Tomás Moro: el santo de Utopía




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títuloTomás Moro: el santo de Utopía
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Hay tolerancia de cultos y la mayoría de las creencias se dirigen hacia un solo Dios Todopoderoso. “Desconocido, eterno, inmenso, inexplicable, que está muy por encima del alcance de la inteligencia humana y que se difunde por el universo, no en extensión, sino en poder... Le atribuyen el origen, desarrollo, cambio y progreso de todas las cosas, y únicamente a él le rinden honores”.



"Hay diversas religiones no sólo en la isla, sino en cada ciudad. Unos rinden culto al Sol, a la Luna, o alguna estrella errante; otros, en cambio, adoran no como a una deidad ordinaria, sino como a la Suprema, a hombres que descollaron en otro tiempo por su virtud o su gloria. Pero la mayor parte de los utopianos rinde culto, en cambio, a una deidad eterna, invisible, infinita e incomprensible, que está s allá de lo que podemos conocer y se difunde por todo el universo... aunque disienten en otras cuestiones, todos concuerdan en que un solo Ser Supremo hizo el mundo y lo gobierna... ese Ser Supremo es la gran Esencia a cuya gloria y majestad rinden honor todas las naciones... consideran impropio determinar a la ligera qué es verdad en religión, pues acaso los distintos credos sean todos inspirados por Dios que llega a los hombres en diferentes formas y se complace en tal diversidad, siendo por tanto indecente y demencial que unos amenacen y aterroricen a otros para hacerles creer en algo que no les parece cierto." (Moro II)
"Cuando les hablamos de Cristo, su doctrina, vida y milagros, y de la admirable constancia de tantos mártires que ofrendando generosamente su sangre propagaron su religión por muchas naciones, fue de verse con qué aceptación acogieron nuestras palabras. Ignoro si ello se debió a secreta inspiración de Dios, o a que encontraron en nuestra nueva una doctrina muy parecida a la de ellos, que tanto encarecen la comunidad de bienes, en la que el Redentor y sus discípulos vivieron y n practican las comunidades cristianas s sinceras." (Moro II)

Concluyo este apartado señalando con Bouyer (1984) que: “Al terminar la lectura de Utopía, algunas personas se extrañan ingenuamente de que Sir Tomás Moro, nombrado Canciller, no aplicara, y con mayor razón proclamara, esa política un tanto original. Pero eso es confundir lo que era y podía un Canciller de Inglaterra en ese comienzo del siglo XVI con lo que podemos esperar actualmente de un Primer Ministro de su Majestad, llamado a ejercer su cargo después de unas elecciones. Hoy, por un extraño cambio, cuando el mismo soberano pronuncia solemnemente, con la corona en la cabeza, el discurso del trono ante sus Lores y sus Comunes reunidos, no hace en realidad más que exponer los puntos de vista del partido llevado al poder por el sufragio universal. En los tiempos de Moro, por el contrario, el Canciller, al dirigirse al mismo Parlamento, no podía sino transmitir el querer de su señor común. Inglaterra, en efecto, se convirtió, sobre todo con Enrique VIII, en una monarquía absoluta y no dejará de serlo definitivamente hasta mucho después de la restauración fracasada y la caída de los Estuardo. Lo que quiere decir que un Canciller como Moro, lejos de parecerse a un Primer Ministro moderno que dirige su política, o la de su partido, moderada únicamente por las observaciones que pueda hacer el soberano, no era entonces, en el plano legislativo, más que el portavoz de la voluntad real”.
LA AGONÍA DE CRISTO
Tal como vimos en su momento, Tomás Moro escribió esta obra en latín, con lucidez, afecto y ternura, pero sin ningún sentimentalismo, mientras esperaba la muerte en la Torre de Londres en 1534. 30
Silva y Verástegui (2007), a quien sigo en este importante apartado, nos dice que “Tomás Moro había decidido poner toda su atención mental en la agonía de Cristo antes de su captura y pasión corporal. Escribía en una de sus cartas que nuestro deseo debería ser «recurrir prosternados y con devoción, en todas nuestras agonías y contradicciones, al recuerdo de aquella amarga agonía que nuestro Salvador sufrió antes de su Pasión en el Monte. Y si lo hacemos con diligencia y afecto bien seguro estoy de que encontraremos ahí gran ayuda y consuelo». A partir de entonces un solo estudio sería la Pasión de Cristo y su propio pasar de este mundo porque esperaba la muerte a cada momento. Acudía Sir Thomas More a esta contemplación de la agonía de Cristo para prepararse a la suya propia.”
El mismo autor nos dice que “la Agonía de Cristo es el testamento de Tomás Moro como humanista y como cristiano, como hombre leal y santo en medio de todos los afanes nobles del mundo, incluso en la turbulencia del poder y de la política. En sus páginas se manifiesta la energía viril de su vida cristiana junto con la agilidad de su formación cultural y literaria, su alma poética, su afición por el estudio dramático de los caracteres, la contemplación sobre el fluir de los sucesos en la historia de los hombres. Testamento, en fin, admirable de su fe católica, tan sobrenatural y heroica como razonable y libre, de su firme esperanza y de su ardiente caridad. Sus propias palabras al comentar la audacia del joven adolescente siguiendo a Cristo, y así delatándose, bien podrían repetirse como resumen de esta hermosa, afectiva y seria contemplación de Cristo agonizante: «Cuando se ama, ¡qué difícil es disimularlo!”
En la obra Tomás Moro sigue un esquema que configura los pasos que Cristo siguió en el curso en su agonía. 31
Como el lector comprenderá no puedo desarrollar cada uno de esos pasos. Solo voy a tener en cuenta los mensajes que considero más importantes.
Comenzaré por indicar, con Silva y Verástegui que “Moro es autobiográfico, porque al descubrir tantos detalles del Cristo agonizante revela al mismo tiempo la categoría de su temple humano y la hondura de su alma cristiana.”
«¡Qué poco nos parecemos a Cristo aunque llevemos su nombre y nos llamemos cristianos! ». “Esta exclamación en el mismo inicio del libro define el sentido y el fin de la contemplación de Moro sobre la agonía en Getsemaní; y es tanto más sorprendente por cuanto el humanista inglés, que ha empezado el relato inmediatamente después de la última cena, está considerando algo tan prosaico como la comida y la sobremesa. Cristo da gracias después de comer y Moro capta en el hecho toda una lección. Igualmente hará al sorprender a Cristo en oración, postrado sobre el suelo; y con la misma calidad del detalle sigue sus palabras y movimientos durante la agonía y subsiguiente captura. La humanidad del Dios redentor es el centro de la contemplación moreana.”
“Sir Tomás Moro se afana en anotar cuanto pueda ayudarle a descubrir la naturaleza verdaderamente humana de Cristo, desde la postura corporal hasta los más elevados pensamientos, palabras y sentimientos. Observa el afecto, al mismo tiempo cariñoso y recio, de Jesús con los Apóstoles, el tono suave de su voz, la brevedad de sus palabras: «suave es su sonido, mas penetran como el pinchazo de un aguijón».
“Su fe en la Revelación, pero también su ideal de humanista clásico, le lleva a descubrir en los textos evangélicos tesoros escondidos. Los pasajes de la Sagrada Escritura, quizás en parte anquilosados y disecados académicamente en algunos exegetas de la escolástica decadente, recobran vida con la pluma de Moro, hombre del Renacimiento. Remoza las interpretaciones ya ofrecidas por algunos Padres de la Iglesia, y vuelve con él la verdadera pasión educativa, tan típica del período renacentista, pero que tenía en la homilética 32 de los Padres un ejemplar de valor inestimable. No hace falta subrayar el respeto y la admiración de Moro por los textos que comenta; en un lugar escribe que «ningún cuerpo está tan plenamente configurado por el alma como la letra de la Sagrada Escritura está permeada de misterios espirituales ».”
“Para Sir Tomás Moro “no hay mejor manera de mostrar una auténtica naturaleza humana que a través del dolor. Y Moro, no hay que olvidarlo, no está contemplando la pasión y sufrimiento corporal, sino el dolor agónico, la aflicción del que combate moralmente por la Verdad ésta, que el humanismo inhumano pretende olvidar, incapaz de aceptar que en la existencia temporal el dolor es un ingrediente del amor y la felicidad. Cristo sufrió para ganar nuestra felicidad con su dolor. Moro, que llama a Cristo con frecuencia «el Salvador», lo ve «obsesionado» con la felicidad del hombre. Quiso sufrir «en parte para advertirnos cuán equivocados estamos al rechazar el dolor por su causa».”
Avanzó Cristo unos pasos y, de repente, sintió en su cuerpo un ataque tan amargo y agudo de tristeza y de dolor, de miedo y pesadumbre, que, aunque estuvieran otros junto a Él, le llevó a exclamar inmediatamente palabras que indican bien la angustia que oprimía su corazón: «Triste está mi alma hasta la muerte.» Una mole abrumadora de pesares empezó a ocupar el cuerpo bendito y joven del Salvador. Sentía que la prueba era ahora ya algo inminente y que estaba a punto de volcarse sobre Él: el infiel y alevoso traidor, los enemigos enconados, las cuerdas y las cadenas, las calumnias, las blasfemias, las falsas acusaciones, las espinas y los golpes, los clavos y la cruz, las torturas horribles prolongadas durante horas. Sobre todo esto le abrumaba y dolía el espanto de los discípulos, la perdición de los judíos, e incluso el fin desgraciado del hombre que pérfidamente le traicionaba. Añadía además el inefable dolor de su Madre queridísima. Pesares y sufrimientos se revolvían como un torbellino tempestuoso en su corazón amabilísimo y lo inundaban como las aguas del océano rompen sin piedad a través de los diques destrozados.
Abundando sobre el carácter humano de Moro, Silva y Verástegui considera que “al comentar el pasaje en que Pedro amputó una oreja de Malco, el humanista y santo inglés insiste en que Malco es figura de la razón humana «que debe gobernar en el hombre como un rey, y verdaderamente reina cuando se sujeta a sí misma en el obsequio de la fe y sirve a Dios. Y servir a Dios es reinar.”
Este personaje, Malco, cuyo nombre significa en hebreo «rey», puede ser tomado como figura de la razón humana; porque la razón debe gobernar en el hombre como un rey, y verdaderamente reina cuando se sujeta a sí misma en el obsequio de la fe y sirve a Dios. Y servir a Dios es reinar.
Cuando la razón se rebela contra la verdadera fe de Cristo y se hace adicta a la herejía, se convierte en esclava del hereje al que sigue, descarriada por el diablo y perdida en los vericuetos del error.
“Glosando la íntima agonía de Cristo, Moro fija su atención en dos temas: la aceptación de la muerte y la oración de Cristo a Dios Padre. El primero le lleva a tratar del martirio por la fe; el segundo, a un brevísimo pero substancioso tratado sobre la oración mental. Dos cosas destacan y ambas con notable fuerza: el sentido común y el sentido sobrenatural, que el autor juzga indispensables para perseverar en las diversas pruebas por las que necesariamente ha de pasar el cristiano en su carrera hacia la santidad.” (Silva y Verástegui)
“Cuanto refiere sobre la oración refleja la categoría de su trato personal con Dios, al mismo tiempo respetuoso y confiado. Nada de lo que dice (y sus anotaciones sobre la manera de rezar, la postura corporal, el control de la imaginación, el recogimiento de los sentidos por la noche, el modo de examinarse, etc., son bien agudas) puede parecer hoy exagerado, puede ser catalogado como espiritualidad monacal o medieval (despectivamente). Dios, insiste el abogado, padre de familia, político y humanista inglés quiere que recemos con todo nuestro ser, con el cuerpo y con el alma. Se aleje así de un dualismo ascético peligroso por la vaguedad y abandonado a la emoción del momento. Da su importancia a la postura del cuerpo en la oración mental porque «el rostro es el espejo del alma». «Cuando nuestra cabeza deja de prestar atención, ocurre un fenómeno parecido con el cuerpo», observa Moro; y nadie podrá llevarle la contraria en los varios ejemplos que pone hasta describir el estado final de los que no cuidan tales detalles diciendo que parecen “una casa ruinosa que amenaza derrumbarse de un momento a otro”.
Moro insiste en que se ha de rezar siempre y en que se puede rezar en todas partes. «Poco importa a dónde se dirijan nuestros pasos si nuestras cabezas están puestas en el Señor.»
Subió a una montaña para rezar, significando así que, al disponernos a hacer oración, hemos de elevar nuestras mentes del tumulto de las cosas temporales hacia la contemplación de las divinas. El mismo monte de los Olivos tampoco carece de misterio, plantado como estaba con olivos. La rama de olivo era generalmente empleada como símbolo de paz, aquella que Cristo vino a establecer de nuevo entre Dios y el hombre después de tan larga separación. El aceite que se extrae del olivo representa la unción del Espíritu: Cristo vino y volvió a su Padre con el propósito de enviar el Espíritu Santo sobre los discípulos, de tal modo que su unción pudiera enseñarles todo aquello que no hubieran podido sobrellevar si se lo hubiera dicho antes.
Otra cuestión importante es la situación de facto de la Iglesia y la unidad de la misma. “Moro está contemplando a Cristo entregado por uno de los Doce y condenado a manos de los sacerdotes y sumos pontífices, lo que le lleva a subrayar la gravedad de la responsabilidad episcopal. El sueño de los Apóstoles mientras Cristo sufre agonizante da pie a esta exclamación: «¿Por qué no contemplan los obispos en esta escena su propia somnolencia?»”

Vuelve Cristo por tercera vez adonde están sus Apóstoles, y allí los encuentra sepultados en el sueño, a pesar del mandato que les había dado de vigilar y rezar ante el peligro que se cernía. Al mismo tiempo, Judas, el traidor, se mantenía bien despierto, y tan concentrado en traicionar a su Señor que ni siquiera la idea de dormirse se le pasó por la cabeza. ¿No es este contraste entre el traidor y los Apóstoles como una imagen espectacular, y no menos clara que triste y terrible, de lo que ha ocurrido a través de los siglos, desde aquellos tiempos hasta nuestros días? ¿Por qué no contemplan los obispos, en esta escena, su propia somnolencia? Han sucedido a los Apóstoles en el cargo, ¡ojalá reprodujeran sus virtudes con la misma gana y deseo con que abrazan su autoridad! ¡Ojalá les imitaran en lo otro con la fidelidad con que imitan su somnolencia! Pues son muchos los que se duermen en la tarea de sembrar virtudes entre la gente y mantener la verdadera doctrina, mientras que los enemigos de Cristo, con objeto de sembrar el vicio y desarraigar la fe (en la medida en que pueden prender de nuevo a Cristo y crucificarlo otra vez), se mantienen bien despiertos. Con razón dice Cristo que los hijos de las tinieblas son muchos más astutos que los hijos de la luz.
Aunque esta comparación con los Apóstoles dormidos se aplica muy acertadamente a aquellos obispos que se duermen mientras la fe y la moral están en peligro, no conviene, sin embargo, a todos los prelados ni en todos los aspectos.
“Graves y duras palabras que no son juicio, sino expresión del dolor y pena de quien sufría en la Iglesia. En la vigilia de Judas y en el amodorramiento de los discípulos ve Moro una imagen de lo que ha ocurrido a lo largo de la historia. Al hablar del instrumento de la traición y el beso de Judas, insiste en que Cristo sigue siendo entregado actualmente en manos de los pecadores, porque la iglesia es el Cuerpo de Cristo, y todos los fieles cristianos son llamados «otros Cristos» formando el Cuerpo místico.” (Silva y Verástegui)
“Su preocupación por la unidad de la Iglesia se pone otra vez de manifiesto al referirse a la Eucaristía, sacramento de unidad y donde el verdadero Cuerpo de Cristo es tantas veces entregado y maltratado. También habla de la atención que un cristiano debe prestar a cuanto ocurre a cristianos de otros países, aún muy distantes, y pide que, si no se les puede ayudar de otra manera, sea al menos con la oración. Su respeto al sacerdocio, junto con su dolor, pues comprende que algunos clérigos son causa de aflicción para la Iglesia, se resume en una elocuente exclamación: «¡Que grandísimo bien se haría al pueblo si esos sacerdotes cambiaran y se hicieran mejores!»” (Silva y Verástegui)
Legado y pervivencia
Parafraseando a Russo (2004) puedo decir que nuestros Estados modernos heredaron muchos de los postulados utópicos de Tomás Moro. No cabe duda que en algunas páginas de la obra de Moro existe algo que luego de casi quinientos años, permanece actual.
Es verdaderamente "Un hombre para todas las épocas" (A Man for All Seasons), tal como se titula la película sobre su vida.
La fama de Santo Tomás Moro sigue creciendo, y en estas últimas décadas el interés y la atracción casi magnética hacia el hombre y su época, tanto en el terreno popular como en el académico y erudito, alcanzan proporciones que convierten en realidad unas viejas palabras de G. K. Chesterton, más profundas de lo que su primera lectura pudiera dar a entender: «Puede que venga a ser el más grande de los ingleses, o, al menos, el más grande de los caracteres históricos en la historia inglesa, porque fue, por encima de cualquier otra cosa, histórico.»
Garcia-Huidobro (2011) considera que “resulta particularmente significativo el número de ediciones de Utopía que han aparecido últimamente, y existe una serie de factores que mueve a pensar que el interés por el humanista inglés seguirá en aumento. En efecto, Utopia es un notable ejemplo de la influencia de los descubrimientos geográficos en la historia del pensamiento. Los fantásticos relatos de los navegantes ¿no son acaso ocasión propicia para hablar de un pueblo que no funda su organización en las riquezas sino en la virtud?”
Pues bien, en esta última parte he creído pertinente abordar dos puntos: primero el legado de Moro; y segundo otras evidencias de la pervivencia del Santo.
El legado de Moro
Watson (1994) afirma que: “El lugar de Moro en la historia de Inglaterra y de Europa está asegurado, no sólo por Utopía sino también por su oposición de principio a la tiranía y el claro ejemplo que dio de que la conciencia y la moral pueden triunfar sobre el mal. Moro podía retrasar, pero no impedir el movimiento de Reforma en Inglaterra. Por ello y por la influencia que ejerció su visión de Ricardo III, por la inspiración que supuso para los parlamentarios del siglo XVII y siguientes que lucharon en favor de la libertad de expresión y del derecho consuetudinario inglés, y por su obra, que sirvió para designar un mundo ideal del futuro, Utopía”.
“Sin embargo, sus dos mayores legados, dice este autor, son su obra escrita y sus concepciones educativas. Moro inspiró todo un género literario de narraciones idealistas y futuristas. En cuanto a sus ideas sobre la educación, muchas de ellas parecen hoy triviales: la responsabilidad del Estado; la educación mixta y la educación de adultos; los programas equilibrados; la educación moral al mismo tiempo que la académica; el uso de la lengua nacional en la educación, etc., cuyos orígenes, especialmente en la tradición pedagógica inglesa, se remontan a Utopía y a las descripciones hechas por Erasmo de la “academia” de Moro. No es poco que los socialistas puedan hacer suyas las ideas de Moro respecto del control del Estado sobre la educación, y que los liberales puedan afirmar que la idea de un programa de estudios amplio y equilibrado proviene de él. Tomás Moro fue verdaderamente “un hombre para toda ocasión”.”
No obstante la importancia de lo escrito por Watson, creo que vale la pena tener en cuenta algunas ideas de Bouyer (1986) en lo que llama “El Legado de un Humanista Mártir”. Para él anglicanos y católicos consideraron a Moro como dechado de jurista integérrimo, de juez incorruptible, de consejero real capaz de asegurar, incluso con un Enrique VIII, la fidelidad.”
“Sobre la cuestión de la conciencia individual y de su inalienable libertad, continúa Bouyer, no podría hallarse en la historia de ninguna época postura más firme y clara que la suya. Hablar de conciencia individual y de inalienable libertad, no significa de ningún modo que esté permitido tomar caprichosamente cualquier decisión; sino más bien, la aptitud y obligación de buscar la verdad en cualquier asunto, según los medios de que se disponga, con la reserva de callar y retirarse, cuando después de todo, uno cree no poder aprobar la actitud de la autoridad, que se insiste en considerar como legítima.”
Moro fue al suplicio sin hacer concesiones, cuando le hubiera bastado aceptar un compromiso equívoco, que todo el mundo esperaba de él, para hallarse de nuevo en el otium cum dignitate.
“Profundizando más y colocando las cosas en su verdadera perspectiva, Moro es ante todo el modelo, no de un humanismo cualquiera, más o menos bien cristianizado, sino de un cristianismo que quiso ser y fue plena y totalmente humano. Esto significó para él, ante todo, que la aceptación de la cruz que hay que llevar en pos de Cristo no le pareció nunca un deber exclusivo del monje o del «religioso», sino de todo bautizado, puesto que responde a la necesidad de todo hombre de ser librado del mal en su fuente.”
“Sin embargo, su visión de la vida y toda su existencia tienden esencialmente a demostrar, de una manera progresiva y sobre todo por el final que tuvo su vida, que la cruz de Cristo no significa disminución de lo humano, sino la sola posibilidad concreta, en definitiva, de conseguir, después de pagar el precio necesario, la vida verdadera, es decir, la vida de hijo de Dios en Jesucristo, y esa vida en plenitud.”
“Desde esta perspectiva, son en él una misma cosa el jurista profesional, el hombre de Estado, el padre de familia, el amigo, el pensador, el contemplativo, el mártir, en fin, así como el hombre de cada día, hombre de corazón si los hubo, con su perspicacia, su sensibilidad, su generosidad, sobre todo su humor que pone cada cosa en su sitio, apartando con dulzura y a la vez con firmeza toda falsa apariencia.”
“Hay que subrayar, finalmente, que nos ofrece, en nuestra Iglesia posterior al Vaticano II así como en su Iglesia anterior a Trento, el ejemplo perfecto del laico consciente de su lugar en la Iglesia y de los derechos inseparables de las obligaciones que dicho lugar implica.”
Moro es el prototipo del laico consciente tanto de sus responsabilidades como de los deberes que éstas implican. No recibe pasivamente su fe, como una Iglesia puramente «discente» (cual si nada tuviera que asimilar ni, por tanto, nada que discutir personalmente, así en su fuero interno como con gente capaz), de una Iglesia que procede a la manera de un oráculo que funciona automáticamente. La verdad cristiana, nos dice, al ser verdad de vida, sólo subsiste en cuanto es vivida, y vivida personalmente, por todos los miembros de la Iglesia, incluidos el clero y los obispos. Por tanto, no está reservada únicamente a los obispos la comprensión y la formulación eventual, o la aplicación que de ahí se sigue, de todo lo que dimana de la revelación cristiana tanto para el hombre individual como para la comunidad cristiana en general. Es esto una consecuencia para todos los fieles cristianos, lo mismo clérigos que laicos, de la fidelidad en vivir con todo su ser toda su fe. Lo que compete a la autoridad episcopal es únicamente dar un juicio final autorizado por una función que dimana de la función apostólica, establecida por el mismo Cristo, acerca de la validez o invalidez del desarrollo de la doctrina en cuestión. Pero puede perfectamente suceder, en tal o cual circunstancia, que un simple laico, un simple fiel, por razón de esa fidelidad personal a la tradición total y una de la verdad en todo el cuerpo de la Iglesia del que no se separa jamás, atestigüe verdades que muchos obispos, en un determinado lugar, en un determinado tiempo se hayan mostrado incapaces de defender o incluso simplemente de expresar.
“Para fortalecerse, Moro se ensimisma en Cristo, y sigue los pasos de Cristo en su agonía. Reflexiona sobre el hecho de que los Apóstoles, en el huerto de los olivos, duermen mientras el traidor conspira. … ¿No es este contraste entre el traidor y los apóstoles como un espejo, y no menos clara que triste y terrible, de lo que ocurre tantas veces a través de los siglos, desde aquellos tiempos hasta nuestros días?. La somnolencia. Con razón dice Cristo que los hijos de las tinieblas son mucho más astutos que los hijos de la luz.”
Y, por último, Silva y Verástegui (2007) nos ayuda a seguir los pasos de Moro: “Y nosotros, ¿estamos despiertos mientras otros maquinan?; ¿estamos despiertos en nuestras universidades fomentando una cultura de la vida humanizadora, mientras otras universidades pueden estar produciendo tesis deshumanizante?, ¿estamos despiertos mientras nuestras leyes atentan contra la vida y la dignidad humana?, ¿estamos despiertos mientras crean nuevos términos y manipulan conceptos y el lenguaje?, legisladores, filósofos, educadores, periodistas, estudiantes, juristas, jueces, médicos, pastores, intelectuales, religiosos, hombres de gobierno, padres de familia, familias enteras, pueblo amante de lo verdadero, ¿estamos acaso despiertos?.”

Otras evidencias
Hay muchas evidencias que ponen de manifiesto la pervivencia de la vida y obra de Tomás Moro. De todas ellas señalo las siguientes:
Proclamación de Santo Tomás Moro como Patrono de los gobernantes y de los políticos
Trillo- Figueroa (2013) nos recuerda que el 31 de octubre de 2000, Juan Pablo II, tras analizar los cientos de peticiones para la proclamación del Santo como Patrono … se expresó en estos términos: «De la vida y del martirio de santo Tomás Moro brota un mensaje que a través de los siglos habla a los hombres de todos los tiempos de la inalienable dignidad de la conciencia, la cual, como recuerda el Concilio Vaticano II, “es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella”».
“Precisamente por el testimonio, ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, Santo Tomás Moro es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral. Y también fuera de la Iglesia, especialmente entre los que están llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana.”


“Son muchas las razones a favor de la proclamación de Santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos. Entre éstas, la necesidad que siente el mundo político y administrativo de modelos creíbles, que muestren el camino de la verdad en un momento histórico en el que se multiplican arduos desafíos y graves responsabilidades. En efecto, fenómenos económicos muy innovadores están hoy modificando las estructuras sociales. Por otra parte, las conquistas científicas en el sector de las biotecnologías agudizan la exigencia de defender la vida humana en todas sus expresiones, mientras las promesas de una nueva sociedad, propuestas con buenos resultados a una opinión pública desorientada, exigen con urgencia opciones políticas claras en favor de la familia, de los jóvenes, de los ancianos y de los marginados. En este contexto es útil volver al ejemplo de Santo Tomás Moro que se distinguió por la constante fidelidad a las autoridades y a las instituciones legítimas, precisamente porque en las mismas quería servir no al poder, sino al supremo ideal de la justicia.”
“La historia de Santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política. En efecto, la defensa de la libertad de la Iglesia frente a indebidas injerencias del Estado es, al mismo tiempo, defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político. En esto reside el principio fundamental de todo orden civil de acuerdo con la naturaleza del hombre.”
“Confío, por tanto, que la elevación de la eximia figura de Santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos ayude al bien de la sociedad. Ésta es, además, una iniciativa en plena sintonía con el espíritu del Gran Jubileo que nos introduce en el tercer milenio cristiano. Por tanto, después de una madura consideración, acogiendo complacido las peticiones recibidas, constituyo y declaro patrono de los gobernantes y de los políticos a Santo Tomás Moro, concediendo que le vengan otorgados todos los honores y privilegios litúrgicos que corresponden, según el derecho, a los patronos de categorías de personas. Sea bendito y glorificado Jesucristo, Redentor del hombre, ayer, hoy y siempre.” Roma, junto a San Pedro, el día 31 de octubre de 2000, vigésimo tercero de mi Pontificado. IOANNES PAULUS PP.II
Visita del Papa Benedicto XVI a Inglaterra
Benedicto XVI al dirigirse a ambas Cámaras del Reino Unido el 17 de septiembre de 2010 dijo: “Al hablarles en este histórico lugar, pienso en los innumerables hombres y mujeres que durante siglos han participado en los memorables acontecimientos vividos entre estos muros y que han determinado las vidas de muchas generaciones de británicos y de otras muchas personas. En particular, quisiera recordar la figura de Santo Tomás Moro, el gran erudito inglés y hombre de Estado, quien es admirado por creyentes y no creyentes por la integridad con la que fue fiel a su conciencia, incluso a costa de contrariar al soberano de quien era un “buen servidor”, pues eligió servir primero a Dios. El dilema que afrontó Moro en aquellos tiempos difíciles, la perenne cuestión de la relación entre lo que se debe al César y lo que se debe a Dios, me ofrece la oportunidad de reflexionar brevemente con ustedes sobre el lugar apropiado de las creencias religiosas en el proceso político”.
Fundación Tomás Moro.
Se creó en 1981 y tiene como objetivo “la promoción de toda clase de estudios y actividades, sin determinación expresa de beneficiarios, dedicados a la investigación, desarrollo, divulgación y proyección social de una corriente de opinión inspirada en los ideales y doctrinas que conformen el humanismo cristiano; y, secundariamente, la concesión de becas, auxilios, bolsas de viaje, o cualquier otro tipo de ayuda para la realización de los estudios con la indicada finalidad, o para la satisfacción de necesidades intelectuales relacionadas con aquella; y, en general, todas aquellas actividades que de manera directa o indirecta se relacionen con los expresados fines”. Sus actividades se desarrollan en todo el territorio nacional y pueden tener lugar también en el extranjero.

Actualmente la fundación cuenta con un Patronato y tiene su sede en Madrid. El acuerdo entre la Fundación y la Universidad Internacional de la Rioja, (UNIR), ha permitido incrementar sus actividades durante los últimos años.
The Center for Thomas More Studies. Irving, Dallas, TX. USA.
Tiene como misión promover el estudio de Tomás Moro, especialmente las implicancias contemporáneas de sus principios sobre las políticas de Estado que se deben aplicar para conseguir la paz. Sus programas más importantes giran  en torno a apoyar proyectos de investigación sobre el santo y el buen gobierno. También se ofrecen: becas para investigación y estudios avanzados sobre Moro; cursos especializados de acuerdo con los intereses de los solicitantes y conferencias regionales para profesores de manera conjunta con universidades locales.
Thomas More Institute
El Instituto Thomas More es un foro para enfrentar el pensamiento inadecuado acerca de políticas públicas. Ofrece una plataforma para el compromiso con lo que tiene que ver con la vida actual en lo concerniente a lo intelectual y social; y busca hacer un impacto positivo en el debate y en la toma de decisiones. Su nombre le viene de alguien que en su tiempo supo integrar vida privada , intereses humanísticos, trabajo profesional y espiritualidad. El objetivo más importante del Instituto es elevar la calidad del pensamiento y debate acerca de los temas de políticas pública, asegurando que las consideraciones de ética vital son investigadas a fondo. Tenemos, por ejemplo, la necesidad de clarificar lo que es el ser humano y buscar una mejor y más profunda comprensión de la relación entre verdad y libertad. Tiene su sede en Londres y está asociado al Netherhall House, una residencia para estudiantes universitarios de la capital inglesa.  
Instituto Tomás Moro de Paraguay

Es una asociación nacida el 12 de Agosto de 1994 y está vinculada con la Universidad Católica “Ntra. Sra. de la Asunción”, por medio de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Diplomáticas. Tiene por objeto promover el estudio y la difusión de la doctrina social de la iglesia y el pensamiento cristiano en el ámbito universitario y extrauniversitario. Trabaja en distintas áreas como ser la cultura, bioética, bioderecho, ética social, política y económica, derecho canónico y natural, al igual que en la evangelización y el apostolado. Edita una revista anual y una serie de publicaciones formativas. El Instituto creó en el 2004 los Premios Tomás Moro con el afán de premiar a todas aquellas personas que se destacan por trabajar en las citadas áreas en el nuestro país y en el mundo.

Centro Jurídico Tomás Moro
Tiene como fines la defensa de la dignidad de la persona, de la familia y de los derechos humanos, y en especial la protección del derecho a la vida del nasciturus y del embrión humano. Su lema es Cristianizando el Derecho, Cristianizando la Sociedad. Tiene su sede en Madrid.
Tomás Moro y la Iglesia de Inglaterra
En 1980, Moro fue incuído en el calendario de Santos y Héroes de la Iglesia Cristiana de la Iglesia de Inglaterra junto a John Fisher como "mártires de la reforma". Y por primera vez en la historia, junio 2002, han puesto una imagen del mártir en una iglesia anglicana. Fue develado por el príncipe de Gales, Inglaterra en un acto reconciliación. 

Sir Thomas More, 1592 (Obra teatral)

El estudio del manuscrito original de la obra teatral Sir Thomas More ha ocupado a muchos de los mejores historiadores y críticos literarios, y ha servido para destacar el poder y los prejuicios de la investigación literaria. Por un lado, parece que hay consenso con respecto a la identidad de los diversos escritores cuya caligrafía aparece en el manuscrito; pero por otro, hay cualquier cosa menos consenso con respecto a la relación de los escritores entre ellos y con la pieza en su totalidad. Lo más controvertido es el alcance y la naturaleza de la implicación de Shakespeare en la obra.
Pearce (2014), experto en la obra de Shakespeare, estima que hay motivos suficientes para creer que él participó en la redacción de la obra “Sir Thomas More”. Shakespeare fue un admirador confeso de Tomás Moro y existen analogías entre algunas obras que sostienen esa admiración.
Se trata de una obra escrita por Anthony Munday y Henry Chettle, con adiciones de Thomas Heywood, Thomas Dekker y William Shakespeare, que inequívocamente es autor de tres de sus páginas que corresponden a la famosa escena VI, según un amplio consenso académico. Dos de las instituciones que más prestigio acarrean con respecto a Shakespeare son la Royal Shakespeare Company, que lleva sus textos a las tablas, y la Universidad de Oxford, que publica sus libretos. Pues bien, en 2005 la compañía de teatro representó Thomas More  y en 2007 esa universidad publicó la segunda edición de “The Oxford Shakespeare. The Complete Works”, que incluye el texto completo de la obra.

Un hombre para la eternidad, 1966. (Película)
Fue dirigida por Fred Zinnemann, interpretada por Paul Scofield y premiada con seis premios Óscar, entre ellos el de mejor película. Narra los últimos años de Tomás Moro y sus difíciles relaciones con Enrique VIII, centrándola en su conflicto entre seguir sus creencias religiosas y la obediencia al rey. Está basada en la obra de teatro de 1960 "A man for all seasons" del dramaturgo agnóstico Robert Bolt, guionista también de la película. Se estrenó en Londres en el Globe Theatre (hoy Gielgud Theatre) el 1 de julio de 1960. A su vez, la obra de teatro era adaptación de una obra escrita por el propio Bolt en 1954 para la BBC Radio. El título fue sacado de lo que escribió Robert Whittington sobre Moro en 1520:

Para concluir el artículo voy a citar parte de la entrevista que Zenit realizó a Oscar Luigi Scalfaro 33, expresidente de Italia, sobre Tomás:Moro. "Para ser buenos políticos hay que ser, ante todo, personas íntegras y formadas; formadas especialmente en la vivencia según los valores cristianos. De este modo pueden ser fuertes interiormente para poder resistir a las tentaciones del poder. Fuertes con la gracia de Dios, que conquista y que se mantiene con la oración y los sacramentos. Cuando Moro tenía entre manos algún asunto importante o grave, iba a la Iglesia, se confesaba, asistía a Misa y recibía la Comunión. Reconocía que el poder era un don que venía de lo alto. El poder por el poder es diabólico; es el pecado de soberbia; es, sobre todo, pensar en sí, en la propia carrera, en el propio interés. ¡Lo opuesto al servicio de la comunidad! La formación de la persona forma parte de los derechos y deberes naturales de la familia, es decir, de los padres. Ahora bien, también es un deber primario de la Iglesia, que es madre y maestra, y tiene la tarea formar integralmente a sus propios hijos. La responsabilidad de la Iglesia en este campo es grande: ¿quién mejor que la Iglesia puede hacer sentir al cristiano que, como ciudadano, no se puede quedar en casa durmiendo, que el bien común depende de cada uno y que el sacrificio por la comunidad es un deber de justicia?. El desafío es grande y necesita personas y sobre todo jóvenes dispuestos a vivir la política como una misión, dispuestos a seguir los grandes ideales del Evangelio, con generosidad y afrontando todo riesgo.
Qué gran modelo es Santo Tomás Moro para todos, en especial para los políticos, gobernantes y abogados. Pidámosle que su valentía les inspire para mantenerse firmes e íntegros en la verdad sin guardar odios ni venganzas”.

Bibliografía.
BEER, M.

1940 A History of British Socialism. Londres
BELLOC, H.

1945 Cómo aconteció la Reforma. Emecé Editores S.A. Buenos Aires.
BERLIN, I.

1969 Four Essays on Liberty.  Oxford University Press, Oxford. 
BIDEGAIN PONTE, G.

2010 La Utopía de Tomás Moro: una sociedad disciplinaria. REVISTA PLÉYADE AÑO III-N°6. Centro de Análisi e Investigación Política. Universidad de Chile. Santiago de Chile.

BOUYER, L.


1986 Tomás Moro Humanista y mártir. Ediciones Encuentro. Madrid.
CAMPILLO MESEGUER, A.

1984 Moro, Maquiavelo, La Boétie. Una lectura comparada. Anales de Filosofía, vol. II, Universidad de Murcia, Murcia.





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