Tomás Moro: el santo de Utopía




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títuloTomás Moro: el santo de Utopía
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Comentario global sobre Utopía.
Cualquiera sea la perspectiva que se tome al estudiar Utopía, aparecen elementos del racionalismo emergente del siglo XVI. Y la lectura de la obra no deja dudas: el régimen de la isla es un orden completamente racional. Desde este punto de vista, tenemos un orden imaginado por Moro-autor, invención que llega hasta los más íntimos detalles de la organización social; y un orden racional inventado por Utopos, el “founding father” que da a Utopía su orden institucional. Orden que Moro-personaje conoce a través del relato de Hythloday. Justamente, la dificultad para captar la intencionalidad de Moro radica en el entrelazamiento de Moro-autor y Moro-personaje, ya que no es evidente que por la boca de Moro- personaje esté siempre hablando Moro-autor”. (Bidegain Ponte, 2010) 24
“Frente a la división estamental de la Antigüedad y de la Edad Media, Moro postula el imperativo moral del trabajo como la única vía para la igualación social. Que la propiedad sea común, dice, pero que sea también común el trabajo”. (Campillo Meseguer, 1984)
“Moro considera que el mal puede ser combatido y el bien alcanzado. “Permite pensar en la “utopía”, el “no-lugar”, no simplemente como una quimera, como una fantasía, como un pasatiempo intrascendente, sino como un proyecto para la acción, como un programa realizable en el futuro, como un horizonte históricamente accesible, como una meta a la que los hombres pueden acercarse lenta y laboriosamente, guiados exclusivamente por su razón y su esfuerzo. De este modo, pensar la inmanencia de lo político implica pensar la historicidad de lo humano; y si se hace desde la perspectiva de Moro, implica también pensar la posibilidad del progreso histórico.” (Campillo Meseguer)
En Utopía Moro “expone su ideal sobre el orden político y social acorde con la concepción humanística de la libertad del hombre. Utopía es un país dominado por la razón natural. Ubicado en una isla de manera de asegurar “...física, histórica e ideológicamente el aislamiento de Utopía, condición, si no imprescindible, por lo menos recomendable para las repúblicas ideales” (Pardo, 1983). Una nación sin pobreza y sin los males del mundo producidos por el derecho de propiedad, el uso del dinero y el amor por el oro y la plata, ya que “...la madre amantísima que es la Naturaleza, todas las cosas necesarias las puso sin ahorrarlas y de forma que pudiéramos conseguirlas sin ningún esfuerzo; así, por ejemplo, el aire, el agua y la tierra; en cambio, hundió en las profundidades de sus entrañas lo que no posee ninguna utilidad y sólo es vana riqueza”. Hernández Arias (2007)
“El proceso de progresiva secularización de la sociedad, así como la crítica a la inadecuación de las instituciones políticas y eclesiásticas que culminaron en la Reforma, exigían una nueva manera de plantearse el problema de la relación entre lo público y lo privado o, lo que es lo mismo, la cuestión de la articulación entre la esfera de la moral y la de la praxis política en la que la primera ha de tener lugar”. (Diez de la Cortina Montemayor)
“El Estado perfecto ha de fundarse sobre la paz exterior y sobre la igualdad interior. La política ha de ser entendida como el instrumento de realización de la moral. Y ésta tiene sus dos pilares fundamentales en la paz y en la justicia. Hay en Moro un claro optimismo antropológico, una confianza en la bondad natural del hombre: es la historia la que se ha desviado de la naturaleza, son los gobernantes los que han traicionado su verdadero cometido. Y es a ellos a los que corresponde asegurar el buen orden del Estado. La misma isla de Utopía debe su nombre a Utopo, que la conquistó y le dio el ordenamiento jurídico y político (e incluso geoestratégico, ya que mandó cortar el istmo que la unía al continente) que hizo de ella un Estado autárquico y ejemplar; y los únicos que en ella son eximidos del deber generalizado del trabajo son los que se dedican al estudio, de entre los cuales son elegidos todos los cargos públicos, incluido el cargo vitalicio de Jefe del Estado. En Moro, como en Platón, los más sabios son los que han de gobernar; el poder ha de estar en manos no de los más fuertes sino de los más justos. Pero en Utopía, a diferencia de lo que ocurre en La República, se suprime la doble división entre ociosos y laboriosos y entre civiles y guerreros: el trabajo es un imperativo general, y el oficio de la guerra ha de ser abolido”. (Campillo Meseguer)
Tanto en el Estado ideal de los utopianos como en los Estados reales de los europeos, la religión comienza a ser pensada como un instrumento político de cohesión social, como una eficaz arma de control moral. Por eso, aunque en Utopía se admite la pluralidad religiosa, se prohibe en cambio defender públicamente el ateísmo: “Se opuso [Utopo] con el mayor rigor a que nadie abdicase de su dignidad humana hasta el punto de creer que el alma desaparece con el cuerpo y que el mundo va a la deriva sin la providencia de Dios. Creen, en consecuencia, los utopianos que están marcados unos premios para los buenos y fijados unos suplicios para los malos”. (Campillo Meseguer)
Si no se pueden arrancar de raíz las malas opiniones, si no puedes poner remedio a los vicios recibidos por tradición tan allá como tú quisieras, no por eso, sin embargo, se ha de dar de mano a la República, como tampoco en caso de tempestad se debe abandonar la nave porque no puedes calmar los vientos [...] antes hay que intentar un camino oblícuo y te has de forzar lo más que puedas [...] por conseguir que lo que no puedes tornar en bueno resulte lo menos malo posible. Pues no puede todo andar bien si no son todos buenos. (Moro 1997)
“La Utopía de Tomás Moro contrapone al nivel pragmático de la política una reflexión existencial. Presenta aquello que 'existe' o 'está' (statu quo europeo) y aquello que 'no es' (utopía) y 'podría ser' mejor (eutopía). De esta manera, el 'no lugar' conecta a la obra con la ontología o filosofía de la existencia, y el 'mejor lugar' implica una voluntad comparativa, o más bien, de contraposición. Un estricto sentido crítico subyace en esta disposición”. (Diez de la Cortina Montemayor)
“La motivación y la razón son los cimientos sobre los que Moro levanta Utopía. Todo hecho, característica o idea relativos a la vida en la isla encuentran siempre sustento en una explicación. Hay, entre otras, una motivación por excelencia que es la 'funcionalidad', que se mide en relación con las necesidades naturales de los hombres y a los valores y reglas que permiten la existencia de la República. La funcionalidad de los objetos y las prácticas en Utopía se opone directamente al ornamento y 'gratuidad' con que se caracteriza a Inglaterra. Se estima que Moro trae al texto detalles meticulosos para mostrar la funcionalidad como regla, y remarcar la oposición con Inglaterra”. (Russo)
Ahora bien, “el conjunto de esos 'males' está vinculado a la hybris 25, al capricho individual o a la parcialidad de una clase. Hay una relación proporcional con la alta convencionalidad de las bases del sistema. Evidentemente el dinero no es el único factor causante de las condiciones en que se halla el reino, pero sí es primordial considerar su carácter convencional y su artificialidad. Es decir, no hay relación alguna entre el dinero y los objetos o el trabajo, excepto un acuerdo, una convención, y esto se halla completamente vinculado al tema del poder, ya que cuando no existe un vínculo 'natural' o motivado -en fin, necesario- que establezca valores en una sociedad, son los sectores de poder quienes marcan las reglas. La existencia del poder en lugar de la autoridad refuerza la oposición con Utopía. El kratos 26 en Inglaterra se opone al ethos 27 de Utopía. (Russo)
“Moro muestra una preocupación clara por la mendicidad que podríamos llamar “social” y que se verá reflejada más tarde en su colega y amigo Juan Luis Vives28 con su escrito De subventione pauperum (1526)”. (Hernández )
“Rafael sostiene que esta grave situación de desigualdad lleva al vicio, a la deshonestidad y al desenfreno por lo que solicita que se prohíba y que vuelvan a reconstruirse las granjas y villas agrícolas”. (Hernández)
“Viene a ratificar Moro, quizá de un modo menos severo que Erasmo, la famosa sentencia que se convirtió en el lema de éste: monachatus non est pietas, es decir “el hábito no hace al monje” o “el hábito y la capilla no hace fraile”. (Hernández)
Moro finaliza su obra afirmando “...confesaré con sinceridad que en la república de Utopía, hay muchas cosas que deseo, más que confío, ver en nuestras ciudades”.
Algunos estudiosos progresistas se escandalizan porque el autor de la "Utopía" haya sido Canciller de un reino que estaba en las antípodas de la sociedad ideal. Los pensadores de otro signo no entienden cómo un hombre así pueda haber destinado siete años de su vida a pensar una república tan violentamente diversa de las nuestras. Ninguno de ellos es humanista, santo, inglés y bienhumorado. Mientras estas condiciones copulativas no se repitan en la historia, la astucia de Tomás Moro seguirá consiguiendo que su Utopía nos desconcierte”. (Garcia-Huidobro)
Crítica de la situación social de Inglaterra de mediados del siglo XVI
Campillo Meseguer sostiene que “la Utopía de Moro, heredera de la idea platónica del rey filósofo, y representativa del pensamiento erasmista comienza criticando el antagonismo existente entre política y moral en la Europa del siglo XVI.”
“Ahora bien, desvinculado el mal de sus raíces trascendentes y naturales, Moro llevará a cabo un exhaustivo análisis social que deje translucir su génesis. El origen del mal se halla vinculado a dos fenómenos: por un lado la propiedad privada, tesis que más tarde recogerá el ilustrado Jean-Jacques Rousseau, y por otro lado la guerra a la que se prestan por pura ambición los gobernantes europeos (ejemplo de ella fue la mantenida por Enrique VIII contra Francia, contienda a la que Moro era contrario)”. (Diez de la Cortina Montemayor)
“El mal es ahora la pobreza generalizada, la muchedumbre de miserables que recorren los caminos e infectan las ciudades, auténtico semillero de enfermos, delincuentes, impíos y alborotadores políticos. Y frente a ella, la riqueza ociosa y despilfarradora, el lujo obsceno de nobles, clérigos y demás holgazanes. Sí, el mal es, para Moro, la desigualdad económica, la dominación política, la división social entre ricos y pobres, y los innumerables desórdenes que de tal división se derivan. El otro gran mal de la época es, para Moro, la guerra. Es decir, la ambición de los gobernantes, su obsesión belicista, las constantes rivalidades que enfrentan a unos Estados con otros, los sangrientos e inútiles resultados de tales rivalidades, el enorme agotamiento económico que ello supone, el desorden social que implica la existencia de un ejército permanente (especialmente cuando no tiene contra quién guerrear).”
“Este antagonismo entre lo real y lo utópico, entre la política y la moral, se manifiesta en esos dos males: la obsesión belicista de los gobernantes y el poco interés por la paz entre las naciones y el trabajo honrado entre sus propios súbditos. Tanto la guerra como la división entre ricos y pobres son contrarias no sólo a la doctrina cristiana sino también a la propia condición humana.” (Haiek)
"Dispensan unos honores no menos que divinos a los que ni deben nada ni les están sujetos, sin ninguna otra mira que porque son ricos (Moro 1997). Se acusa al aparato monárquico de procedimientos corruptos, guiados por la codicia; se lo responsabiliza por provocar la pobreza como mecanismo de dominación y se ejemplifica su desmesura en el deseo de poseer más tierras de las que puede gobernar.” (Russo)
“En resumen, las críticas hacia el statu quo europeo giran en torno de la codicia, la ostentación, el vicio, la injusticia social, la corrupción del aparato gubernamental y de la Justicia, males todos causados por el sistema de la propiedad privada, o aún más, por la lógica que instaura el dinero como valor de cambio”. (Russo)
El espíritu de la injusticia por un lado, y de la justicia por el otro aparecen claramente explicados por Rafael Hythloday. Continúa diciendo que la injusticia podría evitarse creando medios para que los ciudadanos puedan ganarse la vida mediante el trabajo manual y la agricultura.
Él aboga en defensa del ciudadano, comentando que son los señores los que los convierten en malhechores, encarcelándolos o pagándoles con la muerte. Critica a los que se creen servidores de la República. Al Rey, a los caballeros sirvientes, señores quienes se creen sabios y solo oprimen a los trabajadores con sus leyes injustas.
Alude a Inglaterra y Francia, diciendo que allí, los hombres de guerra son ociosos mercenarios, a quienes se les da más importancia, simplemente porque conservan la paz o mejor hacen la guerra; para lo cual, los gobernantes, tratando de mantenerlos ocupados, les improvisan guerras convirtiéndolos en asesinos; pero cuando vienen de la guerra inútiles, inválidos y enfermos los expulsan y pasan a ser pobres. Aparecen los caballeros "justos", que se creen justos, pero mediante fraudes y artimañas les usurpan las tierras a los colonos y todo cuanto tienen, empujándolos a la condición de mendigos y ladrones para luego ser encarcelados o pagar con la muerte.
La ambición, la irrazonable codicia y el materialismo, la lujuria y la glotonería, de esta clase de poderosos señores, solo llevan a la extrema condición de baja moral (juegos, fiestas, prostitución, etc.).
Después de una extensa crítica a los poderosos, con los que no comparte sus acciones, sugiere soluciones para evitar los excesos. No dejar que los ricos manejen con su monopolio el mercado. Combatir la ociosidad que lleva a la mendicidad, creando leyes justas y fuentes de trabajo.
No es que el robo deba escapar del castigo, sino que no es justo ni legal perder la vida por dinero, la vida está por encima de todo. El asesinar a un hombre por dinero no es menos punitorio que el apoderarse de dinero por hambre.
Los poderosos manejan la muerte aunque Dios diga: "no matarás". El hombre le pone límite a este mandato, permitiendo matar mediante leyes que contemplan este castigo ante el delito. Lo mismo, cree, debería establecer la constitución, es decir, en que medida los actos inmorales puedan ser legales.
La ley de Moisés es un modelo, de como se castigaba el robo sin acudir a la muerte. Devolvían el dinero robado, por medio de la restitución.
Otras Repúblicas, también, castigaban dando oportunidades de vida. Les daban trabajo a cambio de comida y otras actividades, restringiéndoles la libertad. Este sistema de respeto por la vida, darles oportunidades, hacerles entender el valor de la libertad a los delincuentes, debería ser tomado como ejemplo por Inglaterra y Francia y las demás Repúblicas.
"Por eso, cuando contemplo y medito sobre todas esas repúblicas que hoy florecen por ahí, no se me ofrece otra cosa, séame Dios propicio, que una cierta conspiración de los ricos que tratan de sus intereses bajo el nombre y título de república. Y discurren e inventan todos los modos y artes para, en primer lugar, retener sin miedo de perderlo lo que acumularon con malas artes; después de esto, para adquirirlo con el trabajo y fatigas de todos los pobres por el mínimo precio; y para abusar de ellos. Estas maquinaciones, tan pronto que los ricos han decretado que se observen en nombre del pueblo, esto es, también de los pobres, se hacen ya leyes" (Utopía, Libro II).
Aquí la crítica es directa […] Moro desenmascara una organización falaz, cuya legalidad no es más que el fruto de las argucias de unos para asegurar su preeminencia sobre los otros”. (Garcia-Huidobro)
El comportamiento de los reyes en la gestión del bien público da lugar a una escisión entre el hombre y el ciudadano, entre el logro del bien particular y el empeño por conseguir aquel fin que es común: "todo el mundo sabe que si no se preocupa de si se moriría de hambre, aunque el Estado sea floreciente. Esto le lleva a pensar y obrar de forma que se interese por sus cosas y descuide las cosas del Estado, es decir, de los otros ciudadanos", No parece posible exigir al hombre que trabaje por un bien supuestamente común sin que a la vez pueda percibirlo, de alguna manera, como propio. Siglos después, los teóricos del liberalismo recurrirán a una "mano invisible" que solucione el problema invirtiendo sus términos: la sola búsqueda del interés particular asegura la obtención del bien de todos”. (Garcia-Huidobro)
Un caso grotesco es el de las leyes que autorizan vicios a costa de determinadas multas. Si tales conductas son nocivas para la comunidad, no hay pretexto que haga lícito permitirlas. Si se escoge dejarlas en libertad, entonces no resulta consecuente aplicarles sanciones. La hipocresía es notoria. Al rey no le importa el pueblo, sino llenar sus arcas. Lo realiza mediante estos artificios, que tienen como adicional beneficio el que "el pueblo quede convencido de la buena voluntad del príncipe" 16, el cual "no autoriza nada contra el bienestar del pueblo, si no es a costa de una fuerte suma de impuestos". Mientras tanto, más llena sus arcas cuanto mayores sean las multas por ser peores los vicios que autoriza. Todo esto bajo la máscara de la justicia". (Garcia-Huidobro)
Tras esta legalidad excesivamente rigurosa parece, en el fondo, descubrirse la existencia de dos justicias distintas. La una, a la medida del pueblo, sujeta a toda suerte de restricciones. La otra es la de los nobles, "excelsa y liberal" para con sus protegidos, para los que "todo es lícito, sino es lo que no agrada". . (Garcia-Huidobro)
Temas mas significativos de la vida humana en Utopía
He considerado que los asuntos de la vida diaria que más pueden interesar al lector son los que figuran a continuación. En su presentación he tratado de combinar textos del mismo Tomás Moro con los de estudiosos de su obra.

Gobierno
“El Estado es considerado una gran familia, donde se protegen unos a otros. En este país, era su tesoro para casos de guerra y para contratar soldados extranjeros. Los utopienses detestaban la suntuosidad y la ostentación, y criticaban a quienes lo eran y los despreciaban, por ejemplo a los embajadores que soberbios y orgullosos, exponían todo su oro.” (Haiek)
"Cada treinta familias eligen, en forma anual, un magistrado, que antes llamábase Sifogrante (29 ), y hoy Filarca, y por cada diez Sifograntes, con sus correspondientes familias, hay otro magistrado, antes llamado Traniboro, y ahora Archifilarca. Todos los Sifograntes, que suman doscientos, eligen al Príncipe en una lista de cuatro candidatos, designados por los habitantes de los cuatro sectores de la ciudad, previo juramento de que han de optar por quien consideran s apto para el cargo. Secreto el voto, nadie sabe a quién otro da su sufragio. El Príncipe es vitalicio, a menos que se lo destituya por sospecharse que piensa erigirse en tirano. Los Traniboros pueden renovarse anualmente, pero en la práctica muchos conservan sus cargos. Todos los restantes magistrados deben cesar en sus funciones al cabo de un año. Cada tres días, y con frecuencia mayor si hace falta, los Traniboros se reúnen con el Príncipe, para tratar acerca de los asuntos del Estado en general, o de diferencias particulares como surgen a veces entre las personas, cosa rarísima allí. Cada vez que se reúne el Senado asisten dos Sifograntes, distintos en cada ocasión. Es norma fundamental de ese gobierno no adoptar decisión alguna, en asuntos de interés público, sin haberla debatido en tres días distintos en el Senado. Se pena con la muerte el deliberar sobre tales asuntos fuera del Senado, o sin estar todo el pueblo reunido en asamblea." (Moro //.)
“El estado provee los elementos necesarios para la producción sin costo alguno. La ciudad más importante es Amaurota, ya que allí reside el consejo de los magistrados. Se eligen anualmente los sifograntes, estos a su vez, con voto secreto, eligen al príncipe, el cual es vitalicio siempre que no sea sospechoso de tiranía. Además, los cargos son anuales, y el consejo es el encargado del bien común y de dar los resultados de los comicios, luego de ser tratados durante tres días. Esto se hacía con el fin, de evitar la tiranía de los gobernantes.” (Haiek)
“Menciona que en la República de Platón y en Utopía hay paz, la verdadera, porque todas las cosas son en común, porque las leyes son pocas y bien aplicadas. Insiste en que las ciudades deben tomar ejemplo. Le gusta decir la verdad aunque sea desagradable, así como Cristo dijo la verdad y lo hizo públicamente.” (Haiek)
¿Y qué sucedería prosiguió Rafael si debiese verme con otro tipo de ministros, preocupados por maquinar medios para aumentar el tesoro del rey?... mal médico es aquel que no acierta a curar una enfermedad sin causar otra; así, el monarca que no puede corregir los errores de sus súbditos sino abatiéndolos en la miseria, demuestra ignorar cómo se gobierna a hombres libres. s le valdría sacudirse de su propia pereza o deponer su orgullo, pues son sus propios vicios lo que inspira el odio y el desprecio de su pueblo. Viva el monarca de lo suyo, sin hacer mal a otros, y ajuste sus gastos a sus ingresos. Castigue el crimen y prevéngalo con su sabia conducta." (Moro, II)
Vida y relaciones mutuas
“La ciudad esta dividida en cuatro partes o barrios. Barrios - centro = mercado de productos, allí la familia encuentra todo lo que necesita y lo lleva gratuitamente porque todo abunda. También existen en estos lugares una limpieza exagerada”. (Haiek)
"Así como las ciudades se componen de familias, éstas se constituyen por lazos de parentesco. Las mujeres, ya crecidas, se casan y van a vivir con el marido, pero todos los varones, tanto hijos como nietos, quedan en la misma casa y observan estricta obediencia a sus padres, a menos que la edad haya debilitado el entendimiento de éstos, que en tal caso son sucedidos por quienes los siguen en orden de edad. Para que ninguna ciudad crezca demasiado ni se despueble, ninguna de ellas debe contener más de seis mil familias, aparte de las que habiten el territorio circundante, y ninguna familia debe consistir en menos de diez ni en s de dieciséis personas adultas, pero no hay número fijo para los niños. Esta norma se cumple fácilmente transfiriendo hijos de una pareja s prolífera a otra que lo es menos." (MoroII)
“A la hora de la alimentación, los primeros son los hospitales, que son tan amplios, aparentando ser otras ciudades. Y están muy bien dotados de todo lo necesario. Todos acuden a comer en salas preparadas por esclavos, de las comidas se encargan las mujeres por turno.” (Haiek)
''En Utopía las mujeres no se casan antes de los dieciocho años, ni los hombres antes de los veintidós, y si cualquiera de ellos incurre en contacto carnal antes de la boda, se los castiga con severidad y se les rehusa el privilegio del matrimonio, salvo por gracia especial del Príncipe. Tal irregularidad arroja gran infamia sobre la casa donde se la cometió, por entenderse que los jefes de la familia, hombre y mujer, no cumplieron con su deber. Y tan severamente la castigan por pensar que de no restringirse los apetitos fortuitos de los seres humanos, pocos se comprometerían con una condición que arriesga su bienestar personal limitándolos a vivir con una persona y exponiéndolos a todas las vicisitudes del matrimonio... no se admite la poligamia, ni el divorcio, salvo por adulterio o carácter insoportable del cónyuge... Castigan severamente a quien deshonra el lecho conyugal. Si ambos están casados, se los divorcia, y las partes inocentes pueden contraer nuevo enlace, entre sí o con otros, en tanto que el adúltero y la adúltera son condenados a la esclavitud." (Moro II)
"Pues a éstos (los utopianos) les extraña que alguien a quien es dado contemplar una estrella o el propio Sol, se asombre del mezquino brillo de una joya, o de que pueda alguien estimarse por el fino tejido de su ropa. Os maravilla que cosa tan inútil como el oro sea estimada hasta el punto de que incluso los hombres para los cuales fue creado y de los que recibe su valor, sean tenidos en menos que aquél. No entienden cómo un tonto cualquiera, sin más discernimiento que un tronco, y tan malo como estólido, pueda tener a su servicio a tantos hombres buenos y discretos sólo porque posee un cúmulo de dicho metal." (Moro II.)
Trabajo

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