La burguesía en la república popular de china




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EL PÁJARO EN LA JAULA.
LA BURGUESÍA EN LA REPÚBLICA POPULAR DE CHINA


China se ha convertido objetivamente en la más prometedora esperanza y el mejor ejemplo para todos los países del Tercer Mundo
Fidel Castro.
China sigue un camino diferente al del Fondo Monetario Internacional, demostrando al recorrerlo la existencia de una vía alternativa de transición que compatilizaba el crecimiento que prometían los mercados con una reducción sustancial de la pobreza.
Joseph E.Stiglitz, Premio Nóbel de Economía 2005.

La aparición de la nueva potencia mundial China en el patio trasero de Washington (ha) sido la bonanza inesperada para los demiurgos de la integración bolivariana; casi comparable en sus efectos para América Latina a la invasión napoleónica de España.
Heinz Dieterich Stefan, profesor y ensayista, 2005
El Partido Comunista de China debe ser la verdadera vanguardia de la clase obrera, reforzar su liderazgo como la organización política del pueblo y la dictadura democrática. Hacemos un llamamiento para el restablecimiento de la propiedad pública como la parte principal de la economía nacional. Sólo de esta manera pueden los trabajadores, campesinos y pueblo en general ser dueños de las empresas y el país y realmente poner en práctica un sistema de distribución principalmente basado en la contribución del trabajo.
Li Chengrui y otros 4 veteranos revolucionarios chinos, 2010

Autor: Mikel Koba, sociólogo y sinólogo

Última modificación: 2011.
Índice:
1.- Introducción.

2.- Historia de la burguesía china.

3.- Debilidad política, consecuencia de la debilidad económica.

4.- La burguesía nacional en la primera fase de la República Popular.

5.- Ver burgueses donde no los hay.

6.- Impulso al sector privado. La burguesía renace.

7.- El Partido reclama la ayuda de la vieja burguesía nacional.

8.- Quien es y cómo es esta nueva burguesía.

9.- El inmenso mundo de los getihu.

10.- ¿Los ex guardias rojos constituyen un grupo social?

11.- La vinculación al Estado, una clasificación empresarial.

12.- Los empresarios en el campo.

13.- La parte superior de esta burguesía.

14.- Nace un embrión de una nueva burguesía compradore.

15.- La cotidiana labor corruptora de la burguesía.

16.- La función positiva de los nuevos empresarios chinos.

17.- Quieren construir un nuevo Kuomintang.

18.- ¿Existe o no una burguesía como clase para sí en China Popular?

19.- ¿Donde está ahora la burguesía china como clase para sí?

20.- Consumir y mejorar no es convertirse en capitalistas

21.- El igualitarismo a ultranza es confuciano.

22.- ¿Existe una burguesía de Estado?

23.- Luchas en el seno del Partido Comunista contra los neoliberales.

24.- Impedir que surja una cultura de la burguesía china.

25.- Defender la moral socialista.

26.- ¿Quién ejerce la dictadura contra quién?

27.- China aplasta el nacimiento de un capitalismo mafioso.

28.- La cuestión de los intelectuales.

29.- La hostilidad del Pueblo a los arrogantes nuevos ricos.

30.- Diagnósticos equivocados sobre el capitalismo chino.

31.- Conclusiones.
Bibliografía

Anexos.

1.- Introducción
China y su sistema socio-político desconciertan a todos, a la derecha económica de los países capitalistas que se queja de su exceso de comunismo, del rol dirigente del Partido Comunista, de las limitaciones que impone a las inversiones y de su control sobre el capital y a la izquierda occidental siempre dispuesta a equivocarse. Una parte de dicha izquierda jugó un papel negativo en el acoso y destrucción de la Unión Soviética, aplaudió la destrucción de Yugoslavia y ha dado por buena la agresión imperialista contra Libia por lo que su credibilidad es igual a cero.
Cuando algún investigador llega rápidamente a conclusiones redondas, perfectas e inapelables en torno a China es mejor dudar seriamente de su capacidad de análisis. Es seguro que se equivoca. En cambio cuando alguien empieza por reconocer las gigantescas dificultades de emitir un diagnóstico irrefutable e incluso desconfía de la capacidad de las palabras y del bagaje teórico del que disponemos para poder interpretar estos fenómenos sociales de magnitud china, es bueno empezar a tomar en serio su investigación.
Dicho esto, intentamos acercarnos con modestia y con propósito científico a este objeto de estudio sabiendo que a su alrededor es mucha la propaganda y poca la ciencia y el rigor. Al gran capital se le hace muy duro reconocer que el país más poblado del Planeta está conquistando metas históricas bajo la dirección de un partido político que afirma sin vacilar guiarse por el Marxismo-Leninismo1. No les entra en la cabeza que una ideología que han dado por muerta esté guiando a China y, por tanto, a una gran parte de la Humanidad.
Hay que reconocer que el Socialismo chino es innovador y se aplica creativamente a la realidad más específica, duradera en el tiempo y original de la sociedad universal. Imaginemos que el Egipto de las dinastías faraónicas, la antigua Babilonia de Hammurabi, la Roma de Julio César o el Imperio Inca, en lugar de desaparecer de la faz de la tierra y de convertirse sus obras en un montón de ruinas, se mantuviesen hasta la fecha con la lógica sustitución de cúpulas dirigentes y evolución general. Tendríamos enfrente nuestro no sólo a una realidad social de nuestro tiempo sino a una realidad de “doble piel”, como decía agudamente el escritor italiano Alberto Moravia, de profundas raíces históricas. Una cultura en la que la historia y la lucha contra la historia (es decir, contra sus consecuencias) tiene un peso destacado.
Para analizar las clases sociales en China empleamos una sólida base teórica, un periodo de observación participante, determinados análisis concretos sobre China y una serie de estudios que hemos realizado previamente sobre otros países socialistas para adentrarnos en la investigación de las nuevas capas sociales que han emergido en los más de 25 años de reforma económica y apertura al Mundo de China Popular. Y de todas ellas nos interesa estudiar la capa denominada “burguesía”, formada por los empresarios privados de distintas dimensiones, los grandes ejecutivos de empresas privadas, los accionistas privados y los gestores de empresas con capital extranjero. Iniciamos la investigacion con un estudio histórico, nos detenemos en las condiciones de especial atraso del país y analizamos las diversas políticas aplicadas por los dirigentes comunistas en su relación con la burguesía a partir de los años 20 del siglo XX hasta la fecha. Ilustramos nuestras hipótesis con numerosos estudios de casos individuales micro sociológicos ya que la enormidad del país hace inviable un único estudio macro sociológico. Empleamos la sociología comparada al estudiar con todo el detalle del que hemos sido capaces a la verdadera burguesía china como clase para si, la que hoy está ubicada fuera del territorio directamente gobernado por el Partido Comunista chino, y la comparamos con el germen de nueva burguesía en construcción que nos interesa analizar.
En el estudio que realizamos sobre las aspiraciones políticas de la nueva burguesía y las disputas en el seno del Partido Comunista entre los partidarios del camino socialista con características chinas y los partidarios del modelo capitalista empleamos las herramientas clásicas de la sociología política sobre la base de abundantes fuentes secundarias, es decir fuentes producidas por otras investigaciones pero que nosotros analizamos y reinterpretamos.
No estudiamos únicamente la base económica de la burguesía emergente sino también la construcción por su parte de una cultura, espiritualidad e ideología acorde a sus intereses de clase.
Una palabra sobre las fuentes: Necesitamos contar con la mayor cantidad de fuentes disponibles, chinas y occidentales, burguesas y progresistas, gubernamentales y universitarias, periodísticas y militantes. Pero no podemos echarnos ciegamente en brazos de las fuentes ignorando los intereses que se ocultan tras de ellas. No podemos contar como moneda contante y sonante fuentes que ofrecen una visión absolutamente sesgada e interesada de la realidad china. La capacidad del analista consiste en deslindar la verdad de la falsedad y en entender donde se ubica la propaganda y donde el dato objetivo. Hubo un momento en que el gobierno chino falsificaba las encuestas, hacia los años 50, cuando pretendía ocultar el fiasco económico maoísta llamado “Gran Salto adelante”. Pero eso ya pasó. Hoy el gobierno chino ofrece datos variados, abundantes y seguros e incluso valoraciones autocríticas y sinceras respecto a las nuevas realidades del país.
Hacer una foto fija del momento presente cuando todo cambia rápidamente en China no es suficiente. Sólo un estudio longitudinal en un periodo histórico relativamente largo (en China todo tiende a perdurar mucho en el tiempo, no como en Occidente donde todo se convierte velozmente en obsoleto) permite extraer algunas conclusiones que se aproximen a la verdad.

2.- Historia de la burguesía china.
En relación a los 5 mil años de historia y, en particular, a los 3 mil años de feudalismo en China considerado “modo de producción asiática”, tanto el capitalismo moderno como la burguesía como clase son muy recientes. Mao Zedong señala que los primeros capitalistas que merecen tal nombre fueron algunos comerciantes, terratenientes y burócratas que en el contexto de crisis de la estructura feudal y de invasión extranjera de mediados del siglo XIX, comienzan a hacer inversiones en la industria moderna (Mao Zedong, 1971, p. 320). La aristocracia comercial (shishèn) invierte en empresas modernas y participa en las cámaras de comercio aprobadas en 1904. Las potencias imperialistas de Gran Bretaña, Francia, USA, Alemania, Rusia, Austria-Hungría, Bélgica y Japón que invaden China, la saquean y la ocupan desde 1840 hasta 1949 no buscan, claro está, el desarrollo de un capitalismo local moderno sino la transformación del país en una inmensa colonia o semi-colonia a la que explotar. Federico Engels ejemplifica así la situación de sometimiento de China frente al imperialismo: “Las cosas han llegado a tal punto que una nueva máquina que se invente ahora en Inglaterra podrá, en el espacio de un año, condenar al hambre a millones de obreros en China” (F.Engels, 1847, p. 86). Durante la Primera Guerra Mundial, que obliga a los invasores a atender sus problemas bélicos y a debilitar su control del país, los nuevos capitalistas chinos desarrollan algo la industria, principalmente la textil y la harinera. Pero las principales ramas de la débil industria están en manos de las potencias extranjeras. El comunista ruso Gregori Zinoviev ofrece en 1927 algunos datos que confirman la debilidad de la burguesía china. Por ejemplo, señala que los capitalistas chinos son dueños del 70 % de la industria que produce cerillas pero son sólo dueños del 20 % del capital de la industria realmente estratégica del hierro, del 26 % del capital de los transportes marítimos y fluviales, del 25 % del capital de la industria azucarera y del 58 % del capital de los ferrocarriles (Zinoviev, 1927, p. 94). En 1935 los capitalistas extranjeros controlan el 80 % de la industria del hierro y del acero, 56 % de la explotación minera, 76 % de la producción eléctrica, 64 % de la producción de algodón, 57 % de la industria del tabaco, el 80 % del transporte ferroviario y el 70 % del transporte por agua de mercancías. Zinoviev observa que el capital extranjero impide que la incipiente burguesía china invierta en la industria y se vea obligada a invertir en la menos rentable agricultura donde domina las industrias manufactureras del campo, que son industrias escasamente productivas y de poca tecnología, como la industria del tejido a domicilio, algunas destilerías, pequeños talleres artesanos.
La burguesía es socialmente débil porque su base económica es atrasada, agraria y dominada por los propietarios feudales y el capital extranjero. Carece completamente de sentido el diagnóstico realizado por Trotsky de que “los terratenientes casi ni existen como clase, los propietarios de tierra están ligados con los capitalistas de un modo incomparablemente más estrecho que en la Rusia zarista” (Trostsky, 1930). La realidad es justo la opuesta a la que describe este autor.
Los derechos de construcción de ferrocarriles estaban en manos de ricos empresarios chinos que los cedían a los capitalistas extranjeros. Desde 1890 Alemania tenía el monopolio ferroviario en una parte de la provincia de Shandong. Japón tenía numerosos intereses en Manchuria. En mayo de 1910 el gobierno de la dinastía Qing firma un acuerdo en París por el que cede a las presiones de EEUU, Francia, Gran Bretaña y Alemania para construir la línea Cantón-Hankou. En oposición a esta claudicación se levanta un movimiento de protesta en las provincias de Guangdong, Sichuan, Hunan y Hebei que es reprimido con violencia.

Los derechos cedidos a la Sociedad de Explotación Chino-Americana caen en manos de un grupo belga y sus socios franceses y rusos y obtienen la concesión para construir el ferrocarril de Hankou a Beijing.

Los mandarines sabotean el proyecto de construir un tren de Shanztou a Chaozou que impulsa Zhang Yunan, un capitalista chino que ha hecho su fortuna en Indonesia. Se asocia con una empresa japonesa pero las dificultades prosiguen. Dos técnicos japoneses son asesinados y tiene que pagar 210 mil yuanes de indemnización para evitar represalias militares de los nipones.
En 1936 una empresa japonesa compra un modesto taller de 25 obreros que fabrica zapatos en Qingdao y lo convierte en una empresa moderna de 150 empleados.
El líder soviético Stalin subraya en 1926 que “la gran burguesía china es extremadamente débil, incomparablemente más débil que la burguesía rusa del periodo de 1905” (Stalin, 1926, p. 18). La industria moderna, formada por la industria ligera, aportaba sólo el 10 % de la economía china. Era una economía arcaica basada en una agricultura que un historiador considera más primitiva que la de la Edad media europea (Schram, 1971, p. 86) y sometida al dominio extranjero. Sistema económico subdesarrollado controlada por una clase terrateniente ociosa y parasitaria que somete a la población campesina a la miseria: los niños y mujeres campesinas son vendidos con frecuencia como si fueran ganado, los niños mueren de hambre llenos de gusanos, los campesinos hambrientos se pelean por las hojas de los árboles que son el único alimento en época de malas cosechas, los campesinos pobres que no pueden pagar sus deudas pierden su modesta casa y su poca tierra y tienen que mendigar y morir de hambre. Como dice el norteamericano William Hinton, quién conoció en persona e investigó en 1948 la vida campesina, “la gente no podía hablar de su pasado sin que le saltaran las lágrimas. Ni nadie podía escucharles sin emocionarse y llorar con ellos” (Hinton, p. 99). Es un feudalismo que contiene expresiones de esclavismo. Por ejemplo, alguna minoría nacional sufre condiciones de esclavitud, así como algunos hijos de campesinos han que son vendidos y convertidos en esclavos domésticos al servicio de los terratenientes.
El economista egipcio Samir Amín nos advierte que esta realidad social tan específica produce un vocabulario específico para designarla y que es válido sólo para esta realidad y no sirve para explicar otras realidades diferentes (Amín, 1976, p. 39). Vocabulario que enriquece el acervo marxista formado por términos como feudales, burguesía burocrática aliada al feudalismo, burguesía compradore pro imperialista y burguesía nacional.
Ahora vamos a identificar a los tres grandes grupos burgueses chinos:


  1. La burguesía compradore: El término compradore proviene de la lengua portuguesa. En chino se usa el término maiban. Es un sector social estrechamente subordinado al capital extranjero en China y su agente político y económico. No posee prácticamente ninguna empresa pero domina el comercio con el imperialismo: exportación de materias primas e importación de productos elaborados. Burguesía pro imperialista y antinacional. El filósofo francés Roger Garaudy afirma que esta burguesía “está formada por comerciantes autóctonos que sirvieron, en una primera etapa, de intermediarios entre el capital extranjero y el mercado nacional. En la época del imperialismo, a partir de 1880-1890, los “compradori” fueron esa capa superior de la burguesía (bancaria, comerciante o incluso industrial) que se ligó estrechamente a los monopolios de los países imperialistas y que se convirtió en su agente” (Garaudy, 1967, p. 50). Vemos alguna similitud con la burguesía latinoamericana que Eduardo Galeano llama “comisionista” y describe así:”prósperas piezas del engranaje mundial que sangraba a las colonias y a las colonias” (Galeano, 1981, p.47). Antes de 1949 los compradori y la burguesía burocrática, que no representaban más que una parte ínfima de la población, monopolizaban el 80 % del capital industrial y controlaban la economía. Preferían invertir su fortuna en sectores poco productivos pero muy rentables como préstamos agrícolas, bancos chinos de estilo antiguo, casas de préstamos y tierras que les reportaban del 20 al 50 % de beneficios anuales. En 1920 Mao afirma:”Estas clases representan las relaciones de producción más atrasadas y reaccionarias de China e impiden el desarrollo de las fuerzas productivas del país. Su existencia es absolutamente incompatible con los objetivos de la revolución china. En particular, la clase de los grandes terratenientes y la gran burguesía compradora se coloca siempre del lado del imperialismo y constituyen un grupo extremadamente contrarrevolucionario. Sus representantes políticos son los "estatistas" y el ala derecha del Kuomintang2" (Mao Zedong, 1920, p.9). Es una burguesía dividida entre su fidelidad a las distintas potencias de las que depende. Así había una fracción pro japonesa, otra pro británica, otra pro francesa, etc. Un ejemplo de compradore fué Chen Lianbo quién, con apoyo del gobierno británico, creó en 1924 las “Milicias comerciantes” en Cantón que el 10 de octubre ametrallaron una manifestación popular. Las fuerzas obreras y el ala izquierda del Kuomintang las derrotaron el día 15. Otro ejemplo es Ho Tung (1862), hijo de inglés y de china, intermediario de la sociedad inglesa de comercio de Hong Kong Jardine Matheson, garante de los préstamos otorgados a los chinos. A los 38 años creó su propia sociedad en 1906. El rey británico George V le hizo noble y fué el primer chino autorizado a vivir en las colinas de Hong Kong (a partir de ahora H.K.) cerca de las villas estucadas de estilo eduardino donde vivían los ingleses. Según Garaudy, el mariscal Chiang Kai Shek se convirtió en el representante más típico de este sector social.



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