Colección: Deseo 1661




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Capítulo 12

Marco no quería admitirlo, pero pensaba que había cometido un error al permitir que Virginia se fuera. Había ganado el campeonato de Fórmula 1, y en unos meses, Moretti Motors lanzaría el nuevo modelo Valerio… Si Tony conseguía hacerse finalmente con los derechos para el uso del nombre.

De manera que no había motivo para que sintiera que faltaba algo en su vida… Excepto por lo vacío que sentía los brazos cada noche. Necesitaba recuperarla. A veces creía captar el aroma de su perfume procedente de alguna habitación, pero cuando entraba siempre la encontraba vacía.

Vacío.

¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta de que se estaba convirtiendo en la misma clase de hombre que había sido su abuelo? Estaba permitiendo que las carreras y su público tomaran precedencia en su vida.

Necesitaba hacer algo, encontrar un modo de recuperar a Virginia. ¿Pero cómo?

Sacó su móvil y llamó a Keke.

—Necesito un favor… —dijo, sin dar tiempo a Keke de preguntar por qué llamaba.

—¿Qué favor?

—Quiero recuperar a Virginia, y necesito que alguien me ayude a coordinar las cosas en Estados Unidos.

—¿Cómo puedo ayudar?

Marco contó su plan a su amigo, y unas horas después volaba hacia Estados Unidos. Nunca se había sentido tan nervioso. Ni siquiera cuando se sentó tras el volante de su primer coche de carreras. Y ahora sabía por qué. Su profesión era correr, pero Virginia era su vida y su amor, y no sabía si podría sobrevivir sin ella. Si aquello era lo que Cassia había sentido por Lorenzo, Marco entendía que hubiera decidido lanzarle la maldición cuando la dejó.

Tal vez había llegado el momento de que un Festa y un Moretti se enamoraran para deshacer los errores del pasado.

Virginia pasó el resto del verano y el comienzo del otoño en su casa de Long Island. La tripa le crecía día a día con el embarazo, y el bebé, un chico, iba muy bien. Aún estaba de baja en el trabajo, y se dedicaba a pasar los días tranquilamente en casa.

Evitaba la prensa, la televisión y cualquier cosa que pudiera recordarle a Marco. Había aprendido por el camino duro, que el mero hecho de verlo en una foto bastaba para despertar en ella una profunda tristeza que tardaba mucho en desaparecer.

Lo echaba mucho de menos, y a veces sentía la tentación de dejar a un lado su orgullo y regresar con él. Pero también tenía que vivir consigo misma, y sabía que amar a un hombre que tan sólo la consideraba una querida, no era bueno.

Era un lluvioso sábado de comienzos de Noviembre, y estaba pintando la habitación para el bebé. Temía pensar en las vacaciones que se avecinaban, en volver a pasarlas sola. Pero se consoló pensando que en unos meses no volvería a estar sola. Tendría a su bebé y celebrarían juntos todas las vacaciones.

Cuando sonó el timbre de la puerta miró su reloj. Debía de ser Elena. Ella y su familia vivían cerca del lago George, y estaba pasando unos meses allí con Keke.

Keke se había recuperado sin secuelas del accidente, y había decidido dejar de correr. Había aceptado un nuevo trabajo como modelo y comentarista deportivo para una emisora europea.

Habían prometido acudir aquel día para ayudarla con los preparativos de la habitación del niño. Virginia agradecía mucho la amistad que le brindaba la pareja, especialmente Elena.

El timbre volvió a sonar cuando estaba a punto de abrir la puerta.

—Adelante —dijo mientras la abría.

Grazie, Virginia.

Era Marco. Estaba en el porche delantero, vestido con unos vaqueros, un jersey de cuello vuelto negro y una larga gabardina. La lluvia había mojado un poco su pelo negro.

—¿Qué… Que haces aquí? —preguntó Virginia, aturdida.

—Espero que no te importe, pero ya que no querías devolver mis llamadas, he convencido a Elena y a Keke para que me dejaran venir a ayudarte en lugar de ellos.

—Eso es… ¿Por qué?

—Porque necesitamos hablar. ¿Puedo pasar?

Virginia se apartó del umbral para que Marco pasara. Mientras veía cómo se quitaba la gabardina y la colgaba en el perchero, comprendió cuánto lo había echado de menos. Olía tan bien como recordaba, y los brazos le cosquilleaban con intensidad debido a la necesidad que sentía de abrazarlo.

—Me estás mirando fijamente —dijo Marco.

—Lo siento. ¿Por qué has venido?

—Porque me he dado cuenta de que no puedo vivir sin ti. Me da igual que mis hermanos crean que el amor supondría una condena para Moretti Motors. Te necesito en mi vida.

Virginia no estaba segura de haber escuchado correctamente.

—Yo no…

—Te mentí en Valencia cuando te dejé creer que para mí no eras más que una querida. Mi vida está vacía y carece de sentido sin ti.

Virginia fue incapaz de decir nada, pero cuando Marco alargó los brazos hacia ella, acudió dócilmente a refugiarse entre ellos.

—¿Esto es real, Marco?

Sí, mi'angela, ti amo.

Virginia ladeó la cabeza y lo miró para comprobar si el amor que había mencionado estaba reflejado en sus ojos. Lo estaba. Percibió una total sinceridad en ellos.

—Sé que no tengo derecho a esperar que aún sientas lo mismo por mí.

—Aún te quiero. Ha sido una agonía vivir sin ti —dijo Virginia—. Pero supuse que ésa era la única forma de aplacar a las Parcas.

Marco negó con la cabeza.

—La única forma de aplacar a las Parcas es casándonos, criando a nuestro hijo y dándole hermanos y hermanas.

—¿Estás seguro?

—Sí —dijo Marco con firmeza—. ¿Querrás casarte conmigo, Virginia?

—¡Sí!.

Virginia lo rodeó con los brazos por el cuello y lo besó con todo el amor y la pasión que había ido acumulando desde que se separaron en Agosto. Cuando finalmente se apartó, preguntó:

—¿Pero qué dirán tus hermanos?

—Les he hecho ver que ya tenemos una gran fortuna, que seguiremos centrándonos en lograr un éxito con nuestro coche, y que eso es todo lo que necesitamos para romper la maldición.

—¿Y están de acuerdo?

—En realidad no. Pero también les he dicho que al margen de que estés o no conmigo, eres la dueña de mi corazón y de mi alma.

Fin

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