Colección: Deseo 1661




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Capítulo 7

Marco era consciente de que aquella reunión no iba a ser fácil, pero ya que había convocado a sus hermanos para que se reunieran en la casa de sus padres en Milán, no tenía más remedio que seguir adelante con su plan.

Bon giorno —saludó cuando entró en el salón.

Su madre se levantó para besarlo en la mejilla y su padre lo abrazó. A pesar de que ya era un adulto, a Marco siempre le gustaba la sensación de volver al hogar.

—¿Qué urgía tanto para convocarnos tan temprano esta mañana? —preguntó Tony, que estaba bebiendo un café.

Marco se sentó frente a su madre y junto a su hermano.

—Es algo relacionado con la maldición familiar.

El silencio que siguió a las palabras de Marco fue eléctrico.

—¿Qué sucede con la maldición familiar? —preguntó Dom—. Sabes que éste es un año crucial para nosotros. ¿Tiene algo que ver con la mujer que conociste en Melbourne… Virginia no se qué?

—Sí, tiene que ver con ella.

—¡Lo sabía…! —dijo Dom—. No me produjo buenas vibraciones cuando me la presentaste.

—Puede que captaras el hecho de que es la nieta de Cassia Festa.

Dom se puso pálido.

—No menciones el nombre de esa mujer en nuestra casa.

—¿Qué quiere de ti, mi figlio? —preguntó a Marco su padre.

—Dice que ha encontrado una forma de romper la maldición de Cassia.

—¿Cómo? —preguntó su madre—. Lorenzo preguntó a todas las brujas que conocía y todas dijeron que sin las palabras exactas era imposible retirar la maldición.

Marco se puso en pie.

—Virginia asegura que la forma de romper la maldición es teniendo un hijo mío.

—¿Qué? —exclamó Dominic.

—Eso es una locura, Marco —dijo su padre.

—Eso he pensado yo, pero quiero que al menos me escuchéis. Cuando Cassia maldijo a Lorenzo, estaba muy enfadada porque lo consideraba responsable de la muerte de su sueño: Tener un marido, una familia, un futuro… De manera que quiso castigarlo con la misma moneda. Pero cuando lo maldijo, también maldijo a las mujeres Festa. Desde entonces, ninguna ha encontrado la felicidad en el amor. Virginia ha estudiado a fondo la maldición y cree que se romperá si tiene un heredero Moretti, porque así el legado de Lorenzo recaería sobre un Festa.

—¿Quién criará al niño? —preguntó la madre de Marco.

—Voy a pedir a nuestro abogado que se ocupe de los detalles. Quiero compartir la responsabilidad —Marco hizo una pausa, dudando si compartir el resto—. Virginia cree que una de las claves para romper la maldición es que ella y yo no nos enamoremos.

—¿Y existe esa posibilidad? —preguntó Tony.

—No —contestó Marco sin dudarlo.

No pensaba ni plantearse que Virginia pudiera suponer para él algo más que una aventura.

Dom asintió.

—¿Y qué necesitas de nosotros?

—Me gustaría que vinierais mañana conmigo a hablar con el abogado. Le he dicho a Virginia que para que las cosas funcionen tenemos que redactar un contrato.

—Estoy de acuerdo —dijo Dom—. Allí estaremos.

—¿Y tu madre y yo? —preguntó el padre.

—Creo que debéis esperar un poco para conocerla.

La madre de Marco asintió.

—De acuerdo. Pero queremos conocer a esa chica pronto. A fin de cuentas, va a ser la madre de nuestro primer nieto.

Era obvio que los Moretti formaban una auténtica familia, pensó Virginia a la mañana siguiente, sentada en el despacho de una prestigiosa firma de abogados. Era evidente que Marco y sus hermanos funcionaban como un grupo, y se sintió muy sola y pequeña sentada al extremo de la mesa en torno a la que se hallaban.

Ella no había tenido nunca la clase de lazo que unía a Marco y sus hermanos, y quería tenerlo. No sólo por sí misma, sino también por el hijo que quería tener.

—¿Estás de acuerdo con los términos del contrato? —preguntó Marco.

Virginia no había estado prestando demasiada atención mientras el abogado leía las condiciones, y no quería limitarse a decir sí.

—¿Podéis concederme unos minutos para revisarlo?

—Desde luego —dijo Marco.

Virginia notó que Dominic Moretti fruncía el ceño. No parecía hacerle mucha gracia que hubiera pedido aquellos minutos para revisar el contrato. Antonio, el hermano mediano, apenas había hablado al principio, pero luego había querido añadir algunas estipulaciones que la favorecían.

Virginia sabía claramente lo que quería, y aquélla no era más que una manera de formalizar lo que Marco y ella ya habían acordado. Pero escucharlo en aquel estéril entorno, le había hecho sentirse un poco insegura de sí misma.

Dominic, Antonio y el abogado salieron de la sala, pero Marco se quedó.

—¿Entiendes todo lo redactado?

—Creo que sí. Simplemente no quiero renunciar a todos mis derechos sin pensarlo bien.

—No estoy dispuesto a aceptar menos de lo que estipula el contrato.

—Lo sé.

—Entonces. ¿Qué te retiene para firmarlo?

—Nada. Pero no estaba demasiado atenta cuando el abogado lo ha leído y quiero echarle un vistazo.

Marco se acercó a ella y se inclinó para dejar el contrato sobre la mesa. Virginia aspiró el aroma de su colonia y sintió un cálido cosquilleo por todo el cuerpo.

—Adelante. Léelo.

Pero Virginia no pudo concentrarse en el texto. La cercanía de Marco, el calor que emanaba de su cuerpo, se lo impidieron. Lo único que quería era dar por concluido aquel trámite para dar el siguiente paso: Ir a vivir con Marco hasta que se quedara embarazada.

Aquello era algo que nunca había soñado tener, y quería iniciar aquella fase de su vida. Aunque existiera un contrato entre ellos, por primera vez en su vida iba a compartir sus días con alguien.

Echó un vistazo a los papeles. Estaban redactados en italiano y también en inglés, pero en realidad le daba igual lo que pusiera. Sabía que si no rompía la maldición, iba a pasar el resto de su vida sola, probablemente triste y amargada.

Respiró profundamente y firmó. Luego se levantó.

—De acuerdo. Ya está hecho. Vámonos de aquí.

—No tan rápido. Ni siquiera has leído el contrato.

—Lo he ojeado, y como has dicho, apenas tengo opciones. Tú tienes algo que quiero y por lo que estoy dispuesta a hacer lo que sea. Así que, en cierto modo, ya he firmado un contrato. Quiero un hijo tuyo, Marco.

—¿Por qué te importa tanto tener un hijo? Da la sensación de que supone para ti algo más que la posibilidad de romper la maldición.

—No lo entenderías…

—Trata de explicármelo. Soy bastante listo.

Virginia sonrió.

—Ya lo sé. Es una de las cosas que me atrajo de ti.

—Dominic y Antonio también son listos. Así que, ¿por qué quieres tener un hijo conmigo en concreto?

—No me interesan tus hermanos. Desde el momento en que averigüé cómo romper la maldición, supe que eras tú el que quería.

—¿No bastaría cualquier Moretti? —preguntó Marco, a la vez que alzaba una mano para acariciarle el rostro.

Ella volvió el rostro y se la besó.

—No. Eras tú o ninguno.

Virginia se hizo consciente en aquel momento de la verdad de sus palabras, y de cuánto le importaba Marco. Y se hizo una promesa a sí misma. No iba a caer en la tentación de enamorarse de él, porque las mujeres Festa y los hombres Moretti, no estaban destinados a enamorarse entre sí.

Lorenzo y Cassia habían demostrado lo desastrosa que podía ser una relación entre una Festa y un Moretti.

Marco estaba acostumbrado a viajar y a asistir a acontecimientos de promoción. Ofrecía entrevistas a los medios de comunicación y se sentía totalmente cómodo ante el público. Siempre le había gustado ser el centro de atención, pero no porque fuera un ególatra, sino simplemente porque le gustaba todo el jaleo.

Y en Montecarlo, donde se encontraba en aquellos momentos, era aún mejor, porque cuando acabara aquella fiesta iba a volver a su villa, donde Virginia lo estaba esperando. Era como si por fin hubiera encontrado lo que estaba buscando, un escape del frenético estilo de vida que había estado llevando, para demostrarse a sí mismo que tenía una vida.

—¿A qué viene tanta prisa? —preguntó Keke, cuando vio que Marco trataba de escapar de la fiesta organizada por Moretti Motors por la puerta de atrás.

—No tengo prisa —dijo Marco.

—Sí la tienes. Tienes prisa desde que te enganchaste con Virginia en España. Yo estoy comprometido con Elena, y no me siento tan desesperado como tú por volver con mi mujer.

—No estoy desesperado.

—No lo decía en mal sentido. Creo que es bueno que tengas algo en la vida aparte de Moretti Motors.

—Siempre he tenido algo más que la empresa. Soy conocido en todo el mundo por mi estilo de vida juerguista.

—Yo también… Y por eso sé lo vacío que es ese estilo de vida. Es distinto dedicarse a llenar el tiempo que tener a alguien con quien pasarlo, alguien que signifique algo.

—¿Cuándo te has vuelto tan filósofo, Keke?

—Sé que no soy especialmente listo, pero tener a Elena en mi vida me ha hecho comprender lo que me estaba perdiendo.

—¿Y qué tiene que ver eso conmigo?

—Cuando te veo con Virginia me recuerdas a mí con Elena —Keke se encogió de hombros—. Empiezo a pensar que hay algo más en la vida que correr y luego irme de juerga… Puede que haya llegado el momento de que me retire y asiente la cabeza.

Marco miró a su viejo amigo. Hacía cinco años que eran compañeros de equipo. Keke tenía cuatro años más que él, y probablemente esa diferencia era la que le hacía hablar así, pero la sinceridad de su tono le hizo dudar.

—Yo no pienso retirarme, y Virginia es una chica más.

Keke alzó las cejas.

—Lo que tú digas.

Marco estaba a punto de replicar cuando Elena los interrumpió. Unos minutos después contempló a la pareja con expresión pensativa mientras se alejaba. ¿Tan desesperado estaba por la compañía de Virginia? ¿Era ése el motivo por el que no la había despedido de inmediato en cuanto había empezado a hablarle de la maldición?

Una parte de él sabía que era porque nunca había creído del todo en la maldición. Pero la realidad era más sencilla. Deseaba a Virginia y el contrato le ofrecía un motivo seguro para estar con ella. No tenía por qué preocuparse por las expectativas amorosas o de matrimonio que pudiera tener. Pero el hecho de que fuera a tener su hijo, no era cualquier cosa. Tener un acuerdo legal hacía que las cosas parecieran sencillas a menos que se estuviera engañando a sí mismo.

Se acercó al aparcamiento, donde le esperaba el viejo descapotable que había heredado de su abuelo Lorenzo. Estaba a punto de entrar en el vehículo cuando vio que su hermano Dominic se acercaba.

Ciao, fratello.

Ciao, Dom. ¿Qué tal?

—Antonio y yo necesitamos verte esta noche. Estamos casi convencidos de que tenemos un espía en la empresa.

A Marco no le sorprendió la noticia. Dom ya le había hablado de aquella filtración en Melbourne.

—Yo apenas voy al despacho, Dom. Dudo que conozca al espía.

Dominic alzó sus gafas de sol hasta lo alto de su cabeza.

—El espía podría ser cualquiera. Quiero que Tony y tú repaséis la información que ha sido filtrada, y tratéis de deducir cómo está saliendo. Tú conoces nuestro programa de Fórmula 1 mejor que nadie. Y siento tener que mencionar esto, pero apenas conocemos a Virginia y está viviendo contigo.

Marco entrecerró los ojos y pensó en la libertad que había dado a Virginia en todas sus casas. En aquellos momentos estaba a solas en su villa a las afueras de Montecarlo. Y aunque no fuera a las oficinas de la empresa, recibía información diaria a través del fax sobre los avances en la producción del nuevo Valerio.

—¿Crees que Virginia es responsable de esto? La primera filtración se produjo antes de que nos conociéramos.

—Tenemos que descartar la posibilidad de que esté implicada. ¿Crees que alguien podría estar utilizándola?

Marco lo dudaba. Su instinto le decía que lo único que interesaba a Virginia era su esperma. Había sido totalmente franca desde la noche que se había sincerado.

—Se lo preguntaré.

—¿Crees que eso es lo mejor?

—Sí. A mí no me mentirá.

—Ten cuidado, Marco. No quiero verte sufrir.

—¿Por culpa de una mujer?

—No olvides que su abuela fue la que maldijo a nuestra familia —dijo Dominic

Marco asintió. Su hermano tenía razón… Pero casi siempre la tenía.

Arrivederci, Dominic.

—Hemos quedado a cenar esta noche a las nueve en la villa. ¿Vendréis Virginia y tú?

—Sí. Y para entonces ya sabré si ella es la espía.

Marco entró en el coche pensando en su abuelo. Sabía que se parecían en muchas cosas, pero él no estaba dispuesto a permitir que la distracción de una mujer Festa arruinara su vida.

Sentada en un banco de piedra, Virginia inspiró profundamente. Le encantaban los jardines de la villa de la familia Moretti en Montecarlo. Hacía sólo dos semanas que todo había salido a la luz, que le había dicho a Marco lo que quería de él. Pasaba mucho tiempo en la villa, disfrutando de las vistas del jardín desde el amplio balcón de su habitación, mientras Marco iba al circuito para los entrenamientos y las rondas de clasificación.

Ya que no era especialmente aficionada a las carreras no le importaba no ir al circuito, pero empezaba a necesitar casi con desesperación la compañía de Marco, y eso no era bueno. Debía recordar que aquella relación era sólo temporal, que acabaría en cuanto se quedara embarazada.

—Supuse que te encontraría aquí… —dijo Marco. Rodeó a Virginia por detrás con sus brazos y la atrajo hacia sí para besarla en el cuello—. ¿Qué haces aquí tan sola?

—Disfrutar del jardín. Es tan bonito y tranquilo…

—¿Y eso es lo que necesitas? ¿Mi estilo de vida es demasiado intenso para ti?

Virginia estuvo a punto de decir que no, pero ya que no había futuro entre ellos y necesitaba mantener las distancias con Marco desde el punto de vista emocional, se contuvo.

—Sí, lo es. En realidad no me gusta toda la atención que recibes. Supongo que resulta cansado tener que estar sonriendo todo el rato.

Marco le hizo ladear la cabeza y la besó. Sintió que el deseo despertaba en su cuerpo. Virginia se volvió y lo rodeó con los brazos por el cuello.

Cuando Marco superó con la lengua la barrera de sus dientes y la saboreó a fondo, Virginia supo que aquello era lo que había estado esperando.

¿Cómo podía echar tanto de menos a Marco cuando no estaba?

—La atención que obtengo disminuirá espectacularmente en cuanto acabe la temporada —dijo Marco cuando apartó la cabeza.

Al principio, Virginia no supo de qué estaba hablando. Quería tomarlo de la mano y llevarlo al tranquilo rincón del jardín en el que había un banco de mármol y suficiente intimidad como para que pudieran hacer el amor.

—¿Qué?

Marco sonrió.

—¿En qué estás pensando?

—En hacerte el amor.

—¿En serio?

—Totalmente en serio.

—Sí.

Mientras Marco había estado fuera, Virginia no había dejado de pensar en que lo único que tenía era la parte física de Marco, y que eso era lo único que podía reclamar. Y con aquel pensamiento surgió la idea, de que,tal vez si jugaba sus cartas bien, el deseo que había entre ellos podría desembocar en algo más. Algo duradero. Y entonces ya no volvería a estar sola.

Cuando deslizó una mano por el pecho de Marco, él se la tomó y la llevó hasta la bragueta de su pantalón. Virginia acarició su poderosa erección y se puso de puntillas para besarlo en la barbilla.

—Tenemos una cita para cenar —dijo Marco.

—¿Con quién?

—Con mis hermanos —Marco retiró la mano de Virginia de su cuerpo—. Necesitamos hablar.

—¿Ahora?

—Desafortunadamente, sí. Luego podrás seguir seduciéndome.

Virginia sonrió.

—¿De qué necesitamos hablar?

Marco la tomó de la mano y entraron en el cuarto de estar.

—¿Quieres algo de beber?

Virginia alzó una ceja.

—¿Voy a necesitarlo?

Marco se encogió de hombros sin decir nada.

—En ese caso, tomaré un Pellegrino con un poco de lima.

—Siéntate mientras preparo las bebidas.

Virginia se sentó pensando que estaba siendo demasiado dócil. Pero no tenía otra opción. En realidad, apenas había tenido opciones en su vida, y de pronto aquello empezaba a ser una carga. ¿Cuánto tiempo iba a tener que permitir que las acciones de otros dictaran su vida?

Se levantó, dispuesta a entrar en acción.

—¿De qué se trata, Marco?

Él se volvió con las bebidas y le entregó una.

—Siéntate para que podamos hablar.

—Tengo la sensación de que quieres reñirme —dijo Virginia, antes de tomar un sorbo.

Trató de encauzar sus pensamientos pero Marco estaba muy cerca de ella, y lo único que quería era que hubiera paz entre ellos, para que su atracción siguiera creciendo…

«¡Oh, no!», pensó. Se estaba enamorando de Marco Moretti. Y para él ella no era más que una querida para pasar el verano, una mujer con la que había firmado un contrato para mantener relaciones sexuales hasta que se quedara embarazada.

—No tengo intención de reñirte —dijo Marco.

—¿Y de qué quieres hablarme?

—Ha habido una filtración en Moretti Motors. Ha aparecido información nuestra en los despachos de nuestros competidores, y necesitamos averiguar cómo ha sucedido.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

—La información empezó a filtrarse hace aproximadamente tres semanas.

Virginia permaneció un momento en silencio.

—No entiendo… —al darse cuenta de lo que podía estar sugiriendo Marco, se interrumpió y dejó su vaso en la mesa—. ¿Crees que yo soy la espía?

—¿Lo eres?
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