Corea: Alta Comisionada Adjunta de la onu para los Derechos Humanos resalta la experiencia de la Ciudad de México en Foro Internacional sobre “Ciudades de Derechos Humanos”




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Indoamérica también es Hispanoamérica gracias a las tradiciones hebreas y árabes de España.
Somos lo que somos y hablamos lo que hablamos porque los sabios judíos de la Corte de Alfonso el Sabio impusieron el castellano, lengua del pueblo, en vez del latín, lengua de la clerecía, a la redacción de la historia y las leyes de Castilla.
Con cuánta emoción, Majestades, señoras y señores, asistimos en 1990 a la entrega de los Premios Príncipe de Asturias en Oviedo cuando el príncipe Felipe le abrió los brazos a las comunidades judías de la vieja España para recibirlas; dijo don Felipe: «con una gran emoción y el espíritu de concordia de la España de hoy».
Pero también llegó a nuestra América la España árabe. Siete siglos de convivencia nos dieron la tercera parte de nuestro vocabulario, nos legaron el rumor del agua, la frescura de los patios, la palabra visible y el rostro invisible de Dios y el rescate de nuestra más vieja tradición mediterránea, la de Grecia, conservada por Islam y transmitida a la Europa medieval a través de la arábiga Escuela de Traductores de Toledo.
Hispano-árabes son el Don Julián de Juan Goytisolo y colombiano-hispano-árabes son los Cien años de soledad de García Márquez: libros paridos por la unión de Cherezada y Cervantes, libros fieles al testamento del rey San Fernando en su sepulcro de la catedral de Sevilla, con los costados de la tumba escritos uno en castellano, otro en latín, el tercero en hebreo y el cuarto en árabe: rey de las tres religiones y de las cuatro lenguas.
Seamos, en este gran Congreso, guardianes fieles de nuestras tradiciones vivas, capaces de iluminar caminos de paz mediante el reconocimiento de letras y espíritus compartidos.

Escuchémoslas. Melancólicas lenguas de vida pasajera y muerte celebrada en la América indígena. Conflictivas lenguas de pasiones místicas y carnales en la España medieval y renacentista.
¿Qué las une? ¿Qué sucede con una y otra tradición cuando la energía sobrante de la España de la Reconquista cruza los mares y conquista, ahora, las tierras de otra civilización, a sangre y fuego pero también a palabra y cruz?
Las une la lengua.
En muy poco tiempo, el castellano de América adquiere un tono propio, indoespañol.
Las une la épica, pero no sólo la que SimoneWeil, leyendo la Ilíada, describe como «un poema del Poder» sino una épica dolorosa, la de Bernal Díaz del Castillo maravillado por la visión de Anáhuac y obligado, en seguida, a destruir lo que ha aprendido a amar. O como dice el gran crítico Francisco Rico, «singular convivencia de naturalidad y pasmo».
De este drama del deseo —anhelo pertinaz, jamás cumplido— nace una segunda épica mestiza, la del Inca Garcilaso de la Vega, y una lírica mestiza, la de Sor Juana Inés de la Cruz.
Ambos quieren ser indoamericanos que hablan y escriben en español.
Pero hay algo más.
Poseemos una tradición que le dio a la lengua castellana un relieve distinto, nacido de la necesidad de esclavos privados de sus lenguas nativas y obligados a aprender las lenguas coloniales para entenderse entre sí —para amarse y procrearse, para armarse y rebelarse— adoptando y cambiando el habla castellana con creatividad rítmica:
Casimba yeré

Casimbangó

Yo salí de mi casa

Casimbangó

Yo vengo a buscá

Dame sombra ceibita

Dame sombra palo Yabá

Dame sombra palo Wakinbagó

Dame sombra palo Tengué
que anuncia la velocidad que corre desnuda un día, enmascarada al siguiente, para amplificar el castellano popular de las Américas, felizmente incorporado —honor a Víctor García de la Concha— al Diccionario de la Real Academia. Lo evoqué en su mexicanidad en Valladolid. Le hago eco en su argentinidad en Rosario: el covoliche no es una macana ni un jabón, es un tarro que encubre matufias, nos hace más cancheros de la lengua, más hinchas de las letras, jamar mejor las escrituras, jotrabarchorede el alfabeto, y viva quien me proteja, sobre todo si es un Cortázar que arma su propio lunfardo en Rayuela.
Formamos parte de una civilización inmensamente rica, plural, «cósmica» como diría José Vasconcelos.
Las pruebas están en todas partes y el edificio no ofrece fisura alguna.
La continuidad es asombrosa, el origen enriquece al presente, el presente alimenta al porvenir y cada una de nuestras raíces antiguas tiene sus manifestaciones modernas.
Pero no todo es celebración.
La continuidad cultural de Iberoamérica aún no encuentra continuidad política y económica comparable.
Tenemos corona de laureles pero andamos con los pies descalzos. El hambre, el desempleo, la ignorancia, la inseguridad, la corrupción, la violencia, la discriminación, son todavía desiertos ásperos y pantanos peligrosos de la vida iberoamericana.
La lengua y la imaginación literarias son valores individuales del escritor pero también valores compartidos de la comunidad. No en balde, lo primero que hace un régimen dictatorial es expulsar, encarcelar o asesinar a sus escritores. ¿Por qué? Porque el escritor ofrece un lenguaje y una imaginación contrarios a los del poder autoritario: un lenguaje y una imaginación desautorizados.
La lengua nos permite pensar y actuar fuera de los espacios cerrados de las ideologías políticas o de los gobiernos despóticos. La palabra actual del mundo hispano es democrática o no es.
Sin lenguaje no hay progreso, progreso en un sentido profundo, el progreso socializante del quehacer humano, el progreso solidario del simple hecho de estar en el mundo y de saber que no estamos solos, sino acompañados.
El lenguaje, nos recordó Francisco Romero, es un acervo patrimonial donde nada se pierde: constantemente, la palabra vence la ausencia de nuestro pasado para crear la presencia de nuestra historia.
Esa historia nuestra nacida de la ilusión de una nueva edad de oro, subyugada por la pérdida de la utopía pero renacida —nuestra historia— como vitalidad de la palabra que asume el pasado de nuestros pueblos, transmite los hechos históricos horizontalmente, entre los de hoy, pero también los transmite verticalmente entre los de ayer, entre las generaciones.
La lengua no es biología: se aprende; es educación.
Nunca olvidemos, al pensar, al hablar, al escribir nuestra lengua maravillosa, que nada se pierde.
Pues negar la tradición no nos aseguraría una libertad mayor. Todo lo contrario. La tradición nos obliga a enriquecerla con nueva creación.
Y la tradición nos invita a ser escépticos pero exigentes. No siempre lo hemos sido. A veces, queremos creer en el Paraíso para no darle la cara a la Caída. Pero la caída es la oportunidad de la siguiente creación.
Posiblemente el inglés sea más práctico que el castellano.
El alemán, más profundo.

El francés, más elegante.

El italiano, más gracioso.

Y el ruso, más angustioso.
Pero yo creo profundamente que es la lengua española la que con mayor elocuencia y belleza nos da el repertorio más amplio del alma humana, de la personalidad individual y de su proyección social. No hay lengua más constante y más vocal: escribimos como decimos y decimos como escribimos.
¿Y qué decimos?

¿Qué hablamos?

¿Qué escribimos?
Nada menos que el diccionario universal de las pasiones, las dudas, las aspiraciones que nos comunica con nosotros mismos, con los otros hombres y mujeres, con nuestras comunidades, con el mundo.
La tierra existiría sin nosotros, porque es realidad física.

El mundo, no, porque es creación verbal.

Y el mundo no sería mundo sin palabras.
Porque cuanto veamos y toquemos objetivamente en el mundo requiere, para seguir siendo, la correspondencia verbal de otro mundo al lado del mundo, que lo corrija y modifique y enriquezca verbalmente.
Nuestra literatura, la que celebramos en este gran Congreso argentino, proclama que la libertad no puede ser ajena a la creación de un mundo lingüístico. Todo lenguaje ilumina otro lenguaje y le da accesibilidad, permanencia y actualidad.
Actual es el lenguaje de Sor Juana Inés de la Cruz reclamando los derechos de la condición femenina:
Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis…
Actual es el lenguaje de Luis Cernuda en defensa de la preferencia sexual «porque el deseo

—escribe— es una pregunta cuya respuesta nadie sabe» y actual la generosidad amorosa espléndidamente abarcante de Garcilaso:
Yo no nací sino para quereros…

Por vos nací, por vos tengo la vida.

Por vos he de morir y por vos muero…
Voz de la personalidad propia, inalienable, maravillosamente descrita por Jorge Guillén:
A ciegas acumulo

Destino: quiero ser
Palabra metafísica del mayor poema mexicano del siglo XX, la Muerte sin fin de José Gorostiza:
Lleno de mí, sitiado en mi epidermis,

por un Dios inasible que me ahoga.
Pero, ¿no es tan física esta palabra del alma como la del cuerpo natal de Martín Fierro?
Cantando me he de morir,

cantando me han de enterrar…

Desde el vientre de mi madre

vine a este mundo a cantar…

¿Y hay pregunta más lúcida que la Rubén Darío a la vida y a la palabra de la vida que el saber no sabiendo de su poema Lo fatal?
Popol Vuh, Martín Fierro, Rubén Darío.
Ah, es cierto. Conocemos estos poemas de memoria. Pero no les hacemos justicia si no los leemos o decimos siempre por primera vez, como si los acabásemos de descubrir, convencidos de que nadie, nadie ha dicho antes, ni siquiera Pablo Neruda:
Yo la quise y a veces ella también me quiso.
Nadie antes de nosotros, hoy, en este momento, en el presente que es el único lugar de cita del pasado —la memoria— y el porvenir —el deseo—.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
¡Qué extrañamiento, qué novedad cada vez que lo digo o lo leo! ¡Qué certeza de que el lector conoce algo que el escritor, ni siquiera Pablo Neruda, jamás conocerá: el futuro!
El mundo, dice Mallarmé, nos da voces y el escritor las devuelve a fin de otorgarle mayor pureza a las palabras de la tribu.
No lo creo. En español, le devolvemos las palabras a la tribu manchadas, manchegas, mestizadas, a fin de unir dos tradiciones que se subsumen en una sola, al filo del Cuarto Centenario del Quijote y es, una, la de nuestra capacidad hispanohablante para oponer al dogma la incertidumbre —¿son molinos o son gigantes?— y la otra, el poder de llenar los vacíos de la realidad con la realidad de la imaginación —sí, los molinos son gigantes—.
Majestades,

Señor Presidente,

Señoras y señores:
Estamos aquí, en Rosario, en un terreno común donde la historia que nosotros mismos hacemos y la literatura que nosotros mismos escribimos, pueden unirse. Es el espacio compartido pero siempre inacotado en el que nos ocupamos de lo interminable —la historia— a través de lo amenazado —la palabra—.
Historia interminable, pues una sociedad está enferma o engañada cuando cree que la historia está completa y todas las palabras dichas.
Pero la desdicha del decir es ser dicho de una vez por todas y su posible dicha, ser siempre palabra por decir, aún no dicha, des-dichada.
Quienes proclaman el fin de la historia sólo quieren vendernos, dice Carmen Iglesias, otra historia: la suya, no la nuestra. Esa es la otra falacia —el fin de la historia— que quiero rechazar.
Nosotros, aquí, en este gran Congreso, sabemos que la historia no ha terminado, ni han terminado las palabras que manifiestan felicidad e inconformidad, escepticismo y confianza, amor y cólera benditos, dichos en lengua española.
El hispano parlante de ayer le da el verbo al hispano parlante de hoy y éste al de mañana.
Descendemos del gran flujo del habla castellana creada en las dos orillas por mestizos, mulatos, indios, negros, europeos.
Estas voces se oyen en América, se oyen en España, se oyen en el mundo y se oyen en castellano.
Gracias.
MEXICO: Prensa del mundo recuerda a Carlos Fuentes
El fallecimiento del escritor Carlos Fuentes dio la vuelta el mundo. Los portales web de diversos diarios del mundo destacaron en sus portadas la muerte del autor de 'Aura'.
El español 'El País' destacó con una gran fotografía horizontal la noticia, además de calificar a Fuentes como un "crítico del nacionalismo oficial mexicano, cosmopolita, ejerció una notable crítica contra su país, en particular invocando una y otra vez su incapacidad para convertirse en una sociedad moderna".
Y es que casualmente, el diario español había publicado para este martes una entrevista justo con Fuentes, donde aseguraba que "miedos literarios no tengo ninguno"
Por su parte, 'El Mundo' describió aspectos de la vida de Fuentes, a la vez que lo describió como "un intelectual extraordinario que cuestionó durante toda su vida a su país, México, por ser incapaz de construir una democracia más auténtica y desde la literatura encaminó a la narrativa en lengua española hacia la modernidad".

Francia tampoco fue ajena a la noticia, y más cuando Fuentes fue embajador de México en ese país en los años 70. 'Le Monde' escribió: "izquierdista intelectual, quien saltó a la fama internacional a los 30 años con su primera novela (...) su carrera diplomática lo llevó a compartir su vida entre México, París y Londres".
En América Latina también hubo reacciones. 'La Nación' de Argentina recordó la visita de Fuentes a su Feria del Libro en Buenos Aires, ciudad que el escritor consideró como "la ciudad de mi juventud, de mis amores y de mi vida".
'El Mercurio' de Chile cabeceó: "Muere Carlos Fuentes, uno de los autores más relevantes de las letras hispanoamericanas". Una fotografía del fallecido escritor se destacó en la parte superior de la página web del diario.
También 'El Tiempo' de Colombia destacó su nota en su sección cultural, donde recordó que el escritor "tuvo una gran amistad con Gabo y con Cortázar". Rescató también una entrevista donde afirmaba que "uno de sus secretos era mantenerse vital".
MEXICO: Carlos Fuentes Viva el socialismo. Pero (1) 14 May. 12

Reforma
La historia se anuncia. Luego duerme la siesta. Y, al cabo, despierta. Los acontecimientos de mayo de 1968 en París fueron una fiesta. "Debajo de los pavimentos, las playas". "Prohibido prohibir". Marx y Rimbaud, compañeros. Asistí a esa fiesta. Era una forma de embriaguez colectiva. Pero tenía un fondo sobrio. Había que modernizar a Francia. El Partido Comunista se negó al movimiento. Las fábricas no fueron a la huelga. Se inició el gran declive del PC, que en Francia había llegado a ser partido que sumó la fuerza del proletariado a una doctrina nacionalista ajena al internacionalismo de Marx.
1968 redujo al PC pero no encontró con qué sustituirlo. El gran partido socialista de Jean Jaurés (1859-1914) fue revitalizado por León Blum, quien en el corto espacio de un año, 1936-1937, estableció el derecho a vacaciones pagadas, la semana de cuarenta horas y el contrato colectivo de trabajo. Esta herencia fue disipada por el Partido Socialista de la post-guerra, llegando, con Guy Mollet a participar en la guerra del Canal de Suez contra el presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser. Mayo del 68 confirmó tanto el desprestigio del PS como el del PC. En el Congreso socialista de Épinay, Francois Mitterrand decidió revertir el declive y devolverle un sentido al PS. ¿Pero cuál sentido?
Tuve una relación personal, de amistad política, con Mitterrand. Vecinos en la misma calle parisina en los años setenta, aplaudí su viaje a México en oposición a opiniones estrechamente oficialistas. El fruto de la visita lo obtuvimos cuando Mitterrand llegó a la presidencia de Francia en 1981 y puso en marcha un programa renovador que le devolvió prestigio y fuerza al maltratado PS. Mitterrand tuvo la audacia (comparable a la de Lázaro Cárdenas en México) de tomar las medidas que el país entero, incluyendo a la burguesía, necesitaba para prosperar. Nacionalizó la banca para modernizarla. Puso la justicia en manos de un gran abogado, Robert Badinter, quien abolió la pena de muerte y modernizó las cárceles. Descentralizó la administración pública. Redujo la semana de trabajo. Aumentó el periodo de vacaciones. Exigió a los patronos aprobación gubernamental antes de despedir trabajadores. Más empleo. Más vivienda popular. Un programa de gasto deficitario que no encontró eco en las políticas de reducción de gastos y de impuestos de otras naciones capitalistas. No obstante, las políticas de Mitterrand quedaron, como dicen los franceses, "en reserva de la república" y hoy regresan al primer plano dada la actual opción crítica entre la austeridad como promesa de desarrollo que sólo prolongan la depresión y un retorno a la política de Mitterrand: Expansión y desarrollo.
Al cabo, la derecha francesa, tan asustada por Mitterrand, entendió (a medias) la necesidad de las reformas para alcanzar la prosperidad colectiva, incluyendo la de la burguesía. Nuevamente, se impone la comparación con Cárdenas en México, Franklin Roosevelt en EE.UU., López Pumarejo en Colombia y el Frente Popular en Chile.
La política exterior de Mitte- rrand, que tanta alarma inicial causó en Washington, se situó en la realidad europea. "Moscú puede usar el arma atómica contra Francia en cosa de minutos", me dijo un día Mitterrand. Su política aisló y debilitó al PC francés, que al cabo se retiró del gobierno. El filósofo francés Jacques Derrida viajó a Praga a dar clases privadas de filosofía, toda vez que el gobierno sólo permitía versiones ortodoxas. Derrida fue detenido y encarcelado. Mitterrand le exigió a Praga la liberación inmediata o la ruptura de relaciones. Praga cedió. Heredero de la política de cooperación en vez de guerra con Alemania, política iniciada por Robert Schuman y Konrad Adenauer. Mitterrand reforzó los lazos con el vecino del Rin. Viajó a Cancún con asesores de izquierda (Regis Debray, Jean Daniel). Observó las indiscreciones del Ronald Reagan. Se admiró de que los EE.UU. eligiesen presidente a un actor de Hollywood. Prosiguió una política independiente para Francia y al cabo, cuando la elección de 1986 la ganó la derecha, Mitterrand "cohabitó" como presidente con el Primer Ministro golista, Jacques Chirac. Sólo que, si el zorro Chirac sabía muchas cosas, el erizo Mitterrand sabía una gran verdad: que la oposición cometa los errores, yo me limito a presidir. Así ganó la elección presidencial de 1988 con una mayoría del 54%. A mitades entre las regresiones de Chirac y las renovaciones socialistas, Mitterrand en su segundo periodo resucitó el salario mínimo, un programa de empleo y un impuesto sobre las grandes fortunas.
La elección de Francois Hollande, el primer presidente socialista desde Mitterrand, hereda el pasado que aquí evoco. Pero lo hereda en un mundo muy distinto al que le tocó a Mitterrand. (Sigue mañana).
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