Colección: Deseo 1661




descargar 401.92 Kb.
títuloColección: Deseo 1661
página4/9
fecha de publicación05.02.2016
tamaño401.92 Kb.
tipoLección
p.se-todo.com > Derecho > Lección
1   2   3   4   5   6   7   8   9

Capítulo 5

La actitud de Marco hizo que Virginia no tuviera más remedio que seguirle la corriente. Tras ducharse y cambiarse salió oliendo maravillosamente a masculino, y ella se sintió como una colegiala enamorada de un chico. Aunque no había nada juvenil en Marco. Era todo un hombre.

Un hombre empeñado en establecer las reglas de su… Relación, aunque aquélla no parecía la palabra más adecuada para describir lo que había entre ellos. Pero era obvio que quería dejarle claro que él estaba a cargo.

En Melbourne la cortejó, pero ahora parecía que simplemente estaba a cargo. Y mientras circulaban por Barcelona, Virginia admitió para sí que en el fondo le gustaba que se mostrara tan enérgico al respecto.

—¿En qué estás pensando? —preguntó Marco.

Virginia pensó en algo que decir y recordó el cuadro de Picasso que había visto en el museo, cuando Elena la había arrinconado.

—En un cuadro que he visto antes en el museo Picasso.

—¿Cuál?

El Abrazo. ¿Lo conoces?

—Sí. Mi madre es profesora de Historia del Arte.

—¿En serio? ¿Creciste rodeado de arte?

Marco se encogió de hombros.

—En realidad no. Mamá trató de interesarnos por el arte, pero nos atraían más los coches y las máquinas.

—¿A todos tus hermanos?

—Sí. Y a mi padre.

—¿Cómo se conocieron tus padres?

Virginia había oído rumores de que el amor de Giovanni y Philomena casi supuso la destrucción de Moretti Motors.

—Mi madre fue contratada para comprar cuadros y esculturas para el vestíbulo de nuestro edificio. En cuanto la vio, mi padre se olvidó por completo de los coches y las carreras.

—¿Él también conducía?

—No. Corrió una carrera de veinticuatro horas con sus primos cuando tenía veinte años, pero no le picó el gusanillo

—¿Qué es una carrera de veinticuatro horas?

—Una carrera de resistencia que implica un equipo de al menos tres corredores que se turnan cada tres horas.

—¿Es divertido?

Marco sonrió.

—No. Es más que divertido. Es estimulante… Aunque también agotador. No hay nada mejor.

—¿Se conduce por las ciudades, o en un circuito?

—Normalmente en circuitos. Mis hermanos y yo participamos casi todos los años en una.

Virginia asintió. Aquél era el mundo de Marco.

Se preguntó si el hijo que iban a tener se parecería a él. ¿Le atraería tanto la velocidad como a su padre? ¿Y qué supondría para él criarse tan alejado del mundo de las carreras?

Por primera vez comprendió, que aunque con su plan pretendía resolver los problemas de aquella generación, no había forma de saber cuál iba a ser el resultado de su solución.

—Me gusta sobretodo la carrera de Le Mans. También hemos participado en carreras benéficas, donde competimos contra otras marcas.

—¿Y en qué se diferencian esas carreras de las que corres cada semana? ¿Son más amistosas?

—En realidad no. Pero se consigue dinero para la beneficencia. Una regla de algunas carreras de beneficencia exige que uno de los conductores sea mujer.

—¿Y a quién utilizáis?

—A nadie. No hemos participado en ésas… Mi familia está maldita.

—¿Maldita?

Virginia se preguntó cuánto iba a contarle Marco sobre la maldición, y si debía simular que no sabía de qué estaba hablando.

—Es algo italiano. Nuestra maldición implica a las mujeres.

—¿Estar con mujeres? —preguntó Virginia.

—No estar con ellas, pero sí tener una relación seria. Te voy a contar la verdad: Dom siempre ha temido que Tony o yo nos enamoremos de una mujer, porque entonces sería cuando entraría en acción el maleficio. Por eso no hemos corrido nunca en las carreras que exigen la participación de una mujer. Creo que teme que si conozco a una mujer a la que le guste correr tanto como a mí, me enamore de ella.

A Virginia no le gustó la idea de que Marco no fuera a enamorarse… Aunque aquello no debería preocuparle, porque ella no iba tras su corazón, sino tras su hijo.

—Pareces haber tenido mucho éxito como para estar maldito.

Marco dejó el coche en el aparcamiento en que habían entrado, pero no apagó el motor ni hizo intención de salir del coche.

—No es una maldición de ese tipo.

—¿Qué clase de maldición es?

—Como he dicho, implica a las mujeres.

—Desde mi punto de vista, no parece que te vaya muy mal con las mujeres.

—Es cierto. Pero nunca me enamoro de ellas.

—¿Y quieres enamorarte?

Virginia se preguntó si Marco se sentiría solo, como le sucedía a ella a veces. Daba igual lo plena que fuera su vida. Debido a la maldición de su abuela, Marco sólo podía ser afortunado en los negocios o en el amor. No en ambas cosas. Y ya que había elegido los negocios, su vida tenía que ser irremediablemente solitaria.

—No —dijo él con una sonrisa—. Aún soy joven y tengo toda la vida por delante.

—Desde luego. ¿Y las carreras? ¿Vas a retirarte?

—Aún seguiré unos años.

Marco apagó el motor del coche y se volvió hacia Virginia.

Su olor a loción para el afeitado mezclado con el del cuero de los asientos del coche, abrumó a Virginia, que era muy consciente de que había estado haciendo todas aquellas preguntas para ocultar su nerviosismo ante la perspectiva de volver a estar a solas con él.

Aquello era algo que no había planeado. No iba a ser fácil volver a estar con Marco, porque sabía que cada vez iba a costarle más dejarlo. Además, era obvio que quería respuestas, e iba a tener que estar atenta para mantenerse un paso por delante de él.

Marco condujo a Virginia hasta su apartamento. No le gustaban los hoteles, y ya que Moretti Motors siempre tenía un conductor en la Fórmula 1, a lo largo de los años habían comprado residencias en las principales ciudades en que tenían lugar las carreras.

Estaba tratando de mostrarse cordial y relajado, pero quería respuestas.

No quería que Virginia fuera consciente de hasta qué punto lo había afectado. Hasta que no había vuelto a verla, no había sido consciente de que la había estado buscando entre la multitud, que había estado esperándola en cada carrera. Y que cada victoria y cada derrota, estaba marcada por el hecho de que ella no había estado allí.

Jamás había permitido que nadie tuviera aquella clase de poder sobre él. Por algún motivo, Virginia era la única mujer que le había hecho reaccionar así. Sólo recuperaría la paz que necesitaba cuando averiguara con claridad quién era.

Durante la comida apenas había obtenido respuestas. Virginia había mostrado una gran habilidad para mantener la conversación al margen de sí misma. Pero estaba empeñado en averiguar todo lo posible sobre ella, y quería hacerlo sin preguntas directas.

—Me estás mirando —dijo ella.

—Eres una mujer preciosa. Seguro que no soy el primer hombre que te mira.

Virginia negó con la cabeza.

—En realidad no soy preciosa.

—La belleza está en el ojo del que mira, y yo te encuentro cautivadora.

—Marco…

—¿Sí?

—No digas cosas como ésa, por favor.

—¿Por qué no?

—Porque sentiría la tentación de creerte, y acabas de decir que no estabas interesado en ninguna mujer a largo plazo.

—He dicho eso, ¿verdad?

—Sí.

—Pero tú tampoco estás interesada en una relación a largo plazo, ¿verdad, Virginia?

—No lo sé.

Marco no supo a qué se refería con aquella respuesta. Tal vez sólo estaba tan confundida como él respecto a lo que estaba sucediendo entre ellos. Pero había desaparecido tras su primera noche juntos. La mayoría de las mujeres no hacía aquello.

Su experiencia le había demostrado que las mujeres seguían rondando una temporada, que sólo se iban cuando se convencían de que el hombre con el que estaban no era el adecuado para compartir su vida.

—Sin duda, una mujer que se va mientras el hombre con el que se ha acostado aún duerme, no está buscando algo permanente… Aunque pensaba que eso era lo que buscaban la mayoría de las estadounidenses.

—¿Y por qué piensas algo así? Las mujeres de mi país son muy independientes.

—Mi madre ve la serie Mujeres Desesperadas.

Lo cierto era que Marco no estaba seguro de que aquella serie tratara de mostrar el prototipo de la mujer estadounidense, pero Elena era de aquel país y quería casarse.

—Eso es una serie de televisión.

—Las series de televisión se hacen populares por el modo en que exageran la vida real.

—Eso no tiene sentido, Marco.

—Sólo dices eso porque no estás de acuerdo con la teoría.

—De acuerdo, si tienes razón respecto a eso, ¿qué piensas de las películas?

—Creo que hasta cierto punto, reflejan la visión de lo que representan. No estoy diciendo que las películas y los programas de televisión sean la vida real, pero sí creo que son un espejo de la actitud de la cultura que las produce.

—¿Has visto la película Pasado De Vueltas? —preguntó Virginia.

—Sí. Era bastante divertida, con Will Ferrell.

—En ese caso, tal vez debería asumir que eres como el conductor francés de la película.

Marco necesitó un momento para deducir que Virginia estaba tratando de sugerir que tal vez fuera gay. Vio el destello de su mirada. Se estaba burlando de él. Sabía que aquello no debería hacerle gracia, pero se la hizo.

Se acercó a ella, cansado de no tenerla entre sus brazos. El mes pasado había sido demasiado largo. Se había centrado en las carreras y en los acontecimientos de promoción que acompañaban inevitablemente a la temporada de Fórmula 1, pero cada noche había tenido apasionados sueños con Virginia y quería hacerlos realidad.

—Creo que ya he demostrado que estoy más interesado en las mujeres que en los hombres —dijo mientras la rodeaba con sus brazos—. Pero tal vez necesites otra demostración…

Virginia apoyó ambas manos en el rostro de Marco y se puso de puntillas para besarlo con la delicada pasión que él sólo asociaba con ella.

—No dudo que estés interesado en las mujeres. Sólo trataba de aclarar las cosas.

—En lugar de ello has demostrado que los estadounidenses piensan que los hombres franceses son gays. A mí me da igual porque soy italiano… Y esta noche sólo me interesa una mujer.

—¿Yo?

—Tú.

Marco tomó a Virginia en brazos y la llevó por el pasillo al dormitorio.

La dejó de pie junto a la cama. Virginia sintió un cálido estremecimiento cuando deslizó un dedo por el lateral de su cuello hasta el borde de su vestido. No estaba escuchando lo que decía.

Simplemente se limitó a mirar sus labios para ver si iba a besarla. Aquello era lo que realmente quería y necesitaba. Lo había echado de menos. Y aunque había tenido otras relaciones antes, la noche que había pasado entre sus brazos había superado todas sus experiencias anteriores.

—Casi no me atrevo a creer que estés realmente aquí.

—Estoy aquí… —susurró Virginia, que tampoco era capaz de creer que Marco la hubiera vuelto a tomar entre sus brazos con tanta facilidad.

Él se inclinó y la besó con delicadeza en la boca. Cuando unos segundos después tomó entre los suyos el labio inferior de Virginia y lo acarició con la lengua, ella dejó de pensar y se entregó por completo a las sensaciones que se estaban adueñando de su cuerpo.

Cuando la tuvo prácticamente desnuda ante sí, Marco deslizó la punta de un dedo por la cicatriz que tenía bajo uno de sus pechos.

—¿Te das cuenta de que ésta es una de las pocas cosas que sé sobre tu pasado?

Virginia sintió un estremecimiento. Marco no debía conocer su pasado. Sus familias eran enemigas, como los Capuleto y los Montesco, pero en la vida real.

—Mi pasado carece de importancia, Marco. Lo único que importa es lo que tenemos cuando estamos juntos. Hazme el amor.

—¿Por qué?

—Quiero saber que estoy realmente aquí, entre tus brazos.

Marco se inclinó para deslizar la lengua por la cicatriz. Sostuvo con sus manos el peso de ambos pechos, a la vez que le acariciaba los pezones con los pulgares.

Virginia apoyó las manos en su cabeza y lo retuvo contra su cuerpo. Él murmuró algo en italiano contra su piel, antes de empezar a lamerle y mordisquearle los pechos hasta alcanzar su cima.

Virginia sintió que necesitaba algo más que sus labios tocándola. Le hizo erguirse y lo besó profundamente a la vez que se pegaba a él como si no fuera a apartarse nunca.

El roce de la tela de su camisa le recordó que estaba completamente vestido y ella no llevaba más que sus braguitas de seda. La idea de estar desnuda entre sus brazos resultó realmente excitante.

Marco se apartó de ella y la tumbó en la cama. Luego se inclinó para tomar en sus labios uno de sus pezones mientras le acariciaba el otro pecho con la mano.

Virginia se arqueó hacia él, anhelante, y deslizó una mano entre sus cuerpos para acariciar su erección por encima de la tela de sus pantalones. Al mismo tiempo separó las piernas para ofrecerse por completo a él.

—Te necesito ahora… —dijo con voz ronca.

Marco alzó la cabeza. Los pezones de Virginia estaban húmedos y excitados debido a las caricias de su lengua. Apoyó el pecho contra ellos.

Virginia alzó una mano para desabrocharle la camisa.

—Déjalo. Necesito penetrarte ya.

Virginia asintió y deslizó la mano hacia abajo para desabrocharle el cinturón. Al no lograr desabrochar el botón del pantalón, dejó escapar un gemido de frustración.

Marco rió con suavidad y le apartó las manos para poder desabrochárselo. Ella escuchó el sonido de la cremallera al deslizarse hacia abajo y un instante después sintió la calidez de su erección sobre el centro de su cuerpo. Marco deslizó sus caderas arriba y abajo sobre ella y la frotó con su erección.

Virginia lo necesitaba en su interior. Lo tomó con su mano y situó su miembro para facilitarle la entrada. Pero sólo logró obtener la punta en el interior de su cuerpo.

Marco la sujetó por las caderas, y por mucho que Virginia se retorció debajo de él, no cedió. Finalmente, ella alzó la mirada.

—¿A qué estás esperando?

—A que realmente me desees.

—Te deseo. Quiero tenerte dentro de mí ahora mismo. Siento que ha pasado toda una vida desde que estuvimos juntos, y te he echado tanto de menos…

Las palabras no dejaban de aflorar y Virginia supo que estaba revelando demasiado, pero no pudo evitarlo.

—Por favor, Marco… —rogó, a la vez que deslizaba las manos por su espalda hasta sus glúteos para atraerlo hacia sí.

El la penetró apenas un centímetro más.

—Eso es todo lo que vas a obtener… —murmuró.

La sensación del cálido aliento de Marco junto a su oreja estuvo a punto de hacer alcanzar el clímax a Virginia, que se movió para tratar de atraerlo más profundamente en su interior.

—Marco, por favor, necesito más…

—No. Te portaste mal.

—¿Cuando me fui?

—Sí —contestó Marco, a la vez que la penetraba un centímetro más.

Virginia lo deseaba en aquellos momentos con locura. Necesitaba sentirlo profundamente enterrado en su cuerpo.

—Marco…

—¿Sí, Virginia?

—Siento haberme ido.

—Eso está mejor, cara mia —dijo él a la vez que la penetraba un poco más.

Ella se estremeció y sintió los primeros estremecimientos de un orgasmo recorriendo su espina dorsal. Aferró los glúteos de Marco y trató una vez más de atraerlo hacia sí.

—Marco…

—Quiero que me prometas que no volverás a irte.

—Lo prometo.

—Lo has prometido demasiado deprisa. ¿Lo dices en serio?

—Sí, totalmente en serio.

—Si te lo doy todo, espero que te quedes en mi cama hasta que te pida que te vayas.

Virginia miró los ojos de obsidiana de Marco, y supo que estaba hablando en serio. Aquello era algo más que un juego para él. Y ella no pudo evitar hacerle aquella promesa.

Posiblemente le costaría mantenerla, pero lo intentaría.

—Me quedaré hasta que me pidas que me vaya.

Marco la miró un momento a los ojos antes de penetrarla por completo. Virginia se sintió indeleblemente marcada por su posesión. Sintió que aquello la había cambiado y que nunca volvería a ser la misma.

Deslizó las manos por la espalda de Marco mientras éste la penetraba más y más profundamente. Sus miradas se encontraron y Virginia sintió que también se estaba produciendo un encuentro de sus almas. Se sorprendió cuando su cuerpo empezó a tensarse en torno al miembro de Marco. Alcanzó el orgasmo antes que él. Marco la sujetó por las caderas, intensificó sus penetraciones, y a la vez que murmuraba una y otra vez el nombre de Virginia, derramó su cálida semilla dentro de ella.

—Eres mucho mejor de lo que había soñado… —murmuró ella antes de besarlo.

La profunda risa de Marco reverberó por todo su cuerpo, y sintió que allí había encontrado su lugar. Y aquél era un pensamiento muy peligroso, porque si aquél era su sitio, ¿qué iba a hacer cuando tuviera que volver a dejar a Marco?
1   2   3   4   5   6   7   8   9

similar:

Colección: Deseo 1661 iconOtra perspectiva propone que el deseo nunca puede ser satisfecho,...

Colección: Deseo 1661 iconOtra perspectiva propone que el deseo nunca puede ser satisfecho,...

Colección: Deseo 1661 iconLa educación como industria del deseo la educación es sobre todo educación del deseo

Colección: Deseo 1661 iconMorfología del deseo

Colección: Deseo 1661 iconExpiación, deseo y pecado

Colección: Deseo 1661 iconDeseo que te guste, amigo “pilotillo”

Colección: Deseo 1661 iconA el deseo de regresar después de un lago viaje B

Colección: Deseo 1661 iconDeseo, a través de esta carta, entregar mi testimonio de lo que fue...

Colección: Deseo 1661 iconAmigos, deseo invitarlos a ejecutar un plan en twitter para defender...

Colección: Deseo 1661 icon“Cuando en el balneario apareció Marisa por primera vez, yo comencé...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
p.se-todo.com