que quiere hacer creer. En este sentido, las comunicaciones basadas solamente en la libertad de expresión terminan por parecerse a una torre de Babel, donde todos hablan, pero nadie entiende.

Sin disminuir el rol de la más plena libertad de expresión que no podrá desaparecer de la comunicación en una sociedad democrática, es necesario garantizar un ejercicio profesional de la información vinculado, principalmente, con el traspaso de hechos y opiniones a quienes no tienen acceso directo a ellos, y que contribuya a hacer la realidad más accesible y redecir los efectos de la realidad virtual.

En la sociedad actual, parte de las características de los medios es generar una realidad virtual y también confundir información con entretención, desviando así los intereses reales de la sociedad hacia un puro “divertimento”.

Cuando la palabra racional pierde su crédito, y la seducción ocupa su lugar, contribuye a la crisis de la democracia parlamentaria, donde más que lo que la persona diga, importa cuánto seduce a su auditorio.

Otro aspecto del poder de los medios es lo que denominamos “agenda setting”, donde:

  • Los medios no solamente son espejos que reflejan la realidad, sino que la filtran y la dimensionan.

  • Este foco sobre ciertos aspectos, hace que el público lo perciba como los más importantes.

Tanto la “realidad virtual”, el “divertimento” como la “agenda setting” son distintos ángulos de poder de los medios que ayudan a elegir gobierno, controlar gobierno y cambiar gobierno.

Si no retrotraemos a la década de los setenta, en junio de 1977, un abogado irlandés, Premio Nobel de la Paz, de nombre Sean Mac Bride dirigió un discurso en la sede de la Unesco sobre la importancia, los problemas y las tendencias de los medios de comunicación en la organización de la sociedad de esa época. El discurso, entre otros temas, se orientó principalmente a denunciar la manifiesta debilidad de los medios frente al asedio y los intereses del poder económico y político dominante. Este discurso dio origen a la conformación de una comisión internacional para analizar la problemática y el papel de los medios de comunicación masiva a nivel mundial.

La Comisión, elaboró un informe titulado “Un solo Mundo, Voces Múltiples” en donde planteó el establecimiento de un nuevo modelo comunicacional para la sociedad que promoviera la paz y un equilibrado desarrollo de la sociedad; igualmente denunció la inconveniencia de los monopolios en los medios de comunicación por ser contraproducentes al derecho y a la libertad de las personas, la eliminación de los desequilibrios en el uso de los recursos tecnológicos comunicacionales y la igualdad en el acceso y la difusión de la información.

Este contundente informe desnudó por primera vez ante la comunidad internacional el creciente proceso de control sobre la dinámica de la información y la comunicación que se venía gestando a nivel mundial por parte de las grandes corporaciones mediáticas fuertemente apoyadas en esta orientación por los gobiernos de los países desarrollados. Dicho informe fue la causa de que la Casa Blanca decidiera retirarse de la Unesco como un rechazo a las conclusiones de esta comisión no sin antes hacer una feroz campaña de descrédito contra Mac Bride y su informe que terminaron ahogando esta iniciativa en un océano de confusiones, tergiversaciones y calumnias.

Los análisis realizados por la Comisión Mac Bride evidenciaron que existían severas distorsiones de contenido en las noticias y un marcado monopolio en los flujos de información y comunicación desde los países desarrollados hacia el resto del mundo y viceversa por efecto de la acción de grandes conglomerados mediáticos comprometidos con los intereses económicos y políticos de estos países dominantes con lo cual se podría, como de hecho ha sido, modificar y desplazar los valores culturales propios de los pueblos receptores de estos flujos de información.

También se corría el riesgo cierto de manipular y fragmentar la conciencia de los pueblos para imponer criterios, conceptos y patrones de consumo y comportamiento foráneos incompatibles con la autodeterminación y el desarrollo nacional autónomo, lo cual eran un paso previo para aplicar modelos de dependencia y dominación económica y política. Las investigaciones también demostraron que, al igual que hoy, la producción, emisión y distribución de información y noticias se encontraban centralizadas en grandes corporaciones mediáticas con sede en solo tres países: Estados Unidos, Francia e Inglaterra, por lo cual el manejo informativo de los acontecimientos mundiales nunca fue ni ha sido objetivo o neutral, casi siempre se incurrió en ocultamientos, prejuicios, omisiones y distorsiones intencionalmente generadas con el fin de sacar provecho y favorecer sus intereses comerciales, políticos y geoestratégicos.

En razón de estas investigaciones y análisis en el Informe Mac Bride se plantearon algunas conclusiones que hoy continúan estando vigentes y que son muy importantes y esclarecedoras para entender e impulsar la modificación de la dinámica comunicacional imperante:

  • Todos los pueblos del mundo tienen el inalienable derecho a recibir informaciones adecuadas y objetivas

  • Se debe garantizar el libre acceso a las tecnologías y recursos comunicacionales

  • Se reafirma el derecho de los estados a organizar, promocionar y diversificar el establecimiento de medios de comunicación y su deber de orientarlos a través de la ley hacia el beneficio de la sociedad y de sus ciudadanos a fin de contrarrestar el poder y la influencia de las grandes corporaciones mediáticas

  • Propone establecer estrictas medidas de control y evaluación de los monopolios de la información para que no atenten contra la libertad colectiva de información y expresión

  • Se propone reforzar la democratización de la actividad comunicacional como elemento esencial para garantizar la identidad cultural, la dignidad humana y el libre ejercicio de los derechos de los pueblos

  • Se debe garantizar la protección y el libre ejercicio de la actividad periodística y su independencia de criterio frente a los intereses y presiones económicas y políticas

  • El ejercicio del periodismo debe ajustarse a un código de ética basado en el respeto a los valores democráticos, a los derechos humanos y la dignidad de las personas, la denuncia de las injusticias, la promoción de la igualdad social y la imparcialidad en el manejo de la información.


En definitiva los Estados Unidos y sus más cercanos aliados de Europa emprendieron una belicosa cruzada mediática, diplomática y política anti-Mac Bride para sepultar los resultados de esta polémica Comisión. Ellos jamás renunciarían a sus planes de dominación planetaria y el control de los medios de comunicación era uno de sus más importantes objetivos para concretar estos planes y ciertamente así lo han hecho en los últimos 60 años.

Este Nuevo Orden Mundial, es un proyecto transnacional que no está limitado a los Estados Unidos sino que es un proyecto impulsado por la sociedad capitalista avanzada, es además supranacional porque pretende establecerse por encima de los estados nacionales y de los organismos que garantizan el derecho internacional. Este proyecto se sustenta en tres elementos fundamentales: El poder económico y tecnológico; El inmenso poderío militar que detentan; y el control de los medios informativos y de comunicación de masas.

Según Zbigniew Brzezinski, los medios de comunicación en el nuevo orden cumplirán definidas y muy planificadas funciones, desde la difusión e implantación de la agenda política global para todos los países del mundo hasta la ocultación, manipulación o invención de información vital o cotidiana, todo con el objetivo de justificar y defender las acciones y los intereses de las neo-reformadas clases dominantes.

Además se desarrollará y aplicará como nunca antes la estrategia militar de guerra permanente la cual se centrará en el desarrollo y control de sofisticados sistemas de información y vigilancia global; los medios digitales e informáticos y diversas formas de guerra psicológica intensiva, a su vez toda la estrategia comunicacional se regirá por el principio absoluto de la seguridad pública internacional, el éxito de la nueva maniobra dependerá en gran parte de la capacidad de control de la opinión pública y del dominio en los procesos de producción, orientación y transmisión de información a través de los medios de comunicación a nivel globalizado.

El nuevo orden establecerá nuevas formas de producción y transmisión de mensajes e información y por supuesto nuevas formas de expresión cultural generalizada y alineada con las nuevas estrategias de control; corresponderá a los medios difundir estos nuevos preceptos para reordenar la conciencia colectiva de los ciudadanos del mundo en favor de la aceptación de esta nueva concepción política de poder global.

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